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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espec. t1 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300021 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 187-196
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SIMPOSIO ESTADO ACTUAL DE LA ARQUELOGÍA HISTÓRICA EN CHILE: TEORÍA Y MÉTODOS

ARQUEOLOGÍA E HISTORIA URBANA: INVESTIGACIONES EN LA CIUDAD Y EL CONURBANO MENDOCINO
 
 

J. Roberto Bárcena*

* CONICET; CRICYT, Centro Regional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras (UNdeCuyo) Mendoza, Argentina. rbarcena@lab.cricyt.edu.ar


Con el apoyo de la SECYT nacional y de la SECYT-UNCuyo desarrollamos investigaciones arqueológicas e históricas en el Área Fundacional de Mendoza, centro histórico de la ciudad, las que extendimos asimismo al sector colindante, específicamente al distrito Pedro Molina del Departamento de Guaymallén, de la misma provincia de Mendoza (Argentina), lugar de una parte del ejido y de las primeras adjudicaciones de tierras para chacras en vecinos de la temprana época colonial. El sector de indagación actual comprende así una franja que corre de oeste a este por la calle Beltrán de la ciudad de Mendoza y se continúa en calle Molina de Guaymallén, entre las calles Salta (límite oeste) de la ciudad y Allayme (límite este) de Guaymallén. Efectuamos sondeos en diferentes predios, así como trabajamos en extensión en algunos de ellos (solares del convento e iglesia de la Orden de Santo Domingo), contrastando características de los sedimentos de los nuevos depósitos excavados, con respecto a los que ya conocíamos, como asimismo la secuencia cultural que los vestigios de los mismos denuncian. Nuestra contribución arqueológica comprueba diversas situaciones del patrón urbano fundacional de Mendoza, que contrastamos y articulamos documentalmente, avanza el conocimiento sobre vestigios de algunos predios que albergaron edificios conspicuos de la ciudad antigua y aporta sobre la presencia indígena colonial, del contacto y prehispánica.

Palabras claves: Arqueología, historia urbana, Mendoza, Argentina.

With funding from the national SECYT and the Cuyo University-SECYT we have been able to carry out archaeological and historical research in the foundational historical center of the city of Mendoza, as well as in the adjacent district of Pedro Molina, at the Department of Guaymallén, both in the Province of Mendoza, Argentina. These district were part of the communal land that was assigned to the first farming colonial settlers, and currently comprises a strip, from west to east, between Beltrán street in the city of Mendoza, and continues in Molina street of Guaymallén, between Salta street (west limit of the city) and Allayme street (east limit of Guaymallén). We carried out test pits in different properties, and in some of them we exacavarted larger areas (as in the convent and church of the Dominican Order). We contrast the sedimentological characteristics from the newly excavated area with previous ones. Our results recognized different urban pattern in the foundation of Mendoza that we contrast with historic documents. Particularly, we also shed light on conspicuous old buildings of the city, and the presence of aboriginal people that lived in the region before the Spaniards invasion.

Key words: Archaeology, urban history, Mendoza, Argentina.


En 1989-1990 codirigimos (Bárcena-Schávelzon) investigaciones arqueológicas en el predio del Cabildo-Cárcel colonial de Mendoza (luego también mercado, finalmente matadero y feria municipal), cuyas edificaciones más conspicuas ­finales en la sucesión arquitectónica colonial­ asoló el terremoto del 20 de marzo de 1861, hasta que las develamos con nuestra labor. Estos trabajos los dimos a conocer con el rótulo "El Cabildo de Mendoza. Arqueología e Historia para su recuperación" (Bárcena y Schávelzon 1991, 1992), mientras que dirigimos (Bárcena) una nueva etapa de trabajos en el sector, que denominamos Área Fundacional de Mendoza, durante 1992-1993.

Esta nueva etapa nos implicó controlar exca-vaciones mecánicas para la apertura de un colector de aluviones, por un recorrido de más de un kilómetro y con una sección aproximada de 3 x 3 m, lo que significó en la práctica reconocer la infraestructura urbana de siglos en el sector, procediendo a relevamientos expeditivos, a la protección in situ y al rescate arqueológico.

