SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.36 suppl.espect1EVALUACIÓN DE LA MODALIDAD CULTURAL FELL 1 EN MAGALLANESUNA MIRADA AL MODO DE VIDA CANOERO DEL MAR INTERIOR DESDE PIEDRA AZUL author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Chungará (Arica)

On-line version ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.36  suppl.espec. t1 Arica Sept. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300034 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 317-331
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SIMPOSIO OCUPACIONES INICIALES DE CAZADORES RECOLECTORES
EN EL SUR DE CHILE (FUEGO-PATAGONIA Y ARAUCANÍA)

POBLAMIENTO TEMPRANO DE LOS EXTREMOS GEOGRÁFICOS DE LOS CANALES PATAGÓNICOS: CHILOÉ E ISLA NAVARINO 1

 

Carlos Ocampo E.* y Pilar Rivas H.**

* Depto. Antropología, Universidad de Chile, Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. cocampo@uchile.cl
** Fundación Wulaia.


La diversidad detectada en los registros arqueológicos marítimos tempranos de los canales de la Patagonia está lejos de sostener un modelo unilineal de poblamiento derivado de un único componente temprano. Esto nos señala forzosamente la necesidad de orientar nuestras investigaciones a la búsqueda de referentes empíricos que nos permitan comprender la compleja evolución de este proceso multidimensional de construcción social del paisaje arqueológico del pueblo canoero.

Palabras claves: Poblamiento marítimo temprano; modelo transicional; canales septentrionales, centrales y meridionales.

The cultural divesity registered in the early maritime archaeological records at Patagonian Canals do not sustain a unilineal model of peopling from a single cultural unit. We propose that it is necessary to orient our research to find empirical data to shed light on the complex evolution of this multidimensional process and the construction the canoe people archaeological landscape.

Key words: Early maritime peopling; transitional model; northern, central and southern canals.


En nuestra inquietud por comprender el origen y proceso de poblamiento de los canales patagónicos nos encontramos con que las evidencias del registro arqueológico regional han resultado insuficientes para dar cuenta de dicho fenómeno, aun cuando han permitido la generación de diversas hipótesis sobre los inicios del modo de vida canoero (Legoupil y Fontugne 1997; Orquera y Piana 1999; Rivas et al. 1999).

Para Legoupil y Fontugne (1997), la zona del Canal Beagle/Isla Navarino ­en el área meridional extrema­ y el sector medio del Estrecho de Magallanes/Mar de Otway constituirían dos núcleos ecotonales (zonas transicionales terrestres/marítimas) en torno a los que se concentran los sitios más antiguos y desde donde estas primeras poblaciones marítimas se habrían ido expandiendo, paulatinamente, hacia las zonas más periféricas alcanzando los ambientes oceánicos en épocas raramente anteriores a la era cristiana. Así, según el modelo mencionado, las zonas alejadas a los núcleos referidos, como los canales patagónicos septentrionales occidentales e islas más exteriores, cercanas al Pacífico, habrían sido pobladas tardíamente.

Si bien dicho modelo parecía consistente con el registro arqueológico ­y bases cronológicas­ regionales, en los últimos años se ha empezado a considerar, cada vez con mayor fuerza, la posibilidad, hasta ahora hipotética, de que Chiloé (Legoupil y Fontugne 1997; Orquera y Piana 1999; Rivas et al. 1999) se configure como una de las vías por donde debieron pasar los primeros pobladores de la región marítima occidental del extremo sur del continente americano, y como uno de los probables focos de desarrollo donde se pudo originar la adaptación al nuevo ambiente marítimo y litoral austral con el desarrollo de tecnologías y estrategias de subsistencia que habrían ido evolucionando y/o diversificándose, durante el proceso de dispersión, hacia lo que se conoce como el componente antiguo de los grupos canoeros que poblaron la región occidental y sur de Magallanes entre el quinto y sexto milenio antes de Cristo.

Pero cabe preguntarse, ¿hubo sólo un núcleo de origen antecedente a los sitios marítimos tempranos? ¿O una convergencia de diversos grupos diferentes que fueron arribando en momentos distintos o similares? ¿O se trata de grupos manifiestamente diferentes que, aún manteniendo ciertos contactos, con el tiempo se fueron, en cierto modo, apropiando de territorios específicos?

Pretendemos en esta ponencia abordar los puntos anteriores, primero, desde una revista al estado actual de las hipótesis arriba planteadas y luego, a la luz de nuevos antecedentes, los que sin ser concluyentes a la fecha, nos permitirán dejar expuestas las inquietudes del párrafo anterior.

Dónde: Disyuntiva entre Chiloé y la Zona Magallánica

Para Orquera y Piana (1999), si bien no es imposible que el proceso haya ocurrido a orillas del canal Beagle, parece más probable que la transformación hacia la subsistencia litoral se haya iniciado en alguna región donde el ambiente marítimo y litoral con sus respectivos recursos estuvieron disponibles con anterioridad para su explotación:

alrededor de la boca pacífica del Estrecho de Magallanes o en el corredor que lleva desde Chiloé hacia el archipiélago de la Patagonia occidental:

1) allí el acceso a la costa desde el interior planteaba pocas dificultades;

2) el reavance del bosque desde sus áreas de refugio del Pleistoceno final se efectivizó mucho antes que en el canal Beagle.

En esta disyuntiva, entre Chiloé y la zona magallánica occidental, Orquera y Piana (1999):

se inclinan hacia la segunda como más probable región de partida para este proceso de adaptación litoral austral, pero apresurándose a consignar que las razones no son decisorias: a) en el seno Otway y a orillas del estrecho se han obtenido fechados radiocarbónicos en el orden de antigüedad de los del Segundo Componente de Túnel I (aunque algo posteriores a su comienzo); para la región de Chiloé y adyacencias aún no se dispone de ninguna datación antigua; b) unos pocos rasgos tecnológicos y tipológicos de esos conjuntos muestran algún parecido ­verdad que muy genérico y nada dirimente­ con la poco conocida fase Magallanes III del sur de Patagonia continental (Orquera y Piana 1999: 114-115).

La falta de evidencias para la zona de Chiloé de dataciones antiguas que se sitúen sobre aquellas de los canales occidentales ha constituido hasta la fecha uno de los principales problemas. El asunto de la visibilidad del registro arqueológico de la zona es sin duda un tema clave en el tratamiento del problema asociado a las dificultades implicadas de trabajar en la zona, que han significado un casi total abandono de la práctica arqueológica en Chiloé, de la que se han ocupado sólo contadísimos investigadores (Aspillaga et al. 1995; Bird 1938, 1946, 1988; Díaz y Garretón 1971; Ocampo 1981; Ocampo y Aspillaga 1984; Rivas et al. 1999; Simpson 1875; Vásquez de Acuña 1963) sin el apoyo de financiamiento como para sostener un estudio con continuidad y sistemático.

