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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400001 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 543-546
Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

LAS SOCIEDADES COSTERAS TARDÍAS EN LA PENÍNSULA DE MEJILLONES Y EL LITORAL DE ANTOFAGASTA, NORTE DE CHILE1

 

Juan Alberto Herrera*

* Universidad José Santos Ossa. Programa de Identidad y Patrimonio - Escuela de Negocios. Granaderos 440, Depto. 51, Playa Blanca, Antofagasta. juanh@rdc.cl


Se analiza el macroespacio comprendido entre la cordillera de la costa y la península de Mejillones, a través de la recreación de las formas de vida y el funcionamiento de las estructuras sociales de los grupos humanos asentados entre el paralelo 24°, a la altura del Cerro de Coloso, y la desembocadura del río Loa, litoral de Antofagasta, en la segunda región de Chile, durante el Período Intermedio Tardío. Nuestra propuesta interpretativa se gesta en la evidencia arqueológica y etnohistórica para la zona en estudio.

Palabras claves: Asentamientos permanentes, semipermanentes, pescadores, Intermedio Tardío, estructura social, relaciones de intercambio.


I analize the way life and social structures of the human groups settled at 24° S latitude, in the shoreline of Antofagasta region, between Cerro Coloso hill to the south and the mouth of the Loa river. Our analysis is based on archaeological and ethnohistorical data and is focussed on the Late Intermediate Period.

Key words: Human settlement, way of life, fishing population, late Intermediate Period, social structure, and interactions.


 

Los paralelos 21° 30' y 24° S. marcan el espacio ocupado por una gran concentración de población pescadora, quienes, a modo de hipótesis, se agruparon en macrobandas con un tipo de asentamiento territorial permanente, desplazándose sólo en pequeños grupos, los cuales podemos identificar a lo largo de la costa en diferentes caletas, con asentamientos del tipo semipermanente, producto de la escasez de agua.

El espacio de control y centro de las macrobandas lo localizamos entre la bahía de San Jorge y el área dominada por el tutelar cerro de Coloso, donde se encuentran los asentamientos denominados Lenguado Sur y Lenguado Norte, en la playa del mismo nombre al sur de Antofagasta; y la Punta de Angamos, en la Península de Mejillones, con 103,15 km de longitud costera. Todo lo anterior, más la presencia de variadas aguadas, favorecieron sus condiciones productivas, permitiendo que se generara una situación objetiva favorable para una mayor concentración de población pescadora.

Entre nuestras preguntas se cuenta si existió algún tipo de horticultura durante el Período Tardío en la península, específicamente en el área de Morro Moreno, en los sectores de aguadas. Es muy probable que, de haber existido esta práctica, sólo la evidencia arqueológica podría precisarlo, y conocer en concreto si estas actividades fueron prehispánicas o bien comenzaron en el período colonial temprano.

Es interesante constatar que en los estudios de Bente Bittman se citan fuentes que destacan una identificación particular para quienes poblaron la península de Antofagasta, "…nativos de Moromonero'' (Bittman 1984:106). Aquí nos parece muy claro que la toponimia de la costa también jugó un rol fundamental en la generación de identidad, en especial la denominación de cerros, caletas y otros lugares significativos para estos pescadores.

Entre el puerto de Tocopilla y el sur del río Loa hasta su desembocadura, se extiende una estrecha planicie costera, la cual no permite el abrigo ni el asentamiento, favoreciendo principalmente el marisqueo, la pesca de orilla y de profundidad. También se observa la ausencia de aguadas para estas áreas, con la excepción del sector de Cobija, ampliamente estudiado por Bente Bittman (Bittman 1977).

Al sur de la desembocadura del Loa, las características de la planicie costera y de algunos asentamientos ponen a estos grupos de pescadores más cercanos a la tradición y carácter de los pescadores de los valles occidentales del área Centro-Sur Andina (Bittman 1984). Sin embargo, debiéramos realizar estudios comparativos entre éstos y los pescadores asentados al sur de Quillagua, sin duda relacionados con las poblaciones tarapaqueñas, y aquellos que se encontraban en la desembocadura del río Loa.

El desplazamiento longitudinal, ya sea por mar o por tierra en la búsqueda de recursos, estaba directamente vinculado con el agua, necesaria para la subsistencia (Bittman 1984; Durán et al. 1995; Muñoz 1982; Llagostera 1989). El agua fue, probablemente, almacenada en algunos lugares cercanos a los asentamientos permanentes. Las loberas también fueron un punto de reunión y caza, para las distintas bandas y grupos.

En el ámbito andino, las playas eran propiedad de los grupos asentados allí… Los pescadores de cada valle conocían sus linderos y tenían reconocidas y exclusivas sus playas y caletas (Rostworowski 1981:84-85).

Entre otros bienes de intercambio y de prestigio, se encuentra la gran variedad de conchas, madera, lana, tejidos y otros artículos como cerámica y otros artefactos de tipo ritual, líticos, instrumentos de madera, fibra animal, etc., y también tecnologías como algunas técnicas de pesca y otras.

Las aguadas de la península favorecieron la concentración de un gran número de población, la cual estuvo en permanente contacto con poblaciones de tierras altas como, por ejemplo, los grupos de tradición agrícola y ganadera asentados en el sector de la Chimba y en el área del Salar del Carmen y también en el sector de la Negra, en la salida sur de Antofagasta.

De acuerdo a las evidencias arqueológicas encontradas en el sector de la Chimba, al norte de la ciudad (área integrada actualmente al radio urbano), es posible plantear que existió presencia de población proveniente de algunos ayllus ataca-meños y del oasis del río Loa, específicamente Chiu-Chiu, según el registro arqueológico y el tipo de cerámica (Julio Cruz comunicación personal 2000).

