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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400004 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 559-568
Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

ESTÉTICA DEL PAISAJE Y RECONSTRUCCIÓN ARQUEOLÓGICA. EL CASO DE LA REGIÓN DEL CALAFQUÉN (IX Y X REGIÓN-CHILE)

 

Margarita Alvarado Pérez* y Rodrigo Mera Moreno**

* Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile, Jaime Guzmán N° 3300, Providencia, Santiago, Chile. malvarap@puc.cl
** San Diego 1576, Depto. 406, Santiago. meragol@entelchile.net


La cuestión fundamental para el presente trabajo es realizar un acercamiento a la estética del paisaje que permita comprender los modelos de ocupación de las poblaciones agroalfareras tempranas en la región del Calafquén. Esto, desde una perspectiva del "habitar", que implica establecerse y vivir en un espacio y un territorio determinados. Para este ejercicio de reconstrucción histórica se considera el aporte de diferentes especialidades, de acuerdo a una metodología interdisciplinaria que hemos denominado arqueoestética.

Palabras claves: Estética del paisaje, arqueología del paisaje, Calafquén, Pitrén, habitar.


The main objective of this study is to approach landscape aesthetics to understand the occupational patterns of early agricultural pottery-making peoples of the Calafquén Region. This is from an "inhabiting" perspective that implies settling and living in a specific space and territory. To carry out this historic reconstruction, we consider different fields of study, according to an interdisciplinary methodology that we have named archaeoaesthetics.

Key words: Landscape aesthetic, landscape archaeology, Calafquén, Pitren, inhabiting.


Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque
habla por mí
con su lenguaje de raíces.

Jorge Teillier

Las poblaciones originarias que habitaron nuestro continente americano fueran integrantes de las antiguas bandas de recolectores-cazadores, aldeanos habitantes de los pueblos agroalfareros, o ciudadanos de los estados imperiales de Mesoamérica y el mundo andino, al ocupar, dominar o establecer un espacio para habitar, hicieron de él una construcción cultural. Evidentemente

el espacio no es sólo un escenario para la acción social, no es una simple escenografía, por la cual las sociedades se desplazan extrayendo recursos y ocupando sus rincones para vivir (Troncoso 1999:38).

Muy por el contrario, el paisaje que cualquier grupo humano habita, más allá de ser una "entidad física ya dada, estática y mera ecología, es también una construcción social imaginaria, en movimiento continuo y enraizada en la cultura" (Criado 1991:5).

Así, los grupos humanos que ocuparon el territorio de lo que hoy día es el sur de Chile también establecieron y aplicaron su propia construcción simbólica y social del espacio y el paisaje, en conjunto con las estrategias de sobrevivencia. En este estudio nos interesan particularmente aquellos grupos humanos que habitaron la región del lago Calafquén allá por los inicios de nuestra era1. El paisaje de esta región se caracteriza por el contraste entre un territorio sinuoso y escarpado, con varios volcanes que sobresalen imponentes, por sobre una vegetación profusa y variada _caracterizada como "los bosques templados"2_ que se extiende sobre cerros y pequeñas colinas, y diversos lagos con sus respectivas hoyas hidrográficas.

La cuestión fundamental para el presente trabajo es develar más que establecer un modelo de ocupación de las poblaciones agroalfareras tempranas para la región del Calafquén _y que forman parte del complejo Cerámico Pitrén3_ que considere como referente fundamental una estética del habitar. Se persigue realizar un ejercicio reflexivo y de sistematización desde una perspectiva del habitante que se establece y vive de un espacio y un territorio. Deseamos abandonar la observación del "viajero/espectador" que al llegar, mira siempre hacia el horizonte. Por el contrario, al decir de Berger (1987), deseamos mirar con una relatividad de perspectivas que permitan acomodar diversas experiencias espaciales en la percepción y construcción del paisaje.

Interdisciplina y Aproximación Metodológica

Para establecer una estética del habitar se hace necesario aplicar una metodología interdisciplinaria que hemos denominado arqueoestética. Esta aproximación metodológica considera un análisis y reflexión que se apoya en la definición y operacionalización de algunos conceptos desde la estética y la arqueología.