No obstante las dificultades referidas, nuevas evidencias de adaptación marítima en la región de los canales septentrionales representadas por el sitio Puente Quilo 1 (Aspillaga et al. 1995; Rivas et al. 1999) ubicado en la costa noroeste de la Isla Grande de Chiloé, Golfo de Quetalmahue, y los hallazgos recientes en Piedra Azul, bahía Chamiza, en la costa continental del Seno de Reloncaví, al sur de Puerto Montt (Gaete et al. 2003) en el ecotono interior-canales, en el área de adyacencia del sector de los canales septentrionales, cuya fecha más antigua rodea el 6.500 a.p. (cal. con dos sigmas), junto a la importancia de Chiloé como lugar o foco para la búsqueda de información para la generación de hipótesis referidas a la entrada y origen del modo de vida canoero patagónico occidental, permiten, ahora con mayor fuerza, plantear, con algún referente empírico, un probable tercer núcleo temprano de poblamiento en la zona de los canales septentrionales, y cuya tecnología muestra bastante similitud, aunque mayor diversificación, con aquella de los canales occidentales australes.

Recientes excavaciones en el sitio Puente Quilo 1 han revelado una secuencia de depósitos, con evidencias antrópicas hasta los 190 cm, obtenién-dose un fechado en el nivel 110-120 del 6.166 a 6.150 a.p. (cal. con dos sigmas), en un contexto donde se registró la presencia de lobo marino asociado a artefactos de hueso de mamífero marino, líticos, entre los que destacan grandes bifaces, puntas lanceoladas y abundante carbón. Si bien esta estratigrafía nos generó expectativas de fechas bastante más tempranas para los niveles inferiores, según opinión del geólogo Mario Pino, sobre la base de las observaciones estratigráficas, no debiéramos esperar fechas mucho más antiguas para los niveles inferiores (Mario Pino, com. pers.) de este sitio1, no descartándose la probabilidad de ocupaciones más tempranas en otros sectores de dicha localidad donde se detectaron paleosuelos bajo los estratos reconocidos durante la excavación. No obstante, si la travesía u ocupación inicial de este
Poblamiento Temprano de los Extremos Geográficos de los Canales Patagónicos: Chiloé e Isla Navarino 1
lugar ocurrió después del Holoceno temprano, debió ser por gente o grupos con cierto dominio de la navegación, pues ya en esa época la isla estaba separada del continente (Dillehay y Pino 1997:26; Heusser 1991).

La creencia de que la región septentrional de los canales (región de Chiloé) sea uno de los probables núcleos más tempranos de poblamiento marítimo se fundamenta en diversos argumentos tales como la más temprana deglaciación o retirada de los hielos en este sector, el que ya en el Holoceno Temprano estuvo disponible para el poblamiento marítimo, uno o dos milenios antes que el sector medio del Estrecho y al sur de éste. Junto a esto, y como dato anexo, el área de emplazamiento del sitio Puente Quilo 1, en el extremo noroeste de la isla Grande de Chiloé, a sólo 2 km del Pacífico, quedó fuera de los límites del área de cobertura de la última glaciación (Dillehay y Pino 1997:26; McCulloch, Clapperton, Rabassa y Currant 1997). Junto a esto, las fechas para las ocupaciones marítimas a que se pueda aspirar en los canales del sector meridional no debieran superar en mucho las ya obtenidas como más tempranas, dado el conocido confinamiento de los glaciales en zonas de más alta latitud.

Por otro lado, están las evidencias hacia el sur (zona media de los canales), donde de hecho se presentan los sitios de adaptación marítima con fechas más antiguas2 como aquellos en el sector de Otway (Englefield 1 con 7.178 y 6.674 a.p., Bahía Colorada con 6.376-6.011 a.p. (Legoupil y Fontugne 1997)); los del sector del Estrecho al sur de Punta Arenas (Punta Santa Ana con 6.944-6.566 a.p. y Bahía Buena con 6.849-6.493 a.p. (Legoupil y Fontugne 1997) y en el sector más meridional Canal Beagle/Isla Navarino (Sitio 136 Áridos de Guerrico en la costa norte isla Navarino calibrada en 7.552-6.837 a.p. (Ocampo y Rivas 2000), Túnel I (2° Componente) (Orquera y Piana 1999), calibrada por Legoupil y Fontugne (1997) en 7.017 a.p., Seno Grandi, calibrada en 7.267-6.671 a.p.; Sitio 169B en Caleta Segura, costa norte del Beagle calibrada con6.621-6.598a.p. (Ocampo y Rivas 2000), todos con fechas que datan desde inicios del Holoceno Medio (9.000-7.000 a.p.), los que no registran el proceso de transición a la adaptación y tecnología marítima requerida por el nuevo medio, sino que surgen estratigráficamente como culturas especializadas.

Quiénes: Estrategias Adaptativas de los Grupos Originarios

Esto nos introduce en la problemática de quiénes eran estos primeros hombres que poblaron estas zonas marítimas, más que en el tema del lugar o lugares de desarrollo de esta adaptación o vías de entrada inicial; nos sitúa en las estrategias adaptativas de los grupos originarios. ¿Fueron poblaciones de adaptación marítima precedente, es decir, que llegaron vía marítima ya adaptadas a dicho medio y que en algún lugar desarrollaron el modo particular cultural que caracteriza a las poblaciones de los canales del extremo sur marítimo, o bien se trata de una transición regional de cazadores recolectores terrestres que se fueron adaptando paulatinamente al nuevo medio marítimo durante el inicio del Holoceno Medio motivados por la abundante diversidad y biomasa del medio costero, o bien se trata de los cazadores recolectores finipleistocénicos que comenzaron a experimentar prácticas de navegación en los antiguos lagos glaciales y que ya se manejaban con mayor dominio en el sector, aun pese a los cambios que experimentara a fines de la era glacial?

Las investigaciones de la biología actual establecen a través del estudio de los linajes mitocondriales que los fueguinos en general, tanto pedestres como canoeros e históricos como tempranos, corresponden a linajes fundadores en el extremo sur, correspondientes probablemente a una primera oleada migratoria y atribuyendo las diferencias entre las poblaciones fueguinas a factores ambientales (Aspillaga 1998; García-Bour et al. 1998). Es decir, formaban un conglomerado bastante compacto, con mayores similitudes entre sí que las que es posible señalar con otros grupos más lejanos, lo que apoya la posibilidad de que los pueblos patagónicos fuesen resultado no de migración u oleadas distintas, sino de la diferenciación de una población antes homogénea en un momento no muy remoto y en alguna región relativamente próxima a la zona. No obstante, las configuraciones fenotípicas y genotípicas pueden asimismo converger con el tiempo; en cuanto a las primeras, esto puede ocurrir por interacción con el ambiente; y por su parte, el genoma de las poblaciones puede variar en el tiempo por deriva genética, mestizaje o selección. Es decir, si el origen de los canoeros litorales patagónicos fue independiente de los cazadores terrestres (llegando ya adaptados al medio marítimo (cultural y o biológicamente), o común, habiéndose diversificado biológica y culturalmente en la región como una respuesta a la transición desde un modo de vida terrestre al medio marítimo) no encuentra a la fecha respuestas concluyentes en el material bioantropológico.

