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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.30 n.2 Santiago ago. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182003000200006 

Rev Chil Nutr Vol. 30, N1, Abril 2003

EVOLUCIÓN DE LA ANTROPOMETRÍA MATERNA Y DEL PESO
DE NACIMIENTO EN CHILE, 1987-2000

EVOLUTION OF MATERNAL ANTHROPOMETRY AND BIRTH
WEIGHT IN CHILE, 1987-2000

Francisco Mardones S.
Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile.

ABSTRACT

The evolution of maternal and infant anthropometry in Chile between the year 1987 and 2000 is presented, and the possible association between these two factors is discused. The parallel reductions of the proportion of underweight/height pregnant women and the incidence of birth weight between 2000-2999 g is apparently due in part to a reinforced nutritional education and the access to a higher provision of food from the National Complementary Feeding Program. Other positive changes in the living conditions have happened. The possible causal association is supported on observational and quasiexperimental studies. The increment of both newborns with birth weight 4000 g and maternal weight/height overweight and obese categories seems not to be narrowly related. Its possible explanation is the observed increase of caesarean section among obese women that may advance gestational age at delivery and reduce the incidence of birthweight 4000 g. Evidence is presented that the obesity rise is part from a world epidemic. On the other hand, national observational data supports the idea that nutritional education is reducing caloric intake in obese and overweight women.

Key words: anemia, nutritional status, weight/height, pregnancy, birth weight.

Este trabajo fué recibido el 18 de Marzo de 2003 y aceptado para ser publicado el 12 de Mayo de 2003.

INTRODUCCIÓN

La gráfica de Rosso y de Mardones (RM) se ha utilizado desde 1987 en Chile para guiar el aumento del peso durante el embarazo. Fue diseñada como un instrumento para evaluar la relación peso/talla en cada edad gestational sobre la base del resultado perinatal (1, 2).

La relación peso/talla se expresa como el porcentaje del peso ideal o estándar (PPE) (2) y también de acuerdo al índice de masa corporal (IMC) (3). PPE se deriva de la adecuación del peso para la talla en las tablas desarrolladas por una compañía de seguros de vida (4). Se computan estos índices como sigue:

PPE= peso observado (kg) x 100 /peso (kg) deseable para la talla
IMC= peso (kg) / talla2 (m)

Los índices PPE e IMC tienen una altísima correlación, lo que demuestra que ambos están midiendo la misma variable (3, 5). Las figuras 1 y 2 representan ambas curvas.


FIGURA 1 FIGURA 2

Los valores de la relación peso/talla de la curva RM clasifican a las embarazadas como bajo peso, normales, sobrepeso y obesas. Esos puntos de corte fueron determinados con datos reales de mujeres adultas sanas que muestran una reducción de la incidencia de pesos de nacimiento < 3000 g y 4000 g con una ganancia adecuada de peso corporal durante el embarazo (1-3).

La tabla 1 presenta esos puntos de corte en las semanas 10 y 40 de gestación para PPE e IMC. Como ejemplo, la tabla 2 muestra el diagnóstico nutricional de las mujeres que controlaron su embarazo en diciembre del año 2000 en el Sistema Nacional de Servicios de Salud (SNSS) de Chile (6).



La base de datos original de mujeres sanas utilizada en el diseño de la curva RM ha permitido demostrar que las mujeres de bajo peso al inicio y al final del embarazo están claramente en un riesgo más alto de peso al nacer < 3000 g (Tabla 3) (3). En forma similar, las mujeres diagnosticadas como sobrepeso u obesas tienen un riesgo más alto del peso de nacimiento ( 4000 g (Tabla 4) (3). Varios autores han propuesto que los resultados en cuanto a la salud deben ser la base sobre la cual definir los puntos de corte en el diagnóstico nutricional (7); lo que también apoya por la Organización Mundial de la Salud y la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (8, 9).



