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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espec. t1 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300019 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 161-174
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SIMPOSIO ESTADO ACTUAL DE LA ARQUELOGÍA HISTÓRICA EN CHILE: TEORÍA Y MÉTODOS

RELACIONES INTERÉTNICAS EN ASENTAMIENTOS DEL SIGLO XVI DE LA PRECORDILLERA LACUSTRE, IX Y X REGIONES: ANÁLISIS CERÁMICO

 

Verónica Reyes A.*

* antarita@hotmail.com


Se exponen los resultados del análisis cerámico de 12 sitios arqueológicos del período Histórico Temprano (S. XVI), ubicados en la precordillera andina de la novena y décima región, provincia de Cautín y provincia de Valdivia, Chile. Con el fin de aportar al estudio de la dinámica del contacto cultural indígena-hispano en la zona de estudio, el análisis cerámico se orientó a la identificación, descripción y clasificación de las tradiciones alfareras indígenas y europeas observadas en el universo de estudio. Finalmente, la interpretación de los datos arqueológicos se complementa con los antecedentes historiográficos que se manejan para el período del temprano contacto indígena-hispano en la precordillera de la novena y décima región.

Palabras claves: Arqueología histórica, siglo XVI, relaciones interétnicas hispano-mapuche, tradiciones alfareras.

The results of ceramic analysis from 12 archaeological sites related to the early historical period(XVI century) are exposed. These sites are located near the Andean mountains in ninth and tenth regions, provinces of Cautín and Valdivia, Chile (IX & Xth Region of Chile). The ceramic analysis was oriented to identify, describe and classify the indigenous and european pottery traditions, in order to understand the process of cultural contact between the Mapuche local populations and Spaniards. Finally, the interpretation of the archaeological data is supplemented by historical records for the early contact period.

Key words: Historical archaeology, XVI century, cultural interaction Spaniards-Mapuche, pottery traditions.


Durante el desarrollo del Proyecto "Asenta-mientos Urbanos y Militares y Rutas de Comunicación en la Región de la Araucanía. Chile. 1552-1655" se estudiaron una serie de sitios arqueológicos del período Histórico Temprano, ubicados en el sector precordillerano de Curarrehue y en los alrededores de los lagos Villarrica y Calafquén, precordillera andina de la novena y décima región. Su estudio suscitó una serie de preguntas acerca del carácter que adquirieron en esta región las relaciones interétnicas hispano-mapuche durante el siglo XVI.

La gran mayoría de estos sitios se emplazan en las mesetas de cerros de 50 m de alto aproximadamente, desde donde es posible obtener una buena visibilidad del entorno, o en sectores bajos cercanos a la orilla de los lagos, con acceso directo a éstos. Otro elemento que definió y particularizó estos asentamientos tempranos fueron sus rasgos arquitectónicos; muchos poseían fosos perimetrales y estaban protegidos por un sistema defensivo natural consistente en laderas abruptas y cursos de agua circundantes. Respecto a la adscripción cultural de estos yacimientos, la gran mayoría poseía un contexto artefactual exclusivamente de filiación indígena, observándose en sólo dos casos elementos de influencia hispana (sitios Villarrica y Santa Sylvia).

Otro dato de importancia que se manejó para el análisis de estos asentamientos fue que la memoria oral de los actuales habitantes del área de estudio consigna los sitios con contextos exclusivamente indígenas como "fortines" o "fuertes", vinculados con momentos de conflicto entre mapuche y españoles, o entre mapuche y chilenos (Harcha y Vázquez 2000). En concordancia con esta información, las fechas TL obtenidas para algunos de los sitios permitieron ubicarlos en épocas cercanas al período Histórico Temprano. Todos estos antecedentes, complementados con la revisión sistemática de la documentación etnohistórica, tanto editada como inédita y con los datos ofrecidos por la historiografía para el área de estudio, han permitido interpretar tentativamente parte de los sitios con depósitos culturales adscribibles a la tradición indígena, como asentamientos que cumplieron funciones de carácter militar-defensivo en la guerra del malal (Mera y Lucero 2000). De acuerdo a estudios etnohistóricos, ésta habría sido la resistencia antiespañola que sostuvieron los grupos indígenas del sur del Toltén de manera independiente a las rebeliones ocurridas en el sector septentrional de la Araucanía, desarrollando un complejo sistema defensivo militar basado en el uso estratégico de fortificaciones y alianzas interétnicas (León 1989).

En el presente artículo se exponen los resultados del análisis cerámico realizado en 12 de los asentamientos históricos registrados por el proyecto arriba mencionado. El objetivo es aportar a la discusión sobre la funcionalidad y adscripción cultural de los mismos. El análisis cerámico se orientó a la identificación, descripción y clasificación de las tradiciones alfareras indígenas y europeas presentes en ellos.

Antes de comenzar el análisis cerámico se exponen algunos de los antecedentes históricos y arqueológicos que han permitido formular las siguientes hipótesis sobre la adscripción cultural y funcionalidad de los yacimientos en estudio: del total de estos sitios, 11 han sido definidos como asentamientos indígenas de carácter defensivo (Mera y Lucero 2000). De acuerdo a la información historiográfica sobre los encuentros bélicos acaecidos en el área, se planteó que si estas fortificaciones fueron puestos defensivos usados por los indígenas rebelados (de raigambre serrana y precordillerana), entonces era factible encontrar en sus depósitos material cerámico de tradición indígena local y trasandina.

