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Revista chilena de obstetricia y ginecología

versión On-line ISSN 0717-7526

Rev. chil. obstet. ginecol. v.67 n.6 Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75262002000600009 

REV CHIL OBSTET GINECOL 2002; 67(6): 481-487

 

RIESGOS OBSTETRICOS EN EL EMBARAZO ADOLESCENTE:
ESTUDIO COMPARATIVO DE RESULTADOS OBSTETRICOS
Y PERINATALES CON PACIENTES EMBARAZADAS ADULTAS*

Drs. Angélica Díaz, Pablo Sanhueza R, Sra. Nicole Yaksic B.*

Departamento y Servicio de Obstetricia y Ginecología, Hospital Salvador, Universidad de Chile


*Matrona

RESUMEN

Se presenta un estudio retrospectivo y comparativo, a través de una muestra obtenida en forma aleatoria, de la evolución materna y resultados obstétricos de las pacientes adolescentes embarazadas atendidas en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Salvador, en comparación con un grupo control obtenido en el mismo Servicio y período de estudio. Se analizan diversas variables, y se hace una completa revisión del tema en base a la literatura nacional y extranjera.

PALABRAS CLAVES: Riesgos de embarazo en adolescentes

SUMMARY

A retrospective and comparative study is presented of the maternal evolution and the pregnant adolescent patients obstetrics result assisted in the Obstetrics and Gynecology Service of the Salvador Hospital, obtained in aleatory form. This group was compared with a control group obtained from the same Service and study period. Diverse variables are analysed, and a complete review of the topics is made based on the national and international literature.

KEY WORDS: Adolescent pregnancy

INTRODUCCION

El embarazo adolescente es aquella condición de gestación que ocurre en la edad de la adolescencia, que comprende mujeres de hasta 19 años de edad, independiente de la edad ginecológica (1). Es una condición que mundialmente se encuentra en aumento principalmente en edades más precoces, debido a que cada vez con más frecuencia, la proporción de adolescentes sexualmente activas es mayor, dado fundamentalmente por el inicio precoz de la actividad sexual (2).

El embarazo adolescente se ha convertido en un problema de salud pública importante, debido a que básicamente son las condiciones socioculturales las que han determinado un aumento considerable en su prevalencia, aconteciendo con mayor frecuencia en sectores socioeconómicos más disminuidos, aunque se presenta en todos los estratos económicos de la sociedad.

Se estima que en los países en desarrollo aproximadamente el 20% a 60% de los embarazos son no deseados, y que los adolescentes generalmente tienen escasa información sobre el correcto uso de medidas anticonceptivas y sobre la fertilidad. Las pacientes adolescentes embarazadas sufren posteriormente problemas de tipo socioeconómicos, determinados por una menor educación, mayor dificultad para conseguir empleo, generalmente el abandono de su pareja y finalmente mayor pobreza en la población (3). En este último punto es interesante destacar que el nivel de escolaridad es inferior al de la población general, con elevados índices de deserción escolar pre y postgestacional. En un estudio nacional se determinó que el 47% de las adolescentes estudiaban al momento de la concepción, cifra que disminuyó posteriormente al 8% (4).

La incidencia de embarazos adolescentes varía dependiendo de la región y del grado de desarrollo del país estudiado. En Estados Unidos, anualmente cerca de un millón de embarazos corresponden a madres adolescentes, constituyendo un 12,8% del total de embarazos (5, 6). En países menos desarrollados, la proporción de embarazos adolescentes es de aproximadamente 15,2% en Chile (7), y del 25% en el caso de El Salvador, Centroamérica (3), pudiendo llegar a cifras tan elevadas como del 45% del total de embarazos en algunos países africanos (8). La última estadística presentada por el Ministerio de Salud de Chile informa que durante el año 1999 hubo un total de 250.674 partos, de los cuales 40.439 fueron en pacientes menores de 20 años, lo que corresponde a un 16,1% del total. Es interesante destacar que la prevalencia varía incluso entre los diferentes servicios de salud de nuestro país (4, 9, 10).