No sólo existieron rutas de comunicación desde Cobija a San Pedro de Atacama, sino también rutas entroncadas a una variada red de caminos locales que unían el mundo costero y el altiplánico. Es muy probable que los contactos entre los grupos costeros se realizaron a través de pequeñas expediciones en embarcaciones de madera y cueros de lobo (Llagostera 1990; Muñoz 1982).

El almacenamiento es una práctica que no podríamos descartar, y los estudios etnoarqueológicos (Binford y Binford 1969, 1989; Hernando 1995) podrían descartar o no esta probabilidad. Estudios arqueológicos recientes para cazadores de la llanura rusa y de algunas comunidades de Japón muestran la evidencia de pozos de almacenaje y estructuras de almacenamiento (Mithen 1998). Lo mismo podría haber sucedido con la realidad en estudio.

El manejo de las relaciones de intercambio de las macrobandas de Morro Moreno (Bittman 1984) con grupos o pequeñas colonias de población de tierras altas potencia la posibilidad de una explotación planificada en una lógica de almacenamiento pensado en el intercambio de excedente y el aprovisionamiento para eventuales impactos naturales como el Niño (Rostworowski 1981).

La población pescadora siempre tuvo la capacidad de intercambiar sus productos con los grupos provenientes de las tierras altas, especialmente con los caravaneros dedicados al tráfico e intercambio de bienes culturales e ideológicos, especies y productos variados (Martínez 1985). Aquí es importante analizar la movilidad y la distribución de la producción de las macrobandas. Esta área no queda excluida de la situación registrada para las poblaciones ariqueñas, las que desde siempre estuvieron en contacto e influencia con los grupos étnicos del área circunlacustre del lago Titicaca (Llagostera 1990).

La ritualidad y el mundo ceremonial están evidenciados por la presencia de objetos rituales, en el contexto del ajuar funerario y de las prácticas mortuorias, donde encontramos, por ejemplo, objetos para insuflar, tabletas, tejidos y otros, como cierto tipo de camisas, chuspas, talegas y otros textiles. Deseamos sugerir que algunos de estos objetos cumplieron funciones de privilegio dentro de la estructura social de las sociedades costeras. Sin embargo, aún son escasos los ajuares funerarios rescatados. Muchos de estos objetos provienen de rescates y hallazgos en tumbas aisladas o con pocos individuos y de algunas áreas de cementerios en sectores cercanos a la costa. Estos objetos y otros artefactos materiales permiten afirmar la coexistencia de población local de tradición marítima junto a pequeñas colonias de población de tradición altiplánica, esencialmente vinculada al tráfico e intercambio de especies y bienes culturales (Bittman 1984; Castro y Martínez 1996; Durán et al. 1995).

El planteamiento es que estaríamos en presencia de grupos pescadores con una estructura organizacional más compleja que la definida hoy como sociedades básicas de pescadores y cazadores del mar, probablemente más cercanas a una estructura tribal (Herrera 1993, 1997).

La concentración de estructuras habitacionales de población pescadora, según los estudios realizados por los investigadores del Museo Regional de Antofagasta en el área de Caleta Errázuriz y en otros sitios de la Península de Mejillones (Tabla 1).

En relación a la estructura social, las funciones estuvieron divididas, y posiblemente las labores relativas a la vivienda y su entorno fueron compartidas por ambos géneros, entre ellas algunas actividades domésticas y el almacenamiento del agua y su búsqueda. Los sujetos adultos y jóvenes habrían realizado las labores de extracción, recolección y pesca, quienes también estuvieron abocados a la construcción de las herramientas e instrumentos para esta última.

Tabla 1. Catastro de sitios arqueológicos costeros al norte de la Península de Mejillones.


Caletas y Sitios

Observaciones


Punta Chacaya

Conchal, cemenerio, estructura

Balneario Hornito

Conchal, cementerio

Punta Itata

Conchal

Michilla

Conchal

Punta Guasilla

Conchal, cementerio, estructura

Cobija Norte

Conchal, cementerio, estructura

Cobija Sur

Conchal, cementerio, estructura

Caleta Buena

Conchal, cementerio

Refugio la Fraguita

Conchal

Punta Lala

Cementerio

Punta Blanca

Conchal, cementerio, estructura


Hoy en día es posible observar cómo se desplazan los pescadores y se constata la ausencia de mujeres. No están en los botes, ni en las caletas, salvo en improvisadas viviendas, algunas sólo ocupadas cuando toca faena en el mar.

La construcción de las balsas y embarcaciones de pesca fueron posiblemente tareas compartidas por todo el grupo familiar, ya que estas labores requerían de muchas horas de trabajo. Otra posibilidad es la fabricación en conjunto, por parte de los miembros de una misma banda, y también dentro de las macrobandas, constituidas a través de alianzas y vínculos de parentesco generados entre las bandas más poderosas.

Para épocas coloniales tempranas tenemos evidencias de la condición de tributarios de los pescadores de Cobija, situación presente desde épocas prehispánicas (Bittman 1977; Martínez et al. 1991; Rostworowski 1981-1986). Es muy posible que también los pescadores de la desembocadura del río Loa se distinguieran por ser tributarios de señores de tierras altas, principalmente poblaciones atacameñas de los ayllus de San Pedro, de Chiu-Chiu y el curso medio del Loa.

Nota

1 Este trabajo está dedicado a la memoria de Roxana Carrasco (Q.E.P.D.) quien me alentó a retomar la investigación.

Referencias Citadas

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