Del mismo modo, controlamos toda la obra civil que comprendía levantar el pavimento de las calles, descubriendo de esta manera pasados empedrados, implantar árboles, cuyos hoyos descubrían a su vez los mismos empedrados u otros restos ­como, por ejemplo, los vestigios de la Iglesia Matriz colonial­, fundar algunos muros de la nueva construcción para completar los que se apoyarían en las bases de la feria, lo que también nos permitió nuevos reconocimientos de partes del cabildo, las que relevamos y protegimos in situ, adecuándose la arquitectura de este nuevo edificio, museo de sitio o Museo del Área Fundacional, a la protección de los restos que ahora alberga.

También realizamos excavaciones en extensión en varios sectores, como las que dieron con los restos de la fuente del siglo XIX en el centro de la plaza Pedro del Castillo, antigua Plaza Principal de Mendoza, y con los restos subyacentes, desde los correspondientes a la población indígena, hasta los propios del contacto aborigen-hispánico y de la época de la fundación de la Ciudad de Mendoza. Esta fuente se resguardó en una cámara subterránea en la que también dejamos a la vista del público los perfiles estratigráficos, rodeándola con una potencia de más de dos metros.

Asimismo, realizamos sondeos en las denominadas Ruinas de San Francisco, antigua Iglesia y convento de la Compañía de Jesús en Mendoza, (Bárcena 1992a, 1992b, 1993, 1995a, 1995b, 1997a, 1997b, 1997c, 1998), que luego fueron continuados por otros según excavaciones sistemáticas y valorización del sitio (Schávelzon 1995; Schávelzon 1998).

En una primera etapa de estos trabajos buscamos también los restos de un enclave incaico según hipótesis que habíamos fundado documentalmente (Bárcena 1994).

La excavación arqueológica en áreas urbanas implica movimientos de tierra contando con operarios, a la vez que significa que para acceder a determinados niveles haya que pasar otros ocupados por hormigón, cantos rodados, etc., que pueden necesitar ser removidos por medio de martillos neumáticos, retroexcavadoras o maquinaria similar.

No obstante las dificultades, con los últimos trabajos y desde 1995, pudimos realizar sondeos amplios ­de 7 y de 9 m de profundidad­ en la banda este del Canal Zanjón Cacique Guaymallén, en predios próximos a la intersección de calles Pedro Molina y Costanera, para comprobar la divagación de este antiguo "brazo del río", curso que se abrió paso por una falla y puso en peligro la traza fundacional, particularmente desde el siglo XVIII (Bárcena y García 1999). Situaciones que vamos siguiendo con el apoyo documental ("Actas Capitulares", testimonios diversos de época, planos, etc.).

Con este criterio podemos llegar a establecer la sucesiva incidencia hídrica normal y aluvional por el cauce, las sucesiones de su nivel con respecto al fondo del canal actual de hormigón y la configuración de su traza a través del tiempo, como asimismo la extensión efectiva de la primera traza ciudadana hacia el este de la Plaza Principal, sector "cortado" por el Zanjón, lo que ya se representa en el primer plano conocido de la ciudad "real" (1761) (Figura 1).


 
Figura 1. Primer plano conocido de la ciudad de Mendoza (1761), luego de los fundacionales (1561, 1562, 1563). El norte está en la parte inferior y la imagen es una digitalización de la fotografía tomada por el autor (J.R.B.) del original (31,2 x 41,6 cm) del Archivo Nacional de Santiago de Chile ("Colección de mapas, planos y varios ...", n 347: 201). El número 1 es la Plaza Principal de entonces, hoy Pedro del Castillo; el n 5 corresponde a Santo Domingo. En el plano se indica la incidencia del Zanjón.

La extensión de los sondeos y excavaciones de mayor envergadura es posible por la existencia de predios, "lotes", baldíos o de terrenos con construcciones que no abarcan toda la superficie. Nuestra experiencia en el sector nuclear del Área Fundacional1 sirve de base para contrastar los respectivos registros, articulándolos, alertándonos asimismo no sólo sobre las presencias, sino también sobre las ausencias de algunos de esos niveles en las nuevas comprobaciones.