Con respecto a la edad de las adolescentes embarazadas existen estudios que evidencian diferencias significativas en la evolución del embarazo entre las pacientes menores de 16 años y las de 16 años y más. Stain y cols., demostró que el riesgo obstétrico en las adolescentes mayores (entre 16 y 19 años) estaba asociado con factores sociales como pobreza más que con la simple edad materna. En contraste, en las pacientes menores de 16 años, los resultados obstétricos y perinatales son dependientes de la edad materna por sí misma (11, 12, 13). Algunos autores concluyen que las pacientes adolescentes embarazadas que reciben un adecuado control perinatal no presentarían mayor riesgo obstétrico que una embarazada adulta de similar nivel socioeconómico (14, 15).

Numerosas investigaciones en adolescentes embarazadas demuestran que una de las complicaciones obstétricas más frecuentes es el desarrollo de síndrome hipertensivo del embarazo, siendo las frecuencias reportadas de 22,4% a cerca de 29% (1, 10, 15, 16, 17, 18). Sin embargo, una serie de recientes estudios han demostrado que la incidencia de preeclampsia es similar en las pacientes adolescentes que en las adultas (11, 19, 20).

Bajo el mismo concepto anterior, podríamos inferir que la posibilidad de parto prematuro en las pacientes adolescentes estaría más bien relacionado con factores como el bajo nivel socioeconómico más que la adolescencia por sí misma; sin embargo, una serie de estudios realizados en poblaciones de similares características, demuestran que el riesgo de parto prematuro es mayor en las pacientes adolescentes embarazadas (3, 4, 10, 16, 17, 20, 23, 24,25, 26). Otras investigaciones han determinado que el riesgo de parto prematuro en las pacientes adolescentes es mayor mientras menor es la edad de la paciente, siendo el grupo de verdadero riesgo las adolescentes que se encuentran entre los 10 y los 15 años, no existiendo diferencias en el grupo entre 16 y 19 años con respecto a las pacientes adultas (11, 27). En este mismo sentido, la edad gestacional del parto prematuro está en relación a la edad materna, existiendo mayor riesgo de partos prematuros de menor edad gestacional a menor edad materna (27). En este mismo contexto, algunos estudios destacan que existe una frecuencia mayor de rotura prematura de membranas en la paciente adolescente, encontrándose cifras que van desde aproximadamente el 7% al 17% (21, 28).

Con respecto al peso de los recién nacidos de madres adolescentes, en la mayoría de los estudios se encuentra una frecuencia mayor de recién nacidos de bajo peso de nacimiento, pareciendo ser el principal riesgo del recién nacido de madre adolescente, con cifras de aproximadamente el 18% (1, 3, 29, 30, 31, 32).

El bajo peso de nacimiento está dado tanto por la condición de prematuro, como por el nacimiento de recién nacidos pequeños para la edad gestacional. En este sentido es interesante destacar que numerosas publicaciones sobre embarazo adolescente revelan una frecuencia mayor de recién nacidos pequeños para la edad gestacional con respecto al grupo de las madres adultas (21, 26, 33, 34). Si bien la mayoría de los estudios demuestran una frecuencia aumentada, este aumento no siempre es estadísticamente significativo (35).

La frecuencia de anemia e infección del tracto urinario reportada en la mayor parte de las publicaciones es alta en las pacientes adolescentes embarazadas, con cifras que llegan a cerca del 22% y 23% respectivamente, y esta diferencia es estadísticamente significativa con respecto a los grupos controles (1, 15, 16, 17, 36, 37). Cuando la anemia es severa, se ha relacionado con otros factores de riesgo de la madre adolescente, demostrándose que su presencia estaría vinculada con parto prematuro y recién nacidos de bajo peso de nacimiento (38).

En lo que respecta a las patologías del parto, se señala que mientras más joven es la adolescente, mayores son las alteraciones que pueden ocurrir en relación al parto (1). Esto es debido principalmente a una falta de desarrollo de la pelvis materna, lo que condicionaría una mayor incidencia de desproporción cefalopélvica, constituyendo esto, una causa importante de trabajos de parto prolongados y partos operatorios, tanto fórceps como cesáreas (3, 15, 20, 21). Otros estudios, sin embargo, han encontrado una menor incidencia de partos operatorios en las adolescentes con respecto a las mujeres adultas (11, 17, 39). Además de la desproporción cefalopélvica, las adolescentes embarazadas tienen mayor riesgo de culminar su parto con laceraciones del cuello uterino, vagina, vulva y periné. Esta complicación está dada principalmente por la condición de inmadurez de estas jóvenes, manifestándose en una estrechez de canal blanco (1, 21).

