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Chungará (Arica)

On-line version ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.39 no.2 Arica Dec. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562007000200001 

 

Volumen 39, No. 2, 2007. Páginas 143-170
Chungara, Revista de Antropología Chilena

LA CERÁMICA PREHISPÁNICA TARDÍA DE TARAPACA, SUS VALLES INTERIORES Y COSTA DESÉRTICA, NORTE DE CHILE (CA. 900-1.450 D.C.): UNA PROPUESTA TIPOLÓGICA Y CRONOLÓGICA

LATE PREHISPANIC POTTERY OF THE INLAND VALLEYS AND DESERT COAST OF TARAPACA, NORTHERN CHILE (CA. A.D. 900-1,450):A TYPOLOGICAL AND CHRONOLOGICAL PROPOSAL

Mauricio Uribe1, Lorena Sanhueza1 y Francisco Bahamondes1

1Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. mur@uchile.cl; loresan@uchile.cl; fjabm@yahoo.com


Este artículo refiere al material cerámico de poblados arqueológicos de la región de Tarapaca ubicados en las quebradas altas, valles bajos y la costa al este y oeste de la Pampa del Tamarugal. Nuestro objetivo ha sido sistematizar nuestros anteriores estudios y los análisis de otros investigadores acerca de la cerámica de la región para actualizar el conocimiento en torno a la historia cultural y los procesos sociales relacionados con el aún poco conocido complejo Pica Tarapaca del Norte de Chile. Al respecto, proponemos que este complejo cultural se desarrolló durante el período Intermedio Tardío al menos en dos fases, una inicial y otra clásica, las que denominamos fase Tarapaca (ca. 900-1.250 d.C.) y Camina (ca. 1.250-1.450 d.C), respectivamente. Se plantea una tradición alfarera local que nació a fines del período Formativo y que luego, en ausencia de influencias estilísticas Tiwanaku, integró elementos nuevos del altiplano meridional, siendo este último el panorama que predominaría en la región a la llegada del Inka. Lo anterior pretende contribuir con mayor evidencia empírica a la discusión acerca de las dinámicas sociales e interacción económica entre las tierras bajas y altas de los Desarrollos Regionales (período Intermedio Tardío) de esta parte de los Andes Centro Sur.

Palabras claves: complejo cultural Pica Tarapaca, tipología y análisis cerámicos, secuencia y fases, período Intermedio Tardío.

In this paper we study the ceramic material from the archaeological villages of the Tarapaca region, located in the high ravines, the low valleys, and the coast to the west and east of Pampa del Tamarugal. Our objective is to do a systematic review of earlier studies by ourselves and by other investigators of domestic pottery in the region, to update knowledge about the culture history and social processes related to the still poorly known Pica Tarapaca cultural complex of nor then Chile. We propose that this cultural complex developed during the Late Intermediate Period in at least two phases, initial and classic, that we have named Tarapaca Phase (ca. A.D. 900-1,250) and Camina Phase (ca. A.D. 1,250-1,450), respectively. We propose a local pottery tradition that began toward the end of the Formative Period and then, in the absence of Tiwanaku stylistic influences, incorporated new elements from the southern altiplano. This was the panorama that dominated the region when the Inka arrived. This work is intended to contribute with greater empirical evidence to the discussion about social dynamics and economic interaction between lowlands and highlands of this part of the South Central Andes during the Regional Developments of the Late Intermediate Period.

Key words: Pica Tarapaca cultural complex, ceramic typology and analysis, sequences and phases, Late Intermediate Period.


 

Este artículo está referido al material ceramico recuperado en recolecciones superficiales de los sitios arqueológicos Caserones 1, Camiña 1, Chusmisa, Ñama 1, Jamajuga o Cerro Gentilar y Tarapaca Viejo o Tr 49 (Niemeyer 1961;L. Núñez 1965a, 1984; P Núñez 1984), pertenecientes respectivamente a las quebradas de Tarapacá, Camina y Mamiña en la subárea de Valles Occidentales del Norte Grande de Chile (Figura 1). A ellos se suman los materiales de los sitios Pisagua B y N de la costa aledaña (Adán y  Urbina 2004; Moragas 2004), todos adscritos o vinculados al identificado pero aún poco conocido complejo cultural Pica o Pica Tarapaca del período Intermedio Tardío (Núñez 1965b; Schiappacasse et al. 1989).


Figura 1. Mapa de la región y principales sitios del complejo cultural Pica Tarapacá y localidades mencionadas en el texto.
Map of the region, the principal sites of the Pica Tarapacá cultural complex, and other places mentioned in the text.

En este sentido, ya que se trata de un territorio donde la investigación arqueológica, comparada con las regiones de Arica y Atacama, ha sido discontinua y/o irregular en el tiempo, sobre todo durante los períodos prehispánicos tardíos (Moragas 1995;Núñez 1965b; Schiappacasse et al. 1989), el interés se centra en sistematizar nuestros propios estudios y otros análisis cerámicos de la región para actualizar la discusión en torno a la historia cultural y los procesos relacionados con el denominado complejo Pica Tarapacá desde la alfarería. Lo anterior forma parte de una investigación más amplia, la que se propone analizar diferentes materialidades del Intermedio Tardío para comprender arqueológicamente los sistemas sociales que desarrollaron las poblaciones a partir de un caso concreto como Pica Tarapacá (Uribe 2006a; Uribe y Adán 2005). Todo esto, en particular, aspira a contribuir con una comprensión arqueológica y crítica de las sociedades prehispánicas tardías del Norte Grande de Chile en el marco de los Andes Centro Sur (ca. 1.000-1.500 dC).

Además, como la investigación de la región se ha basado principalmente en una arqueología funeraria (Núñez 1965a, 1979; Zlatar 1984), nuestra idea es avanzar en su estudio a través de la información brindada por la cerámica, esencialmente fragmentaria, de contextos domésticos pertenecientes a los sitios habitacionales que presentamos en este trabajo. Para ello hemos realizado una evaluación de los antecedentes cerámicos de la región desde el período Formativo en adelante, integrando la información del resto de las quebradas y oasis interiores, de la costa de Iquique hasta el río Loa y la procedente del Altiplano Meridional colindante, así como la información pertinente del resto de los Valles Occidentales y la subárea Circumpuneña. Gracias a ello, proponemos una tipología con la que clasificamos el material cerámico y evaluamos estadísticamente el comportamiento de los fragmentos en relación con su distribución dentro y entre los sitios estudiados, precisando la adscripción cultural y la secuencia relativa respecto a la historia cultural de Pica Tarapacá. Por lo mismo, también incluimos una discusión cronológica respecto a los fechados absolutos de la región y los comparamos con nuestras propias dataciones, haciendo referencia al comportamiento estratigráfico de la cerámica de acuerdo a las excavaciones que realizamos en Caserones, Camina y otros sitios para fortalecer nuestras propuestas.

La Cerámica Arqueológica de Tarapacá

Al centrarnos en la problemática arqueológica del territorio comúnmente denominado Tarapacá, comprendido entre la quebrada de Camina o Tana y el río Loa, resulta evidente respecto a Arica y Atacama la escasez de investigaciones sistemáticas sobre cerámica (Uribe 2004), a pesar de involucrar un amplio y rico espacio comprendido por la Pampa del Tamarugal, sus quebradas endorreicas, la costa arreica y el altiplano asociado. Por lo tanto, para una comprensión más cabal del desarrollo de esta materialidad y su estudio, iniciamos nuestro trabajo con una revisión de los antecedentes cerámicos de la región durante los períodos agroalfareros, que sirve de base para clasificar y analizar los restos fragmentarios de los sitios adscritos al complejo Pica Tarapacá.

Antecedentes de la Cerámica en el Período Formativo Tardío

Siguiendo las primeras apreciaciones de Uhle, Latcham (1938) planteaba que la alfarería hacía su aparición en la costa de la "región atacamefia" antes y durante la época Tiwanaku, uno de cuyos centros era Pisagua donde sería más bien "primitiva" (Latcham 1938:223). Coincidente con lo anterior, Bird (1943) también distingue cerámica temprana caracterizada por los fragmentos del conchai Brown Refuse, en especial no decorada y de bordes engrosados. La misma alfarería continuaría en el conchai más tardío llamado Black Refuse, pero con la notable falta de los bordes tempranos. Así, el autor considera a esta cerámica como antecesora de las fases I y II de Arica, pu-diendo también ser contemporánea a las épocas "Tiwanaku" y "Atacamefia" de Uhle y Latcham (Schaedel y Munizaga 1957:73). En consecuencia, desde los albores de la arqueología chilena queda constancia de la existencia de alfarería temprana en la Región de Tarapacá, particularmente concentrada en la costa. Desde entonces, varios autores plantean que una de las primeras tradiciones cerámicas que llegó al norte y costa chilena fue la café alisada proveniente de alguna población relacionada con la cultura Wankarani de Bolivia o desarrollos emparentados de valles bajos, cuya tecnología fue adoptada por las poblaciones arcaicas marítimas, ya sea por contacto directo o indirecto con comunidades altiplánicas (Aufderheide et al. 1994; L. Núñez 1967-68, 1970, 1971, 1982,1984; Núñez y Moragas 1983; Rivera 1988-89, 2002). Todo esto ha generado una gran discusión en torno al período Formativo de los Valles Occidentales y los denominados complejos culturales Faldas del Morro y Alto Ramírez (Muñoz 1989, 2004; Núñez 1970; True 1980).