En el caso específico de la región del Calafquén, se busca abordar esta problemática considerando la combinación de conceptos básicos como espacio y paisaje con el estudio y el análisis de las relaciones entre hombre, espacio y paisaje, que la arqueología y la estética estudian desde diferentes perspectivas. Un ejemplo de la aplicación de esta metodología lo constituye el tratamiento de lo que se denomina "sitio arqueológico". Desde el punto de vista de la arqueología, este concepto implica la definición de un lugar y su inserción en un paisaje y un espacio determinado, en donde se encuentran restos de cultura material que permiten reconstruir parte del pasado del hombre y de antiguas culturas que dejaron esos vestigios. Desde el punto de vista de la estética implica la existencia de un topos, punto de referencia espacial y existencial del ambiente circundante o centro, como lugar conocido y habitable (Norberg-Schulz 1975).

Operacionalizando estos dos conceptos se puede definir un conjunto de relaciones significativas que se establecen en un modelo ocupacional determinado, entre hombre-espacio-paisaje. Los sitios arqueológicos relevados en la región del Calafquén, con sus restos de cultura material que los connotan de usos y comportamientos sociales _lugares para habitar en la vida y en la muerte_ con sus relaciones cronológicas y espaciales, constituidos en topos, pasan a conformar el "bastidor existencial" sobre el cual las bandas Pitrén desplegaron su habitar, hace ya casi 1500 años.

Otro ámbito específico de práctica interdisci-plinaria lo constituye la combinación entre arqueología del paisaje y estética del paisaje. La arqueología del paisaje, desarrollada entre otros por Criado (1991) 4, busca entender el paisaje desde una perspectiva culturalista, interpretándolo como la objetivación de las prácticas sociales, tanto de carácter material como imaginario. Así, el paisaje adquiere un carácter bidimensional, al compartir dicha concepción imaginaria con una construcción material efectiva de acuerdo a determinada lógica cultural. En este contexto, la evidencia arqueológica se constituye en un referente empírico para abordar el estudio de las diferentes racionalidades espaciales para la obtención de recursos y el asentamiento en determinados territorios (Troncoso 1999).

De esta manera, metodológicamente, los antecedentes arqueológicos, históricos, estéticos y ecológicos _entre otros_, respecto de las bandas Pitrén que habitaron en la región del Calafquén, pueden ser confrontados, analizados y sistematizados desde una perspectiva arqueoestética que posibilite una elaboración imaginativa y fecunda, que aporte nuevas perspectivas y proposiciones respecto del modelo de ocupación de estos grupos.

La Estética del Habitar: Espacio, Paisaje y Topoanálisis5

Se utiliza el concepto de habitar en el sentido de la residencia que practica un grupo humano en un lugar específico y que va mucho más allá de la utilización de un espacio y un paisaje para la subsistencia por medio de su explotación o sometimiento. Habitar no es sólo asimilable a un "comportamiento que ejecuta el hombre junto a otros muchos modos de comportarse", sino más bien se refiere a la "manera según la cual somos los hombres sobre la Tierra", ya que "el hombre es en cuanto habita" (Heidegger 1993:162). La esencia del habitar implica por sobre todo humanidad. Toda humanidad supone relaciones sociales que se definen, en parte, a partir del proceso de habitar.

Se establecen múltiples modos en los que se realiza el habitar en tres aspectos fundamentales: naturaleza, espacio y paisaje.

Naturaleza

Se utiliza este concepto para designar en el sentido más operativo posible: "la suma de las cosas visibles" (naturata = summa rerum), distinguiéndolo de la naturaleza como "fuerza que ha producido y produce esta suma" (naturata = origo rerum) (Tartarkiewcs 1976). Compartimos el planteamiento de Criado (1991) cuando expresa que "la noción, según la cual la cultura es un mecanismo de enfrentamiento con la naturaleza es un mero postulado ideológico" ya que muchos grupos humanos no persiguen sólo un objetivo energético-productivo en su relación con la naturaleza.

Espacio

De acuerdo a una dimensión sociocultural, el espacio puede ser interpretado como una dimensión de la existencia humana, más que como una dimensión del pensamiento o de la percepción (Norberg-Schulz 1975). Por lo tanto,

el espacio, en vez de ser una entidad física ya dada, estática y mera ecología, es también una construcción social imaginaria, en movimiento continuo y enraizada con la cultura (Criado 1991:8).

