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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400007 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 599-617
Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

QUILLAGUA Y LOS TEXTILES FORMATIVOS DEL NORTE GRANDE DE CHILE

 

Carolina Agüero* y Bárbara Cases**

* Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo R.P. Gustavo Le Paige S.J., Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. maguero@ucn.cl
** Magíster en Antropología. Universidad de Tarapacá, Arica y Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. barbara_cases@hotmail.com


Con el fin de caracterizar los grupos formativos presentes en Quillagua (Loa Inferior), se estudiaron las colecciones textiles de algunos de los sitios más característicos de cada una de las tradiciones culturales identificadas en esa localidad, a saber: Arica, Tarapacá y Loa-San Pedro, con el fin de obtener un conocimiento general de las particularidades artefactuales de cada una de ellas. Con ello, se sistematizó la información disponible para la textilería de este período _identificando unidades de análisis a través de criterios uniformes_ llegando a determinar las posibles relaciones entre las regiones culturales mencionadas y los contextos de Quillagua, para finalmente integrar a esta localidad en el proceso formativo regional.

Palabras claves: Quillagua, textiles, período Formativo.


In order to characterize the formative populations of Quillagua (Lower Loa), textile collections from certain sites of the cultural traditions from Arica, Tarapacá and Loa/San Pedro, were studied to obtain a general view of the artifactual particularities of each zone. With this information, the available textile data of the period was systematized _identifying analysis units through uniform criteria_ enabling us to establish possible relationships between the above mentioned cultural regions and the formative contexts of Quillagua, thus incorporating the locality into the regional formative process.

Key words: Quillagua, textiles, Formative period.


 

Cuando en Quillagua (Qui.), como parte del proyecto Fondecyt 1990168, se descubrieron varios cementerios formativos que por las características de sus contextos parecían corresponder a distintas regiones culturales (Agüero et al. 1995), la ausencia de investigaciones sistemáticas impedía explicar aquello en términos secuenciales o de contemporaneidad. La presencia del entierro de un individuo flectado con una gruesa manta felpuda y un característico "gorro-bolsa" en Qui.84 y la presencia de túmulos en Qui.89, nos señalaba una relación con Valles Occidentales; Qui.37 mostraba cuerpos flectados sobre esteras, cubiertos por mantas, cueros de aves y cestos, acompañados de cerámica rojiza pulida, ligando al sitio con la costa tarapaqueña; finalmente Qui.76, exhibía cerámica Séquitor en basurales cercanos al cementerio de Ancachi, relacionando al oasis con la cuenca del Salar de Atacama.

Lo anterior nos llevó a estudiar colecciones de varios sitios del Norte Grande con el fin de ordenar la información disponible para la textilería del período. Esto nos permitió, por una parte, obtener un panorama regional de las particularidades artefactuales y su variabilidad contextual en las distintas manifestaciones culturales del Formativo; y, por otra, uniformar los criterios de análisis de las muestras, que hasta el momento habían sido tratadas con metodologías dispares, dificultando una visión general del comportamiento textil. Con estas unidades de análisis intentamos determinar las posibles relaciones entre las áreas culturales mencionadas y los contextos formativos de Quillagua, caracterizándolos en términos de procesos culturales, materia sobre la cual ofrecemos una interpretación (Figura 1).

De este modo seleccionamos cinco colecciones: Az-70 y Cam-15AB para la zona arqueológica de Arica (depositadas en el Museo San Miguel de Azapa); Tr-40 para las quebradas intermedias (depositada en el Palacio Astoreca, en Iquique); para la cuenca del Loa, registramos el material de Caleta Huelén depositado en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, y el de Topater, actualmente en la Corporación Cultural y Turismo de Calama. Respecto de San Pedro de Atacama, aunque no existen textiles que puedan asignarse con claridad al período, ciertos atributos diagnósticos nos permitieron considerar prendas procedentes de sitios tradicionalmente asignados al Período Medio, como Coyo Oriente y Solcor-3, y de sitios que tendrían un componente formativo (Quitor 5). Junto a lo anterior, se integró información ya recopilada de otros cementerios como PlM-7, Az-71, Morro-2, Cementerio D de Pisagua, costa de Iquique y Chiu-Chiu.

Figura 1. Ocupaciones del Período Formativo. Costa: 1. Morro-2; 2. Playa Miller-7 o Laucho; 3. Pisagua-D; 4. Pta. Pichalo; 5. Cáñamo; 6. Caleta Huelén; 7. Pta. Blanca; 8. Cobija, Valles y quebradas; 9. Azapa-14 y 71; 10. Azapa-70 y 122; 11. Conanoxa E-6; 12. Pircas; 13. Caserones y Tr-40; 14. Guatacondo; 15. Quillagua, precordillera y puna; 16. Chiu-Chiu; 17. Quitor 5 y 6; 18. Solor; 19. Tulor; 20. Toconao Oriente (Tomado de Muñoz 1989).

Los Textiles Formativos de los Valles Occidentales

Valle de Azapa y costa de Arica

Los sitios Az-71 y Az-14 correspondientes a la Fase Azapa (1.300-500 a.C.) ofrecieron textiles tempranos del valle, que mostraron un gran uso de fibra vegetal para confeccionar esteras y cobertores púbicos, habiendo también madejas de lana, cintillos, pulseras y tobilleras de hilados de caméli-do. Las técnicas más utilizadas fueron el torzal y el anillado simple y de doble torsión, todas las cuales tienen antecedentes en el Arcaico costero. También hubo mantas de fibra de camélido en faz de urdimbre o ligamento tela y los colores fueron principalmente naturales. A juzgar por los antecedentes arcaicos, los de fibra de camélido (bolsas y gorros en anillado y turbantes) corresponden a una etapa más tardía del cementerio.

Al revisar los textiles de Morro-2 junto a los datos de Morro 2/2 (Foccacci y Chacón 1989) situados en la costa de Arica y fundamento de la Fase Faldas del Morro (1.000-400 a.C.), vimos que en momentos tempranos del Formativo se produjeron textilerías diferentes en el valle y en la costa, donde las prendas se confeccionaban más en lana que en fibra vegetal y estaban conformadas por turbantes, gorros en anillado sencillo sobre los que se enrollaban hilados, bolsas en anillado sencillo y de doble torsión, huinchas faz de urdimbre listadas en rojo y azul, mantas felpudas en torzal y faz de urdimbre en colores azul y café, y lienzas de algodón (Figura 2).

