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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.33 n.2 Santiago ago. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182006000200006 

 

Rev Chil Nutr Vol. 33, Nº2, Agosto 2006, pags: 170-179

ARTÍCULOS ORIGINALES

 

ACTITUDES Y PRÁCTICAS SOBRE ALIMENTACIÓN Y ACTIVIDAD FÍSICA EN NIÑOS OBESOS Y SUS MADRES EN SANTIAGO, CHILE

FOOD AND PHYSICAL ACTIVITY ATTITUDES AND PRACTICES IN OBESE CHILDREN AND THEIR MOTHERS IN SANTIAGO, CHILE

 

Sonia Olivares C. (1), Nelly Bustos Z. (1), Ximena Moreno H. (1), Lydia Lera M. (1), Silvana Cortez F. (2)

(1) Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile
(2) Universidad Federico Santa María

Dirección para correspondencia


ABSTRACT

In order to identify practices and attitudes on food and physical activity in obese children of a low socioeconomic level, a survey was applied to 88 school children (41 boys, 47 girls) aged 8 to 11 years of age from Santiago. Sixty eight children and their mothers participated in 16 focus groups (4 groups of boys, 4 of girls and 8 of mothers), where motivations, barriers, self-esteem and self-efficacy related to food and physical activity were studied. Survey results were analyzed with the non parametric Mann-Whitney Test. A content analysis was made with the information collected in the focus groups; it is presented in terms of children's expressions. A low dietary intake of dairy products, fruits and vegetables (g/d), and a high intake of energy dense foods and beverages were found. More than 55% of children never engaged in after school physical activity. Children showed limited motivations and multiple barriers related with healthy food and physical activity habits, as well as low self-esteem and self-efficacy. Their mothers showed lack of motivation and low self-efficacy in providing support to their obese children. These results will be used as baseline information for educational interventions for preventing child overweight through motivation and self-care.

Key words: children, obesity, food habits, physical activity, attitudes.

RESUMEN

Para identificar las actitudes y prácticas sobre alimentación y actividad física en niños obesos de nivel socioeconómico bajo, se aplicó una encuesta a 88 escolares (41 niños y 47 niñas) de 8 a 11 años de Santiago. 68 niños y sus madres constituyeron 16 grupos focales (4 de niños, 4 de niñas y 8 de madres) en los que se estudiaron las motivaciones, barreras, sentimientos de autoestima y autoeficacia en relación a alimentación saludable y actividad física. Los resultados de la encuesta fueron analizados con el test no paramétrico de Mann-Whitney. Con la información de los grupos focales se realizó un análisis de contenido, presentada como síntesis de las expresiones de los niños. Se encontró un bajo consumo de lácteos, verduras y frutas y un elevado consumo de alimentos de alta densidad energética y bebidas con azúcar. Más del 55% de los niños no realizaba actividad física fuera del colegio. Los niños mostraron escasas motivaciones y múltiples barreras para adquirir hábitos de alimentación saludable y actividad física, así como una baja autoestima y autoeficacia. Sus madres mostraron poca motivación y baja autoeficacia para apoyar a sus hijos obesos. Los resultados de este estudio servirán de base para el diseño de intervenciones educativas centradas en la motivación y el autocuidado para prevenir el sobrepeso en los niños.

Palabras claves: obesidad infantil, hábitos alimentarios, actividad física, actitudes


INTRODUCCIÓN

La alta prevalencia de obesidad en los niños chilenos constituye en la actualidad uno de los principales problemas de salud pública del país, alcanzando niveles semejantes a los encontrados en países desarrollados (1-6). El censo anual de peso y talla realizado por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) (7) encontró un 17,3% de niños y niñas obesos en primer año básico el año 2004, cifra que viene incrementándose desde 1987 (P/T NCHS/OMS >2DS) (8). Olivares y cols. (9) utilizando el índice de masa corporal (IMC ≥ percentil 95, CDC/NCHS 2000) (10), encontraron un 21,3 y 15,4% de niños y niñas obesos de 8 a 9 años y 16,2 y 12,9% de 10 a 11 años, respectivamente, el año 2001. En 2004, se encontró una prevalencia de obesidad de 17 y 11,6% en niños y niñas de 8 a 10 años de nivel socioeconómico bajo (NSE) y de 13,2 y 12,6% en niños y niñas de NSE medio en 20 escuelas de la Región Metropolitana, respectivamente (11).