El problema con estos modelos genéticos es que el patrón genético puede no ser el resultado de ancestros comunes, sino una consecuencia de contacto de poblaciones en el período Arcaico o en época reciente. Algunas semejanzas pueden deberse a los contactos a partir de la colonización europea. Para solucionar esto se necesita conocer el pool genético de los primeros inmigrantes o de los fundadores, sus tierras de origen en el Viejo Mundo y las rutas de migración hacia América (Dillehay 2000).

Frente a este problema para el que la bioantropología no tendrá solución certera mientras no cuente con restos esqueletarios de las poblaciones iniciales, e independiente de donde se pudo originar el proceso de adaptación cultural a la costa de los canales, creemos que el ajuste al modo de vida canoero, en toda su diversidad potencial, debió tomar tiempo durante la búsqueda de respuestas aptas para el desenvolvimiento familiar con la región como lo evidencia la tecnología de los sitios arqueológicos marítimos tempranos como los mencionados y donde el conocimiento de las propiedades físicas de la madera jugaría un rol fundamental en la elaboración de embarcaciones para estas latitudes, lo que en cierto modo privilegia el modelo de transición regional en ambientes de ecotonos bosque/mar(Rivas et al. 1999).

El Modelo Transicional

El Núcleo Septentrional

En el marco de este último modelo transicional de poblamiento marítimo inicial de los canales septentrionales, sugerimos, con el propósito de generar hipótesis, una relación virtual entre el mundo canoero, el sitio Monteverde y el sitio Puente Quilo 1, sostenidos por algunos datos tecnológicos y proximidad geográfica. En una terraza alta del curso interior del río Maullín, un grupo humano, hace ca. 12.500-13.000 a.p. (Dillehay 2000, 1989, 1997), congregado en grupos familiares extensos, en un ambiente de pradera parcialmente boscosa, coexistía y utilizaba fauna pleistocénica además de una variada gama de recursos vegetales obtenidos dentro de una amplia área de cobertura sobre los 100 km de distancia, a los que se añade la presencia de recursos marinos ­algas­ que evidencian tempranos contactos o relaciones especializadas con la costa, esta última, distante a 50 km, aproximadamente. A su vez, el río Maullín desemboca a menos de 50 km al noreste del Golfo de Quetalmahue, vía de acceso natural desde la costa a Monteverde. El sitio arqueológico Monteverde documenta el referente más antiguo de lo que podríamos llamar "una tecnología de la madera", su amplio conocimiento en un contexto de selección cultural del ambiente de aquellas especies de más alto rendimiento para las necesidades del hombre: resistencia, flexibilidad y dureza para la confección de viviendas, armas y otros instrumentos; energía calórica para fuego, y otras cualidades físicas de ésta. Todos estos antecedentes nos inducen a rastrear y plantear hipótesis sobre correlaciones, o precedentes, para entender el proceso de formación de las poblaciones canoeras, en registros arqueológicos tales como éste. Sin embargo, el estado fragmentario de la evidencia actual nos restringe de manera importante en la búsqueda de sustento para estas ideas.

En lo que concierne a la antigüedad del poblamiento marítimo inicial del área norte de los canales patagónicos, tenemos que el proceso de transición de un modo de vida terrestre a uno marítimo no ha sido documentado y/o interpretado, hasta la fecha, en ningún sitio arqueológico y, lo mismo que para el resto de la zona de los canales occidentales, las fechas más antiguas datan del Holoceno Medio. La enorme dificultad que resulta emprender trabajos de exploración en la zona debido a las condiciones climáticas, a problemas de infraestructura y costos, entre otros, ha significado que hasta el momento la mayoría de los escasos estudios aquí realizados se restrinjan a lugares cercanos a línea costera, sin indagar en terrazas más altas, en lugares sin evidencias superficiales, en zonas ecotonales interior/costa y principalmente en zonas de mayor estabilidad geomorfológica que pudieran haber resistido el impacto de las constantes y cíclicas erupciones volcánicas y el hundimiento y solevantamiento isostático sobre este territorio. Estas dificultades han incidido probable y directamente en la ausencia de evidencias que pudieran responder a tales cuestiones.

Para enfrentar este problema debemos mapear aquellos lugares resistentes a las condiciones cambiantes del ambiente, que por lo común coinciden en los sitios arqueológicos ­o localidades­ de una prolongada secuencia temporal, asociados tanto a conchales recientes como antiguos, y que para las poblaciones constituyen desde el punto de vista de la tradición o transmisión de información lugares más aptos o privilegiados, lugares de uso recurrentes, aun bajo el efecto de invisibilidad de registros más antiguos, ya sea por la acidez del suelo o por depositación superior. Esto requiere efectuar testeos del subsuelo sistemáticos en dichos lugares, especialmente en terrazas antiguas y/o espacios forestados.

El Sector Medio (el Estrecho)y Meridional (el Beagle)

Respecto del modelo de transición regional de cazadores recolectores terrestres patagónicos (que se ha sugerido, hipotéticamente, podrían estar representados en sitios como Túnel I y Ponsomby), que se habrían ido adaptando paulatinamente al nuevo medio marítimo durante el inicio del Holoceno Medio motivados por la abundante diversidad y biomasa del medio costero. El sitio Túnel 1 en su primer componente registra una ocupación en ambiente marino de cazadores recolectores terrestres, según la interpretación de sus autores, que antecede a las ocupaciones marítimas especializadas (Túnel I primer componente (6.900±70-6.680±210 a.p.) (Orquera y Piana 1999) 7707 a.p. (cal.) (Legoupil y Fontugne 1997). En cuanto al sitio Ponsomby, no podemos hacer comentarios sobre el nivel D con la información disponible; sólo a partir del nivel B (4.580±70 a.p.) calibrado entre el año 5.449-4.879 a.p. se dispone de data certera.

