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Chungará (Arica)

versão On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.49 no.3 Arica set. 2017  Epub 14-Jun-2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562017005000023 

PAISAS Y GRINGOS. NEORRURALIDAD SERRANA, TRANSFORMACIONES RELACIONALES E IDENTIDADES EMERGENTES1

 

PAISANS AND GRINGOS. HIGHLAND NEO-RURALITY, RELATIONAL TRANSFORMATIONS, AND EMERGING IDENTITIES

 

Luciana Trimano1

1 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS-CONICET y UNC), Córdoba, Argentina, dirección postal Av. Valparaíso s/n, Ciudad Universitaria. Código Postal 5000. lucianatrimano@gmail.com


En las últimas décadas, los pueblos "rurales" del valle de Traslasierra, en la provincia de Córdoba, Argentina, experimentaron un proceso de transformación debido al impacto de la movilidad urbana. Desde la mirada etnográfica de un estudio de caso en la localidad serrana de Las Calles, analizamos una tendencia poblacional que involucra a sectores inmigrantes de clase media y alta. Los sujetos son etiquetados por la sociedad receptora con el nombre de "gringos", por detentar capital económico, cultural y simbólico, pero sobre todo por ser una segunda oleada migratoria que siguió a la primera, protagonizada por inmigrantes ingleses a partir de la década de 1940. De modo transdisciplinar, reflexionamos acerca de un modelo de sociabilidad al que denominamos círculo iluminado para comprender rasgos de la "neorruralidad" argentina.

Palabras claves: migración inversa, neorruralidad serrana, movilidad territorial, identidad, desigualdad.


For the last twenty years, "rural" towns in the Valle de Traslasierra, in the province of Córdoba, Argentina, have undergone fast social transformations attributed to the impact of urban migrations. Through an ethnographic case study in the hill town of Las Calles, we analyse the features of a population trend involving middle and upper class sectors from the big cities. These "neo-rural" subjects are tagged by the receiving society as "gringos" both because they flaunt financial, cultural, and symbolic capital, and also because they are a second migratory wave after the one started in the 1940s which involved English immigrants. Based on a transdisciplinary approach, we will reflect on the establishment of a sociability model we have named illuminated circle. Said conceptualization helps understand certain traits in the Argentinean "neo-rurality" phenomenon.

Key words: Reverse migration, highland neo-rurality, territorial mobility, identity, inequality.


 

Un grupo de pequeñas comunidades rurales argentinas, en especial las ubicadas en el valle de Traslasierra, al oeste de la provincia de Córdoba, están experimentando importantes transformaciones identitarias debido al aumento de la inmigración, principalmente urbana y con un mayor poder adquisitivo al de los habitantes locales.

Este artículo versa sobre una forma de sociabilidad constituida en clave de elite, que surge como consecuencia de una tendencia de movilidad poblacional y residencial protagonizada, en general, por citadinos cuyas preferencias existenciales nos interpelan acerca de una vida alternativa al modelo urbano y respecto de la naturaleza de lo rural. Dicho flujo poblacional es representado por personas de entre treinta y sesenta años de edad, de clase media y media alta; en su mayoría profesionales que se trasladan hacia pequeños asentamientos en áreas rurales y cuyas motivaciones están vinculadas con el acercamiento a la naturaleza, así como con la búsqueda de una forma de vida más autosuficiente y autónoma que la que podían desarrollar en sus lugares de origen.

El movimiento poblacional aquí expuesto genera diversas transformaciones en aglomeraciones de menor escala y se conoce como "neorruralidad" (Trimano 2016). Es el surgimiento de una tendencia motivada por dimensiones introspectivas, organizadas a partir de la oposición semántica naturaleza-sociedad y sus vinculaciones campo- ciudad; salud-enfermedad y libertad-servidumbre. De este modo, ciertas clases sociales urbanas protagonizan un proceso de movilidad migratorio opuesto al conocido hasta entonces: sin estado de necesidad socioeconómico y producto de atracciones positivas.

Por otro lado y en contrapartida, la "neorruralidad" alude también, por su impacto, a la actitud defensiva de la sociedad receptora, en este caso específico por parte de los "lugareños"2, que buscan una superioridad deseada y por tanto preservar su identidad frente a nuevas presencias en el territorio. El resultado es una trama cultural definida en el conflicto que puede interpretarse al prestar atención a un enjambre de relaciones identitarias en tensión y que aquí categorizamos, a partir de sus particularidades, como neorruralismo serrano, para diferenciarlo así del fenómeno más estudiado de la migración de sectores medios a zonas rurales de Europa o Estados Unidos.

Las múltiples formas que adquiere este fenómeno que la academia tipifica como "neorrural" (Mormont 1990; Camarero Rioja 1993; Rivera Escribano 2007), solo pueden desentrañarse al realizar estudios de caso situados. De este modo, la propuesta es analizar el espacio de las representaciones y las delimitaciones identitarias, centrando la unidad de análisis en las relaciones y tensiones entre personas "nacidas y criadas"3 en la localidad serrana de Las Calles4 con los sujetos inmigrantes conocidos como "gringos"5 que cuenten con veinte años o más de residencia en el lugar.

