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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36 n.1 Arica ene. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000100005 

 
  Volumen 36, Nº 1, 2004. Páginas 103-112
Chungara, Revista de Antropología Chilena

LA REVISITA DE CODPA (ALTOS DE ARICA) DE 1772-73 EFECTUADA POR EL CORREGIDOR DEMETRIO EGAN1

THE REVISITA TO CODPA (HIGHLAND OF ARICA) 1772-73, REALIZED BY CORREGIDOR DEMETRIO EGAN 
 
 

Jorge Hidalgo*, Nelson Castro** y Soledad Gonzalez***

Dedicado a la memoria de Franklin Pease†


 
 

* Universidad de Chile y Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto, Universidad de Tarapacá, Arica, Chile. hidalgol@uchile.cl
** Universidad de Valparaíso y Universidad Técnica Federico Santa María. 
*** Universidad de Valparaíso. Magíster en Historia de la Universidad de Chile. 
† Este estudio fue desde sus comienzos inspirado en la memoria de Franklin Pease, lo que no le resta méritos al homenaje a Luis Álvarez en este número de la revista. 


En este estudio hemos demostrado cómo la unidad social "Cacicazgo de Codpa" fue una construcción colonial del siglo XVII como resultado de la acción histórica complementaria de fuerzas sociales relacionadas, pero independientes en sus intereses que, sin embargo, coincidieron en un proceso que fue conveniente para campesinos andinos de diversos orígenes. 

El documento que publicamos, junto con el estudio, forman parte de una cadena de textos similares o comparables. Sin intentar un listado completo, está en la línea de la "Revisita de los Altos de Arica" realizada por el oficial real Joaquín de Cárdenas en 1750 y que publicamos en forma completa en una modesta edición de 100 ejemplares a mimeógrafo en 1978. Ambas revisitas se suceden en el tiempo luego de 22 años y se aplican al mismo conjunto social y geográfico. Esta revisita es comparable con las revisitas realizadas contemporáneamente a otros cacicazgos por el mismo Egan, en el Corregimiento de Arica, lo que permite analizar las conductas y políticas de este corregidor así como tener una visión del conjunto del Corregimiento. 

El valor de los documentos históricos radica en la información que contienen con relación a una determinada sociedad en el tiempo. En este sentido, el documento que publicamos contiene gran cantidad de información demográfica y de la organización política para el o los años de la encuesta (segunda mitad del siglo XVIII). 

Palabras claves: historia colonial indígena local, siglos XVII y XVIII, Arica, Codpa. 
In this study we demonstrate that the social unit named the "Chiefdom of Codpa" was a colonial construction of the 17th century, as a consequence of interrelated but independent social forces that merge in a social process that was convenient for the Andean farmers of different origin that integrated this community.

Along with this study we publish a colonial document, which is part of a series of other document of similar nature, as the "Revisita en los Altos de Arica" carried out by the royal officer Joaquín de Cárdenas in 1750, published in a modest edition of 100 copies, in 1978. Both revisitas are separated in time by 22 years, and took place in the same geographic and social setting. The revisita of Egan to Codpa is comparable with contemporaneous inspections to other chiefdoms in the Corregimiento of Arica realized by this Corregidor , and allow us to analyze the politics and behavior of this personage, as well as to shed light on the social condition of the Corregimiento in general.

The value of historic documents emanates from the information they contain regarded to a particular society in time. The document we publish here contains a great amount of demographic information as well as issues linked to political organization in the colonial time covered by the document (second half of 18th century).

Key words: Indian local colonial history, 17th and XVIIIth centuries, Codpa, Arica.