La primera ocupación del Sitio Túnel 1 (Primer Componente) ocurrió cuando el Beagle ya estaba abierto al mar (pero aún sin cobertura de bosques), y si bien no registra presencia de conchas denota un leve aprovechamiento de recursos costeros al registrarse unos pocos restos de pinnípedos (Orquera y Piana 1999). La tecnología de estos primeros ocupantes del sitio Túnel I no sería asociable a la de los sitios tempranos de la Isla Grande de Tierra del Fuego (Tres Arroyos y Marazzi), siendo, en cierto grado, más asimilable a aquella contemporánea en la Patagonia continental (fase Magallanes III) y con la que posteriormente (un milenio más tarde) aparecería en Englefield (Orquera y Piana). Para los autores,

Por supuesto sería impropio negar de plano la posibilidad de que este componente represente la acción de ancestros genéticamente vinculados de modo directo con los autores de las restantes ­y posteriores­ manifestaciones arqueológicas conocidas en la región; no obstante las diferencias tecnológicas y tipológicas son demasiado notables como para asignar a ese vínculo un grado siquiera mediano de probabilidad (Orquera y Piana 1999:48).

Un Origen del Poblamiento Puramente Marítimo

Legoupil y Fontugne (1997) no descartan la hipótesis de un origen del poblamiento puramente marítimo, desde el norte, a partir de Chiloé.

Pequeños grupos haliéuticos de gran movilidad podrían haber descendido desde el norte ­a partir de Chiloé­ a lo largo de la costa pacífica, atravesando rápidamente las zonas más inhospitalarias de los archipiélagos para colonizar las regiones más acogedoras del Estrecho de Magallanes y del canal Beagle hace 6 a 7.000 años (Legoupil y Fontugne 1997:85).

En este sentido, debemos tener en cuenta que en el debate actual sobre el proceso de poblamiento americano se ha retomado enérgicamente la hipótesis de poblamiento vía marítima planteada a fines de la década de 1970 por Fladmark (1979). El desarrollo de modelos para paleocostas de Norteamérica ha conducido al descubrimiento e investigación de varios sitios arqueológicos del Holoceno Temprano, detectándose paleocostas que durante el 13.000 a 9.500 a.p. estaban sumergidas profundamente mientras que aquellas que datan de 9.500 a 3.000 a.p. se encuentran en el bosque, alcanzando hasta 15 metros sobre el nivel moderno. Los perfiles costeros han coincidido aproximadamente con la posición actual solamente en los últimos dos o tres milenios y por un siglo o dos alrededor de 9.400 a.p. (Fedje y Christensen 1999). El área de nuestro estudio se vuelve material fundamental para verificar tales hipótesis, dada la coherencia temporal en todas las ocupaciones tempranas del continente americano, con fechas muy similares entre las primeras ocupaciones de Sudamérica (Monte Verde) o protoarcaicas (Dillehay 2000) y aquellas preclovis de Norteamérica, y dado el supuesto parentesco genético de las poblaciones fueguinas con las originarias de América.

Diversidad Temprana

Las similitudes entre los registros de algunos sitios tempranos han llevado a pensar en orígenes similares para las poblaciones canoeras tempranas. Estas similitudes se manifiestan en las industrias artefactuales óseas, principalmente, y líticas, de aquellos sitios de la zona del mar de Otway y península de Brunswick (Complejo Englefield) con aquellas de la zona norte del Beagle, sugiriéndose también semejanzas entre las industrias líticas de estas últimas con la zona de los canales septentrionales.

Nuestra tendencia a trabajar sobre la base de regularidades artefactuales entre los diversos registros arqueológicos debe oscurecer, en cierto modo, la diversidad potencial latente en los diferentes sitios de la región. En este sentido destaca el trabajo de Schidlowsky (2000), quien a partir de un análisis comparativo entre las industrias líticas correspondientes a contextos marítimos y terrestres relativamente contemporáneos de la región de Magallanes (Complejo Englefield, Cueva Fell, Lancha Packewaia y Ponsomby), reconoce mayor diversidad que la dicotomía tradicional marítimo-terrestre, a la vez que concluye la presencia "de una diversidad cultural compleja, cuyas leyes no están descubiertas todavía" (Schidlowsky 2000).

Es sobre esta base que pretendemos, en una simple comparación, destacar la diversidad detectada en diferentes aspectos del registro arqueológico de los sitios adscritos a poblaciones marítimas tempranas, con el propósito de sentar las bases para en el futuro enriquecer nuestra comprensión de la evolución de estos grupos agregando datos cuantitativos de los contextos recuperados en los distintos sitios.

¿Existe verdaderamente un patrón temprano, una unidad cultural para todos estos componentes marítimos antiguos?

Basaremos el análisis en una comparación entre las distintas áreas sobre la base de algunas variables tales como tipo de sitios, aspectos tecnológicos y aspectos económicos. Las caracterizaciones de los grupos en comparación están definidas sobre la base del conocimiento disponible sobre los sitios tempranos de la zona del Beagle (Túnel I, Imiwaia I, Lancha Packewaia Componente Antiguo (Orquera y Piana 1999), en la costa norte del Beagle; Sitio 136 Áridos de Guerrico, 169 B de Caleta Segura, Sitio 171 de Caleta Segura / Bahía Honda, Seno Grandi 1 (Ocampo y Rivas 2001), en la costa sur del Beagle; por los sitios del Complejo Englefield (Legoupil y Fontugne 1997) en la zona media del Estrecho, y por los sitios Puente Quilo 1 y Piedra Azul (Gaete et al. 2003) de los canales septentrionales.

Cronología

Las tres zonas referidas presentan una notable coincidencia de fechas, las que fluctúan entre el séptimo y quinto milenio a.p., estando agrupadas, por ahora, las fechas más antiguas de los depósitos marinos en la zona del Beagle. Las fechas confiables de los sitios del Complejo o Cultura Englefield (sensu Legoupil y Fontugne 1997) se sitúan entre el 5.210 a 6.410 a.p., es decir son más recientes que las del área más meridional. Respecto de la zona de los canales septentrionales, pese a la falta de estudios sistemáticos en el área, las nuevas evidencias la integran regionalmente al grupo con componentes tempranos (Tabla 1).




Tipo de sitios

El tipo de sitio o las características de la formación de los sitios tempranos de la isla Navarino y norte del Beagle consisten en conchales anulares de alta densidad, siempre con más de un montículo de conchas complejamente estratificados por sucesivas y recurrentes ocupaciones que van formando estratos naturales-culturales diferenciados, con antigüedades discrepantes en diferentes sectores de un mismo sitio, los que se van traslapando a través del tiempo ­efecto palimpsesto­ marcando distintas épocas. Esto se presenta en los sitios de la costa norte de Navarino (Sitio 169 B de Caleta Segura) (Rivas y Ocampo 2001), en los sitios Túnel 1 e Imiwaia en la costa norte del Beagle (Orquera y Piana 1999), y probablemente se puede hacer extensivo al Sitio Seno Grande 1, al sur de la isla Navarino (Legoupil 1993-94).

