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Chungará (Arica)

versão On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.42 n.1 Arica jun. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562010000100009 

Volumen 42, N° 1, 2010. Páginas 39-43 Chungara, Revista de Antropología Chilena

IN MEMORIAM

MURRA, EL MAESTRO Y EL AMIGO

 

Jorge Hidalgo L.1*

1 Departamento de Ciencias Históricas, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Santiago, Chile.hidalgol@uchile.cl

* Proyecto FONDECYT N° 1071132.


 

En tiempos que José María Arguedas, como Rolando Méllale, eran asiduos a Lola Hoffmann, llegó Murra a Santiago como profesor invitado del Centro de Estudios de Historia Americana de la Universidad de Chile, que dependía a su vez del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Educación. En ese año, 1965, me encontraba estudiando el tercer año de la carrera de Profesor de Historia y Geografía y como tal vivía una crisis de orientación. Aun cuando ingresé al Instituto Pedagógico con la intención de ser un profesor secundario, ya en el primer año me había olvidado de esa meta y me había enamorado de la Historia como disciplina de investigación. Sin embargo, no sabía cual podía ser el área de mi interés. Las primeras clases de Murra, a las que asistíamos un grupo no mayor de veinticinco personas, me mostraron el tipo de historia al que dedicaría mi vida.

Todo me resultaba novedoso. El uso de la antropología africana para explicar los Andes del siglo XVI, las fuentes administrativas como las visitas leídas con ojo etnográfico, la construcción de modelos que seguían conceptualizaciones alejadas de la experiencia histórica europea, las relaciones de los hombres con su ambiente, el movimiento histórico desde períodos precolombinos hasta experiencias actuales refrendadas por el trabajo en terreno, la complejidad de la organización andina, así como las relaciones entre los grupos étnicos con el Estado Inca. Esto además era acompañado de una tecnología pedagógica donde lo conceptual se entremezclaba con lo histriónico y la fuerza de su discurso por valorizar el mundo indígena, hasta entonces vituperado u olvidado por la historiografía de aquellos años.

¿Cómo no rendirse ante esa historia que podía ser llamada también antropología-histórica o etnohistoria? No tenía argumentos en contra y no deseaba tenerlos. El embrujo fue total.

Lamentablemente, el tiempo del curso, algo así como un mes, pasó volando. No recuerdo haber tenido la oportunidad de tener una conversación personal con Murra en ese lapso, sí haber sido testigo silencioso de conversaciones y bromas en el pequeño grupo al término de cada sesión. Allí conocí a otro maestro y amigo de Murra como Rafael Baraona, el distinguido geógrafo, y a varias de sus discípulas y discípulos. Estaban también los jóvenes maestros Rolando Mellafe y Alvaro Jara, sus ayudantes de investigación, entre quienes me contaba, y varios estudiantes o jóvenes historiadores latinoamericanos.

Me quedó una cierta frustración de no haber aprovechado mejor esa oportunidad que creía, en ese tiempo, que no volvería a repetirse. Afortunadamente estaba equivocado.

Al año siguiente, uno de esos estudiantes latinoamericanos becados en el Centro de Estudios de Historia Americana, Luis Millones, me invitó a integrarme como docente en un proyecto de creación de una Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, de una universidad que estaba en creación el año 1966, la Universidad de Ciencias y Tecnología que años más tarde se transformaría en la Universidad Ricardo Palma en Lima.

Obtuve permiso de la Universidad de Chile para ausentarme del país y poder regresar a fines del año escolar y rendir los controles de lectura, pruebas y exámenes de mis seis o siete asignaturas anuales. Partí con la osadía de la juventud y con una maleta cargada de libros para atender lo que serían mis obligaciones docentes. Sin embargo, el proyecto universitario de Lima estaba en pañales y un grupo de amigos convocados por Luis Millones nos reuníamos después de las 18 horas para planificar la estructura de los programas que se tendrían que impartir. Participaban en estas reuniones el antropólogo Stefano Varesse, el arqueólogo Duccio Bonavia, el sociólogo Luis Pacheco, el pedagogo Miguel Cetraro, el lingüista Alfredo Torero y varios otros. Fue un período intelectualmente muy bueno. Tenía todo el día para leer y lo aproveché intensamente. Me sentía compelido a ello ante la calidad intelectual de mis amigos, todos ellos ya profesionales. Sin embargo, el proyecto docente demoraba y me encontraba con mis recursos económicos agotados.