Luego de estos estudios pioneros y más allá de la discusión sobre su origen local o foráneo, aunque sin ver mayores vinculaciones con el altiplano, actualmente reconocemos dos expresiones cerámicas para el Formativo de Tarapacá, destacando una alfarería inicial y otra más tardía (Ayala 2001; Uribe y Ayala 2004). Gracias a nuestros trabajos en la región, hemos registrado alfarería con todas las características que se mencionan para una industria inicial de vasijas con bordes en coma, la cual hemos confirmado por termoluminiscencia como la más temprana en Quillagua con fechas de 730 a.C, de amplia distribución areal y que denominados tipo Loa Café Alisado al identificarla por primera vez en la cuenca homónima, aunque también se adscribe a Alto Ramírez (Agüero et al. 2001; Rivera 2002; Sinclaire et al. 1998; Uribe y Ayala 2004). La segunda, que realmente nos interesa por mostrar una continuidad hasta momentos más tardíos, es una industria compuesta por distintos tipos alisados y pulidos, concentrados en las quebradas y valles del interior de la Pampa del Tamarugal (Mavrakis 1985; True 1980; Uribe y Ayala 2004).

Los primeros los agrupamos dentro del tipo Quillagua Tarapacá Café Amarillento, principalmente identificado en los cementerios de Tarapacá 40 y también en Pica (Moragas comunicación personal 2003), así como en sitios habitacionales y funerarios de Quillagua donde alcanza el 23% de frecuencia, mientras que en la costa es sumamente escaso. Se caracteriza por pastas arenosas muy diversas debido a una producción expeditiva, en especial de miniaturas que muchas veces ni siquiera fueron cocidas, donde se reconocen vasijas restringidas simples y no restringidas, en su mayoría pequeños cuencos, pocilios, ollas o vasos (Figura 2)1. Las superficies fueron dejadas sin mayor tratamiento, mostrando el raspado o espa-tulado de instrumentos, huellas de los dedos del artesano, así como improntas de cestería. Su uso fue doméstico y ceremonial, destacando como recipientes de ofrendas, asociados a alimentos cultivados. Luego distinguimos el tipo Quillagua Rojo Pulido (Figura 2); es escaso pero recurrente (0,4% en Quillagua), presenta pastas de aspecto arenoso como las de Tarapacá, comprende formas no restringidas y restringidas a modo de vasos y botellas que pueden aparecer con mamelones en el borde o cuello. Esta situación es idéntica a la observada en Caserones, si bien las tonalidades varían de rojo a negro (Mavrakis 1985; True 1980), distinguiéndose aquí un grupo propio que adscribimos al Caserones Negro Pulido de estos autores (Figura 2). Debido a su mayoritaria presencia desde Tarapacá hasta Quillagua se propone un origen local para esta alfarería alisada y pulida, de carácter tanto doméstico como ceremonial, cuyo apogeo se remontaría a momentos del Formativo Tardío de acuerdo a los fechados por ter-moluminiscencia que hemos obtenido para ella en Quillagua entre el 660 y 665 d.C. (Agüero et al. 2001), pudiendo incluso retraerse hasta el 200 d.C. y mantenerse hasta el primer milenio de nuestra era (Gallardo et al. 1991; Oakland 2000; True 1980), constituyendo la base de la alfarería del Intermedio Tardío.

La Cerámica del Período Intermedio Tardío

Posterior al Formativo, se ha integrado a las comunidades de los valles y quebradas al oriente de la Pampa del Tamarugal, dentro del complejo cultural Pica Tarapacá, abarcando la costa desértica y la sierra desde Camina hasta el río Loa (Schiappacasse et al. 1989). Este complejo es definido generalmente por una tradición cerámica monocroma de vasijas restringidas, alisadas o estriadas y sin asas (Núñez 1965b) que nosotros definimos como componente Pica Tarapacá2, cuyas características nos recuerdan la alfarería formativa, permitiéndonos hipotetizar una línea directa de evolución desde ella. No obstante, para el mismo período, también reconocemos la introducción de cerámica alisada y pulida, revestida roja y/o decorada en negro que comúnmente se adscribe al altiplano (Schiappacasse et al. 1989) y que denominamos componente Altiplano Tarapacá. Por lo tanto, nos abocamos a una detallada descripción de ambos componentes cerámicos.


Figura 2. Componente cerámico Formativo Tardío de Tarapacá: (a-c) tipo Quillagua Tarapacá Café Amarillento QTC (pocilio, vaso y tazón), sitio Tarapacá 40a-b (Uribe y Ayala 2004); (d-e) tipo Quillagua Rojo Pulido QRP (botellas), sitio Pica-Quisma (Moragas comunicación personal 2003); (f-g) tipo Caserones Negro Pulido CNP (vaso y escudilla), sitio Caserones 1 (Mavra-kis 1985; Trae 1980). Escala = 1 cm.

Late Formative ceramic component o/Tarapacá: (a-c) Quillagua Tarapacá Yellow Brown QTC type (bowls and vase), Tarapacá 40a-b site (Uribe and Ayala 2004); (d-e) Quillagua Polished Red QRP type (bottles), Pica-Quisma site (Moragas personal communication 2003); (f-g) Caserones Polished Black CNP type (vase and bowl), Caserones 1 site (Mavrakis 7985; True 1980). Scale = 1 cm.

El componente Pica Tarapacá

El complejo Pica Tarapacá fue inicialmente caracterizado por las manifestaciones cerámicas de Pica (Núfiez 1965b), equivalente a lo que Dauelsberg (1972-1973) llamó tipo Charcollo para Arica y Camarones, de color café con baño rojo sobre superficie brochada, estriada o rasmillada, cuyas formas predominantes serían de cuerpos globulares con cuello corto, estrecho, sin asas, con mamelones y base cónica, junto con modelados zoomorfos y antropomorfos de tipo Chiza. Al respecto, se propone que gran parte de la cerámica monocroma de la costa procedería en tiempos tardíos de valles similares a Pica. Para el cementerio Molle Bajo de Iquique se describe el tipo Pica como una cerámica con forma de pucos y pequeñas botellas, además de cántaros de base cónica y sin asas, todos con superficie rojiza y brochada (Moragas 1995). En menor cantidad aparecen ejemplares antropomorfos como ornitomorfos adjudicados a Chiza y jarros de Arica con decoración policroma San Miguel, aparte de ejemplares Gentilar descubiertos en la misma ciudad. La generalidad de la cerámica tendría una apariencia bastante burda y no sería muy abundante, si bien aparece una vasija Chiza asociada a un personaje de alta jerarquía, indicando la existencia de piezas importantes. Las fechas de radiocarbono no calibradas del sitio son 1.247, 1.252, 1.253 y 1.258 d.C. (Moragas 1995). Al sur de Iquique, en tanto, se han recuperado contextos semejantes en los cementerios de El Patillo o Patillos, pues entre la escasa cerámica destacan las piezas monocromas (Schaedel y Munizaga 1957); mientras que en menor cantidad aparecen tiestos Chiza y San Miguel (Moragas 1995). Esto sería sumamente idéntico a lo que ocurre en Los Verdes (Sanhueza 1985), sitio funerario y habitacional que exhibe los típicos tiestos de Pica y los decorados de Arica, contando con otro fechado no calibrado de 1.100 d.C. (Moragas 1995). Y, acercándose al río Loa, se encuentran los cementerios de Chipana donde se registraron vasijas Chiza y el material monocromo estriado (Moragas 1995), donde es posible distinguir la combinación con piezas circumpuneñas correspondientes a las escudillas Aiquina y Dupont de Atacama. Lo anterior resulta evidente en la desembocadura del Loa (Núfiez 1971; Spahni 1967), donde existe gran concentración de sitios funerarios y habitacionales, en los cuales se ha registrado cerámica atacameña del Intermedio Tardío (Moragas 1995), asociada a alfarería Charcollo, Chiza y tampoco faltan los ejemplares policromos San Miguel y Gentilar de Arica (Moragas 1995). Lo mismo se repetiría hacia el interior, sugerido por el sitio habitacional La Capilla en Quillagua que cuenta con una fecha de radiocarbono no calibrada de 1.240 d.C. (Cervellino y Téllez 1980). De hecho, acercándose a los oasis loínos los tipos Pica han sido fechados por termoluminiscencia entre el 745, 1.055 y 1.110 d.C. en los cementerios de Chacanee y Oriente de Quillagua (Agüero 1998; Agüero et al. 1997, 1999). Mientras que en el límite septentrional del complejo existen fechados de 950 d.C. para cerámica similar en el poblado de Conanoxa (Schia-ppacasse et al. 1991), hasta dataciones más tardías de 1.420 y 1.450 d.C. provenientes de una aldea al norte de la desembocadura de Camarones (Schiappacasse et al. 1991). Ingresando a los valles tarapaquefios, junto con Pica 8 en Matilla (Zla-tar 1984), la misma alfarería se extendería a otros cementerios entre Pica y Quisma donde se han registrado jarros monocromos y tiestos modelados (Moragas 1995). Las tempranas excavaciones en los cementerios de Pica, especialmente en Santa Rosita (Niemeyer 1959, 1962a), reconocen alfarería doméstica o utilitaria, correspondientes a pucos, botellas y cántaros periformes, junto a piezas dobles tipo Chiza (Niemeyer 1959, 1962a). Hasta esos momentos, sin embargo, faltaban las piezas decoradas aunque en estudios posteriores del mismo cementerio aparecen algunos ejemplares de Arica tanto San Miguel como Pocoma y un posible espécimen altiplánico (Niemeyer 1962a). Toda esta cerámica de Pica y Quisma, por otro lado, aparecería fechada en 1.020 d.C. de acuerdo a las escasas dataciones de radiocarbono no calibradas para Pica 8 (Núfiez 1965b).