En su lugar, los sitios del área central del Estrecho, y en especial aquellos identificados como la Cultura Englefield (Legoupil 1997), están formados por una sola concentración de conchal de baja densidad y aparentemente depositado durante una única ocupación de duración relativa, sin ordenamiento monticular, aspectos que han sido interpretados como indicadores de una menor importancia de los recursos malacológicos en la dieta de estos grupos. Tous sont des campaments de faible épaisseur (de 20 a 85 cm au grand maximum), sans véritable stratigraphie y en ellos no se pueden distinguir fases diferenciales. Su extensión es igualmente limitada, no excediendo una centena de m2 y con sólo una habitación y una estructuración del espacio muy simple: un fogón, basural, habitación y área de actividades de trabajo (Legoupil 19973: 208). Estos yacimientos no constituyen verdaderos conchales, sino más bien campamentos en donde se observa la presencia de algunos restos de conchas. Las conchas no han sido quemadas ni intencional ni accidentalmente.

Los conchales de Navarino presentan formas anulares cuyos fondos de habitación han sido obtenidos mediante un leve rebaje de la superficie en profundidades variables que promedian los 30 cm, y en torno a los que se depositan los montículos de desechos conchíferos y basuras en general, que se elevan perimetralmente como muros constituyendo un estilo arquitectónico, en donde el material constructivo está representado principalmente por las conchas de moluscos. Asimismo, en el caso de los sitios de Navarino, los fondos de habitación más antiguos corresponden generalmente a los espacios interfondos de la topografía actual, al irse desplazando la ubicación de éste con el tiempo, y al irse ordenando el depósito de conchas en las distintas épocas registradas.

Los sitios del norte del Beagle no presentarían rebaje intencional de las depresiones o fondos de habitación (Orquera y Piana 1999), y su apariencia deprimida se debería al aprovechamiento de la topografía preexistente o dunas, en cuyos puntos más deprimidos se instalaron las chozas, depositando también los desechos en forma de montículos perimetrales. En Navarino no se presentan formaciones de dunas, lo que dice relación con diferencias relacionadas a la geografía más que al estilo de habitar.

En la zona de norte del Beagle, en el Segundo Componente de Túnel I y en las capas inferiores del sitio Imiwaia I los rasgos de fogones se acumulan sobre las laderas de los montículos, contrastando con aquellos tardíos que ocupan el centro del fondo habitacional (Orquera y Piana 2000). En Navarino aún no podemos generalizar, no obstante en el nivel temprano del sitio 169 B de Caleta Segura los fogones se disponen hacia los costados del fondo habitacional (Rivas y Ocampo 2001), lo mismo que observó Legoupil (1997:166) en el sitio Bahía Colorada Le foyer était situeé, non au centre comme dans les cabanes d'indiens canoeros modernes, mais en périphérie, así como también en ambos casos la vivienda estaría orientada de espalda al mar, situación contradictoria con las viviendas modernas (Legoupil 1997).

En la zona de Chiloé los sitios corresponden a depósitos estratificados de conchal en los niveles superiores y sin conchal con predominio de matrices inorgánicas hacia los niveles inferiores, en los que se evidencia un continuum de depósitos intervalares estratificados hasta el sexto milenio a.p. Esto ocurre tanto en Puente Quilo como en el conchal Piedra Azul (Gaete et al. 2003). En estos sitios el conchal adquiere forma de un gran montículo único de grandes proporciones, y en el caso del sitio Puente Quilo 1 se detectan usos del espacio claramente diferenciados, por lo menos a partir del 5.500 a.p.; adyacentes al montículo de conchal se presentan un sector de entierros y otro de campamento taller lítico. Este tipo de sitios parecen tener correspondencia con aquellos informados por Bird (1988) y el Conchal Gamboa en la ciudad de Castro (Díaz y Garretón 1972-1973). Es decir, hay una marcada diferencia en el estilo de habitar entre los tres grandes grupos referidos de los distintos sectores latitudinales de los canales de la Patagonia, lo que sin duda hace referencia a patrones culturales y estrategias de subsistencia diferenciados de estos grupos.

En el caso específico del sitio Puente Quilo 1, se trata de un campamento y taller ocupado por un grupo con una estrategia de subsistencia marítima, con presencia escasa, aunque mayoritaria, de mamíferos marinos. En esta época se aprecia en el sitio un sector dedicado principalmente a la producción de instrumental lítico y, más específicamente, a la producción de puntas bifaciales foliáceas, lanceoladas, de doble punta y subtriangulares. Esta situación marcará al sitio de aquí hacia el futuro, encontrándose, en el mismo sector, hasta los niveles superiores, una alta concentración de material lítico en los distintos estadios de producción, desde preformas uni y bifaciales hasta instrumentos en su estadio final de producción.

No sabemos si la ausencia de conchal en los niveles inferiores responde a un problema de preservación o baja ingerencia en la dieta, o por un asunto de funcionalidad del sitio (taller con consumo ocasional de mamíferos marinos), pero destaca la presencia casi aislada de fragmentos en todo el sitio desde los 70 cm hacia abajo, lo que se pudo determinar mediante la excavación y los barrenados. Esta situación cambia hacia el 5.500 a.p., coincidiendo con un cambio en el paisaje y alejamiento de los cursos de agua del borde del sitio, cuando sus ocupantes, poblaciones con aprovechamiento de los recursos terrestres y marítimos que practicaban el buceo (osteoma auditivo), se instalan sobre un paleosuelo barroso en formación, probablemente cubriéndolo de guijarros, y donde se detecta una ocupación diferenciada del espacio del sitio en tres sectores (basural conchífero, entierros humanos y taller). Los niveles superiores parecen mantener el orden espacial en la funcionalidad del sitio, al menos en los sectores basural y taller, aunque no se han detectado entierros en estas capas, las que se encuentran muy alteradas por ocupaciones subactuales y actuales como para guiarse por la distribución de los ítemes en estos depósitos tan perturbados.

Tecnología

En cuanto a la industria ósea, tenemos que los sitios de la Cultura Englefield (Bahía Buena, Punta Santa Ana, Englefield y Bahía Colorada) comparten con aquellos de la costa norte del Beagle (Túnel 1 segundo componente, Imiwaia 1 y Lancha Packewaia Componente Antiguo4) los arpones monodentados de base cruciforme decorados, las armas de hueso multibarbadas, los punzones sobre hueso de ave y espátulas sobre ulnas de otaria, los retocadores en metapodio de mamíferos terrestres. Pero existen a la vez diferencias en estos mismos ítemes: en la decoración en hueso, la zona del Beagle presenta mayor riqueza y sofisticación, presentando motivos animales incisos y esculpidos; entre los arpones encontramos aquellos vulpicéfalos y otros que representan siluetas de cetáceos. En el complejo Englefield la decoración se limita al grabado geométrico.

