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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espec. t1 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300020 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 175-186
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SIMPOSIO ESTADO ACTUAL DE LA ARQUELOGÍA HISTÓRICA EN CHILE: TEORÍA Y MÉTODOS

SITIOS HISTÓRICOS TEMPRANOS DE CARÁCTER DEFENSIVO. SECTOR ORIENTAL DE LA VILLA RICA (1550-1602)

C. Rodrigo Mera*, Víctor Lucero**, Lorena Vásquez***, Layla Harcha**** y Verónica Reyes*****

* meragol@entelchile.net
** victorlucero@123click.cl
*** campanitas@mixmail.com
**** Imperial 080, Temuco.
***** antarita@hotmail.com


Se presentan 10 nuevos sitios pertenecientes al período Histórico Temprano (1550-1602), los que son definidos como sitios de carácter estratégico-defensivo y conocidos como "fuertes" o "fortines". Siete de ellos se ubican en los valles precordilleranos hacia el oriente del lago Villarrica (novena región de la Araucanía), los tres restantes en los alrededores del lago Calafquén (décima región de Los Lagos). El propósito principal de este trabajo, que integra aportes de la arqueología y la etnohistoria, es abrir una nueva área geográfica a la investigación histórica y establecer una mayor complejidad en la discusión respecto de la adscripción temporal y cultural de estos sitios.

Palabras claves: Arqueología histórica, sitios defensivos, fortines, fuertes, Villarrica.

The new historical defensive sites defined as fortress, locally known as fuertes or fortines of the early historic period (1550-1602) in the lake region of southern of Chile are described. Seven of them are placed toward the east side of the Villarrica Lake (in the Araucanía region); the others are located near to the Calafquén Lake (the Lake Region). This research, that integrated both archaeological and ethnohistorical data, aims to contribute archaeology and ethnohistory, to open a new geographic area for historical studies, and to set up a higher level of discussion for the early historic period of this region.

Key words: Historic-archaeology, sites defensives,Villarrica.


De acuerdo a crónicas más conocidas (Góngora y Marmolejo 1555; González 1986; Mariño de Lovera 1865; Pedro de Valdivia 1864; Vivar 1979) se sabe que la Villa Rica fue uno de los primeros centros poblados en Chile durante el temprano contacto hispano-indígena (siglo XVI). En 1552 Gerónimo Alderete funda la villa en un intento por asentar un poblado que quedara camino a Buenos Aires. Desde la ciudad que más tarde llevaría su nombre, Valdivia ordena fundar dicha villa próxima al lugar en que desemboca el lago en el río Toltén.

En el período Histórico Temprano (ca. 1.542-1.600)1, especialmente durante los primeros años, los hispanos logran una alta y rápida movilidad en su afán por reconocer un territorio que les era desconocido y en el que intentarían asentarse de manera permanente. No sólo es la necesidad de tierras lo que mueve a los peninsulares; obviamente también influye la necesidad de mano de obra ­ojalá no hostil­, recursos y también conocimiento. Como bien señala Pinto: "El siglo XVI es un siglo en el que podemos hablar de un proceso de conquista de sujetos, más que de conquista de territorios..." (Pinto 1996: 13). La alta movilidad y la obvia situación de conflicto con las poblaciones naturales, entendidas en términos amplios como de filiación mapuche, debieron haber resultado, desde el punto de vista arqueológico, en una serie de asentamientos de diferentes características y funcionalidades.

En este trabajo se presentan los resultados de la prospección dirigida en el área que fue definida como Oriental de la Villa Rica (Mera y Harcha 1999) y de sondeos y excavaciones parciales que se realizaron en algunos sitios seleccionados.