Por su parte, el único sitio de la muestra en estudio con ocupación hispana era la ciudad-fuerte Villa Rica. A partir del registro documental se sabe que tuvo carácter cívico-militar (Harcha y Vázquez 1998) y que contó con un gran contingente de población de indios amigos (González 1986), constituyéndose en un espacio de contacto interétnico de orden "pacífico", inserto dentro de una compleja red de relaciones socioculturales. De acuerdo a este panorama, al estudiar su conjunto alfarero se esperaba encontrar tradiciones cerámicas hispanas, indígenas e hispano-indígenas. Considerando la información histórica de la ciudad, que acusa un permanente estado de beligerancia con la población nativa local, se postuló que las tradiciones alfareras indígenas identificadas en su interior (pertenecientes a los indios amigos) debían ser de adscripción cultural foránea a la del lago Villarrica.

El Siglo XVI desde la Perspectiva Historiográfica

La problemática de la penetración española en la Araucanía y las relaciones hispano-mapuche generadas, a juicio de algunos investigadores, fue visualizada por la historiografía tradicional de forma simplista y superficial, por cuanto los tres siglos y medio de contacto ejercido entre ambos grupos fueron relatados a partir de una secuencia de porfiadas y heroicas luchas, dando origen a lo que Villalobos denominó el mito de la "Guerra de Arauco" (Villalobos 1982).

Con los trabajos de Jara en la década de 1970, y en las décadas posteriores con los estudios de diversos investigadores, entre los cuales Sergio Villalobos es quien realiza los mayores aportes, se empieza a conceptualizar el fenómeno del contacto y cambio cultural hispano-mapuche como un proceso altamente complejo, tanto social como culturalmente, inaugurándose con ello nuevos enfoques. En éstos se evidencia un interés por ir más allá de las meras descripciones y recuentos de las epopeyas y desastres épicos, y por ampliar las temáticas de estudio al considerar diversos factores económicos, políticos, económicos y sociocultu-rales que definieron la dinámica intercultural hispano-mapuche en la Araucanía. Estos estudios empezaron a configurar una serie de escenarios en donde cobraron vida diversos actores sociales, estructuras, instituciones y relaciones sociales, políticas y económicas hasta entonces opacados por el "mito" de la guerra. Como nuevas temáticas de interés surgen, entre otras, los parlamentos, los tipos fronterizos, el problema del mestizaje, la presencia de los indios amigos, el comercio, los cambios culturales y sociales vividos por hispanos y mapuche. Ahora, el estudio de la guerra de Arauco y su ejército era visualizado en términos diacró-nicos y se consideraba el contexto socioeconómico y político para explicar su desarrollo. Estamos en el ámbito de los estudios "fronterizos", erigidos bajo el precepto de la convivencia "pacífica" que se dio entre hispanos y mapuche a partir de las postrimerías del siglo XVI y que en los siglos posteriores se va fortaleciendo. Dentro de esta lógica, del mundo de las relaciones de carácter pacífico, se postulaba que los roces o choques bélicos que pudieron haber existido entre españoles e indígenas durante el siglo XVII, con el tiempo se fueron haciendo cada vez más aislados, ya que para Villalobos "durante el siglo XVIII el trato pacífico y la compenetración de las comunidades fronterizas fue la tónica del acontecer" (Villalobos 1982:179).

En el marco de la tesis de Villalobos, la amplia gama de los nuevos tipos de relaciones interétnicas surgidas al alero de la instalación de la Frontera sólo es concebida dentro de los límites de la misma. Al respecto señala:

Las relaciones fronterizas alcanzaron una intensidad insospechada, ocurriendo el fenómeno de convivencia que caracteriza a las guerras de muy larga duración. Los puntos de contacto fueron las estancias próximas a la línea del Bío-Bío, algunas tierras explotadas por criollos y mestizos en la comarca indígena más cercana, los fuertes y puestos de vigilancia, siempre necesitados de alimentos y de colaboración de los naturales, las reducciones de indios amigos junto a la frontera y, finalmente, las misiones, que muy pobremente cumplían su cometido divino y humano (Villalobos 1982:179).

Con ello, el mundo de las relaciones interétni-cas, antes conceptualizadas bajo el rótulo de la guerra de Arauco, ahora eran definidas como relaciones fronterizas de índole pacíficas, quedando segregadas a un período particular, desde finales del siglo XVI hasta el siglo XIX, y espacialmente restringidas a la frontera establecida en torno a la cuenca del río Bío-Bío.

Con fuertes críticas al carácter etnocéntrico de la tesis de las "relaciones fronterizas", una de las nuevas tendencias que surge dentro de los estudios de historia indígena son los enfoques centrados en las relaciones interétnicas. Esta nueva perspectiva postula que las relaciones fronterizas deben ser comprendidas e integradas en un ámbito más amplio de análisis, el de las relaciones interétnicas. De acuerdo a esta postura, explicar toda la historia indígena a partir de solamente la historia fronteriza es reducirla, por cuanto la remite a un período y región particular de la historia mapuche, al momento en que ésta se constituye físicamente en el Bío-Bío. Siguiendo el enfoque de las relaciones interétnicas, se observa que la interacción hispano-mapuche no se inicia recién con la instauración de la frontera, ni se agota con el término de ella, ya que las "relaciones interétnicas comienzan desde la misma llegada del español y aún no concluyen" (Foerster y Vergara 1996:15).

Otro de los cuestionamientos hechos por el enfoque de las relaciones interétnicas al de las relaciones fronterizas, apunta a la visión de que este último ofrece sobre el aporte del mundo indígena en la conformación de la sociedad hispano-criolla del mundo fronterizo y a nuestra identidad nacional. En función de esta idea, los precursores de esta nueva tendencia establecen que en los estudios fronterizos se

pone todo el acento en el papel histórico de la sociedad hispano-criolla y excluye así al mundo indígena de jugar un papel importante en este proceso. Las relaciones fronterizas explican la dinámica y la "evolución" de la sociedad mapuche pero no la dinámica y evolución de la sociedad hispano-criolla chilena (Foerster y Vergara 1996:23).