Siendo así, el espacio puede ser considerado como intervalos que espacian una diversidad, no como un spatium más, sino como una extensio-extensión (Heidegger 1993). El espacio se constituye así en superficie topológicamente analizable en donde se inscribe "a través de actos y palabras un ideal cartográfico de la cultura", porque "todo grupo humano necesita organizar el espacio que habita pues requiere un escenario acorde" para su existencia (Gallardo 1995). El término espacio será utilizado aquí entonces para definir una extensio-extensión como "espacio existencial", que forma para el hombre una imagen estable del ambiente que lo rodea; le hace pertenecer a una totalidad social y cultural (Norberg-Shulz 1975).

Paisaje

Aparece conformado por una naturaleza constituida por la "suma de las cosas visibles", desplegada en una extensio-extensión, relacionada por esquemas de espacios ordenados, categorizados de acuerdo a topos específicos. El paisaje sería entonces ese "espacio existencial" donde se realizan las acciones e influencias recíprocas de las actividades del hombre, la topografía, la vegetación y el clima, por nombrar algunos. Esta concepción se distancia notablemente de la idea, que en general tenemos en nuestra sociedad, del paisaje sólo como un escenario sobre el cual se vive. En el paisaje se pueden distinguir ciertos elementos que pueden ser diferenciados y descritos; definiremos dos de ellos:

Topo-lugar: Un topo es equivalente a lo que en la teoría arquitectónica se define como lugar. Corresponde a una porción del espacio como unidad mínima de vertebración y articulación del paisaje, establecido por medio de una organización particular (Norberg-Schulz 1975). Entendido así, un topo puede constituirse en punto de referencia del ambiente circundante y/o en centro del espacio y del paisaje que se habita. En su dimensión de centro, ubicado en relación a "una geográfica, una geológica y una atmosférica valórica" (Castillo 1999), establece una dialéctica entre núcleo y periferia que se expresa en diferentes dicotomías como: conocido/desconocido; adentro/afuera; permanente/transitorio; amenazante/cautivante, que connotan un topo de especiales características para el habitar. En este sentido compartimos el concepto de "territorialidad (Eigenraum ) o espacio propio" que define Norberg-Schulz (1975) que constituye el bastidor en donde se llevan a cabo determinadas actividades: lugares para vivir/lugares para morir, en suma, para habitar, elementos básicos del espacio existencial. Paralelamente, un topo o lugar puede constituirse en un "emplazamiento hetereoutópico" (Foucault 1967). Es decir, un espacio real, efectivo y localizable por el cual somos atraídos fuera de nosotros mismos, "un espacio en el que se desarrolla la erosión de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestra historia" (Foucault 1967).

Región: Perceptiva y estéticamente, toda región se caracteriza por su continuidad dentro del espacio existencial y por una función unificadora dentro de dicho espacio. Se define cualitativamente por su "cerramiento", por su proximidad y por la posibilidad de individualizar determinados elementos que la constituyen y que dimensionan el habitar en un espacio y un paisaje. Los vínculos que un grupo establece con una región estarán influidos por factores físicos (elementos naturales como ríos, montañas, etc.) y funcionales (vivienda, agricultura, recursos), así como sociales y culturales (representaciones simbólicas y estéticas) (Norberg-Schultz 1975).

De acuerdo a las reflexiones metodológicas y la definición de conceptos hasta aquí realizadas, para establecer una estética del habitar de la región del lago Calafquén se plantea hacer un topoanálisis (Bachelard 1991) que permita develar y conocer el valor humano, cultural y estético de los espacios y el paisaje de esta región. Este topoanálisis se complementa con lo que Foucault denomina una hetereoutopología, es decir, una descripción cuyo fin principal es intentar distinguir algún "emplazamiento hetereoutópico", como "una constatación a la vez mítica y real del espacio en el que vivimos" (Foucault 1975). Este análisis se complementa con la pesquisa etnográfica de las poblaciones mapuches que habitan esta zona en la actualidad. Con el dato etnográfico se intenta incorporar categorías y conceptos provenientes de una cultura y sociedad diferentes para conocer aquel "tipo de enunciado que proporciona un significado mediante el cual se captura el espacio como una totalidad humanizada" (Gallardo 1995)6.

Topografía del Habitar y Estética del Paisaje en los Bosques Templados

Llevo más de una hora aquí sabiendo cuán inútil es
andar donde siempre se estará en el centro de lo contemplado...
Me vuelvo hacia el río. Su caudal es tan vasto que los raudales,
torbellinos, resabios que agitan su perenne descenso
se funden en la unidad de un pulso que late de estíos a
lluvias con los mismos descansos y paroxismos,
desde antes de que el hombre fuese inventado.