Asimismo, al tomar como eje la calle Pedro Molina hacia el este y su continuación en la Ciudad de Mendoza, calle Beltrán hacia el oeste, para proseguir los sondeos en diferentes predios ­incluidos algunos municipales de Guaymallén, como las plazas­ tratamos de seguir estableciendo los niveles base de la implantación española y la sucesión pre y posthispánica, determinando características geomorfológicas del área en la época y también las referidas al asentamiento indígena de mediados del siglo XVI, según esta transecta por el subsuelo ciudadano, procurando dilucidar algunas de las condiciones que podrían explicar la elección hispánica del sitio para la implantación fundacional y el posterior desarrollo urbano.

Los extremos de la transecta, para esta etapa del proyecto, los hemos fijado en la antigua manzana de la Iglesia y Convento de Santo Domingo en la Ciudad de Mendoza, dos cuadras al oeste de la Plaza Principal, por la actual calle Beltrán, donde ya hemos reconocido el nivel indígena y los restos de construcciones de la iglesia colonial abatida por el terremoto de 1861, y en la calle Allayme del Distrito Pedro Molina de Guaymallén, transversal a la arteria de este último nombre, ubicada a unas diez cuadras al este de la plaza principal citada (Figura 2).


 

Figura 2. Planimetría del sector urbano, 4 Sección de la ciudad de Mendoza y Distrito Pedro Molina de Guaymallén, recorrido por la transecta de nuestros estudios arqueológicos. Los círculos corresponden a las estaciones del perfil y los puntos al registro arqueológico. La escala gráfica representa aproximadamente un centímetro por cada ciento cuarenta metros.

Nuestras comprobaciones permiten afirmar que la fundación española de 1561 se realiza sobre lugares de la previa implantación de los indígenas locales, huarpes del Valle de Güentota, hecho que no sólo apoyamos por trabajos arqueológicos propios o de colegas, sino que sustentamos con la documentación de la época.

A la recurrente utilización de los mismos y favorables espacios, fundaciones sobre fundaciones en la práctica, se agregan las modificaciones sucesivas, artificiales y naturales ­aluviones, terremotos, entre otros­, ofreciendo un panorama aproximado de lo que puede esperarse encontrar en el subsuelo ciudadano: algo así como la historia a nuestros pies, habida cuenta de lo que perdimos con la desaparición aborigen y por las catástrofes que fueron modificando y abatieron buena parte de la antigua ciudad y sectores cercanos, labor de la naturaleza completada por los avatares propios de los tiempos y de las personas.
 

Reconocimos ese nivel base, del final indígena independiente y del arribo hispánico, con las múltiples referencias de las profundidades de ese suelo, que fuimos develando y estableciendo desde nuestra labor previa en el Área Fundacional.

Tal nivel y los sucesivos de las ocupaciones por debajo y de las transformaciones ciudadanas por encima, nos va permitiendo ajustar espacialmente las distintas situaciones de pretéritas edificaciones o de otros restos en una planta urbana donde, por ejemplo, vamos componiendo la disposición, de acuerdo con los niveles de altitud, de los distintos predios según las épocas para contrastar el real alcance de los discursos sobre las acciones que afectan las condiciones de la infraestructura urbana u otras, relacionadas con conflictos de intereses, y que están a nuestro alcance en las actas del Cabildo de Mendoza y en otras fuentes.

Podemos ofrecer aquí, por lo tanto, una síntesis parcial de los resultados de estos trabajos, sumando el comentario de la transferencia al medio por la actividad docente y de la salvaguarda del patrimonio cultural, con la preservación y valorización cultural in situ o con el rescate arqueológico.

Predios del sector de Costanera y Pedro Molina

Corresponde a predios del Sector Costanera y Pedro Molina del Departamento de Guaymallén (límite este de la traza del damero fundacional) y a predios del mismo departamento, en el límite este de nuestra transecta de estudio (zona del ejido y de las tierras para chacras en época colonial).