La categoría "gringo" (Trimano 2014) se refiere a adultos con trayectorias urbanas que generan un proyecto de vida comunal en el medio rural atraídos por un ideal de naturaleza, en un retorno a los valores pastorales arcádicos. Una vez instalados en áreas rurales, generalmente alejadas y en despoblamiento, se insertan en la vida institucional de las comunidades (escuelas y espacios recreativos y culturales) promoviendo una rehabilitación simbólica de dichos espacios. Aunque en una primera mirada resulte contradictorio, esta situación genera conflictos con aquellos que se sienten auténticos poseedores del territorio: los "lugareños", aquellos "nacidos y criados" en un pueblo que, según entienden, forjaron con sus propias manos. A esto se añade que detentan recursos económicos y culturales que les permiten establecer relaciones sociales y laborales donde los "paisanos"6 suelen ocupar un lugar subordinado. La siguiente cita ilustra la relación: "Los ‘venidos de afuera’7 nos toman como que no tenemos estudios y vienen a imponernos cosas porque tienen más nivel intelectual que nosotros; y más posibilidades porque tienen más dinero" (Valentino, lugareño, 61 años). El propósito es retratar, en el seno de una pequeña aglomeración, la conformación de un modelo de sociabilidad producto de relaciones identitarias en tensión; es decir que surge como el resultado de un juego de miradas que unos hacen de otros a la hora de definirse a sí mismos, interpelar y ser interpelados, estigmatizar, afiliarse y desafiliarse de los grupos, en tanto que "esas clasificaciones hablan de una historia social, cultural y política incorporada en el sentido común" (Grimson 2010:12).

Para comprender la construcción simbólica de una elite configurada desde relatos de alteridad, generamos la noción de "círculo iluminado" (Trimano 2014) a partir de los testimonios de inmigrantes y pobladores autóctonos. Estos relatos aluden a pertenencias, historias, elecciones de vida, trayectorias, objetivos, expectativas, experiencias y valoraciones que constituyen una comunidad y sus fronteras. Plantean categorías con potencia identificatoria que indican grados diferenciales de permeabilidad y distanciamiento social y cultural (Merenson 2012).

El análisis de esta situación tiene la potencialidad de cristalizar interacciones entre aquellos que llegan y los que ya habitaban en el pueblo, al mismo tiempo que opera como línea de fuga para entender nuevas configuraciones contemporáneas a la hora de hablar del campo y la ciudad en muchas regiones de las sierras de Córdoba, así como también en otros territorios de Latinoamérica y del mundo.

Desde hace casi dos décadas, el pueblo que aquí presentamos como estudio de caso vibra en una simbiosis de prácticas ligadas a la actividad agropecuaria y su calidad de escenario de migraciones, interpelando a sus habitantes nativos. Como señala Pierre Bourdieu (2002), el hecho esencial es que esta sociedad, antaño relativamente cerrada sobre sí misma, actualmente atraviesa un proceso de apertura hacia el exterior.

La actualización es importante porque la mayoría de trabajos acerca de migración interna ponen el acento en el flujo de origen rural y destino urbano (Rodríguez y Busso 2009). Así, desde fines del siglo XIX, Argentina ha estado asociada al fenómeno migratorio y, por ello, existe una larga trayectoria de trabajos que lo han examinado y examinan como una respuesta forzosa a condiciones –naturales, sociales y económicas– desfavorables.

Son escasas las investigaciones donde la migración interna se considera producto de "atracciones positivas" (Nakayama y Marioni 2007). Sin embargo, desde hace medio siglo la movilidad territorial también obedece a otros patrones: personas que, habiendo sido turistas en un determinado destino, deciden regresar para convertirse en sus habitantes (Moss 2006).

Este trabajo atiende a la excepcionalidad de un estilo de vida rural ya no más contrapuesto a la ciudad, sino fusionado, un juego de espejos latente, donde los neorrurales serranos anhelan la paz en la que se criaron los "paisanos" y estos quisieran poseer los capitales económicos y culturales de muchos de los actores urbanos llegados al pueblo.

Interesarse en las elites supone considerar la distribución del poder y la riqueza. La noción de elite circular es creada para echar luz sobre un tipo de interacción gestada al calor del arribo de nuevas subjetividades. Por ello, en este texto, dicha categoría es determinante para interpretar las relaciones sociales así como sus transformaciones en el tiempo.

En el presente artículo, primero, reparamos en aclaraciones que nos sitúan en el espacio social para comprender las dinámicas locales. En esta primera parte exponemos los planteamientos teóricos que enmarcan la investigación y describimos la estrategia analítica. En segundo lugar, incluimos una reseña acerca de la cartografía social del pueblo como sociedad receptora de inmigrantes y el retrato de los protagonistas de la segunda ola migratoria (1980- 2000): los "gringos actuales". El propósito es dar cuenta de algunas transformaciones relacionales e identitarias producidas en el choque de actores con trayectorias y experiencias de vida diversas. Finalmente, registramos las dimensiones del análisis de caso para reflexionar sobre ejes de debates.

Cartografía Social de un Pueblo Indeterminando(se)

Las Calles es una pequeña localidad de 700 habitantes (Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010)8, con un alto porcentaje de inmigrantes residentes (casi la mitad de la población), provenientes, en general, de grandes ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Rosario. A pesar de estar ubicada en uno de los circuitos turísticos más importantes del país –constituido por los pueblos de Mina Clavero y Nono, entre otros–, es una de las comunidades serranas menos afectadas por la masificación de esta empresa. Esta situación se debe a que no posee acceso directo a la carretera sino que desde la ruta se deben transitar cuatro kilómetros por camino de tierra para ingresar; y el transporte público circula con escasa frecuencia. Este aislamiento favoreció el hecho de que buena parte de su paisaje natural y cultural no ha sufrido las alteraciones propias del exceso de visitantes.

