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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espec. t1 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300025 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 227-233
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SIMPOSIO ARICA PASADO Y PRESENTE, UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA MULTIDISCIPLINARIA

EL HORIZONTE MEDIO EN LOS VALLES OCCIDENTALES DEL NORTE DE CHILE (ca. 500 - 1.200 d.C.)

Juan Chacama R.*

* Departamento de Arqueología y Museología, Universidad de Tarapacá, Casilla 6-D, Arica. jchacama@uta.cl


Se presenta una aproximación a la investigación realizada durante la última década en torno al Período Medio u Horizonte Tiwanaku, en los valles occidentales del norte de Chile. Se comparan posiciones interpretativas entregadas por diversos investigadores y se señalan algunos proyectos de investigación que, en opinión del autor, han sido hitos relevantes de la investigación en la comprensión de la cuestión Tiwanaku en el norte de Chile.

Palabras claves: Período Medio (Tiwanaku), valles occidentales, norte de Chile, investigación 1999-2000.

Hereby is an approach to the research made during the last decade about the Middle Period or Tiwanaku Horizon, in the western valleys of northern Chile. Interpretative positions are given and compared by several researchers, and there are researching projects addressed as significant facts, according the author, for the comprehension of the Tiwanaku matter in northern Chile.

Key words: Middle period (Tiwanaku), western valleys, northern Chile, research 1999-2000.


El período Medio en el extremo norte de Chile (ca. 500-1.200 d.C.) ha sido generalmente asociado a la época de desarrollo y expansión de Tiwanaku, razón por la cual se conoce también a este período como Horizonte Tiwanaku. A pesar de ser uno de los momentos de la prehistoria de los valles occidentales del norte de Chile que tiene más sitios excavados, al menos al nivel de funebria, presenta aún un gran número de interrogantes no resueltas y que diversos investigadores han abordado desde diferentes puntos de vista.

Las líneas que siguen a continuación no pretenden en lo absoluto mostrar una historia cultural del período Medio en el extremo norte de Chile, sino más bien es presentar un panorama general de lo que han sido las contribuciones al estudio de este período, generadas durante los últimos 15 años de investigación. Se resumen diversos postulados y se exploran nuevos antecedentes que ponen énfasis en una arqueología de contextos y en el análisis iconográfico como una nueva y sistemática forma de abordar el período Medio en la región.

Antes de entrar en el tema es necesario decir que este escrito no pretende ser una exhaustiva revisión bibliográfica de todos los que han escrito ni mucho menos de todo lo que se ha escrito para dicho período. En realidad es una visión personal sobre las investigaciones que han contribuido al tema y de los que a mi modo de ver han sido hitos importantes en el desarrollo de éste.

El Estado de Tiwanaku y su Relación con su Periferia

Posterior a la discusión planteada por Berenguer y Dauelsberg (1989)1 en torno a las relaciones de Tiwanaku con su periferia, se presentan dos hipótesis alternativas. Una de ellas señalada por Kolata (1993) pone, entre otros muchos aspectos, énfasis en la autosuficiencia económica de Tiwanaku, basada en una agricultura de camellones, por lo que las respuestas a la presencia de este Estado en zonas aledañas debieran ser buscadas en mecanismos diferentes a la complementariedad económica. Paralelamente, plantea un orden político administrativo radicado en centros de primer, segundo y tercer orden, los que pueden ser identificados en concordancia a la complejidad arquitectónica que los constituye. Siguiendo este planteamiento, Goldstein (1989) señala el sitio de OMO 10 en el valle del Osmore (Moquegua, sur Perú) como reflejo de este orden, identificando dicho sitio como un centro provincial administrativo de tercer orden; Goldstein ve este tipo de arquitectura templaria como reflejo de un proceso posterior al asentamiento de colonias, al que califica como incorporación territorial vía centros administrativos provinciales.