Alejo Carpentier

La región del Calafquén se articula de acuerdo a la continuidad básica de un espacio existencial generado por una relación de proximidad, es decir, de cerramiento topográfico y estético entre diversos topos-lugares: el lago Calafquén, el volcán Villarica, los cerros circundantes y las formaciones boscosas que cubren el paisaje. Así, desde el punto de vista de la estética del paisaje, este territorio se constituye en región al presentar una extensio-extensión constituida por cerros y bosques donde se distinguen el volcán Villarrica y el lago Calafquén como centros que vinculan y espacian, en distancias y direcciones estéticamente identificables, los lugares y modulaciones de este paisaje.

Los confines del habitar: el eje topográfico dewiñ, volcán/lafken, lago.

Cuando por sobre las hachas negras, los divisores de ventiscas y los peldaños de más arriba, aparecieron los volcanes, cesó nuestro prestigio humano, como había cesado hace tiempo, el prestigio vegetal.

Estas palabras de Carpentier (1983) definen poéticamente las implicaciones existenciales más profundas que presenta un volcán como topo de un espacio y un paisaje. En la región del Calafquén, la estética aguzada o combada de los volcanes, complementada con su altura, los hace sobresalir, transformándolos en un lugar trascendental, referente obligado de espacialidad.

Esto aquí se llama centru lafquén (estamos ubicados en un altura sobre la ribera sur del lago y hacia el norte se distingue claramente el volcán Villarica), es decir, frente al lago desde una altura; el volcán lo llaman aquí centru, frente, pero el más correcto es reima, eso quiere decir frente, reimapillán, frente al volcán7.

El volcán marca el confín del habitar límite del prestigio humano. Se puede vivir en sus proximidades, circular en torno a su cumbre, pero siempre existirá un límite para lo habitable. Al divisarlo desde diferentes partes del paisaje, me permite situar mi domicilio a partir de un punto de referencia reconocible. El volcán Villarica es el topo que mejor materializa la dicotomía domesticado/no domesticado al constituir un núcleo referencial para una periferia habitable. Cuando un mapuche de esta zona dice: "El volcán es el que manda, él es el que decide"8, no sólo está haciendo mención a las influencias que los volcanes tienen respecto de un vínculo y percepción direccional en un espacio o territorio, sino que está demostrando el peso estético y simbólico de este topo como un elemento de un eje topográfico. Según algunos estudiosos, en el mundo mapuche los volcanes se asocian con una entidad tutelar denominada Pillan, y sería el lugar donde habitan los antepasados desde donde cuidan la existencia de los humanos9.

El mapuche nombra el volcán como dewiñ, el mismo nombre que da a "una lombriz más grande y gruesa que lombriz de tierra"; también, según Augusta (1966[1916]), se nombra así a "la cordillera". La utilización de un mismo término resulta sorprendente, nos enfrentamos con una sutil analogía estética entre el aspecto ondulante de una lombriz y las formas de un volcán como montaña.

El otro elemento de este eje y confín del habitar de esta región lo marca el topo-lugar constituido por el lago Calafquén, centro desde el cual se articulan y organizan muchos otros lugares10. La conformación plana de un lago es la característica visual y formal que lo instaura como referente espacial. Desde sus orillas, el hombre empequeñece y el agua satura el horizonte de su mirada.

En la oscuridad parecía que el agua, que empujaba el agua desde siempre, no tuviera orilla y que su rumor lo cubriera todo, en lo adelante hasta los confines del mundo (Carpentier 1983:235).

Comparte con los volcanes, como otro elemento del paisaje, la condición de lugar desconocido y en ocasiones imprevisible, espacio no domestica-ble, que se puede recorrer en sus contornos desiguales y ocasionalmente aventurarse en sus aguas en alguna embarcación.

Según Augusta (1966[1916]), lafken derivaría de lafn que nombra mar o lago. Este mismo autor distingue esta conformación geográfica por tamaño y extensión: pichilafken correspondería a lago o laguna y füchalafken significaría el mar. Lo común entre estas diferentes nominaciones es que destacan el rasgo estético de plano, ya que lafken significa ser o estar plano. En ese mismo sentido lafn significa "extenderse horizontalmente" (Augusta 1966 [1916]).