En el caso de la curva RM el concepto de masa corporal crítica materna ha guiado la definición de los puntos de corte donde se obtienen los mejores resultados perinatales (1, 2). De acuerdo al concepto de masa corporal crítica, el área deseable de normalidad es conceptualmente aquella en que el peso al nacer promedio de término tiene un valor similar al promedio de una población sana (sin condiciones ni complicaciones del embarazo) y donde los pesos al nacer de riesgo tienen una clara incidencia menor que el resto. Mientras no exista una nueva evidencia que modifique el área de normalidad indicada, los cambios en la proporción de mujeres diagnosticadas como normales o en otras categorías serán dependientes de los cambios en la realidad nutricional del país.

La curva RM se utiliza en varios países de América Latina e interesa discutir su posible influencia en los cambios de ciertas categorías de peso al nacer. Se comunica la evolución de la antropometría materna y del recién nacido en Chile entre los años 1987 y 2000, donde se dispuso de la información respectiva, proponiendo una interpretación de lo ocurrido con sus posibles implicancias. El conjunto de cambios nutricionales ocurridos durante las últimas décadas en Chile y en el mundo ha sido ya descrito por otros autores (10, 11).

PESOS AL NACER DE RIESGO AFECTADOS
POR LA NUTRICION MATERNA

La categoría de peso al nacer 2000 -2999 parece estar muy asociada con un estado nutricional materno deficiente y no a condiciones obstétricas. La mayoría de los recién nacidos de término calificados con retardo del crecimiento intrauterino (RCIU) están dentro de este rango de peso de nacimiento (12), que todavía tiene tasas de mortalidad infantil de alrededor de 20 por mil nacimientos vivos en Chile, llegando al doble de la cifra nacional (13). Por otra parte, la hipótesis de Barker propone que la desnutrición fetal en la mitad y al final de la gestación, donde se presenta mayoritariamente el RCIU, predispone a la enfermedad coronaria en la vida adulta (14, 15).

La comunicación reciente de un comité de expertos FAO/OMS sobre nutrición y las enfermedades crónicas señala que la asociación del RCIU con la enfermedad coronaria, accidente vascular encefálico, diabetes e hipertensión arterial tiene actualmente apoyo considerable (16).

Tres estudios recientes chilenos muestran que los recién nacidos con RCIU presentan alteraciones que los pueden predisponer a presentar factores de riesgo del síndrome X, que consiste en la convergencia de resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, hipertensión arterial, obesidad y dislipidemias (17). El primero de esos estudios detectó que los niños RCIU tienen mayor grasa corporal que lo esperado (18). El segundo reveló en ellos la presencia de un perfil lipídico alterado con altos niveles de triglicéridos (19). El tercero demostró que sus células endoteliales exhiben alteraciones que se asocian con la reducción del transporte de la L-arginina y la síntesis de óxido nítrico (20); la disminución en la disponibilidad de L-arginina y la actividad de óxido nítrico estarían afectando el crecimiento fetal y luego la reactividad vascular.

Estudios europeos recientes han señalado que muchos de los niños con RCIU ganarían peso rápidamente con dietas hipercalóricas, aumentando especialmente su masa grasa para llegar a ser obesos y también desarrollar hipertensión arterial (21-23). Este grupo tiene el mayor riesgo de mortalidad cardiovascular (16).

La comunicación reciente de un comité de expertos FAO/OMS sobre nutrición y las enfermedades crónicas señala también que los recién nacidos grandes para la edad gestacional o macrosómicos presentan un mayor riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular (16). Este es el caso de niños con peso de nacimiento ( 4 000 g, que se presentan con mayor frecuencia en madres obesas y que generalmente también tienen una mayor mortalidad que aquellos en la categoría de peso al nacer de 3000- 3999 g (13).

Por tanto, la categoría de peso al nacer con RCIU, fundamentalmente de 2000 a 2999 g de término y la de peso al nacer 4000 g, tienen riesgo de presentar enfermedades crónicas del adulto y se relacionan con el estado nutricional materno. Además tienen también mayores riesgo de mortalidad infantil.