Tratamos de resolver la efectiva incidencia del antiguo cauce del Zanjón ­más allá de lo que sabemos sobre su probable origen y de su problemática en el siglo XVIII­, determinando no sólo el alcance de su divagación sino también el efecto real en la traza fundacional y si ésta comprendía inicialmente la hoy franja este del Canal y, si esto pudiera reconocerse efectivamente, apreciar los niveles para igual época, a ambos lados del cauce actual y su relación con los de calle Pedro Molina abajo (sector del ejido y de las chacras) y de calle Beltrán arriba (cuadras ya del departamento capital, Ciudad de Mendoza, al oeste de la Plaza Pedro del Castillo).

En estas comprobaciones no sólo es útil establecer presencias de los niveles ocupacionales coetáneos, a ambos lados del Zanjón, sino también determinar las ausencias de algunos de ellos. Las condiciones para la traza fundacional de Mendoza en general o las propias de la efectividad de la "atracción de costa", a la que son proclives algunas instalaciones hispánicas coloniales, podrían tener así una respuesta ­entre otros­.

Excavaciones arqueológicas en dos predios de la intersección de calle Molina con Gobernador Videla (Costanera este) nos permitieron alcanzar profundidades de seis y de nueve metros, con cuadrículas de sondeo o con trincheras, que implicaron movilizar algunas decenas de metros cúbicos de los rellenos del lugar.

Reconocimos las bases de las habitaciones precarias, de los primeros cuarenta o cincuenta años del siglo XX, avanzando hacia abajo por los restos de un basurero de fines del siglo XIX y principios del XX, propio de los aledaños del Matadero de entonces ­que estaba enfrente, en el lugar del antiguo predio del Cabildo­ y que tantos reclamos produjo ­según se sigue en periódicos locales de fines del XIX­.

Por debajo, capas arenosas intercaladas con otras limo-arcillosas, semejan condiciones del subsuelo de la otra margen, en relación con las avenidas de agua y depósito de rellenos, hasta alcanzar unos cuatro metros de profundidad. (En éstos pudo incidir además que hasta el sector de Pedro Molina alcanzaban, hasta no hace mucho tiempo, las zonas anegadizas, con los típicos cañaverales, flora de lagunas y fauna ictícola que era aprovechaba por los vecinos).

Más abajo se halla un depósito cuyas capas ofrecen algunas incidencias que pudieron ser de aluviones, el que alberga materiales coloniales hasta alcanzar un hiato entre 4,50 y 5 m de profundidad. A los 5/5,50 m se encuentra el nivel con la cerámica indígena del tipo Viluco ­superficie anaranjada pintada de rojo­ adjudicada a los huarpes y la gris común, aunque están mezcladas con materiales aparentemente intrusos en el nivel (loza de tipos del siglo XVIII y vidrio).

Extrañamente no se encuentran mayólicas, cerámicas introducidas, elocuente marcador cultural en la sucesión del lado oeste del Zanjón.

Otro predio, más cercano al Canal Zanjón, demandó remover con retroexcavadora los primeros 2,50 m de cantos rodados de su relleno, producto de las "limpiezas" del cauce, antes de apuntalar las paredes de la excavación, para proseguir ésta según una trinchera con apariencia de "bocamina", alcanzando niveles más seguros y prosiguiendo hasta los 9 m de profundidad. (La cota "cero", punto de partida para medir estos desniveles, la tenemos fijada en la Plaza Pedro del Castillo, refiriéndonos sin embargo y en los casos descriptos aquí a las profundidades con respecto al piso actual de cada predio) (Figura 2).

Los primeros 2,50 m presentan mezclados en mínima proporción materiales del basurero dicho, siguiendo por debajo capas arenosas, arenoarcillosas y arcillosas hasta los 4,80 m, sin materiales, encontrándose un nivel con cerámica vidriada y loza del tipo ­europeo­ del siglo XVIII a los 6 m y la capa base, dura, de los 6 m de la excavación precedente, a los 6,30 m de la superficie actual.

A 6,50 m se repiten materiales como la loza y la cerámica local vidriada, incluido vidrio plano, llegando hasta los 7,5 m.