Material y Método

Nuestra investigación se centra en la Arqueología Histórica, entendiendo ésta como una disciplina a la que confluyen la arqueología y la historia. Nuestra perspectiva enfatiza una metodología centrada en la primera, asumiendo como de interés las formas de vida de grupos humanos específicos, los que pueden ser mejor conocidos gracias a la etnohistoria, en la que se privilegia una interpretación indígena2 del registro histórico. Es así que en esta investigación se pretende complementar y verificar la validez de la información contenida en los documentos con los datos provenientes de la arqueología histórica. Al mismo tiempo, la arqueología histórica no está eximida de la necesidad de valerse de los conocimientos provenientes de fuentes textuales, al enfocarse primordialmente sobre los elementos de la cultura material y sus relaciones. De esta manera, ambas formas de acercarse a la realidad histórica se complementan, permitiendo un mejor entendimiento de la sociedad estudiada.

Conocida es la dificultad que existe de un claro conocimiento historiográfico, especialmente si se aborda en momentos y áreas acotadas; sin embargo, para el tema que nos interesa es posible obtener datos históricos específicos que pueden ser confrontados mediante una metodología de investigación arqueológica (prospección, sondeo, excavación). Siguiendo a León, es posible observar una serie de estos datos para un número de fortificaciones ubicadas en el área "lacustre" subandina; "sin embargo, el estudio de las fortalezas nativas ha ignorado los complejos defensivos indígenas que fueron construidos al sur del Toltén" (León 1989: 113). Una vez considerada la posibilidad de confrontar esta información en terreno, existía la oportunidad de aportar un referente material para la hipótesis del autor: una alianza puelche-huilliche que durante 20 años se habría opuesto a los intentos de los peninsulares por ocupar el área precordillerana.

El que eventualmente podamos conocer algún "sitio estratégico" gracias al aporte que nos da una lectura etnohistórica de las fuentes, nos enfrenta al hecho de que, a pesar de los referentes textuales que posea el eventual "sitio", no exista un referente material de él, en cuyo caso nos enfrentaríamos a la paradoja de un "sitio arqueológico" sin restos materiales evidentes. El sentido de esta observación es centrar el interés en el hecho de que "nuestra materialidad" puede ser tan efímera a la hora de enfrentar hipótesis como nuestra lectura de algún "hecho histórico". Para el caso de la arqueología histórica se da la particularidad de que necesariamente necesitamos la confrontación de las fuentes ­sean escritas o materiales­ de manera de que una aseveración necesita el referente material o histórico, según corresponda.

El trabajo planificado consistía en prospectar el área oriental del lago Villarrica e identificar los asentamientos que pudieran corresponder a fortificaciones asignables al período histórico temprano (siglo XVI). Puesto que no existían antecedentes para el área de estudio, estaba a prueba nuestra hipótesis de la presencia de estos sitios hacia el sector oriental de la Villa Rica, los que eventualmente podrían evidenciar además la movilidad de grupos hispanos hacia la vertiente oriental de los Andes.

Suponíamos entonces que el tipo de sitio estratégico debería parecerse a los registrados anteriormente para la cuenca superior y media del Toltén (Saavedra 1991), es decir, asentamientos sobre cerros o colinas de laderas escarpadas, de manera de privilegiar la defensa del lugar y la visibilidad del entorno. Debido a esta situación, y sumado a la considerable extensión del área de estudio, se privilegió una estrategia apoyada por la indagación etnográfica. En ese sentido también pondríamos a prueba nuestra idea de la persistencia en la memoria colectiva del recuerdo de lugares especialmente utilizados y adaptados para tareas defensivas (fortificaciones). La tarea de prospección consistió en el registro e identificación de los lugares mencionados y reconocidos por la gente del lugar como fortificaciones: fuertes y fortines.

Posteriormente, una vez identificados los sitios, se realizaron pozos de sondeo en aquellos lugares seleccionados de acuerdo a los objetivos de la investigación. Los pozos fueron efectuados en las cimas de los asentamientos y en algunos casos se excavó en el sector del foso. Los materiales recuperados se trabajaron en la etapa de laboratorio.