Diversos estudios han observado que un excesivo consumo de alimentos de alta densidad energética, ricos en grasas saturadas, azúcar y sal, y la falta de actividad física, representan en la actualidad el estilo de vida de gran parte de los niños chilenos (1, 2, 9,12,13). Este desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético, sostenido por períodos prolongados de tiempo, ha sido reconocido internacionalmente como la principal causa de la elevada y creciente prevalencia de obesidad (4,5).

La asociación entre la obesidad infantil y los factores de riesgo de enfermedades crónicas, su persistencia en la edad adulta, y el escaso éxito en su tratamiento (14-16), han llevado a los organismos internacionales a plantear a los gobiernos la necesidad de prevenir el problema con medidas que promuevan una alimentación saludable y la actividad física en los niños, involucrando especialmente a los sectores educación, salud, la industria de alimentos y los medios de comunicación, en el marco de una adecuada regulación (5, 17).

En la actualidad se enfatiza la necesidad de utilizar diversas teorías y modelos educativos cuando se diseñan y realizan intervenciones orientadas a lograr cambios de conducta que contribuyan a prevenir y controlar la obesidad y otras enfermedades crónicas. Todos ellos plantean que es esencial explorar el contenido actual de las creencias, percepciones, expectativas y valores en cada grupo, utilizando métodos cuantitativos y cualitativos como encuestas, entrevistas en profundidad o grupos focales, que tienen la ventaja de entregar valiosa información sobre aspectos subjetivos que explican el comportamiento de las personas (18-25).

La autoeficacia, o percepción de la persona sobre su propia capacidad para realizar las acciones recomendadas y lograr la conducta deseada, es considerada actualmente el aspecto que presenta una mayor relación con los cambios de conducta relacionados con los factores de riesgo de enfermedades crónicas (26), de allí la importancia de identificar elementos que la afectan en los niños obesos.

Los grupos focales con niños fueron utilizados primariamente por la industria privada como parte del proceso de mercadeo, para determinar sus hábitos y actitudes hacia los medios, su interpretación de los mensajes publicitarios y preferencias de productos (27). También han sido utilizados para evaluar las Guías Alimentarias (24, 28) y para pesquisar motivaciones, barreras, sentimientos de autoestima y autoeficacia (18, 19, 21).

Si bien los métodos cualitativos tienen entre sus limitaciones el que sus resultados no son representativos, independientemente del número o tamaño de los grupos y puede resultar difícil analizar los datos, son irremplazables cuando se desea obtener información en profundidad sobre las percepciones y sentimientos de autoestima y autoeficacia, aspecto esencial para mejorar la efectividad de las intervenciones educativas (22, 23).

El objetivo del estudio fue identificar las actitudes y prácticas en alimentación y actividad física en niños obesos de NSE bajo, información que servirá de línea base para el diseño de una propuesta educativa que contribuya a aumentar la efectividad de las intervenciones para prevenir y controlar el sobrepeso y la obesidad en los niños.

MATERIAL Y MÉTODO

El estudio consta de una fase descriptiva inicial en la que se determinó el estado nutricional y las actitudes y prácticas alimentarias y de actividad física en una muestra de niños obesos y una segunda fase en la que se realizó un estudio cualitativo, exploratorio, utilizando la técnica de grupos focales, con niños obesos y sus madres.

En la fase descriptiva la muestra estuvo constituida por 88 niños obesos de 8 a 11 años (41 niños y 47 niñas), alumnos de 7 escuelas públicas de las comunas de Macul y La Florida, Región Metropolitana, y sus respectivas madres. Se seleccionaron escuelas de alto riesgo social, con un Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE) ≥ 40 (7).

Para la medición del peso y la estatura de los niños se utilizó una balanza SECA modelo 713 con altímetro, sensibilidad de 0,2 kg para el peso y 1 mm para la talla. El IMC (kg/m2) de cada niño se comparó con la referencia CDC/NCHS 2000 por edad y sexo (10). Se consideró obesos a los niños con un IMC percentil ≥ 95, según lo recomendado por el Ministerio de Salud para evaluar el estado nutricional de los niños chilenos (29).

Criterios de inclusión: niños y niñas entre 8 a 11 años de edad, con diagnóstico de obesidad sin complicaciones que asisten a la enseñanza básica en escuelas públicas de alto riesgo social en la ciudad de Santiago.

