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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espec. t1 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000300003 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 8-9
Chungara, Revista de Antropología Chilena

DISCURSOS INAUGURALES DEL IX CONGRESO NACIONAL DE ARQUEOLOGÍA CHILENA 16 DE OCTUBRE DE 2000

CALOGERO M. SANTORO VARGAS*
Secretario Ejecutivo XV Congreso Nacional

Dicen que en septiembre de 1961 Gustavo Le Paige escribió en el libro de visitas del Museo Regional de Arica "Aquí murió el último atacameño", en virtud de que Guillermo Focacci, Luis Álvarez, Sergio Chacón y Percy Dauelsberg habían logrado convencer a los pocos participantes del Encuentro Internacional de Arica que los atacameños no dominaron la costa, valles y oasis de esta región.

Este paradigma geográfico cultural propuesto por Uhle había demorado más de cuarenta años para desmoronarse, quedando entremedio los intachables datos estratigráficos de Junius Bird y el ejemplar análisis comparativo de Carlos Munizaga, a quien la arqueología chilena le debe una "mesa ritual".

Hoy día los conocimientos de esta disciplina se regeneran y cambian a ritmos mucho más rápidos, gracias al aporte de varias generaciones de arqueólogos que operan en el país desde distintas instituciones. Gran parte de los conocimientos acerca de la prehistoria chilena se han generado en los últimos 20 a 25 años.

La reunión de Arica, más que sepultar al último atacameño, dio comienzo a una nueva era de la arqueología chilena, orientada a reconstruir historias regionales gracias a equipos de trabajo como "el grupo de Arica", "los Núñez de Tarapacá", "los Le Paige de San Pedro de Atacama", "los Cornely e Iribarren de La Serena", "los Silva de Viña del Mar", "los Julio Montané y Grete Mostny", y otros que se me escapan, cada uno "afeudándose" y defendiendo, con poco disimulo en algunos casos, sus autodesignados territorios de estudio. Niemeyer y Schiappacasse fueron una excepción y, desde muy temprano trashumando entre Arica y La Serena, demostraban que la arqueología debe ser temática y no geográfica. En los primeros congresos había pocos y se discutía mucho, ahora somos muchos y se discute poco. Afortunadamente atrás quedaron los tiempos en que no podíamos ni siquiera reunirnos, como ocurrió con la prohibición de realizar el VII Congreso de Arqueología en Arica en 1975.

La necesidad por debatir se ha desbordado a través del grupo electrónico de arqueología creado por Lucho Cornejo y, a pesar del tenor y pesimismo de algunas declaraciones, no se puede concluir que la sociedad arqueológica está en crisis, ni que se compone de personajes buenos y malos y de profesionales de primera y segunda categoría. Las tensiones y corrientes de opinión que bullen en su interior hablan más bien de un organismo sano que se esfuerza por mantenerse vivo e instalarse con mayor propiedad en la sociedad nacional.

La Sociedad es un universo heterogéneo y esto es una virtud y no un defecto. Su composición es la suma de nuestras individualidades enriquecida por la diversidad de experiencias personales y disciplinarias que la integran; y esto no significa que debemos dividirnos o construir fronteras infranqueables al interior.

Debemos crear nuevas instancias de debate profesional, como los estudiantes que están organizando sus propios congresos, mientras los arqueólogos del sur "surean" con su problemas histórico culturales y los del norte, "nortean" en lo propio.

Los debates deberían ser más temáticos que geográficos; sin embargo, y ésta ha sido la tónica para organizar los simposios y agrupar la diversidad de ponencias recibidas para la sesión de comunicaciones y paneles, una modalidad que comienza a cristalizar. Hemos dado cabida a todos los colegas que han manifestado su intención de comunicar los resultados de sus estudios. Hemos incentivado a jóvenes para que presenten los resultados inéditos de sus prácticas profesionales, memorias de título o proyectos de investigación. La gran presencia de jóvenes expositores es una señal inequívoca de que las nuevas generaciones han tomado esta actividad con la seriedad y pasión que la materia requiere.

Evidentemente hemos avanzado también hacia una arqueología social, y pareciera que todos sienten la necesidad de contribuir a la historia social y cultural del país, ya sea a través del ejercicio libre de la profesión, la universidad, los museos, etc. La arqueología se ha instalado con mayor propiedad en las ciencias sociales y desde este campo enfrentamos el desafío de socializar, a todos los niveles de la sociedad, los conocimientos que se producen, para que la gente se apropie de la milenaria historia que nos antecede y pasen a formar parte de su ser cultural. En ese sentido hemos dado gran apoyo a la prensa con la esperanza de ir creando lazos cada vez más estrechos para divulgar y socializar la historia cultural que se descubre a través de la arqueología.

En esta reunión hay que dejar de lado las armaduras para crear los ambientes más favorables para discusión creativa. Esta reunión es también para recordar y reconocer a amigos y colegas incluyendo a aquellos que ya no nos acompañan. Antes de cerrar debemos agradecer primero a todo el personal del Departamento de Arqueología y Museo San Miguel de Azapa y de la empresa Surandes por el esfuerzo que han desplegado y desplegarán durante la semana para que esta reunión sea un gran acontecimiento. Al Gobierno Regional en la persona del Intendente señor Jorge Tapia Valdés, la Ilustre Municipalidad de Arica, la Asociación Chilena de Seguridad y empresa Quiborax.

Estimados presentes, reciban ustedes la más cordial bienvenida al XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena.

San Miguel de Azapa, octubre 2000.
 
 

* Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto, Facultad de Ciencias Sociales Administrativas y Económicas, Departamento de Arqueología, Universidad de Tarapacá, Arica, Chile. csantoro@uta.cl

 

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