La comarca, ubicada en una zona tradicionalmente ligada a la actividad agropecuaria, debe su dinámica a la impronta histórica otorgada por los hitos de los procesos agrarios (el tendido del ferrocarril hasta Villa Dolores, la formación de cooperativas y la estructura de la tenencia de la tierra, entre otros). No obstante, desde hace años, esta dinámica se viene acelerando –in crescendo– debido al movimiento migratorio.

En el pueblo coexisten grupos sociales en tensión. En este artículo nos centramos, por un lado, en una clase media-baja nacida y criada en Las Calles. Por el otro, una clase media y media-alta que, producto de la movilidad territorial, se ha multiplicado. En la superposición de actores, expresiones e intereses diversos, el nativo se autodenomina "lugareño" y desliza la idea que quienes no son "nacidos y criados" en el pueblo, son "invasores".

Un hecho fundamental para ilustrar la exclusión del "nos/otros" fue la constitución de la comuna como ente de gobierno: "Antes todo esto pertenecía a Nono porque era un pueblo chico. Después vino tanta gente que ya se hizo comuna" (Paula, lugareña, 37 años). Dicha realidad, que parece haber dado libertad de decisión al poblado, al mismo tiempo generó una marcada división por el poder comunal, siendo desde siempre un lugareño quien ocupa tal cargo: "El jefe comunal es lugareño; también se presentó a elecciones María, que es ‘gringa’, pero ganó Flores porque era lugareño. Vienen estos ‘gringos’ de ‘m’ a molestar (…)" (Elena, lugareña, 41 años).

La categoría nativa de "invasión" funciona para leer y comprender cómo opera la estigmatización al forastero, al mismo tiempo que permite preservar la propia identidad, afirmar su superioridad y tratar de alejar de lo "suyo" a todo aquel que intente entrometerse en su camino (Elias 1998). En sus relatos queda claro que prefieren vivir entre sus semejantes antes que en la sociedad heterogénea en la que se van transformando:

Hay mucha gente nueva que ha venido a radicarse, que últimamente tiene mucho interés en cambiar los hábitos a los nativos. El pueblo es nuestro, de los nativos de acá. Los otros han venido y podrán aportar algo, pero no tienen potestad para implantar cosas nuevas. No tienen la antigüedad suficiente. Si no les gusta cómo vivimos, que se vayan a otro lado (Pedro, lugareño, 60 años).

Perspectiva Teórica: Fronteras, Cultura e Identidad

En esta investigación concebimos a la cultura como espacio de disputa, de diferencia; una arena de conflictos, tensiones y valores. Una forma de vida en común,

un fondo de recursos diversos, en el cual el tráfico tiene lugar entre lo escrito y lo oral, lo superior y lo subordinado, el pueblo y la metrópoli; es una palestra de elementos conflictivos, que requiere un poco de presión (…) para cobrar forma de sistema (Thompson 1995:19).

Estudiamos la dinámica de una comunidad, apreciándola como una urdimbre cultural heterogénea, conflictiva e histórica sellada por relaciones de poder.

Las partes, con sus papeles, no pueden ser analizadas separadamente porque la "contienda simbólica" (Thompson 1995) adquiere sentido dentro de un equilibrio determinado de relaciones sociales. Al analizar el vínculo entre "lugareños" y "gringos" nos encontramos "no tanto con una reñida e inflexible batalla entre antagonistas irreconciliables, sino con un ‘campo de fuerzas’ social" (Thompson 1995:91) donde los actores se alían, se enfrentan y negocian. En las disputas sus acciones entran en una lógica compartida que les permiten pertenecer, al menos parcialmente, a mundos imaginativos similares (Grimson 2011b). El análisis de la cultura habilita, entonces, pares enfrentados así como lo que tienen en común.

La multiplicidad de fronteras se da entre las personas que habitan el pueblo, o mejor dicho, el valle de Traslasierra concebido como territorio, siendo este el límite de la identidad cultural "paisa", que es como los inmigrantes urbanos denominan popularmente a los nacidos y criados en el valle.

La figura del "extranjero" otorga forma a la frontera de lo social. Para que exista un "nosotros" tiene que haber una distancia con el "otro" que marca y muestra lo que no somos. Hacer cuerpo al "otro" mediante tipificaciones ("paisa", "gringo") es ingresar en una dinámica de exclusión e inclusión que se incorpora a la vida de la gente. Así, es empíricamente constatable que las fronteras de la cultura no siempre coinciden con las fronteras de la identidad (Grimson 2010).

Hemos detectado mediante el estudio de caso que los sujetos, una vez unidos en el territorio –en tanto vecinos que comparten un contexto histórico y social– fabrican con material tradicional y emergente una "caja de herramientas identitarias, un conjunto de clasificaciones disponibles en donde sus miembros pueden identificarse a sí mismos e identificar a los otros" (Grimson 2010:11), afiliarse y desafiliarse del grupo, estigmatizar y ser estigmatizados en un círculo de desigualdades y jerarquías. De este modo, "lo local" es un lugar poroso donde tiene lugar la vida de un conjunto de círculos en cuyo interior se desarrolla una sociabilidad del "entre nos" (Svampa 2008). Los círculos gravitan en el conflicto y desde un "modelo de murmuración" donde la chismografía constituye un intercambio irrestricto de información acerca de otras gentes constituyéndose en conocimiento común (Sennett 2002). Así, los sujetos establecen sus intercambios sociales en una suerte de "armonía conflictual" (Maffesoli 2004), siendo difícil pensar la comunidad en equilibrio.

