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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.31 n.2 Santiago ago. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182004000200005 

 

Rev Chil Nutr Vol.31, No.2, Agosto 2004

ARTÍCULOS ORIGINALES

PATRÓN ALIMENTARIO DE UNA COMUNIDAD ABORIGEN DE LA PATAGONIA ARGENTINA

PATTERN FO FOOD CONSUPTION OF SOUTH PATAGONIAN ABORIGINAL GROUPS IN ARGENTINA

 

Mariela Ángela Ferrari, Florencia Morazzani, Luisa Virginia Pinotti

Escuela de Nutrición, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.

Dirigir la correspondencia a:


ABSTRACT

Objective: The objectives of this study were to describe the pattern of food consumption and its nutritional value, considering carbohydrates, animal and vegetable proteins, fat, energy, calcium, iron and vitamin C. Material and method: A sample of 14 families (35% of the families that live in Colonia Pastoril Cushamen, by the date of June, 2002) was assessed with a 24-hour dietary recall. Results: The median value for energy intake was 1260 kcal. (CI 95%: 1056,2- 1747,4). The proportion of animal proteins was important (median: 67,2%; CI 95%: 45,6- 73,6). Although iron intake was not enough for all families, it could have been better than those found in other groups in the country. Calcium and vitamin C intakes were extremely low. Conclusion: Our findings suggest that although this population has designed new strategies to maintain their traditional pattern of food consumption, the foodstuffs which compose their diet are fewer.

Key words: Food consumption, Patagonia, 24-hour dietary recall, mapuches, tehuelches.

 

RESUMEN

 

Objetivo: Caracterizar el patrón alimentario y determinar el aporte nutricional de grupos de alimentos, hidratos de carbono, proteínas de origen animal y vegetal, lípidos, energía, calcio, hierro y vitamina C. Material y Método: Encuesta de recordatorio de 24 horas a 14 de las 40 familias que residían en Colonia Pastoril Cushamen, durante Junio de 2002. Resultados: La mediana del valor energético total de la dieta por persona y por día fue de 1260 kilocalorías (IC95%: 1056,2- 1747,4). Del total de proteínas (mediana: 46,1 g), el porcentaje de origen animal fue importante (mediana: 67,2%; IC95%: 45,6- 73,6). Se destaca una ingesta de hierro favorable respecto a otras regiones del país. El consumo de calcio y vitamina C fue extremadamente bajo. Conclusión: En base a trabajos previos, se evidencia un deterioro de la diversificación de la dieta, a pesar de las estrategias que procuran conservar el patrón alimentario propio.

Palabras claves: Patrón alimentario, Patagonia, encuesta recordatorio 24 horas, mapuches, tehuelches.


 

INTRODUCCIÓN

La presente investigación se inscribe dentro del marco más amplio de una serie de proyectos iniciados en el año 1994, acerca de la reproducción biológica y cultural de la población perteneciente a las etnias tehuelche y mapuche de los departamentos rurales de la Provincia de Chubut - Patagonia Austral, Argentina (1-3). Los proyectos involucraron el trabajo de antropólogos y nutricionistas para tomar en cuenta dimensiones socioculturales, biológicas y ambientales a fin de aproximarse en toda su complejidad a la dinámica de la población estudiada (4-8).

Dentro de este marco se consideró como unidad de análisis a la población formada por individuos que reconocieron un antecedente indígena de uno o ambos progenitores y convivían en un área geográfica determinada, vinculados por relaciones de parentesco y económicas concretas, resultantes de una historia común. El enfoque antropológico encuadra a nuestros sujetos de estudio dentro de un devenir histórico donde se considera el lugar que ha ocupado su antigua condición de cazadores - recolectores. Por otro lado, desde un punto de vista teórico y metodológico, el abordaje antropológico nutricional significó un diálogo fecundo entre esta disciplina y la nutrición humana, tratando de dejar a un lado patrones alimentarios generados desde una perspectiva hegemónica donde sólo se tienen en cuenta las necesidades de poblaciones urbanas.