La investigación que vincula los factores de riesgo del síndrome X con la mortalidad cardiovascular es más fácil cuando se hace en el adulto porque estos factores están cercanos en el tiempo con la muerte; por ello esta asociación hoy no muestra dudas para la acción de los clínicos (24). Sin embargo, cuando se intenta vincular los eventos ocurridos en la vida fetal con aquellos de la vida adulta aparecen las dificultades esperadas, tales como las pérdidas durante el seguimiento entre otras (25). Ello debilita la evidencia, pero ignorar que parte del riesgo cardiovascular se establece en la vida temprana significa inequidad porque niega a los niños pequeños y a las embarazadas la posibilidad de actuar precozmente (16, 25).

En Chile se ha demostrado una alta prevalencia de factores de riesgo del síndrome X en adultos y escolares (26-28), destacando el aumento de la obesidad y el sobrepeso (10, 11).

Una de las estrategias posibles para enfrentar esta epidemia es la mejoría de la calidad de la dieta de la embarazada, que se discute en la siguiente sección. En el informe Acheson sobre las inequidades en salud del Reino Unido también se destaca que la preocupación por la nutrición durante el embarazo puede reducir una buena parte de la carga de enfermedades de los adultos (29, 30).

En las dos secciones siguientes se presenta la evolución de la antropometría materna y las categorías antedichas de peso al nacer de riesgo; también se especula sobre las posibles asociaciones del estado nutricional con otras categorías de peso al nacer.

Todos los reportes nacionales de nacidos vivos en el periodo 1987-2000 tienen información casi completa sobre el peso de nacimiento; los casos sin información han ido declinando: 1,52% en el año 1 987, 0.30% en el año 1 994 y 0.10% en el año 2 000 (13). Desde 1982 se comunica la distribución nacional del peso al nacer en forma continua (13). Sin embargo, no existe información nacional sobre la antropometría materna antes de 1987. Ese año el diagnóstico nutricional de las embarazadas se empieza a comunicar anualmente en forma continua. Corresponde a aquellas que controlaron su embarazo en diciembre del año respectivo en el sistema nacional de servicios de salud del sector público, que cubre alrededor del 70% de la población.

LAS EMBARAZADAS DE BAJO PESO
Y EL PESO AL NACER

Desde 1987 las proporciones de nacidos vivos con peso al nacer 2 000-2 999 g y de embarazadas de bajo peso han disminuido en forma similar.

La última cifra oficial disponible de la incidencia nacional de peso al nacer 2000-2 999 g es de 18,37% (45.722 casos) para el año 2000, cuando ocurrieron 248.893 nacidos vivos (13), mientras que la prevalencia de mujeres embarazadas de bajo peso fue de 13,90% el mismo año (6). En 1987 la incidencia de peso al nacer 2000-2999 g fue de 24,40% (13), mientras que la prevalencia de mujeres embarazadas de bajo peso era 25,7% (6). Si se asume que el resto de las causas tuvieron efectos similares en los años 1987 y 2000, el uso de la curva RM habría producido una reducción del 25% en el peso al nacer 2000-2999 g y una reducción del 46% en las embarazadas de bajo peso. Como es conocida la mejoría de las condiciones de vida entre estos años, se discute a continuación la evidencia para un efecto favorable.

Interesa previamente señalar cuales categorías de peso al nacer se modificaron más claramente. El peso de nacimiento < 2 500 g a escala nacional sólo se redujo de 6,55% a 5,28% en el mismo periodo de 13 años. Este pequeño cambio significaría que la categoría 2500-2999 g fue la más afectada por la mejoría en el estado nutricional materno, confirmando observaciones anteriores (12). Los casos con peso de nacimiento menor de 2000 g son una proporción muy pequeña de los nacimientos vivos totales, 1,98% en el año 2000 (13). Por tanto, los niños de término con peso al nacer 2000-2999 g constituyen el grupo más grande de aquellos nacidos con menos de 3 000 g.