También hubo diferencias entre los textiles del valle y su costa en las fases formativas tardías. Los sitios Az-71b, Az-70 y Az-122 sirven para caracterizar esta textilería (500 a.C.-500 d.C.) en el valle de Azapa. En este conjunto las prendas más representadas fueron túnicas, esteras y mantas (ninguna felpuda). La técnica más utilizada fue la faz de urdimbre seguida por la faz de urdimbre/faz de trama (en túnicas), el torzal (en esteras), el anillado sencillo y la faz de trama; hay una gran variación en el número de tramas utilizadas en los tejidos faz de urdimbre; utilización de hilados monócromos, molinés, y bouttonnés, principalmente de fibra de camélido aunque también hay algodón y fibra vegetal. La faz de urdimbre fue la técnica decorativa más utilizada, seguida de la faz de trama, tapicería entrelazada, enlazada y ojalada, aunque se debe mencionar la presencia de sprang. La decoración se concentra en túnicas y bolsas, en algunas de las cuales hay iconografía figurativa lograda por tapicería entrelazada, enlazada y ojalada. En los tejidos anillados como bolsas y gorros se vieron motivos escalerados como rombos y pedestales (Figuras 3 y 4). Finalmente, un cuarto sitio, Az-115 mostró prendas que se escapan a las anteriores: además de túnicas faz de urdimbre con la parte inferior en faz de trama, hubo miniaturas de mantas, túnicas y bolsas, emparentadas más bien con Tarapacá.

Por otra parte, Plm-7 sirve para acceder a la textilería formativa tardía de la costa, la cual se caracteriza por nuevas y más frecuentes formas textiles como mantas, túnicas, turbantes (de menor tamaño que aquellos de Faldas del Morro), fajas y bolsas confeccionadas en fibra de camélido, las últimas en anillado sencillo y de doble torsión; taparrabos de fibra vegetal en torzal y lienzas de algodón. Surge una nueva terminación: la cadeneta estructural sobre un hilado de soporte en el encabezamiento de urdimbre de las mantas que son más bien de aspecto "mullido" que felpudo. Por primera vez se combinan el ligamento faz de urdimbre y el faz de trama en una misma pieza. Aparecen los bordados en las uniones. Los hilados utilizados son bouttonné en las mantas y molinés de colores naturales y artificiales en el resto de los tejidos. No hay iconografía compleja ni técnicas de tapicería ni anillado para crearla, y los escasos diseños consisten en cuadrados, rectángulos y triángulos en las fajas.

Con todo, durante el Formativo Temprano tanto en la costa como en el valle se evidencia una continuidad con la textilería arcaica, así como relaciones entre ambas zonas entre ellas y con Tarapacá, boca del Loa y cursos Medio e Inferior. Posteriormente, las relaciones que mantienen la costa y el valle empiezan a diferenciarse, restringiendo la primera sus nexos al valle de Azapa y Camarones, en tanto el valle mantiene una continuidad en sus vínculos con la costa y quebradas intermedias de Tarapacá, boca del Loa y curso Medio, manifestándose además una relación con el curso Inferior y sur del Perú.

Figura 2. Componente textil formativo temprano de la costa de Arica: (a) Bolsa anillada; (b) Huincha faz de urdimbre; (c) Manta en torzal.


Figura 3. Componente textil formativo tardío del valle de Azapa: (a) Gorro anillado; (b) ¿Portador de cabeza? en tapicería enlazada; (c) Bolsa anillada; (d) Bolsa en tapicería entrelazada; (e) Manta en torzal.


Figura 4. Túnicas del componente textil formativo tardío azapeño: (a) Túnica faz de urdimbre con flecos; (b) Túnica faz de urdimbre y faz de trama; (c) Túnica faz de urdimbre; parte inferior faz de trama y flecadura; (d) Túnica faz de urdimbre decorada en tapicería.

Tarapacá

Los sitios Cam-15AB, Tr-40 AB y Pisagua D permitieron determinar un componente textil temprano que también muestra continuidad con el Arcaico Tardío a través de la especialización en el tratamiento de la fibra vegetal y la frecuente utilización de hilados de algodón que disminuye en momentos más tardíos. Las prendas más frecuentes son las mantas, túnicas y bolsas, habiendo una gran heterogeneidad entre las primeras, donde predominan las elaboradas en faz de urdimbre con efecto de textura mullido, seguidas de aquellas en ligamento torzal y tela, en fibra vegetal y algodón. Las túnicas son rectangulares monócromas tejidas en faz de urdimbre. Entre las bolsas hay ligamento torzal, anillado sencillo y con doble torsión y faz de urdimbre, la mayoría en fibra vegetal o algodón, y sólo una con decoración listada. La mayor parte de los tejidos está confeccionada en fibra de camélido, pero también hay una alta proporción que introduce hilados de algodón o haces de otras fibras vegetales. Es común la utilización de una trama continua y en menor proporción de tramas múltiples. La mayoría de los hilados son torzales 2Z-S que a veces se combinan en los tejidos con haces de fibra o hilados bouttonnés. Las pocas prendas que tienen motivos decorativos presentan listas lisas, segmentadas y peinecillos, y se crean con la técnica faz de urdimbre.

Durante esta fase temprana, Cam-15 evidencia nexos costeros desde Arica a la boca del Loa, y también con la quebrada de Tarapacá y Loa Medio. En tanto, el sitio Tr-40, hasta donde sabemos, a partir de una escasa representación de mantas en torzal, durante el Formativo Temprano interacciona únicamente con la costa de Tarapacá. En este sitio la textilería formativa tardía de Tarapacá está bien representada y se caracteriza por dos conjuntos textiles: uno de miniaturas correspondiente a las ofrendas de los difuntos y uno de tamaño normal que corresponde al ajuar y que es similar a la textilería de Pisagua (Agüero 2000). El primer conjunto reúne ofrendas miniaturas de túnicas, mantas, bolsas, gorros y taparrabos tejidos en faz de urdimbre, principalmente en hilados de vicuña utilizando una trama continua e hilados monócromos y regulares de colores naturales. Los colores artificiales son el amarillo, el rojo y el azul y están presentes en las cadenetas estructurales de los encabezamientos y/o finales de urdimbre, en listas laterales en las mantas y en los gorros anillados (Figura 5). Todas estas prendas están muy bien tejidas y presentan densidades bastante altas con relación a los tejidos del ajuar, constituyéndose en algo particular de Tarapacá, aun cuando en el valle de Azapa (Az-115) se enterró un pequeño grupo portador de su cultura material. El segundo conjunto corresponde al vestuario de los difuntos formado por una gran variedad de mantas en faz de urdimbre (gruesas tejidas con hilados bouttonné que dan un aspecto "mullido", gruesas con flecadura, felpudas y sin efecto de textura, felpudas combinando la faz de urdimbre y la faz de trama y en torzal) y túnicas en las que se incluye un sector inferior en faz de trama. Se utilizan en la mayoría de los casos tramas múltiples, hilados monócromos, molinés y bouttonné en colores naturales. Se observaron pocas tapicerías una de las cuales se relaciona iconográficamente con Tiwanaku IV, mientras que otra lo hace con la costa sur peruana, existiendo total ausencia de prendas catalogadas como formativas altiplánicas. Por otro lado, este segundo conjunto es similar formal y tecnológicamente a los textiles de Pisagua y Camarones, por lo que puede considerarse como representativo de la textilería formativa de Tarapacá (Figura 6).