En nuestro país, la información existente con respecto a la ingesta de nutrientes de la población es escasa, debido en parte a que aún no se han efectuado encuestas nutricionales de carácter nacional. Los estudios disponibles son fragmentarios y/o parciales tanto en representación territorial como en los grupos etáreos que incluyen. Teniendo en cuenta la enorme diversidad ecológica, social y étnica, evidencian una información insuficiente o nula en torno a lo alimentario, especialmente en lo referente a poblaciones aborígenes (9-12).

Con respecto al área de estudio, es de destacar las dificultades de acceso a las viviendas por el grado de dispersión, la bajísima densidad demográfica de los departamentos rurales de Chubut y la inexistencia de caminos transitables durante todo el año. La población del Departamento Cushamen no ha sido relevada en su totalidad en los censos nacionales. Hace tan sólo siete años fueron descubiertas cinco familias tehuelches que habitaban la Meseta de Somuncurá, que a partir de entonces pasaron a formar parte de los registros y sus niños a asistir a la escuela (Comunicación personal de Raúl Mejido, antropólogo, funcionario del Ministerio de Educación de Chubut, junio de 2002). En particular para esta población, los antecedentes alimentarios disponibles corresponden a un primer trabajo de campo realizado en febrero del año 2000 en el Departamento Cushamen (6,13). Se realizaron encuestas de frecuencia de consumo y recordatorios de 24 horas en 54 unidades domésticas, cuyos resultados más relevantes se tomaron como referencia para completar la información obtenida en el presente trabajo.

Caracterización de la población estudiada

La población rural que nos ocupa descansa en un sustrato compuesto básicamente por dos grupos: tehuelches y mapuches, que son el resultado actual de un proceso dinámico de cambios y contactos de varios siglos, que se vió profundamente alterado por la "Campaña del Desierto" del General Roca (1879-1884). A partir de entonces, los sobrevivientes fueron radicados en territorios delimitados produciéndose la sedentarización forzada de grupos cazadores y recolectores nómades, como eran los tehuelches y de una etnía de tradición agrícola pastoril como los mapuches, en zonas de baja productividad (14). Estos grupos manejan una economía basada en la cría de ganado ovino, caprino y caballar complementada con la caza de pequeños animales y la recolección. La cría del ganado menor destinada a la producción de lana está sujeta a las fluctuantes demandas del mercado externo.

La ubicación geográfica del área de estudio corresponde al Departamento Cushamen, en el Noroeste de la Provincia de Chubut, Patagonia Argentina. El clima es frío y seco, con temperaturas extremas que van de los 30º/40º C de máxima en verano a los -10º/ -45º C de mínima en invierno. Hay heladas casi todo el año. Las precipitaciones son escasas. Las nevadas invernales aportan agua en tiempo de deshielo, pero en invierno dejan a los pobladores aislados. Como en toda la Patagonia son característicos los fuertes vientos predominantes del Oeste, sobre todo en verano, lo que contribuye a desertizar aun más el paisaje. El déficit de agua en algunos lugares, el suelo pedregoso-arenoso y el viento constante, sólo permiten desarrollar especies vegetales muy adaptadas, que pueden ser aprovechadas por el ganado ovino y caprino.

Dentro del Departamento, el paraje visitado fue Colonia Pastoril Cushamen, situado a 32 kilómetros de Cushamen Centro. Su importancia histórica radica en que estas tierras fueron asignadas originariamente al primer Cacique Ñancuche Nahuelquir a finales del siglo XIX. Inicialmente la colonia ocupaba una superficie de 125,000 hectáreas, divididas en 200 lotes de 225 hectáreas que fueran adjudicadas a 52 familias. Al momento de realizarse el estudio, se registraron apenas 40 unidades domésticas.

A continuación se presentan los resultados de una encuesta de recordatorio de 24 horas, cuyo objetivo fue caracterizar el patrón alimentario y determinar el aporte nutricional en términos de: grupos de alimentos, hidratos de carbono, proteínas de origen animal y vegetal, lípidos, aporte energético, calcio, hierro y vitamina C.