Desde esta perspectiva, se plantea que la historia de la relación de la sociedad no mapuche con el mundo mapuche debe ser tematizada en torno al protagonismo que este último adquirió dentro de la configuración de nuestra identidad nacional (ethos cultural), la que comienza a gestarse desde el mismo siglo XVI, justamente en su relación con el mundo indígena, momento en el cual los sujetos se ven obligados a redefinir sus posiciones e identidades (Foerster y Vergara 1996). Bajo el enfoque centrado en las relaciones interétnicas, la presencia de la frontera étnica es concebida como definitoria porque permitió marcar las diferencias culturales, las cuales se expresaron y ritualizaron en dos escenarios, el de la guerra (violencia) y el de los parlamentos y el estado (negociaciones) (Foerster y Vergara 1996).

Para efectos del presente trabajo, centrado en las relaciones interétnicas del siglo XVI en la precordillera andina, se concuerda con la crítica efectuada a la perspectiva de las relaciones fronterizas como un modelo que no explica toda la historia indígena. La periodificación y cronología del área araucana, desarrollada en el marco de los estudios fronterizos, definen al siglo XVI y primera mitad del siglo XVII como la etapa bélica (1536-1655) del "asunto de Arauco" y, por ende, como un período que no resiste análisis desde la lógica de la convivencia pacífica.

Sin embargo, en el presente trabajo se postula que durante este período también existieron espacios como las ciudades, encomiendas, lavaderos de oro, entre otros, en los que la interacción hispano-mapuche fue cotidiana y permanente, dando origen a relaciones interétnicas "pacíficas", que pudieron incluso sintetizarse en el temprano mestizaje. En estos espacios de carácter urbano o rural, de usos domésticos y civiles, la interacción estuvo mediatizada por relaciones de trabajo, por el servicio personal de los indígenas, la cooperación bélica, las alianzas políticas y matrimoniales, etc. Esta visión del carácter pacífico de las relaciones interétnicas en los espacios de convivencia permanente y cotidiana de ningún modo pretende obliterar la idea de que existía un clima general de conflicto latente, reflejado en los constantes encuentros bélicos hispano-mapuche y en las alianzas que los indígenas rebelados establecían para combatir al español.

Otro de los investigadores que realiza importantes aportes al estudio de la dinámica del contacto hispano-mapuche del siglo XVI es Boccara. Este autor registra los tipos de poder y estrategias de sujeción utilizados por la corona española en la frontera sur de Chile durante la Colonia, definiendo lo que él denomina los dispositivos hispanos de poder, que para el siglo XVI se enmarcan en un diagrama de poder soberano. Entre los dispositivos destacan: la expedición guerrera, la encomienda, la esclavitud, la maloca, el fuerte y el requerimiento. Estos dispositivos se vinculan con la concepción y objetivos de conquista de la corona, que incorporan masas y territorios a un espacio de soberanía real y reúnen bienes y riquezas mediante la extracción de tributo. El derecho a matar será el principio articulador de esta lógica del poder soberano, y el que le dará coherencia a las formas de ejercer el poder o dispositivos de poder, razón por la cual el siglo XVI será definido por el autor como de guerra a sangre y fuego y una paz esporádica (Boccara 1999).

En este marco de análisis, los espacios ibéricos donde pudieron darse relaciones interétnicas hispano-mapuche de tipo "pacíficas", como la encomienda, los fuertes e instancias bélicas de cooperación con indios amigos, no son considerados espacios de comunicación con el indígena, ni de conocimiento de la cultura del otro, así como tampoco escenarios donde se hubiese desarrollado una política aculturativa. Como ejemplo del desinterés hispano por dominar al indígena mediante otro mecanismo diferente a la fuerza, Boccara dice:

el hecho de que sus aliados indígenas practicaran rituales bárbaros no constituía un problema, ya que el resorte de esta primera conquista no era la cristianización ni la civilización de los indígenas. La preocupación de los gobernantes y maestros de campo era agregar el máximo de indígenas a sus tropas e incorporar nuevos territorios al espacio de soberanía real, sin ninguna preocupación por el aspecto religioso o cultural de dicha empresa (Boccara 1999:74).

Para el autor, ésta sería la causa del total desconocimiento que acusan los primeros conquistadores acerca de las estructuras sociopolíticas indígenas. El autor agrega, en otra parte, que en la dominación española el objetivo era disponer en su empresa de aliados experimentados, que le permitiesen tener un control continuo sobre los indígenas, sin necesariamente alcanzar "un conocimiento exhaustivo y preciso del sujeto sobre el que se ejercía la acción" (Boccara 1999:69).

Después de las permanentes luchas de resistencia contra el poder imperial, y constatar que la guerra no operó como mecanismo eficaz de sometimiento, la política hispana de sujeción sufrió importantes transformaciones. Siguiendo a Boccara, vemos que a partir del siglo XVII se implementarán los dispositivos de una nueva lógica de dominación, llamada el poder civilizador, y que en cuyo discurso se asume que para conseguir una paz segura y duradera se debe reconocer la diferencia cultural entre civilizados (hispanos) y salvajes (mapuche), para luego integrar dicha distancia cultural en las estrategias de pacificación y, finalmente, poder aplacarla. Así, la evangelización, la política y el comercio se convertirán en los nuevos dispositivos de poder que, dejando atrás la violencia y la represión que caracterizarían las formas de ejercer la dominación en el siglo anterior, serán utilizados para someter a la población nativa, a través de "incitar, convencer, inducir pautas de comportamiento, transformar las costumbres e instaurar normas o una norma común y homogénea" (Boccara 1999:78).