En la actualidad, hemos propuesto que los tipos Charcollo y Chiza de Tarapacá (Ayala y Uribe 1996; Uribe 1999b) son estructural y tecnológicamente distintos a los que aparecen en Arica pues no muestran las mismas características tecnológicas y estilísticas, no tienen la representación que alcanzan en Pica 8, ni presentan idénticas asociaciones culturales aunque muchas veces han sido llamados de la misma manera (Dauelsberg 1972-73; Zlatar 1984). De acuerdo a lo anterior, redefinimos el tipo Pica Charcollo (Figura 3) por pastas graníticas de aspecto arenoso a granuloso, densa en inclusiones blancas, cuarzo y escasa mica, de cocción oxidante completa y color café, con las que se produjeron por ahuecado y enrollamiento formas mayoritariamente restringidas. En todos los casos las superficies fueron alisadas, pero el exterior del cuerpo presenta un tratamiento caracterizado por gran cantidad de estrías hechas con un instrumento duro y distribuidas heterogéneamente por todo el cuerpo de la vasija, donde es frecuente observar la aplicación dispareja y descuidada de un engobe o revestimiento rojo. Se trataría de botellas y cántaros de cuerpos esféricos y ovoides, con cuellos evertidos, relativamente cortos, algunos muy estrechos y otros anchos, generalmente con pequeños mamelones subeónicos emplazados en lados opuestos del cuello; las bases son convexas y apuntadas respectivamente, estas últimas con un engrosamiento a modo de torus con alisado muy burdo. Tampoco faltarían vasijas no restringidas de cuerpo semiesférico a modo de escudillas o pucos, así como vasijas restringidas de cuerpo simétrico y asimétrico, algunas con un asa en el cuello (comúnmente llamadas jarros zapatos), usadas como ollas por el tizne que casi siempre aparece en sus superficies. Estas ollas, las separamos como una variante Pica Gris Alisado donde también se encuentran vasijas de cuerpo ovoide con mamelones y sin asas (Figura 3).


Figura 3. Componente cerámico Pica Tarapacá: (a-b) tipo Pica Charcollo PCH (botellas con y sin mamelones), sitio Pica 8 (Agüero et al. 1997, 1999; Zlatar 1984); (c-e) tipo Pica Chiza PCZ (botellas antropomorfas y zoomorfa), sitio Pica 8 (Agüero et al. 1997, 1999; Zlatar 1984); (f-g) tipo Pica Gris Alisado PGA (ollas asimétricas), sitio Pica 8 (Agüero et al. 1997, 1999; Zlatar 1984). Escala = 1 cm.

Pica Tarapacá ceramic component: a-b) Pica Charcollo PCH type (bottles with and without protuberances), Pica 8 site (Agüero et al. 1997,1999; Zlatar 1984); (c-d) Pica Chiza PCZ type (anthropomorphic and zoomorphic bottles), Pica 8 site (Agüero etal. 1997, 1999; Zlatar 1984); (f-g) Pica Smoothed Grey PGA type (asymmetrical pots), Pica 8 site (Zlatar 1984; Agüero et al. 1997, 1999). Scale = 1 cm.

Por su parte, distinguimos un tipo Pica Chiza (Figura 3) con pastas que, como también fue observado por Núñez (1965b), implicarían variaciones del Charcollo donde predominarían aquellas de aspecto arenoso más fino (Dauelsberg 1972-1973). Del mismo modo, se trataría de piezas restringidas correspondientes en su mayoría a botellas, pero también aparecen algunos jarros. Sin embargo, lo que particulariza a esta alfarería es la presencia de modelado tridimensional que involucra a casi toda la vasija. De esta manera, se observan botellas y jarros modelados de cara antropomorfa en el cuello, así como botellas asimétricas de cuerpo alargado y modelado de aspecto femenino. A las anteriores, se suman botellas asimétricas con modelados zoomorfos que combinan elementos de las dos formas previas, pero que representarían aves simples, dobles y abstractas, así como camélidos. Por lo general, se aprecia una superficie exterior alisada con manchas oscuras en algunos sectores, en otros estrías de pulimento aplicadas de manera dispareja, e incluso revestimiento rojo muy tenue e irregular como en el Pica Charcollo. El único fechado por termoluminiscen-cia conocido corresponde a 1.230±40 d.C. (UCTL 107) para una muestra del asentamiento Manuel Rodríguez de Camarones (Schiappacasse et al. 1991).

De acuerdo a las dataciones obtenidas (Tabla 1), ambas expresiones cerámicas tendrían su auge entre el 1.020 y 1.258 d.C, aunque el tipo Pica Charcollo aparecería hacia el 750±130 d.C. (UCTL 815) y se extendería hasta el 1.450±50 d.C. (UCTL 98) de acuerdo a las fechas del curso bajo del Loa, Pisagua y Camarones, traslapándose con los momentos tardíos del Formativo y topando con el Inka. Por lo tanto, esto sugiere una continuidad tecnológica y cultural coincidente con las semejanzas entre los tipos de ambos períodos, configurando una ancestral tradición local de alfarería monocroma y estriada (Uribe y Ayala 2004). Tal situación es bastante coincidente con el planteamiento de Bird (1943) para Pisagua durante la fase Pichalo IV, donde la misma cerámica temprana no decorada y sin engobe del Brown Refuse continuaría en el Black Refuse, siendo notable la falta de los bordes engrosados tempranos o en coma. Y donde, siguiendo aUhle (1919) y Latcham (1938), haría su presencia alfarería tardía de Arica como San Miguel y Pocoma Gentilar, además de ejemplares tardíos del Loa y San Pedro identificados por nosotros en las cercanías (Agüero et al. 1997, 1999).


El componente Altiplano Tarapaca

En las quebradas altas al pie del altiplano, en poblados de la sierra como el Pucará de Mocha también se reconoce cerámica monocroma con estrías y baño rojo aplicado en forma dispareja, sobre grandes cántaros de base cónica, cuello corto y estrecho, sin asas y con desgrasante grueso de cuarzo (Moragas 1991). Según esto, la mayoría de la alfarería se adscribe al complejo Pica Tarapaca, alcanzando un 35,6% de representación (Moragas 1991; Nuñez 1968), al cual se suman ejemplares Chiza del cementerio aledaño. De aquí se obtuvo un fechado de radiocarbono no calibrado del 1.230 d.C. en plena asociación con la cerámica estriada (Moragas 1991), la única que se identificó en estratigrafía confirmando la adscripción del poblado a dicho complejo. Una situación muy semejante se repetiría en Pachica y la fase temprana de Tarapaca Viejo o Tr 49 (L. Nufiez 1979; P. Nufiez 1983, 1984). Pero, paralelamente, en Mocha también se identifica una alta frecuencia de alfarería adscrita a un estilo altiplánico (23,4%), en particular se trata de cerámica roja con decoración en negro correspondiente a líneas rectas y paralelas, finas y gruesas, círculos, espirales y reticulados, de manera análoga al tipo Chilpe (Dauelsberg 1972-1973), realizados en pucos y jarros. Además, aparece un pequeño porcentaje de alfarería policroma San Miguel (3,6%), aparte de otra cerámica no revestida de color natural, con pintura anaranjada irregular y ejemplares bicolores (Moragas 1991).

