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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.47 no.2 Arica jun. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562015000200003 

JOSÉ ANTONIO PÉREZ GOLLÁN (1937-2014)

Gustavo G. Politis1

1 Universidad Nacional de La Plata, La Plata, Argentina.


El 23 de mayo de 2014 murió en Buenos Aires José Antonio Pérez Gollán -conocido por todos como Pepe Pérez-, un notable historiador y arqueólogo. Fue investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y profesor en la Universidad Nacional de Córdoba, ciudad donde había nacido. Fue también director del Museo Etnográfico de Buenos Aires y del Museo Histórico Nacional. Pepe fue un arqueólogo con una inusual sensibilidad artística y a la vez con un profundo sentido social de la arqueología.

Realizó sus estudios secundarios en el colegio Montserrat de su ciudad natal y luego de un breve pasaje por la Facultad de Arquitectura, que su letra y sus dibujos delataban, se licenció en Historia en 1965 en la Universidad Nacional de Córdoba. El tema de la monografía de grado ya perfilaba su decidido interés por la arqueología: Patrones de poblamiento en el Noroeste Argentino. Ese mismo año entró al CONICET como becario. Diez años más tarde se doctoró, también en la Universidad de Córdoba, con otro tema de arqueología: Análisis de la cerámica arqueológica del sitio Ciénaga Grande (Departamento de Tumbaya, Provincia de Jujuy). Para estos momentos ya era decisiva la influencia de Alberto Rex González, a quien había conocido tempranamente por medio de su padre y de quien fue probablemente su más cercano discípulo. Con Rex González y con su compañero de estudios y amigo entrañable Osvaldo Heredia, apodado el Negro, realizó intensas investigaciones sobre la arqueología del Noroeste argentino y escribió numerosos artículos. Juntos viajaron al Congreso Internacional de Americanistas de Lima en 1970 (Figura 1), un evento que tendría una fuerte influencia en su visión de la arqueología. Con su maestro publicó además un libro que tuvo una gran difusión en el país, Argentina indígena. Vísperas de la conquista (1972).

A lo largo de su carrera se fue consolidando el interés por el pasado indígena del Noroeste argentino y del área andina, campo en el cual realizaría sus aportes más significativos. Entre estos se destacan la reinterpretación de la cultura arqueológica de La Aguada y de su iconografía, sobre todo del llamado disco de Lafone-Quevedo del Museo de La Plata, una pieza de metal con un rico y variado complejo de imágenes. En el mismo sentido interpretó de manera novedosa a los suplicantes del Alamito, enigmáticas estatuillas líticas asignadas al período Formativo del Noroeste argentino. Para Pepe los suplicantes expresaban el momento en el cual las jerarquías sociales se hicieron hereditarias. También creía que esos procesos de desigualdad social se habían iniciado, en el Noroeste argentino, en el valle del Ambato (Catamarca) y en ellos la ideología andina habría tenido un rol central. Durante mucho tiempo pensó la relación entre imagen, ideología y poder en las sociedades prehispánicas del Noroeste argentino y ello lo llevó a abordar el estudio de las representaciones del jaguar (el uturungo de la mitología andina) y a rastrear por medio de la arqueología y las crónicas al Punchao, la deidad solar andina. Su pensamiento original y creativo se manifestó en sus renovadoras interpretaciones de esos temas. Su impronta en la arqueología del Noroeste ha sido fuerte y perdurará por muchos años.

Pepe realizó además importantes aportes teóricos. A mediados de la década de 1970 participó en la Reunión de Teotihuacán, un encuentro realizado en México, promovido por José Luis Lorenzo, que buscó reorientar la teoría y la práctica de la arqueología latinoamericana hacia una posición más crítica, menos dependiente de la agenda norteamericana y más socialmente útil. El documento surgido de esa reunión ha sido fuente de inspiración para muchas generaciones de arqueólogos de América Latina y un elemento fundante de la "Arqueología Social Latinoamericana". Recuerdo el entusiasmo de Pepe cuando llegó de México, luego de la reunión y nos contaba, a un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata, como habían trabajado y debatido durante esos intensos días. Él sentía que estaba siendo protagonista de un cambio importante en la praxis disciplinaria.

 

Figura 1. El Negro Heredia y Pepe Pérez cerca de Puno, camino a Cusco y luego a Lima en 1970 (foto gentileza Familia Heredia-Museo de Antropología de Córdoba).