Uno de esos días caminando por una angosta calle limeña me encontré, por casualidad con Murra, quien me reconoció de inmediato. En cinco minutos de conversación se enteró de lo que estaba haciendo, que tenía tiempo libre y que no tenía dinero. Me ofreció de inmediato que trabajara como ayudante en el Instituto de Investigaciones Andinas que en ese entonces estaba editando el Volumen I de la Visita de Huanuco. Traté de disculparme, por mi falta de experiencia en esas materias, pero no me dio espacio para excusas. Al día siguiente me presenté en la casa que ocupaba Murra como habitación y como sede del Instituto en Lima. Trabajé corrigiendo los ensayos que acompañaban a la Visita, en la confección de los índices etnográficos, toponímicos y onomásticos, tarea en la que colaboraban además dos jóvenes estudiantes de antropología: Carlos Iván Degregori y Jaime Urrutia, tarea que era encabezada directamente por John Murra. Estas fueron quizá las mejores clases que recibí de Murra. Sus observaciones a la riqueza de información que contenían párrafos que en principio no me decían nada, fue un constante aprendizaje metodológico. Colaboré también con Gordon Hadden, un museó-logo norteamericano de gran calidad humana, en la redacción de uno de los ensayos del volumen, donde pude aplicar parte de lo que había aprendido con Rolando Mellafe en Santiago.

Invitado por Murra participé en un seminario informal que tenía en su casa donde se leía la Visita de Chuchito. Me invitó también a sus clases de Antropología Andina en la Universidad de San Marcos. Partíamos desde su casa en un jeep que Murra intentaba manejar y en el cual lograba llegar hasta la Universidad después de subirse a la vereda en casi todas las vueltas. Los peatones corrían despavoridos.

En clases Murra imponía mucho respeto aun cuando le gustaba que los estudiantes participaran activamente. De vez en cuando la clase se congelaba y solo se sentían los pasos de aquel que había llegado atrasado, mientras Murra miraba al desdichado con profundo disgusto. Luego hacía preguntas, que en la rapidez o la ignorancia del consultado podía traducirse en una respuesta equivocada. Fue mi caso en uno de esos momentos altos de la clase,

cuando Murra exigía mayor participación me pidió nombrar un cultivo prehispánico y dije: ... trigo. En estos casos la mirada de horror de Murra y sus gestos de desesperación nos hacían comprender que nos habíamos apresurado o más bien que habíamos dicho algo fatal. En esa ocasión, al regreso de clases le pedí disculpa por mi respuesta y él riéndose me señaló que no me preocupara y que su exageración había sido un recurso pedagógico.

Su pasión por la investigación, sin duda era contagiosa. Uno podía ver cómo los estudiantes llegaban con los textos leídos y preparados para el debate, donde siempre Murra presentaba ideas, suyas o de otros autores, que provocaban profundas reflexiones. Eran clases excelentes por lo entretenidas, intelectualmente novedosas y la formación que entregaban. Allí aprendí de la generosidad murriana. Estaba siempre dispuesto a ayudar en el proyecto ajeno y dispuesto a regalar libros para crear vocaciones. Había un mundo de creación a su alrededor, fortalecido por la presencia constante de visitantes académicos y de distinguidos investigadores. En su casa conocí a José María Arguedas y su compañera Sibila Arredondo, Woodrow Borah, Jurgen Golte y otros. Otros tantos amigos me fueron presentados por Luis Millones y a veces me resulta difícil ya recordar por quien los conocí, como Juan Ossio.

De regreso a Santiago, a fines de 1966, volví a mi condición de estudiante y dos años después entré a trabajar como ayudante de la Cátedra de Historia de Chile, con la promesa a Sergio Villalobos que haría mi tesis de Profesor en un tema de Etnohistoria. Villalobos dirigió mi tesis y me orientó en la fuente crónica y me ayudó a delimitar el tema. En el contenido, sin haberlo consultado, estaba la inspiración intelectual de Murra, aun cuando traté de ser crítico de alguna de sus propuestas.