El diagnóstico de bajo peso en la atención primaria de salud implica para la embarazada recibir información de la profesional nutricionista para mejorar la dieta del hogar, el que efectivamente se revela como mayor a las otras categorías de estado nutricional materno con datos de Concepción (31). Sin embargo, la mejoría del aporte calórico y proteico es reducida, porque en estas madres de bajo peso se observa en su gran mayoría bajos ingresos relativos y su poder de compra de alimentos puede estar disminuido; en la encuesta CASEN las que tuvieron este dato representan a 250.000 embarazadas que se concentran en los quintilos de ingreso más pobres: en los dos menores está 78% de las madres de bajo peso, mientras que 90.4% lo hacen en los tres quintiles más pobres (32). También significa una mayor contribución de alimentos a través del Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC). El PNAC entrega 2 kg de leche en polvo y 2 kg de arroz por mes a las mujeres de bajo peso. Aunque la disminución observada en la proporción de embarazadas de bajo peso ha significado una consiguiente reducción en el gasto de alimentos entregados a ellas por el PNAC, se ha observado también con datos de Concepción que esta cantidad de leche no alcanza a mejorar su consumo lácteo con respecto a las mujeres con estado nutricional normal (31).

Se ha demostrado también que parte de este grupo de mujeres gana suficiente peso como para ingresar al área de normalidad nutricional al final de embarazo, que se asocia con una reducción del RCIU en ellas (1, 2, 33). A pesar de la conocida influencia del estado nutricional preconcepcional en el peso al nacer, esta asociación de la ganancia de peso durante el embarazo ha sido también confirmada por otros estudios recientes (34).

Los cambios nacionales en el bajo peso materno y en el peso al nacer < 3 000 g coinciden con los otros datos observacionales señalados en los dos párrafos anteriores. Estos estudios observacionales son útiles para un apoyo inicial a la causalidad, como lo han sido las asociaciones entre tabaco y cáncer bronquial.

Las reducciones en el bajo peso materno al final del embarazo debidas al uso de la curva RM no han sido cuantificadas y es posible que hayan sido influidas también por otros factores. Sin embargo, la reducción del peso al nacer 2000-2999 g tiene pruebas de una asociación causal con el uso de la curva RM como se explica a continuación.

En Chile la distribución de leche a las embarazadas existe desde 1954 (35). Por tanto, existe una clara objeción ética para realizar un experimento con un grupo control que no reciba un suplemento alimentario. Ello ha imposibilitado las evaluaciones necesarias en este tipo de intervenciones, hasta que en un estudio nacional en mujeres de bajo peso observamos la presencia de un grupo espontáneo de no consumidoras de leche durante el embarazo (36). Con este grupo se pudo hacer una comparación cuasi experimental que demostró una asociación positiva del consumo de los suplementos con el peso de nacimiento. Las proporciones de hijos con RCIU en las madres consumidoras y no consumidoras de los suplementos, fueron 44% y 88% respectivamente. Este cuasi experimento permitió también calcular una evaluación costo-efectiva del PNAC para las embarazadas de bajo peso (37).

Los resultados globales del estudio anterior señalan que el problema nutricional de las embarazadas chilenas de bajo peso ya no es centralmente calórico sino que ahora está más referido a la calidad de la dieta (36, 38).

En cuanto a los mecanismos posibles del mejor crecimiento fetal observado en el experimento citado, diversos autores han postulado que el importante contenido de micronutrientes pudo influir en la mayor retención de líquidos y en la expansión del volumen plasmático (9, 39, 40). Hemos publicado los resultados de un estudio de composición corporal al final del embarazo donde se muestra que el agua corporal total maternal es la variable más importante que influye en el peso del nacimiento, lo que ha sido confirmado en un estudio realizado en Nueva York (41, 42).

Una sustancial proporción de mujeres en países desarrollados y subdesarrollados consumen dietas que contienen menos de las cantidades recomendadas de cierto micronutrientes, carencias que han sido asociadas con el curso y los resultados del embarazo (40, 43, 44). La mayoría de esos déficits en la dieta son para zinc, folatos, hierro y calcio. Es un hecho que en grupos pobres el aporte de cárneos y lácteos es menor que en el resto de la población. El tipo de alimentos ingeridos por los grupos pobres y las formas de cocción también pueden afectar la biodisponibilidad de micronutrientes. Es conocido que en el organismo todos los procesos fisiológicos y metabólicos son determinados por un sistema de reacciones bioquímicas complejas, en las cuales las vitaminas y los metalo-componentes como enzimas y co-enzimas juegan un rol importante en la metabolización y utilización de proteínas y carbohidratos.