En el trabajo de gabinete se confrontó la información obtenida de las etapas de terreno y laboratorio con los antecedentes etnohistóricos, de manera de poder establecer conclusiones del trabajo y observaciones que sirvieran para futuras investigaciones tanto en el área como en otras aledañas. Se revisaron además las cartas IGM, de manera de tener una visión espacial de la distribución de los valles recorridos y de los sitios identificados.

Los resultados se presentan de manera sintética, con el fin de privilegiar las relaciones y asociaciones que puedan observarse entre los sitios. Las preguntas que intentamos abordar en un primer momento tenían relación con la adscripción temporal y cultural de los sitios (Harcha et al. 1999; Mera et al. 1999; Mera y Harcha 1999). La primera de estas dudas ha sido abordada y medianamente definida en tanto se cuenta con un set de fechados que permiten observar una distribución (siglo XVI) que se ajusta a las hipótesis planteadas a partir de las fuentes escritas. Acerca de la adscripción cultural, ésta resulta poco sencilla de abordar, ya que la materialidad rescatada no permite establecer resultados concluyentes.

Resultados

Los resultados están dados por el hallazgo de 10 sitios históricos tempranos que hemos definido como estratégicos o de carácter defensivo (Figura 1). Sólo dos de ellos ya eran conocidos, aunque no se habían efectuado más que sondeos restringidos en uno de ellos: Puraquina (Saavedra 1991) y el Fuerte Pucura, también conocido como "Francisco Huenumán" (Sanzana, comunicación personal). Respecto de su distribución geográfica, siete de ellos se ubican en el sector oriental de la Villa Rica (Mera et al. 1999), dos en el sector del lago Calafquén y uno (Puraquina) hacia el sector poniente de la Villa Rica. Se presenta también el sitio "Casa Fuerte Santa Sylvia" (Gordon 1991), ubicado en el área de estudio y acerca del cual se aporta un fechado conocido anteriormente, pero inédito aún (Tabla 1).


 
Figura 1. Fuertes y fortines registrados en el sector oriental y suroriental de la Villa Rica (S. XVI). Los puntos numerados señalan los sitios identificados para el Valle del Malleo, en la Provincia de Neuquén, Argentina, y que corresponden a momentos posteriores (S. XVIII) (Goñi, 1986-87).


Las particularidades que unen a estos sitios se sintetizan en los siguientes puntos:

1. En relación al emplazamiento, éste se presenta en, o cercana a, la cima de pequeñas colinas, que generalmente tienen laderas bastante abruptas. Seguramente como resultado del asentamiento la cima se observa ligeramente "amesetada".
2. En la mayoría de ellos se han realizado modificaciones "arquitectónicas militares" (RAE, 1992), fundamentalmente quedan los remanentes de "antiguos fosos" que rodean perimetralmente la cima.
3. Prácticamente a todos los sitios pudimos llegar gracias a los datos aportados por gente de los alrededores. Estos lugares son conocidos como "fortines" o "fuertes" y, en general, la gente los relaciona con momentos de conflicto entre mapuches y españoles o, también, chilenos.
4. En todos ellos, además, fue posible registrar material cultural (aunque escaso), dado fundamentalmente por restos cerámicos y en algunos casos material lítico, asociado a las actividades de molienda y elaboración de instrumentos.

En las Tablas 2, 3 y 4 se muestran, a manera de síntesis y ejemplo, algunos rasgos que fue posible discriminar para cada sitio, de manera de observar si éstos se distribuyen de acuerdo a la idea inicial de adscripción cultural planteada o si es posible hipotetizar otra organización.