Procedimiento Metodológico

En la investigación –aunque aquí demos cuenta de una parte– recurrimos a la perspectiva etnográfica de los estudios de casos, caracterizados por una mirada reflexiva de la ciencia, el desarrollo teórico-narrativo y un predominio de categorías nativas (Neiman y Quaranta 2007).

Las técnicas antropológicas de campo ayudaron a conocer el mundo social de los actores en sus propios términos (Guber 2005). En tanto, combinamos el punto de vista analítico de la comunicación, basado en la dimensión simbólica de la sociedad (producción de signos, símbolos, sentidos, prácticas) y el análisis sociológico de los testimonios de inmigrantes y nativos.

Mediante el estudio cualitativo de las representaciones y las prácticas reconstruimos las experiencias de movilidad urbana, al mismo tiempo que analizamos cómo repercuten en la sociedad receptora. Estas trayectorias, según hemos constatado en la etapa exploratoria, divergen: puesto que se nutren de imaginarios diversos en torno a nociones como progreso, pertenencia, bienestar, trabajo, espacio, tiempo y, sobre todo, en cuanto a la percepción de quien es el "otro", en un contexto en donde la diversidad de procedencias, tradiciones y valores ponen en juego la configuración de la identidad local.

Utilizamos la técnica "bola de nieve" (Valles 1999) para conformar una muestra intencional de jóvenes y adultos nativos e inmigrantes residentes en la localidad. La selección se realizó según tiempo de residencia. Las personas fueron caracterizadas bajo tipificaciones ("paisas" y "gringos") extraídas del terreno y las entrevistas se concretaron in situ; el número a realizar se determinó con el "muestreo teórico" (Glaser y Strauss 1967). La muestra quedó conformada por nativos nacidos y criados así como por sujetos neorrurales habitantes de la localidad desde 1980.

Mediante el procedimiento analítico establecimos las bases para la interpretación de una problemática de identidades múltiples, desigualdades sociales y diferencias de poder.

Primera y Segunda Ola Migratoria: "Los Venidos de Afuera"

Detectamos tres flujos en la historia reciente de Las Calles. Cada movimiento poblacional9 detenta atributos cristalizados en las etiquetas utilizadas por la sociedad receptora para identificar a sus protagonistas.

El primer período (1947-1970) se caracteriza por un alto flujo poblacional asociado al asentamiento inglés o angloargentino: en palabras nativas, "los gringos auténticos".

Durante la segunda etapa, que abarca desde 1991 a 2000, dichos flujos tuvieron otro impulso de la mano de un nuevo grupo: "los gringos". A este estadio dedicamos especial atención debido al interés por estudiar una forma de sociabilidad constituida en clave de elite.

En el período más reciente, del 2000 hasta la actualidad, tiene lugar una tercera ola cuyas razones para migrar varían desde la apuesta político-territorial al orden espiritual y religioso: "los hippies"10.

Desde el siglo XX, gran parte de la historia de Las Calles puede leerse como una "rivalidad por la autoridad simbólica" (Thompson 1995:93) entre una cultura preexistente tradicional y una emergente innovadora. Adoptamos la propuesta de Thompson y cuestionamos el término cultura "debido a su tendencia a empujarnos hacia ideas demasiado consensuales y holísticas" (Thompson 1995:26) y descuidar las heterogeneidades a su interior.

La fecundidad heurística del modelo de establecidos y outsiders (Elias y Scotson 2000) habilita el planteo de tipologías en estados de fricción, en las que "actores de diversas clases movilizan recursos identitarios que pueden traducirse en alguna forma de legitimidad que les permita distinguirse de aquellos que no pueden recurrir a esos mismos repertorios, en una guerra de posiciones (Noel 2011:101).

En resumen, recuperamos los relatos identitarios de habitantes del poblado considerando que "forman parte de la ‘construcción de un entramado de referencias comunes’ que instituyen un sentido de nosotros y los otros" (Grimson 2011a:21).

Los primeros inmigrantes en Las Calles fueron ingleses llegados en la década de 194011, a quienes los nativos de hoy consideran "los gringos auténticos". Para el lugareño aquella fue una época dorada, en la que la mayoría se dedicaba al cultivo del tabaco y a trabajar como "casero"12 en cascos de estancias extranjeras. Existía una cierta admiración por el "gringo" inglés, con quien se estableció una relación de paternalismo.

Los "lugareños" –de hoy– son herederos de un pasado donde la subordinación estaba naturalizada. La brecha entre el lugareño y el "señor europeo" era tal que no había lugar para pensarse como iguales. Los relatos de pobladores que residen desde la primera mitad del siglo XX confirman el predominio de relaciones basadas en la servidumbre con vínculos jerarquizados, no solo en lo laboral, sino también en lo social y hasta en lo privado. El "patrón"13 o la "patrona", además de emplear a "caseros" –por lo general un matrimonio–, poseían una función de salvaguardia. En estrecha semejanza con un modo de producción feudal, aquí el "señor" no solo era el propietario de los medios de producción y de la tierra; su figura se instituía como garantía de trabajo, techo y comida.