Por la distribución espacial de estos conjuntos, el sitio se vincula con Azapa a través de las miniaturas (mantas, túnicas y bolsas) y de las prendas de tamaño normal, también con la costa de Tarapacá desde Camarones a Caleta Huelén y con la costa de Arica. Las relaciones con el Loa Medio e Inferior también están planteadas, así como un débil nexo con el oasis de San Pedro. De este modo, la principal relación de Tr-40 es con la costa tarapaqueña y el valle de Azapa.

Por otra parte, en Cam-15AB este componente tardío se presenta a través de mantas en faz de urdimbre de fibra de camélido y de una nueva técnica decorativa: la de urdimbres discontinuas. Estas prendas muestran una continuidad con las mantas de fibra de camélido tejidas en ligamento torzal a través de la terminación de cadeneta estructural en una o dos orillas de urdimbre. Esta terminación, al parecer, surge en los primeros momentos del Formativo asociada a la fibra de camélido. Las túnicas, prácticamente ausentes en los contextos tempranos del valle de Azapa y costa de Arica, son en Tarapacá bastante frecuentes, y en su mayoría monocromas de fibra de camélido o de algodón con utilización de tramas múltiples. Estos datos estarían señalando una conexión meridional a juzgar por su presencia en Tr-40, Topater y Coyo Oriente. También hay taparrabos característicos, de forma de clepsidra o rectangular, ausentes en Arica y presentes en Tr-40 y Pisagua D, así como pocas prendas decoradas en tapicería enlazada que crea líneas zigzag o cruces y volutas. En suma, durante los momentos finales del período, el grupo humano de la desembocadura de Camarones sigue manteniendo las conexiones establecidas durante la fase temprana, de manera consecuente con la tradiciona-lidad en las costumbres que se ha planteado para las poblaciones costeras.

Figura 5. Componente textil formativo tardío tarapaqueño. Miniaturas: (a) Manta; (b) Túnica; (c) Taparrabo; (d) Bolsa; (e) Gorro; (f) Terminación de cadeneta estructural.


Figura 6. Componente textil formativo tardío tarapaqueño. Prendas de tamaño normal: (a) Manta en torzal; (b) Taparrabo faz de urdimbre y faz de trama; (c) Manta felpuda faz de urdimbre y faz de trama; (d) Manta faz de urdimbre y faz de trama; (e) Túnica faz de urdimbre y faz de trama; (f) Túnica faz de urdimbre; (g) Bolsa faz de urdimbre; (h) ¿Estandarte? en tapicería enlazada y ojalada.

Los Textiles Formativos de la Costa Desértica y Cuenca del Loa

Boca del Loa

De los cementerios de Caleta Huelén 7, 10, 20 y 43 fechados entre 450 a.C. y 215 d.C. (Núñez 1976; Moragas 1995), proviene una escasa muestra textil asignable al Formativo, para cuyos momentos tempranos la prenda más representada es la bolsa realizada en fibra vegetal en anillado sencillo suelto y de doble torsión (Cases 2000). Tanto el contenido (conchas y tubos para alucinógenos) como sus característica técnicas y formales vinculan a estos sitios con otros de la costa tarapaqueña y desértica (Cam-15AB, Pisagua-D, Cáñamo-12, Cobija-10) y con espacios interiores del Loa, como Qui.84 y Topater. Otra prenda proveniente de un contexto alterado de CaH-7 corresponde a una huincha, similar a otras de Morro-2, Cam-15A, Topater y Quitor-6.

Registramos también textiles correspondientes al Formativo Tardío realizados en fibra de camélido que, en general, usan una sola trama y terminación de cadeneta estructural, entre los que se cuentan mantas gruesas en faz de urdimbre y taparrabos en técnicas de tapicería. Las primeras, provenientes de CaH-10, están bien representadas en Topater (vid. infra), como también en Cam-15AB y Pisagua-D, y los taparrabos, relacionan a la desembocadura con el Loa Medio.

El Loa Medio

Topater-1 permitió caracterizar los textiles de este curso del Loa (Cases 2000), siendo las prendas mejor representadas en orden decreciente, mantas, taparrabos, túnicas, bolsas, gorros y huinchas, y con menor frecuencia turbantes y falde-llines. Aunque exhiben una gran homogeneidad en términos de técnicas y fibras utilizadas, es con relación a los nexos materiales establecidos con otros sitios del período que proponemos elementos correspondientes a un momento más temprano y otro más tardío.

El primero está débilmente representado en Topater por mantas, bolsas, huinchas y faldellines. Las mantas de camélido se tejieron en ligamento tela con una trama continua y son gruesas de efecto jaspeado y mullido por el uso de hilados bouttoné y terminadas con cadeneta estructural. La fibra vegetal y el algodón, junto al camélido, se concentran en las bolsas, todas realizadas en técnica de anillado sencillo, de doble torsión y de doble torsión sobrepuesto y entrelazado, ésta última registrada sólo en este sitio; cuando hay decoración, ésta se logró por variación de colores, de densidad, hilados, motivos geométricos y antro-pomorfos y es relativamente frecuente que hilados bouttonné de color rojo se hayan empleado como asa o cerrado la bolsa. Las huinchas también corresponden a este conjunto más temprano, en sus versiones monocromas y decoradas en sentido de la trama, todas ellas de camélido tejidas en faz de urdimbre. Finalmente, existen faldellines en tonalidades naturales del camélido, en que los flecos se habrían montado como urdimbre y sujetado por dos cables pasados como trama, dejando que los hilados se retuerzan una vez sueltos (Figura 7).

Estos datos, junto a otros de Chiu-Chiu 200 y Cementerio (Benavente 1982), fechados en 910+290 a.C. y 2.165±105 a.C., respectivamente, nos lleva a suponer una mayor profundidad temporal del desarrollo de la textilería en el Loa Medio, relacionada con focos tempranos de domesticación (Benavente 1982), confirmado a su vez por los tejidos de Tulán 54 (Dransart 1999), contemporáneos a los de Chiu-Chiu 200. Todos estos materiales asocian a este conjunto a diferentes sitios de la localidad de Quillagua (Qui.58, 75 y 84), con la desembocadura y con la costa y quebrada de Tarapacá; más débilmente con la costa y espacios interiores de Arica, y también con Coyo Oriente en el oasis de San Pedro y lo situarían hacia 500 a.C.