Ortega señalaba que los hombres no tienen naturaleza, sólo historia. Aun cuando las investigaciones actuales no concuerdan con las reflexiones del filósofo español, estableciendo una mayor relación entre la biología y la conducta, se puede aceptar que el hombre está constantemente auto-construyéndose y transformándose en las relaciones lingüísticas y sociohistóricas2. Sin duda estos cambios afectan o son producidos incluso por sociedades campesinas alejadas de los sitios de poder, como los pueblos andinos de las desérticas sierra, altiplano y oasis de Arica, Tarapacá y Atacama3. La apariencia de inmovilidad se desvanece en una mirada más cercana, donde descubrimos sus constantes transformaciones internas y cómo su integración en el sistema de gobierno colonial supuso una larga historia de relaciones con el Estado, la iglesia, el mercado y otras agencias que terminaron siendo parte de sus propios esquemas de vida. Por cierto que estos procesos de integración no los constituyeron ni en españoles, ni en mestizos; tampoco su condición de "indios", categoría colonial, fue similar a la de sus antepasados prehispánicos, o idéntica a la de sus vecinos contemporáneos, aun cuando la mayor parte de ellos continuara hablando aymará o cunza y cultivando la tierra con una tecnología en gran parte heredada de los abuelos. 

En otros trabajos hemos demostrado que la unidad social "Cacicazgo de Codpa" fue una construcción colonial del siglo XVII como resultado de la acción histórica complementaria de fuerzas sociales relacionadas, pero independientes en sus intereses que, sin embargo, coincidieron en un proceso que fue conveniente para campesinos andinos de diversas procedencias, aunque mayoritariamente vinculados por sus orígenes con Carangas, que de ese modo se desvinculaban de la mita de Potosí y de otras obligaciones; fue también una oportunidad para que diversos líderes locales consolidaran y ampliaran la esfera de poder étnico, entre los que triunfó una familia que creó un linaje de descendencia patrilineal que se ajustaba a las concepciones europeas de primogenitura, pero que a la vez supo utilizar los mecanismos de reciprocidad andina; y, por último, también fue un instrumento exitoso para los corregidores españoles de Arica que pudieron resolver sus esporádicos conflictos con los corregidores de Carangas, pudiendo controlar los tributos y la mano de obra de una zona que, por su extensión y características orográficas y climáticas, era muy difícil de administrar sin la colaboración de los campesinos y sus líderes andinos4

De ahí que los cambios ocurridos en esta área desde tiempos prehispánicos no permiten anticipar necesariamente una solución de continuidad entre los asentamientos del siglo XVIII y aquellos del siglo XVI aun cuando los nombres de los valles puedan en algunos casos ser los mismos. Aun resta mucho por investigar en este terreno. Hay que recordar los significativos cambios que introduce la acción de instaurar pueblos en la época de Toledo que significó la eliminación de numerosos asenta-mientos dispersos para fundar pueblos donde la población concentrada fuera más fácil de adoctrinar y de ser convocada para las tareas y exigencias coloniales. Juan Maldonado Buendía, el capitán español enviado por Toledo a realizar esta tarea en la provincia de Collesuyo o Moquegua, que se extendía desde el río de Arequipa hasta el Loa, encontró 226 pueblos que redujo a 22, estableciendo trece doctrinas para administrar los sacramentos5. Con posterioridad al proceso toledano, los pueblos andinos, organizados en el esquema hispano, continuaron desplazándose o cambiando sus asentamientos por diversas causas, entre ellas conflictos internos6

Al aproximarnos a un documento como el que ahora publicamos debemos tener presente que puede ser objeto de múltiples lecturas7. Forma parte de una cadena de textos similares o comparables. Sin intentar un listado completo, está en la línea de la "Revisita de los Altos de Arica" realizada por el oficial real Joaquín de Cárdenas en 1750 y que publicamos completa en una modesta edición de 100 ejemplares a mimeógrafo en 1978; ambas revisitas se superponen en el tiempo luego de 22 años y en el mismo conjunto social y geográfico. Por otra parte, es comparable con las revisitas contemporáneas de otros cacicazgos realizadas por el mismo Egan en el Corregimiento de Arica que permiten analizar las conductas y políticas de este corregidor, así como tener una visión del conjunto del Corregimiento. En ambos casos, se trata de censos de la población indígena que se ajustan a un modelo de encuesta estatal que busca información de "indios" esa única categoría de personas que pagaban tributos personales en la sociedad colonial hispana. Desde un punto de vista demográfico es de interés comparar este tipo de listado con los libros eclesiásticos parroquiales de registros de bautismos, matrimonios y fallecimientos. En este último sentido la revisita tiene ventajas y desventajas. Por una parte, se trata de una visión más cercana a la idea de censo, una fotografía instantánea del estado total de la población en un momento determinado del tiempo; por otra, se limita sólo a la población reconocida como indígena y, por tanto, deja fuera a todos aquellos que escapaban a esta condición o que pertenecían a otras castas o que fueran considerados mestizos o blancos y que sí aparecen en los libros parroquiales. 