La noción de paternalismo aparece con el propósito de colaborar en la descripción de "un modelo de orden social visto desde arriba" (Thompson 1995:38), que "sugiere calor humano en una relación mutuamente admitida; el padre es consciente de sus deberes y responsabilidades hacia el hijo; quien está conforme o se muestra complaciente con su condición filial" (Thompson 1995:36). Incluso trae aparejado un "cierto sentido de intimidad emocional": "Teníamos una relación muy linda y cordial con los ingleses que estaban antes; con los que hace años estaban acá" (Raquel, lugareña, 69 años).

Los británicos o angloargentinos eran, en su mayoría, jubilados de alto poder adquisitivo en busca de un lugar donde pasar una buena vida y olvidarse de las obligaciones mundanas, por ello se le atribuye a la época una intensa vida social. De aquí se desprende que aquerenciados al sitio hayan creado el Golf Club La Quebrada como centro de reunión.

En concreto, en la década del cuarenta la comunidad comenzó a advertir el crecimiento de una elite asentada en forma social y política, un grupo cohesionado y diferenciado.

El legado de la rama inglesa en Las Calles influyó de modo significativo; es un antecedente del modo de sociabilidad neorrural actual. Una lugareña rememora con nostalgia:

Acá había gente de mucha plata y muy buena. (…); pero ahora ya se han cambiado muy mucho la gente que está viniendo (…) Antes, yo tenía una patrona (…) que sabía buscar gente para que trabajaran acá (…); ya amanecía y me decía: ‘Anita póngase la pava al juego [sic]), yo voy a sacar las tazas y vamos a hacer café para todos’. Así trataba a la gente que trabajaba con ella. (…) Así era la gente que vino la primera vez, que nosotros los llamábamos los gringos" (Anita, lugareña, 84 años).

La admisión lugareña del paternalismo gringo era considerada necesaria para la autoconservación. "Visto desde esta perspectiva, los pobres impusieron a los ricos deberes y funciones paternalistas, tanto como se les imponía a ellos la deferencia" (Thompson 1995:104).

Los ingleses se posicionaban en el lugar de padres protectores frente a las necesidades de aquellos que menos tenían. De manera tal que, ser amado por este padre, implicaba ser amado a costa del deseo del hijo de ser gobernado por él. En nuestros días, esta necesidad de protección puede explicar ciertas problemáticas socioculturales y económicas en la comunidad. Posiblemente, este antiguo paternalismo se encuentre en crisis debido a que la racionalización económica socavó aquellos lazos de confianza con el patrón; además de la sensación de comodidad de que podían obtenerse ventajas en la "mutualidad de la relación" (Thompson 1995).

Los "Gringos Actuales": Concepciones e Iniciativas Vitales de la Movilidad Residencial

El contacto con familias europeas, allá por 1940, fue el comienzo de una etapa de Las Calles y de una metamorfosis en la estructura productiva, en la ocupación y perceptibilidad del espacio; así como en un "emergente vincular" (Pichón Rivière 1985) de los pobladores de la época que deja huellas en el presente. Es decir, el tipo de relación tejida en el pasado entre ingleses y lugareños (interjuego entre necesidad y satisfacción) y la forma en que el contacto fue percibido, representado y vivenciado, hoy, determina las formas vinculares con un nuevo objeto: los "gringos actuales".

Entre 1980 y 2000 comenzó una inmigración urbana proveniente, en su mayoría, de la ciudad de Buenos Aires. Por sus características fenotípicas, económicas y culturales, los nativos asociaron a los citadinos con los británicos de antaño y los denominaron "gringos actuales"; ya que en palabras nativas, "gringos eran los de antes, los ingleses que daban trabajo a la gente del pueblo".

Los nuevos habitantes, pertenecientes a las clases media y alta de Buenos Aires, compraron propiedades a hijos o nietos de aquellos inmigrantes extranjeros. Sin embargo, la brecha social entre los primeros inmigrantes europeos y los lugareños de la primera mitad del siglo XX dista mucho de la que existe entre nativos más contemporáneos y quienes fueron formando parte de las sucesivas olas migratorias. Aquella actitud benevolente hoy se enmascara en resquemor y da comienzo a un proceso de transformación socioterritorial no deseado por los nativos.

Los "neorrurales", categoría teórica para hacer referencia a los gringos, trasladan su lugar de residencia de la ciudad al campo. Este movimiento va más allá de vivir en un lugar, muestra el modo en que se sienten, se apropian y se habitan los lugares. Lo relata una entrevistada: "Dejé Buenos Aires y me vine a Traslasierra porque (…) anhelaba vivir en un paisaje verde y natural" (Marcela, inmigrante, 64 años).

Los neorrurales serranos apelan constantemente a la naturaleza en tanto sanación y camino interpretativo del ser individual. El cambio de morada está motivado por lo introspectivo: "La elección de vivir cerca de la naturaleza te aporta dimensionar lo que es el ser. En las ciudades uno se olvida de eso. Es una intensidad de vida que me nutre. A mí me rescató la vida estar con las plantas" (Lucía, inmigrante, 57 años).