Figura 7. Componente textil formativo temprano de la cuenca del Loa: (a) Bolsas en técnicas de anillado; (b) Huincha en faz de urdimbre; (c) Faldellín en fibra de camélido.

Un segundo grupo conformado por mantas, túnicas, taparrabos y gorros realizados en fibra de camélido, marca una diferencia con el conjunto anterior debido a la introducción de técnicas más tardías como la de urdimbres discontinuas y transpuestas en las mantas, que incorporan colores artificiales y al igual que otras en tonos naturales son felpudas más que mullidas; la presencia de más de una técnica en túnicas y taparrabos, que combinan faz de trama y faz de urdimbre; la decoración en técnicas de tapicería enlazada y ojalada en los taparrabos _que permite crear iconografía compleja (Sinclaire 1997)_ y la decoración listada en gorros en técnica de anillado. La cadeneta estructural, presente en el conjunto mencionado anteriormente sólo en las mantas, está ahora también en taparrabos y túnicas. Adquieren mayor relevancia los colores teñidos, principalmente el rojo, azul piedra y amarillo ocre, presentes en taparrabos, túnicas y mantas y el uso de tramas múltiples. Cabe mencionar que las túnicas, tanto monocromas como con sector en faz de trama en la parte inferior y cuerpos con listas lisas y peinecillos y ajedrezados, presentan en este sitio una particularidad: el cuello en lugar de formar un vértice adquiere una forma trapezoidal a cuadrada, que hemos visto también en túnicas de Coyo Oriente (Figura 8).

Durante este momento más tardío los nexos de Topater se extienden hacia la boca del Loa, el oasis de Quillagua, la costa y espacios interiores de Tarapacá y Arica, incorporándose ahora el oasis de San Pedro. Cronológicamente este conjunto daría cuenta de los primeros 500 años d.C.; para esta asignación nos basamos en un promedio de fechas entre 200 y 300 d.C. obtenidas para el sitio (Benavente, comunicación personal 2000), y por mantas recuperadas también en Qui.84 situadas cronológicamente entre el 200-600 d.C.

Figura 8. Componente textil formativo tardío de la cuenca del Loa: a) Taparrabo faz de urdimbre; extremos en tapicería enlazada y ojalada; b) Manta faz de urdimbre; c) Manta en urdimbres discontinuas; d) Túnica faz de urdimbre y faz de trama; e) Gorro en anillado sencillo.

Los Textiles Formativos de San Pedro de Atacama

En este oasis no encontramos textiles que puedan asignarse con claridad al período. No obstante, por la presencia de atributos textiles diagnósticos de éste (p.e. cadeneta estructural, hilados bouttonné y efectos mullido y jaspeado), se registraron piezas completas o fragmentos de ellas, confeccionadas en faz de urdimbre con hilados de fibra de camélido (Cases 2000).

Resulta coherente que la manta sea la prenda más frecuente. El grupo más numeroso muestra efecto jaspeado con reborde de trama de color contrastante y uso de tramas múltiples. Está en Coyo Oriente y Solcor-3 y guarda cierta relación decorativa con aquel de Quillagua y Topater. Un tercer grupo proviene de Quitor-5 y lleva decoración policroma en urdimbres discontinuas, formando parte de mantas teñidas por amarras, descritas por Lindberg (1963) y que corresponderían al Período Medio (Cases y Agüero 2000).

Las piezas restantes provienen de Coyo Oriente. Reconocimos túnicas faz de urdimbre gruesas con efecto mullido, con una lista beige en el reborde de trama y uso de tramas múltiples, y monocromas delgadas adscritas al período por presentar el mismo detalle del cuello que las de Topater. También hubo piezas únicas en este registro, como túnicas tejidas en torzal oblicuo con hilados bouttoné, de efecto jaspeado con cadeneta estructural y taparrabos gruesos que usan una combinación de tipos de hilados en el cuerpo y un reborde de trama en color contrastante, empleando tramas múltiples, o bien, una trama continua y cadeneta estructural. Los materiales insinúan débiles vínculos con la costa y quebradas tarapaqueñas así como con el Loa Medio.

Finalmente, la única bolsa registrada es rectangular de base curva, tejida en anillado sencillo y anillado cruzado y tejido. De este ligamento tenemos sólo una referencia en Chiu-Chiu 200 (Benavente 1982), lo que apoyaría su adscripción al Formativo, posiblemente a un momento más temprano que el conjunto anterior.

Los Textiles Formativos de Quillagua

El análisis de las colecciones anteriores permitió caracterizar los textiles de Quillagua, ya que gran parte del material de la localidad corresponde a fragmentos. Debido al escaso material de superficie, centraremos nuestro análisis en los sitios Qui.84 y Qui. 89 excavados durante el año 2000, haciendo alusión a los otros sitios cuando existan relaciones artefactuales o contextuales.

Qui.84 corresponde a un cementerio en hondonada con entierros directos en fosas elipsoidales (Agüero et al. 2001). El análisis de textiles de rescate y superficie sugería vínculos con los componentes Formativos Temprano y Tardío de Tarapacá y Tardío de Azapa (Cases 2000). A partir de los tests estratigráficos se reconocieron mantas, túnicas y bolsas, seguidas en cantidades inferiores por gorros y redes anudadas, todas ellas se distribuyen en pocos grupos textiles, la mayoría de los cuales se ha mencionado previamente. A través de la comparación con muestras de otros sitios y regiones y de los fechados TL obtenidos para el sitio, proponemos dos momentos de ocupación. El primero está débilmente representado por mantas, túnicas y bolsas. Dentro de las primeras hay delgadas de algodón tejidas en faz de urdimbre, usando cadeneta de montaje y/o flecadura estructural y gruesas de camélido, que usaron hilados bouttoné en tonos naturales, monocromas a jaspeadas, de efecto mullido y con cadeneta estructural en una o dos cabezales de urdimbre y tejidas con dos tramas. Incluimos aquí las túnicas en forma tentativa; se tejieron en ligamento tela a faz de urdimbre irregular con hilados de camélido de distinto título y tonos naturales, lo que junto a la irregularidad del tejido genera un efecto jaspeado; usan tramas simples, pares y triples, que se comportan como una trama continua. Túnicas similares hay también en Qui.75, Qui.76 y Qui.49, usando en estos casos hilados sencillos de fibra vegetal. En las bolsas se observó el uso de fibra vegetal para aquellas realizadas en técnica de anillado y de algodón en la urdimbre y camélido en la trama, en piezas monocromas tejidas en faz de urdimbre con trama continua (Figura 9). Cronológicamente, este momento se situaría entre el 900-400 a.C., debido al hallazgo de una de estas mantas en un contexto de Qui.84, correspondiente a un neonato enterrado en una fosa subcircular, sin ofrendas asociadas directamente a él; señalizaban el entierro unos palos dispuestos sobre la fosa junto a restos de una vasija del tipo Loa Café Alisado (en adelante LCA; Ayala y Uribe, en este volumen). No obstante, había ofrendas en fosas adyacentes al entierro, en una de las cuales se hallaron dos cestos (un plato plano y una escudilla) sin decoración, bajo la cual se depositaron fragmentos del mismo tipo cerámico. La segunda ofrenda consistía en ramas, mazorcas y flores de maíz. Un fechado TL sobre la vasija LCA arrojó una fecha de 695+270 a.C. (UCTL 1377). Fragmentos de estas mantas se hallaron también en Qui.37, Qui.58 y Qui.75 (Ancachi).