El valor de los documentos históricos radica en la información que contienen con relación a una determinada sociedad en el tiempo. En este sentido, el tipo de documento del que forma parte el que ahora publicamos es uno que contiene gran cantidad de información demográfica y de la organización política para el o los años de la encuesta. El documento "revisita" es lejanamente comparable a un trabajo de campo en la medida que es un recorrido por los diferentes pueblos del cacicazgo recolectando información que se traduce en un listado de toda la población considerada indígena, organizada por unidades censales o geográficas que es, a su vez, subdividida en otros listados. Las unidades principales son los pueblos que en algunos casos coinciden con ayllus y en otros casos están subdivididas en ayllus, que es un tipo de organización que tiene más relación con lazos consanguíneos que con vínculos residenciales determinados por la geografía8. El pueblo andino, impuesto y reglamentado en los Andes, fundamentalmente, por las reformas de Toledo que se remontan a la década de 1570, quedó normado en la Recopilación de Leyes de Indias. Sin embargo, las transformaciones históricas obligaron a la burocracia a reconocer nuevos tipos de pobladores que se incluyeron en las instrucciones entregadas a los visitadores9. Dos criterios normaban los listados que tenían como finalidad establecer el pago del tributo diferenciado por el origen de los varones tributarios así como la jerarquía política para su recolección. Por una parte, el conjunto formado por el sexo, estado civil, edad y, por otra, el origen o ascendencia. A ello se agrega la jerarquía política que no siempre es visible; normalmente la autoridad superior o cacique encabeza los listados; otros cargos como los integrantes del cabildo indígena o ayudantes de la Iglesia no se mencionan en el cuerpo de esta revisita; sin embargo, en la foja 78v, se listan 23 indios exentos de tributo o rebajados por sus cargos y son: una segunda persona del cacique, seis sacristanes, seis cobradores y 10 alcaldes de los pueblos. En cada unidad censal se inicia la revisita con los "originarios casados" y sus esposas e hijos, en algunos casos estos subconjuntos corresponden a familias nucleares y en otros a fragmentos de esas estructuras en la medida que cada hijo mayor de 18 años o casado pasa a formar parte de otro listado; lo mismo ocurre con algunas mujeres dependiendo de sus edades y estado. Siguen los "originarios viudos" y luego los "originarios solteros". Se finaliza con los "originarios reservados", éstos eran los mayores de 50 años o incapacitados por enfermedades, ambas condiciones los excluían legalmente de la condición de tributario. Luego seguían las diversas categorías de "originarias" mujeres, solteras y viudas. Se repetían estos datos en las categorías de forasteros, cholos y zambaigos. De cada persona se informan, además del nombre, sus edades. 

Los tributarios se incluían en varias categorías de acuerdo a su origen. Los originarios eran aquellos tributarios que se suponían descendientes de los primeros pobladores. Normalmente los originarios gozaban de tierras hereditarias; sin embargo, hay excepciones, como verán los lectores. En los originarios recaían, además, las responsabilidades y los cargos políticos de la comunidad. En el índice onomástico hemos incluido a todos aquellos que aparecen con algún título de este tipo. 