A 7,85 m se halla la cerámica anaranjada del tipo indígena local ("Viluco"), junto con la vidriada, hallándose más abajo una capa de ripio que llega a los 8,10 m, donde comienzan los cantos rodados, que albergan algunos fragmentos de cerámica de tipo indígena, rodada.

Por último, debajo de 8,35 m el sedimento cambia notablemente a limoarcilloso muy húmedo, llegándose en estas condiciones, aunque con una matriz más arenosa y con ripio, a los 9 m, donde se encontraron fragmentos de cerámica de factura indígena, tosca, con signos de haber estado expuesta al fuego.

La sucesión nuevamente no ofreció los materiales del tipo de las mayólicas, característicos de la primera época de la instalación hispánica, aunque tal hecho pueda deberse sólo a las limitaciones del muestreo.

Mencionemos ahora nuestras excavaciones en un predio del mismo Departamento de Guaymallén en el extremo este de la transecta planteada, que coincide con una antigua finca erradicada de sus viñas y olivos, próxima al antiguo cauce del canal Tobar Grande, en Allayme y Gorritti.

Un antiguo tapial se conserva en el lugar (en la masa de su barro alberga cerámica indígena, carozos de duraznos, cáscaras de calabaza, por lo que tenemos indicios para establecer una fecha post quem para su construcción), junto a restos de trincheras de álamos y el cauce del antiguo canal, cuya permanencia en el lugar procuramos, logrando que se mantuvieran en el barrio de casas económicas construido en el predio. El lugar merecía una labor profesional que compatibilizara los nuevos requerimientos del uso social con la conservación adecuada de una antigua y característica fisonomía rural a las puertas de la ciudad.

Al interés general de los trabajos, ya expresado, sumamos indagar la presencia incaica en esta área. Propia de los predios cedidos como chacras en el plano fundacional, y cuyos sucesivos propietarios vamos desentrañando, a partir de la pertenencia indígena y por diferente documentación (archivos históricos de Mendoza, de Santiago de Chile, etc., Dirección de Catastro de la Provincia, Archivo Judicial, entre otros, cuya colaboración agradecemos).

Propusimos hace tiempo la existencia de un enclave incaico en Güentota ­construcciones, tierras y acequias­, en la época en que la organización estatal inca dominaba este territorio, basándonos, entre otros, en las menciones que los españoles hacían en el propio plano del reparto de tierras para chacras de 1561, y en otros documentos, de lo que tenían por un hito de sus mensuras de tierras en el actual Guaymallén y llamaban "paredones", "paredones del inca" o "paredones de Uspallata" (Bárcena 1994).

La excavación de este terreno fue particularmente difícil por la consistencia y dureza del relleno, de un predio que en su momento fuera preparado por el arado e irrigado.

Sabemos ahora que en el mismo existe un nivel entre 0,50 y 1,0 m de profundidad, con respecto a la superficie actual, que alberga la cerámica característica, común y decorada, del tipo Viluco ­que en la zona nuclear del Área Fundacional y para fragmentos del sitio de Viluco en San Carlos, hemos datado por análisis de termoluminiscencia con fechas entre ca. 1.420 y 1.670 d.C.­ (Bárcena 1998).

Estamos ante la presencia de vestigios de los indígenas locales de la época del contacto ­huarpes­ y por el hallazgo de fragmentos de las mayólicas y de huesos de animales domesticados ­cabras/ovejas y bóvidos­, pensamos que lo que estamos reconociendo es la ocupación ligada al hábitat aborigen y a la primera utilización de la tierra en las chacras hispánicas.

Sabemos asimismo, por el registro documental, que éstas bien pudieron ser parte de las tierras de Alonso Campofrío de Carvajal y de Alonso de Reinoso, cuya relación con las tierras de Guaymallé e incaicas es notoria para nosotros (Bárcena 1994; Parisii 2000).

No obstante, la mayor fuerza del registro arqueológico correspondió a un basurero del sector sudeste del predio, que en buena medida refleja los desechos de un hábitat rural a las puertas de la ciudad, propio de los siglos XVIII y XIX, en el que se aprecian restos de bóvidos junto a cerámica indígena local y mayólicas (Tabla 1).