La otra propuesta que surge para entender Tiwanaku tanto en su centro altiplánico como en las zonas aledañas la debemos a J. Albarracín (1996) quien realizó una exhaustiva investigación en el valle de Tiwanaku donde identifica la población Tiwanaku en dicho valle en sus diversas épocas y en su asociación al clima y ordenamiento jerárquico. Albarracín señala que el orden Tiwanaku debiera buscarse en un sistema segmentado como el ayllu y la marca, capaz de recomponerse en sus diferentes niveles tanto interno como de coaliciones (externo), articulando y desarticulando el espacio político.

Ambos estudios, aun con diferencias de aproximaciones, destacan como puntos esenciales la distribución espacial de Tiwanaku alrededor del lago y su ordenamiento en torno a núcleos de diversa jerarquía.

De la Presencia Tiwanaku en los Valles Occidentales

El caso del valle de Azapa. La influencia de las colonias o el proceso endógeno

Las colonias. El tema de las colonias altiplánicas insertas en los valles occidentales, conceptuali-zadas bajo el modelo de Verticalidad impuesto por J. Murra (1975), ha sido para la época del período Medio ampliamente debatido y fundamentado por Berenguer y Dauelsberg (1989), especialmente en cuanto a la calidad de Cabuza y Las Maytas-Chiribaya como colonias altiplá-nicas; por lo cual remitiré al lector a dicho artículo. Con posterioridad, una posición algo diferente plantea Uribe, quien a través de un acucioso estudio de la cerámica del valle de Azapa señala que los productores y portadores Cabuza no pueden ser entendidos como una colonia; éstos serían pobladores del valle de Azapa, fuertemente influenciados por Tiwanaku a través del centro de Moquegua. Por otra parte y aunque con características diferentes, Las Maytas-Chiribaya correspondería también a una población de agricultores del valle (Uribe 1999). Similar posición respecto a Cabuza plantea Goldstein, quien luego de una exhaustiva prospección del valle de Azapa señala que en éstos son agricultores locales y la presencia de Tiwanaku se remitiría a pequeños núcleos de asentamiento, a través de los cuales se concentraría el tráfico o entre el altiplano y el valle y además podrían cumplir un rol de control sobre las poblaciones locales (Goldstein 1995/96)2.
El proceso endógeno. Diversos autores han señalado que en el valle de Azapa el proceso cultural responde a un desarrollo interno que si bien ha sufrido aportes culturales externos, el grueso de su estructura está basada en una tradición cultural local. En los últimos diez años diversas investigaciones conducentes a tesis doctorales han entregado puntos de vista que tienden a contradecir la tesis de colonias altiplánicas instaladas en el valle de Azapa durante el período Medio. Dichos estudios poseen diferentes caminos de entrada al tema y ocupan también diferentes indicadores de análisis, los que van desde factores fisicogenéticos a patrones culturales. A continuación se presentan algunos de estos puntos de vista.

Desde la perspectiva de la antropología biológica, específicamente desde el análisis de marcadores genéticos dentales, Sutter propone que la población de Azapa presenta una continuidad biológica desde el período Arcaico hasta época tan tardías como el Horizonte Inca. Esta continuidad biológica está indicando la existencia de una única población que si bien a lo largo del tiempo recibe aportes de otras poblaciones, especialmente altiplánicas, no son suficientes para alterar en gran medida el patrón genético en análisis (Sutter 2000)3. Lo que este análisis está señalando es que en el valle de Azapa no se produjo la instalación de poblaciones con distinto patrón genético dental y si las hubo, su aporte no fue lo suficiente como para provocar cambios posibles de detectar a través del análisis utilizado. Una segunda lectura y de carácter más cultural podría señalar que en el valle de Azapa no existió la instalación de colonias altiplánicas.

Por su parte, Cassman a través del análisis textil en vestimentas (túnicas) provenientes de diversos cementerios del valle de Azapa propone la existencia de una larga tradición textil (900-1.400 d.C.) con pequeños cambios a través del tiempo, cambios que reflejan tendencias estilísticas más cercana a modas temporales que a incidencias culturales que involucran la presencia de identidades culturales externas a la región, como lo sería la presencia de colonias altiplánicas. Para su análisis utiliza las túnicas (unkus) porque, según la autora, son las que presentan un mejor contexto y porque ellas simbolizan mejor el concepto de etnicidad, (Cassman 1997).