Los forasteros, en esta revisita, son migrantes radicados, casados o solteros, con o sin tierras de repartos en los pueblos del Alto de Arica que integraban el extenso cacicazgo de Codpa. En otros lugares, y en otros momentos históricos, los forasteros pueden ser una categoría de gente que, originaria de otro lugar, se encuentren radicados en el sitio de residencia por dos o más generaciones10. En esta revisita, los forasteros pagan la misma tasa que los originarios, o sea, tres pesos y un real por tercio, es decir, seis pesos dos reales anuales. Sólo los forasteros de Choquelimpie pagaban veinte reales (un peso contenía ocho reales) por tercio y el visitador Egan les igualó la tasa con la de los tributarios, argumentando que había sólo nueve de éstos en el asiento y que los forasteros disfrutaban de los relaves de las antiguas minas (foja 78r). 

Los cholos y los zambaigos corresponden a categorías sociales estamentales que se fundaban en el mestizaje. Los cholos poseían un cuarto de sangre española, es decir, eran descendientes de la unión de una persona indígena con un mestizo11. Lo mismo ocurría con los zambaigos, pero en este caso se trataba de descendiente de una persona mulata con un indígena. En ambos casos podían tener o no tierras de reparto comunal. Las instrucciones, que preceden a la revisita, señalan que estaban exentos de la mita, que a esta fecha ya no existía en los Altos de Arica. 

Egan menciona que en el pueblo de Codpa se había radicado en el siglo XVII una cantidad de mestizos, que recibieron en arriendo tierras de cultivo de los caciques. En el momento de la revisita los mestizos formaban más de cien familias. Egan estimó improcedente modificar esa situación para no dejar a esas familias sin recursos o en la miseria, a pesar de las demandas de los tributarios que estimaban sus tierras como escasas debido al aumento de la población. Los mestizos siguieron siendo arrendatarios con lo cual contribuían al pago de las tasas que debía recolectar el cacique. De estos mestizos de Codpa se había formado una compñía de milicia que hacían el servicio de vigía en el puerto de Camarones y otros de la costa, en servicio del rey y sin percibir sueldo (foja 78r). 

Como hemos señalado, los reservados eran los mayores de cincuenta años, edad límite para el pago de los tributos o personas que, por sus imposibilidades físicas, no estaban en condiciones de tributar. Se agregan las viudas, los huérfanos y las huérfanas, todas categorías exentas del pago de tributo. La tradición andina establecía que la propia comunidad se hiciera cargo de aquellos que no poseían la capacidad de producir sus alimentos; para ello la comunidad establecía tierras de los huérfanos, de las viudas e incluso de la Iglesia, que eran trabajadas colectivamente para proveer recursos a los beneficiarios. Hay diversas pistas que indican la vigencia de estas instituciones en la colonia tardía. 

La comunidad andina colonial entonces estaba integrada por diversos tipos de personas y, sin duda, las diferencias sociales entre los propios originarios eran bastante acentuadas, aun cuando el sentido de solidaridad social era muy fuerte. La comunidad campesina andina colonial no era homogénea; sin embargo, las diferencias sociales entre campesinos andinos en estas áreas provinciales pudieron ser no tan marcadas como las que existían en otros lugares y aún menos, comparadas con la sociedad colonial en su conjunto, donde españoles y criollos eran los dueños de la mayor parte de la riqueza de valor comercial así como del poder eclesiástico y político. 

Sin embargo, no debemos ver este documento tan sólo como una fotografía de la época o un texto que refleja o se limita a describir objetivamente y sin mayor intención una sociedad histórica. En realidad estamos en presencia de un acto de la autoridad colonial para hacer sentir su presencia hasta en los más lejanos y apartados pueblos del Altiplano12. El corregidor con su comitiva se hacía presente portando instrumentos de descripción que de cierta manera construyeron una realidad, hacían del campesino andino un indio, un cholo, un zambaigo, señalando y controlando el destino de los jóvenes, aprobando autoridades, investigando y haciendo observaciones en terreno sobre las autoridades, la cantidad de tierras de reparto y otras. La revisita, como cualquier otro documento histórico, debe ser analizada como un texto complejo, donde se escuchan diversas voces y hay diversas intencionalidades y actores. En este sentido es más parecido a una novela que a una carta. 
Por ello debemos leer con atención los documentos que preceden a la revisita propiamente tal. Las autoridades, incluidas las más altas del Virreinato del Perú, participan dando legalmente la orden de hacer la revisita, impartiendo las instrucciones que se debían seguir; las categorías sociales que se debían encontrar; las autoridades regionales, civiles o eclesiásticas que debían participar, y quienes harían la encuesta. 

