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Chungará (Arica)

versão On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.43 no.especial Arica  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562011000300012 

Chungara, Revista de Antropología Chilena Volumen 43 Número Especial 1, 2011. Páginas 551-580

 

EL GORRO TRONCOCÓNICO O CHUCU Y LA PRESENCIA DE POBLACIÓN ALTIPLÁNICA EN EL NORTE DE CHILE DURANTE EL PERIODO TARDÍO (CA. 1.470-1.536 D.C.)

 

THE ANDEAN FEZ OR CHUCU AND THE PRESENCE OF ALTIPLANO POPULATIONS IN NORTHERN CHILE DURING THE LATE PERIOD (CA. 1,470-1,536 AD)

 

Helena Horta Tricallotis1,2

1 Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo R. P. Gustavo Le Paige s. j., Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. horta.helena@gmail.com

2 Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto, Arica, Chile.


Resumen

Este artículo recopila y analiza informaciones arqueológicas e históricas referidas al uso del tocado en tiempos prehispánicos en los Andes con especial énfasis en el área centro-sur andina, con el objetivo de interpretar los hallazgos de gorros troncocónicos en técnica de aduja descubiertos en distintos cementerios del Norte Grande de Chile; en base al estudio de colecciones arqueológicas de varios museos chilenos y extranjeros propongo al chucu o gorro en técnica de aduja como rasgo distintivo de la tradición aymara o colla, más específicamente de los grupos Caranga y Pacaje asentados en los valles costeros del extremo norte de Chile en calidad de mitimaes incaicos, sobre los cuales da cuenta la información documental. Si mi proposición es correcta, tal tipo de gorro podría servir como un rasgo diagnóstico más –aparte del cerámico– acerca de la existencia en la zona de grupos altiplánicos durante el período Tardío (ca. 1.470-1.536 d.C.).

Palabras claves: gorro"tipo fez",tocadosprehispánicos, culturaArica,período IntermedioTardío,períodoTardío, reinos altiplánicos, Carangas, Pacajes, mitimaes, verticalidad, complementariedad ecológica.


Abstract

This article brings together and analyses archaeological and historical data concerning the use of prehispanic headdresses in the Andes, with specific emphasis on the south-central Andes. This serves as a context for the analysis of a fez-like headdress manufactured with the spiral-coiling technique recovered from various cemeteries in the Norte Grande region of Chile. Drawing on an examination of these archaeological contexts from a range of Chilean and foreign museums, I argue that the spiral-coiled chucu headdress served as an emblematic symbol of aymara or colla identity or, more specifically, of the Caranga and Pacaje ethnic groups serving as Inka mitimaes in the coastal valleys of the far north of Chile as indicated by historic documents. If my arguments were correct, this particular headdress would have represented, along with certain ceramic styles, an additional distinctive sign of the presence of Altiplano groups in the area during the Late Period (ca. 1,470-1,536 AD).

Key words: Fez-like cap, Prehispanic headdress, Arica culture, Late Intermediate Period, Late Period, Altiplano kingdoms, the Caranga, the Pacaje, mitimaes, verticality, ecological complementarity, coiled conical hat.


 

Los cronistas españoles hicieron detenida observación de las diferencias que se podían apreciar en el uso de la vestimenta por parte de los distintos habitantes de los territorios andinos conquistados. Le dedicaron a ésta especial atención, describiéndola e incluso dibujándola. Sin embargo, su mirada no era neutra; es evidente que los movía un claro afán por establecer límites que les facilitasen la clasificación de la población autóctona, suerte de "mapa de ruta" que los guiase con eficacia en el camino del conocimiento de las sociedades del Nuevo Mundo, y en las particularidades propias de las sociedades andinas.

En este marco de interés por reconocer y marcar diferencias, el tocado adquiere especial importancia como elemento de la vestimenta en el cual se puede reparar a distancia y, en parte, porque para los propios españoles el tocado y el traje en general –de acuerdo a su experiencia previa en Europa– configuraban las cartas de presentación de cualquier nación; esto adquiría especial relevancia en el contexto de la España medieval, en la cual la convivencia con judíos y árabes los había obligado a establecer límites expresos al uso de trajes y atuendos, al punto que vestimenta se llegaba a homologar con religión. De acuerdo con esto, es muy probable que la importancia que los españoles asignaron a los tocados prehispánicos y coloniales tempranos evidencie su particular preocupación construida en torno al asunto, más que la constatación efectiva de una realidad andina. Tal como lo expresa Estenssoro (2003), en la observación de rasgos culturales diferentes a los propios, los españoles llegaron más bien a "reconocer" los propios, que a "conocer" en rigor los rasgos locales1.

Por otra parte, es igualmente atingente tener en mente la hipótesis de Martínez según la cual en los Andes prehispánicos habría existido más de una concepción de identidad, y en consecuencia, "más de un sistema clasificatorio y de un discurso significante" (Martínez 2004:506). El sistema ordenador prehispánico original se basaba en una sucesión de distintos mundos o pacha, con la aparición y destrucción de distintos tipos de eras humanas (runakuna); en dicho sistema se habría insertado el concepto incaico de (re)surgimiento de naciones a partir de sus respectivas pacarinas, lo cual habría derivado en definitiva en la construcción de las diferencias, en el marco de un nuevo reordenamiento general que –más tarde– habría sido adoptado como norma por los españoles para definir las identidades de todo el universo andino. Martínez señala exclusiones, selecciones, actos de silenciamiento y énfasis homogeneizadores por parte de los cronistas respecto de los vestigios de aquel sistema preincaico preexistente.

En consecuencia, la mirada hispana fue doblemente parcial, en cuanto colocó ciertos signos identitarios –tales como los tocados– en primer plano, omitiendo probablemente a otros que no cuadraban en el sistema recientemente construido, aunque igualmente se hallaban en uso en la época colonial temprana y formaban parte orgánica del mismo sistema de lenguaje visual. Por lo tanto, hay que aquilatar en dicho contexto los comentarios emitidos por Sarmiento de Gamboa en su Historia de los Incas:

Y cuando llegaba a los pueblos vestíase [el Inca] del traje y tocado de aquella nación, porque todas eran diferentes en vestido y tocado, y ahora lo son. Inga Yupanqui para conocer las naciones que había conquistado mandó que cada uno tuviese su vestido y tocado, a que llaman pillo o llayto o chuco, diferente unos de otros, para que se diferenciasen y conociesen fácilmente [énfasis mío]; Sarmiento de Gamboa (1942 [1572]:133)2.

Aun cuando haya que admitir los sesgos de la mirada cultural hispánica, también hay que señalar que el uso pautado del traje y todo tipo de atuendos que observan los españoles al tiempo de la Conquista corresponde a un conjunto significante de larga data, cuyas raíces se afincaban en tiempos preincaicos y sobre el cual la arqueología nos entrega valiosa información. Por otra parte, las descripciones y dibujos de Felipe Guaman Poma de Ayala (1980 [1615]), así como el análisis tanto de las fuentes documentales como de las evidencias arqueológicas textiles (Abal 2001; Checura 1977; Mostny 1957; Rowe 1978, 1995-96; Rowe y Rowe 1996; Rowe 1979; 2000, entre otros) son muy precisas al respecto: las diferentes partes del atuendo incaico se hallaban regidas por reglas explícitas en cuanto a qué podía y debía usar cada miembro integrante del imperio. Además del carácter pautado, llama igualmente la atención el alto nivel de estandarización de la decoración de uncus, mantas y chuspas (Rowe 1978; Rowe 1979, 2000).

Dentro de este marco general, disponemos de información acerca de dos diferentes tipos de tocados usados por el Inca y los miembros de la nobleza: (a) el casco guerrero o uma chucu; este es invariablemente descrito por Guaman Poma como un cubrecabezas monocromo y dibujado en forma hemisférica, sin ningún tipo de diseño y con aplicación de prolongaciones cortas en todo su perímetro (¿plumas?) (Figura 1a), y (b) el llautu o cíngulo; denominación dada por los españoles para los hilados de fibra de camélido trenzados y enrollados en torno a la cabeza, que sólo en el caso del Inca podía exhibir el fleco o borla real llamado en quechua mascapaicha3 (Figura 1b).

Análisis Conjunto de las Informaciones Etnohistóricas y Arqueológicas

Ya en los años setenta John V. Murra planteó la necesidad de integrar los datos de la arqueología y la etnohistoria básicamente con dos propósitos, a saber: (a) poder llegar a definir rasgos diagnósticos al interior del registro arqueológico que permitiesen establecer la presencia de grupos étnicos foráneos en la subárea de Valles Occidentales y, (b) en base a dichos rasgos lograr identificar a aquellos grupos que sabemos por fuentes documentales mantenían colonias o poblaciones fuera de su núcleo de origen (Murra 1972, 1976). El "modelo de verticalidad" postulado por Murra se basó en los datos recogidos por la visita del español Garci Diez de San Miguel, realizada a la etnia lupaca del área circun-Titicaca (Diez de San Miguel 1964 [1567]; Murra 1972, 1976). Los curacas de dicha etnia declararon poseer tierras en los oasis costeros del Pacífico con población propia permanente para desarrollar cultivos de tierras bajas, específicamente en chacras ubicadas en los valles peruanos de Sama, Moquegua, y Lluta en Arica. Otras fuentes etnohistóricas mencionan población de la subárea altiplano meridional pacaje y caranga cohabitando con la población local de los oasis costeros, fundamentalmente en Lluta, Azapa y Codpa4.

Figura 1. (a) Detalle de la Lámina 112 de Guaman Poma de Ayala. El Inca Guayna Capac portando uma chucu o casco de los guerreros miembros de la nobleza incaica; (b) detalle de la Lámina 96 de Guaman Poma de Ayala. El Inca Lloque Yupanqui luciendo llautu o cintillo trenzado de los nobles incas. (a) Detail of Plate 112 from Guaman Poma de Ayala. The Inca Guayna Capac wearing an uma chucu or helmet of the warrior of the Inka noblemen; (b) detail of Plate 96 from Guaman Poma de Ayala. The Inka Lloque Yupanqui with a llautu or braided headband of Inka noblemen.