MATERIAL Y MÉTODOS

Población y muestra

El universo de estudio quedó conformado por las 40 familias que vivían en el Paraje Colonia Pastoril Cushamen, Provincia de Chubut, Patagonia Argentina, durante los meses de mayo y junio de 2002.

La muestra quedó determinada por el tiempo de permanencia en la zona y las condiciones climáticas y de los caminos, así como la distancia entre los mismos. De esta manera, la muestra quedó conformada por 14 unidades domésticas que correspondieron al 35 % del universo de estudio.

El método de muestreo utilizado fue de tipo sistemático al azar, encuestando a una de cada tres familias. En todos los casos se contó con el consentimiento libre e informado. Las visitas se realizaron en compañía de un agente sanitario del lugar y un antropólogo del equipo.

En todas las encuestas la unidad de observación fue el grupo de consumo u hogar se refiere tanto a una persona que vive sola o un grupo de personas, emparentadas o no, que comparten los alimentos y posiblemente otros productos de subsistencia (15).

Recolección y procesamiento de datos

Se realizó una encuesta de recordatorio de 24 horas en cada hogar. Se registró el sexo, edad, y situación de embarazo o lactancia en las mujeres. Se le solicitó a la persona responsable de la elaboración y distribución de los alimentos el detalle de los ingredientes y las cantidades utilizadas en las preparaciones, así como los horarios en que se consumieron. Las cantidades se determinaron de acuerdo a la estandarización de pesos y medidas realizada preliminarmente. Los datos se registraron en peso bruto (peso total del alimento, incluyendo los desechos) y luego se realizó la conversión a gramos netos (peso bruto menos los desechos). A partir de estos valores, se analizó la composición nutricional según las tablas de composición química de Argenfood (16) y Cenexa (17).

Como el estudio se realizó en el ámbito del hogar, también se tomó en cuenta la participación de las personas en las comidas para poder calcular la asistencia (18). Para ello se calcularon los índices de acuerdo a la incidencia energética de cada comida en base a trabajos preliminares. A cada individuo que realizó todas las comidas se lo consideró consumidor completo, esto equivale a la unidad. Para el cálculo de la asistencia a dicho valor se lo dividió por cuatro: Primer comida de la mañana o desayuno 0,12; Segunda comida o almuerzo 0,40; Comida de la tarde 0,18; Comida nocturna 0,30.

De esta manera, se registró el nombre de las personas que estuvieran ausentes en alguna de las comidas, debido a que no puede obtenerse información satisfactoria acerca de lo ingerido fuera del hogar.

Para describir el patrón alimentario se definieron los grupos de alimentos Lácteos, Carnes y huevos, Vegetales (frutas, verduras y hortalizas), Cereales y legumbres, Azúcares y dulces, Grasas y aceites y se calculó la ingesta total en gramos para cada uno.

Para el análisis de la adecuación porcentual del consumo se tomaron en consideración el sexo, la edad, el estado biológico y utilizaron las Tablas de Ingesta Dietética Recomendada 1997-2001 (19) ajustada de acuerdo a la asistencia de cada integrante.

Luego se sumaron las recomendaciones de cada integrante y para cada nutriente, y se obtuvo la recomendación total por nutriente para el grupo de consumo.

La recomendación diaria por persona se obtuvo dividiendo la recomendación total para el grupo de consumo por la suma de las asistencias.

El consumo diario por persona se obtuvo dividiendo el consumo total de cada nutriente por la suma de las asistencias.

Finalmente se calculó el porcentaje de adecuación, entendido como la relación entre el consumo diario por persona y la recomendación correspondiente.

Las variables fueron expresadas en función del valor de la media, mediana, desvío estándar, cuartiles e intervalo de confianza de 95 %.

RESULTADOS

Caracterización de la muestra

De las 14 familias encuestadas, y de un total de 51 integrantes; el 55% fueron hombres y el 45% mujeres.