Mucho de ese material ha sido adjudicado al desarrollo altiplánico de la localidad de Isluga (Moragas 1995), al oriente de la sierra tarapaqueñia. Respecto a esa alfarería, en el altiplano se ha diferenciado cerámica local y foránea, así como no decorada y decorada (Sanhueza y Olmos 1981), especialmente a través de lo observado en el sitio funerario de Usamaya 1. Entre los tipos decorados, el Isluga Negro sobre Rojo destaca por su mayor frecuencia (Sanhueza y Olmos 1981), donde se distinguen pucos, ollas grandes y pequeñas, botellas y botellones elipsoides, ovoides y esféricos, hechos con rollos. Sus pastas contienen antiplásticos de cuarzo, feldespato, biotita y arena en general, de granulometría fina a mediana, distribuidos de manera uniforme y textura compacta a semicompacta, a veces laminar; cocidas en ambiente oxidante y de color café claro a naranja oscuro. Las superficies fueron revestidas rojas, a veces pulidas y luego pintadas en negro por el exterior y/o interior; destacando líneas delgadas, anchas, onduladas o quebradas en el borde, cuerpo y/o asas de vasijas restringidas; volutas, líneas onduladas, semicírculos, puntas y líneas rectas u onduladas entre paralelas en el borde de los pucos (Sanhueza y Olmos 1981). Una variante del anterior sería el tipo Isluga Rojo sobre Naranja; mientras que como tipos foráneos se distinguen otros exponentes altiplánicos correspondientes a Taitape (Dauelsberg 1984), además de los tipos policromos de Arica, incaicos, coloniales y etnográficos. Por su parte, la cerámica no decorada se compondría de los tipos Isluga Engobado Amarillo, Isluga Alisado Naranja e Isluga Estriado3 (Sanhueza y Olmos 1981), a los cuales se sumarían las variantes engobadas incaicas, los pulidos coloniales y grises actuales. Sólo se menciona un fechado de radiocarbono no calibrado de 1.635 d.C. para cerámica negro sobre rojo (Ponce 1961), asociada al Inka y materiales coloniales para un sitio de Kanasa en tierras Carangas de Bolivia, adyacentes a Isluga (Sanhueza y Olmos 1981:198).

Según nuestras propias observaciones, la misma situación se presentaría en el sitio habitacional de Pukarqollu o Pucará de Isluga (Sanhueza 1981). De igual modo que en el poblado de Siña-huache o Pucará de Chiapa y en sitios de tiempos incaicos como el tambo de Inkaguano 2 (Reinhard y Sanhueza 1982), e incluso más al sur en El Tojo de Collacagua, al norte del salar de Huasco (Niemeyer 1962b). Aquí se describe cerámica de color pardo, rojizo o marrón, con pasta arenosa de grano fino, a veces con "hojuelas de mica" (Niemeyer 1962b: 137), entre las que destacarían ollas, pucos y escudillas. Asimismo, aparece alfarería decorada en negro sobre rojo, con algunos ejemplares ya vistos en el cementerio Santa Rosita de Pica (Niemeyer 1962b).

No deja de ser interesante la información que actualmente se posee sobre la alfarería prehispánica tardía del territorio Carangas (Michel 2000). Aunque sin ninguna evaluación cuantitativa ni fechados absolutos, las vasijas más representativas serían los cuencos, platos hondos y/o tazones, además de jarros y jarrones, confeccionados con arcilla de arena fina, cocida en ambiente oxidante. Sus superficies fueron revestidas y pulidas hasta alcanzar el bruñido, sobre el cual se realizó una decoración pintada en negro. Al respecto, las figuras son geométricas y se encuentran cerca del labio, adentro y/o afuera, destacando espirales, líneas onduladas, asteriscos, medios círculos rellenos con onduladas, círculos superpuestos y tramas de enrejados, muchos de los cuales se repiten en el fondo de las piezas. También aparecen figuras zoomorfas gruesas y toscas con aspecto de camélidos. En Chile contamos con una fecha de termoluminiscencia para un fragmento con esta clase de figuras pero que ha sido asignado a cerámica Saxamar o Inka Pacajes de la Hacienda de Camarones, correspondiente a 1.320 d.C. (Schiappacasse et al. 1991). Sin embargo, esto nos parece más coherente con una expresión temprana y preincaica, equivalente al tipo Pacajes y compartida con la alfarería de Carangas e Isluga del Intermedio Tardío (Albarracín-Jordán 1996; Parssinen y Siiriainen 1997). De hecho, en Pacajes, al norte de nuestro territorio, la principal ocupación del sitio Tiquischullpa que concentra una gran cantidad de esta cerámica en sus estratos medios y bajos, especialmente con figuras de camélidos, presenta fechados calibrados de radiocarbono entre 1.239 y 1.414 d.C. (Parssinen y Siiriainen 1997). Del mismo modo, al oriente de Isluga, para la zona intersalar entre Coipasa y Uyuni existen fechas calibradas de 1.270 y 1.425 d.C, donde predomina el tipo Taltape Quillacas junto con distintas variedades decoradas en negro sobre rojo (Lecoq 1999).

De este modo, desplazándose hacia la sierra y el altiplano desde los valles u oasis al oriente de la Pampa del Tamarugal, así como alejándonos de la costa desértica, es posible apreciar una concentración de alfarería decorada bicolor negro sobre rojo (Figura 4), tradicionalmente conocida a través de las escudillas llamadas Chilpe pero también por el tipo Isluga con sus formas principalmente restringidas (Sanhueza y Olmos 1981; Schiappacasse et al. 1989; 1991). Esta cerámica tendría un claro carácter altiplánico vinculado con expresiones análogas, aunque no idénticas del todo, llamadas Konko Kollau, Pacajes Temprano, Taltape Quillacas y Mallku Hedionda (Albarracín-Jordán 1996; Aldunate y Castro 1981; Dauelsberg 1984; Lecoq 1991,1999; Lecoq y Céspedes 1997; Rydén 1947), que comparten el espacio de quebradas altas y valles bajos con las clásicas expresiones cerámicas monocromas y estriadas tarapaquefias, aparte de las de Arica y Atacama. Para Chilpe, conocemos un fechado por termoluminiscencia de 1.230 d.C. procedente de Saibapugro en la sierra de Camarones (Schiappacasse et al. 1991), mientras que para su pariente Taltape contamos con una fecha cercana de 1.200 d.C. de la Hacienda Manuel Rodríguez (Schiappacasse et al. 1991), lo que sumado a la datación de 1.320 d.C. para cerámica preincaica Pacajes o Carangas de Camarones, indica una ubicación de la alfarería altiplánica desde la sierra a los valles bajos posterior al 1.200 d.C. (Núfiez 1984).

El Período Tardío

Finalmente, el Inka se manifiesta claramente en Cerro Esmeralda (Checura 1977), así también en contextos funerarios más bien costeros como los de Patillos y Caleta Huelen (Moragas 1995; Núñez 1971), hacia el interior en Tarapacá Viejo y los cementerios de Pica, igual que en espacios al-tiplánicos de Isluga y Collacagua (Niemeyer 1962b; L. Núñez 1984; P Núñez 1984; Reinhard y Sanhueza 1982; Zlatar 1984). Con todo, no existe mayor caracterización de su alfarería durante la expansión del Tawantinsuyo hacia Tarapacá (Uribe 1999-2000, 2006b).

A partir de la colección de Cerro Esmeralda pudimos identificar vasijas restringidas y no restringidas (Checura 1977), distinguiéndose que la mayor variedad se concentra en las primeras, donde se observan ollas con pedestal, aríbalos, cántaros y jarros, mientras que las irrestrictas se reducen a platos bajos o escudillas. Todas muestran las típicas pastas del altiplano, arenosas muy compactas con cuarzo y biotita (mica), de cocción oxidante principalmente regular y colores anaranjado a café con diversos revestimientos y decorados en blanco o ante, rojo y negro.


Figura 4. Componente cerámico Altiplano Tarapacá: (a-x) tipo Isluga Negro sobre Rojo ISL (decoración de líneas rectas, paralelas, divergentes, onduladas y triangulares en el exterior), sitios Ñama (a-s) y Chusmisa (t-x) (Núñez 1965a); (a'-e') tipo Chilpe Negro sobre Rojo CHP (decoración de líneas rectas, paralelas, onduladas, triangulares y puntos en el interior), sitio Chusmisa. Escala = 1 cm.