Criterios de exclusión: Niños y niñas con obesidad originada por otra patología. Niños obesos sometidos a tratamiento dietético.

Para determinar el consumo de alimentos y la frecuencia de actividad física se aplicó una encuesta de frecuencia de consumo cuantificada adaptada de la aplicada por Olivares y colaboradores en el Proyecto FAO/MINEDUC/INTA (9). Para determinar las actitudes de los niños se aplicó un cuestionario sobre etapas del cambio en actividad física adaptado de Rossi (30) y utilizado por el Ministerio de Salud con adultos (31) y sobre consumo de grasas adaptado de McDonell (32). Para determinar las actitudes de las madres, se adaptó y aplicó una encuesta elaborada por Vera y colaboradores (33).

En este estudio, los alimentos de alta densidad energética consumidos por los escolares incluyen las papas fritas, sopaipillas (masas fritas), completos (hot dogs), galletas dulces y saladas, chocolates, entre otros. (12,13).

Una vez realizado el estudio descriptivo, se invitó a los niños y sus padres a participar en reuniones de grupos focales (una vez por semana, de 18 a 20 horas), aceptando participar 68 niños y sus madres. El resto de los padres y madres indicó que tenía problemas de trabajo y tiempo. Se constituyeron 8 grupos, cada uno de los cuales estuvo formado por 8 a 9 niños obesos de 8 a 10 años, separados por sexo (4 grupos de niños y 4 de niñas). Cada grupo participó en una sesión sobre alimentación, una sobre actividad física y una tercera sesión destinada a educar a los niños y sus madres en nutrición y actividad física, en la que se les entregó material educativo sobre ambos temas. Las madres participaron en sesiones paralelas a las de sus hijos, abordando los mismos temas.

Cada sesión fue conducida por una facilitadora (del grupo investigador) y una observadora, profesional de las ciencias sociales o de salud ajena al estudio. Las Guías de la Facilitadora fueron elaboradas por el grupo investigador con el apoyo de profesionales de las Ciencias Sociales (antropóloga y psicóloga social) y probadas con un grupo de niños y uno de niñas, incorporando las modificaciones antes de su aplicación al grupo estudiado. Todas las sesiones fueron grabadas. Con la información de las grabaciones, se realizó un análisis de contenido, dado que esta información sería utilizada como línea de base para el diseño de un material educativo para la prevención del sobrepeso y la obesidad en niños y niñas del grupo de edad. Debido a lo semejante de los resultados obtenidos en los distintos grupos, éstos son presentados para el total de la muestra, resumiendo las expresiones más frecuentemente expresadas por los niños.

ANÁLISIS ESTADÍSTICO

Los resultados de la encuesta de actitudes y prácticas alimentarias y de actividad fisica se analizaron en forma descriptiva. Se utilizó el test no paramétrico de Mann Whitney para comparar el consumo por grupos de edad entre niños y niñas. El análisis fue realizado con el STATA 8.2 (34) en la Unidad de Estadística y Computación del INTA.

En el caso de los grupos focales, se realizó un análisis de contenido, de acuerdo al objetivo del estudio. Por tratarse de un estudio cualitativo, no se utilizó una muestra probabilística, por lo que los resultados obtenidos no pueden generalizarse a toda la población de niños obesos, y sólo servirán para describir, comparar y caracterizar a los integrantes de los grupos, indicativos de un segmento de la población, ya que los grupos focales se usan para obtener una comprensión profunda, pero no representativa, de las percepciones, actitudes y prácticas sobre un tema (23).

RESULTADOS

Los resultados se presentan de acuerdo al orden presentado en el material y método: a) aplicación de encuestas de actitudes y prácticas alimentarias y de actividad física a los niños, realizadas a una muestra mayor y antes de los grupos focales para no alterar los resultados; y b) estudio cualitativo utilizando la técnica de grupos focales para determinar las motivaciones, barreras, autoestima y autoeficacia en los niños. Los resultados obtenidos con las madres se presentan por separado. Éstos se analizan en conjunto en la discusión.