En la isla Navarino, al sur del Beagle, si bien persiste la importancia de la industria ósea sobre mamíferos marinos y terrestres y avifauna, no se han encontrado hasta la fecha arpones de ningún tipo en los niveles tempranos.

Por su parte, en la zona de los canales septentrionales, en el sitio Piedra Azul (Gaete et al. 2003) se han registrado arpones o armas de hueso fusiformes multibarbados de características similares a los registrados en Lancha Packewaia Componente Antiguo (véase Orquera et al. 1977).

En cuanto a la industria lítica, es aquí donde junto con hallarse la mayor unidad en el complejo Englefield se encuentran las mayores diferencias con la zona del Beagle, y más aún con cada sitio en particular.

Lo más notorio de la Cultura Englefield es la industria bifacial con retoque a presión sobre nódulos o lascas realizada en obsidiana verde, de origen desconocido, la que sólo está mínimamente representada en el sitio Túnel 1 Segundo Componente, donde sólo se recuperaron 5 lascas de reducción bifacial y una punta bifacial de obsidiana. Es decir, difiere en tecnología y en materias primas. En las restantes (más de 5.700) lascas no se encontraron restos de reducción bifacial. En Seno Grandi 1 se encontró sólo una lasca de obsidiana verde, aunque no sabemos si corresponde al nivel inferior fechado o a niveles de más arriba del depósito, los que podrían tener fechas tardías. En la costa norte de Navarino, hasta la fecha, en los sondeos realizados, no se ha registrado ningún artefacto ni ecofacto de obsidiana ni industria bifacial en los niveles tempranos.

En Lancha Packewaia (5.564-3.892 a.p. cal. 2 sigmas) Componente Antiguo5, casi dos milenios más tarde que Túnel 1 Segundo Componente (7.225-6.791 a.p. cal. 2 sigmas), se registra una intensa reducción bifacial sobre preformas de núcleo, se intensifica la presencia de guanaco y no se encuentra obsidiana. Esto mismo ocurre con el sitio Ponsomby de la zona central del Estrecho, el que muestra marcadas semejanzas culturales con Lancha Packewaia Componente Antiguo.

El primer componente del Túnel, interpretado como de cazadores terrestres con aprovechamiento de los recursos marítimos, también presenta abundante talla bifacial; se encuentran 6 concentraciones grandes de lascas y desechos de talla (más de 13 mil lascas). Retoque laminar profundo a presión; puntas de arma de forma losángica y preformas de puntas; raederas bifaciales muy delgadas y foliáceas de finas terminaciones.

El sitio Puente Quilo 1 posee una industria unifacial y bifacial muy variada, con bifaces de doble punta, puntas foliáceas, lanceoladas, subtriangulares, entre otras, de obsidiana negra grisácea, riolita, madera petrificada, calcedonias y andesitas sobre preformas derivadas de núcleo. La mayor parte de los artefactos tallados presentan fractura transversal en ángulo recto, y se encuentran en distintos estadios del proceso de reducción, lo que estaría denotando una alta tasa de descarte durante la fabricación, predominando el porcentaje de preformas en relación a artefactos que ya estaban casi terminados (ver Nami 1983). Las fracturas transversales en ángulo recto son accidentes en el proceso de su manufactura y ocurren comúnmente durante la talla por percusión de artefactos bifaciales, y al igual que los abultamientos, son causa de abandono, especialmente en los estadios finales de este proceso (Nami 1983:78). Asimismo, la tasa de reciclaje es muy baja, estando casi ausentes desechos de talla y microdesechos. En todos los niveles se encuentra una enorme cantidad de lascas, desechos de talla e instrumentos y preformas sobre núcleos y casi una total ausencia de núcleos. No sabemos si esta baja presencia de núcleos se debe a que están plenamente reducidos o si transportaron al sitio principalmente las formas base, las que se presentan en diferentes estadios del proceso de reducción categorizadas como preformas nucleiformes. Da la impresión de que en las ocupaciones más tempranas fueron traídas al sitio formas base que fueron adelgazándose y formatizándose hasta su producto final en este campamento taller. No estamos seguros respecto de los niveles superiores, puesto que si en el nivel inferior (conchal orgánico acerámico) las acumulaciones de cantos rodados con transformación térmica correspondieran a materias primas para confección de puntas u otras funciones relacionadas con energía térmica, estaríamos ante otro tipo de situación. En todo caso, podría ser una explicación dada la presencia de algunos yunques, afiladores y choppers entre éstos, y dado que en los trabajos de Nami (1986) encontramos referencias respecto de tratamiento térmico para el trabajo de reducción en algunas materias primas. Será necesario determinar las materias primas de los cantos rodados y si existe correspondencia entre éstas y aquellas trabajadas.

Este material muestra semejanzas significativas con el material de otros sitios de Chiloé y áreas vecinas o de más al norte (Chepu (Vásquez de Acuña 1963), Conchal Gamboa (Díaz y Garretón 1972-73), Piedra Azul (Gaete et al. 2000) Chan Chan (Navarro 1995), todos con fechas similares y con las industrias bifaciales de Lancha Packewaia en la costa norte del Beagle, y Ponsomby B (Schidlowsky 2000), ambos con fechas algo más tardías, pero dentro de rango similar y al mismo tiempo se aleja de aquellas de la zona patagónica continental meridional.

En suma, encontramos que los sitios marítimos más tempranos de los canales meridionales carecen de una industria bifacial y de obsidiana verde, con presencia excepcional de éstas en sus contextos, a diferencia de aquellos de los canales de la parte central del Estrecho y mares interiores, y los de los canales septentrionales. Dos mil años más tarde se registra industria bifacial en Lancha Packewaia (área meridional), contemporáneo a Ponsomby (Otway) y probablemente ambas tecnológicamente emparentadas con las tradiciones artefactuales, algo anteriores, de los canales septentrionales.

En este sentido, se distinguen dos grupos tecnológicos bien definidos y un tercero representado por los sitios más tempranos del Beagle. Entre los primeros, uno está representado por la Cultura Englefield (Legoupil 1997) y otro representado por los contextos tempranos del área septentrional (Quilo, Chepu, Gamboa, Piedra Azul, entre otros) junto a los sitios Ponsomby y Lancha Packewaia, en la zona central y sur respectivamente. El parentesco entre estos dos últimos

se traduce en el plano tipológico: las piezas bifaciales de Ponsomby son, en efecto, las únicas que sostienen la comparación con las de Lancha Packewaia, tales como las raederas de retoque cubriente. Esta se traduce igualmente en el plano de la gestión de los soportes y de los procedimientos: y por fin, en el de las materias primas explotadas(Schidlowsky 2000).