Las dataciones absolutas (por TL) obtenidas para algunos de estos asentamientos (Tabla 5) muestran una clara frecuencia de fechados que se distribuye fundamentalmente a lo largo del siglo XVI, a excepción de C-5 del sitio "V.R.7. Fuerte Villa Rica", que corresponde claramente al componente prehispano del asentamiento (Figura 2). Los sitios "Fuerte Pitrén", ubicado en la ribera sur del lago Calafquén, y "Fortín Puraquina" en el sector poniente de la Villa Rica, son los únicos que presentan fechas y materiales propios de momentos prehispanos, por lo que su adscripción temporal y cultural plantea interrogantes no dilucidadas aún. En la Figura 3 se presentan los otros tipos cerámicos que fueron fechados. En todo caso, es importante ser cauteloso a la hora de las conclusiones a partir de la utilización de una herramienta como la datación por TL, especialmente para sitios pertenecientes a momentos históricos (Cf. Bárcena 1988).


Varios son los temas que tangencialmente se involucran en este trabajo, gracias al aporte de la etnohistoria (asumiéndola como la lectura e interpretación del registro histórico desde una perspectiva indígena, o al menos no hispánica). Más allá de las dudas que subsisten acerca de la filiación y funcionalidad que es posible deducir para los sitios identificados, hay temas que creemos es imposible asumir sin iniciar excavaciones sistemáticas y planificadas. La escasez de restos culturales es llamativa, pero no del todo extraña, aceptando como decíamos que todos los sitios fueron identificados gracias a los habitantes del sector, situación que podría asociarse a la inevitable "recolección asistemática" de restos culturales. En ese sentido y siguiendo a León (1995) en el esquema de la guerra temprana, el "botín" pasa a ser la recompensa que en algunos casos justifica no sólo el conflicto, sino la presencia de los señores de la guerra (weichafe) en su calidad, muchas veces, de mercenario.

El afán por apoderarse del botín incluso llevaba a los weichafes a abandonar la persecución de sus enemigos para dedicarse a recoger las haciendas que dejaban tras de sí (León 1995:291).

Por lo que la escasez o particularidad del registro arqueológico3 debe ser asumida como el reflejo de las actividades humanas realizadas en el pasado con sus restos materiales y no necesariamente con el único hecho de que estas evidencias pueden reflejar la esporádica ocupación de estos "sitios" para actividades específicas y planificadas, que pueden asociarse con tareas propias de las estrategias de la guerra y conquista del temprano contacto.


 
Figura 2. Sitio V. R. 7 (Fuerte Villarrica: C-5). Tipo incisos pequeños paralelos. Cerámica mapuche. 1.295-1.375 d.C.

Como bien señala Saavedra, a partir de la lectura que se haga de los cronistas más conocidos (Quiroga, Marmolejo, Mariño de Lovera, entre otros) se puede pensar que existen algunos criterios diferenciadores, si no en el material empleado para la construcción de los fortines, sí en cuanto a la configuración arquitectónica y tamaño de los mismos. Ello podría servir de referente para distinguir una probable pertenencia hispánica o nativa, fundamentalmente en cuanto al uso de la topografía local y de los posibles móviles de ubicación geoestratégica de algunos fortines (Cf. Saavedra, 1991; Vidal et al. 1983; Van de Maele, 1968).


 
Figura 3. Sitio Fortín Puraquina. Tipo corrugado. Cerámica mapuche. 1.445-1.515 d.C.

Las preguntas que subsisten, y acerca de las cuales deben intentarse nuevas estrategias que involucren un mayor aporte y confrontación del dato escrito, tienen que ver con ¿cuál sería la filiación cultural de los sitios, es posible establecerla y de qué manera?, ¿cuál sería el carácter o la funcionalidad de los sitios: habitacional, campamento, bélico? y ¿es posible establecerla o definir en qué grado se relacionan unas y otras?

Conclusiones

Los problemas que se presentan a la hora de emitir conclusiones son los relacionados con la definición y adscripción cultural de los sitios registrados en esta área: se trata, por ejemplo, de sitios hispanos con muy pocos españoles y, por tanto, escasos restos culturales hispanos, o bien son sitios "indígenas" que muestran la resistencia planteada por el nativo al invasor, asimilable a lo que podríamos entender como una estrategia de "guerrillas".