Altiplano Tarapacá ceramic component: (a-x) Isluga Black on Red ISL type (exterior surface decorated with different kind of lines, waves and triangles), Nama (a-s) and Chusmisa (t-x) sites (Núñez 1965a); (a'-e') Chilpe Black on Red CHP type (interior surface decorated with different kind of lines, waves, triangles and points), Chusmisa site. Scale = 1 cm.

Brevemente, se desprenden dos estilos incaicos principales que definimos como Cusco y Altiplano (Figura 5), pudiéndose distinguir a partir de estos últimos aquellos ejemplares Circumtiticaca y del Altiplano Meridional, destacando hacia el sur el tipo Inka Pacajes. Mientras que en el caso de la cerámica altiplánica central (posiblemente Lupacas y Collas) sobresalen lo que podría ser la variante Urcosuyo en Cerro Esmeralda e Isluga (Sanhueza y Olmos 1981), e incluso ejemplares Sillustani negro y rojo sobre ante o blanco identificados en los poblados de Pachica y Saguara en la sierra de Camarones (Rowe 1969; Schiappacasse et al. 1991; Tschopik 1946). Por su parte, el tipo Cusco Policromo con su decoración de figuras a modo de espigas y rombos con clepsidras o equis representaría la alfarería propiamente imperial en sus variantes A y B (Rowe 1969). En el adyacente altiplano de Carangas la cerámica incaica es bastante semejante a ésta de Iquique, pero además se mencionan piezas que podrían corresponder a estilos más meridionales y orientales de las tierras altas como Yavi del territorio Chichas (Michel 2000).

Cerca de nuestra región sólo contamos con fechados por termoluminiscencia del tipo Inka Altiplano en sus variantes Sillustani y Saxamar; la primera ubicada entre 1.420 y 1.560 d.C, y la segunda algo más temprana entre 1.350 y 1.400 d.C, pero cuyos sigmas positivos la centran durante el 1.400 d.C. (Schiappacasse et al. 1991). De lo anterior, destacamos una clara articulación tecnológica y estilística con la alfarería del altiplano, de la misma manera como se ha propuesto para el territorio Pacajes cuyos vínculos con el Inka se han establecido tempranamente por fechados de radiocarbono calibrados entre el 1.310 y 1.450 d.C. (Parssinen y Siiriainen 1997).


Figura 5. Componente cerámico Incaico: (a-j) tipo Inka Cusco Policromo INK (fragmentos de aríbalo y escudillas decorados en ante, blanco, negro y rojo), sitio Tarapacá 49 o Tr 49 (L. Núñez 1979; P. Núñez 1984); (k-l) Inka Altiplánico IKL (fragmentos de escudillas decoradas con motivos de aspas o variedad Urcosuyo), sitio Tarapacá 49 o Tr 49 (L. Núñez 1979; P. Núñez 1984). Escala = 1 cm.

Inka ceramic component: (a-j) Inka Cusco Polyichrome INK type (fragments of aryballus and bowls decorated with cream, white, black and red), Tarapacá 49 or Tr 49 site (h. Núñez 1979; P. Núñez 1984); (k-l) Inka Altiplano IKL type (bowl fragments decorated with triangles motifs named Urcosuyo), Tarapacá 49 or Tr 49 site (h. Núñez 1979; P. Núñez 1984). Scale = 1 cm.

Análisis Tipológico, Cuantitativo y Espacial de la Cerámica de Tarapacá

Conforme a estos antecedentes, análisis de laboratorio y trabajos de campo, clasificamos la cerámica y nos abocamos a evaluar la tipología expuesta a partir del análisis del material superficial y de excavaciones de los poblados del interior y la costa de Tarapacá. Se recolectó sistemáticamente el 10% de los sitios del interior entre los 1.200 y 3.300 msm, a través de un muestreo estratificado y dirigido de acuerdo a su diversidad arquitectónica y evitando espacios previamente trabajados, dando por resultado 12.744 fragmentos de cerámica de superficie. Camina 1 es el sitio que presenta la mayor cantidad de materiales, correspondiente a 3.655 fragmentos de 62 recintos (620 estructuras); en Ñama 1 se recolectaron 3.087 correspondientes a 53 recintos (558 estructuras); en Chusmisa 1.851 fragmentos de 12 recintos (137 estructuras); en Caserones 1 1.830 de 64 recintos (640 estructuras); en Tarapacá Viejo 1.726 fragmentos de 12 recintos (120 estructuras) y Jamajuga con 595 fragmentos de 15 recintos (150 estructuras). Para la costa, contamos con la cerámica de los sitios Pisagua B y N con cinco y 25 estructuras cada uno, donde se recuperaron sólo 406 fragmentos de superficie y excavaciones, 330 y 76 unidades provenientes de tres y siete recintos respectivamente. Finalmente, se incluye el material de las excavaciones en Caserones 1 y Camina 1, donde se sondearon 17 y 13 estructuras que rindieron 972 y 5.040 fragmentos en cada caso, además de datos específicos de los otros sitios sondeados donde se recuperaron 2.678 unidades (Ñama 1, Chusmisa y Jamajuga). Por lo tanto, la muestra total se encuentra constituida por 21.840 fragmentos.

Para el análisis estadístico del material, se consideraron tanto los tipos cerámicos individualmente como agrupados de acuerdo a su procedencia, adscripción cultural y temporalidad. Luego se trabajó con tablas de frecuencia, expresadas tanto en cantidades reales, así como en frecuencias relativas o porcentajes. La categoría Erosionados (ERO) no se consideró para la mayor parte del estudio, pues no representa ningún tipo cerámico propiamente tal, sino, por el contrario, una condición de alteración del fragmento que no permite una clasificación segura. Por último, con el objeto de establecer asociaciones significativas al interior como entre los asentamientos, de acuerdo a la presencia de los tipos cerámicos en ellos y su frecuencia, se realizaron análisis de agrupamien-to por promedio de grupos de pares, no discriminatorio y distancia euclidiana utilizando el programa Statistica.

Caracterización tipológica y espacial de la muestra

En la muestra analizada se determinó la presencia de 28 clases cerámicas (Tabla 2), todas ellas correspondientes a tipos cerámicos seguros y algunos dudosos, junto con dos categorías residuales referidas a material Indeterminado (IND) y Erosionado (ERO). En primer lugar, se registró la presencia de los tipos Loa Café Alisado (LCA), Quillagua Tarapacá Café Amarillento (QTC), Quillagua Rojo Pulido (QRP1 y QRP2)4 y Caserones Negro Pulido (CNP), que agrupamos dentro de un componente temprano que se remontaría principalmente al período Formativo Tardío (ca. 500 a.C-500 d.C), donde también incluimos cerámica San Pedro Negra Pulida del Salar de Atacama (SNP). Luego, aparece una gran variedad de ejemplares tanto de las tierras bajas como altas que configuran los componentes Pica Tarapacá y Altiplano Tarapacá, constituidos por tipos no decorados y decorados, pertenecientes al período Intermedio Tardío local (ca. 900-1.450 d.C). Dentro del primero, identificamos los tipos Pica Charcolio (PCH), Pica Gris Alisado (PGA) y Pica Chiza (PCZ); mientras que en el segundo distinguimos los tipos Isluga Negro sobre Rojo (ISL), Isluga Rojo Revestido (IRR), Isluga sin Decoración (ISD) y Chilpe Negro sobre Rojo (CHP), que adscribimos al altiplano Carangas. A ellos sumamos los tipos Taltape Negro sobre Blanco (TAL) y Hedionda Negro sobre Ante (HED), asignados al altiplano de Quillacas y Lípez. También registramos como parte del Intermedio Tardío los tipos San Miguel (SMB), Pocoma Gentilar (PG) y Arica No Decorado (AND) del valle de Azapa, así como los tipos Aiquina (AIQ) y Dupont (DUP) de Atacama (Uribe 1997,1999b, 2002). Por otra parte, identificamos los tipos Inka Cusco Policromo (INK), Inka Altiplánico (IKL) y Saxámar o Inka Pacajes (SAX), junto con los tipos Yavi La Paya (YAV), Turi Rojo Revestido Pulido Ambas Caras (TPA), Lasaña Café Rojizo Revestido y Pulido (LCE y LCP) de la subárea circumpunefia (Uribe 1999a), que agrupamos en un componente Incaico del período Tardío (ca. 1.450-1.536 d.C). Finalmente, dentro de un componente Histórico, identificamos un tipo Hispano (HIS)5, el Turi Café Alisado (TCA) y otro propiamente Etnográfico (ETN), pertenecientes a momentos coloniales y recientes de amplia difusión (Uribe 1997,2002). En consecuencia, todos estos conjuntos cerámicos definirían componentes prehispánicos e históricos locales y foráneos que remitirían a alfarería bastante típica y ampliamente distribuida por el territorio de Tarapacá, acompañada por otras expresiones del altiplano, Arica y Atacama, antes, durante y posterior a la presencia de los Inkas en la región. En términos generales, lo anterior implica que el material se reparte principalmente entre los componentes Pica Tarapacá, Formativo y Altiplano Tarapacá, siendo predominante el primero que abarca cerca del 70% de la muestra, seguido por los componentes Formativo y Altiplano Tarapacá entre el 16 y 12% respectivamente (Figura 6). En cambio, el resto de los componentes apenas supera el 1%.