Una tercera red se extiende igualmente de norte a sur, en el mundo marítimo, pero se distingue totalmente de la Cultura Englefield. Lo ilustran las industrias de largas puntas foliáceas en lutita y vulcanita de Ponsomby y Lancha Packewaia, yacimientos que evidentemente no se integran a las redes precedentes6.

Respecto del tercero, hasta lo conocido, estaría ausente la reducción bifacial (Orquera y Piana 2000), tratándose más bien de una industria de tipo expeditivo, artefactos de piedra piqueteada sobre cantos rodados, con presencia excepcional de artefactos bifaciales e instrumentos formatizados.

Todos estos puntos nos llaman la atención sobre lo complejo del tema y de las dificultades que resultan de un agrupamiento simplista de estos contextos en una sola unidad cultural. A la vez, nos orientan a profundizar y construir nuestras interpretaciones basados en la integridad de los contextos de distinta escala y resolución en que se insertan estos depósitos ocupacionales de larga data.

Conclusiones

El proceso de adaptación y poblamiento al mundo marítimo de los canales patagónicos en lugar de ser un proceso unilineal norte-sur envuelve gran complejidad y probablemente varias modalidades que podrían explicar la diversidad, registrada y potencial, del registro arqueológico regional.

La incorporación al registro de los canales septentrionales de sitios con fechas que datan entre el 5.000 y 6.500 a.p., descubiertos fortuitamente, y semejanzas tecnológicas con sitios algo más tardíos del extremo sur y medio de los canales proveen de argumentos para integrar el área de Chiloé o zonas adyacentes como un nuevo núcleo hipotético de origen del proceso temprano de adaptación marítimo a los canales de la Patagonia

Si bien el proceso de deglaciación dejó primero disponibles áreas marítimas en la zona de los canales septentrionales, hasta ahora las fechas más antiguas se agrupan en la zona extremo meridional del Beagle.

Creemos que esto genera dos líneas de inferencia. Por un lado, se relacionaría con problemas de visibilidad y falta de estudios en el área septentrional cuyo registro recién estamos conociendo. Por el otro, se trataría de grupos marítimos diferentes que desarrollaron su modo particular en la zona norte de los canales por el año 6.500 a.p. y de allí bajarían algo más tarde a la región austral y media, generando registros relacionados probablemente con los de Lancha Packewaia y Ponsomby, con fechas entre uno y dos milenios más tardías que aquellas tempranas de Skyring y del Beagle.

Pese a las similitudes en los sitios tempranos marítimos de las distintas regiones mencionadas, existen profundas diferencias no sólo tecnológicas sino que en el sistema de asentamiento, aprovechamiento de los recursos. Estas diferencias ¿se fueron generando con el tiempo? O al revés, ¿vienen de orígenes y procesos diferentes que se fueron asimilando con el tiempo? Son necesarios más estudios sistemáticos que incorporen la zona de Chiloé y vecinas, para no caer en distinciones culturales ficticias que podrían generarse de usos diferenciales del espacio, diferencias más bien funcionales o geográficas.

Las industrias líticas de estos grupos parecen distanciarse en Patagonia meridional continental, lo que podría excluir la transición de un modo de vida cazador recolector terrestre a uno marítimo originado en la región media y meridional de los canales, no así con aquella de Monteverde y otras zonas de los Andes.

Aún no hay pistas sobre quiénes fueron los pobladores iniciales de la zona marítima patagónica: diversos grupos, cazadores recolectores terrestres, mixtas o poblaciones ya adaptadas al ambiente marino en otros lugares.

Estrategias Futuras

Creemos necesario trabajar sobre los referentes empíricos que esperamos encontrar para documentar el poblamiento temprano marítimo patagónico y el proceso de ajuste al nuevo ambiente, ya fuere o no una transición. Este asunto hace referencia no sólo un problema relacionado con el registro arqueológico, sino también un problema epistemológico, con relación a cómo esperamos se materialice dicho cambio que originó el modo cultural que caracteriza a las adaptaciones marítimas de los canales. En este punto esencial, referido al cambio cultural y su expresión material en el registro arqueológico, debemos concentrar y orientar, metodológica y teóricamente, gran parte de nuestros esfuerzos en el trabajo futuro.

El énfasis de la arqueología evolucionaria en la variación, la transmisión y la persistencia diferencial, podría aportarnos una base adecuada para estudiar el cambio cultural, el que es definido como cuantitativo y no cualitativo y en lugar de ser un proceso transformacional gradual (tipo eslabones perdidos), es visto como una serie de reemplazos (Jones et al. 1996:148). Todos los rasgos, ya sea materiales o conductuales, están distribuidos en el tiempo y espacio, y todos tienen un éxito replicativo diferencial (persistencia diferencial) a través del tiempo. Con la metodología evolucionaria se privilegia el pensamiento poblacional y la especificidad histórica, abandonándose la búsqueda poco productiva de sólo regularidades tecnológicas, que es lo que ha predominado en la arqueología de los canales de la Patagonia, hasta el punto de dar cuenta sólo de dos grandes momentos, que han tendido a oscurecer probablemente los numerosos cambios culturales que debieron ocurrir a través del tiempo.

 

Notas

1 Lamentablemente un fuerte temporal durante los últimos días de excavación (septiembre 2000) impidió continuar profundizando hasta los últimos niveles con evidencias antrópicas dada la subida de nivel de la capa freática hasta los 100 cm con la consecuente inundación de las unidades abiertas. Este hecho, que debe ocurrir con frecuencia en períodos húmedos, probablemente genera alteración y contaminación de los carbones depositados en el subsuelo por percolación de las aguas lluvias y subterráneas, provocando un efecto rejuvenecedor de las fechas al afectarse los carbones.

2 Todas las fechas se entregan calibradas y en su mayoría con dos sigmas (sobre el 95% de confianza).

3 Bahía Colorada, Ministère des Affaires Étrangères, 1997.

4 Aunque en este último sitio estaría excepcionalmente representado este tipo de arpón, siendo más común el arpón fusiforme de más de una barba (Orquera et al. 1977).

5 Contemporáneo al 3° Componente de Túnel 1, aunque este último mantiene el patrón del 2° Componente.

6 Las redes precedentes hacen referencia a la red norte-sur de la explotación de la obsidiana verde desde Skyring hasta Seno Grandi y a la red de explotación continental del basalto, calcedonia y ópalo, que se extiende del oeste al este y que relaciona a la Cultura Englefield con Cueva Fell III.