La condición de topo referencial del lago Calafquén resulta tan significativa que incluso hasta las relaciones sociales y de linajes entre las comunidades mapuches, pueden estar marcadas en vinculación al lago:

Paillalafken bajó del cielo sentado en una nube y Dios le dio toda esta tierra, desde Challupen hasta Traitraico. El se paseó de lado a lado y aquí por alrededor del lago (se refiere al área de la Comunidad de Pocura, ubicada en la rivera norte del Calafquén) donde le gustó más se puso a vivir. Le enseñó muchas cosas a los hombres, comía papas salvajes y las manzanas. Pero era un hombre, como nosotros, no era raro, no era fantástico. Fue a buscar una esposa allá al otro lado (se refiere a la ribera sur del Calafquén) a Trarülafken y se casó con Kintu Ray, tuvo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Vino un argentino de visita, trajo mucho ganado y le gustó acá. Se fue pero volvió, y trajo más ganado y se casó con las dos hijas11.

Los Espacios del Habitar: la Topografía de Wingküll, Cerros y Mawida, Bosque

La extensio-extensión entre lagos y volcanes se espacia por medio de una topografía irregular configurada por cerros, la mayor parte de ellos cubiertos por la vegetación. Cerros y bosques como espacio y paisaje constituyen un lugar misterioso e inmenso, "donde nos hundimos en un mundo sin límites", donde se conjugan un territorio desigual y caprichoso con el color, la textura y los sonidos de la vegetación (Bachelard 1991:122). Esta conjugación de una topografía y una vegetación implica una contradicción fundamental para la existencia humana, al constituir espacios cerrados y abiertos al mismo tiempo.

Los cerros circundantes al lago Calafquén como topo-lugares, a diferencia de un volcán, no constituyen un espacio amenazante. Se nombran wingküll, que como término presenta dos acepciones fundamentales. Por un lado, quiere decir "desigual, montañoso, quebrado"; y, por otro, "espinazo, sobre todo de animales" (Augusta 1966[1916]). Valdivia (1887[1606]) lo define como "ladera de cuesta".

Ocasionalmente, un wingküll puede adquirir características estéticas y simbólicas especiales. Hemos registrado etnográficamente que algunas de estas formaciones montañosas corresponderían a Kaikai y Trengtreng, las serpientes míticas que representan el agua y la tierra, respectivamente, y que como fuerzas opositoras y complementarias serían responsables del equilibrio para el habitar de los hombres: "Los cerros de Chihuaico son Kaikai, porque cuando se tapan con la nube se pone a llover. Challupén es Trengtreng"12. Siendo así, determinados cerros constituirían un emplazamiento hetereoutópico, lugar por excelencia para habitar, ubicando a los hombres a media altura entre el volcán y el lago, bajo el alero protector de Trengtreng, quien según la tradición salvó a los hombres de morir ahogados en las aguas de Kaikai 13.

La extensión mawida configura un territorio como espacio existencial donde se materializan plenamente las influencias recíprocas de las actividades del hombre con la naturaleza. Los bosques son un paisaje para habitar, donde lo conocido/desconocido se mueve en una frontera indefinible. A la inversa de los volcanes y de los lagos, en que sólo se habita por sus contornos, el bosque puede constituir una extensión domesticable y reconocible, proveedor de recursos para la subsistencia, bastidor existencial de mitos y creencias propios de la humanidad, como queda de manifiesto en la parte final del relato de la vida de Paillalafken:

Después que todas las hijas e hijos de Paillalafken se casaron y que ya había enseñado todo lo que sabía, él dijo que se iba a ir. Mandó hacer junta, una junta bien grande con caballos, con mudai, donde todos vinieran. Dio orden que se cortara el koliwe más grueso y más grande que creciera en el bosque y después lo plantó en medio de la junta y se subió por allí y se fue al cielo14.

El mapuche no sólo percibe el bosque como una contradicción entre un espacio abierto y cerrado, o un lugar sin límites, sino también como una conjunción entre una topografía y un configuración vegetacional:

Antes todo esto era montaña, entonces hubo una guerra y ahí empezamos a cultivar; imagínese lo antiguo, si esto cuando yo llegué estaba lleno de árboles, todo enmontañado, puro monte15.

La acepción que presentan los términos "montaña", "enmontañado" y "monte" corresponde a la traducción que el mapuche hace desde el mapudungun al castellano del término mawida. La palabra mawida, definida como "monte, montaña, selva, bosque" (Augusta 1966[1916]) y como cerro (Valdivia 1887[1606]). Así, mawida nombra una particular condición del paisaje reconocido por el mapuche, conjugando en un solo término dos condiciones de importancia básica para la topografía: por un lado, la montaña como forma física y lugar en el espacio y, por otro, el bosque, la selva, que cubre a la montaña.