El análisis de agrupamiento de acuerdo a las frecuencias relativas de su cerámica (Tabla 3 y Figura 7) muestra que si bien todos los sitios ha-bitacionales estudiados fueron ocupados a lo largo del período Intermedio Tardío, éstos se separan claramente en dos subgrupos. Por un lado, los dos sitios de la costa y, por el otro, los del interior (valles bajos y quebradas altas). Los sitios de la costa se diferencian de los del interior por la dominancia de los tipos locales PCH, PGA y PCZ (67 a 80%), característicos del componente Pica Tarapacá del Intermedio Tardío, y la casi total ausencia de los tipos Altiplano Tarapacá. No obstante, destaca la recurrencia de materiales de Arica, Atacama y un conjunto de fragmentos indeterminados. Los sitios Pisagua N y B, sin embargo, tienen importantes diferencias entre sí, dadas por las frecuencias de los tipos locales, entre los que destaca el tipo PCZ presente sólo en Pisagua B y una mayor variedad de tipos foráneos de Arica y Atacama en Pisagua N.

Por su parte, los sitios del interior presentan tres agrupaciones claramente diferenciables. Caserones 1 se distingue de los demás por presentar una importante frecuencia de tipos del Formativo Tardío (QTC y QRP=51%), junto con los clásicos exponentes Pica Tarapacá (p.ej. tipo PCH=48%). Acorde con esto, entonces, la diferencia está dada por un factor cronológico, coherente también con un emplazamiento distinto en el borde de la Pampa del Tamarugal, a diferencia de los otros asentamientos que están localizados al interior y en las quebradas altas. Así, con una marcada pertenencia al período Intermedio Tardío, los sitios Camina 1, Ñama 1, Chusmisa y Jamajuga muestran como común denominador la presencia conjunta de los tipos del Altiplano Carangas (ISL, ISR, ISD y CHP) en asociación con los del componente Pica Tarapacá (p.ej. tipo PCH=hasta 77%), además de una consistente aunque escasa aparición de tipos no locales procedentes de Arica (AND, SMB y PG) y Atacama (AIQ, DUP). Al respecto, los sitios de Camina y Ñama son los que exhiben la mayor afinidad debido a la alta frecuencia del tipo PCH (70% y más) y la recurrencia de los tipos del altiplano Carangas (ISD, IRR y ISL=15 a 17%), lo que puede ser considerado como lo más característico del desarrollo regional de Tarapacá. Chusmisa se separa de la agrupación anterior por presentar una proporción algo menor del tipo PCH (62%), junto con una mayor importancia de los tipos altiplánicos CHP e IRR (16%), la aparición del tipo IKL y otros como INK y SAX del período Tardío (4%), que evidencian una ocupación que se extiende hasta tiempos posteriores, principalmente asociados a la presencia incaica en la región. Jamajuga, a su vez, se aleja un poco de los anteriores por la alta proporción del tipo ISD (20%), por lo que aunque sigue siendo un típico representante del Intermedio Tardío, tiene un carácter todavía más altiplánico y tardío (p.ej. tipos TCA y LCE).

Por último, el sitio Tarapacá Viejo se distingue de los demás por una menor frecuencia del tipo PCH (33%) y la importancia que adquiere el tipo IKL (30%), que se asocia a otros tipos relacionados con la presencia incaica (p.ej. INK y SAX), ubicando a este sitio en la época más tardía de la secuencia prehispánica hasta alcanzar momentos coloniales por la existencia de alfarería colonial (HIS=2%)6. Además, aquí destaca la mayor importancia de los tipos altiplánicos CHP e IRR (17%) y la casi total ausencia de tipos foráneos procedentes de Atacama (salvo por expresiones incaicas circumpuneñas como el tipo TPA), aunque continúa la presencia de cerámica de Arica. En este sentido, parece relevante destacar la consistencia que presenta la presencia incaica en relación con los tipos cerámicos debido a la importancia de las clases IKL, INK, CHP e IRR, sugiriendo una mayor recurrencia de actividades relacionadas al Tawantinsuyo. Al mismo tiempo, la presencia de tipos asociados a tiempos coloniales (TCA e HIS) confirma la ocupación de Tarapacá Viejo en momentos tardíos y de contacto con el español, de la misma manera que la existencia de alfarería etnográfica (ETN).




Propuestas en Torno a la Historia Cultural del Complejo Pica Tarapacá

La tipología y el comportamiento de la muestra dentro y entre los sitios estudiados nos permite proponer que los asentamientos y su alfarería representarían distintos momentos de la historia cultural de Tarapaca, abarcando al menos desde el Formativo Tardío hasta la presencia Inka en el período Tardío (ca. 200-1.532 d.C.). Obviamente, la alta frecuencia del componente Pica Tarapaca en todos ellos indica que una de sus principales ocupaciones ocurrió durante el Intermedio Tardío (ca. 900-1.450 d.C), vinculada con las poblaciones de la costa, valles bajos y quebradas altas en torno a la Pampa del Tamarugal, con un notorio núcleo en las quebradas tarapaqueñas (Uribe 2006a). Lo anterior se encuentra avalado por los fechados de termoluminiscencia obtenidos para los tipos Pica Charcollo y Pica Chiza, ubicando con seguridad estas cerámicas entre el 950 y 1.445 d.C. (Tabla 1). Al mismo tiempo, la relación con las evidencias formativas, altiplánicas e incaicas nos ayuda a establecer una secuencia más precisa para el desarrollo regional apoyada en los materiales superficiales, así como en las primeras excavaciones y dataciones absolutas que nosotros hemos realizado en la zona (Méndez-Quirós y Uribe 2006). Las que ejemplificamos principalmente por los casos de Caserones 1 y Camina 1, a 1.200 y 3.300 msm, correspondientes a los valles bajos y quebradas altas de Tarapaca respectivamente.

La composición tipológica de Caserones 1 (Figura 8) evidencia una ocupación por parte de poblaciones locales que se extiende desde el Formativo Tardío hasta el período Intermedio Tardío, en su porción más temprana o inicial, ya que los componentes Altiplano Tarapaca, Incaico e Histórico no aparecen, sugiriendo un cambio en el sistema de asentamiento en tiempos prehispánicos. La distribución superficial de los tipos cerámicos de ambos períodos es muy homogénea en el sitio (51 y 48% respectivamente), dominado claramente lo local y una escasa variedad tipológica donde ambos componentes aparecen juntos casi en la totalidad de los recintos recolectados. De hecho, la presencia de materiales foráneos es mínima, evidenciando escasos nexos cerámicos con las regiones circundantes, que se remiten exclusivamente a Atacama y al Formativo7. Al interior de este último, el tipo alisado QTC es el que exhibe la mayor frecuencia (33%) y también es el que se encuentra distribuido en una mayor cantidad de recintos (90,6%). Los tipos pulidos QRP, en cambio, aparecen en una cantidad considerablemente menor (bajo el 10%), pero su presencia es igualmente dispersa (60% de las estructuras). Por su parte, el componente Pica Tarapaca del Intermedio Tardío se encuentra representado sólo por el tipo PCH, pero alcanza la mayor frecuencia en superficie (48%) y una distribución en casi todos los recintos del sitio (90,6%). Sus acotadas características tipológicas, por lo demás, recuerdan la situación de la costa debido al dominio del componente Pica Tarapaca en Pisagua B y N, sin perjuicio que los asentamientos se mantengan vigentes hasta momentos posteriores. De acuerdo con esto, sugerimos la existencia de al menos dos ocupaciones dentro de una continuidad cultural que tendría como base el período Formativo Tardío y que luego se desarrollaría en un primer momento del Intermedio Tardío, considerando que las principales fechas para la alfarería Pica Tarapaca tienden a concentrarse entre el 950 y 1.200 d.C. Más aún, en Pisagua B y N contamos con dataciones por termoluminiscencia de 290 y 960 d.C. para posibles cerámicas tarapaqueñas y atacamefias que perfectamente pueden ser ejemplares alisados y pulidos formativos como los que caracterizan a Caserones.