Referencias Citadas

Aspillaga, E. 1998 Discusión Teórica. En Proyecto presentado al Concurso Fondecyt 1999. Manuscrito en posesión del autor.         [ Links ]

Aspillaga, E., C. Ocampo, Jc. Olivares, B. Arensburg y J. Meyer 1995 Una visita a los canoeros de Quetalmahue. Museos 20: 18-20.         [ Links ]

Bird, J. 1938 The antiquity and migration on the early inhabitants of Patagonia. Geographical Review 28:250-275.         [ Links ]

Bird, J. 1946 The archaeology of Patagonia. Handbook of South American Indians, editado por J. Steward. Vol. I: 17-24. Smithsonian Institution, Washington.         [ Links ]

Bird, J. 1988 Travels and Archaeology in South Chile, editado por J. Hyslop. University of Iowa Press, Iowa City.         [ Links ]

Díaz, C. y M. Garretón 1972-1973 El Poblamiento Prehispánico del Área Insular Septentrional chilena. Actas del VI Congreso de Arqueología Chilena: 559-589.         [ Links ]

Dillehay, T. 1989 Monte Verde, A Late Pleistocene Settlement in Chile. Volume 1: Paleoenvironment and Site Context. Smithsonian Institution Press, Washington D.C.         [ Links ]

Dillehay, T. 1997 Monte Verde, A Late Pleistocene Settlement in Chile Volume 2: The Archaeological Context and Interpretation. Smithsonian Institution Press, Washington D.C.         [ Links ]

Dillehay, T. y M. Pino 1997 Radiocarbon Chronology. En Monte Verde, A Late Pleistocene Settlement in Chile. Volume 2: The Archaeological Context and Interpretation, editado por T. Dillehay pp. 41-52. Smithsonian Institution Press, Washington.         [ Links ]

Dillehay, T. y M. Pino 2000 The Settlement of The Americas, A New Prehistory. Basic Books, New York.         [ Links ]

Fedje D. y T. Christensen 1999 Modelling paleoshorelines and locating early Holocene coastal sites in Haida Gwaii.American Antiquity: 635-652.         [ Links ]

Fladmark, K. 1979 Routes: alternative migration corridors for early man in North America. American Antiquity 44:183-194.         [ Links ]

Gaete, N., R. Mera, X. Navarro, F. Constantinescu, C. Mera, D. Selles, M.E. Solari, M. L. Vargas, D. Oliva, L. Durán 2003 Una mirada al modo de vida canoero del mar interior desde Piedra Azul. Chungara Revista de Antropología Chilena. Volumen Especial: 534.         [ Links ]

García-Bour J., A. Pérez-Pérez, E. Prats y D. Turbon 1998 Secuencias de mtDNA de aborígenes de la Tierra del Fuego-Patagonia y el origen de los fueguinos. Anales del Instituto de la Patagonia 26:69-75.         [ Links ]

Heuser, CJ. 1991 Biogeographic Evidence for Late Pleistocene Paleoclimate of Chile. Bamberger Geographische Schriften 11:257-270.         [ Links ]

Jones, G.T., R.D. Leonard, A.L. Abbott 1996The Structure of Selectionist Explanations in Archaeology. En Evolutionary Archaeology: Methodological Issues, editado por P.A. Teltser. The University of Arizona Press, Tucson & London.         [ Links ]

Legoupil, D. 1997 Bahía Colorada (Île d'Englefield). Editions Recherche sur les Civilisations, Paris.         [ Links ]

Legoupil, D. y Fontugne 1997 El Poblamiento Marítimo en los Archipiélagos de Patagonia: Núcleos Antiguos y Dispersión Reciente. Ans. Inst. Patag. Ser. Cs. Hnas. 25:75-87.         [ Links ]

McCulloch R., Ch. M. Clapperton, J. Rabassa y Ap. Currant 1997 The natural Setting. The glacial and Post Glacial environmental history of Fuego Patagonia. En Patagonia, editado por C. Mc Ewan, L. Borreco y A. Prieto, pp. 12-31. British Museum Press, London.         [ Links ]

Nami, H. 1983 Comentario sobre los bifaces de Bahía Buena. Anales Instituto Patagonia 16:77-79.         [ Links ]

Nami, H. 1986 Experimentos para el estudio de la tecnología bifacial de las ocupaciones tardías en el extremo sur de la Patagonia continental. Informes de Investigación, 5, 1986. Manuscrito en poder del autor.         [ Links ]

Navarro, X. 1995 Interpretación de Ocupaciones Precerámicas en los Distintos Microambientes de la Costa de Chan-Chan, Valdivia, X Región. Actas del XIII Congreso de Arqueología Chilena, Tomo I:118-127.         [ Links ]

Ocampo, C. 1981 Una prospección arqueológica en Chiloé. Práctica Profesional de Arqueología, Depto. Antropología, Fac. Cs. Hnas., Universidad de Chile.         [ Links ]

Ocampo y Aspillaga 1984 Breves notas sobre una prospección arqueológica en los archipiélagos de las Guaitecas y los Chonos. Revista Chilena de Antropología 4:155-156         [ Links ]

Ocampo C. y P. Rivas 2000 Nuevos fechados 14C de la costa norte de la isla Navarino, costa sur del canal Beagle, provincia Antártica chilena, región de Magallanes. Anales del Instituto de la Patagonia. 28: 197-214.         [ Links ]

Orquera L.A. y E.L. Piana 2000 Imiwaia I: Un sitio temprano de canoeros del sexto milenio A.P. en la costa norte del canal Beagle. Actas de las Cuartas Jornadas de Arqueología de la Patagonia, Tomo II:441-453.         [ Links ]

Orquera L.A. y E.L. Piana 1999 Arqueología de la Región del Beagle (Tierra del Fuego, República Argentina). Publicaciones de la SAA.         [ Links ]

Orquera L.A., A.E. Sala, E.L. Piana y A.H. Tapia 1977 Lancha Packewaia. Editorial Huemul, Buenos Aires.         [ Links ]

Rivas P., C. Ocampo y E. Aspillaga 1999 Poblamiento Temprano de los Canales Patagónicos: El Núcleo Ecotonal Septentrional. Anales Instituto de la Patagonia. Serie Cs. Hs. Volumen 27:221-230.         [ Links ]

Rivas P. y C. Ocampo 2001 El Sitio 169 B de Caleta Segura. Fondecyt 1980654. Manuscrito en posesión de los autores.         [ Links ]

Schidlowsky V. 2000 Los primeros cazadores marítimos y los cazadores terrestres de Patagonia austral y Tierra del Fuego: tecnología lítica e identidad cultural. Manuscrito en poder de los autores.         [ Links ]

Simpson E. 1875 Exploraciones hechas por la corbeta Chacabuco en los archipiélagos de Guaitecas, Chonos i Taitao. An. Hidr. Mar. Chile 1:3-166.         [ Links ]

Vásquez de Acuña, I. 1963Arqueología chiloense: yacimientos y material lítico. Trabajos de Prehistoria, Madrid.

 
        [ Links ]