De acuerdo con Murra, el ideal económico de las sociedades serranas habría consistido en mantener un control vertical (vale decir altitudinal) sobre un máximo de pisos ecológicos que les permitiese proveerse de cultivos propios de tierras bajas indispensables para complementar la dieta serrana con maíz y acceder a cultivos de coca, planta ritual por excelencia, así como otros recursos de diversa naturaleza (guano de aves litoraleñas o pescado seco). En consecuencia, distintas etnias habitantes de los Andes habrían explotado recursos ubicados a diferentes distancias y latitudes de sus asentamientos nucleares. Murra sugirió que este modelo observado para tiempos incaicos podría haber tenido raíces más antiguas, remontables al Intermedio Tardío (1.000-1.470 d.C.), y que habría sido el modelo practicado por las sociedades altiplánicas en su interacción con las poblaciones costeras o yungas. Por lo mismo, la explotación de recursos en diferentes nichos ecológicos y su modo "archipielágico" habrían provocado desde temprano el entrecruzamiento de diferentes etnias en actividades de reciprocidad, lo cual imprimiría un sello especial a la historia de los pueblos andinos. Tomando como base los planteamientos de Murra, mi interés se ha centrado en intentar definir arqueológicamente la multietnicidad que se ha planteado para la zona de Arica en base a fuentes documentales del siglo XVI (Durston e Hidalgo 1997; Hidalgo y Focacci 1986; Llagostera 2010; Santoro et al. 2010). Ello obedece al hecho de que –hasta aquí– la multietnicidad referida para Arica había sido percibida exclusivamente a través de la presencia de diferentes estilos cerámicos que no presentaban los rasgos conocidos para la cultura local Arica (tales como las cerámicas Negro sobre Rojo, Saxamar, Inca-cusqueña); por mi parte, he planteado que la presencia foránea se manifiesta igualmente a través de otros bienes funerarios, tales como ciertos tipos de queros de madera, determinadas prendas textiles de la vestimenta y ciertos tocados depositados en los ajuares y ofrendas de miembros elite de la población local, así como en las de los miembros de las colonias altiplánicas trasladadas a los valles costeros del extremo norte de Chile (Horta 2010, 2011).

Aunque sabemos por los documentos que los reinos altiplánicos preincaicos tenían acceso a la costa del Pacífico, todavía desconocemos qué carácter tenía su estancia, si era temporal o de permanencia estable (¿desplazamientos en forma de visitas pautadas a lo largo del año?; ¿asentamientos permanentes en forma de colonias?), y sobre todo no han sido identificados aún los puntos de origen de estos desplazamientos (¿de territorio caranga, lupaca, y/o pacaje?) a través del análisis de los materiales arqueológicos (Browman 1984). En un interesante trabajo, Durston e Hidalgo analizan nueva documentación (textos de reclamo y cédulas de encomienda), ofreciendo importantes testimonios sobre la presencia caranga –alrededor de 1569– con chacras de maíz en las cabeceras de los valles costeros y en la precordillera de Arica (Durston e Hidalgo 1997:252). Asimismo, en las cédulas de encomienda de Lucas Martínez Vegazo y López de Mendieta (1540) referidas a población de Tarapacá, se menciona a un cacique llamado Cayoa, quien correspondería a un jefe caranga que habría estado sujeto al mallku Chuquichambi, uno de los señores duales del señorío Caranga (Durston e Hidalgo 1997:253; Rivière 1982).

En el presente trabajo intento abordar la identificación de la presencia altiplánica en el extremo norte de Chile5 a través del análisis conjunto de las informaciones arqueológicas, documentales y lexicográficas referidas a un tocado específico –denominado tradicionalmente en la nomenclatura arqueológica chilena como "gorro tipo fez"–, cuyos ejemplares provienen de ajuares funerarios de cementerios ubicados en los valles de Azapa, Lluta y Vítor (Azapa 15, Lluta 13 y Chaca 5, respectivamente), y en la costa de Arica y Camarones (Playa Miller 2, Playa Miller 4, Playa Miller 6 y Camarones 9), (Figura 2).

Respecto de las fuentes documentales, contamos con interesantes menciones de parte de Cieza de León, Pedro Pizarro, Diego Cabeza de Vaca et al. y Pedro Mercado de Peñalosa –referidas a los gorros usados por poblaciones altiplánicas circunlacustres– que entregan pistas de gran utilidad y que son, al mismo tiempo, susceptibles de ser contrastadas con los datos del registro arqueológico. También es de utilidad la información visual que ofrecen las ilustraciones de Guaman Poma en relación con los tocados en boga durante tiempos incaicos y coloniales tempranos por parte de los señores altiplánicos.

Figura 2. Mapa del extremo norte de Chile con los cementerios mencionados en el texto; dibujo de Tania Basterrica, adaptado de Santoro y Chacama 1981. Map of northernmost Chile with relevant cemeteries indicated. Drawing by Tania Basterrica, adapted from Santoro and Chacama 1981.

Tradicionalmente hasta aquí, el gorro "tipo fez" había sido relacionado con la presencia incaica en el norte de Chile, siguiendo principalmente criterios cronológicos y no arqueológicos, puesto que tales tocados troncocónicos no han sido encontrados fuera de los límites geográficos del Norte Grande chileno, siendo aún más notable su ausencia en territorios del Perú y Argentina (Berenguer 1993; Schiappacasse et al. 1989; Ulloa 1985)6. Esto invalida a mi juicio que se lo pueda asociar a la presencia incaica en los valles costeros del Pacífico, precisamente por no denotar un carácter panandino, como efectivamente ocurre con el resto de la vestimenta incaica, que instaura –entre otros elementos– la diferenciación por género del traje (uncu versus acsu), y el extendido uso del llautu para las élites imperiales y locales.

Varias son las denominaciones que ha recibido este tipo de tocado por parte de la literatura especializada: "gorro tipo fez turco", "gorro turco", "gorro de forma de cono truncado", "gorro con armazón de cestería", "gorro en técnica de aduja". En el criterio inicial la forma fue determinante, y sólo posteriormente se indagó acerca de la técnica de su confección (Hoces de la Guardia y Brugnoli 1993). Sin embargo, hasta aquí se había dejado de lado el aspecto decorativo de este tocado, cuestión que –como se verá más adelante– es primordial en el análisis que propongo. En el curso de mis investigaciones, tomando como base diferentes colecciones arqueológicas chilenas7, he podido advertir que en el conjunto de este tipo de gorros existen dos variantes divergentes entre sí: la diferencia sólo es marcada por medio del color y el diseño o patrón decorativo, puesto que tanto la forma como la técnica son compartidas por cada una de las variantes. De esta manera, se puede establecer una variante "A" que incluye colores teñidos y un diseño específico, situación que redunda en el carácter estandarizado y polícromo de este tipo de tocado (Figura 3); por su parte, la variante "B" sólo incorpora colores naturales de la fibra del camélido (diversos matices del café, gris y crema); por lo general, su decoración se resuelve en tres líneas equidistantes dispuestas horizontalmente en el cuerpo del gorro, aunque excepcionalmente se dan también simples diseños geométricos, como cruz de lados iguales, puntos o rombos (Figura 4). En términos visuales, la variante "A" es mucho más llamativa, a causa de su colorido y diseño. Ambos tipos de tocado suelen rematar en penachos de plumas que eran introducidos en el amplio orificio del tope del gorro: desgraciadamente, éstos por lo general no se han conservado.

Figura 3. Variante "A" con diseño estandarizado del gorro en técnica de aduja, ejemplar sin contexto del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica, foto de la autora. Variant "A" with the standardized design of a spiral-coiled headdress, without archaeological context, belonging to the Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica. Photograph by the author.

Figura 4. Variante "B" sin diseño estandarizado del gorro en técnica de aduja, ejemplar sin contexto del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica; reproducción de diapositiva de la autora. Variant "B" without the standardized design of a spiral-coiled headdress, without archaeological context, belonging to the Museo Arqueológico of San Miguel of Azapa, Arica. Image produced from a slide by the author.

Técnica y patrones decorativos del gorro troncocónico

Este tipo de tocado significa –entre otras cosas– la introducción de una técnica nueva en el ámbito de la confección de cubrecabezas, no obstante haber sido ésta conocida en los Andes desde el Formativo en la fabricación de cestería en espiral o aduja (coiled)8. Respecto de la decoración de los mismos, Hoces de la Guardia y Brugnoli (1993) la describen así:

Generalmente, la superficie del disco está tejida con lana de camélido de color natural. El manto cónico, en cambio, se teje con tramas de diversos colores (café, blanco natural, ocre, rojo, verde), que definen un módulo de forma trapezoidal que se repite cinco veces. Cada uno de estos módulos se divide interiormente en cuatro triángulos rectángulos. En cada uno de ellos hay representados tres ganchos de base escalonada. Los triángulos se unen de a pares, formando, a su vez, triángulos equiláteros separados entre ellos por una greca de triángulos en escalera" (Hoces de la Guardia y Brugnoli 1993:90) (Figuras 5a, b y c).

En suma, se trata de un gorro enteramente confeccionado en fibra de camélido, en una gama cromática preestablecida –ya sea en colores naturales o teñidos–, cuya decoración corresponde a un patrón de diseño claramente pautado, debido a lo cual lo llamaré estandarizado. Tomando en consideración dichas características es posible señalar a este tipo de gorro como un tocado foráneo, que irrumpe en el contexto de los tocados locales y preexistentes en el área durante el período Intermedio Tardío. Efectivamente, en el registro local destacan tres tipos de tocados cefálicos: (a) el gorro hemisférico en técnica de anillado (looping), en cuyo tejido se utiliza una espina de cactus, con el simple arreglo decorativo de presentar bandas horizontales de ancho variable en los distintos tonos naturales de la fibra de camélido; (b) el gorro de cuatro puntas en técnica de anudado (knotting) en sus variantes bícroma y monócroma (Sinclaire 1998). De acuerdo con investigaciones previas (Horta 2000, 2005, 2010), tanto la variante bícroma como la monocroma fueron usadas preponderantemente por la población agricultora asentada en los valles costeros, y Sinclaire (1998) estableció para ellas una prolongada vigencia temporal (ca. 890-1.300 d.C.), en consideración al material fechado de que se dispone hoy, pero en base a evidencias contextuales sabemos que ambas variantes sobrevivieron hasta el Tardío (Lluta 54, Playa Miller 3, Playa Miller 4, Azapa 8)9; (c) la diadema de plumas de pelícano, adorno frontal de forma y factura pautada, que denota a la población pescadora asentada en la costa. Esta parcialidad conformaba la cultura Arica en conjunto con la población agricultora residente en los valles interiores (1.000-1.540 d.C.), (Horta 2000, 2010).

Figura 5. (a) Gorro en técnica de aduja con diseño estandarizado, ejemplar 3104 del Museo de Artes Visuales de Santiago, foto de la autora; (b) dibujo ilustrando la técnica de aduja; (c) dibujo desplegado del diseño de este tipo de gorros (dibujos reproducidos de Hoces de la Guardia y Brugnoli 1993 90). (a) Spiral-coiled headdress #3104 with standardized design, belonging to the Museo de Artes Visuales of Santiago, photo by the author; (b) illustration showing the spiral-coiling technique; (c) flattened or 2-D drawing of the typical designs found on this type of headdress (drawings reproduced from Hoces de la Guardia y Brugnoli 1993:90).