Figura 9. Componente textil formativo temprano de Quillagua (cuenca del Loa): (a) Manta en ligamento tela; (b) Manta faz de urdimbre de algodón; (c) Túnica faz de urdimbre; (d) Bolsa anillada de fibra vegetal.

Durante estos momentos la población enterrada en Qui.84, estableció contacto con grupos de la desembocadura y el Loa Medio, con espacios costeros e interiores de Tarapacá, no visualizándose por el momento ninguna relación con los Valles Occidentales ni con los oasis de San Pedro. Posteriormente, el sitio habría sido reocupado, esta vez por poblaciones portadoras de cerámica Quillagua Tarapacá Café Amarillenta (en adelante QTCA; Ayala y Uribe, este volumen), fechada en este sitio en 665+100 d.C. (UCTL 1378), proveniente de estratos superiores al entierro de un adulto, cubierto por una manta felpuda con una red anudada cerrando el fardo. Los textiles de esta fase tardía incluyen mantas, túnicas, bolsas, gorros y redes anudadas, que se caracterizan por estar confeccionadas en hilados de fibra de camélido de tonalidades naturales. Mantas gruesas, túnicas y bolsas fueron tejidas a telar en faz de urdimbre regular e irregular, ligamento tela, y con menor frecuencia, gorros y redes en anillado sencillo y anudado, respectivamente. En las prendas a telar, predomina el uso de una sola trama, pero también hay tramas múltiples. Las mantas se confeccionaron principalmente con hilados monocromos, bouttoné y molinés, mientras que en el resto de las prendas predomina el hilado monocromo regular. Las técnicas decorativas no difieren de las de manufactura, con la excepción de túnicas faz de urdimbre con la parte inferior en faz de trama. Son pocos los textiles con motivos decorativos y consisten en listas lisas finas, presentes tanto en mantas, túnicas y bolsas; en las últimas dos formas también hay peinecillos y ajedrezados, mientras que los gorros tubulares llevan escalerados. La decoración corresponde más bien a efectos, siendo frecuentes el jaspeado en túnicas, mullido y felpudo, estando los tres solos o combinados en las mantas. Las terminaciones se reducen al festón simple en mantas, túnicas y bolsas, encandelillado en bolsas y túnicas y cadeneta estructural en mantas (Figura 10).

Las prendas más representadas son las mantas felpudas gruesas con utilización de una trama continua o tramas múltiples, terminación de cadeneta estructural y reborde café oscuro en las orillas de trama. Estas mantas también están en el sitio Qui.37 (Torre 203), de donde se rescataron tres individuos cubiertos por mantas iguales (Agüero et al. 1995). Cabe mencionar que las túnicas que combinan faz de urdimbre y faz de trama están en su variante decorada con listas y peinecillos en Qui.09, y en Qui.57 en su variante monocroma. Estas, como los gorros tubulares en técnica de anillado con motivos escalerados, son idénticos a aquellos de CaH-43 y de Az-70.

Figura 10. Componente textil formativo tardío de Quillagua (cuenca del Loa): (a) Manta faz de urdimbre; (b) Gorro anillado; (c y d) Túnicas faz de urdimbre y faz de trama.

Se aprecia en este momento una mayor relación entre los grupos que habitaban los distintos sectores de Quillagua, los cuales a su vez habrían integrado una red de interacción junto a poblaciones del Loa Medio, la costa y quebrada tarapa-queña, el valle de Azapa y en forma muy débil del oasis de San Pedro.

El segundo sitio excavado fue Qui.89 (Agüero et al. 1995). Corresponde a un conjunto de tres túmulos de camadas vegetales de donde se recuperaron pocos tejidos de colores naturales en anillado sencillo, cow-hitch y faz de urdimbre que consistían en borlas y cabezas de tupu en anillado sencillo, miniaturas de gorros anillados, miniatura de una bolsa faz de urdimbre, además de una gran cantidad de hilados sueltos de colores naturales, azules y rojos. Las miniaturas nos llevaron a relacionar al sitio con Tr-40AB y Az-115 (Agüero 2000), en tanto, sus capas constructivas y los materiales depositados en ellas como ofrendas nos hicieron ver en el túmulo un contexto ceremonial (Agüero et al. 2001). En cuanto a la fibra vegetal, se obtuvieron manojos y restos sin formatizar, los cuales son frecuentes en sitios costeros aunque también los hay en cementerios del valle de Azapa y quebrada de Tarapacá, en tanto la cordelería de fibra vegetal se describe en Azapa, Caleta Huelén y en Qui.84 (Agüero et al. 2001). El ofertorio cerámico por su parte, asocia indiscutiblente a Qui.89 con la cuenca superior del río Loa a través del tipo LCA y con la quebrada de Tarapacá y valle de Azapa (Az-115) por medio de la alfarería QTCA, aunque en ambos casos se cuenta con expresiones más locales, sobresaliendo el hecho de que en Quillagua no se ofrendaron miniaturas de cerámica como en Tarapacá. De este sitio se obtuvieron tres fechados TL: dos dataron fragmentos de alfarería LCA provenientes del túmulo dando una fecha de 670+260 a.C. (UCTL 1379) y otra de 730+270 a.C. (UCTL 1380). Una tercera datación correspondió a un fragmento del tipo QTCA procedente del sector que rodea el túmulo y donde se depositaron ofrendas posteriores a su construcción, resultando una fecha de 660+60 d.C. (UCTL 1378). Las dos primeras corresponden a la época de construcción del túmulo y a las unidades y capas desde donde proceden los textiles mencionados y la tercera al momento de la depositación de las ofrendas. Es decir, al parecer el Túmulo de Qui.89 se construyó alrededor del 700 a.C. y las últimas ofrendas se habrían depositado cerca del 660 d.C. Probablemente, en Qui.84 haya sucedido lo mismo, o sea, sus entierros se habrían efectuado entre el 695 y 530 a.C. y algunas ofrendas de cerámica QTCA se habrían efectuado por el 665 d.C.