En el año 1970 se realizó un Congreso Internacional de Americanistas en Lima, donde uno de los organizadores era mi amigo Stefano Varesse. Tanto Villalobos como Julio Montané, que era el arqueólogo que me sirvió como co-director de mi tesis, aun cuando de modo informal, estimaron que el texto "La organización dual en las sociedades indígenas del Norte de Chile" era suficientemente bueno para presentarlo en ese Congreso, decidí viajar a Lima.

A la entrada de la sede del Congreso me encontré, nuevamente por casualidad, con Murra. Se quejó que en todos esos años no le hubiese escrito, aun cuando me había enviado los dos volúmenes de la Revisita de Huanuco. Le expliqué que en mi perspectiva, aún no había producido nada intelectual de valor para habérselo enviado en retribución a lo mucho que me había enseñado. Su respuesta fue para mí sorprendente. Me dijo que en primer lugar éramos seres humanos y luego intelectuales y que en consecuencia no era necesario escribir sólo de logros intelectuales, también era importante saber de lo que pasaba a las personas. No había imaginado, hasta entonces, que la vida de un oscuro estudiante latinoamericano le pudiera interesar a alguien que yo veía como por sobre las nimiedades de la vida cotidiana (ver Anexo con extractos de 4 cartas que muestran esta faceta). Murra en esa conversación me permitió que pudiéramos ser amigos a pesar de la diferencia de edades, estatus, conocimiento de mundo y de tiempo disponible. Solo allí, en ese acto de igualación como seres humanos empezamos a ser amigos, aun cuando nunca pude tratarlo de John. Para mí siempre fue el Dr. Murra, un maestro como no he conocido otro.

Santiago, 2008

ANEXO
Selección de párrafos de cuatro cartas de John Murra

Optamos por seleccionar algunos párrafos y no publicar las cartas completas por razón que ellas contienen detalles que podrían afectar a terceros. Los párrafos elegidos muestran cómo Murra vinculaba la vida, la amistad y la academia. Hemos mantenido en estos párrafos una transcripción textual, por ejemplo el uso de "q" en vez de "que" y los puntos suspensivos como aparecen en sus cartas. Sólo hemos incluido cuatro cartas escritas en los años 1988-1989.

"13-IV-88

Querido Jorge -

No se si alguna carta mía se habrá extraviado -quizás el N° de su apartado en Arica lo copie mal... Pero también es cierto q. ando indeciso y deprimido. ¿Qué hacer los años q. vienen? Los diversos malestares inevitables con la edad empujan hacia estas preguntas: el otro día en Syracuse, para escuchar a Vargas Llosa, me caí caminando -la pierna izquierda, afectada por dos balas en España, me traiciona- la jalo y si encuentro un obstáculo, me caigo, nariz adelante. En oct, me caí en Sgo. y malogré mis anteojos... El ojo izquierdo sigue opacado y el oftalmólogo dice q. hay mejora pero q. con la edad no siempre se recupera la vista... los tejidos son cansados. En estos días viene el examen anual del cardiólogo; del dermatólogo (ya q. la medicina del card, me da sarpullidos); después del internista de los pólipos y etc, etc.

Estoy trabajando en enmendar un largísimo artículo en la Enciclopedia Británica -vetusto y q.debe remozarse- muy gringo. Creo que le escribí de ello la última vez pero también es cierto q. no se bastante acerca de la arqueología.

Por fin, acabó la nieve -aunq. Anoche la temper. bajó de 0 C. Pero ya hay una q. otra florcita y en Washington, mucho más al sur, hubo flores en los frutales. Estuve allí unos días -hablando de cocales en la U. de Maryland. Muy elaborado el Inst. de Lat. Am., dirigido por un argentino. He contemplado mudarme a Washington -para acabar con el aislamiento de Ithaca, pero tampoco estoy entusiasta... Hay un atractivo de quedarme aquí, donde tengo todo a mano y no se si es una reacción racional o una retirada de la vida real. Si en vuestra región enero a abril no sería vacaciones -sería fácil combinar enero a abril en el sur- pero ahora parece sin solución. No he tenido noticias de Tandeter acerca del posgrado en BA para los meses que vienen.

Acabo de llamar J.C. Brown y me dicen q. ha recibido Ud. La beca!! El director dice q. ya le escribió acerca del asunto. Son diez meses.

Avíseme cuando llegará para aprovechar esta beca, para ver si podemos movilizar los amigos q. allí tengo para conseguir vivienda. También, ¿Quién vendrá? Toda la familia o solo Jorge? No se como esto afectará su posición en Arica y si serán dispuestos a darle licencia... Pero es algo bonito y le mando mis felicitaciones!!