El Gorro Troncocónico en Cementerios del Norte de Chile

Las evidencias que poseemos provienen de los cementerios Azapa 15 (17 gorros en total, de los cuales 15 son polícromos con decoración estandarizada, y dos con colores naturales y decoración geométrica simple no estandarizada; los datos del inventario del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, en adelante MASMA, indican que sólo 10 de dichos gorros poseen contexto funerario, razón por la cual siete han sido omitidos en el presente cálculo)10; Chaca 5 (tres polícromos con decoración estandarizada y uno en colores naturales y diseño geométrico de triángulos en hilera; según la información publicada por Focacci 1995a [1961]); Playa Miller 4 (un gorro polícromo y otros dos monocromos; según inventario MASMA); Playa Miller 6 (tres ejemplares de colores naturales con decoración geométrica simple, observados directamente durante labores de registro en el MASMA); Bahía Chacota (un gorro polícromo acompañado de plumas en el tope superior) registrado y dibujado por Blake como parte de los atuendos de la momia 13038 (Blake 1876:280); Camarones 9 (un gorro polícromo con diseño estandarizado; Ulloa y Correa 2000); Lluta 13 (dos ejemplares sin diseño estandarizado pertenecientes a la colección Manuel Blanco Encalada, CMBE en adelante). Aparte de los ejemplares mencionados, fue posible recopilar datos acerca de gorros publicados en diferentes artículos: Camarones 12 y Camarones 14 (un número indeterminado de ejemplares son mencionados por Schiappacasse y Niemeyer 1989); Caleta Vítor (fotografía de un ejemplar de este tipo de gorro en Bird 1946:Plate 127c, cuyo cuerpo se encuentra cubierto por las plumas abatidas del penacho que alguna vez lució en el tope y es acompañada por la siguiente leyenda "from mummy at Caleta Vitor, ca. 1578"); los lugares de aparición más distantes se encuentran aisladamente en la región del río Loa: en Quillagua (2 ejemplares del cementerio poniente, ambos con fiador; Latcham (1938)11, y de Topater (pieza 573 según el inventario del Museo de El Loa). Asimismo, también tenemos noticia de un fragmento de un probable gorro en aduja con diseño proveniente de Tarapacá 49 (Agüero 2007).

En contraste, es notable la ausencia de este tipo de gorro en el sitio Pica-8 mismo, no obstante en Bird (1946:Plate 127d) se publica la foto de uno procedente de los alrededores de Pica. En todo caso, la ausencia del gorro en aduja con diseño estandarizado se puede explicar por medio de la vigencia cronológica que parece tener Pica-8, en donde el material cultural es claramente Intermedio Tardío, y sobre el cual se cuenta además con un fechado de 1.080 d.C. (Zlatar 1984). Para San Pedro de Atacama, por el contrario, hasta el momento no se ha reportado ni un solo ejemplar. La Figura 6a contiene la tabla con la muestra utilizada: 26 gorros con contexto de un universo total de 432 tumbas, lo cual corresponde a un 6%.

De los datos contenidos en las Tablas 1 y 2 –así como en el gráfico de la Figura 6– se desprende que tanto Chaca 5 como Azapa 15 presentan los más altos índices de gorros en aduja con diseño estandarizado; simultáneamente, también se observa en ambos cementerios la presencia de gorros sin diseño estandarizado, aunque en un porcentaje muy menor. La literatura especializada ha remarcado la filiación incaica de la aldea de Azapa 15 y su cementerio anexo (Chacón 1961; Focacci 1995b [1961], 1981; Muñoz 1998; Muñoz et al. 1997; Piazza 1981; Santoro y Muñoz 1981), debido fundamentalmente a la presencia ocasional tanto de cerámica cuzqueña como de tejidos cumbi en los ajuares de algunas sepulturas. Sin embargo, el registro arqueológico contiene evidencias que observadas en su conjunto permiten hacer algunas precisiones que a mi juicio conducen a la verdadera identificación del grupo humano asentado en la pampa Alto de Ramírez. En primer lugar, hay que destacar el hecho de que también figura cerámica Saxamar (cerámica altiplánica con diseños de llamitas en negro sobre rojo) y Chilpe (formas geométricas simples tales como espirales, cruces, líneas onduladas en negro sobre rojo) entre los elementos de las ofrendas funerarias, y que ambos estilos son más abundantes que el cuzqueño12. Por el contrario, se encuentra totalmente ausente la cerámica Arica, ya sea de los estilos San Miguel, Pocoma o Gentilar. No obstante, se hallan presentes en este sitio otros rasgos que culturalmente sí son asimilables al desarrollo preincaico de Valles Occidentales; entre ellos hay que destacar: implementos para la pesca (con un brusco aumento de los anzuelos de metal en un 11% de las tumbas; lienzas y pesas en un 13%), instrumentos de carga (como capachos en un 15,3%) y navegación (modelos de canoas, como nuevo tipo de embarcación que difiere de la balsa de tres palos tradicional de los camanchacas locales, y remos en un 2%). Todo ello indica en conjunto que se trata de población foránea en el valle de Azapa, trasladada por la administración incaica durante el período Tardío para ejercer control sobre la explotación de los recursos locales (pesca y secado de pescado) llevada a cabo tradicionalmente por los camanchacas ariqueños13. Entre los artefactos no locales destacan los queros de madera de gruesas paredes lisas, sin decoración alguna (9% de los entierros), así como los queros con tallas de felino asomando en el borde (catari quero según la definición de Bertonio en su diccionario colonial)14; ambos tipos difieren claramente de la tradición local que consiste en decorar los bordes de los queros con figuras de lagartijas o antropomorfos tallados volumétricamente (Espoueys 1974; Horta 2010, 2011; Núñez 1963; Rowe 1961). Focacci 1995 [1960].

Figura 6. Porcentaje de tumbas con las variantes "A" y "B" del gorro en técnica de aduja. Percentage of tombs with variants "A" and "B" spiral-coiled headdresses.

Chaca 5, por su parte, también corresponde a un cementerio del período Tardío emplazado al sur de Arica, en la quebrada del mismo nombre, a una distancia de 23 km de la costa, de donde se han conservado los contextos de veintiún tumbas (Focacci 1995a [1961]). Entre los objetos rescatados tampoco figuran materiales de la cultura Arica, como la cerámica o los textiles típicos de ésta, y a diferencia de Azapa 15 no hay ningún elemento relacionado con las faenas del litoral, de transporte de carga o con símbolos de estatus local (por ejemplo, diademas de plumas de pelícano o hachas simbólicas). No obstante lo expresado, se pueden observar rasgos culturales comunes entre Chaca y Azapa, tal como la presencia de cerámica Saxamar, además de Chilpe y queros de madera; entre éstos hay lisos y gruesos, sin decoración (siete ejemplares), así como cuatro ejemplares con felinos tallados en los bordes (catari quero), y dos con diseños geométricos incisos, lo cual significa en conjunto una elevada presencia de queros en las tumbas de Chaca 5 (Focacci 1995a [1961]). Al mismo tiempo, el patrón de entierro difiere de las costumbres funerarias locales: el reporte indica tumbas circulares encistadas15 y cuerpos envueltos en mantas de color claro formando bultos con costura visible en el frente. En el patrón funerario de la cultura Arica los cuerpos son vestidos con uncus para ser enfardelados con amarras de fibra vegetal o de camélido, y luego depositados predominantemente en fosas simples cavadas en el suelo (Dauelsberg 1972; Horta 2010). Chaca 5 presenta igualmente –aunque con frecuencia bastante diferente– gorros en aduja sin diseño estandarizado junto con los gorros con diseño estandarizado (4,7% versus 14,2%). En conjunto, el material proveniente de este cementerio también corresponde a una colonia altiplánica trasladada para realizar faenas agrícolas, en este caso en una localidad situada al interior de la costa, a una distancia semejante a las ubicaciones de Azapa 15 y Lluta 13 respecto del Pacífico (Figura 2).

Sobre Playa Miller 4 disponemos de una abundante información que da cuenta del carácter local de la población ahí enterrada, a través de sus textiles y cerámica, entre otros elementos culturales yungas occidentales desde el período Intermedio Tardío hasta el Colonial temprano (Focacci s.f.). Su registro evidencia un elevado número de tumbas que presentaban diademas de plumas de pelícanos junto con los aperos clásicos de la extracción de moluscos, pesca de peces y caza de lobos marinos (modelos de balsas de tres palos, arpones, pesas y lienzas, capachos, etc.), (Horta 2010). La cerámica es mayoritariamente local (ollas de base apuntada, jarros globulares en sus variantes decorada y no decorada y jarras decoradas; estilos San Miguel, Pocoma y Gentilar), pero también se pueden observar escudillas engobadas de rojo, escudillas Saxamar e incluso –muy excepcionalmente– piezas cuzqueñas. Además hay que mencionar la presencia sincrónica de los diferentes tipos de queros mencionados más arriba: lisos, incisos, con felinos volumétricos, y los con tallas de lagartijas y personajes (querosArica). Al igual que Azapa 15 y Chaca 5, Playa Miller 4 presenta –aunque en porcentajes muy bajos– gorros en aduja con y sin diseño estandarizado; desgraciadamente el registro indica ausencias y descripciones poco claras, dificultando grandemente su definición y la presencia real de este tipo de gorro en los contextos funerarios de este cementerio (Tablas 1 y 2).

Tabla 1. Resumen de la presencia de gorros en aduja troncocónicos por cementerio. Presence of spiral-coiled headdresses by cemetery.

En contraste con Playa Miller 4, en el cementerio de Playa Miller 6 ya no existe la cerámica o textilería Arica, sino sólo tejidos y ceramios foráneos con influencia altiplánica (cerámica Chilpe y Saxamar), e inca (chuspas con asa, escudillas y aríbalos), típicos del período Tardío. Entre las ofrendas de Playa Miller 6 se dan por igual los cabezales de arpón y las plomadas (33%), y su 20% de anzuelos de metal es el segundo índice más alto de todos los cementerios de costa. Todo esto corrobora el carácter pescador de los enterrados allí y apoya la idea de su especialización en el secado de pescado. Los capachos son otra prueba indirecta de ello: su presencia en el 53% de sus contextos funerarios es la más alta de todo Arica y Azapa, y bien pudo ser utilizado en el transporte de pescado a Lluta (collcas de Guaylacán; Barraza y Cortez 1995) o a los silos del poblado Alto de Ramírez en Azapa, o bien a los poblados ubicados en la sierra de Arica. En el ámbito de los gorros, vemos que Playa Miller 6 se destaca por no poseer gorros en aduja con diseño estandarizado (variante "A" de dicho tipo de tocado); por el contrario, junto con su 13% de diademas de plumas de pelícano, el otro tocado con alto índice (10%) es el gorro en aduja sin diseño o con diseños geométricos muy simples. Respecto al 70% de presencia de cerámica altiplánica en Playa Miller 6, sólo comparable con el 30% de Lluta 13, hay que indicar que se trata del mejor rasgo diagnóstico respecto de la ubicación cronológica de estos dos cementerios –fines del Tardío y comienzos del período Colonial–, ya que prácticamente carecen de ofrendas que incluyan cerámica de Valles Occidentales16.