Como se ha mencionado anteriormente, la existencia de desproporción cefalopélvica en la adolescente embarazada muchas veces determina el desarrollo de un trabajo de parto prolongado y expulsivos laboriosos, lo cual podría influir en la condición inmediata del recién nacido. Sin embargo, algunos estudios revelan altas cifras de recién nacidos con puntaje de Apgar mayor de 7 a los cinco minutos, lo cual implica una baja proporción de depresión respiratoria y asfixia al nacer en hijos de madres adolescentes (3, 10).

Una patología que frecuentemente es posible encontrar en las embarazadas es la diabetes gestacional. Investigaciones realizadas en adolescentes demuestran que la incidencia de esta patología es baja en este grupo de edad, siendo más frecuente en las embarazadas adultas (40).

Una vez comparadas las variables biológicas que condicionarían un mayor riesgo en los embarazos adolescentes, al analizar las variables psicosociales, numerosos estudios han concluido que la evolución de este, está influenciado por un problema psicosocial más que un riesgo biológico verdadero. Se ha demostrado que implementando programas de control destinados especialmente para las adolescentes embarazadas, se mejoran los resultados maternos y perinatales de éstas, no presentando mayor riesgo en cuanto a resultados obstétricos respecto a las mujeres adultas embarazadas. En este mismo sentido, la mayoría de los autores concuerdan en que se debe mejorar el ambiente social de los adolescentes si se pretende prevenir el embarazo, lo que debe ser promovido por los sistemas de salud a nivel de la población (26, 41, 42, 43, 44, 45).

MATERIAL Y METODO

El presente estudio es de tipo observacional, descriptivo, de prevalencia, realizado de manera retrospectiva. La unidad de análisis de este estudio es la ficha clínica de las embarazadas primigestas de 10 a 19 años y de 20 a 29 años, constituyendo así, el grupo de estudio y de control. El universo de esta investigación está formado por todas las embarazadas de 10 a 19 años que tuvieron su parto en el período de enero a diciembre del año 2000 en el Hospital Salvador. Durante el año 2000; acontecieron 7.004 partos, de los cuales el 16% (1.132 pacientes) fueron partos de embarazadas adolescentes. La muestra de este trabajo se seleccionó de manera aleatoria sistemática. El tamaño de la muestra es de 158 embarazadas adolescentes, constituyendo éste el grupo de estudio. El grupo control está formado por 158 embarazadas de 20 a 29 años. Las variables que se analizaron y su definición fueron anemia (valor de hematocrito menor de 35% o valor de hemoglobina menor de 13 g%); infección al tracto urinario, ITU (presencia de microorganismos en la orina en una cantidad igual o mayor a 100.000 colonias/ml); síndrome hipertensivo del embarazo, SHE (cifras tensionales superiores a 140/90 mmHg o frente a alzas de 30 mmHg en la presión arterial sistólica y 15 mmHg en la presión arterial diastólica, sobre los valores de los controles durante la gestación temprana); diabetes mellitus gestacional (glicemias en ayunas superiores a 105 mg% en 2 oportunidades, o frente a glicemia postprandial igual o mayor a 140 mg%); rotura prematura de membranas, RPM (solución de continuidad espontánea de las membranas corioamniótica antes del inicio del trabajo de parto); desprendimiento prematuro de placenta normoinserta, DPPNI, (separación accidental, total o parcial de la placenta luego de las 20 semanas de gestación y antes del nacimiento del feto); retardo del crecimiento intrauterino, RCIU, (crecimiento fetal igual o menor al percentil 10); trabajo de parto prolongado (tiempo de duración superior a 12 horas en primíparas y superior a 8 horas en multíparas una vez iniciado el trabajo de parto); cesáreas y partos con fórceps; parto prematuro (aquel que ocurre antes de las 37 semanas de gestación y sobre las 22 semanas de gestación o 500 g de peso); recién nacidos adecuados para la edad gestacional, RN AEG, (aquel cuyo peso de nacimiento se encuentra entre los percentiles 10 y 90 de la curva de crecimiento intrauterino); pequeños para la edad gestacional, PEG (aquel cuyo peso de nacimiento está por debajo del percentil 10 de la curva de crecimiento intrauterino); grandes para la edad gestacional, GEG (aquel cuyo peso se encuentra sobre el percentil 90 de la curva de crecimiento intrauterino); recién nacido de bajo peso (aquel que tiene un peso al nacer inferior a 2.500 g) y puntaje de Apgar < 7. Se excluyó de este estudio a todas las embarazadas que hayan cursado con embarazos múltiples y a aquellos cuyos fetos hayan presentado algún tipo de malformación congénita. Los datos obtenidos fueron tabulados en forma mecanizada con el programa Epi Info. Los resultados se analizaron bajo método estadístico, con prueba de Chi cuadrado y considerando significativo un valor de p menor de 0,05.