La distribución por edades fue la siguiente: 5 niños en el grupo de 0 a 6 años, 7 niños en el de 7 a 10; 3 adolescentes en el de 11 a 18; 28 adultos en el de 19 a 50, conformando así el grupo de edad más importante (55%); y 8 personas mayores de 50 años.

Consumo de alimentos

Los alimentos que conformaron los grupos especificados se presentan en la tabla I. En las tablas II y III se detallan los valores correspondientes a la ingesta per cápita de nutrientes y la contribución porcentual de cada grupo de alimentos a la ingesta de energía.

El grupo de los lácteos incluyó únicamente leche entera en polvo, cuyo consumo fue revelado en dos encuestas y destinado exclusivamente para el consumo de los niños. Por este motivo, este grupo de alimentos no se incluye en las tablas, ya que estimar un valor para toda la muestra encuestada estaría sesgando la información. Sin embargo, a partir de la información cualitativa se pudo confirmar que en los niños menores de 2 años el consumo estuvo relacionado con la entrega gratuita que hizo el Hospital dentro del marco del Plan Materno Infantil, y en los niños en edad escolar con los programas brindados en las escuelas. También se observó que en aquellas familias con animales que podrían ser ordeñados, el posible consumo de leche fresca se limitó a los meses de verano y quedó condicionado por el estado general de los animales y la disponibilidad de pasturas. En consecuencia, el consumo de calcio se relacionó con alimentos cuya biodisponibilidad es inferior a la de los lácteos, tales como algunas verduras y cereales, que de todos modos, no se consumieron en cantidades suficientes como para que representen un aporte importante de este nutriente específico. De esta manera, el bajo nivel de adecuación (mediana: 6,3 %; IC 95%: 5,0- 14,2%) se habría correspondido con la tendencia observada en el resto del país.

El grupo de carnes y huevos incluyó carnes de cordero, chivo, yegua y vaca, mientras que sólo en una familia se registró el consumo de huevos, que se limitaría únicamente a los meses de verano. De esta forma, las carnes representaron la principal fuente de proteínas de origen animal. La cantidad consumida en las comidas principales (mediana: 163,19 g.; IC95%: 117,1-310,9 g.) determinó que la biodisponibilidad del hierro, según la clasificación de FAO/ WHO, sea alta y la adecuación del consumo de este mineral sea adecuada en un porcentaje considerable del grupo estudiado (mediana: 81,5%; IC 95%: 71,8- 131,0%).

Los vegetales que se consumieron en la mayoría de las familias se limitaron a papa (Solanum tuberosum L.) cebolla, (Allium cepa). Algunas familias también refirieron el consumo de zapallo (Curcubita máxima) y zanahoria (Daucus carota L.). En aquellas que tenían huerta, estos alimentos básicos se complementaron con acelga (Beta vulgaris var. Cicla), lechuga (Lactusa Sativa L.), pimiento (Capsicum annuum), tomate (Lycopersicon esculentum), repollo (Brassica oleracea), remolacha (Beta vulgaris), habas (Vicia faba) y arvejas (Pisum sativum). De esta forma, la huerta se presentó como una estrategia alimentaria de importancia que habría contribuido a diversificar la dieta, además de generar ingresos adicionales por la venta o trueque de los productos excedentes y por el ahorro que representaría para la familia el consumo de su propia producción. Esta práctica también habría permitido revalorizar la antigua tradición agrícola heredada de los araucanos chilenos. Desde el punto de vista nutricional, la incorporación de vegetales frescos es muy beneficiosa por el aporte de vitaminas, minerales y fibra. La obtención de vegetales como pimientos o tomates, que pueden consumirse crudos, les permitiría incrementar el consumo de vitamina C. En las familias encuestadas, dicha ingesta se originó principalmente en el consumo de papas. Sin embargo, se debe considerar que el procesamiento, el método y tiempo de cocción, así como la extensión del período de conservación, son factores que afectarían la cantidad de vitamina C que finalmente estará disponible. Se debe tener en cuenta que la población queda aislada durante varios meses en el invierno y por lo tanto realizan compras para toda la temporada.