Respecto del único ejemplar hasta ahora conocido de Camarones 9, se trata de un gorro troncocónico con diseño estandarizado y un penacho de plumas blancas, y proviene de una tumba perteneciente a un adulto masculino de edad entre 30 y 35 años. Este cementerio se ubica 100 km al sur de Arica, en la desembocadura del río del mismo nombre. Sus ajuares y ofrendas se componen de cerámica incaica y altiplánica, así como de mantas de grandes dimensiones que envuelven los cuerpos y son cosidas en el frente del fardo (Ulloa et al. 2000), rasgo que ya había sido observado en los entierros de Chaca 5, y considerado en general como un rasgo diagnóstico del Tardío por Dauelsberg (1972). Por otra parte, es necesario destacar la existencia en la tumba 1 de este cementerio del tope superior de un gorro de este tipo, un cordón torcido de fibra vegetal, así como un penacho de plumas blancas, objetos que en conjunto son característicos de los adornos agregados ocasionalmente a los gorros en aduja con decoración estandarizada, lo que hace suponer que tal gorro existió, pero sufrió descontextualización en algún momento.

Los dos ejemplares sin diseño de Lluta 13 provienen de un total de diez tumbas con contexto, de los cuales el componente cultural Arica también se encuentra ausente, no así una serie de elementos que denotan origen altiplánico y/o cusqueño (aríbalos, tupus, cerámica altiplánica, etc.) del período Tardío. El 20% de frecuencia del gorro en aduja sin diseño estandarizado registrado en este cementerio sólo es comparable con el 10% de Playa Miller 6; a la vez, tanto Lluta 13 como Playa Miller 6 y Playa Miller 2 coinciden en que sus tumbas sólo contienen gorros sin diseños estandarizados, a diferencia de lo que ocurre con Azapa 15, Chaca 5 y Playa Miller 4, en donde surgen ambos tipos de gorros, con preponderancia de los con diseño en Azapa 15 y Chaca 5.

El único gorro en aduja de Playa Miller 2 –consultado en las Tablas 1 y 2– se trata de un tocado cuya decoración difiere de lo que he establecido como diseño estandarizado y que ya ilustráramos en las Figuras 3 y 5; según lo observado corresponde a una decoración compuesta de un solo motivo geométrico (gancho de base escalonada) dispuesto en bandas diagonales y no al interior de triángulos como hemos visto para el diseño estandarizado17 (Figura 7a). El interés de este gorro en específico radica en dos situaciones especiales; por una parte, corresponde a la tumba 2 de la segunda excavación realizada por Mostny (1943) en Playa Miller 2, la cual contenía aparte del gorro en aduja una diadema de plumas de pelícano y una insignia de metal, objetos que se pueden apreciar en las Figuras 7b y c. Por otra parte, durante una pasantía realizada en el marco de la investigación de mi tesis doctoral pude analizar en dos diferentes museos bolivianos gorros muy semejantes al encontrado en la costa ariqueña, aunque se trata de ejemplares sin contexto: uno de ellos pertenece al Museo Eduardo Rivas de Oruro (Figura 8a), y el otro al Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF) de La Paz (Figura 8b).

En suma, durante el período Tardío la variante "A" del gorro troncocónico se distribuye focalizadamente en cementerios ubicados al interior de los valles de Azapa y Vítor (Azapa 15 y Chaca 5), con una presencia débil en los costeros de Playa Miller 4 y Camarones 9, y ausencia total en Playa Miller 6 y Lluta 13. Por su parte, la variante "B" alcanza un alto porcentaje en Lluta 13 y Playa Miller 6, bastante más débil en Playa Miller 2 y Chaca 5, y prácticamente es inexistente en Playa Miller 4 y Azapa 15. En este recuento, lo más llamativo es el contraste de frecuencia que presentan dichas variantes en los ajuares funerarios de Azapa 15 y Chaca 5, por un lado, y de Playa Miller 6 y Lluta 13, por el otro: donde más frecuente es la variante "A", es donde más escasa es la variante "B". Dichas diferencias podrían explicarse tentativamente por dos razones, no excluyentes entre sí: una correspondería a la ubicación temporal de todos estos cementerios, entre los cuales hay algunos utilizados desde el Intermedio Tardío en forma ininterrumpida hasta el Tardío y tiempos postconquista; otros en cambio, serían producto de acomodos hechos durante el período Tardío y el Colonial temprano. La otra razón podría obedecer al distinto lugar de origen de los habitantes altiplánicos enterrados en Playa Miller 6 y Lluta 13 durante el período Tardío –presumiblemente del territorio Pacaje– tal como se verá más adelante.

Figura 7. Tumba 2 de Playa Miller 2, (a) gorro 121 en aduja troncocónico con diseño de ganchos; (b) diadema de plumas de pelícano 12.779; (c) insignia-tumi 12.780 (Museo Nacional de Historia Natural, MNHN, Santiago); fotos de la autora. Tomb 2 from the Playa Miller 2, (a) spiral-coiled headdress #121 with hook design; (b) pelican-feather headband #12.779; (c) frontal-tumi pennant #12.780 (Museo Nacional de Historia Natural, MNHN, Santiago). Photographs by the author.

Figura 8. (a) Gorro en aduja troncocónico con diseño de ganchos: ejemplar MMOOR 01504 del Museo Eduardo Rivas de Oruro, Bolivia; foto de la autora. (b) Gorro en aduja troncocónico con diseño de ganchos: ejemplar sin contexto del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF), La Paz. (a) Spiral-coiled headdress with hook design: catalogue number MMOOR 01504 from the Museo Eduardo Rivas, Oruro, Bolivia, photograph by the author. (b) Spiral-coiled headdress with hook design: without archaeological context, belonging to the Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF), La Paz.

Por otra parte, la menor presencia de la variante "A" de este tipo de gorro en Playa Miller 4 y Camarones 9 se explicaría por el hecho de que ambos cementerios fueron lugares de entierro de pescadores camanchacas en forma continua desde el Intermedio Tardío hasta el propio arribo hispano. El gorro en técnica de aduja en estos contextos pareciera significar la adopción simbólica del tocado foráneo por parte de curacas locales, lo cual se reflejaría en el uso o posesión redundante de tocados: por una parte, se usa el propio e identitario (diadema de plumas de pelícano), y por otra, el gorro en aduja con diseño estandarizado. Efectivamente, hay información arqueológica al menos sobre dos casos: en la tumba 125 de Playa Miller 4 (MASMA) apareció un gorro en aduja (no está claro si se trataba de la variante "A" o "B"; ver Tabla 2) junto a una diadema de plumas de pelícano. Igualmente, entre las posesiones de la momia encontrada por Blake (1876) –en un tramo de Playa Miller que parece corresponder a la designación moderna de Playa Miller 4– no sólo figuraba un gorro troncocónico polícromo con diseño estandarizado, sino también una diadema de plumas de pelícano en su variante compleja, semejante a las provenientes de Camarones 9 (Horta 2000, 2010). En este segundo caso, ambos tocados fueron encontrados excepcionalmente in situ, sobrepuestos en la cabeza de un individuo varón de elite, además del disco de una posible orejera de metal depositada al interior de una chuspa incaica con asa, todo lo cual respalda la condición de elite del individuo enterrado (Figuras 9a, b y c). Adicionalmente, en un contexto de Chaca 518 ha aparecido la variante "A" de este mismo tipo de gorro, acompañado por la insignia circular de metal o tincurpa (Horta 2008, 2010); lo mismo podría ser señalado en el caso de la tumba 132 de Playa Miller 4 (ver Tabla 2), en cuyo contexto también parece haber figurado una insignia semejante.

Los Dibujos de Guaman Poma de Ayala

Ahora bien, observando los dibujos de la crónica de Guaman Poma es posible establecer la existencia de otros tipos de tocados, distintos claramente del llautu y del casco guerrero, que señaláramos como tocados incas imperiales por excelencia. La escena que representa al Inca y el Consejo Real del Tahuantinsuyu es muy ilustrativa al respecto (Lám. 366; aquí Figura 10). En ella es posible observar que sólo el Inca y dos miembros de su linaje –que lo flanquean– portan llautu, mientras que los representantes de los cuatro suyus exhiben cada uno un tipo diferente de tocado. A la izquierda del Inca se presentan simultáneamente los dos representantes del Collasuyu, con gorro troncocónico y gorro hemisférico respectivamente; a continuación de éstos vemos al representante del Cuntisuyu con cintillo con una flor (¿?) en el centro; a la derecha del Inca, en cambio, se observa al representante del Chinchaysuyu con un tocado compuesto de cintillo con aplicación en forma de herradura, mientras que el habitante del Antisuyu porta cintillo con plumas.

En otras múltiples escenas dibujadas por Guaman Poma podemos apreciar los mismos tipos de tocados asociados consistentemente a los mismos personajes: cintillos cefálicos ornando la cabeza de personajes del Chinchaysuyu (Figura 11 ) y del Cuntisuyu (Figura 12), mientras que el cintillo con plumas corresponde al atuendo de los habitantes del Antisuyu (Figura 13), y los gorros troncocónicos y gorros hemisféricos forman parte invariablemente de la indumentaria de dignatarios del Collasuyu (aquí Figura 14; Guaman Poma de Ayala 1980 [1615]:165, 289, 320); estos últimos habrían sido llamados chucu en forma genérica en base a la definición que más arriba citamos del diccionario Anónimo (1951 [1586]:119) (Láminas 147, 171, 272, 295, 326). Por su parte, el cintillo cefálico que aparece vinculado tanto a los habitantes del Chinchaysuyu (con insignia en forma de herradura en la frente), como a los del Cuntisuyu (con aplicación central en forma de flor), es el tocado que mejor calza con la definición de pillu (Láminas 171, 295)19. En suma, estas escenas corroboran visualmente lo que Pizarro expresara con palabras: "Los naturales de este reino eran conocidos en los trajes, porque cada provincia lo traía diferente de la otra, y tenían por afrenta traer traje ajeno" (Pizarro 1986 [1571]:112).