 

El golpe militar en Agentina en 1976 lo encontró investigando junto con Osvado Heredia en el valle de Ambato. Pocos días antes del golpe, de pasada hacia el "Pucará de Andalgalá" con Rex González y un pequeño equipo de trabajo, los buscamos en el Ambato, donde estaban de trabajo de campo, para llevarles la triste noticia de que Heredia había sido cesado en su cargo en la Universidad. Vimos el coche de Heredia cerca de Los Castillos, recorrimos los alrededores, y gritamos un poco, pero no los encontramos. Creo recordar que González les dejó una nota en el parabrisas del auto. Al regreso de esa campaña se enteraron de lo sucedido y presintieron los tiempos oscuros que se venían. No se equivocaban: pocos días después llegó el golpe militar que los empujó a ambos al exilio. El Negro Heredia se fue a Brasil y Pepe a México, donde fue acogido en la ENAH por José Luis Lorenzo. Allí dio clases, leyó crónicas, investigó y publicó su libro Presencia de Vere Gordon Childe (1981), en el que analizó la vida y los aportes teóricos de ese influyente arqueólogo australiano. Desde su exilio, Pepe siguió pensando las sociedades andinas desde otras vertientes teóricas, y además de los trabajos de Rex González y John Murra, se notan las influencias del propio Lorenzo, de Angel Palerm y de Heather Letchman. El exilio en México marcó su vida. Allí profundizó su reflexión sobre la práctica y la teoría en arqueología, lo que fue una constante en toda su carrera, siempre con una visión crítica y desde una perspectiva histórica.

El retorno de la democracia en Argentina a fines de 1983 abrió las puertas para el retorno y poco tiempo después fue invitado a reincorporarse al CONICET. Su llegada en 1987 representó un renovado aire teórico en el país y el estudio del simbolismo, del poder y la ideología y de la desigualdad social volvieron a la agenda de investigación arqueológica. Su perspectiva de la arqueología como historia indígena se transformó en un enfoque teórico alternativo para la época. Luego de un breve lapso fue convocado por la Universidad de Buenos Aires para hacerse cargo de la Dirección del Museo Etnográfico; en 2005 dejó esa dirección para tomar la del Museo Histórico Nacional hasta 2012. Es en la gestión de los museos y en las exhibiciones donde Pérez Gollán hizo también aportes sustanciales. En ambas instituciones llevó a cabo una labor pionera tanto en los estándares de conservación y catalogación de las piezas como en el diseño y las temáticas de las exhibiciones. Un hito en la museología argentina fue el seminario de conservación preventiva y exhibiciones arqueológicas y etnográficas que organizó en 1996 en el Museo Etnográfico junto con la Fundación Antorchas de Argentina y el Centro de Estudios de Museos de Smithsonian Institution de los Estados Unidos. En este seminario participaron profesionales de veinte museos de Argentina, más uno de Chile y otro de Brasil y culminó con una exposición de altísima calidad en el mismo Museo Etnográfico que se llamó Los Señores del Jaguar. La mano de Pepe se notaba en el tema, en el diseño y en el mensaje. El impacto positivo de este seminario en los museos del país se percibe aún hoy en día. Pepe transformó los museos que dirigió en espacios activos de memoria y reflexión y les dio relevancia para el presente. En este sentido, otro hito fue la organización de una muestra de fotos sobre las madres de Plaza de Mayo en el Museo Histórico Nacional en 2007 (Figura 2). Pepe fue un hombre comprometido con su tiempo y sus ideas y así entendía a los museos: como instituciones con agencia en la sociedad contemporánea.

 

Figura 2. Pepe Pérez y Hebe de Bonafini, Presidente de Madres de Plaza de Mayo, en la inauguración de la muestra fotográfica sobre las Madres en el Museo Histórico Nacional el 21 de abril de 2007 (foto gentileza Alicia Bianciotti).

 

Entre muchas otras cosas, cuando se fundó en 1989 la revista de difusión científica Ciencia Hoy integró el primer comité editorial y permaneció por una década en esas funciones, a las que regresó en 2013.

Su presencia fue crucial para definir la orientación y las políticas editoriales de la revista, en especial en las humanidades y las ciencias sociales. También tuvo un rol destacado en los programas académicos de la Fundación Antorchas, a los que contribuyó a generar como asesor y como integrante de comités de selección de becas y subsidios. Muchos investigadores completaron su formación y muchos becarios dieron los primeros pasos en sus carreras gracias al impulso vital y a la generosa capacidad de reconocer talentos de Pepe.

Quizás las mejores y más sentidas palabras sobre Pepe fueron escritas por Mirta Bonnin, su discípula, colega y amiga aquel 23 de mayo:

"Hoy murió Pepe Pérez, es una enorme tristeza la que siento, fue un amigo querido, un cordobés de fino humor, un arqueólogo excepcional, un progresista culto, un revolucionario de los museos, un gran conversador alrededor del fogón, un maestro nato. Lo voy a extrañar".

A esto solo agregaría que sobre todo también fue una persona honesta, un colega admirado y un amigo leal. Por todo esto su ausencia se siente profundamente.

Mayo de 2015

Agradecimientos: Mirta Bonnin, Javier Nastri y Xavier Martini colaboraron de distinta manera en este recordatorio de Pepe.

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