RESULTADOS

Del grupo de adolescentes estudiadas, se encontró que la gran mayoría de ellas tenían entre 16 y 19 años de edad, con un promedio de 18,6 años, constituyendo las embarazadas menores de 16 años un 9,49% del total del grupo de estudio. Cabe destacar, que la menor edad encontrada fue de 13 años.

El análisis de los resultados obtenidos se describe a continuación y se resume en la Tabla I.

La presencia de anemia en las embarazadas adolescentes fue de un 49,36%, porcentaje muy similar al obtenido en el grupo control, el cual fue de un 43,67% (p= 0,31).

Las infecciones del tracto urinario estuvieron presentes en el 13,29% de las embarazadas adolescentes, porcentaje que fue cercano al doble de lo presentado en el grupo control, donde la infección urinaria alcanzó un 6,96%. Sin embargo, esta diferencia no fue estadísticamente significativa (p 0,062).

No se encontraron diferencias entre el grupo de estudio y el grupo control tanto para el síndrome hipertensivo del embarazo (10,75% en ambos grupos), como para la diabetes gestacional, presentándose esta última en el 1,26% de las adolescentes, lo que representa la mitad de lo encontrado en el grupo de 20 a 29 años (2,53%).

El porcentaje de embarazadas adolescentes que cursaron con una rotura prematura de membranas fue de 14,55%, de las cuales un 8,7% estuvo asociado a parto prematuro. En cambio, la presencia de rotura prematura de membranas en el grupo control fue de 20,25% de las cuales un 9,4% se asoció a parto prematuro (p= 1,78).

Tabla I

DIFERENCIAS EN CUANTO A RESULTADOS OBTENIDOS ENTRE LAS ADOLESCENTES
EMBARAZADAS Y EL GRUPO CONTROL


 

Grupo estudio

Grupo control

p


Anemia

49,36%

43,67%

0,31

ITU

13,29%

6,96

0,062

SHE

10,75%

10,75%

 

DM gestacional

1,26%

2,53%

0,68

RPM

14,55%

20,25%

1,78

DPPNI

1,26%

1,26%

 

RCIU

12,02%

5,69%

0,047

T. de parto prolongado

9,49%

5,69%

0,2

Parto vaginal normal

81,64%

63,92%

0,0006

Cesárea

10,12%

25,94%

 

Parto instrumentalizado

8,22%

10,12%

 

Parto prematuro

8,86%

4,43%

0,11

RN PEG

12,02%

6,96%

0,12

RN AEG

82,91%

86,70%

0,34

RN GEG

5,06%

6,32%

0,63

RN bajo peso nacimiento

6,32%

3,16%

0,18

Puntaje Apgar < 7

6,32%

6,32%

 

Se encontraron en este estudio 4 casos de desprendimiento prematuro de placenta normoinserta; dos correspondiente a las embarazadas adolescentes y dos en las embarazadas de 20 a 29 años, constituyendo un 1,26% para cada uno de los grupos.

El retardo del crecimiento intrauterino se presentó durante el embarazo en 19 adolescentes (12,02%), y en 9 (5,69%) de las embarazadas de 20 a 29 años. Esta diferencia es estadísticamente significativa (p= 0,047).

Sin embargo, sólo en un 36,84% de las adolescentes con diagnóstico de RCIU (7 pacientes), y en el 33,33% de las adultas con diagnóstico de RCIU (3 pacientes) éste se confirmó al examen neonatal.