Figura 9. (a) Disco de posible orejera, (b) gorro en aduja troncocónico con diseño estandarizado y (c) diadema de plumas de pelícano en su variante compleja, excavados en la "bahía de Chacota" por Blake (reproducido de Blake 1876: figs. 3, 4 y 6). (a) Possible ear-spool disk, (b) spiral-coiled headdress with standardized design and (c) pelican-feather headband, complex type, excavated from the "bahía de Chacota" by Blake (reproduced from Blake 1876: figs. 3, 4 and 6).

Figura 10. Detalle de la Lámina 366 de Guaman Poma de Ayala con el Inca y los representantes de los cuatro suyus.
Detail from Plate 366 from Guaman Poma de Ayala: the Inka and representatives from the 4 suyus.

El Chuco Altiplánico en los Textos Documentales

Se podría argumentar que las ilustraciones de Guaman Poma pudieron haber sido hechas "para la ocasión", y de esta manera restarle crédito a lo que dibuja el cronista. Sin embargo, el registro arqueológico del norte de Chile –con su amplísima gama de materiales orgánicos conservados– indica lo contrario: Guaman Poma no idealiza ni altera las formas; sus ilustraciones parecen ser reflejo fiel de la usanza de la vestimenta de al menos un siglo antes de su propia época. Frente a la validez que reivindico para las ilustraciones de Guaman Poma, creo cuestionable la veracidad del juicio emitido por Pizarro, respecto a que los indígenas habrían tenido "por afrenta traer traje ajeno": más bien parecería ser un eco distante de la relación de los propios españoles respecto de sus trajes y las restricciones impuestas a éstos. Tal como ya se mencionara, en Valles Occidentales no es un fenómeno aislado encontrar contextos funerarios en los cuales el difunto figura acompañado de más de un tipo de tocado, en ocasiones con dos dispuestos sobre la cabeza, o con sólo uno y otro (u otros) depositados a un costado. Por otra parte, las imágenes de Guaman Poma se ven reforzadas adicionalmente por los comentarios y las observaciones de otros cronistas tempranos, tal como veremos a continuación.

Las menciones de Cieza de León

…y por esto se usaba en todo el reino, lo primero, lo de las señales en las cabezas diferentes unas de otras, porque si eran yungas andaban arrebozados como gitanos, y si eran collas, tenían unos bonetes como hechura de morteros, hechos de lana, y si canas, tenían otros bonetones mayores y muy anchos […] por manera que así éstos como todos los demás eran conocidos por estas que tenían por insignia, que era tan buena y clara que aunque hubiera juntos quinientos mil hombres claramente se conocieran los unos a los otros" [énfasis míos] (Cieza de León 1996 [1553], Cap. XXIII).

…y andan vestidos los naturales de la provincia de Paria como todas las demás, y traen por ornamento en las cabezas un tocado a manera de bonetes pequeños hechos de lana (Cap. CVI). (Acerca de los Canas) … y en la cabeza usan ponerse unos bonetes de lana, grandes y muy redondos y altos (Cap. XCVIII). (Acerca de los Collas): En las cabezas traen puestos unos bonetes a manera de morteros, hechos de su lana, que nombran chucos (Cap. C; "De lo que se dice de estos collas, de su origen y traje, y cómo hacían sus enterramientos cuando morían).

Figura 11. Detalles de Láminas 17 y 434 de Guaman Poma de Ayala con representantes del Chinchaysuyu. Details from Plates 17 and 434 from Guaman Poma de Ayala with the representatives from Chinchaysuyu.

Figura 12. Detalles de Láminas 173 y 335 de Guaman Poma de Ayala con representantes del Contisuyu. Details from Plates 173 and 335 from Guaman Poma de Ayala with representatives from Contisuyu.

Figura 13. Detalles de Láminas 169 y 324 de Guaman Poma de Ayala con representantes del Antisuyu. Details from Plates 169 and 324 from Guaman Poma de Ayala with representatives from Antisuyu.

Figura 14. Detalle redibujado de la Lámina 272 de Guaman Pomade Ayala con los dos representantes del Collasuyu. Detail redrawn from Plate 272 from Guaman Poma de Ayala with the two representatives from Collasuyu.

En cada una de estas menciones se habla de "lana" como el material utilizado, y respecto a la forma del gorro se utiliza el término "bonete" y "bonetón". Bonete es usado en la descripción de los gorros de collas y de los habitantes de la provincia de Paria, y bonetón para los canas. Al mismo tiempo –y tras ello– se explicita una diferencia en la forma del mismo, dependiendo del grupo étnico que lo usa (bonete pequeño en forma de mortero por parte de los collas y los "parias", versus bonetón grande, redondo y alto por parte de los canas).

Mención de Pizarro

Estos indios de estas provincias del Collao… traen los cabellos largos y encriznejados los varones y mujeres. Los de una parte de la laguna [de Chucuito, hoy lago Titicaca] traen unos bonetones en las cabezas, de alto de más de un palmo, tan ancho de arriba como de abajo; los de la otra parte traen los bonetones de arriba angostos y de abajo anchos, como morteretes, de lana negra. Otros que confinan con éstos, que se llaman carangas y aullagas y quillacas, traen estos morteretes de labores de lanas de colores [...] Los charcas, que están más adelante, traen los cabellos hechos crisnejas y unas redecillas alrededor de las cabezas, de unos cordones de lana colorada, con un cordón de lo mismo que les baja por debajo de la barba asido a la redecilla. (Tienen casi todos una lengua, sino son estos charcas que diferencian algo, y otros que se dicen amparáes diferencian asimismo en la lengua) [énfasis mío] (Pizarro 1986 [1571]:111, Cap 16).

Esta mención establece una diferenciación decisiva al interior de los distintos tipos de gorros usados por los indígenas del Collao. No obstante, la delimitación espacial establecida entre "los de una parte de la laguna" y "los de la otra parte" no es clara y ofrece problemas de interpretación, dependiendo de si planteamos una división longitudinal del lago (este/oeste), o si pensamos en una transversal (norte/sur). Conviene destacar que Lizárraga utiliza la misma expresión diferenciando a dos sectores del lago cuando habla de los puquinas que vivían fundamentalmente en su parte oriental:

[…] desde el pueblode Ayaviri que dijimos ser el primero del Collao, tomando sobre la mano izquierda, comienza el camino y se sigue la provincia llamada Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna de Chucuito" [énfasis mío] (de Lizárraga 1909 [1606]:542 Cap. LXXXIX).

En este caso, nuevamente la división es longitudinal, denotando una mitad oriental y una occidental para el lago Titicaca. Asimismo, tanto los collas en el norte de dicho lago como los pacajes en el sur parecen haber ocupado territorios en franjas continuas, vale decir, en ambas mitades del lago (aquí Figura 15; Julien 2004; Pärssinen 1992). Bouysse-Cassagne sostiene además que los señoríos circunlacustres –con la excepción de los lupacas– habrían sido bipartitos, componiéndose de dos mitades, Omasuyu y Urcusuyu (Bouysse-Cassagne 1987:209), y a ello hace precisamente referencia Lizárraga en la cita anterior. Por otra parte, si consideramos la posibilidad de que Pizarro hubiese pensado en una división norte/sur del espacio circunlacustre, los lupacas corresponderían al reino ubicado al occidente del lago, en una posición intermedia entre collas (al norte) y pacajes (al sur).

En todo caso, para las poblaciones de ambas regiones del lago (no precisadas claramente como hemos visto) se emplea la palabra "bonetones": uno de los grupos habría portado un gorro de paredes rectas (tan ancho de arriba como de abajo), mientras que los otros también habrían usado bonetes –pero con una precisión importante– en forma de "morteretes", los cuales son descritos como de arriba angostos y de abajo anchos, que en términos visuales corresponde a la forma troncocónica. Nótese que Cieza no hace esta precisión en relación con los bonetones del primer grupo circunlacustre (canas), ya que afirma que éstos son "redondos". Por lo mismo, la importancia de la cita de Pizarro reside en que –a pesar de la nebulosa asignación de su división espacial– la relación acerca del uso de tocados según "partes" del lago señala dos grupos que establecían diferencias entre sí precisamente por medio de la forma del gorro que usaban; Cieza, por su parte, agrega el dato adicional acerca de que los canas habrían usado bonetes grandes y muy redondos y altos. En consecuencia, analizando en conjunto las descripciones de Pizarro y Cieza podemos colegir que la diferencia esencial era formal: chucu redondo o hemisférico versus chucu tronco-cónico. Por el contexto, debemos suponer que los dos grupos se encontraban más o menos cercanos espacialmente, o quizás en directa vecindad. Luego, Pizarro procede a establecer una nueva diferencia, que es tanto o más importante que la anterior: dice que los gorros como morteretes (troncocónicos), usados por los señoríos ubicados de la otra parte de la laguna, eran de lana negra, lo cual –de acuerdo con los matices naturales del vellón de camélido– debe ser entendido como de un color oscuro, básicamente café (hasta aquí contamos entonces con una variable formal y otra cromática). En este punto es especialmente importante el pasaje en que menciona a "los que confinan con éstos", porque en relación con los dos anteriores está estableciendo un tercer grupo compuesto por los señoríos ca-rangas, aullagas y quillacas, que tendrían límites espaciales compartidos con los señoríos del grupo dos (Figura 15). Esto significa que el "grupo dos" no puede ser otro que el de los pacajes ubicados más al norte, con los cuales comparten el gorro de forma troncocónica. Aquí surge entonces una nueva diferencia: ésta ahora radica en que el tercer grupo usa "morteretes" polícromos y con "labores", vale decir, decoración o diseños20.

Figura 15. Mapa de los Andes y sus grupos étnicos al arribo de los conquistadores (adaptado de Pärssinen 2003:88). Map of the Andes with its ethnic groups at the point of arrival of the Spanish (adapted from Pärssinen 2003:88).

Este pasaje de Pizarro es crucial. No sólo establece con claridad las diferencias de forma, colorido y decoración de los gorros en boga durante el siglo XVI, sino que además bosqueja un límite geográfico al interior del conjunto de aquellos señoríos altiplánicos que usaban gorro troncocónico como atuendo identificador. En base a ello, podemos establecer entonces lo siguiente: este lenguaje visual se habría compuesto por un primer nivel diferenciador constituido por la forma general del gorro (redondo versus troncocónico), y habría señalado simultáneamente las diferencias culturales entre dos grandes grupos altiplánicos (¿canas y collas?), cuya ubicación espacial precisa no conocemos con certeza, pero podría corresponder al área ubicada al norte del lago Titicaca, dividida en sectores norte/ sur; en un segundo nivel diferenciador, al interior del segundo de estos dos grupos –que es el que usaba gorro troncocónico (¿collas?)– habría existido una subdivisión señalada por el uso del color y el diseño. Es aquí, con la especificación de este segundo nivel, donde surge la pista que nos permite reconocer gorros troncocónicos polícromos ("de labores de colores") en el registro arqueológico, lo cual pondría en evidencia la presencia de población de origen probablemente caranga en los valles costeros del extremo norte de Chile.