La adscripción al mundo rural como búsqueda de adaptación a las condiciones de existencia y del cuidado de sí mismo se convierte en una práctica terapéutica. Este último adjetivo "no se refiere solo al tratamiento de una dolencia (psíquica o física), sino a una red de prácticas orientadas al bienestar integral, que incluyen la dietética y una profilaxis psicofísica continua" (Papalini 2013:171).

En sintonía con el bienestar físico y mental, los entrevistados practican yoga, una actividad difundida por individuos occidentales fascinados por la psicotecnia oriental donde el eje es la unión del hombre y la mujer con su ser más profundo (armonía, equilibrio interior) y con lo absoluto, lo Uno-Todo, con Brahmán, con el universo (Guerra Gómez 1999).

El pueblo aparece en las primeras representaciones de los inmigrantes como una comunidad idílica que dotan de significado. La satisfacción del sueño concretado pareciera devolverles la sensación de control sobre la propia trayectoria y su devenir. La apacible vida de la aldea –frente al anonimato e inmediatez de la ciudad– les devuelve una imagen fraterna del "lugareño", a quien presuponen guiado por los tiempos de la tierra; como así también de aquellos neorrurales serranos que, observados por el extranjero recién llegado, se presumen en empatía, por estar sintonizados en un espacio y un tiempo, en la misma búsqueda por el sentido a la vida. Una entrevistada relata por qué se fue de la ciudad:

Era la proyección de un mundo distinto, la búsqueda de un mundo mejor. Mi fantasía era que iba a encontrar ángeles en Traslasierra, a toda la gente superada. Fue duro ver que no era así, que el manto de conflictos emocionales estaba en todos por más que lo negaran (Florencia, inmigrante, 64 años).

Tras crear algo en la imaginación deviene una realidad –múltiple– donde la conmoción ante dicha aprehensión falsa, que no tiene fundamentos en la realidad, genera controversias en el alma de cada persona: "la imaginación permite darse lo-que-no-es y pensar otros mundos posibles" (Papalini 2006:26).

El pueblo, como una "comunidad imaginada" (Anderson 1993) por un conjunto de personas, remite a la "idea de simultaneidad firme y sólida a través del tiempo" (Anderson 1993:99). Esta representación, en su morfología básica también puede ser comprendida en términos de Sennett (2002) como "la celebración del gueto": "Es una gran comunidad para mí, tengo mucha gente conocida en todo el valle de Traslasierra. Es un tipo de ‘gente parecida’ que sale de las ciudades en busca de vivir ritmos más naturales" (Laura, inmigrante, 57 años).

El testimonio citado devela que los gringos actuales transforman el territorio local, o mejor aún, el paisaje natural, en algo sagrado; y para superar el desconocimiento de lo nuevo refuerzan aquellas relaciones del espacio más inmediato. No obstante, el reforzamiento de las relaciones entre iguales les impide enriquecer su propia experiencia por medio del intercambio con los nativos, que solo tienen un rol protagónico en el escenario de la obra fantaseada en una relación patrón-peón.

El Círculo Iluminado

Los neorrurales serranos apelan a una identidad polisémica. El hecho de mostrarse prósperos e "iluminados", hacedores de hechos tangibles y virtuosos, los habilita a desplegar lazos comunales, a sentirse parte de la historia, la economía, la sociedad, la cultura y la política e ir forjando su sentido del arraigo. En el acto de autoproclamarse creadores de grandes cambios, remarcan la frontera entre "ellos" y "nosotros", ajenos al otro, quizá, por falta de diálogo; o muy conscientes de que en situaciones límite deben aferrarse al sentimiento de pertenencia compartido entre iguales. Se trata de un proyecto reflexivo cuyo designio es una convivencia emocional con aquellos con quienes se comparten inquietudes. En sus palabras: "¿Sabes qué vi en estos últimos años? Lo vi con más vida al pueblo y, creo que se la dio la ‘gente de afuera’ que viene de la ciudad con más empuje y proyectos" (Magali, inmigrante, 54 años).

A nuestro modo de ver, el pensamiento gringo tensiona en el choque entre realidad y fantasía. Desde una mirada ilustrada, en muchos casos definen lo rural como espacio atrasado y a su gente como perezosa e indolente. La falta de una cultura del trabajo, la problemática de género y el abuso de bebidas alcohólicas14 son los atributos para identificar al nativo. Bajo estas premisas, juzgan los principios y formas de agrupamiento que rigen la organización social interna del pueblo: "Hay un fondo de resentimiento y desconfianza hacia los que ‘vienen de afuera’. Tiene que ver con las vivencias... si a una persona le gusta estar tomando vino todo el día… no encontrás qué hablar" (Paz, inmigrante, 58 años).

El "lugareño" aparece como una imagen especular que sintetiza vivencias urbanas que prefieren olvidar. Para los autóctonos, el excesivo consumo de bebidas alcohólicas es un medio para resolver una necesidad; la misma de los neorrurales serranos en la ciudad: evadirse. No obstante, el nativo bebiendo alcohol estorba en el paisaje idílico fantaseado de los citadinos en el campo.

El neorrural ilustrado considera el territorio serrano como el horizonte vital de posibilidades y a sus habitantes autóctonos como figuras de inacción e inercia. La promotora de un espacio cultural cuenta: En el caso de yoga viene mucha gente de la ciudad. Los "llegados hace poco" vienen a clase de danza afroperuana. Los "lugareños" se asoman por la ventana y nosotros tocando tambores y bailando [risas]. En una reunión de los centros culturales del "valle" convenimos en plantearnos como abrecaminos (Cristina, inmigrante, 33 años).