Los rasgos más sensibles a la adscripción cultural parecen ser los que tienen relación con la arquitectura y ubicación de los asentamientos: priman las plantas cuadradas y el emplazamiento en terreno plano, cercano a una "vía de escape o comunicación", según corresponda (Figura 4). Buenos ejemplos son el "Fuerte de Villa Rica" y la "Casa Fuerte Santa Sylvia"; sin embargo en el "Fuerte Pucura", que comparte similares características, sólo fue posible registrar escaso material cultural, totalmente de adscripción indígena. En los asentamientos que presentan "plantas ovaladas" (Figura 5) también se da la recurrencia de que sólo se registra material indígena, acompañado de un emplazamiento de difícil acceso: cima de colinas, laderas abruptas (Figuras 6 y 7).


 
Figura 4. Plantas de fuertes hispanos (Villa Rica y Pitrén).

Aunque el objetivo no se encaminó a buscar las causas del establecimiento de los fuertes o si éste se debió a motivos militares o económicos, cabe destacar la variabilidad funcional de los recintos y que claramente se reseña en los documentos.


 
Figura 5. Plantas de fortines indígenas.

El estudio de estas estructuras militares, a la usanza hispana, es de suma importancia en cuanto a su arquitectura, ubicación y funcionalidad. Sin embargo, llaman la atención las numerosas referencias que realizaron los hispanos sobre las fortificaciones indígenas, detallando, por ejemplo, el uso de albarradas, palizadas, fosos, cavas, hoyos, palos afilados, etc. Se destaca, además, que el uso de estos "elementos arquitectónicos" estuvo condicionado por la orografía o medio geográfico donde se construiría el asentamiento. Para el caso del fuerte ubicado en el valle de Llangague (Llongahue, en la actualidad), al sur de Villarrica, el capitán Juan Alvarez de Luna (Lovera 1865) describe que los indígenas se "recogieron en un fuerte" muy alto, de subida áspera y rodeado de un río muy difícil de pasar. Aparentemente, debido a la protección natural del recinto, éste no contó con la instalación de "estructuras de trampas". En cambio, en la zona de Livén (entre Villarrica y Osorno) destaca la presencia de grandes pertrechos, estacadas, fosas y hoyos para que cayeran los caballos antes de llegar al fuerte donde estaban refugiados los indígenas.


 
Figura 6. Sitio Fortín Panki. El asentamiento se ubica en la cima de la colina.

Góngora y Marmolejo indica que cuando los españoles llegaban hasta los hoyos, éstos estaban cubiertos con "...paja y tierra tan sutilmente tapados que era imposible dejar de engañar a quien no lo sabía..." (Góngora y Marmolejo 1555:99). En el mismo texto, más adelante, se describe una situación similar:

aunque dieron los indios en una invención de guerra dañosa, que harían hoyos secretos, grandes y cuadrados en mitad de los caminos, i en ellos hinchaban varas, tostadas las puntas i mui agudas, tan gruesas como asta de dardos, i cubrían estos hoyos por encima de tal manera, que se mataban muchos caballos dentro de ellos, metiéndose aquellos astas por las tripas, i husó grandes castigos para quitalles que no lo hiciesen, empalando dentro de los hoyos los indios que se tomaban en aquella comarca (Góngora y Marmolejo 1555:99).

Desde el punto de vista metodológico, creemos que era necesario abordar una investigación centrada en el contacto interétnico desde la perspectiva de ambos grupos étnicos. Por un lado, interesaba conocer cuáles eran las motivaciones y resultados de la política dirigida por la corona española para dominar el territorio al sur del Bío Bío y, por otro, más allá de la respuesta reactiva, se aprecia cómo los grupos nativos al cabo de pocos años son capaces de establecer alianzas eficaces, estrategias de defensa rápidas y adecuadas, para finalmente conseguir el objetivo de defender exitosamente su territorio y expulsar al invasor, como ocurre luego de la "toma" y "caída" de la Villa Rica.


 

Figura 7. Sitio Witrako Bajo. A la cima "amesetada" se le agrega la presencia de un foso perimetral.