Afortunadamente, hay otro cronista que viene en nuestro auxilio aportando información respecto a qué tipo de gorro usaban los pacajes. Se trata de la Relación de la Provincia de los Pacajes de Pedro de Mercado de Peñalosa, en cuyo capítulo "Las costumbres de los indios Pacajes" hace el siguiente comentario:

Su traje es manta y camiseta y sus ojotas en los pies; en la cabeza traían un chuco, el cual estaba señalado con una color amarilla, para diferenciarse con los indios de la provincia que usan el mismo chuco. Y el traje y lengua que ahora usan es el que antiguamente usaban... [énfasis mío] (Mercado de Peñalosa 1965 [1586]:338).

Este pasaje contiene la clave para descifrar el tema de la adscripción étnica a través del color y el diseño del tocado entre los señoríos altiplánicos. Tal como lo vimos, Pizarro ya se encargó de establecer la diferencia cromática al interior del segundo grupo circun-Titicaca, de lo cual pudimos deducir que los pacajes eran los portadores de chucos monocromos, y los carangas, aullagas y quillacas los dueños de gorros polícromos y con diseños. Creo que la cita de Mercado de Peñalosa debe ser entendida en los siguientes términos: que los gorros de los pacajes eran monocromos oscuros con líneas horizontales más claras ("señalado con una color amarilla"), lo cual se acerca bastante al amarillo ocre de las líneas de los gorros arqueológicos estudiados; de esta manera, no habría discordancia con los dichos de Pizarro, quien habla de gorros "negros", tal como ya vimos21. Me parece importante destacar el hecho de que ambos cronistas coinciden en manifestar que el gorro usado por los pacajes era monocromo, vale decir, no presentaba policromía ni diseños elaborados; ello refuerza al mismo tiempo la idea de que la principal línea divisoria al interior de los señoríos altiplánicos collas se habría encontrado entre dos grupos circunlacustres (collas y lupacas en el primero, con gorros monocromos; pacajes y los grupos ubicados al sur de éstos en el segundo), y que por otro lado, al interior del segundo grupo habría existido una subdivisión entre pacajes (gorros monocromos con líneas amarillas), y ca-rangas, aullagas y quillacas (gorros polícromos y con diseños). Cuando Mercado de Peñalosa dice que el uso de la señal amarilla o del color amarillo por parte de los pacajes servía para diferenciarse con los indios de la provincia que usan el mismo chuco, no dice cómo era el tocado de los otros, pero implícitamente se entiende que la diferencia radicaba en la presencia o ausencia de color, y no en la forma troncocónica, puesto que ésta era compartida por los habitantes del Collao. Asimismo, en la Descripción y relación de la ciudad de La Paz, de la provincia de Pacajes, encontramos otras dos valiosas menciones al tema:

Traen los ricos y principales unos brazaletes de plata y oro en las muñecas y otros dijes en la frente y en el tocado, el cual hasta agora ha sido unos chucos a manera de copas de sombreros sin falda ninguna, y de algunos años a esta parte todos lo han dejado y se ponen sombreros" [énfasis míos] (Cabeza de Vaca et al. 1965 [1586]:344). Los trajes y vestidos son como arriba he dicho [...] y en la cabeza unos como copas de sombreros sin falda, agusados y llanos por arriba... (Cabeza de Vaca et al. 1965 [1586]:347).

La precisión que se hace en este segundo pasaje es interesante porque ratifica la forma troncocónica: es preciso entender "agusado" como un gorro que se adelgaza hacia arriba, y la mención a un tope llano significa plano, no cóncavo como sería en el caso de un gorro hemisférico.

El Chuco Altiplánico en el Registro Arqueológico Boliviano

De la tabla contenida en la Figura 6a se desprende que el gorro troncocónico monocromo (café oscuro) también es parte del registro arqueológico del extremo norte de Chile, aunque en menor frecuencia respecto del polícromo. A la luz de la información entregada por Pizarro y de acuerdo con la mención de Mercado de Peñalosa me parece plausible plantear que la variante "B" del gorro en aduja podría corresponder al chucu usado por los pacajes. Esta hipótesis se apoya, por una parte, en lo observado recientemente en los museos Regional de Tiwanaku y Nacional de Arqueología (MUNARQ) de La Paz, y por otra, en hallazgos aislados relacionados con chullpas de los alrededores de dicha ciudad. En las colecciones de los museos mencionados pude apreciar dos gorros en aduja sin diseño estandarizado, aunque con un motivo geométrico simple (cruz de lados iguales) muy semejantes a los detectados en Arica (Figuras 16a y b)22. Igualmente importante es la asociación que surge entre otros dos gorros ariqueños, y un ejemplar del Museo de Metales Preciosos Prehispánicos de La Paz: en estos tres casos –por desgracia sin datos de proveniencia– podemos apreciar un diseño geométrico simple dispuesto en pares al interior de cuatro columnas equidistantes (Figuras 17a, b y c).

Por el contrario, sí disponemos de información precisa para un gorro en aduja prácticamente idéntico a los provenientes de Playa Miller 6, el cual fue descubierto durante la excavación de una chullpa en Taramaya, Departamento de La Paz, publicada por Sagárnaga (2007) (Figuras 18a, b y c). Se trata de la torre funeraria o chullpa Nº1, cuya cámara inferior se limpió y excavó, lográndose recuperar restos humanos, cerámicos, metálicos y orgánicos; entre estos últimos hay que destacar dos gorros en aduja, un par de sandalias de cuero, el contenido de hojas de coca de una probable chuspa, dos bolsas pequeñas de cuero conteniendo algo no identificado. Entre los objetos metálicos figura un tupu pequeño y una pinza depilatoria que delatan contemporaneidad con la presencia inca en el Altiplano boliviano. Esta asociación entre gorro en aduja sin diseño estandarizado y chullpa indica a mi juicio que los chucus del Museo Regional de Tiwanaku y del MUNARQ quizás también pudieron provenir de contextos chullparios de la zona pacaje. Conviene recordar que la construcción de chullpas –junto con el patrón de entierro en cistas circulares y rectangulares– son rasgos culturales propios del Altiplano, y ambos patrones han podido ser verificados arqueológicamente entre lupacas y pacajes (Hyslop 1976). Para el territorio caranga la información arqueológica publicada se ha visto recientemente incrementada con las investigaciones de Pärssinen en Caquiaviri, quien señala la presencia de chullpas cuadrangulares de adobe para la zona (Pärssinen 2005), lo cual complementa los datos aportados anteriormente por D’Orbigny (2002 [1826-1833]) y Gisbert (1994).

Figura 16. (a) Gorro en aduja sin diseño estandarizado, Museo Regional de Tiwanaku, Bolivia; foto de la autora. (b) Gorro en aduja sin diseño estandarizado 10.287, Museo Nacional de Arqueología, La Paz, Bolivia; foto de la autora.(a) Spiral-coiled headdress without the standardized design, belonging to the Museo Regional de Tiwanaku, Bolivia, photograph by the author. (b) Spiral-coiled headdress without the standardized design #10.287, belonging to the Museo Nacional de Arqueología, La Paz, Bolivia; photograph by the author.

Por otra parte, el estudio de Métraux acerca de los chipayas entrega una demostración indirecta e imprevista del vínculo entre gorros en técnica de aduja o coiled y los enterrados en chullpas; en uno de sus pasajes se puede leer cómo identifica la técnica de los gorros que aún portaban los cuerpos encontrados por él en torres funerarias de la zona caranga:

Figura 17. (a) Gorro en aduja sin diseño estandarizado, ejemplar 135 (¿?) del cementerio Lluta-13, Colección Manuel Blanco Encalada, foto de archivo CBME. (b) Gorro en aduja sin diseño estandarizado, ejemplar 30587 sin contexto del Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa, Arica; foto de la autora. (c) Gorro en aduja sin diseño estandarizado, ejemplar sin contexto de la colección Sempere del Museo de Metales Preciosos Precolombinos de La Paz, Bolivia; fotografía de la autora. (a) Spiral-coiled headdress without the standardized design, #135 (?) Lluta 13 cemetery, belong to the Colección Manuel Blanco Encalada; archival photograph from CMBE. (b) Spiral-coiled headdress without the standardized design, #30587, without archaeological context, belonging to the Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa, Arica, photograph by the author. (c) Spiral-coiled headdress without the standardized design, without archaeological context, belonging to the Sempere Collection of the Museo de Metales Preciosos Precolombinos de La Paz, Bolivia; photograph by the author.

De la cabeza de un buen número de momias de las chullpas próximas a Iscara y a Huachacalla recogí casquetes de hilo cuya técnica –sin relación alguna con las mallas de punto de los gorros modernos– presentaba por el contrario mucha analogía con lo que en cestería ha recibido el nombre de coiled (cestería en espiral) [énfasis mío] (Métraux 1935:120).

Discusión y Conclusiones

En el marco de una publicación centrada en gorros prehispánicos, José Berenguer presentó en su momento un sugerente análisis acerca de la escena del Consejo Real de Guaman Poma; en dicho artículo comentaba en los siguientes términos la cita de Pizarro que ya analizáramos anteriormente:

Uno de estos gorros, el "tan ancho de arriba como de abajo" no se ha registrado hasta ahora en los cementerios del norte de Chile y quizás debería buscarse en la vertiente oriental de los Andes. El otro, "de arriba angostos y de abajo anchos", evoca fuertemente al gorro con forma de cono truncado o de fez turco, que los arqueólogos han encontrado en varias regiones del desierto chileno (Berenguer 1993:60).

Tal como se puede ver, este autor ya planteaba las cuestiones básicas que he abordado en el presente trabajo, aunque sólo ahora y por medio de los datos conjuntos aportados en él se propone una definición étnica precisa para ellos. Lo mismo se puede decir respecto de las interesantes observaciones realizadas por Catherine J. Julien en relación con los tocados de los qollas; según éstas, el tocado ("sombrero alto sin ala que se estrechaba hacia la cumbre") habría definido dicha identidad, aunque la documentación consultada por ella (Cieza de León, básicamente) no le permitiese aclarar el tipo de gorro usado por los habitantes del área ubicados al sur de Pacajes (Julien 2004:22-24).