Predios en la Ciudad de Mendoza

Corresponde al predio de la Iglesia y Convento de Santo Domingo, extremo oeste de nuestra transecta de estudio (límite oeste de la traza del damero fundacional). Este otro extremo de nuestra transecta ciudadana, la manzana de calles Salta-J.F. Moreno-F.L. Beltrán-Chacabuco de la 4 Sección del Departamento Capital, alberga aún la Iglesia y Convento de Santo Domingo, una de las primeras Órdenes instaladas en Mendoza y que ha seguido, por más de cuatrocientos años, ocupando el mismo predio, aunque recortado por solares en propiedad de vecinos.

Un predio baldío de esta manzana, que fuera el antiguo solar y casa de la familia de los constructores Basilio y Andrés Petazzi, reconstructores de la Iglesia de Santo Domingo después del terremoto de 1861, que recibieron el solar dominico en pago de trabajos, devino finalmente en la casa de sus descendientes, asolada a su vez por un terremoto en 1985.

El baldío pertenece en la actualidad a la empresa Inca Editorial, que nos permitió realizar excavaciones antes de construir su nueva sede, lo que nos colocó en posición de estar reconociendo no sólo los restos de la edificación de aquellas casas sino de trabajar en lo que fuera la "huerta" de la Orden en tiempo colonial.

No fue extraño por lo tanto reconocer capas del relleno con indicios de su aprovechamiento en cultivos, mientras que entre 1.50 y 2.00 m de profundidad localizamos un nivel arqueológico indígena con fragmentos de cerámica de superficies anaranjadas, en algún caso con decoración pintada, y también grises, en algún caso asimismo decorada con incisiones, acompañados de huesos ­probablemente de auquénidos, como el guanaco­ y carbones. Después, entre 2.30 y 2.60 m hallamos un artefacto en material lítico, carbón y fragmentos de huesos.

Posteriormente dimos con un basurero que permitió confirmar algunas de las funciones del sector.

Restos óseos de bóvidos, ovinos/caprinos y aves fueron registrados y señalan parte de la alimentación cárnica del convento, particularmente de los siglos XVII y XVIII a juzgar por la asociación con fragmentos de cerámica (de tradición indígena y colonial local ­mayor parte de la muestra­), mayólica y loza ­ambas en baja proporción­, aunque la cronología absoluta (C14) de la época final del basurero corresponde al siglo XIX.

En cuanto a los sondeos que efectuamos en el lugar del templo dominico colonial, esquina de F. L. Beltrán con J. Federico Moreno (propiedad de particulares), sirvieron para reconocer los restos de una edificación ­pisos, arranques de muros y vano de puerta­ con baldosas del país, características de fines del siglo pasado y comienzos del presente, hallando por debajo los que interpretamos como los restos del templo abatido por el terremoto del 20 de marzo de 1861 y cuya mejor construcción, luego de las primeras edificaciones coloniales, correspondiera a los tiempos del Prior Fray M. Lantadilla y del Gobernador Intendente Marqués Rafael de Sobremonte, a fines del XVIII, y que a mediados del XIX sufriera los efectos de un incendio.

Asimismo, reconocimos inhumaciones por debajo de este piso que en su posición y disposición nos hicieron recordar las que habíamos develado con los primeros sondeos en las Ruinas de San Francisco y que pensábamos correspondían a víctimas del terremoto.

Mientras que, excavaciones en otro predio aledaño (antigua "escobería"), esta vez propiedad de la Orden y en el sector que también alcanzaba el Templo y el Convento colonial, nos permitieron confirmar la sucesión de construcciones, incluidos los episodios del incendio y del terremoto, alcanzando finalmente conspicuos niveles indígenas del siglo VII/VIII AD (Tabla 2).


Prácticamente todos nuestros hallazgos arquitectónicos del solar de la Iglesia y Convento de Santo Domingo los hemos dejado in situ, protegidos, esperando realizar excavaciones más extensivas, para evaluar mejor las posibilidades de recuperación patrimonial.

Conclusiones

El planteamiento precedente no alude explícitamente a posiciones teóricas y la exposición se basa fundamentalmente en una descripción de lo actuado en esta tercera fase de nuestros trabajos en el Área Fundacional de Mendoza agregando, en las Referencias, una relativamente extensa bibliografía propia.