La postura de Boccara resulta muy interesante, por cuanto reconoce que los diversos tipos de relaciones gestados en torno a la frontera del Bío-Bío, instaurada después del levantamiento de Curalaba, no fueron inocuos como mecanismos de dominación y de imposición de un orden. Sin embargo, se discrepa en su visión de lo que fue la dinámica de las relaciones interétnicas del siglo XVI en los espacios de convivencia cotidiana como los fuertes, encomiendas, etc., en los cuales según él el contacto no pasó de ser meramente utilitario. Es decir, el hispano interactuaba con la población nativa solamente en la medida que requería de su ayuda para satisfacer necesidades de distinta índole, desde alimenticia hasta guerrera, ya que no tenía interés de conocimiento, ni comunicación con el otro.

Respecto al punto anterior, no se concuerda con la tesis de Boccara, ya que la presencia de evidencia arqueológica (Gordon 1991) y documental sobre un temprano mestizaje y alianzas políticas hispano-mapuche con los jefes indígenas, justamente en los espacios que el autor consigna como de "relaciones incomunicadas" (pueblos de indios, fuertes y encomiendas, etc.), plantea un marco de convivencia pacífica y de relaciones interétnicas dentro de una red social y cultural bastante compleja.

Otra importante línea de trabajo que ha sido desarrollada en torno a la dinámica del contacto interétnico en la Araucanía es la de Leonardo León. Sus investigaciones se han constituido en una importante fuente interpretativa para el estudio de la sociedad mapuche del siglo XVI del área de competencia del presente trabajo. Tras una mirada de las relaciones interétnicas hispano-mapuche, que acusa una orientación centrada en el protagonismo que tuvo la sociedad mapuche dentro del proceso de contacto y cambio cultural, este autor devela parte de los sucesos y procesos históricos que se dieron al sur del río Toltén, entre los años 1575 y 1585. En su historia rescata la actuación del mundo mapuche dentro de la dinámica del encuentro violento, ahondando en la estructura interna de esta sociedad, las estrategias bélicas y los sistemas de alianzas desarrollados por ella como mecanismos de resistencia ante el español. Para León esta fue la guerra del malal, y una de sus principales características habría sido su carácter posicional, centrado en la acumulación de fuerzas militares en torno a las fortificaciones, las que se emplazaban en las áreas de los lagos Villarrica, Ranco y Riñihue. Estas fortificaciones fueron el bastión de lucha de las etnias puelche-huilliche, aliadas para combatir la invasión, y cuya alianza implicaba importantes lazos de cooperación militar que superaban los márgenes de las unidades familia o linaje. Es posible que estas redes de fortificaciones "en su conjunto constituyeran un sistema defensivo regional que operaba bajo los dictados de una estrategia militar global" (León 1989:139).

El análisis sistemático de las fuentes realizado por León para comprender el rol de las fortalezas indígenas, y las tácticas asociadas con su uso como parte del sistema defensivo antiespañol desatado en Chile Central y al sur del Toltén, además de abrir una nueva perspectiva para el estudio del conflicto hispano-indígena, como él lo señala, nos da la posibilidad de plantearnos un modelo explicativo de la diversidad de fortificaciones y asentamientos civiles involucrados en este complejo sistema defensivo militar.

Es probable que gran parte de los asentamientos fortificados que abarca el presente trabajo puedan ser interpretados dentro de este sistema defensivo regional que implicó la guerra del malal, basada en los fuertes como principales enclaves de la acción estratégica.

Antecedentes Arqueológicos de la Investigación

Hasta la presente década, en nuestro país la mayor parte de los trabajos de arqueología histórica no respondían a problemáticas de análisis, desarrollándose la ejecución de los mismos en el marco de situaciones de rescate y "salvataje" arqueológico. Las investigaciones arqueológicas realizadas en el área araucana sobre asentamientos indígenas e hispanos del primer período de Conquista, y la dinámica del contacto cultural y de las relaciones interétnicas generadas en ellos, no estuvieron ajenas a este panorama general.

En nuestra área de interés, en la década de 1980, Américo Gordon realiza dos pioneras e interesantes excavaciones de asentamientos hispanos: fortín Carilafquén (Gordon 1985) y casa­fuerte Santa Sylvia (Gordon 1991). Ambos emplazados en la zona circundante al lago Villarrica y con adscripción cronológica del siglo XVI, presentando el segundo de ellos una fecha de 435±30 a.p. (1.555±30 d.C.), (Gordon 1991). Para ambos yacimientos, el autor realiza el análisis estratigráfico y contextual de los depósitos, estableciendo secuencias de ocupación y funcionalidad de los mismos. Interpreta la casa-fuerte Santa Sylvia como un espacio español, caracterizado por la presencia de arquitectura de tecnología hispana, como paredes asentadas sobre cimientos de piedra y techos de tejas, además de artefactos de filiación ibérica (Gordon 1991). El autor establece que la casa-fuerte habría sido la residencia campestre fortificada de un encomendero español, orientada a la extracción de oro. En ella habría coexistido población indígena local y peruana para cumplir las funciones de servicio personal y extracción aurífera (Cf. Gordon 1985). Por otra parte, el sitio Carilafquén, emplazado en las cercanías de Pitrufquén (Prov. Cautín), fue definido por el autor como un fuerte defensivo donde se observan dos sectores, uno utilizado por la población indígena y el otro por la hispana (Cf. Gordon 1985). Tanto este último yacimiento como la casa del encomendero Santa Sylvia habrían sido espacios reocupados por la población nativa después del levantamiento indígena y despoblamiento hispano de la Araucanía en 1598.