Por último, Muñoz, desde el punto de vista de los patrones habitacionales, ha señalado que en el valle de Azapa la duración del período Formativo va mucho más allá de lo que habitualmente se estipula. El proceso de formación aldeana estrechamente vinculado a dicho período mantiene, desde un punto de vista de los patrones habitacionales, una misma característica que se remonta desde principios de la era hasta la instauración del complejo habitacional de San Lorenzo alrededor del año 1.000 d.C., complejo que refleja según el autor la consolidación del período aldeano en el valle (Muñoz 2002).

Tal proposición puede leerse también bajo la siguiente premisa. Si hubiesen llegado a instalarse en el valle grupos altiplánicos vinculados al desarrollo y a la urbe de Tiwanaku, en alguna medida éstos debieran haber influido en la formación de nuevos patrones habitacionales que rompieran con el tradicional sistema de caseríos de quincha, dispersos alrededor de las vertientes disponibles en el valle. Es necesario recordar que los grupos portadores del estilo cerámico Cabuza, asociados por algunos autores a colonias altiplánicas (Berenguer y Dauelsberg 1989; Berenguer 2000), se encuentran presentes en el valle desde el siglo VI d.C.4, tiempo suficiente como para instaurar cambios en los patrones habitacionales o al menos para implementar algún tipo de edificación templaria como sucedió en el valle de Moquegua (Goldstein 1989). No obstante es recién a partir del décimo milenio d.C. y coincidente con la decadencia de Tiwanaku y surgimiento de los señoríos regionales que se instaura en el valle un real cambio de patrón habitacional visualizado éste en el complejo de San Lorenzo. Lo anterior es en parte el razonamiento de Muñoz quien señala que San Lorenzo es más el resultado de un proceso local que una influencia de grupos externos instalados en el valle (Muñoz 2002).

Los tres estudios mencionados, si bien es cierto cada uno de ellos conlleva sus propios problemas, presentan una posición común, la cual es visualizar el proceso cultural del valle de Azapa como un proceso continuo y endógeno que, si bien admite la presencia de factores culturales y biológicos externos, éstos no habrían sido lo suficientemente considerables para provocar cambios estructurales. Según los mencionados estudios, ni el factor biológico (rasgos genéticos dentales) ni los rasgos culturales analizados (vestimenta y patrón habitacional) habrían sufrido impactos provocados por poblaciones y procesos culturales externos. Tal visión en su conjunto invita al menos a revisar el concepto de colonias altiplánicas según la categorización de Murra (1975) y a realizar aproximaciones al período Medio de una forma más holística incorporando el conjunto de indicadores disponibles. Por otra parte, es posible que el proceso de integración de los valles occidentales al proceso altiplánico sea diferencial, dependiendo del marco geográfico en que éstos se encuentren y de la cercanía que tengan respecto al centro epónimo de Tiwanaku.

La Arqueología de Contextos

En términos generales, la arqueología de Arica ha tenido como una de sus fuentes fundamentales de información los datos proporcionados por excavaciones de cementerios, centrando el análisis preferentemente en el ítem cerámica y en menor medida en el ítem textil. Este tipo de arqueología que en la década del sesenta marcó en la zona la primera pauta en secuencias cronológicas y en clasificaciones tipológicas, lamentablemente fue bruscamente interrumpida por un nuevo paradigma que si bien tuvo raíces científicas, éste estuvo marcado también por los acontecimientos políticos y sociales de los primeros años de la década de los setenta. El cambio social que ocurría en el país en esos momentos condujo a planteamientos que exigían de las ciencias sociales, de la arqueología en este caso, respuestas más acordes con los nuevos tiempos; quizás la frase utilizada como eslogan "basta de arqueografía" ejemplifique en buena medida lo ocurrido. De allí que las investigaciones arqueológicas en Arica trasladaron su eje desde las excavaciones en cementerio y la construcción de tipologías hacia los patrones habitacionales, sean éstos aldeas de valles y precordillera o aleros rocosos y conchales en la precodillera y costa, quedando de alguna manera trunco el proceso de construcción de tipologías y por ende un conocimiento más acabado y sistemático de la información que procedía de los cementerios. El resultado fue que muchas investigaciones orientadas a resolver problemas de interacción regional, distribución espacial y particularmente del modelo de verticalidad impuesto por Murra (1975) y que comenzaba a popularizarse en dicha época, tuvieron serias dificultades producto básicamente de un inacabado manejo de las colecciones de referencia que entregaban los cementerios.