Este espacio, cuyo principal propósito debería ser promover el encuentro entre pobladores, solo atiende necesidades recreativas de aquellos que son como nosotros. ¿Por qué suponen que a un nativo debería importarle realizar una disciplina físico-mental originaria de la India destinada a conseguir la perfección espiritual y la unión con lo absoluto? ¿Acaso debería estar haciéndose las mismas preguntas que un sujeto urbano que llegó, justamente, a encontrar esa calma interior de la que ya dispone el paisano? La respuesta es: el efecto luminoso produce su opuesto, invisibiliza las necesidades del nativo ignorando sus facultades de sentir o apreciar. La tensión entre "inactivo" e "intruso" organiza los distanciamientos e intensifica la frontera.

El modelo de sociabilidad que aquí denominamos círculo iluminado transcurre desde el ejercicio de una "hegemonía cultural" que la desigualdad económica refuerza significativamente. Esta situación promueve un estado de ánimo donde las estructuras establecidas de autoridad y los modos de explotación parecen formar parte del orden natural de las cosas (Thompson 1995). Utilizamos la categoría de círculo iluminado como modelo de convivencia vecinal neorrural para pensar un modo de sociabilidad específico, con pautas que lo diferencian de las relaciones sociales nativas, definidas por el parentesco y la reciprocidad. Si el círculo es la garantía de la solidaridad, es también la posibilidad del control y por ello fuente de prejuicio y ostracismo: "el círculo es una forma simbólica de la clase" (Pinçon y Pinçon-Charlot 2000:25).

El modelo circular facilita a los "gringos" salir del ámbito privado a uno más público y reducir su extranjería. Surge como resultado de una definición relacional construida en un espacio de posiciones donde prima el reconocimiento de las afinidades y de las diferencias con otros próximos.

Conclusión

A lo largo de este trabajo dimos cuenta de algunas transformaciones relacionales e identitarias producidas por el impacto de nuevas movilidades urbanas hacia localidades pequeñas del valle de Traslasierra. A partir de los relatos y la reconstrucción de las trayectorias de los habitantes de estos escenarios, indagamos las interpretaciones y percepciones en torno a las transformaciones acaecidas.

La presente investigación problematizó los puntos de contacto entre los procesos comunicacionales y de movilidad buscando recomponer el impacto que estos nuevos desplazamientos humanos producen en territorios concretos, respecto de modalidades de sociabilidad locales y por un conjunto de representaciones y prácticas. En esta línea, exploramos algunas nociones relativas a los modos de habitar y construir el mundo cotidiano por parte de los actores, su sentido de territorialidad, el significado y las modalidades del trabajo; la configuración imaginaria de la vida deseable, la definición de identidad y la representación de los "otros" próximos. En el contexto de un espacio-tiempo y en un marco cultural específico, cartografiamos la diversidad desde la interacción y el conflicto; es decir, desde las alianzas, las negociaciones y los enfrentamientos entre actores; situaciones vinculares que rastreamos en y desde procesos de comunicación.

En la región que estudiamos, las actividades económicas ancestrales han desaparecido, o se han limitado a producciones familiares y artesanales de unidad minifundista, mientras el turismo se consolida como actividad económica y configura la fisonomía de las comunas mediante la demanda de servicios e infraestructura. Este desarrollo, junto al establecimiento de población de origen urbana, que llegan para instalarse como residentes (construcción de viviendas) o explotar la actividad estival (complejos turísticos-cabañas), son los principales motores de las transformaciones que planteamos a los largo de este trabajo. Además, la mercantilización del territorio provoca un aumento en los valores de la tierra impidiéndoles, a las nuevas generaciones de "nacidos y criados" acceder a ella.

La situación histórico-contextual es clave para comprender cómo la diversidad de trayectorias, procedencias, pertenencias y tradiciones ponen en juego la configuración de la identidad local. Una identidad en constante movimiento, construida y reconstruida a partir de tensiones entre lugareños/ forasteros; pueblerinos/citadinos; establecidos/ outsiders; nativos/inmigrantes.

De este modo, no ajenos al lugar que los alberga, los "lugareños" durante más de un siglo han venido adaptándose a cambios sociales y estructurales. El ritmo de la convivencia serrana varía, ya no se trata de una población limitada, organizada de acuerdo con la afinidad o al parentesco, con mano de obra familiar como la principal fuerza de trabajo; ahora se vinculan con "otros" donde se establecen relaciones signadas por la distribución del poder y la riqueza, que en este texto, intentamos radiografiar.

Para poner de manifiesto el fenómeno de división social utilizamos como clave de lectura la expresión "gringos", acuñada por los habitantes autóctonos y heredera de la primera ola migratoria para referenciar a otro grupo, foráneo, los ingleses, a quienes los "lugareños" vanagloriaban y agradecían la posibilidad de trabajo brindada y la cordialidad en su trato. Esta situación relacional hoy ha cambiado, ya que la fraternidad de antaño, según los testimonios lugareños, se ha perdido y no pueden dejar de ver en los neorrurales serranos el potencial peligro de perder lo suyo, ese pueblo que forjaron con sus propias manos; que actualmente es intervenido desde las lógicas de los "llegados desde afuera" para conservar la idílica comunidad imaginada. Para la sociedad de acogida, los "nuevos gringos", es decir, "la gente de ahora, es la que no te da ni un jarro de agua". Así fuimos cristalizando un modelo de sociabilidad neorrural serrano al que denominamos círculo iluminado. Dicha elaboración permitió reconstruir procesos económicos, sociales y comunicacionales cuyas consecuencias van delimitando una identidad.