De acuerdo con los objetivos iniciales de este trabajo he presentado datos de diversa naturaleza (arqueológicos, visuales cronísticos y documentales), que se refuerzan recíprocamente y en conjunto apoyan la hipótesis más general de la identificación étnica por medio del uso de tocados específicos, y otra más circunscrita al uso diferencial de éstos por parte de los señoríos altiplánicos. Dicho uso diferencial de primer nivel entre dos grupos (uno de ellos identificado como pacaje), y en un segundo nivel, entre pacajes y carangas presenta implicancias que involucran a las poblaciones preincaicas del norte de Chile: la presencia del gorro troncocónico polícromo con decoración estandarizada en tumbas locales evidenciaría que población del altiplano sur (concretamente caranga) residía como colonias de mitimaes en los valles de Azapa (Azapa 15 o poblado de Alto Ramírez) y Vítor (Chaca 5), en forma segregada de la población yunga, verificando así –y al mismo tiempo ampliando– arqueológicamente los planteamientos de Durston e Hidalgo (1997). De esta forma –aplicando la tesis de los autores mencionados acerca de la verticalidad escalonada– la aldea de Azapa 15 podría haber correspondido a un "centro secundario", poblado permanente de "más de 100 indios" establecido desde algún "centro primario", con funciones productivas, redistributivas y de "control estratégico"23. Tal como plantean Durston e Hidalgo para este tipo de centros, aquí pudo haber residido un curaca no local que habría dependido directamente del señor de algún centro primario ubicado en la zona altiplánica (Durston e Hidalgo 1997:255).

Figura 18. (a) Gorro en aduja sin diseño estandarizado, chullpa 1 de Taramaya, Departamento de La Paz (reproducido de Sagárnaga 2007:51); (b) gorro en aduja sin diseño estandarizado e hilados rojos sobrepuestos, ejemplar 3693 de la tumba 28 de Playa Miller 6 (MASMA), foto de la autora; (c) gorro en aduja sin diseño estandarizado Nº51 de Playa Miller 6 sin contexto, foto de la autora. (a) Spiral-coiled headdress without standardized design, from chullpa 1 in Taramaya, Department La Paz, (reproduced from Sagárnaga 2007:51); (b) headdress #3693 without the standardized design and encircled by a hank of loose red yarn, from Tomb 28 of cemetery Playa Miller 6 (MASMA), photograph by the author; (c) spiral-coiled headdress without the standardized design, #51, from Playa Miller 6 cemetery, without archaeological context, photograph by the author.

Otras circunstancias que no es posible abordar en profundidad aquí, indican que este poblado alcanzó a existir como tal por lo menos hasta 1540, fecha del otorgamiento de sus respectivas encomiendas a Lucas Martínez Vegazo y Lope de Mendieta, o incluso hasta un par de décadas más tarde. El carácter de colonia altiplánica para Azapa 15 (y tentativa-mente para Chaca 5, ya que no se ha descubierto aun el poblado asociado a este cementerio de valle), se ve reforzado por los datos arqueológicos. Tal como ya hemos visto, el chucu troncocónico (con sus variantes "A" y "B") no se presenta como un elemento aislado en los ajuares de dichos cementerios, sino como un rasgo específico al interior de un conjunto de elementos configurados de una manera precisa; conjunto que difiere del uso y las prácticas locales, tales como la forma de envolver al muerto en una manta de grandes proporciones y cerrar el fardo por medio de una costura en el centro, la presencia de cerámica Saxamar y Chilpe, así como de un aríbalo engobado rojo con un diseño característico compuesto de aspas negras24, queros de paredes lisas y queros catari, túnicas enteramente listadas en colores naturales y fajas tejidas a telar que son usadas para ceñirlas (Horta 2010, 2011). Por lo tanto, no se trata de artefactos aislados que pudieran ser obtenidos como símbolos de estatus, sino de un conjunto de rasgos culturales que denotan a un grupo foráneo.

Las diversas fuentes consultadas han constituido un camino alternativo que nos ha permitido aproximarnos a la definición de los diferentes grupos étnicos del área circun-Titicaca, y ello ha ocurrido por medio de los tocados distintivos que éstos usaban en tiempos de la Conquista; de acuerdo con ello, los pacajes habrían poseído gorros monocromos sin diseño estandarizado (variante "B"), o eventualmente gorros monocromos "señalados con una color amarilla" (líneas horizontales y otros motivos geométricos simples) en contraposición a los aullagas, carangas y quillacas, quienes les habrían incluido diseños (variante "A"). Si tomamos en cuenta que el conjunto de las evidencias arqueológicas de Playa Miller 6 señalan su condición de pescadores camanchacas tardíos y coloniales tempranos, habría entonces que deducir nexos establecidos con pacajes, hipótesis que se ve además apoyada por la manifiesta semejanza que presentan el gorro de Lluta 13 y el de la Colección Sempere (Figuras 17a, b y c), así como los gorros de Playa Miller 6 con el de la chullpa de Taramaya (Figuras 18a, b y c).

De esta manera, la información aportada por los gorros arqueológicos parecería verificar la existencia del acceso interdigitado en el caso de al menos dos reinos altiplánicos (Pacaje y Caranga), a nichos con diferentes condiciones de explotación económica en el extremo norte de Chile, tales como –por una parte– los valles costeros de Azapa, Lluta y Vítor, y por otra, a la costa misma (Arica y Camarones). Conviene destacar el hecho de que el gorro con diseño estandarizado no ha sido detectado más al norte de Arica, ni en el registro del sur del Perú, tampoco en el altiplano paceño. Por el contrario, la variante sin diseño estandarizado sí figura en algunas de las colecciones museológicas bolivianas provenientes de los alrededores de la ciudad de La Paz (Taramaya y Tiawanaku).

Todo indica que el análisis etnoarqueológico de los tocados prehispánicos podría convertirse en la "prueba arqueológica" de las distintas expresiones identitarias que existieron en los Andes en tiempos prehispánicos; es en este marco general donde el gorro troncocónico –con sus dos variedades básicas conocidas hasta el momento– surge como un nuevo elemento denotador de la identidad altiplánica presente en Valles Occidentales durante el período Tardío, verificando lo referido por fuentes históricas de los siglos XVI y XVII.

Agradecimientos. En mi calidad de becaria Conicyt del Programa de Doctorado en Historia con mención en Etnohistoria de la Universidad de Chile recibí la Beca de Apoyo a Asistencia a Eventos y Cursos Cortos en el Extranjero de Conicyt, gracias a la cual pude asistir y participar presentando una ponencia sobre el tema del presente artículo en el VII Congreso Internacional de Etnohistoria celebrado en Lima el año 2008. Igualmente, expreso mis agradecimientos al Proyecto Mecesup UCHILE 0602, con cuyo financiamiento pude llevar a cabo una pasantía en Bolivia en el año 2009, durante la cual visité museos en La Paz, Sucre, Cochabamba, Oruro y Tiahuanaco. Agradezco también muy sinceramente la cálida recepción que me brindaran en Perú Antonio Quispe, director del Museo Contisuyu de Moquegua, así como las colegas Yamilex Tejada y Patricia Palacios, durante mi visita y consulta acerca de los gorros preservados por dicho museo en el año 2004. Lo mismo tiene validez para los siguientes museos bolivianos visitados durante el año 2009-2010: Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF), y los colegas Freddy Taboada y Gustavo Suñavi; Museo Nacional de Arqueología de La Paz (MUNARQ), y su director Pablo Rendón; Museo Antropológico de la Universidad Mayor de San Simón, y su directora María de los Ángeles Muñoz; Museo Antropológico Eduardo López Rivas" de Oruro, y su director Juan Aguirre Solano, quienes me facilitaron amablemente el acceso a sus respectivas colecciones. Respecto a los museos nacionales agradezco la valiosa colaboración prestada por los siguientes colegas: Oscar Espoueys, Eliana Durán y José Miguel Azócar (MNHN de Santiago); Pilar Alliende (MCHAP); Marietta Ortega, Teresa Cañipa y Gustavo Espinosa (MASMA); Francisco Téllez (MRI). Expreso igualmente mis agradecimientos a José Luis Martínez, cuyas observaciones me obligaron a repensar puntos importantes de este trabajo, con los cuales creo se ha visto enriquecido. Tampoco podría dejar de agradecer la labor de los evaluadores anónimos de este manuscrito, quienes le dedicaran una detenida lectura y realizaran útiles observaciones.

Notas

1Conviene destacar lo que se entendía por “insignia” en el siglo XVII: “La señal que uno lleva para ser diferenciado de los demás, como en las cofradías de sangre la insignia de las plagas, de la quinta angustia, de la soledad, etc. Insignias, el ornato y aparato que llevan los magistrados y otras personas para ir señaladas y conocidas, porque nadie ignore sus dignidades y oficios y sean respetados” [énfasis mío] (Covarrubias 1611:738).

2 (a) Pillu: corona o cordón que usan algunas naciones de indios ponerse a la cabeza para apretar el cabello, difiere del que llaman llauto, o cualquier corona de flores, o de oro (Bertonio 1984 [1612]:365); corona de indios rolliza,de lana que traen en la cabeza (Anónimo 1951 [1586]:70); Corona: pillu (Anónimo 1951 [1586]:127), Coronado: pillurichisca (Anónimo 1951 [1586]:127), Coronar: pillurichini (Anónimo 1951 [1586]:127); (b) Llautu: es un cíngulo largo, que dan muchas vueltas, que se ponen los del Cuzco en la cabeza, y cada nación se diferencia, por lo que traen en la cabeza (Anónimo 1951 [1586]:54); Pillaca llautu: llauto de los ingas, tejido de diversos colores (Bertonio 1984 [1612]:265); (c) Chucu: bonete de indios, sombreros o casquetes (Anónimo 1951 [1586]:38); Chucu: bonete, o sombreros antiguos (González-Holguín 1952 [1608]:557); Chuco o tanca: bonete, cobertura de la cabeza; Chuco: capacete, armadura de la cabeza (Domingo de Santo Tomás 1951 [1560]:272); Bonete de indios collas: chucu (Anónimo 1951 [1586]:119); Cara chucu: casquete de cueros (Anónimo 1951 [1586]:22); Umachucu: el casquete de cuero de indios
(González-Holguín 1952 [1608]:557).

3 Mazcca paycha: borla que era insignia real, o corona de rey (González-Holguín 1952 [1608]:232). Cobo, por su parte, la describe de la siguiente forma: “La borla (insignia real que en lugar de corona o diadema traía siempre) se decía maxcapaycha; era colorada, de lana finísima, ancha de cuatro dedos y gruesa uno; traíala cosida en el llauto y colgada en medio de la frente, y llegábale hasta las cejas; estaba esta borla de la mitad para arriba metida muy sutilmente por unos canutillos de oro, y la lana que entraba en ellos era hilada y torcida; y de los canutillos abajo, que era lo que caía en la frente, destorcida y por hilar” (Cobo 1964 [1653]:139).