Un 9,49% de las embarazadas adolescentes cursó con un trabajo de parto prolongado, porcentaje mayor al encontrado en el grupo control, el cual fue de 5,69% (p= 0,2). El trabajo de parto prolongado se asoció principalmente a distocias de posición, desproporción cefalopélvica y dilatación estacionaria.

Respecto de la vía de resolución del parto, se encontraron diferencias estadísticamente significativas (p= 0,0006) al comparar el grupo de estudio con los controles, siendo mayor el número de partos operatorios en las embarazadas de 20 a 29 años.

El porcentaje de partos normales fue de 81,64% para las adolescentes y de 63,92% para el grupo control; las cesáreas un 10,12% del grupo de estudio y un 25,94% en los controles; y finalmente, el parto por fórceps se presentó en un 8,22% en las adolescentes y en un 10,12% en las pacientes adultas.

Un 10,75% de las embarazadas adolescentes presentaron complicaciones durante el parto, las cuales fueron mayoritariamente laceraciones del tracto genital y perineal, y en menor medida extracción dificultosa de hombros y alumbramiento incompleto. En el grupo control, en cambio, la cifra fue menor (5,69%), sin embargo, la diferencia no fue estadísticamente significativa (p= 0,1).

Un 8,86% de las embarazadas adolescentes estudiadas tuvo un parto prematuro, cifra que fue casi el doble de la reportada en el grupo control con un 4,43% (p= 0,11).

El porcentaje de recién nacidos pequeños para la edad gestacional fue mayor en el grupo de estudio que en el grupo control, obteniéndose cifras de 12,02% y 6,96%, respectivamente. Los niños adecuados para la edad gestacional fueron similares en ambos grupos; con un 82,91% para los del grupo de estudio y un 86,70% para los controles. En cuanto a los recién nacidos grandes para la edad gestacional, el porcentaje en las embarazadas adolescentes fue de 5,06% y en las embarazadas de 20 a 29 años, de 6,32%. Ninguno de estas diferencias fue estadísticamente significativa.

La frecuencia de recién nacidos de bajo peso en las adolescentes embarazadas fue el doble a las encontradas en el grupo control, con porcentajes de 6,32% y 3,16%, respectivamente (p= 0,18).

En cuanto al Apgar al nacimiento, igual número de recién nacidos en ambos grupos tuvo un puntaje menor de 7 al minuto de vida (6,32%).

DISCUSION

Al realizar el estudio estadístico de los resultados obtenidos, observamos que la mayoría de las variables presentan diferencias porcentuales en cuanto a la frecuencia. Sin embargo, las que con mayor frecuencia presentaron las adolescentes al compararlas con embarazadas de 20 a 29 años, son la infección del tracto urinario, el retardo del crecimiento intrauterino, el parto prematuro y los recién nacidos de bajo peso, siendo, la única con significancia estadística el retardo del crecimiento intrauterino diagnosticado durante el embarazo.

Cabría esperar, en base a lo señalado recientemente en la literatura nacional y extranjera, que las verdaderas diferencias entre ambos grupos se produzcan principalmente por dos factores: el primero, dado principalmente por la edad de las adolescentes embarazadas, siendo el grupo de mayor riesgo las pacientes con edades menores de 16 años, donde se producirían con mayor frecuencia las variables analizadas y descritas clásicamente en la literatura universal. El segundo factor relevante y quizás más difícil de controlar, es la deteriorada condición biopsicosocial que frecuentemente presentan las adolescentes, destacándose en la revisión como el factor determinante en la prevalencia de patologías relacionadas con el embarazo adolescente. En este sentido, cabe destacar que en el presente estudio no se hallaron mayores diferencias, lo que puede ser atribuido a la existencia en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Salvador, de un policlínico especializado en la atención de las pacientes adolescentes embarazadas, lo que determina los buenos resultados obstétricos y la similitud con el grupo de pacientes adultas al término del embarazo.

Finalmente, es necesario plantear la posibilidad de desarrollar estudios futuros en el grupo de mayor riesgo de embarazadas menores de 16 años, adoptar políticas de salud destinadas a la atención integral y multidisciplinaria de los jóvenes, la prevención del embarazo adolescente y medidas tendientes a mejorar la atención de las jóvenes embarazadas, con lo que se obtendrán mejores resultados obstétricos y perinatales.

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*Trabajo recibido en noviembre de 2002 y aceptado para publicación por el Comité Editor en diciembre de 2002.