Aunque los estudios de Gordon (1985, 1991) son eminentemente descriptivos, careciendo de enfoques multidisciplinarios sistemáticos para el análisis e interpretación de los datos y de una perspectiva regional de estudio, constituyen uno de los pocos antecedentes arqueológicos sobre los procesos de contacto cultural y relaciones interétnicas de espacios "no bélicos" acontecidos en esta área de estudio durante el siglo XVI.

Posterior a los hallazgos de Gordon, en el valle del Toltén (Provincia de Cautín) otros investigadores llevaron a cabo un estudio (Vidal et al. 1986; Harcha et al. 1993), orientado especialmente a las tempranas relaciones hispano-indígenas del período de contacto temprano, en el contexto de las estrategias hispanas de conquista y defensa de los territorios dominados. Los resultados de esta investigación arrojaron el reconocimiento y registro de 13 fortificaciones o emplazamientos defensivos, nueve de los cuales presentaban exclusivamente material cultural de filiación indígena, mientras que en los otros cuatro se detectaron evidencias de ocupación hispana. La presencia de los emplazamientos con depósito exclusivamente indígena les permitió replantearse la significación económica, social, cultural y política del uso estratégico de fortificaciones o emplazamientos defensivos en el contexto del temprano proceso sociocultural de contacto hispano-indígena y de la compleja red de relaciones generadas entre ambos grupos. Estos sitios fueron definidos como posibles fortificaciones de indígenas locales (Harcha et al. 1993). Los resultados obtenidos por estos investigadores fueron antecedentes fundamentales
para orientar la investigación Fondecyt desarrollada con posterioridad, y cuyo análisis cerámico se expone en el presente artículo.

Breve Reseña Histórica de la Ocupación Hispana en el Sector de Villarrica

La penetración española de la Araucanía durante el primer período de la Conquista de Chile estuvo motivada principalmente por intereses económicos. Como lo documentan la historiografía tradicional y las investigaciones históricas contemporáneas, la expansión hispana y posterior colonización territorial del siglo XVI se cristalizó a través de la fundación de ciudades, casas-fuertes, haciendas (encomiendas) y fuertes. Las huestes españolas, junto con asumir un importante rol político y militar de conquista, tuvieron como principal motivación la adquisición de mercedes de tierra y encomiendas, con el fin de explotar económicamente los recursos que les ofrecían los nuevos territorios. Entre los más preciados, la documentación señala que la explotación aurífera adquirió un singular auge durante la segunda mitad del siglo XVI, tanto así que, en los primeros años de la dominación hispana, la producción de alimentos sólo se desarrollaba lo suficiente como para mantener la economía minera. La que, sin embargo, a fines del siglo XVI, por diversas causas, entró en franca decadencia, potenciándose en su lugar la producción agrícola y ganadera (Jara 1971).

La ocupación española de la precordillera andina de la novena y décima región, área de Villarrica y zonas vecinas, no estuvo ajena a estas iniciales motivaciones de los conquistadores. De este modo, la presencia ibérica en estos territorios ha sido definida como eminentemente cívico-militar, orientada principalmente por la explotación aurífera, la producción agrícola y el control de las vías de intercambio y comunicación con el norte (Concepción) y sur (Valdivia y La Imperial) de Chile, y con ciudades de la región trasandina como Buenos Aires (Harcha et al. 1998).

La ciudad en torno a la cual gravitó la presencia hispana en el área de Villarrica fue la ciudad-fuerte Santa María Magdalena de la Villa Rica, más conocida por los antiguos cronistas como la ciudad Rica. Esta fue una villa más en la cadena fundacional de Pedro de Valdivia, y una de las últimas en erigirse (Harcha et al. 1998). En el año 1552 el Adelantado Jerónimo de Alderete la emplaza en la margen suroccidental del lago Villarrica, en el mismo lugar donde se ubica actualmente. Esta ciudad-fuerte, a pesar de su corta existencia de cincuenta años, ya que en el año 1602 es abandonada sucumbiendo al cerco impuesto por los grupos indígenas rebelados, constituyó un eje articulador de las relaciones comerciales y militares de esta área precordillerana, ejerciendo, además, un importante control estratégico militar en toda la zona.

A nivel socioeconómico, cultural y político-militar, las relaciones interétnicas indígena-hispanas generadas en torno a esta Villa pueden ser comprendidas dentro de dos escenarios de contacto. Uno de estos escenarios se enmarca dentro del modelo general de dominación española aplicado por la corona en la Araucanía, el de las relaciones de contacto interétnico "pacífico", o al menos de prolongados lapsos de paz, desarrolladas al interior de los fuertes hispanos, encomiendas y ciudades. Al respecto, algunos autores han enfatizado que el uso de la mano de obra indígena dentro de la política de expansión, control y ocupación española de los nuevos territorios, fue fundamental para la extracción aurífera, la empresa bélica y las diversas actividades que implicaba el servicio personal (producción agrícola, servicio doméstico y ejecución de obras civiles como la construcción de ciudades, fuertes, etc.). Así, los indígenas proporcionaban el soporte material necesario para que las huestes españolas concretaran su ocupación en los nuevos territorios conquistados y perpetuaran el sistema español (Jara 1971).

Esta dinámica de relaciones dará origen a una nueva categoría social de individuos, los indios de servicio o indios auxiliares, quienes en el siglo XVII pasarán a denominarse indios amigos; siendo estos últimos definidos por los cronistas como indios de paz, que cumplen funciones de guerra (Ruiz-Esquide 1993). Para la ciudad-fuerte Villa Rica del siglo XVI, se documentan alrededor de 1.200 indios auxiliares coexistiendo con las huestes hispanas (Harcha et al. 1999).