Actitudes y prácticas alimentarias y de actividad física de los niños

Los resultados de las preguntas sobre las etapas del cambio, utilizadas para evaluar actitudes, mostraron que sólo el 13,8% de los niños señaló estar tratando de evitar el consumo de papas fritas, completos y dulces (etapa de acción); el 59,4% indicó estar consumiendo diariamente verduras y frutas y el 27,7% manifestó estar realizando actividad física por lo menos 3 veces a la semana (aunque en la encuesta sobre el tema sólo el 7% de los niños y el 4% de las niñas señaló realizar actividad física 3 o más veces por semana durante los días de colegio).

En la tabla 1 se presenta el consumo promedio diario de alimentos seleccionados según edad y sexo, para apreciar eventuales diferencias y facilitar su comparación con otros estudios nacionales. El consumo de lácteos alcanzó a 398 y 346 ml en los niños y niñas de 8 a 9 años; y a 458 y 392 mL en niños y niñas de 10 a 11 años, respectivamente, alcanzando el 60% de lo recomendado para estos grupos de edad. El consumo de frutas y verduras alcanzó un promedio diario de 250 g en los niños y 200 g en las niñas (recomendado ≥ 400 g/día). El consumo de pan fue significativamente mayor en los niños que en las niñas de 8 a 9 años (274 versus 186 g/día) (p< 0.002) y similar en los niños y niñas de 10-11 años (278 g/día), representando un importante aporte a las calorías diarias recomendadas.


En niñas y niños se encontró un elevado consumo de alimentos de alta densidad energética (entre 160 y 220 g/día), que representan un aporte extra diario de aproximadamente 650 kcal en las niñas y 850 en los niños. Cabe hacer notar que en ocasiones el consumo de completos y papas fritas reemplaza al almuerzo, situación que ocurre tanto en niños como en niñas. El consumo de bebidas y refrescos en polvo con azúcar superó los 400 ml/día en ambos sexos, adicionando otras 200 kcal/día a la alimentación de los niños.

La figura 1 (a y b) muestra el elevado porcentaje de niños y niñas que declaró no realizar actividad física fuera del colegio, cifras muy superiores en las niñas. Entre los que realizaban actividad física, la mayor frecuencia correspondió a una o dos veces por semana.


Resultados del trabajo con grupos focales (niños)

Los resultados de los grupos focales se agruparon según las motivaciones, barreras, sentimientos de autoestima y autoeficacia con respecto a la alimentación saludable (tabla 2) y la actividad física (tabla 3), utilizando las expresiones más frecuentemente emitidas (en al menos 6 de los 8 grupos) por niños obesos de ambos sexos.




Actitudes de las madres

Los resultados más relevantes de la encuesta de actitudes aplicada a las madres se resumen en: «la obesidad no se puede evitar» (92,8%); no relacionaron el efecto de la actividad física sobre el peso corporal (95,2%); señalaron falta de motivación para incorporar alimentos saludables (verduras y frutas) en la comida familiar (100%); manifestaron que sus hábitos de consumo de alimentos de alta densidad energética estaban demasiado arraigados para cambiarlos (72,3%) y no mostraron una actitud de apoyo para intentar controlar o revertir la situación de obesidad en su hijo/a obeso/a (98,8%).

En los grupos focales realizados con las madres, sólo fue posible rescatar algunos aspectos relacionados a la alimentación de sus hijos. Como beneficio, sólo se destacó la percepción de que los alimentos saludables no engordan.

Como barreras, las madres coincidieron en señalar que no preparaban alimentos saludables porque a los niños no les gustaban (por ejemplo las verduras) y los adultos de la casa (incluyéndolas) preferían la comida «chatarra», por lo que no tenían interés en preparar comidas más saludables. Expresión común fue «Si a nosotros nos gustan las papas fritas o los completos, como no le voy a dar al niño/a».

Esto se tradujo también en una baja autoeficacia, las madres se sienten con dificultades para fomentar un cambio en los hábitos alimentarios en los niños y en sí mismas («en la casa estamos acostumbrados a tomar bebidas, no podríamos dejarlas»).

DISCUSIÓN

Los resultados de las encuestas y los grupos focales son coincidentes y entregan valiosa información sobre las actitudes de los niños obesos y sus madres con respecto a la alimentación saludable y la actividad física.