Síntesis, Discusión y Conclusiones

De acuerdo a los datos expuestos ofrecemos una caracterización de las textilerías formativas para las zonas de Arica, Tarapacá, Loa y San Pedro así como una visión de su comportamiento en los momentos tempranos y tardíos del Formativo y una proposición de las redes de interacción establecidas por las poblaciones de cada una de estas zonas en ambas fases. A partir de ello, finalmente integramos a Quillagua en el contexto formativo regional.

En primer lugar, durante las fases tempranas (1.300-500 a.C.) se desarrollaron textilerías diferentes en el valle de Azapa y en la costa de Arica. Mientras en el primero hubo una fuerte utilización de fibra vegetal para fabricar esteras y cobertores púbicos, en técnicas de torzal y de anillado, en la costa existió un mayor uso de fibra de camélido y de la técnica faz de urdimbre en huinchas y mantas felpudas, aunque también hubo prendas como gorros y bolsas en técnicas de anillado y lienzas de algodón. A partir de ciertos elementos tecnológicos (anillado y torzal) y tratamiento de la fibra vegetal asumimos la existencia de una continuidad respecto a la textilería del Arcaico Tardío, lo que, sin embargo, resulta más notorio en el valle de Azapa, pudiendo deberse a que allí los contextos son más tempranos que los de Faldas del Morro. No obstante las diferencias, las poblaciones interiores y costeras de Arica estuvieron comunicadas entre ellas, y también parecen haberlo estado con las de la costa de Tarapacá, Loa Medio, Inferior y desembocadura.

En el valle, durante las dos fases están presentes las mantas mullidas, las túnicas faz de urdimbre decoradas con peinecillos, las bolsas anilladas, los gorros conocidos como "Alto Ramírez" y las esteras. Pero durante el Formativo Tardío (500 a.C.-500 d.C.) aparecen, además, las túnicas faz de urdimbre con faz de trama en la parte inferior, prendas decoradas en tapicería entrelazada, enlazada y ojalada y huinchas en sprang. Por su parte, la costa de Arica incrementó e innovó el repertorio textil con prendas como mantas, túnicas y turbantes pequeños, diferenciándose con Faldas del Morro en el aumento del uso del telar a través de los tejidos faz de urdimbre y en la utilización de la fibra de camélido, así como en la cada vez más popular terminación de la cadeneta estructural en encabezamientos de urdimbres, registro de túnicas e hilados molinés. Todo ello indica que durante estos momentos hubo cambios en la textilería de ambas zonas, las que, sin embargo, siguen manteniendo ciertas particularidades. Así, por ejemplo, en el valle hay iconografía en túnicas, bolsas y probable portador de cabeza, creada por técnicas de anillado y faz de trama, así como la técnica de sprang sugiere cierta interacción con la costa peruana la que ha sido planteada para la costa en momentos anteriores (Muñoz 1982). Por otra parte, es posible que la técnica faz de trama en los finales de urdimbre tenga su origen en las tramas en torzal observadas en mantas y esteras, de data más antigua en la zona. Sin negar los renombrados contactos con poblaciones altiplánicas postulados por varios autores (Aufderheide et al. 1994; Mujica 1985; Rivera 1976) pensamos que estos se dieron en forma más directa en el sur del Perú, tal como sucede durante el Período Medio (Uribe y Agüero 2001).

Así, durante la última fase del Formativo las redes de interacción en las que se involucran las poblaciones de costa y valle empiezan a diferenciarse entre ellas. Mientras las primeras restringen sus circuitos al valle de Azapa y costa cercana de Tarapacá (Camarones), las segundas continúan con su conexión tarapaqueña (costa y quebradas intermedias), con el Loa Medio y desembocadura y ahora, además, integran al Loa Inferior y al sur del Perú.

Más al sur, en Tarapacá, Cam-15AB en la costa y Tarapacá-40AB en la Pampa del Tamarugal, permiten diferenciar las textilerías de ambas fases y las principales redes de interacción a partir de las evidencias textiles. En primer lugar, un componente temprano está representado en Cam-15AB por la utilización de fibra vegetal y algodón en mantas tejidas en ligamento tela o torzal; bolsas en técnicas de anillado, en torzal o faz de urdimbre y túnicas faz de urdimbre. En este conjunto, el uso de una trama continua es más frecuente que las tramas múltiples y las técnicas decorativas no difieren de las de manufactura. Al igual que aquellos de la primera etapa del Formativo en la costa de Arica y valle de Azapa, muestra una continuidad con el Arcaico Tardío a través de la especialización en el tratamiento de la fibra vegetal, así como la frecuente utilización de hilados de algodón revela antiguos contactos litorales con el sur del Perú. Como lo anunciábamos a partir de la textilería ariqueña, durante esta fase temprana, los grupos humanos de la desembocadura de Camarones mantuvieron una alta movilidad heredada de patrones arcaicos y una nutrida red de relaciones que involucraba a las poblaciones de Arica por el norte hasta la desembocadura del Loa por el sur, así como también de espacios interiores entre los que se contaban las del Tamarugal y el Loa Medio. Por otra parte, los constructores de la aldea de Caserones mantuvieron un eje transversal de relaciones, a juzgar por la distribución de algunos de sus tipos textiles en ciertos puntos de la costa, como Camarones y Pisagua.

En segundo lugar, la textilería formativa tardía de Tarapacá está representada por aquella del cementerio Tr-40AB, asociado a la aldea de Caserones, cuya población se enterró junto a prendas que pueden ordenarse en dos conjuntos: ofrendas miniaturas de piezas como túnicas y mantas y ajuar de los difuntos. Este se compone de mantas faz de urdimbre, faz de urdimbre y faz de trama o en torzal, y túnicas con el sector inferior faz de trama; predominio de tramas múltiples. Una de las pocas tapicerías se relaciona a Tiwanaku IV. Además, este segundo conjunto se muestra similar formal y tecnológicamente a los textiles de Pisagua y al componente más tardío de Camarones, por lo que puede considerarse como representativo de la textilería formativa tardía de Tarapacá.

Por su parte, ya en estos momentos la población de Tr-40 ha consolidado las redes de inter-acción establecidas a partir del Formativo Temprano, en especial con la costa desde Arica a Caleta Huelén. Ahora eso se ve ampliado por las relaciones con Azapa a través de las miniaturas y de prendas de tamaño normal, con el Loa Medio e Inferior y también con los oasis de San Pedro. Asimismo, este grupo humano ahora se involucra, aunque no de manera significativa, con el altiplano circumtiticaca en época de Tiwanaku IV a juzgar por la presencia de prendas con iconografía clásica del lago. Pero, aun cuando la interacción tiene un marcado carácter regional conectando a la costa, las quebradas interiores y al río Loa, y con seguridad ya están firmemente establecidas por su continuidad desde los inicios del período, Caserones y su cementerio se constituyen en un enclave importante en la articulación de diferentes espacios geográficos y culturales entre los que destacan los Valles Occidentales, el altiplano y los oasis de Atacama, llegando a conformar el mayor asentamiento aldeano de la región durante el período.