Un punto interesante a considerar, desde la perspectiva etnohistórica, es el planteado por León con relación a que los grupos que defienden esta zona son probablemente mapuche, puelche, huilliche, y utilizan la estrategia de posiciones guarnecidas (fortines) desde el primer momento de la entrada española a esta zona. Un ejemplo de esta situación es cuando llega Valdivia:

...en este tiempo siendo Valdivia sano de la pierna que tenía quebrada, salió de Santiago en ciento y setenta hombres mui bien aderezados y armados por el camino de los llanos; llegó al río Biobío, teniendo con los naturales muchos encuentros y desbaratándoles muchas veces. Yendo por su ribera caminando, un a tumbar que llevaba en su tiempo de algún ganado, y de su suerte dio en unos indios emboscados que esperaban tomar algún soldado desmandado: estos dieron en el y antes que pudiesen ser socorrido en el y antes que pudiese ser socorrido fue muerto. Pues caminando Valdivia el río abajo, vino a dar en otro río que se llama Andalien (Góngora Marmolejo 1555:20-21).

Y luego cuando Valdivia manda a Villagra a la Mar del Norte.

Capítulo XIV./.../

Mando Valdivia ansimesmo en este tiempo a Villagra, porque no le quedase cosa alguna por hacer que unos ochenta soldados a caballo fuese la mar del Norte; porque si Francisco de Ulloa, a quien había enviado por la mar, no acertase por aquella vía o por estotra, tuviese razón de ella, y que fuese por la ciudad rica, que era la mejor entrada que la cordillera tenia. Decíase que mas lo hacia Valdivia por apartallo de sí, que no por el descubrimiento.

Yendo Villagra su camino, que no osaba desgutar en cosa alguna a Valdivia, pasó la Cordillera por buen camino. Siguiendo su viaje, llegó a un río grande que hacia unos despennaderos grandes e iba hondo de tal condición que, siguiendo sus riberas muchas jornadas, y no hallando por donde podello pasar, topó un fuerte donde estaban recojidos hasta veinte poelches. Después de habellos llamado de paz, visto que no querían entendelle y se daban poco por lo que eles decía, los mandó combatir, e que se entrase por podellos castigar como contumaces y malos. Pues yendo hacia el doce soldados disparando algunos arcabuces, los indios se defundieron de tal suerte, que peleando con ellos y con los demás que les fueron de socorro, mataron cuatro soldados aunque después lo ganaron y se castigaron algunos" (Góngora y Marmolejo 1555: 33).

Harcha, a su vez, plantea que durante el gobierno de Rodrigo de Quiroga, el maestre de campo Martín Ruiz de Gamboa habría llevado indios huilliche de las cercanías de Valdivia, como indios de paz para pelear contra los araucanos en Tucapel. Por lo que pensar en alianzas entre diferentes grupos resulta consecuente con la necesidad de todos los grupos nativos, al sur del Bío-Bío, de oponer resistencia al enemigo.

La información de Mariño de Lovera (1865) corrobora estas ideas al señalar que el cacique Putaén de las tribus huilliche convocó a los puelche que vivían en las tierras nevadas. Otra referencia
de esta cooperación intertribal la observamos en una carta dirigida al Rey, por un testigo que manifiesta sobre los huilliche que

han traído en su ayuda a los indios puelches que nunca han servido, que están metidos en la Cordillera de la Nieve, traen yerba con la cual y con ser valientes hacen daño (de Garnica 1579).

Es necesario considerar que los indígenas no reocupaban sus fortines cuando en batallas o refriegas anteriores habían sido derrotados. Este elemento detectado en las fuentes puede llegar a explicar, en parte, la cantidad de asentamientos en los valles transversales de la cordillera, además de la baja densidad de material cultural en muchos de ellos.