Alimentación

El alto consumo de alimentos de alta densidad energética y bebidas con azúcar fue superior al encontrado en otros estudios realizados con escolares de la misma edad y NSE en los últimos años y representa un aporte energético que puede alcanzar 800 o más kcal/día (9, 11, 28, 35). Cabe señalar que estos alimentos son frecuentemente consumidos en reemplazo del almuerzo en las escuelas públicas y colegios privados de Santiago, como ha sido observado en un estudio reciente (36). La información sobre el consumo de este tipo de alimentos y bebidas, tanto en estudios nacionales (9, 37), como internacionales (38, 39), muestran que éstos representan una contribución muy significativa al aporte energético de la dieta diaria de niños y adolescentes. Un análisis de la tendencia en el consumo de estos alimentos en niños norteamericanos entre 1977 y 1996, observó que es creciente, tanto en número como en cantidad, y que incrementó considerablemente el aporte de energía y el porcentaje de calorías provenientes de las grasas en la dieta diaria (40).

En los niños obesos, el consumo de lácteos, verduras y frutas fue inferior a lo recomendado, coincidiendo con lo encontrado en los estudios nacionales citados (9, 11, 28, 35).

Olivares y colaboradores (9), al comparar el consumo de alimentos entre niños obesos y de peso normal, sólo encontraron diferencias significativas en el consumo de lácteos, el que fue superior en los niños de peso normal. En este estudio, el consumo de lácteos en los niños obesos fue semejante al encontrado en niñas de NSE medio alto, alcanzando al 60% de lo recomendado (36).

Al analizar los resultados de los grupos focales se observó que las motivaciones de los niños para alimentarse en forma saludable eran mayores que en sus madres, y al igual que en el estudio de Eikenberry y Smith en comunidades pobres de Minnesota (25), dicen relación con la salud, el bajar de peso y una percepción positiva de la alimentación saludable.

Distintos resultados obtuvo O'Dea (18) con niños y adolescentes australianos, quienes destacaron como los mayores beneficios de la alimentación saludable el mejor rendimiento físico e intelectual, beneficios psicológicos «siento que hago algo bueno para mí mismo» «no me siento culpable» y la sensación de sentirse bien «me siento fresco», «me siento limpia interiormente».

Las barreras mencionadas para alimentarse en forma saludable estuvieron fuertemente asociadas a la publicidad, amplia oferta y bajo costo de las bebidas y alimentos de alta densidad energética, señalando como contrapartida la falta de publicidad, baja disponibilidad y alto costo de los alimentos saludables. Los niños destacaron el poco apoyo familiar, expresado en la falta de motivación para preparar comidas saludables en el hogar. Esto fue corroborado por los padres, quienes señalaron preferir la comida «chatarra» y creer que a los niños no les gustan los alimentos saludables. Las barreras planteadas fueron semejantes a las del estudio de Minnesota (25), en el que además los participantes mencionaron como prioridad el tiempo, aspecto no mencionado en este estudio. También hubo coincidencia con los grupos focales de O'Dea (18) respecto a la mayor disponibilidad de alimentos no saludables, la «tentación», la presión de los pares, la falta de apoyo familiar y en la escuela y la falta de sabor de los alimentos saludables.

La encuesta sobre etapas del cambio corroboró la existencia de barreras difíciles de superar, como la declaración de los niños sobre la imposibilidad de abandonar el consumo de papas fritas y otras frituras, alimentos que aportan gran cantidad de calorías provenientes de grasas, mayoritariamente saturadas. Los padres participantes en los grupos focales, declararon su manifiesta preferencia por bebidas y frituras, señalando que ya constituían hábitos muy arraigados para cambiarlos.

Los niños manifestaron sentirse capaces de ir incorporando paulatinamente alimentos saludables, siempre y cuando éstos sean más atractivos, y señalaron que debía hacerse publicidad a verduras y frutas. Esto ya había sido planteado por grupos focales de escolares en el estudio de Yáñez y colaboradores (28) al validar los mensajes de las Guías Alimentarias, en el cual los niños solicitaron mensajes concretos y atractivos que los motivaran a comer los alimentos saludables.

Actividad física

Diversos estudios realizados en niños chilenos, han observado una escasa actividad física, asociada a un elevado número de horas frente al televisor, computador o en otras actividades sedentarias (9, 12, 13, 35).