Paralelamente al estado de paz y estabilidad que comprometió a hispanos e indígenas insertos en la economía y sistema cívico-administrativo colonial de la ciudad-fuerte Villlarica, se fue dando otro escenario distinto, el de las relaciones interétnicas de contacto bélico. A partir del año 1575, la región de Villa Rica inició una nueva etapa caracterizada por innumerables episodios de enfrentamientos violentos y por un continuo estado de guerra latente, que culminaría con el levantamiento de 1598, y el posterior desalojo de la ciudad en 1602 (González 1986). Respecto al estado de conflicto y peligro permanente vivido en Villarrica, un autor expresa: "los villarriqueños seguían rodeados por el peligro ante lo cual, como extrema medida de seguridad, ya no vivían en sus casas sino que en un fuerte levantado en el corazón de la ciudad" (González 1986:70). Es en este escenario de continuas refriegas de los vecinos, encomenderos y españoles de la cuidad, apoyados por los grupos de indígenas auxiliares en contra de los nativos alzados, donde las fortalezas y otras tácticas de guerra usadas por los indígenas rebelados adquirieron importancia como estrategias militares defensivas y ofensivas (León 1989; González 1986). Dentro de este contexto de relaciones interétnicas bélicas latentes, se explicaría la profusión de fortificaciones defensivas indígenas observadas en el área.

La presencia de indios sujetos, por un lado, e indígenas rebelados, por otro, nos presenta al territorio araucano como un escenario dentro del cual se estructuró un complejo sistema de relaciones sociales, en donde los diversos actores se fueron definiendo y configurando de acuerdo a su relación con el otro, y a la percepción que cada uno tuvo de la naturaleza de los encuentros y desencuentros vividos.

Estos son parte de los antecedentes que se manejaron para establecer como hipótesis de trabajo que no habría sido la población indígena local de Villarrica y zonas aledañas la que participara pacíficamente del proceso de consolidación española en la ciudad Rica, sino que más bien sería población indígena foránea la que ingresó como mano de obra para satisfacer el servicio personal español y apoyo militar, mientras la población local se mantenía en un estado de conflicto permanente con los hispanos. De este modo, se postuló que de identificarse tradiciones cerámicas indígenas prehispanas dentro de la muestra alfarera del sitio ciudad-fuerte Villarrica, éstas debían corresponder a tradiciones alfareras foráneas.

Por el contrario, en los fortines en estudio se planteó que, siguiendo la tesis de la guerra del malal, era esperable encontrar depósitos con material cultural de filiación indígena local.

Metodología Análisis Cerámico

La muestra

La muestra cerámica que abarcó el presente estudio correspondió a 1.597 fragmentos cerámicos provenientes de 12 sitios arqueológicos (Tabla 1), ubicados en las áreas circumlacustres de los lagos Villarrica y Calafquén y en el sector precordillerano de Curarrehue.


La metodología

En virtud de los objetivos planteados por esta investigación, se estableció que la forma más adecuada de operacionalizar el estudio de las relaciones interétnicas a través del análisis cerámico era clasificando los aspectos tecnológicos, morfológicos y decorativos de la cerámica. Una vez seleccionados los criterios de clasificación de estos tres aspectos, el análisis se orientó al establecimiento de grupos cerámicos con el objeto de identificar categorías de vasijas. La manera en que los atributos de clasificación de los tres aspectos registrados se fueran interrelacionando permitiría definir los grupos cerámicos y así caracterizar las tradiciones cerámicas observadas, tanto indígenas, ibéricas, como hispano-indígenas. Dado que el análisis cerámico se orientó a la identificación de categorías de vasijas, los grupos cerámicos fueron definidos para cada sitio arqueológico. Los atributos tecnológicos considerados en esta clasificación fueron el tratamiento de las superficies internas y externas de los fragmentos cerámicos, la pasta, la cocción, el espesor de las paredes, las técnicas de manufactura y las huellas de uso1. Las tradiciones cerámicas de filiación indígena se diferencian en estos aspectos de aquellas de origen hispano (Deagan 1987).

Los aspectos morfológicos de las vasijas se reconstruyeron a partir de fragmentos-formas2. Junto al elemento tecnológico, se estableció que las categorías morfológicas de las vasijas era otro de los rasgos que también caracterizaba y diferenciaba las tradiciones prehispánicas del centro-sur de Chile, de aquellas de origen hispano (Marken 1994). Finalmente, entre los aspectos decorativos se consideraron las técnicas de engobe y pintura aplicados a la superficie de las vasijas, las cuales fueron registradas en la categoría tratamiento de superficie. Era importante contemplar la decoración porque en muchos casos de sistematización alfarera de los complejos cerámicos del sur de Chile aparece como un elemento diagnóstico (Aldunate 1989; Dillehay 1990). También fueron observadas otras técnicas decorativas conseguidas a partir de la aplicación de arcilla (modelados) y extracción de la misma (incisos, acanalados).

Resultados: Grupos Cerámicos y Análisis Contextual de los Sitios Estudiados

Sector lago Villarrica

De este sector se estudiaron los sitios Puraquina y ciudad-fuerte Villarrica.

Sitio Puraquina: posee fosos perimetrales, se emplaza en la cima de un cerro de baja altura, y el estudio estratigráfico de su depósito permitió identificar un único componente de ocupación, el que además se presenta con baja potencia. En su contexto cultural no se evidencian elementos de filiación hispana, caracterizándose por la presencia de material cerámico fragmentado y escaso material lítico, como lascas y fragmentos de manos de moler (Lucero 1999). Para este depósito se obtuvo una fecha T.L de 515±35 a.p. (Mera y Lucero 2000). Del análisis cerámico de este sitio se obtuvieron dos grupos cerámicos (Tabla 2). La presencia de decoración acanalada anular en la base del cuello de las vasijas (challa), orificios de reparación, pintura bícroma roja sobre blanco, asas con protubero e incisos decorativos, vinculan esta ocupación con el complejo cerámico El Vergel del período prehispano Alfarero Tardío, del área centro-sur de Chile (Aldunate 1989; Dillehay 1990). Vasijas con acanalados anulares también se observan asociadas a sitios históricos tempranos como casa-fuerte Santa Sylvia (Gordon 1991) y asentamientos históricos tardíos emplazados en el lago Calafquén, es el caso del cementerio Huitag, asignado por Menghin al estilo cerámico Histórico Tardío Calle-Calle (Menghin 1962).