Dióles esto mucho que pensar y mucho más sus mismos agüeros, por los cuales tienen por cierto que nunca les podrá ir bien en alguna fortaleza donde una vez fueron vencidos, y por esta causa se apartaron un poco de aquel lugar acogiéndose a otro de una llanada que está entre la laguna y el río, fortalecida de una y otro, para no ser acometidos fácilmente (de Garnica 1579: 485).

Por otro lado, hay dos puntos que han sido considerados por otros investigadores como necesarios al momento de plantear el estudio de estos asentamientos, o bien las realidades (contextos) históricas en que ellos se enmarcan.

Por una parte, Goñi (1986-87) plantea que estos asentamientos deben ser estudiados como un sistema de asentamientos y no de manera particular o individual. En ese sentido pasan a ser significativas las observaciones que de ellos se hagan desde una perspectiva espacial, o relacionada con la ocupación y percepción del espacio4: ya sea visibilidad, distancia intersitios, accesibilidad, posibilidad de guarnecimiento. Así también se puede explicar la necesidad de los peninsulares por comprender el espacio ignoto, una especie de mapa geopolítico (demográfico), geográfico y cultural al sur del Bío-Bío y Río Negro.

Por otro lado, y siguiendo a Harcha (1986), es necesario comprender la importancia que tiene la Villa Rica en este primer período del contacto, siendo este poblado el punto neurálgico de las relaciones interétnicas, tanto en términos de espacio físico como en su dimensión económica, política, administrativa, secularizadora y de movilidad.

Por último, nos resta señalar la importancia que a futuro debe asignarse a todo tipo de estrategia de investigación, en especial aquellas que privilegien una "mirada indígena" de ver el "temprano contacto", que se enmarca más bien en una situación de conflicto, propia del siglo XVI. Siguiendo las consideraciones de León

El reciente desarrollo del estudio arqueológico de los fortines españoles debe ser completado con un estudio de la guerra fortificada organizada por los aborígenes, en la medida que la guerra del malal constituye la dimensión indígena de la guerra de fuertes y ocupación focal llevada a cabo por los europeos (León 1989: 113).

Esta variación en el foco de interés permitirá asumir el precepto de que la exitosa defensa y re
sistencia planteada por los grupos aborígenes se sustenta en un amplio manejo de las situaciones de conflicto y en el desarrollo de estrategias militares para la defensa del territorio. Este hecho no es casual y creemos que evidencia el nivel de relaciones y alianzas pantribales entre los "grupos culturales" de amplias regiones: e.g. zona central, zona centro-sur, sectores pampeanos, capaces de activarse en pocos años (Cf. León 1983).

Agradecimientos: Financiado gracias al proyecto Fondecyt 197011. Vale también mencionar a todo el equipo que apoyó el proyecto: Tomás Sepúlveda, Carmen Gloria Olivos, Lino Contreras, Juan Pablo Silva, Huger Vergara, Omar Reyes y Héctor Velásquez. Resta por agradecer a quienes indirectamente contribuyeron con sus datos, conversaciones y ayuda desinteresada: Don Delfín Cares, Ariel Cares, Isabel Loncopán, María Paz Miranda, Marcos Aguilera, Wilson Camaño y especialmente a don Luis Curilaf.
 
 

Notas

1 Considerando como hitos la llegada de los españoles y el alzamiento de Curalaba, situaciones que marcaron notoriamente el devenir sociopolítico de los hechos posteriores.

2 Quizá un punto cuestionable si lo vemos desde una mirada lógica, no somos mapuche ¿cómo acceder a esa sensibilidad, a esa "comprensión de la realidad social indígena" (indigenista) desde nuestro acercamiento "occidental"?
3 Para introducir una idea más, véase el texto "Mapu, toquis y weichafes durante la primera guerra de Arauco: 1546-1554" de Leonardo León (1995), en que se señalan ciertas conductas de recolecta de objetos hispanos por parte de las parcialidades locales.

4 Al fin este tipo de fundamentos epistemológicos (cosmogó-nicos) de orden del mundo son dos que se oponen en este especial contacto interétnico.

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