Barker ha propuesto en datos de Finlandia que la mejoría de la calidad de la dieta es la que produce el aumento de la talla materna y la reducción de la proporción de nacimientos con RCIU (14, 21).

En las embarazadas chilenas de bajo peso para la talla se ha detectado que el consumo de algunos micronutrientes, tales como calcio y hierro, es menor que las recomendaciones (31). Concordando con este hallazgo se ha observado recientemente la presencia de anemia en embarazadas chilenas, especialmente en las de bajo peso (45).

Varios autores proponen enfrentar el déficit de hierro en conjunto con las carencias de otros micronutrientes y promueven la suplementación combinada de micronutrientes en el embarazo (44-#46). La distribución actual de leche en polvo escasamente fortificada con micronutrientes («Purita Fortificada»), aunque es un aporte destacable, seguramente no es suficiente para todas ellas por la carencia detectada de micronutrientes en la dieta y por las sugerencias del consumo.

En resumen, hubo una mejoría general de la calidad de vida en el período analizado. Es así como se redujo la proporción de población pobre del país de más de 40% a fines de la década de los 80, a 23% en 1998 y 20,6% en el año 2000 (47). Se puede concluir que muchos factores pueden haber influido en la reducción tanto de la proporción de madres de bajo peso, como en la del peso al nacer de 2000-2999 g. Aunque la reducción de las madres de bajo peso se haya producida en buena parte por otros factores, no es descartable que los cambios dietarios y de incremento de peso asociados al uso de la curva RM hayan tenido una influencia favorable que no ha sido cuantificada. En cuanto a la reducción del peso al nacer 2000 a 2999 g, la suplementación alimentaria de las mujeres de bajo peso es la única intervención que tiene evidencia experimental y cuasi-experimental sobre su asociación (36, 37). La evidencia experimental o cuasi-experimental también nos plantea la necesidad de mejorar el PNAC al menos para este grupo de mujeres. Varios autores han concluido también que esta intervención nutricional específica en el grupo seleccionado por la curva RM de mujeres de bajo peso moderado es una de las más exitosas (9,38-40,43).

MBARAZADAS CON SOBREPESO Y OBESAS
Y EL PESO AL NACER

Chile tuvo en 1987 una incidencia nacional de 6,05% de peso de nacimiento ³4 000 g y el último dato disponible oficial es de 9,70% para el año 2000 (13). Durante el mismo periodo las proporciones de embarazadas sobrepeso y obesas del sistema público de salud han aumentado desde 18,80% y 12,90%, respectivamente en 1 987, a 22,18% y 32,54%, respectivamente en el año 2 000 (6). Por lo tanto, la proporción total de embarazadas con sobrepeso y obesas aumentó desde 31,7% a 54,26%.

Los incrementos en la incidencia del peso de nacimiento ³4 000 g y las categorías antedichas de peso/talla materno no parecen estar estrechamente relacionados. Ello no concuerda con los datos presentados en la tabla 4. Sin embargo, es necesario comentar que es diferente observar un OR mayor del peso de nacimiento (4000 g en las embarazadas con sobrepeso y obesas en relación con las normales y bajo peso cuando se estudian mujeres sanas, sin condiciones ni complicaciones del embarazo y con partos de término, que son la realidad de los nacimientos nacionales resumidos en el párrafo anterior. Este aspecto necesita proponer posibles explicaciones que se desarrollan a continuación.