Un fuerte abrazo! J."

"3 de mayo 1988

Querido Jorge,

La contabilidad que insiste en llevar, de lo que uno debe y a quien se lo debe, me parece exagerado... Uno hace por los amigos lo que puede y quien sabe, algún día, le pedirá algo... Cuando yo llegué a Stgo en 1965, agobiado por una adicción al seconal, Arguedas no solo que me presentó a doña Lola sino que debe haberle dicho algo de tal manera q no solo me curó sino que nunca quiso cobrarme nada... y yo estaba dispuesto a pagar.... ¿Quién sabe lo que le dijo? Era un acto fraternal. Creo que necesitamos tanto ofrecer lo que podemos, como pedir lo que necesitamos y no es fácil vivir así y no son tantos q así lo entienden, pero, mira, yo he tenido suerte, varias veces en la vida de gozar de buenos amigos -se acuerda de Formaciones es dedicado a un amigo rumano- pues cuando yo era un mocoso, el me enseñó que si podía haber dignidad en aquel terrible momento de la historia europea y en aquel momento de mi vida. Fue por el q terminé en la guerra civil, lo que me hizo mucho bien y lo considero un regalo de Petre, a distancia y sin ninguna intervención directa. Algo q aprendí de el y sin prédica...

John"

"Madrid, 9-X-89

Querido Jorge -

Hoy pensé en Ud, caminando hacia el correo de la capital. Llegué aquí ayer, desde Salamanca, donde está el archivo de la guerra civil y donde examiné durante varios días lo q. hay acerca de mi y de nuestras unidades durante nuestra guerra. Le mando adjunto una tarjeta con una playa [Argeles sur Mer] -este fue el campo de concentración donde nos tuvieron presos los franceses en 39... Era febrero, frío y en la playa algunos dicen 80,000 ex soldados de la república; otros dicen q menos, o más. Y cuando llegamos (rodeados de tropa se-negalesa) no había nada preparado -ni carpas, ni letrinas, ni pan. Estaban preparándose para unos 20,000 "refugiados" y se encontraron con medio millón entre tropa, familias, camiones.

Mi tarea principal aquí es salvar la edición de la visita de los cocales de Songo -la aceptaron en el Inst. de Est. Fiscales del Ministerios de Hacienda ya son 2 Vi años y estaba dispuesto a retirar el MS, pero parece q. hay posibilidades q. salga el próximo año.

También durante este viaje espero q. inauguraremos mi ex-biblioteca, ahora en Barcelona.

Espero q. su reincorporación es tolerable. Avíseme como le ha ido -espero estar en Ithaca el 27 de este mes.

Abrazo, John"

"27-X-89

Querido Jorge,

En España pude ir al pagar mi viaje los franceses de Perpignan -para un coloquio sobre aquella región durante los comienzos de la retirada desde Catalunya, en Feb 39, al perder nosotros la guerra. Mi trabajo trataba del '37, cuando todavía llegaban los voluntarios de todos los rincones del mundo y la acogida fue buena. Pero en '39, la derrota más la llegada inesperada de medio millón de refugiados hizo q los franceses nos internaron en campos de concentración improvisados en las playas de los Pirineos orientales -creo que le mandé una tarjeta de allí, ¿no?

También fui a Salamanca, donde está el archivo de la guerra, y donde había otro coloquio -sobre las mujeres y la guerra. En ambas reuniones -los trabajos formales eran leídos por estudiantes- basándose como nosotros y los Andes en Archivos. Pero en ambas salas había en el auditorio un montón de "sobrevivientes", q. escuchaban y escuchaban y finalmente se revoltaban, gritando y queriendo saber porque no se les había incluido... Olivia y yo asistimos a otra reunión de estas en 1979 en Barcelona, con el mismo efecto. Ya no iré más -quisiera conversar de la guerra y en la vida corriente no hay con quien, pero los coloquios no sirven para nada.

En efecto, los árboles son muy lindos en este momento -y todavía hace frío. Tengo 6 semanas libres para trabajar- el 9-XIN. Wachtel defiende su tesis "de estado" en Paris -son 750 pp. Sobre los uro y formo parte del jurado. Todavía no la he leído.

Un fuerte abrazo de John"



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