A su vez, la desembocadura del Loa se caracteriza por materiales tempranos como bolsas en técnicas de anillado en fibra vegetal, y otros más tardíos como mantas y taparrabos de fibra de camélido, con uso de una trama y cadeneta estructural. Esta distinción coincide con las dataciones existentes para Caleta Huelén, si bien la más tardía (820+80 d.C., Núñez 1976), se escapa a los rangos de fechas del período, en cierta medida concuerda con la presencia en el lugar de materiales más tardíos como gorros con escalerados, característicos de Azapa.

Al parecer los habitantes de Caleta Huelén integraron una red de circulación con otros de la costa como Cam-15AB y Pisagua, Cáñamo-1, 3 y 12 y Cobija-10, así como con espacios interiores del río Loa (Qui.84, Qui.89 y Topater), constituyendo un emplazamiento clave para acceder desde el Pacífico a todo el perfil altitudinal. No obstante, las fechas para estos sitios son más tardías que Camarones, mostrando el amplio rango temporal en que las sociedades costeras mantienen sus tradiciones culturales, en esta ocasión a través de una larga continuidad temporal de la textilería desde Camarones al sur.

Aguas arriba, el cementerio Topater da cuenta de los textiles del Loa Medio. En él se distinguieron elementos tempranos entre los que se encuentran mantas mullidas de camélido en ligamento tela con cadeneta estructural; bolsas de fibra vegetal, camélido y algodón en distintas técnicas de anilla-do, algunas con decoración; huinchas y faldellines. Posteriormente, predomina la fibra de camélido y el tejido a telar como técnica de manufactura; se introducen nuevas técnicas decorativas, como urdimbres discontinuas y traspuestas en las mantas; túnicas y taparrabos combinan faz de urdimbre y faz de trama, constituyendo estos últimos un conjunto muy coherente desde un punto de vista formal, técnico y decorativo. Por otra parte, la cadeneta estructural antes utilizada sólo en mantas está ahora también en túnicas y taparrabos, y las tramas múltiples son ligeramente más populares que en momentos anteriores. Las más estrechas vinculaciones del grupo humano de este cementerio se establecieron con otros espacios productivos del curso del Loa, como Quillagua y la desembocadura, y desde estos puntos, con la costa y quebradas tarapaqueñas. Esta homogeneidad de relaciones se daría, porque aparentemente los elementos más tempranos son escasos y probablemente corresponderían a finales del Formativo Temprano, siendo más contundentes los elementos propios del Formativo Tardío. Por otra parte, la relación fibra vegetal/técnicas de anillado en esta sección del Loa no responde a una diferencia cronológica, en base a los antecedentes aportados por Chiu-Chiu y Tulán 54 (Benavente 1982; Dransart 1999), sino a situaciones particulares de la localidad y a un acceso más directo a la fibra de camélido.

En el Salar de Atacama, la escasa muestra de Coyo Oriente ayuda a caracterizar preliminarmente allí la textilería del período. Lo más notorio es el uso exclusivo del camélido como materia prima, en tonos naturales, con la cual se hacen mantas, túnicas y taparrabos con una variedad técnica bastante limitada, concentrándose en la faz de urdimbre y ligamento tela. En estas tres prendas, es frecuente el uso de cadeneta estructural como terminación, al igual que en todo el Norte Grande durante estos momentos. Sorprende el uso de una trama continua a diferencia de tiempos posteriores, en que predominan las tramas múltiples. Cabe destacar la presencia de urdimbres discontinuas _también en Tr-40AB_ y el anillado cruzado y tejido. Una bolsa tejida en esta técnica es el único elemento asignable al Formativo Temprano, dada su similitud con materiales de Chiu-Chiu 200 y Tulán 54 (Benavente 1982; Dransart 1999), siendo el resto de los materiales propios de una etapa más tardía.

Finalmente, en Quillagua se confirmó la existencia de dos ocupaciones durante el Formativo. En Qui.84 la más temprana (900-400 a.C.) se caracteriza por el uso de una diversidad de fibras y técnicas. Se usó el algodón para realizar mantas y bolsas en faz de urdimbre, fibra vegetal en bolsas en anillado de doble torsión y mantas gruesas en hilados de camélido en ligamento tela. Es común a las mantas el uso de cadeneta estructural, mientras que las tramas múltiples no son tan frecuentes. Se hallaron túnicas con tejido irregular, algunas de fibra vegetal. Tal como se desprende de las redes de interacción establecidas para el resto de los sitios considerados, durante estos momentos la población local se habría conectado a través de la caja del Loa, con su curso Medio y desembocadura, así como con la costa y quebrada tarapaqueña.

Por otro lado, los tejidos más tardíos en Qui.84 se sitúan entre 200-600 d.C., caracterizándose por un predominio de la fibra de camélido y el tejido a telar. Comparten estas características mantas, túnicas y bolsas. Las primeras son gruesas y felpudas, con cadeneta en las orillas de urdimbre. Las segundas incorporan la faz de trama en la parte inferior y los hilados rojos para producir listas, peinecillos y ajedrezados. Tanto mantas como túnicas usaron una sola trama. Aunque pocos, hay gorros tubulares anillados que, al igual que las túnicas, son idénticos a los de Azapa, sugiriendo que el cementerio fue ocupado por poblaciones posteriores a las relacionadas con las fechas obtenidas de la cerámica LCA.

Qui.89, por su parte, a través de su sistema constructivo delata los nexos con los desarrollos formativos ariqueños y con la costa tarapaqueña y desértica, los que se produjeron muy temprano, alrededor del 700 a.C. Los textiles miniatura conectan al sitio con la quebrada de Tarapacá y Azapa, pero resultan tempranos para las fechas de Tr-40 (290 d.C. y 360 d.C.; Núñez 1981, 1982). Núñez (1981, 1982) ya había relacionado cronológicamente ese cementerio con Pisagua-D, del que el componente más antiguo es similar al de Cam-15AB, fechado en 890 a.C. (Muñoz et al. 1991; Agüero 1995), por lo cual es probable que la ocupación de Tr-40A se extienda a momentos más tempranos, por lo menos a los años en que se construyó el túmulo. También es evidente una relación cultural y cronológica entre Qui.89 y Qui.84, pues ambos exhiben los mismos tipos cerámicos y fechas, las mismas placas de cal/mica perforadas y unidas por hilados, trozos de turquesa unidos con hilados y placas de cobre, entre otros. Aparte de lo anterior, Qui.84 revela vastas relaciones con la región de Tarapacá (Cam-15AB, Pisagua D y Tr-40AB) a través de mantas y bolsas, con CaH-43 y con Azapa-70, a través de las túnicas y gorros tubulares con motivos escalerados.