Sitio Villarrica: se distinguieron tres momentos culturales de ocupación: uno disturbado (nivel 0-50 cm), una ocupación histórica temprana (capas 3 y 4) y una ocupación prehispánica (capa 5), esta última con un fechado TL de 655±55 a.p. (Mera y Lucero 2000). Básicamente, de acuerdo a los atributos de clasificación, tratamiento de superficie y tipo de pastas, se establecieron ocho grupos cerámicos (Tabla 3). Una vez definidos los grupos cerámicos se observó su distribución a lo largo de la estratigrafía del sitio, por ahora se dejará fuera del análisis el primer nivel, ya que presenta indicios de disturbación subactual. El nivel histórico de ocupación, nivel 50-100 cm, presentó importantes diferencias en relación al nivel prehispano. En él se observó mayor frecuencia de fragmentos del grupo cerámico 2, grupo cerámico 7 y grupo 3, este último prácticamente ausente en los otros dos niveles, y por último, pudo constatarse que pese a su filiación española no se detectó cerámica vidriada (grupo 8). En el nivel prehispano se registró la prevalencia de los grupos cerámicos que presentan pastas arenosas (grupos cerámicos 4 y 6). Cabe hacer notar que en ambos grupos cerámicos aparecen dos tipos decorativos: incisos y aplicación al pastillaje, que vinculan esta ocupación con contextos de otras áreas culturales. En el caso de los incisos, éstos también fueron registrados en el sector costero de la Araucanía (Dillehay 1990); en contextos del complejo El Vergel asociados a urnas funerarias (Bullock 1970; Durán 1978); en sitios históricos de Alto Bío-Bío (Mera et al. 1999) y en Santa Sylvia (Gordon 1985). Por su parte, decoración de lentejuelas al pastillaje aparece en la región trasandina precordillerana del Neuquén, sitio Montículo Angostura, en una ocupación fechada en 1.050 d.C. y en otra posterior a esta fecha (Hajduk 1986); en asentamientos históricos tempranos de la novena región de Chile, tanto de la precordillera, sitio Santa Sylvia (Gordon 1991), como del valle, sitio Pitraco 1 (Inostroza 1985); y en sitios del Alto Bío-Bío, precordillera de la octava región (Mera et al. 1999). El análisis de la distribución estratigráfica de los grupos cerámicos en el sitio Villarrica evidencia cambios respecto a este ítem material entre el nivel de ocupación indígena y el estrato histórico temprano. En los momentos de la ocupación ibérica tienden a desaparecer, o al menos bajar ostensiblemente su frecuencia, los grupos cerámicos más representativos del estrato prehispano (grupos cerámicos 4 y 6), los que además vinculan este depósito con contextos del período Alfarero Tardío de la región centro-sur y allende los Andes (Aldunate 1989; Bullock 1971; Dillehay 1990; Hajduk 1986; Menghin 1962). Pese a este cambio, los grupos cerámicos de la ocupación histórica temprana también presentan elementos de la tradición cerámica prehispana regional, como lo es la decoración bicroma Rojo sobre Blanco característica del Complejo El Vergel (Aldunate 1989; Bullock 1971); la decoración Engobe Rojo (Durán 1976), y la presencia de pastas arenosas o arenogranulosas con inclusiones micáceas (Durán 1976). Por otro lado, en los grupos cerámicos del período Histórico Temprano de este sitio, a excepción de una posible botija (grupo cerámico 3), no se observa la influencia de tradiciones alfareras hispanas, expresada en atributos de cerámica, como superficies vidriadas, mayólica, o categorías morfológicas presentes en otros contextos históricos tempranos de América (p.ej., platos de paredes evertidas, jarros con cuellos evertidos, bacines, tinajas, botijas) (Schávelzon 1998; Deagan 1987; Marken 1994).


Sector Precordillerano Curarrehue

Los sitios de este sector presentan depósitos unicomponentes con baja potencia. Por las características de sus emplazamientos, arquitectura y contextos culturales, fueron definidos como posibles sitios defensivos indígenas (Mera y Lucero 2000). Estos sitios se presentaban muy homogéneos respecto a sus patrones alfareros, por lo cual su material cerámico fue incluido en sólo grupos cerámicos (Tabla 4). Estos grupos cerámicos presentan ciertos atributos que permiten relacionarlos con la cerámica del complejo Alfarero Temprano Pitrén (Aldunate 1989; Menghin 1962), por cuanto sus fragmentos presentan superficies monocro-mas pulidas, pastas arenogranulosas ricas en inclusiones blancas (granitos), categorías morfológicas restringidas con cuello de tamaño pequeño y mediano (posibles jarros y ollas). El tipo de depósito que presentan estos sitios, caracterizado por su baja potencia, también es un rasgo consistente con la tradición cerámica Pitrén precordillerana (Adán 2000).


Sector Lago Calafquén

De este sector fueron excavados los sitios Pucura y Pitrén, ambos ubicados en el área circundante al lago Calafquén. El primer sitio se emplaza en el sector norte del lago cercano a su borde, mientras que el segundo se ubica en el sector sur, en un área de mayor elevación. Ambos sitios han sido interpretados como posibles sitios defensivos indígenas. Sus fechas TL son 390±40 a.p. y 560±40 a.p., respectivamente (Mera y Lucero 2000).