Estética y Topografía del Habitar. Los Espacios de lo Cotidiano y lo Sagrado

Los vínculos estéticos y topográficos entre dewiñ/lafken disponen un habitar que se superpone sobre una extensio-extensión, wingküll/mawida como espacio propio definiendo la región del Calafquén. Este es el escenario donde habitaron las bandas Pitrén; inmersos en este espacio existencial vivieron y murieron, tal como lo testifican numerosos sitios arqueológicos de carácter habitacional, así como cementerios y algunos aleros, ubicados en los más diversos resquicios de este paisaje. En la actualidad una gran cantidad de población mapuche se encuentra residiendo sobre estos antiguos sitios arqueológicos16.

Si analizamos la ubicación de los sitios arqueológicos en este paisaje, vinculándolos con la manera de habitar de las familias y comunidades mapuches actuales, de acuerdo a la pesquisa etnográfica y en complemento con el topoanálisis hasta aquí realizado, podemos definir algunas claves que permitirían entender algunos modos de vivir y relacionarse de las poblaciones agroalfareras tempranas, con el espacio y el territorio de esta región.

En la actualidad, las unidades familiares con su ruka como centro se establecen en lugares altos, la mayor parte de las veces con visibilidad al lago y/o al volcán, como eje existencial. Así el habitar de lo cotidiano de estas comunidades mapuche se organiza de acuerdo a una relación básica de lejanía/cercanía de los diferentes topos, espaciados por la extensio-extensión de wingküll/mawida como paisaje.

Sobre este bastidor existencial e inmersos en el habitar de lo cotidiano aparecen los lugares comunitarios, fundamentalmente la cancha del nguillatun y el cementerio _ellofe_ como espacio destinado a la muerte. Su inserción en el paisaje está definida por una direccionalidad ritual fuertemente marcada por el eje dewiñ/lafken, donde el volcán adquiere un peso estético y ontológico indiscutible. La "puerta" que permite la entrada al semicírculo de las ramadas en el nguillatun mira hacia el volcán Villarrica. En los cementerios, la mayoría de los cuerpos están enterrados con sus pies en dirección al volcán, sea este visible o no desde el emplazamiento de ese lugar.

Los espacios rituales parecen constituir un claro ejemplo de un emplazamiento hetereoutópico, donde se produce una constatación mítica y real del espacio en el que vivimos. Son topo-lugares del paisaje que suponen un sistema de apertura y de clausura, que aísla y separa, al cual se entra por obligación _como en el caso del difunto_ y donde se produce una ruptura con el tiempo tradicional, provocando una acumulación perpetua e indefinida de nuestro tiempo y nuestra existencia, donde conviven los muertos y los vivos.

Para cuando se va hacer el nguillatun, la noche anterior los longko y los importantes van al cementerio de aquí de Pocura a buscar a los muertos para invitarlos a la rogativa; entonces ellos vienen, son los antepasados que nos acompañan, bajan, vienen y están con nosotros hasta que se acabe la rogativa, si así es...17

Complementa esta constatación mítica la cercanía espacial del cementerio y la cancha de nguillatun, que invariablemente en las comunidades mapuches del Lago Calafquén presentan una ubicación contigua.

El espacio cotidiano de la vida y el espacio numinoso de la muerte se espacian en el camino que recorre el difunto en su viaje hacia el territorio del cementerio. Antes de abandonar la casa, se marca la partida definitiva por un "descanso".

Cuando uno se muere o una persona se muere, se hace un descanso cerca de la casa, porque la gente ya viene cansada de llevar el cajón; pero no muy al lado, justo antes de salir de donde ella vivía y se pone una cruz. Es un recuerdo que le dejan, después le prenden una velita como si fuera un cumpleaños. Le dejan una corona y una vela por tres noches. Después si se murió el 15 de enero, el otro 15 de enero le hacen una vela de nuevo18.

La tensión entre lo conocido y lo desconocido del habitar queda definida por una marca que dibuja el límite entre el espacio domesticado y el no domesticado como emplazamientos permanentes. Antes de abandonar la casa, se marca la partida definitiva del difunto por un hito que señala el límite de abandono del espacio cotidiano en la partida hacia lo numinoso.