Con respecto a la infusión de yerba mate (Ilex paraguaiensis), algunos investigadores sugieren que podría contribuir al aporte diario de ácido ascórbico (20), aunque serían necesarios datos más precisos para que se considere un alimento fuente. Asimismo la metodología de recordatorio de 24 horas ofrece limitaciones técnicas para calcular la cantidad de mate ingerida por el grupo de consumo.

El grupo de cereales y legumbres incluyó arroz, fideos, harina de trigo, harina de maíz y lentejas. Con respecto a este grupo se debe destacar que aparecieron como la principal fuente de energía aportando más de la mitad del valor energético diario (mediana: 58,9 %; IC 95%: 43,7- 64,3 %). La preparación tradicional elaborada con harina de trigo es la torta frita. Ésta se caracteriza por su elaboración fácil y rápida, por los pocos ingredientes necesarios (harina, agua, grasa, levadura y sal) y por los valores energéticos y de saciedad que aporta; claves en un ambiente con temperaturas extremas. Todas las familias encuestadas hicieron referencia a que se vieron obligadas a disminuir el consumo de dicho insumo debido al aumento del precio. El precio de la bolsa de 50 kilogramos de harina hasta febrero del año 2002, era $18; desde abril del mismo año el precio fue de $ 56.. Esto habría condicionado nuevas estrategias familiares en cuanto a la distribución y racionamiento de las tortas fritas, dándoles prioridad a los niños.

El consumo de legumbres se observaba en familias que recibían algún tipo de asistencia alimentaria. La situación socioeconómica de ese momento y la consecuente suspensión de esta asistencia (Caja Prani, Asoma, asistencia del Municipio) explicarían por qué se registró dicho consumo en una sola familia. Además, el consumo de legumbres podría presentar una relación costo/ beneficio desfavorable, por el tiempo que demanda su cocción. Por lo tanto, las legumbres fueron agrupadas con los cereales al observar que cumplieron una función energética sin modificar la incidencia de proteínas en la alimentación.

Respecto al grupo de azúcares y dulces, la utilización de estos productos limitaba a casos particulares como la eventual incorporación de azúcar en las tortas fritas o el agregado en la infusión de yerba mate. El hábito de preparar esta infusión con agua caliente y azúcar, produce un alto valor de saciedad y representaría un aporte energético adicional. El trueque local habría permitido el consumo de dulces elaborados con frutas de estación que se recolectaban u obtenían a través de intercambios con los valles fértiles de la zona cordillerana. Este consumo se limitaría exclusivamente a los meses de verano.

En relación al grupo de las grasas, la información cualitativa reveló que la principal fuente se obtuvo de la faena de los animales y se utilizó casi exclusivamente como medio de cocción, al igual que el aceite entregado durante la vigencia de los planes alimentarios. Sin embargo, con la metodología de recordatorio no se pudo cuantificar de manera confiable dicho consumo.

Finalmente, es de importancia mencionar algunas de las características del contexto en el cual se produjo el consumo de los alimentos. Las comidas se prepararon en la mayoría de los casos en cocinas a leña. Solo en algunas unidades domésticas había anafes o cocinas alimentadas con gas envasado que se utilizaban para cocinar y para calefaccionar los hogares. Tanto la provisión de leña como las garrafas, siempre han sido muy onerosas en Patagonia por el transporte. De esta manera, es altamente improbable que las preparaciones demanden largos tiempos de cocción. Con respecto a los utensilios, en la mayoría de los hogares tenían cacerolas de gran capacidad, alguna fuente para horno, y en algunos casos sartenes. Las formas de preparación más frecuentes fueron guisos, estofados, pucheros y sopas. Esta actividad no fue exclusiva de las mujeres. El asado también fue una preparación que se realizó en todos los hogares, principalmente a cargo de los hombres y en la forma más antigua y tradicional de preparar los alimentos.