Se puede imaginar la comitiva del corregidor y sus ayudantes. Ella incluía al cura, al doctor Diego de Zaconeta y a su personal que llevaban los libros parroquiales; al pregonero que anunciaba a gritos en cada esquina del pueblo la misión que los traía y las obligaciones de los tributarios de responder a la información solicitada; al escribano, que en este caso es el amanuense Rafael Bahamondes; el protector de naturales, Juan Joseff de López de Santana; el defensor de la Real Hacienda, Juan Esteban Viscarra; el Alguacil Mayor, Bernardo de Vilanova; el intérprete, Jossef Sinforiano Jimenes; el cacique principal, Diego Phelipe Cañipa; sirvientes, arrieros, los encargados de las monturas, y otros, todos los cuales debían ser alimentados y atendidos por las comunidades13. A las voces locales que registraba la visita se agregan, al final de la misma, los comentarios críticos del propio revisitador, el corregidor de Arica, Demetrio Egan, que entregan valiosa información sobre la vida de los campesinos de los Altos de Arica en esa época. 

La revisita en realidad finalizaba en Lima cuando la Contaduría Mayor establecía el número de tributarios de cada pueblo y, en consecuencia, la suma del tributo anual. Luego este dato se congelaba hasta una próxima visita. A partir de allí el pago del tributo era una responsabilidad del pueblo o del ayllu en su conjunto y las variaciones negativas debían ser financiadas por el cacique y los recolectores del tributo. Por ello en la revisita es importante el cotejo con los libros parroquiales y certificar las defunciones; de otro modo los muertos debían seguir pagando tributos. En algunos casos esta absurda deuda recaía sobre los tributarios; en otras, el cacique lograba arrendar tierras de reparto a forasteros para cumplir con los tributarios ausentes por muerte o por aquellos que migraron a otros lugares. Estas circunstancias eran particularmente críticas en caso de pestes. Las certificaciones en algunos casos eran fuentes de conflictos, entre las comunidades y los curas que daban fe de estas defunciones, por los excesivos costos de estas escrituras. En condiciones normales, las defunciones se equilibraban con los nacimientos. Sin embargo, estamos en una época de reformas donde el rendimiento de los funcionarios era evaluado por el aumento de los ingresos fiscales. De modo que, al margen que la población estaba creciendo vegetativamente desde la mitad del siglo XVIII el corregidor se esforzó para que ese crecimiento fuera aún mayor. Cualquier lector va a reparar como la categoría de los 18 años fue abultada, pues es notablemente mayor que las de 15 a 17 o las de 19 a 21. Por años siguieron reclamaciones de quienes se consideraban injustamente incluidos en las categorías de tributarios, especialmente en los casos de cholos y zambaigos que reclamaban para sí la condición de mestizos. 

Respecto a la organización y el número de tributarios en 1773, en la Tabla 1 se pueden comparar estos datos con los que ofrece el Sumario de la revisita de Cárdenas en 175614 con la revisita de Egan de 1772. 


La comparación de 1750 con 1772 muestra un significativo aumento de la población y en prácticamente todos los pisos y pueblos andinos, siendo más significativo ese incremento en los pueblos de la sierra. La caída de la población en Choquelimpie y Caquena, podemos suponer, se debió a la decadencia de los minerales en aquellas áreas, entre 1750 y 1772. Es un dato interesante para explorar los ciclos mineros coloniales de un mineral que carece de investigación. 