El diagnóstico de sobrepeso y obesidad en la atención primaria de salud significa, por una parte, recibir información de la profesional nutricionista para reducir el aporte calórico en la dieta del hogar, la que efectivamente se revela como menor a las otras categorías de estado nutricional materno con datos de Concepción (31). Por otra parte, también significa una menor contribución de alimentos a través del Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC), que entrega sólo 1 kg de leche en polvo por mes a las mujeres con diagnóstico nutricional normal, sobrepeso y obesidad. No obstante, la prevalencia anual de sobrepeso y obesidad continuó creciendo.

El incremento de la obesidad se presenta en buena parte del mundo y se ha descrito como una epidemia moderna (10). Un ejemplo de lo que está ocurriendo en las embarazadas se ha reportado recientemente con datos de 53.080 mujeres de Birmingham, EUA, en que la proporción con IMC > 29 en el primer control prenatal aumentó desde 16,3% en 1980 a 36,4% en el año 1999 (48). La proporción de mujeres obesas aumentó más que el doble, en forma semejante a lo observado en Chile. A pesar de que el punto de corte para el diagnóstico de obesidad al comienzo del embarazo en la curva RM es algo más bajo, IMC > 26,7, es evidente que las cifras de obesidad diagnosticadas con un criterio más estricto en EUA (IMC > 29) son mucho mayores que en Chile. Por otra parte, los grandes para la edad gestacional aumentaron en Birmingham desde 11,5% a 13,9%, en una proporción mucho más baja que el cambio en la obesidad, aspecto que es muy similar a lo ocurrido en Chile con el cambio en el peso al nacer ³4000 g.

Las embarazadas con sobrepeso y obesas a cargo del sistema público de salud en Chile frecuentemente consumen bajas cantidades de micronutrientes en su dieta (31). También en ellas se puede encontrar una cierta presencia de anemia (45). Ello conduciría a un crecimiento fetal reducido en algunas de ellas, como lo han propuesto Allen y Gillespie (44) y también Barker usando datos de Finlandia (14, 21). De hecho se ha observado alguna incidencia de pesos al nacer < 3000 g en las mujeres con sobrepeso y obesas en estudios chilenos (2, 33); ello podría explicar parcialmente que la incidencia nacional de peso al nacer < 3000 g el año 2000 es mayor que la proporción de mujeres de bajo peso ese mismo año; este aspecto podría significar una reducción parcial en la incidencia del peso de nacimiento ( 4 000 g esperado en el ámbito nacional. El PNAC para estas embarazadas ha estado distribuyendo 1 kg de leche en polvo por mes discretamente fortificada con algunos micronutrientes. Esta distribución, aunque es un aporte destacable, seguramente no es suficiente para todas ellas por la carencia detectada de micronutrientes en la dieta y por las sugerencias de la literatura.

Estas mujeres pueden presentar desproporción cefalopélvica que dificulta llegar a término en su gestación y se ha detectado en ellas incidencias mayores que las normales de operación cesárea (49); en Chile también se ha documentado tanto la mayor incidencia de operaciones cesárea como el mayor riesgo obstétrico en mujeres obesas diagnosticadas por la curva RM (33). Es posible que esos partos por cesárea ocurran a una edad gestacional menor que la prevista naturalmente, llevando a una reducción de la mayor incidencia esperada de pesos al nacer ³4000 g a escala nacional. Esta posibilidad se discute a continuación.

Diversos datos indican que una reducción de la edad gestacional de parto podría estar ocurriendo. Por ejemplo, en un estudio realizado en Brasil se detectó una alta incidencia de cesáreas (33%) asociada a bajo peso al nacer que se concentró en mujeres de buen nivel socioeconómico con adecuada atención médica prenatal (50); los autores proponen que posiblemente las operaciones cesárea estarían causando bajo peso al nacer, reflejando indicaciones abusivas de la misma. Es posible que esos partos se adelanten una o más semanas por la cesárea. Esta interpretación concuerda con la observación no documentada que muchos de los partos por cesárea en obesas se adelantan en Chile hasta la semana 38 o 39 lo que podría prevenir los nacimientos con más de 4000 g porque en las últimas semanas de embarazo el peso al nacer se incrementa 200 o 300 g por semana de edad gestacional (51). De esta manera se aumentarían especialmente los nacimientos en la categoría 3000 - 3999 g y se reducirían aquellos en la categoría ³4000 g. Estimaciones recientes indican que Chile tiene una de las más altas incidencias de cesárea en el mundo: 40% de los partos del sector público y 60% del sector privado (51).