Sitio Pitrén. Se distinguió un solo grupo cerámico (grupo 1), sin embargo se observaron dos tipos de pastas (Tabla 5).


Sitio Pucura. Se definió sólo un grupo cerámico (grupo 2) (Tabla 5). Para los grupos cerámicos de estos sitios también se postula una posible adscripción a la tradición cerámica Pitrén, sustentada en la presencia de vasijas con superficies monocromas pulidas, decoración Engobe Rojo, pastas arenogranulosas y categorías morfológicas restringidas independientes de tamaño pequeño, que posiblemente corresponden a jarros. Al igual que los sitios del sector de Curarrehue, estos depósitos se caracterizan por su baja potencia, rasgo coherente con el patrón de ocupación precordille-rana de la Tradición Pitrén (Adán 2000).

Conclusiones

Del análisis cerámico realizado pudo desprenderse que los asentamientos históricos tempranos estudiados presentan en sus conjuntos alfareros atributos que los vinculan con las tradiciones cerámicas prehispánicas del área centro-sur de Chile, Complejos Pitrén y El Vergel. Elementos cerámicos adscribibles a la tradición alfarera Pitrén fueron hallados en los sitios del lago Calafquén y del sector precordillerano de Curarrehue, por lo tanto, es posible adjudicar el contexto cerámico de estas ocupaciones históricas tempranas al complejo Pitrén, lo cual es consistente con la idea que se postula respecto de la permanencia de este complejo alfarero temprano hasta momentos tardíos en la precordillera andina, lado chileno y vertiente oriental (Adán 2000; Aldunate 1989). En relación a la tesis del carácter militar que tuvieron estos sitios precordilleranos ­fortines­ y su uso por grupos indígenas rebelados, es preciso señalar que las referencias documentales ofrecen una serie de antecedentes que complejizan bastante esta interpretación. Por una parte, en ellas se menciona que dentro del sistema estratégico militar fortificado, implemen-tado por los indígenas alzados, hubo enclaves que cumplieron una amplia diversidad de funciones, entre las cuales se puede mencionar el carácter habitacional de algunos asentamientos, donde residían grupos familiares. Además, señalan el uso de fortines por parte de indígenas auxiliares y, por último, se refieren a una multiplicidad de actividades

desarrolladas por la población nativa que no se vinculan directamente con la acción bélica ­extracción aurífera, actividad agrícola, obrajes, molinos, etc.­. Sin duda, un análisis más acabado de esta temática debiera ayudar a modelar lo que fue la ocupación indígena de la zona durante el siglo XVI, considerando tanto los asentamientos de indígenas auxiliares como rebelados, y los tipos de yacimientos arqueológicos que éstos debiesen generar. Por su parte, la ciudad de Villarrica sugiere otro escenario interpretativo, el que además se contrapone con la hipótesis inicial que se planteó, quedando rebatida. El registro de elementos del complejo El Vergel en el estrato de ocupación histórica, y a su vez, la ausencia de patrones cerámicos de otras áreas culturales de Chile (p. ej., de Chile central) o extranacio-nales (p.ej., imperio Inca u otros) son antecedentes para postular que la población que habitó dicha urbe, en coexistencia con el contingente hispano,era mapuche. Esta idea resulta coherente al revisar la información historiográfica en cuanto al rol que cumplió la población araucana dentro de los asentamientos hispanos de convivencia pacífica del siglo XVI, en los cuales este etnia era usada como la mano de obra que realizaba una diversidad de labores: domésticas, productivas, constructivas y bélicas, entre otras.

 

Notas

1 El tratamiento de superficie fue clasificado en las siguientes categorías: alisado, pulido y erosionado

Para la clasificación de las pastas se consideraron selectivamente algunos de los criterios propuestos en el protocolo diseñado por Varela et al: aspecto general de la pasta, inclusiones del antiplástico (densidad, tamaño y forma) y color de la pasta (Varela et al. 1998) y se agregaron otros como textura de la pasta y distribución de las inclusiones. Para el registro del atributo pasta se usó una lupa binocular (x10 a x40).

La cocción de los fragmentos fue considerada ya que existía la premisa a priori de que las vasijas de tradición española podrían haber alcanzado con más frecuencia oxidación completa en comparación con las de tradición indígena. La cocción se clasificó en cocción oxidante completa y cocción oxidante incompleta.
El espesor de las paredes de los fragmentos consideró las siguientes categorías: delgado (< 5 mm), mediano (5 - 7 mm) y grueso (> 7 mm). Era importante utilizar este criterio de clasificación cerámica porque ha servido, sumado a otros por supuesto, para caracterizar algunos contextos alfareros prehispanos del área centro-sur de Chile.

Las técnicas de manufactura se consideraron porque entre ellas existen dos elementos que resultan muy diagnósticos como adjudicadores culturales; la presencia del uso del torno alfarero y los rodetes anulares. El primero es una herramienta tecnológica de clara influencia española, ausente en tiempos prehispanos, y los segundos son parte de la técnica de levantamiento de las paredes de las vasijas, registrada en las tradiciones alfareras del sur de Chile.

Las huellas por uso se definieron en torno a su tipo y ubicación en las diversas partes de las vasijas.

2 Dentro de los fragmentos-formas se distinguieron cuellos, bordes, labios, puntos de unión cuello/cuerpo, puntos de unión asa/cuerpo, asas, bases y fragmentos de cuerpos. Para la reconstrucción de las categorías morfológicas de las vasijas se utilizaron las clases definidas por Shepard: vasijas irrestrictas, restringidas simples y restringidas independientes, de perfil compuesto o inflectado (Shepard 1976).

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