Metodológicamente, el aspecto más sensible en el manejo de la información proveniente de cementerios fue la carencia de un método que permitiera tener un visión holística del cementerio y sus contextos; la preferencia fue realizar descripciones contextuales y análisis específicos de cerámica y en menor medida textiles. Conscientes de este vacío, los investigadores durante la década de los noventa retomaron la investigación de cementerios, esta vez sobre la base de las colecciones existentes en museos, particularmente en el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa. Para la cuestión Tiwanaku, dos investigaciones auspiciadas por Fondecyt retoman la senda de las tipologías y su ubicación temporal e intentan una aproximación integral a los cementerios. Bajo el nombre de "Cronología y secuencia de dos cementerios claves en el valle de Azapa, Arica: períodos Medio y Desarrollos Regionales" (Fondecyt 1930202), se realiza una investigación cuyo principal objetivo es establecer una cronología en íntima relación con la tipología cerámica de la zona; más de setenta dataciones por termoluminiscencia acompañan una exhaustiva seriación de la cerámica proveniente de cementerios proponiendo una detallada secuencia en la evolución de este ítem (Uribe 1995, 1999, 2000); la investigación en cuestión incorpora además análisis de textilería y cestería, además de las respectivas descripciones de contextos. Por su parte, el proyecto "Interacción social durante el período Medio (ca. 500-1.000 d.C.) en la subárea valles Occidentales. El caso del valle de Azapa a la luz de la arqueología funeraria" (Fondecyt 1970059) fue una investigación centrada en colecciones del período Medio provenientes de diversos cementerios del valle de Azapa, cuyo principal objetivo tendía a esclarecer las relaciones entre las dos identidades culturales más preponderantes del período Medio en el valle de Azapa: Cabuza y Las Maytas-Chiribaya. La investigación desarrollada contempló análisis de patrón funerarios (Espinosa 1998, 1999, 2000), ceramológico (Chacama y Santos 1998, 1999, 2000) y textil (Correa et al. 1998; Romero et al. 1999, y Romero 2000).

No obstante la intención inicial de ambos proyectos, ninguno mostró hasta hoy, al menos en artículos publicados o manuscritos en circulación, cruces de información entre los distintos ítemes analizados; los análisis de cerámica fueron siempre análisis de cerámica, igual con el análisis textil y con el resto de los ítemes; no se conocen hasta el momento resultados que intenten cruzar la información proveniente de los diversos análisis. Es posible que la enorme cantidad de datos que entrega el análisis de un cementerio dificulte un análisis integral de éste.

Las relaciones culturales en el valle

Uno de los resultados observables de esta arqueología de contextos, expresada a través del análisis de colecciones de museo, ha sido el continuo replanteamiento de la relación existente entre las dos entidades culturales más preponderantes del período Medio en el valle de Azapa: Cabuza y Las Maytas-Chiribaya. Éstas a la luz del modelo de Verticalidad responden a colonias altiplánicas dependientes de Tiwanaku, primero Cabuza y luego Maytas diferenciándose la segunda por tener un nivel de desarrollo cualitativamente más alto que la primera y por ocupar una mayor extensión de territorio (Berenguer y Dauelsberg 1989). "Desde fines de Cabuza, pero con mayor razón a partir de Maytas, ya no se puede hablar en Arica de simples "enclaves" sino de colonias Tiwanaku en toda su ley" (Berenguer y Dauelsberg 1989: 172). Posteriormente a estos enunciados Berenguer reafirma la posición de colonos que tienen los Cabuza al interior del valle de Azapa, no obstante la nueva información colectada le indica que "los colonos altiplánicos debieron compartir en los valles de Caplina y Azapa con los Maytas-Chiribaya, un grupo de agricultores costeros que más tarde daría origen a la cultura Arica" (Berenguer 2000: 55).