Al develar el revés de la trama de la etique- tación, pusimos de manifiesto proyectos residenciales emergentes signados por una propia sociabilidad (temporalidades y territorialidades) que interpretamos a partir del componente ideológico- cultural que la sustenta. Esta nueva movilidad (de la ciudad al campo) es guiada por un fondo imaginario donde la figura de la arcadia pastoril organiza la visión del entorno. Los neorrurales serranos desterritorializados buscan la reterritorialización, actualizar el espacio como dimensión social, localizarlo y estabilizarse.

El campo de estudio acerca de la neorruralidad se encuentra poco explorado. Si bien ha sido trabajado en distintas áreas del mundo, en especial en Europa y América del Norte, muy poco se ha indagado para el caso argentino, lo que provoca una notable ausencia teórica y metodológica. Asimismo, se trata de una temática escasamente problematizada en el ámbito de las ciencias sociales en general y de los estudios en comunicación/ cultura, migraciones y movilidades en particular.

El estudio del habitar de los neorrurales serranos, con acento en sus trayectorias y experiencias, es un aporte a seguir trabajando en la ruptura del mito fundador de la sociología rural y urbana, que establecieron la oposición campo- ciudad como realidades espaciales y sociales discontinuas.

La movilidad de la ciudad al campo y su impacto en pequeñas aglomeraciones; así como la ausencia de trabajos que busquen reponer las experiencias asociadas a estas nuevas dinámicas poblacionales y residenciales, nos invita a explorar un campo de conocimiento en construcción.

Este trabajo es un llamado a redefinir (de manera siempre provisoria) el estudio del habitar o de las formas de ver, practicar y sentir las aglomeraciones de menor escala por actores situados social, temporal y espacialmente; al mismo tiempo que pretende indagar la compleja reconfiguración que viene produciéndose en algunas poblaciones rurales atravesadas por lo urbano y corporizar la emergencia de configuraciones contemporáneas desde el análisis de su heterogeneidad, conflictividad, relaciones de desigualdad e historicidad.

El potencial analítico e interpretativo de la problemática expuesta resulta enriquecedor para aquellos interesados en nutrirse de nuevas sugerencias y búsquedas en el campo de los estudios rurales y urbanos latinoamericanos.

Notas

1 El presente artículo es el resultado de la investigación realizada en el marco de la estancia posdoctoral (Programa Postdoctoral en Ciencias Humanas y Sociales) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Los testimonios orales forman parte del corpus de entrevistas de la investigación.

2 Expresión autorreferencial de personas nacidas y criadas en Las Calles.

3 Clasificación nativa para autodenominarse auténtico habitante de Las Calles.

4 Es una comuna ubicada en el departamento San Alberto, en el valle de Traslasierra, al oeste de la provincia de

Córdoba, Argentina. A 153 kilómetros de la ciudad de Córdoba Capital accediendo por la ruta nacional Nº 20, que inicialmente es autopista a Villa Carlos Paz, atravesando el Camino de las Altas Cumbres. Google (s.f.). [Mapa de Las Calles, Traslasierra, Córdoba, Argentina en Google Maps]. Recuperado el 1 de mayo, 2017, de: https://www.google.com/maps/place/Las+Calles,+C%C3%B3rdoba,+Argentina/@-31.8755384,-64.9790842,11.75z/data=!4m 5!3m4!1s0x942d2f2ab8cbe3c1:0x2a3c56c8513b14f4!8m 2!3d-31.8236702!4d-64.9716642?hl=es

5 Expresión acuñada por los habitantes autóctonos para referirse a sujetos inmigrantes poseedores de capital económico y cultural.

6 Denominación utilizada por inmigrantes para designar a los nativos.

7 Categoría nativa utilizada para tipificar a personas foráneas.

8 Fuente: Dirección General de Estadística y Censos. Gobierno de la provincia de Córdoba (Resultados para la provincia de Córdoba).

9 La naturaleza nativa de la periodización se coteja con datos insuficientes respecto de la población clasificada por origen de censos nacionales (1947-2010). Por el escaso número de habitantes rige el secreto estadístico.

10 Un análisis extendido de esta experiencia de movilidad puede encontrase en Trimano (2015).

11 Los censos de 1947 y 1960 no presentan datos de extranjeros a nivel localidad, pero el de 1970 arroja para toda la provincia de Córdoba 81.670 nacidos en otros países y en Las Calles de un total poblacional de 613 habitantes, 39 son extranjeros.

12 Nombre adjudicado a personas que desempeñan su labor en cascos de estancia. Mujeres, en servicio doméstico y hombres en mantenimiento del predio.

13 Denominación nativa para referirse al empleador/a y dueño/a de la casa o estancia donde se trabaja.

14 El almacén-bar de Lola es donde aparcan hombres lugareños a tomar la vuelta, a tomar una copa entre amigos en busca del descanso matinal. Es una práctica de encuentro determinada por los tiempos del trabajo en agricultura y ganadería.

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Recibido: febrero 2016. Aceptado: abril 2017.

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