Respecto a la relación hombres/mujeres se repite un fenómeno general: mayor número de las últimas. En los valles bajos había 80 hombres por cada cien mujeres en 1750 y 95 en 1772. En la sierra la misma relación era de 72 y 82 y en el altiplano de 81 y 100. El cambio de la relación entre 1750 y 1772 puede indicar por una parte que ésta se había tornado un tanto más equilibrada, o bien, que Egan se preocupó de contar más a los hombres como potenciales tributarios que a las mujeres. De hecho el aumento de los varones de 1.185 a 1.623 implica un aumento de 37%; en cambio, las mujeres crecen de 1.603 a 1.899, o sea, en un 18%. Es difícil atribuir esos porcentajes a fenómenos sociales, como una mayor inmigración masculina cuando vemos que los pueblos vinculados a la minería bajan su población; en consecuencia, pareciera que debemos atribuirlo a la "eficiencia" reformista borbónica de Egan. Sin embargo, no debemos atribuir sólo a Egan este duro afán por incrementar los ingresos fiscales. Puede verse que el cacique Cañipa intentó demostrar que debían ser rebajados de la enumeración varios individuos ausentes del cacicazgo enumerados en la revisita de Cárdenas. Recibida la información pertinente de testigos, el defensor de la Real Hacienda aceptó rebajar a uno de los seis ausentes: a Antonio Lupis-taca, quien había asesinado a su mujer y había huido (Ver texto adjunto fojas 72v-77r). 

Es evidente que la revisita de Codpa de 1772 refleja mejor que la de 1750 las presiones fiscales propias de las políticas de los gobernantes Borbones que en la tesis de Brading apuntaban a una verdadera reconquista de América15. La falta de eficacia de la política de los Austrias en el siglo XVII llevó a una crisis de las políticas fiscales hispanas tanto en Europa como en América. Los reyes Borbones y sus ministros trataron de revertir este estado de decadencia organizando un estado más vigilante, mejor informado, con funcionarios de mejor rango, más preparados, con un aparato militar fuerte y organizado, con medidas económicas entre las que destacan los aumentos de impuestos e instituciones mejor reglamentadas y equipadas para hacer efectiva su cobranza, junto a medidas destinadas a favorecer el incremento de las actividades productivas y el comercio. Más tarde llegarán los intentos de mejorar los niveles de instrucción y un discurso ilustrado que penetrará profundamente en las capas criollas y que creará con el tiempo contradicciones con la metrópoli. Sin embargo, había problemas estructurales para organizar una buena administración que evitara la tradicional corrupción de las autoridades. Los salarios fiscales parecían insuficientes para la categoría y el rango que tenían algunos funcionarios, entre ellos los corregidores. 

Los corregidores eran figuras claves en la administración de las provincias. Reunían, en una persona e institución, las atribuciones de los poderes del estado; en consecuencia, eran los representantes del Rey en la provincia y con facultades ejecutivas, legislativas, judiciales, militares y policiales. Dado que sus sueldos eran insuficientes se toleró y generalizó desde fines del siglo XVII la práctica que estos funcionarios pudieran vender, de modo forzado, mercaderías a los campesinos andinos y a otros sectores sociales provincianos; es el llamado "reparto forzoso de mercaderías", institución de la cual existe una extensa bibliografía, entre ella se destacan los textos de Tord (1974; 1981), Golte (1976), Moreno (1977) y O'Phelan (1988). De acuerdo con Golte, el "reparto" no fue un abuso más, a pesar de lo cruel que pudo ser su práctica. Fue un sistema destinado a crear un mercado interno susceptible de ser ampliado al aumentar la cantidad y los valores a repartir. No obstante que este sistema fue legalizado entre 1750-1756, muy pronto los corregidores superaron el arancel o listado de mercancías, incluidas las cantidades y precios que podían vender en sus distritos. Con ello, para pagar las deudas generadas por el reparto, se forzaba a los campesinos a vender un porcentaje creciente de sus cultivos, originalmente destinados a la subsistencia familiar y a ofertar su fuerza de trabajo creando posibilidades de crecimiento para la minería, la agricultura de las grandes haciendas y de los obrajes o manufacturas coloniales. 