La conjunción, intersección y encuentro de estos centros-lugares, tanto domésticos como colectivos, conforman el ideal cartográfico sobre el que se constituye el mapu, definido como "patria habitación o pueblo" (Valdivia 1887[1606]). El mapu es el lugar de la residencia y al cual se está ligado por lazos parentales y de linaje vinculados a los antepasados.

Tal como lo demuestra la ocupación territorial de las comunidades mapuches actuales, la distribución de los sitios arqueológicos de las bandas Pitrén implica claramente cómo su habitar se concretizó de acuerdo a la inserción en un paisaje específico.

Un topoanálisis de la ubicación de los sitios arqueológicos, considerados como topos, demuestra, por ejemplo, cómo los sitios de cementerio están ubicados de acuerdo al eje dewiñ/lafken, en lugares altos con visibilidad privilegiada hacia el lago. Este es el caso del sitio Challupén (Berdischewsky y Calvo 1972-73) y Los Chilcos (Adán y Mera 2000), ambos ubicado en el cerro Challupén 2, en la ribera norte del lago Calafquén.

El cementerio Los Chilcos se emplaza en los faldeos del costado suroeste de este cerro, en un lomaje de poca inclinación. A pesar de la baja altura del sitio, desde aquí es posible observar la ribera sur del lago Calafquén, los cerros de Tralahuapi, Pitrén, Chuiguaico y la cara sureste del volcán Villarica... A unos 200 m del sitio, en dirección noreste, Berdischevsky y Calvo (1972-73) excavaron el clásico sitio Challupén 2, localizado a la misma cota que Los Chilcos, presentando características de emplazamiento y visibilidad similares (Adán y Mera 2000:12).

Esta relación con el eje dewiñ/lafken queda en evidencia en la mayoría de los sitios de cementerio.

En el caso de los cementerios, aquellos reconocidos en la región, Pitrén, Llongahue, Challupén, Los Chilcos, Pucura, Traitraico, se localizan mayoritariamente en sectores altos en una cota cercana a los 3.300 msnm, con visibilidad al lago y al volcán (Adán y Mera 2000:16).

Los sitios de los cementerios como topos distribuidos en el paisaje ocasionalmente se entraman topográficamente con sitios habitacionales, implicando una dialéctica eterna de intercambio entre vida-muerte19, complementada con una ubicación también de acuerdo al eje dewiñ/lafken. Esta situación es especialmente notable en el cerro Challupén, donde se encuentran una gran cantidad de sitios arqueológicos. Como ejemplo podemos citar el sitio Antilef-1 en los faldeos sureste a unos 338 msnm

El sitio se emplaza en la porción inferior de este cerro [Challupén], en un sector donde las laderas presentan una pendiente suave y sectores planos... Desde el sitio mismo es posible observar la ribera sur del lago Calafquén, los cerros de Tralahuapi, Pitrén, Chiguaico y la cara sureste del volcán Villarrica... Corresponde a un sitio habitacional, emplazado unos 100 m hacia el noreste del sector donde se detectó el cementerio Challupén 2 (Adán y Mera 2000).

De acuerdo a estos ejemplos podemos plantear que, evidentemente, el cerro Challupén constituye una "extensio-extensión", como bastidor existencial que se concretiza sobre la topografía de wingküll y mawida, como espacios para habitar.

El cerro Challupén presenta una altura de 740 mnsm y forma parte de una cadena de cerros de alturas medias, entre 600 y 800 mnsm, que circundan el lago y caracterizan su orografía. Estos cerros son visibles desde distintos puntos del área del Calafquén, al mismo tiempo que desde ellos es posible acceder a una amplia visión (Adán y Mera 2000).

El hecho de encontrar en esta "extensio-extensión" varias tumbas asociadas a restos de la cultura material, de acuerdo a una ubicación específica dentro de un paisaje, demuestra que estos antiguos habitantes habrían establecido un espacio preciso para la muerte de acuerdo a ciertas características del paisaje: de acuerdo al eje dewiñ/lafken y sobre la topografía wingküll/mawida. Así este espacio probablemente constituía un territorio de posesión, en donde el paisaje cobijaba y acogía al hombre en una delicada trama de lo cotidiano y lo numinoso20. Se habitaba en lo cotidiano y en lo sagrado en un espacio transparente y oscuro, propio de los bosques que contrasta fuertemente con las cimas rocallosas y atestadas de pliegues geológicos del volcán Villarica y la lisa, continua y fluida superficie de agua del lago Calafquén.