Trost y colaboradores (41) al estudiar los patrones de actividad física y sus determinantes psicosociales y ambientales en el desarrollo de la obesidad en escolares norteamericanos de 10 a 13 años, encontraron que comparados con los no obesos, los obesos desarrollaban significativamente menos actividad diaria moderada e intensa. En el estudio de Olivares (9), se analizó la frecuencia de actividad física según estado nutricional y se encontró que sólo los niños de 8 a 9 años de peso normal eran significativamente más activos que los obesos. La proporción de niños que no realizaba actividad física fuera del colegio alcanzaba al 9,5 y 13,9% en los niños y niñas de 8 a 9 años y al 6,9 y 17,7% en niños y niñas de 10 a 11 años, respectivamente. En el presente estudio, la proporción de niños que declaró no realizar actividad física fuera del colegio fue de 55,6 y 65,5% en los niños y niñas de 8 a 9 años, y de 35,7 y 66,7% en los niños y niñas de 10 a 11 años.

Esta elevada proporción de niños sedentarios coincide con los resultados de los grupos focales, donde niños y niñas manifestaron tener pocas motivaciones y una gran cantidad de barreras para realizar actividad física. Coincidieron también con los resultados encontrados en niños y adolescentes norteamericanos (18), quienes manifestaron como barreras su interés por mirar televisión o jugar en el computador, la falta de energía, la falta de apoyo de los padres y añadieron las limitaciones de tiempo, la presión de los pares, la falta de compañeros para compartir las actividades, el bajo nivel de motivación propia y de otros y la baja percepción de reconocimientos por realizar actividad física.

Sallis y Prochaska (42) revisaron 108 estudios que evaluaron variables asociadas a la actividad física en niños entre 3 y 12 años y adolescentes entre 13 y 18 años, y observaron como las más consistentes el sexo, el estado nutricional de los padres, las preferencias, la intención de ser más activo y barreras como falta de acceso a lugares adecuados y falta de tiempo libre.

Diversos estudios han observado una baja autoestima, mayores niveles de ansiedad y depresión en los niños obesos, los que son significativamente diferentes en los niños no obesos (18, 43). Grilo y colaboradores. (44) demostraron que el hecho de ser objeto de burlas debido a la obesidad en la infancia y adolescencia contribuye al desarrollo de una baja autoestima, en tanto Trost y colaboradores (41), observaron que los escolares obesos tenían significativamente menos autoeficacia y que sus padres eran menos activos.

Borra y colaboradores (21) realizaron un estudio cualitativo para entender mejor las actitudes, percepciones y conductas de niños, padres y profesores norteamericanos acerca de la prevención de la obesidad y explorar potenciales vías de comunicación. Los niños manifestaron su necesidad de recibir mensajes concretos y directos que los motivaran a cambiar su actividad física y alimentación, lo que sería reforzado con pequeñas gratificaciones de sus padres por alcanzar metas. Los padres necesitaban aprender cómo ayudar a sus niños a alcanzar y mantener hábitos de alimentación saludable y actividad física de una manera positiva y estimulante, recibir sugerencias concretas sobre juegos para mantener a los niños activos y respuestas a sus preguntas sobre cómo dar pequeños pasos hacia una mejor alimentación, a través de la preparación de recetas de comidas y colaciones saludables.

Nuestros resultados contribuyen a la comprensión de los factores que explican la escasa motivación y múltiples barreras para tener una alimentación saludable y realizar actividad física, así como los sentimientos de baja autoestima y autoeficacia en los niños obesos de NSE bajo participantes en el estudio. Estos resultados sirvieron de base para la elaboración de la Guía Didáctica «Crecer en forma: el poder del movimiento y la alimentación» (45) en la que se entrega mensajes concretos sobre alimentación saludable y actividad física utilizando un enfoque centrado en la motivación, el autocuidado, el desarrollo de la autoestima y autoeficacia en los niños y la motivación de sus padres, como una manera de contribuir a mejorar la efectividad de las intervenciones realizadas por los profesionales de salud y educación interesados en la prevención y control del sobrepeso y la obesidad infantil en el país.

 

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Dirigir la correspondencia a:

Profesora
Sonia Olivares
INTA, Universidad de Chile
El Líbano 5524
Macul
Fax: 2214030
Teléfono: 978 1437
e-mail: solivare@inta.cl

Financiamiento: DI Universidad de Chile Nº SOC 03/14-2

Este trabajo fue recibido el 14 de Diciembre de 2005 y aceptado para ser publicado el 21 de Mayo de 2006.