Nuestras excavaciones apoyan esta hipótesis, por cuanto en estratigrafía notamos un claro descenso del componente Pica Tarapaca (26,2%) y el radical aumento de los tipos Formativos Tardíos sobre todo de los pulidos (37,8%), destacando los tipos QRP, CNP e incluso un fragmento modelado Séquitor de San Pedro de Atacama (SNP). Esta observación coincide con las de Mavrakis (1985), quien destaca en su análisis del mismo sitio dos períodos ocupacionales. Compartimos con él la idea de un primer momento con una predominancia homogénea de tipos alisados, engobados, pulidos y bruñidos, especialmente en las capas intermedias e inferiores; seguido por una segunda etapa con muy poca cerámica pulida y un considerable aumento de los alisados hacia la superficie, casi desapareciendo el tipo CNP (Figura 9). Dicho cambio para el autor habría ocurrido entre el 600 y 800 d.C. (Mavrakis 1985:166), lo que a nuestro parecer, y de manera muy semejante a como previamente lo propuso True (1980) para el período 4 de Caserones, habría dado paso al Intermedio Tardío y su alfarería monocroma, café y estriada, desarrollándose de manera pura a partir del 950 d.C. de acuerdo a un fechado de radiocarbono no calibrado. Dichas apreciaciones hoy se encuentran corroboradas por otra fecha calibrada de los niveles superiores de Caserones de 890-1.020 cal. d.C. (p=0,95) (calibrado a 2 sigmas con el programa Intcal 98 de Stuiver et al. 1998). A ellas se suman las dataciones de Pisagua N de 1.030-1.250 d.C. (p=0,95), 1.020-1.210 d.C. de Camina 1 (p=0,95) y 1.160-1.290 d.C. de Jamajuga (p=0,95) (calibradas a 2 sigmas con el programa Intcal 98 de Stuiver et al. 1998) (Tabla 1), para contextos donde predominan las cerámicas Pica Tarapacá. Sin embargo, a diferencia de algunos de estos investigadores (Mavrakis 1985), no creemos que haya ocurrido un abandono repentino del asentamiento, de los valles bajos ni de la costa, debido a la gran proporción y alta dispersión del componente Pica Charcollo en la superficie de los sitios, sino un traslado gradual hacia otras zonas como los cursos altos de las quebradas, ya planteado por otros colegas (L. Nuñez 1979; P. Nuñez 1983) y evidente en los niveles inferiores de sitios como Tarapacá Viejo (P. Nuñez 1984). Esto anunciaría una segunda etapa dentro del Intermedio Tardío que estaría mejor caracterizada en lugares altos como Camina 1 y sus símiles en Ñama, Chusmisa y Jamajuga.


En Camina 1 (Figura 10) aumenta notoriamente el material cerámico y su variedad, contabilizando hasta 500 fragmentos en algunos recintos, mostrando una ocupación exclusiva del Intermedio Tardío que topa con el período Tardío, pero sin mostrar la fortaleza del componente Incaico que luego se observa en Tarapacá Viejo. Asimismo, las evidencias del Formativo Tardío son mínimas, aunque continúan y siguen siendo expresiones propias de Tarapacá (tipos QTC y QRP). De hecho, las excavaciones muestran que la alfarería del Formativo alcanza su mayor frecuencia y variedad en las excavaciones (2,1%), en tanto las cerámicas Incaica y posteriores se restringen a la superficie. Por otra parte, se agrega una importante presencia del componente Altiplano Tarapacá, especialmente del territorio Caranga, sugiriendo una intensa interacción que a diferencia de Caserones permite la introducción de cerámicas foráneas. Lo anterior además se ve expresado en la aparición de tipos del Altiplano Quillacas, de Atacama y Arica. De este modo, la distribución del componente Pica Tarapaca (p.ej. tipos PCH y PCZ) abarca prácticamente todo el sitio (98,4% de las estructuras), aumenta de manera notable su frecuencia (77%) y aparece asociado al componente Altiplano Tarapaca; éste, a su vez, tiene una presencia considerable (16%) y una distribución igualmente amplia (67,7% de los recintos), siendo frecuente que además aparezcan otros tipos foráneos. Esto sugiere que la principal ocupación se produjo con posterioridad al Formativo y en pleno desarrollo del Intermedio Tardío, denotando un segundo momento del período considerando los fechados para la alfarería altiplánica entre el 1.200 y 1.450 d.C. (L. Núñez 1984). Entonces, lo que nos interesa destacar es que en Camina 1 se observa la continuación de la tradición cerámica tarapaqueña surgida a fines del Formativo, pero que se transforma radicalmente al incluir una considerable proporción de alfarería altiplánica, en especial Caranga, mostrando el climax del desarrollo regional que no se aprecia en Caserones. Se constituye, entonces, un patrón cerámico que se extendería por el resto de las quebradas compartido por los sitios de Ñama, Chusmisa y Jamajuga, sugiriendo una estrecha relación con las tierras altas.



De acuerdo a ello, nos parece importante dar cuenta que en Camina 1 se pueden distinguir dos momentos propios del Intermedio Tardío, avalados tanto por el material superficial, de excavación así como por la arquitectura del asentamiento y sus fechados de radiocarbono (Adán et al. 2005). Al respecto, la cerámica de superficie permite distinguir un conjunto de estructuras que sólo presentan el componente Pica Tarapaca de manera dominante (25%), concentradas en el sector norte; mientras que la mayoría de los recintos, sobre todo del lado sur, muestran el mismo predominio pero asociado al componente Altiplano Tarapaca y el resto de las cerámicas foráneas, e inclusive donde los tipos altiplánicos pueden aparecer solos. Más aún, en seis de las estructuras excavadas se observa que el componente Pica Tarapaca se concentra en los niveles inferiores y/ o en los recintos con una sola ocupación, mientras que en 14 de ellas aparece en conjunto con el componente Altiplano Tarapaca y el resto de la cerámica foránea, circunscritos a los niveles superiores (Figura 10). Tal situación se encuentra apoyada por la división de ambos espacios por un gran muro que atraviesa de este a oeste el asentamiento, los que rindieron fechas distintas. Así, un recinto del sector norte con exclusiva presencia del componente Pica Tarapaca se dató en 1.020-1.210 d.C. (p=0,95), en tanto un recinto del sector sur donde se superpone al anterior el componente Altiplano Tarapaca fue fechado en 1.200 a 1.400 d.C. (p=0,95) (calibradas a 2 sigmas con el programa Intcal 98 de Stuiver et al. 1998) (Tabla 1). En consecuencia, existirían al menos dos fases en la ocupación del sitio durante el período Intermedio Tardío y antes del Inka, configurando un comportamiento cerámico propio para momentos clásicos del desarrollo regional que combina los componentes Pica Tarapaca y Altiplano Tarapaca. Al respecto, contamos con una datación de 1.160-1.310 y 1.370-1.380 d.C. (p=0,95) para Ñama 1 y otra de 1.300-1.430 d.C. (p=0,95) para Chusmisa (calibradas a 2 sigmas con el programa Intcal 98 de Stuiver et al. 1998) (Tabla 1), pertenecientes a contextos estratigráficos donde predominan las cerámicas altiplánicas. De este modo, no sólo los materiales de superficie sino también los de excavación de sitios de quebradas altas y la sierra confirmarían este nuevo patrón a partir de un momento posterior al 1.200 d.C. (Tabla 4), mostrando una gran homogeneidad caracterizada por la diversidad cerámica y un alejamiento de los vínculos formativos locales que aluden y avalan una complejidad social distinta que enfatiza la interacción interregional, especialmente con el Altiplano (Carangas y Quillacas).


Conclusiones

Los estudios cerámicos han alcanzado gran legitimidad a lo largo de la historia de la arqueología y, en particular, han demostrado su utilidad para la comprensión de la prehistoria del Norte Grande de Chile (p.ej. Dauelsberg 1972-1973; Tarrago 1976; Uribe 2004). Si bien estamos conscientes que la alfarería comprende una dimensión muy parcial de la conducta humana del pasado, su análisis permite un acercamiento a distintas dimensiones de la sociedad, dentro de las cuales la reconstrucción histórico cultural sigue teniendo un rol destacado (Es-poueys et al. 1995; Muñoz y Chacama 1988; Schiappacasse et al. 1991). En este sentido, para los Andes Centro Sur, acogemos el llamado de Parssinen y Siiriainen (1997) respecto a la necesidad de contar con más estudios detallados sobre esta materialidad para entender a cabalidad los procesos acaecidos entre el período Intermedio Tardío y la expansión del Inka en esta área. A propósito de dicha época y del llamado Horizonte Negro sobre Rojo, los autores plantean que:

We are aware that our evidence is not yet conclusive; we certainly need additional radiocarbon and thermoluminescence dates from Cuzco and other Andean areas to establish more exactly the chronological sequence (Parssinen y Siiriainen 1997:266).