La incidencia de muy bajo peso de nacimiento en Chile ha presentado un aumento entre 1987 y 2000 de 0,83% a 0,89% (13); aunque éste aumento es pequeño es muy importante desde un punto de vista de salud pública por la alta mortalidad de esta categoría de peso de nacimiento. Otros hechos que llaman la atención en el período son que la incidencia de nacidos vivos de pre-término se haya mantenido alrededor del 6%, que la incidencia de peso al nacer < 2000 g se haya mantenido alrededor de 2% y que la incidencia de peso bajo al nacer haya decrecido muy discretamente, tal como se señaló anteriormente. El conjunto de estos datos podría explicarse en parte por la presencia mantenida, posiblemente creciente, de una alta práctica de la operación cesárea en madres obesas que a su vez han aumentado claramente.

No es posible estudiar la cuantía de la asociación actual de los nacimientos con peso al nacer bajo o muy bajo con la obesidad materna en los datos nacionales porque no tienen la información del estado nutricional de las madres incluida en el certificado de nacimiento.

Otro aspecto de la curva RM es que sus puntos de corte para definir sobrepeso y obesidad al final de embarazo están asociados con aumentos sobre el promedio de la tasa de mortalidad cardiovascular del adulto en datos de hombres de Finlandia nacidos entre 1924 y 1933, especialmente en las madres de baja talla cuya dieta tenía posiblemente múltiples deficiencias (21). Esto significa que el peso/talla materno tiene un efecto a largo plazo que está mediado por una mayor incidencia de niños con RCIU en estas madres que tendrían una baja calidad de su dieta (12, 21).

Con relación a lo anterior cabría preguntarse sobre la posibilidad que la curva RM animara a las madres a ganar un exceso de peso que las llevara a la obesidad al final del embarazo. Un reporte independiente ha demostrado que en 1083 mujeres diagnosticadas como de bajo peso según la curva RM, el aumento de peso desde el comienzo hasta el fin del embarazo alcanzó 18 kg o más en sólo 3,4% de ellas y que no más del 0.4% del grupo total llegó a la categoría de sobrepeso (15). Estos resultados sugieren que el uso de los canales de crecimiento en peso de la curva sirven como guía para restringir el consumo calórico durante el embarazo (2, 33).

RESUMEN

Se presenta la evolución del estado nutricional de las embarazadas y su posible relación con la evolución del peso al nacer en Chile entre los años 1987 y 2000. Para las embarazadas de bajo peso se estima que la educación nutricional de las mismas y el acceso reforzado al Programa Nacional de Alimentación Complementaria habrían producido una reducción de la incidencia del peso al nacer 2000-2999 g y una reducción de las embarazadas de bajo peso. La posible asociación causal se apoya en datos observacionales y cuasi experimentales. Los aumentos observados tanto en el peso de nacimiento ³4000 g como en las categorías sobrepeso y obesidad maternas no parecen estar estrechamente relacionados. Una posible explicación es el aumento observado de las cesáreas en madres obesas que podría adelantar la edad gestacional de parto reduciendo la incidencia de peso de nacimiento ³4000 g. La obesidad y el sobrepeso forman parte de una epidemia mundial y se presentan datos observacionales sobre el efecto beneficioso de la educación nutricional en la reducción de la ingesta calórica de estas embarazadas.

Palabras claves: estado nutricional, embarazo, peso/talla, peso de nacimiento.

Dirigir la correspondencia a:

Dr. Francisco Mardones S.
Departamento de Salud Pública,
Facultad de Medicina,
Pontificia Universidad Católica de Chile.
Marcoleta 381, Depto. 31, Santiago.
Teléfonos: 354 8039, 354 3802.
Fax: 222 1170.
E-mail: mardones@med.puc.cl, fmardons@puc.cl

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