La intención, en el marco de un Simposio y Congreso como el que nos convoca, es la de contribuir ofreciendo una síntesis parcial de nuestra tarea en una provincia de Argentina, integrante a su tiempo de un Virreinato y de su dependencia, la Capitanía General de Chile, reseñando algunos avances e indicando nuestro progreso en el registro arqueológico y documental, esfuerzo dirigido finalmente a la protección/conservación, rescate y valorización cultural.

Planteamos una transecta en sentido oeste-este, orientación aproximada también del pronunciado declive propio del terreno, siguiendo en el subsuelo la superposición de los niveles de actividad según las épocas, controlando las modificaciones de los depósitos, donde no es menor la incidencia de aluviones y terremotos.

Como línea o nivel base nos propusimos determinar la propia de las evidencias de la actividad indígena en la época del contacto hispánico buscando, entre otros, indicios para contrastar hipótesis sobre la elección del sitio de la ciudad por los españoles, donde no fue menor tampoco la relación con el asentamiento aborigen y con la morfología del terreno.

Con respecto a esto último buscamos reconocer la formación y divagación del hoy Canal Zanjón Cacique Guaymallén, actual límite este de una sección de la ciudad de Mendoza con un distrito del departamento de Guaymallén, cuya conformación por una vía de agua con orientación aproximada sur-norte en el sector significó asimismo un colector de aluviones, que dañó esta parte principal de la ciudad colonial perdiéndose, probablemente, manzanas del damero fundacional en su última línea del este.
Nueve metros de profundidad en las excavaciones del lado este del zanjón no nos permitieron el contraste esperado con respecto al nivel del contacto, hallando, por el contrario y a más de ocho metros de profundidad, un sector con indicios del paso de un curso de agua, en relación con cerámica indígena sin intrusiones de materiales foráneos.

Abriendo con esto, y con la comprobación arqueológica de las capas superpuestas en relación con las de la otra margen, un espectro de posibilidades para seguir indagando y fundar explicaciones sobre el desarrollo urbano determinado por el canal.

Ambos extremos de la transecta, por su parte, brindaron la posibilidad de contrastar el área de chacras delimitada más allá del ejido, al reconocer la ocupación aborigen y por lo menos los residuos de actividad de los siglos XVIII y XIX, con el área de las conspicuas construcciones coloniales, donde el antiguo predio dominico no sólo permitió comprobar la sucesión arquitectónica con sus avatares registrados documentalmente, sino que también ofreció vestigios relacionados con las actividades económicas, con la producción y el consumo colonial, a la vez que se podía registrar una ocupación pretérita de los indígenas regionales, de hace unos mil trescientos años.

Trabajar en recintos urbanos tiene la ventaja de permitir labores de extensión educativa, coadyuvando a la toma de conciencia sobre el patrimonio cultural, a la vez que la cercanía con la actividad cotidiana ciudadana mejora las posibili
dades para la efectiva salvaguarda y conservación, lo que es evidente por las sucesivas valorizaciones culturales en las que intervenimos, como se aprecia en el texto, que son a su vez y en la actualidad parte de las actividades económicas de la ciudad y el conurbano, relacionadas, entre otras, con el turismo cultural.

Agradecimientos: En todos estos trabajos intervinieron e intervienen los Lics. García Llorca ­CONICET­ y M. Parisii ­UNdeCuyo­, haciéndolo según su especialidad en las labores de campo, en las de archivo y en las de gabinete. Del equipo participan igualmente otros cuatro profesionales ­UNdeCuyo, SECYT, CONICET­, Profs. y Lics. M. Pannunzio, P. Cahiza, N. Gorriz y M. J. Ots, y contamos con el auxilio técnico del Sr. L. Müller; y también con subsidios del CONICET, que se suman a los mencionados antes.

 

Notas

1 La experiencia se relaciona con la posesión de una sucesión de niveles arqueológicos de las distintas épocas, datados por nosotros en forma relativa y absoluta (C14 y TL), estudios históricos, etc.

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