Además, la alfarería indica que el tipo LCA habría formado parte del utillaje de los usuarios y constructores de Qui.84 y Qui.89, respectivamente, sitios que habrían estado plenamente en uso entre los años 700 a 500 a.C. Esto sugiere que las poblaciones situadas en los distintos cursos de la cuenca del Loa estuvieron interconectadas, lo que está apoyado por la textilería de Qui.84 que también se distribuye aguas abajo _en Caleta Huelén_ a través de las bolsas y aguas arriba _en Topater_ a través de grupos de mantas y túnicas.

A partir de lo anterior, la situación observada en Quillagua durante los dos momentos más distintivos del Formativo, documentados a través de estudios de sitios funerarios y ceremoniales (Agüero et al. 2001), de los textiles y alfarería (Ayala y Uribe, este volumen) apoyados por dataciones absolutas, es coherente con los procesos desarrollados durante el período en el Norte Grande. En este caso, el estudio de la textilería regional indicó que en la primera parte del Formativo las poblaciones del Norte Grande mantuvieron una fuerte movilidad longitudinal heredada de conductas arcaicas, principalmente a lo largo de la costa, conectando un amplio territorio desde la costa de Tocopilla a la de Arica, donde, además, ese estilo de vida más antiguo habría perdurado hasta bien entrado el Formativo asociado con el paisaje de costa desértica y un modo de vida basado en la pesca y recolección marítima (Núñez 1991). La desembocadura del Loa y la costa de Arica actuaron como umbrales conectando al litoral con espacios interiores de los valles, dentro de los cuales el río Loa jugó un rol importante en la articulación de todo el perfil altitudinal, y posteriormente incluir sectores aledaños, como los oasis de San Pedro, por lo menos a partir de la fase Toconao (300 d.C.; Núñez 1992).

Lo anterior adquiere sentido en Quillagua, donde las fechas anclan las primeras ocupaciones de Qui.84 y Qui.89 en momentos en que la textilería muestra la interacción entre los distintos grupos del pasadizo del río Loa, con aquellos que conectaron los territorios costeros. Es así como el uso de fibras vegetales en esteras y bolsas anilladas junto a ciertos tipos de mantas y al tipo cerámico LCA, si bien dan homogeneidad a la mayoría de los sitios considerados, también permiten libertades en los comportamientos materiales que hacen que cada grupo mantenga elementos distintivos, lo que hasta ahora ha contribuido a la idea de una excesiva diversidad. Efectivamente, para el Loa y San Pedro si bien se ha destacado la interacción con otras regiones, como la altiplánica y el Noroeste Argentino, también es evidente un fuerte componente local que viene gestándose desde tiempos arcaicos en la Puna de Atacama (Núñez 1992).

De este modo no es extraña la construcción de túmulos ceremoniales (Qui.89) asociados a cementerios en hondonadas con tumbas en pozos (Qui.84), los cuales ya tienen antecedentes en la zona en que se habría desarrollado esta temprana red de interacción. Los primeros se hallan en Cáñamo (860 d.C.; Núñez y Moragas 1977; Moragas 1982), Cobija y Caleta Huelén y los segundos, en el Loa Medio, Caleta Huelén, Pisagua y Camarones. En este sentido, la construcción de túmulos se asocia más bien a poblaciones costeras, lo que sustentaría la gran cantidad de restos de pescados ofrendados en Qui.89, y que la más alta representación de estas construcciones en el norte esté en Caleta Huelén. Así, los territorios "marginales" no parecen ser éstos, sino los del valle de Azapa donde los túmulos de Az-14 presentan otras características constructivas, asemejándose a los loínos en la siguiente fase Alto Ramírez.

Ello es compatible con la consolidación del proceso que lleva al sedentarismo en las quebradas intermedias en los momentos tardíos del período, destacando como producto la aldea de Caserones cuyas fechas asociadas de 290 d.C. y 360 d.C. de Tr-40A, marcan el momento en el cual ya está en pleno funcionamiento la segunda y compleja red de interacción que quedó expuesta en este estudio. Efectivamente, esta población firmemente asentada desarrolló un tráfico a larga distancia conectando espacios tan distantes como Azapa, desembocadura de Camarones, Pisagua, Caleta Huelén, Quillagua, Loa Medio e incluso los oasis de Atacama durante la fase Toconao, otorgándole a este territorio una de sus características definitorias: la existencia de un fuerte tráfico caravanero intra e interregional (Núñez y Dillehay 1978). Sin duda, ello se observa en la dispersión de la cerámica QTCA (Ayala y Uribe, este volumen) y en la distribución de textiles que antes habían sido asignados a Azapa (Muñoz 1980, 1982, 1989).

A partir de lo anterior, planteamos que Quillagua da cuenta de esa gran interacción cultural ocurrida en estos momentos finales del Formativo. Hacia el 600-700 d.C. la población quillagüina dirige su tráfico hacia el territorio tarapaqueño, tal como se observa a través del predominio de la cerámica QTCA, relacionada con los últimos momentos de ocupación de los sitios formativos de Quillagua. Quizás esto también se explique, porque durante la fase Séquitor del Salar las poblaciones explotadoras de quebradas y con una movilidad muy alta, que antes accedieron al pasadizo del Loa, ahora centran su atención en los oasis san pedrinos, observándose allí una proliferación de sitios, dejando en cierta medida "libre" a este segmento del río.

De este modo, Qui.84 es reocupado por población tarapaqueña posiblemente anterior a esas fechas, aun cuando su uso también podría haber sido continuo, lo cual es necesario confirmar con nuevas dataciones. Con todo, el auge tarapaqueño parece haber sido tan intenso que imanó a prácticamente toda la población del territorio comprendido entre Azapa y el Loa, integrándola a su particular sistema de circulación poblacional y productivo. Dado que lo anterior se sustenta en poblaciones interconectadas con una historia antigua de relaciones, en la reocupación de los sitios de Quillagua, por parte de grupos humanos relacionados con la región tarapaqueña, no se observan prácticas agresivas para sobreponerse de una manera violenta a la anterior, sino que, por el contrario, valida a la anterior con nuevas ofrendas y nuevos entierros, lo cual también podría haber ocurrido en los montículos de Caleta Huelén como lo indica la presencia de gorros con motivos escalerados.

En este contexto, Quillagua fue un punto atractivo para ser integrado a la red de interacción tarapaqueña, tanto por su ubicación estratégica para articular las relaciones entre la costa y los espacios interiores del Loa y Tarapacá, como por los recursos productivos propios del oasis que habrían sido explotados por una población local culturalmente homogénea, por lo menos hasta los inicios del Período Intermedio Tardío, momento en el cual gente de los oasis de Atacama inicia su expansión hacia este sector del Loa.

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