Conclusión

De acuerdo al topoanálisis hasta aquí efectuado, estas son algunas de las reflexiones y conclusiones que podemos plantear para un acercamiento a la estética del paisaje de la región del lago Calafquén. Este fue el bastidor existencial, "centro de lo contemplado", que sustentó el habitar de las bandas Pitrén en los comienzos de nuestra era. Sobre este paisaje se asentaron modificando la naturaleza, recolectando sus alimentos, enterrando a sus muertos, instalando sus espacios rituales, definiendo sus territorios. Este fue el escenario y la naturaleza que acogieron el habitar, en la vida y en la muerte, de los anónimos habitantes Pitrén en el paisaje de los bosques templados del Lago Calafquén.

Agradecimientos:Este trabajo se inserta en el Proyecto Fondecyt 1970105 "Poblaciones agroalfareras tempranas en el ámbito lacustre precordillerano: El caso del lago Calafquén (IX y X Región)". A Leonor. Adán, Verónica Reyes y todos los integrantes de la "Banda Pitrén".

Notas

1 Asumimos como nuestra área de estudio la Región del Calafquén, tal como fuera descrita por Berdischewsky y Calvo (1972-73).

2 Los "bosques templados lluviosos" corresponden a una formación vegetacional que se caracteriza por una biodiversidad extraordinaria (Armesto et al. 1996; Catalán 1999). A su sombra conviven grandes gigantes vegetales como el Roble (Nothofagus obliqua), el Raulí (Nothofagus alpina), el Coigüe (Nothofagus dombeyi) con numerosas especies de arbustos, flores y enredaderas (Catalán y Ramos 1999).

3 Sobre el Complejo Agroalfarero Pitrén se puede consultar: Aldunate (1989); Adán y Alvarado (1999); Adán y Mera (1999, 2000); Berdischewsky y Calvo (1972-73); Menghin (1962).

4 La arqueología del paisaje presenta varias perspectivas (Troncoso 1999), nosotros privilegiaremos para este trabajo la desarrollada por Felipe Criado.

5 Para mayor información sobre "la estética del habitar" se puede consultar Alvarado 2000.

6 El trabajo etnográfico con comunidades originarias no pretende establecer analogías inmediatas con el pasado prehispánico. Sólo busca el enriquecimiento del problema en estudio con nuevos enfoques y categorías.

7 Testimonio recogido en la comunidad de Pililhue. Noviembre 1998.

8 Testimonio recogido en el Comunidad de Pocura. Julio de 1997.

9 Esto es especialmente significativo en el caso del volcán Villarrica, cuyo nombre en mapudungu es Rukapillan, que significa "la casa del pillan". Sobre el significado de este término se puede consultar Valdivia 1887, Augusta 1969.

10 Según el viajero alemán Paul Treutler (1958) el nombre que los mapuches de la zona daban al lago Calafquén era el de Trarülafken.

11 Testimonio recogido en la Comunidad de Pocura. Julio de 1997. Cabe mencionar que Paul Treutler (1958), en las crónicas de su viaje a la zona de Villarrica, menciona a un poderoso cacique llamado Paillalef.

12 Testimonio recogido en la Comunidad de Huitag. Diciembre de 1998.

13 Para mayor conocimiento del mito de Kaikai y Trengtreng ver Rosales 1975 [1670] y Mege 1991.

14 Testimonio recogido en la Comunidad de Pocura. Julio de 1997.

15 Testimonios de habitantes mapuches del área de Challupén y Pocura. Julio 1997.

16 Podemos citar en la ribera norte del lago Calafquén las comunidades de Challupén, Pucura, Traitraico y Coñaripe; y en la ribera sur las comunidades de Pitrén, Huiñilen, Pilinhue y Platacura.

17 Testimonio recogido en la Comunidad de Pocura. Julio de 1997.

18 Testimonio recogido en la Comunidad de Challupén. Diciembre de 1998.

19 Para una caracterización más detallada de los sitios Pitrén en la región del Calafquén ver Adán y Mera 2000.

20 En el caso del Complejo Pitrén, el cadáver era inhumado directamente en la tierra. Pareciera que esta forma de enterramiento es la más difundida en esta región e implicaría la elección y "domesticación" de un espacio para la muerte (Thomas 1975).

Referencias Citadas

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