Evaluación del aporte nutricional (Figura 1)

Las recomendaciones calculadas para el grupo de consumo fueron: 2346 kilocalorías; 51 gramos de proteínas; 1033 miligramos de calcio; 11,2 miligramos de hierro; 74 miligramos de vitamina C.

El valor energético total de la dieta por persona y por día expresado en mediana fue 1260 kilocalorías (IC95%: 1056,2- 1747,4 kcal.), lo cual determinó que la adecuación energética sólo fue suficiente en dos familias. La contribución porcentual de macronutrientes a dicho valor fue: 57% de carbohidratos, 21% de proteínas y 22% de lípidos. Del total de proteínas (mediana: 46,1 g), el porcentaje de origen animal fue importante (mediana: 67,2%; IC95%: 45,6- 73,6). Se destaca que la adecuación del consumo de proteínas fue suficiente en todas las familias, acompañada de una ingesta de hierro, que sin alcanzar valores óptimos para toda la muestra, la ubican de todos modos en una posición favorable con respecto a otras regiones del país. Respecto al calcio y la vitamina C, las adecuaciones fueron extremadamente bajas.

FIGURA 1

Adecuación porcentual per cápita de la ingesta con respecto
a las recomendaciones de energía, proteínas, calcio, hierro y
vitamina C

Box Plot que muestra la distribución de los porcentajes de adecuación de los nutrientes estudiados. Los extremos de la caja indican los cuartiles superior e inferior y el segmento interior, la mediana de los datos. Las líneas verticales -bigotes- indican valores "típicos" y se extienden hasta una vez y media la distancia intercuartil a partir de la mediana. Los datos representados con un asterisco (*) se encuentran entre 1.5 y 3 veces la distancia intercuartil y aquellos representados con el símbolo (º) "valores atípicos" se encuentran a mas de 3 veces dicha distancia (Statistics, Analytical Software, 2000).

 

DISCUSIÓN

En este artículo haremos hacer un análisis del patrón alimentario en el ámbito familiar e identificaremos aquellos condicionantes que interactuaron en el proceso de inclusión/ exclusión de cada uno de los alimentos.

Como ya fue mencionado, a partir de la sedentarización forzada de este pueblo, la economía se basa en la cría de ganado ovino, caprino y caballar. El racionamiento de la carne, las formas de preparación y la tradición de compartir, corresponderían a la vieja tradición cazadora que ha determinado que sea un alimento fundamental del patrón alimentario. Precisamente, este grupo de alimentos se presentó como la principal estrategia para satisfacer las necesidades de las familias durante todo el año, incluso en épocas de escasez, y para amortiguar los efectos de las oscilaciones de precios de los productos que debían ser comprados.

Los resultados obtenidos en este trabajo nos permitirían afirmar que los alimentos que conformaron el patrón alimentario coinciden con aquellos del primer trabajo de campo realizado en todo el Departamento Cushamen el año 2000. Sin embargo, en el paraje Colonia Pastoril Cushamen (año 2002) se observaron cambios en las incidencias de los grupos de carnes y cereales sobre la ingesta total, así como un aporte energético inferior. Si bien las muestras no serían estadísticamente comparables, ya que la correspondiente al año 2002 se circunscribió a sólo uno de los parajes relevados en la campaña anterior; consideramos que el patrón alimentario observado sería lo suficientemente homogéneo como para hacer un análisis equiparable en toda la región. Asimismo, la metodología aplicada para ambas muestras fue la misma y la problemática social y económica afectó a todo el Departamento por igual.

Al comparar el consumo de carne, en el presente trabajo se registró una mediana de 163,2 gramos (IC95%: 117,1- 310,9 g), mientras que en el año 2000 se observaron valores inferiores (mediana: 81,3 g; IC95%: 50,0- 112,6) (13). Desde el punto de vista nutricional, el aumento del consumo de carne tendría ventajas debido al aporte de proteínas de alto valor biológico, pero sólo si se acompaña de un incremento en el aporte energético que permita su aprovechamiento metabólico. Desde el punto de vista económico, la necesidad de sacrificar un mayor número de animales significaría disminuir el rendimiento de la producción del ganado menor, afectando el único ingreso de estas familias. En el contexto histórico en el que fue efectuado el registro habría tenido más valor el animal en pie, que el que se utilizara para la alimentación.