Por lo tanto, a lo largo de este trabajo hemos demostrado que en tiempos prehispánicos tardíos en la región de Tarapacá se desarrolló una tradición cerámica monocroma y estriada, que durante el período Intermedio Tardío caracterizó la formación del denominado complejo cultural Pica Tarapacá como una entidad particular de los Valles Occidentales. Ésta abarcó desde la costa hasta la sierra, teniendo como núcleo los valles y quebradas del interior entre Camina y Pica donde se percibe con mayor claridad la sumatoria de tradiciones y estilos cerámicos externos, concordante con un espacio propicio para la agricultura, ganadería, recolección y movimiento de bienes entre la costa y el altiplano, justo donde antes habitaron importantes concentraciones de población durante el Formativo (Núñez 1979,1984; Uribe 2006a). Por lo que, a su vez, esta tradición de Tarapacá mostraría una clara continuidad cultural desde el Formativo Tardío y, a diferencia de Arica, sin mayor intervención de Tiwanaku, del todo ausente en los más de 21.000 fragmentos analizados de la costa, los valles bajos y quebradas altas. De hecho, sólo conocemos una vasija indiscutiblemente Tiwanaku, un par de piezas Cabuza y un ejemplar Yura Uruquilla o Yura Puqui registrados en Pica 8 (Zlatar 1984), este último asociado a un contexto funerario con cerámica Pica Tarapacá fechado por nosotros en 900-1.030 cal. d.C. (p=0,95) (calibrado a 2 sigmas con el programa Intcal 98 de Stuiver et al. 1998) (Tabla 1), por lo que se trataría de expresiones terminales del Horizonte Medio (Céspedes y Lecoq 1998)7-8. Entonces, de acuerdo a este estudio sistemático de su alfarería, se confirma que el tipo Pica Charcolio y sus variantes son los principales representantes de Pica Tarapacá (Núñez 1965b; Ayala y Uribe 1996), con antecedentes en las cerámicas Quillagua y Tarapacá del Formativo Tardío (ca. 200-780 d.C. [Oakland 2000; Rivera 2002; True 1980]), manifestándose indiscutiblemente a lo largo de todo el Desarrollo Regional desde el 745/ 890 hasta el 1.450 d.C., confirmando planteamientos previos sobre un sofisticado desplazamiento de poblaciones y relaciones sociales entre el interior, la costa y viceversa (Moragas 1995; L. Núñez 1968,1979,1984; P. Núñez 1983; Sanhueza 1985). Sin embargo, también damos cuenta de un panorama aún más complejo que permite distinguir con claridad dos momentos dentro del Intermedio Tardío no detectados antes en la región, si bien previamente vislumbrados por otros investigadores poco más al norte (Niemeyer y L. Núñez 1984; Schiappacasse 1981). Situación que, al mismo tiempo, conlleva una problematización de la previa aplicación de los clásicos modelos de verticalidad en los Andes Centro Sur; crítica a su mecánico uso que sólo enunciamos en esta oportunidad ya que mayores estudios para entender la naturaleza y dinámica de estos cambios todavía se hallan en curso. Por un lado, las características y exclusividad del componente Pica Tarapacá representaría un momento temprano entre el 745/890 y 1.250 d.C, evidenciando la continuidad entre las tradiciones alfareras formativas tardías y el desarrollo regional inicial, aludiendo a una complejidad social importante, manifiesta en su relación con notables formaciones aldeanas como Caserones (Adán et al. 2005) y en cementerios jerarquizados como los de Pica e Iquique (Pica 8, Bajo Molle, etc.); pero bastante circunscrita al ámbito local de la Pampa del Tamarugal y la costa, sin dejar de lado conexiones con Atacama seguramente a través del río Loa. En cambio, después del 1.250 d.C. las poblaciones Pica Tarapacá se vuelcan fuera de su territorio, pues tienden a manifestarse transformaciones ligadas a la introducción y circulación de cerámicas foráneas en los valles bajos y quebradas altas, sobre todo del Altiplano Meridional (Caranga y Quillaca); del mismo modo que piezas de los Valles Occidentales de Arica así como atacameñas del Loa y San Pedro. Este cambio sugiere una intensificación de la complejidad social que no parece ser satisfecha por la producción cerámica local como antes, al menos por la alfarería monocroma tradicional y quizás tampoco por la economía regional, conllevando a ampliar las redes de interacción así como el desplazamiento hacia tierras más altas tras la búsqueda de bienes suntuarios y/o productos básicos como los ganaderos (Núñez 1979). Así, en la sierra tarapaqueña se manifestarían cerámicas altiplánicas preincaicas a partir del 1.200 y 1.300 d.C, donde los tipos Isluga y Chilpe se convertirían en la principal alfarería del componente Altiplano Tarapacá, estableciéndose vínculos estilísticos con otras cerámicas como Kollau, Pacajes y Taltape (Albarracín-Jordán 1996; Dauelsberg 1972-1973; Lecoq 1991,1999; Rydén 1947), si bien el nexo principal sería con el espacio Caranga (Michel 2000; Sanhueza y Olmos 1981). De acuerdo a ello, la introducción de cerámica decorada altiplánica como valluna e incluso circumpunefia podría referir a bienes insertos en relaciones de cooperación e intercambio y expresar la configuración de una trama social distinta, apoyada en los nexos externos y nuevas competencias sociales. Al mismo tiempo, esto incluso pudo provocar movimientos considerables de poblaciones hacia y desde la sierra, considerando que el componente Altiplano Tarapacá adquiere una gran representación en los asentamientos de Ñama, Camina, Chusmisa, Jamajuga y también Mocha (Moragas 1991). Y, producto de ello, se observaría una ocupación dual y compartida de este espacio por grupos de valles, quebradas y altiplano, sin perder el contacto con la Pampa y la costa (Schiappacasse et al. 1989).

Sin embargo, a diferencia de otros autores, no podemos asegurar que esta situación sea el producto de colonias manejadas por cabeceras altiplánicas o un intercambio institucionalizado dirigido por especialistas caravaneros (Niemeyer y Schiappacasse 1981; L. Núñez 1984), puesto que la alfarería insinúa una conducta más versátil donde los valles bajos tienen un papel protagónico y cuyas poblaciones se integran con su cerámica a las redes de las tierras altas y la costa, ofreciendo alternativas diversas como las que actualmente se proponen para otros puntos de los Valles Occidentales (Santoro et al. 2004). Pero, sin perjuicio de esta última propuesta que enfatiza lo étnico e igualitario, nuestro estudio vislumbra una complejidad social mayor, por lo cual mantenemos este apelativo para denominar al desarrollo cultural tarapaqueño. En suma, proponemos que el complejo Pica Tarapacá se gestó durante el Intermedio Tardío, al menos en dos fases, una inicial y otra clásica; que de acuerdo a los sitios que ejemplifican la situación, las denominamos fase Tarapacá (ca. 900-1.250 d.C.) y Camina (ca. 1.250-1.450 d.C.) respectivamente, siendo este último el panorama que predominaría a la llegada del Inka a la región hasta 1.532 d.C.

Agradecimientos: Este trabajo es resultado del proyecto FONDECYT 1030923. Por lo tanto, agradecemos a las colegas Leonor Adán, Carolina Agüero, Cora Moragas y Flora Vilches por su compromiso con esta investigación. Asimismo, a todos quienes han participado del proyecto en terreno y laboratorio y a Paulina Chávez por las ilustraciones. También agradecemos los valiosos comentarios y observaciones de los evaluadores que contribuyeron a mejorar sobremanera la calidad de este artículo. Finalmente, gracias al profesor Luis Cornejo y a los estudiantes de arqueología de la Universidad de Chile, así como a las comunidades locales de Tarapacá por su apoyo y comprensión a la investigación científica.

Notas

1 Trae (1980) identifica un grupo cerámico que denomina Caserones Rojo Alisado con características análogas a este tipo, aunque también presenta ciertas diferencias que impiden por ahora una equivalencia total.

2 Entendemos por componente o complejo cerámico un conjunto de elementos u objetos cerámicos que identifican un período (Heras y Martínez 1992), así como una sociedad y cultura particulares.

3 Nos parece que el tipo Isluga Estriado podría ser equivalente a la cerámica Pica Charcollo.

4 Este tipo incluye vasijas restringidas y no restringidas respectivamente (QRP1 y QRP2).

5 Nos referimos a alfarería elaborada en torno (p.ej. botijas españolas).

6 No obstante, aquí también hemos identificado escasos ejemplares formativos (p.ej. tipos LCA y QTC).

7 Salvo por un fragmento Yura Uraquilla o Yura Puqui en superficie que puede ubicarse a fines del período Medio y comienzos del Intermedio Tardío (Lecoq 1999; Lecoq y Céspedes 1997).

8 Esta misma situación ha sido detectada y planteada para el material textil del complejo Pica Tarapacá (Agüero 2006).

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Recibido: marzo 2006. Aceptado: marzo 2007.