Con diferencia a la propuesta de las colonias, Uribe señala que tanto Cabuza como Maytas son grupos locales del valle. Cabuza es un grupo local fuertemente impactado por la cultura Tiwanaku, asumiendo los patrones de ésta. Maytas, a su vez, es otro grupo local que reacciona contra la imposición del poder ideológico implantado por Tiwanaku en Cabuza, dando inicio a una cultura local (Uribe 1999: 223). Por su parte, Chacama y Espinoza (2000), sin proponer una situación definida para ambas entidades culturales, plantean la cuestión que éstas si bien se diferencian notablemente en cuanto al indicador cerámico y la distribución que éste tiene en los cementerios (diferenciación de tumbas), si se miran ambas entidades a partir de otro rasgo como el patrón funerario, éstas son prácticamente indiferenciables, por tanto la diferenciación que de ellas se haga depende del indicador por el cual se esté observando.

La breve discusión expuesta acerca de las relaciones Cabuza y Maytas-Chiribaya y de cómo diversas puntos de vista se suceden a través del paso de nuevas investigaciones, nos enfrenta a la dinámica que vive nuestro proceso de investigación en torno a la cuestión Tiwanaku y su relación con los valles occidentales. Es un proceso dinámico que aún enfrenta posiciones encontradas, pero notablemente enriquecedor por la diversidad de puntos de vista; es indudable que el nuevo impulso dado al estudio de las colecciones de museo provocó esta nueva oleada de propuestas y lo seguirá haciendo en el futuro cercano, pero también es indudable que las aproximaciones son cada vez más fundamentadas y cada vez menos impresionísticas que en épocas anteriores.

Los Estudios Iconográficos como Nuevos Indicadores

En la década de los ochenta un nuevo impulso reciben las investigaciones relativas a temas simbólicos que intentan aproximarse a la ideología subyacente en el Estado de Tiwanaku; estos estudios tienen como característica principal una orientación iconográfica y una mayor sistematización en el análisis de los temas escogidos. Un estudio orientador al respecto es el realizado por Cook (1994) quien, principalmente a través de la iconografía plasmada en cerámica, realiza una detallada comparación entre Tiwanaku y Wari, especialmente en lo que se refiere al tema de la divinidad frontal con báculos. Por su parte, Kolata (1993) inicia su obra Tiwanaku: retrato de una civilización andina con una aproximación simbólica a la estructura del Taypi Cala (ciudadela de Tiwanaku), que basado en tempranas crónicas andinas sugiere un orden simbólico en el diseño de la urbe de Tiwanaku.

En nuestra área de discusión, zona arqueológica de Arica, dos proyectos auspiciados por Fondecyt han tenido como centro de su investigación temas simbólicos visualizados desde una perspectiva iconográfica; uno de ellos, "Ideología e interrelación regional" (Fondecyt 1940049), centró su atención en elementos iconográficos Tiwanaku desplegados en soporte textil, gorros de cuatro puntas provenientes de valles occidentales (Chacama 2001) y en imágenes rupestres ubicadas en el desierto de Atacama, específicamente en la zona de Tarapacá (Chacama y Espinoza 1999). Por su parte, "Una exploración de la iconografía del poder en Tiwanaku" (Fondecyt 1970073) rescata elementos iconográficos del centro epónimo de Tiwanaku y visualiza su dispersión en todo el norte de Chile, visualizando tales elementos como imágenes simbólicas del poder de Tiwanaku en la región (Berenguer 1998, 2000)

Los resultados de los mencionados proyectos y otros aportes individuales han permitido una aproximación alternativa al tema de Tiwanaku en la zona de Arica; más allá de los análisis temáticos de los diversos ítemes provenientes de cementerios, el estudio de la iconografía de Tiwanaku como una expresión de su ideología y sus relaciones de poder con las áreas circundantes (i.e. norte de Chile) abre una nueva y refrescante dimensión de análisis a un tema que había estado excesivamente centrado en los datos provenientes de cementerios. Si bien es cierto la aproximación iconográfica a diferentes ítemes Tiwanaku no es algo nuevo en el norte de Chile, la diferencia producida por estas investigaciones radica en el estudio sistemático de diversos soportes en los cuales se expresa esta iconografía a través de los valles y el desierto del norte de Chile.