Al comparar el grupo de los cereales y legumbres, en el año 2000, éste representó más de dos tercios del valor energético total (mediana: 71,9 %; IC95%: 62,6- 77,6). En valores absolutos, la mediana de consumo registrada fue 408,8 gramos (IC95%: 307,0- 482,6) por persona y por día (13); mientras que en el año 2002 fue 223,0 gramos. Esta disminución estaría relacionada con el aumento desmedido del precio de los cereales.

En el año 2002, el aporte energético total fue insuficiente en la mayoría de las familias (mediana: 1259 kcal.; IC95%: 1056,2- 1747,4) En el año 2000 se registraron valores superiores (mediana: 1770,5 kcal.; IC95%: 1479,7- 2085,5) (13). Es probable que el aumento en el consumo de carnes se relacione con la ausencia de sustitutos baratos de cereales y con la necesidad de compensar en términos energéticos este déficit, sin que ello implique alterar el equilibrio económico. Es importante destacar que en contraposición al aumento en el precio de los cereales en el ámbito nacional, el precio de la lana pagado localmente a estos productores se mantuvo estático los últimos años.

La consecuencia de esta situación fue un deterioro en la diversificación de la dieta, sumado a un aporte energético insuficiente. Sin embargo, la particularidad del momento de crisis que se vivía en el país durante el período considerado y las condiciones ecológicas de extrema vulnerabilidad de la Patagonia, deberían haber mostrado un cuadro de severidad mucho mayor que el revelado. Es posible pensar en una subvaloración de los datos referidos, limitación frecuente de las técnicas cuantitativas utilizadas, a la vez que podría relacionarse con connotaciones especiales dadas a ciertos alimentos que son más aceptados culturalmente. Se debe tener en cuenta la vigencia de prácticas de caza y recolección. Queda en evidencia la necesidad de conocer exhaustivamente la disponibilidad de plantas silvestres y sus usos, así como los animales de caza, asociado tanto a variables geográficas y climáticas como a otras relativas a género, edad de práctica, valor simbólico, creencias, entre otras. Por otra parte, la problemática de la disponibilidad de alimentos evidentemente no se limitó al ámbito familiar. Respecto a la alimentación brindada a los niños en las escuelas, es oportuno mencionar que fue necesario acceder a este ámbito para conocer sus características y alcances (21). Los resultados obtenidos mostraron que el comedor escolar se presentó como una estrategia que permitió asegurar la disponibilidad alimentaria de escolares y adolescentes y a su vez permitió la redistribución de los alimentos disponibles en el hogar entre el resto de sus integrantes.

Por todo lo expuesto, se ha generado un importante interrogante acerca de la forma en que esta población ajustará sus estrategias alimentarias. No obstante pensamos que dicha "adaptación" intentará conservar prácticas y saberes propios de su cultura, que resignificarían activamente el patrón alimentario de estas familias. Mientras el presente articulo se encontraba en proceso de corrección, en los primeros días del mes de julio del corriente año, la zona donde realizamos la investigación sufrió graves inundaciones. Según Defensa Civil de la Provincia de Chubut fue el peor temporal de los últimos cuarenta años, con lluvias que, en una semana, alcanzaron los niveles registrados anualmente. Varios ríos fueron desbordados, entre los que se encontraron el Cushamen y el Ñorquinco, muy cercanos a la región de Cushamen. Muchos pobladores fueron evacuados y gran parte de las casas, de adobe, destruidas. Junto a la pérdida de los animales y con esto la base de su sustento, se profundizan las graves consecuencias que tendrán que afrontar los pobladores en los tiempos venideros.

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Este trabajo fué recibido el 15 de Abril de 2004 y aceptado para ser publicado el 25 de Julio de 2004

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