4 “Resultas de la visita secreta [...] en la provincia de Chucuito del […] licenciado fray Pedro Gutiérrez Flores, 1573”, en Hidalgo (2004:418), Mercado de Peñalosa (1965 [1586]), “Documentos para la historia de Arequipa, 1535-1589”; datos de la encomienda de Lope de Mendieta, 1540, en Riviere (1982) y Barriga (1955).

5 Una versión preliminar de este estudio fue realizada originalmente por la autora en el seminario tutorial “Lenguajes andinos y sistemas de registro” dirigido por José Luis Martínez, durante el año 2005 y en el curso de sus estudios en el Programa de Doctorado en Historia de la Universidad de Chile, Santiago. Por otra parte, una versión abreviada del mismo forma parte del Capítulo 13 de su tesis doctoral (Horta 2010).

6 En el Norte Grande de Chile, el punto más austral en donde ha aparecido tal tipo de gorro es Quillagua, en el río Loa, Región de Atacama, tal como se verá más adelante. Por otra parte, en la colección Echeverría Reyes del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires figuran cuatro ejemplares de gorros troncocónicos con diseño estandarizado, tres polícromos y uno en los colores naturales de la fibra de camélido (Iriarte y Renard 1998). Esta colección reúne material recolectado en los “jentilares de Chunchuri, Chiu-Chiu, i ribera del Loa, lugares todos, cercanos a la ciudad de Calama” (carta firmada en 1915 por Echeverría y Reyes con ocasión del traspaso de los objetos al mencionado museo; Iriarte y Renard 1998:84).

7 Se estudiaron las colecciones de los siguientes museos: Museo Arqueológico San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá (MASMA); Museo de Artes Visuales, Santiago (MAVI); Museo Regional de Iquique (MRI); Colección Manuel Blanco Encalada depositada en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago (MNHN); Colección Grete Mostny depositada en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago.

8 Hoces de la Guardia y Brugnoli nos ofrecen la siguiente descripción técnica para este tipo de gorro: "La técnica empleada en la confección de éste y otros gorros similares es una variante de la denominada "técnica de aduja" en cestería. Han sido estructurados anillando con aguja una trama de finos hilados de lana de camélido, la que envuelve un grueso elemento estructural formado por varios hilados de la misma fibra. Mediante este procedimiento, se describe una espiral que genera sucesivos aros, unidos entre sí por las lazadas del anillado" (Hoces de la Guardia y Brugnoli 1993:50).

9 Aquí debemos considerar la información que aporta a este tema el cementerio Azapa-8, sitio excavado donde actualmente se encuentra el predio ocupado por el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa en Arica. Dicha muestra proviene de la excavación y salvataje realizados en 1965 por Oscar Espoueys y Julio Montané, e incluye material inventariado de 86 contextos funerarios pertenecientes a la colección Manuel Blanco Encalada (CMBE): diez tumbas presentaron gorros de cuatro puntas bícromos rojo/azul, lo cual corresponde a un 12% (tumbas LL1’/1, M1/1?, M2/1, M2/2, M3/4, M4/2, N2/1, Ñ3/1, Q1/1, T2’/1); de la tumba M3/4 se realizó un fechado de muestra cerámica, el cual arrojó la fecha de 1440+-60 d.C. (Espoueys 1965).

10 De acuerdo con la información contenida en el inventario de Azapa-15, en las tumbas 58, 64, 84, 92, 98 y 99 se encontró un gorro en aduja por tumba, pero en la tumba 3 figuran dos y en la tumba 5 tres ejemplares. Adicionalmente, otros cuatro gorros perdieron su asignación original a tumba.

11 Latcham (1938:287) señala: "Además de los dos gorros de este estilo ["aterciopelados"], hallamos en el cementerio poniente de Quillagua, de la época atacameña, otros dos de forma y técnica muy distintas. Estos dos tenían forma de gorro turco, de aquellos llamados fez. Eran hermosamente decorados en colores, con dibujos geométricos. Uno de ellos tenía urdimbres de fibras vegetales y trama de hilado de lana. El otro era enteramente de fibra vegetal". Sorprende en este caso la mención de fibra vegetal para el alma oculta del gorro, situación que no es descrita por Hoces de la Guardia y Brugnoli (1993).

12 La clasificación estilística de las piezas cerámicas provenientes de Azapa 15, Playa Miller 6, Playa Miller 4, Playa Miller 2 y Camarones 9 se la debo y agradezco a Mauricio Uribe. Me encuentro igualmente en deuda con Verónica Williams, quien me hiciese llegar por internet su clasificación de los ceramios inca cusqueños de Playa Miller 6.

13 La ergología de explotación marina de Azapa 15 se compone básicamente de anzuelos de metal y plomadas (pesas líticas y lienzas de algodón), mientras que el arpón prácticamente figura sólo en entierros elite. Es el caso de las tumbas 29, 42, 49, 83, 88 y 93, las cuales poseen la mayor parte de los instrumentos de pesca y caza marina del cementerio, indicando con ello que –en este caso– la ergología marina se habría asociado a estatus más que a especialización económica. Esta situación particular me hace pensar que la población altiplánica trasladada a Azapa habría adaptado su tradición de pesca lacustre a la litoraleña, pero no habría practicado la caza del lobo marino y cetáceos por medio de arpones y balsas de tres palos, actividad que requería de gran experticia y conocimiento específico (Horta 2010).

14 Entre las acepciones aymaras para queros de madera Bertonio introduce la variedad catari quero describiéndola como la "que tiene por asilla un león", de lo cual deduzco que se refería a estos queros con pumas tallados tridimensionalmente.

15 La tumba 36 de este cementerio presentó un cierre en forma de bóveda falsa con lajas de piedra, rasgo muy excepcional en la zona de Arica y a la vez, propio del período Tardío (Focacci 1995a [1961]).

16 Las ofrendas cerámicas de Playa Miller 6 son básicamente de estilo Altiplánico tardío (48,9%), Inca cusqueño (12,7%), Saxamar (10,6%), Chilpe (10,6%), un caso Sillustani (2,1%), seis "coquitos" Arica (12,7%) y una olla de estilo Turi Rojo Revestido proveniente de la zona del Loa (tumba 22, pieza 3579). Esta clasificación se basa en una definición parcial realizada por M. Uribe (comunicación personal 2008).

17 Nótese que a pesar de la diferencia de orientación mencionada, el gancho de base escalonada aparece funcionando como unidad básica compartida por ambos tipos de gorros, lo cual refuerza la idea de la integración cultural de sus portadores, que podrían corresponder a alguno de los grupos étnicos situados al sur del lago Titicaca (¿aullagas, quillacas?).

18 Se trata de la tumba 1 de Chaca 5, de claro contenido elite, sobre la cual conviene consignar que de ella proviene un único y probable bastón de mando registrado para Arica (Focacci 1995a [1961]). Este destaca por su carácter foráneo, ya que ni en forma ni material se le puede adscribir a los objetos de estatus conocidos para el Intermedio Tardío local; su material parece corresponder a hueso de taruca o siervo andino, rematando en un tope de metal, siendo hueco el interior.

19 Un pasaje de Cobo también explicita estas diferencias, al mismo tiempo que menciona al pillu como guirnalda: "Los del Cuzco y todos los del linaje de los Incas usaban de cierta ligadura llamada llauto, que era una cinta de lana del anchor de un dedo con algunas vueltas. Los Collas traían unos bonetes de lana justos, pero ahusados, porque así se moldeaban las cabezas [...] Sacando estos Collas, el tocado de todas las otras naciones era en forma de guirnalda, y los más de cordones y ramales con muchas vueltas formadas como una madeja de hilo del tamaño de la cabeza; y se diferenciaban en que unos eran de lana, otros de cabuya (que es su cáñamo), unos más delgados que otros, y unos de un color y otros de otro, con otras diversidades que hacían se diferenciasen los de cada provincia" [el énfasis es mío] Cobo (1964 [1653]:113). Adicionalmente, en la Relación de la provincia de los Collaguas para la descripción de las Indias que su Majestad manda hacer.

Indios de la Corona real de su Majestad, podemos leer esta otra mención igualmente referida al tipo de tocado usado por los habitantes de las riberas del lago Titicaca: "Estos Collaguas, antes de la visita que se hizo por mandado del excelentísimo virrey don Francisco de Toledo, traían en la cabeza unos que llamaban en su lengua chucos, a manera de sombreros muy altos sin falda ninguna, y para que se pudiesen [los gorros] tener en la cabeza, se la apretaban a los niños recién nacidos tan reciamente, que se la ahusaban y adelgazaban alta y prolongada lo más que podían, para memoria que habían las cabezas de tener la forma alta del volcán de donde salieron" [el énfasis es mío] Ulloa Mogollón et al.(1965 [1586]:327 tomo II).

20 En el Diccionario de la Real Academia de España de 1734 (versión en línea www.rae.es) se encuentra la palabra labor: "se llaman los lazos, ramos y diversidad de figuras que se hacen en lo que se trabaja, para su mayor hermosura y ornato" [el énfasis es mío].

21 Vale la pena tener en cuenta qué significaba "señalar" en el siglo XVIII: "poner o estampar señal en alguna cosa, para darla a conocer, o distinguirla de otra, o para acordarse después de alguna especie". Diccionario de la Real Academia de España de 1739 (versión en línea www.rae.es).

22 Desgraciadamente, durante mi visita al Museo Tiawanaku no pude obtener información acerca de su proveniencia, aparentemente se trataría de un ejemplar sin contexto. Respecto del gorro del MUNARQ, cabe consignar que éste se encuentra virado hacia el exterior, circunstancia excepcional que no había sido observada antes por mí en tocados, aunque sí en chuspas o bolsas para hojas de coca depositadas como ofrendas funerarias en la zona de Arica.

23 Debo aclarar que Durston e Hidalgo (1997:255) proponen –en base a documentos– a los centros secundarios como colonias ubicadas en la sierra de Arica. Por mi parte, y basándome en el material arqueológico, planteo que Azapa 15 también podría haber operado como tal, ampliando la propuesta de dichos autores a asentamientos ubicados en valles costeros.

24 Dichas aspas se disponen en la parte frontal del aríbalo y en ocasiones se delinean en color blanco, lo que –a causa de un juego óptico entre figura y fondo– también puede ser leído como un rombo central cuatripartito. Este tipo de aríbalo ha sido registrado en contextos funerarios de Azapa 15, Playa Miller 6, Lluta (Molle Pampa Este) y Camarones 9 (Horta 2010).

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Recibido: febrero 2010. Aceptado: junio 2011.