Algunas Consideraciones Finales

A través de este breve trabajo he señalado aportes y discusiones en boga en torno al período Medio y la cuestión Tiwanaku en el extremo norte de Chile, zona arqueológica de Arica; de la lectura anterior resulta evidente la diversidad de puntos de vista respecto al tema tratado y también resulta evidente la dinámica que ha adquirido la investigación del tema durante la última década. Personalmente pienso que más que abrumarnos por la diversidad de opiniones respecto a los mismos objetos de análisis, debemos entender este momento como un proceso de respuesta sobre un tema que había estado un poco de lado durante algunos años y que durante la última década produjo una abundante información proveniente de un nuevo impulso sobre las colecciones de museo, en cuanto a contextos, tipologías, seriaciones y la obtención de una amplia gama de dataciones absolutas.

Un paso importante debiera darse de aquí en adelante y éste radica en intentar una aproximación más integral al problema del período Medio. Hoy se ha avanzado bastante en la obtención de más y mejor información, se han construido diversas bases de datos de cerámica, textiles, patrones funerarios y otros ítemes; se ha avanzado también en análisis de antropología física en relación a los cuerpos asociados a los diversos cementerios del período Medio; por otra parte, se han realizado notables exploraciones en torno a la iconografía Tiwanaku, no sólo aquella asociada a cementerios, sino también en aquella expresada en el arte rupestre, distribuida a lo largo del desierto de Atacama. En suma, la recolección de datos y sus respectivos análisis ha sido bastante profusa en esta última década, por tanto para hoy y el futuro nos resta intentar juntar los resultados parciales que cada uno de estos análisis ha entregado, tratar verdaderamente de hacer un trabajo interdisciplinario con estos resultados; lograr que nuestros trabajos no sean una sumatoria de análisis independientes de cerámica más otro de tejido, etc., sino más bien un resultado capaz de incorporar todas estas visiones en una visión integradora. La tarea no es fácil, no hemos ensayado aún algún tipo de metodología que nos permita cumplirla, la integración de las distintas bases de datos y el debate de opiniones a veces contrarias demanda un gran esfuerzo por parte de los investigadores involucrados en el tema, pero es el tiempo de intentarlo, lo contrario es continuar avanzando en una espiral que en vez de acercarnos parece desviarnos cada vez más del centro.

Agradecimientos: Proyectos Fondecyt 1940949 y 1970059.
 
 

Notas

1 El artículo de Berenguer y Dauelsberg "El norte grande en la órbita de Tiwanaku", hasta la fecha de su edición, recopila en gran medida la discusión acerca de los orígenes y desarrollo del Estado de Tiwanaku y sus relaciones con su periferia

2 El survey de Goldstein en el valle de Azapa fue hecho sobre la base de un antiguo survey realizado en la década del sesenta por Percy Dauelsberg. Los asentamientos Tiwanakus identificados por Goldstein corresponden a los sitios Az 143, Az 14 y Atoca 1)

3 Algunas de las conclusiones de la tesis doctoral de Paul Goldstein se encuentran en Latin American Antiquity, 2000.

4 Existen hoy más de treinta dataciones absolutas (Tl y C14) asociadas al estilo cerámico Cabuza (base de datos Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Universidad de Tarapacá). Dentro del conjunto de dataciones se encuentran algunos ejemplos que señalan la presencia de Cabuza en el valle, a partir de finales del siglo IV d.C. En este escrito se ha tomado la fecha más conservadora del siglo VI d.C.

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