Es razonable entonces que en la perspectiva indígena la queja principal estaba dirigida contra el excesivo "reparto" y otros abusos de los corregidores. En el caso de Arica, fueron en contra del corregidor Egan los reclamos más importantes que tenemos registrados, como se aprecia en las denuncias de la mayor parte de los caciques del corregimiento de Arica, en 1776. Aquí sólo deseamos recordar que un año después que Egan había dejado la provincia, el cacique de Tarata, don Pedro Copaja y Ninaja, se quejaba que Egan los había reducido a la condición de esclavos suyos por medio del reparto. En sus cinco años de gobierno, Egan, en vez de hacer un reparto, triplicó ilegalmente la cantidad que tenía autorizada y, además, repartió otras mercaderías que no se incluían en su "arancel". Por los datos entregados por el cacique, el promedio de los campesinos de Tarata empleaba el producto de dos de sus tres "topos" de tierras en el pago de tributo, reparto y demandas eclesiásticas (Hidalgo 1987:216-221). Los líderes étnicos buscaban apoyo en las difíciles situaciones coloniales utilizando las divisiones entre los funcionarios reales. Pedro Copaja encontró aliados en los oficiales reales y gracias a ellos pudo sostener un juicio contra el corregidor Egan cuyos resultados finales no conocemos16

Egan merece una nota aparte por las opiniones que expresó en sus proyectos o ensayos. En uno de ellos defiende la necesidad de mantener el reparto y, de paso, critica algunos sectores y prácticas de la sociedad colonial como el excesivo número de fiestas religiosas, sosteniendo que si el reparto no lo hicieran los corregidores lo harían otros sectores como los curas y hacendados. También se pronunció sobre la necesidad de mejorar la defensa interior del reino y de alguna manera previno una rebelión como la de Tupac Amaru que ocurriría un año después de escrito su texto. Por sus opiniones sobre el reparto, el historiador español Alfredo Moreno (1977) le ha dedicado algunas páginas de gran interés. Se trató de un corregidor que por sus escritos y obras podría ser calificado de "corregidor ilustrado". Entre sus escritos está la revisita que comentamos y otras que esperan ser publicadas como las de Tarata e Ilabaya, del mismo modo sus informes para las autoridades virreinales: "Sistema sobre los repartos, 1778" y el "Proyecto para la seguridad interior del reino"17

El documento adjunto nos aproxima a otro personaje histórico. La revisita de Codpa se inicia en la casa del cacique don Diego Felipe Cañipa, personaje importante por varios motivos. Es el último cacique de un linaje que gobernó los pueblos andinos de los Altos de Arica desde mediados del siglo XVII (Durston e Hidalgo 1999; Hidalgo y Durston 1998). Su presencia es relativamente frecuente en el Achivo Administrativo de Arica así como en el Judicial de Arica en el Archivo Nacional de Chile. Su nombre está también en la notable campana de bronce que posee una leyenda con su dedicatoria, en la hermosa iglesia de Livilcar, pueblo de su familia y donde aun habitan algunos de sus descendientes18. En el índice onomástico pueden verse todas las referencias a este cacique en el texto de la revisita, incluida la declaración de sus bienes. Siete años después, en 1781, Cañipa fue ejecutado en Codpa por mantener su fidelidad a la corona española frente a los partidarios de Tupac Amaru que lo urgían a unirse a sus fuerzas (Hidalgo 1986:199). Cañipa siguió la línea de casi todos los caciques de Arica y Tarapacá, en tanto los campesinos participaron activamente en la rebelión. 

En los años setenta, el primer autor se encontró con la revisita de Codpa de 1773 en el Archivo Departamental de Tacna y, gracias a la gentileza del Dr. Luis Cavagnaro, entonces director de ese archivo, me fue permitido hacer una fotocopia. La intención era publicarla a la brevedad. Sin embargo, nuestro colega e inolvidable amigo Franklin Pease, unos días antes se había encontrado con el mismo texto y me informó de ello al visitarme en Arica. Acordamos que la revisita de Codpa debía publicarla él. Por razón de sus numerosas obligaciones, Franklin no alcanzó a hacerlo y sentimos que cumplir con esta tarea es un homenaje póstumo al amigo y al gran historiador. 

Junto a ello, cuando en 1978 publicamos Revisita a los Altos de Arica en 1750 escribimos en el primer párrafo de la introducción lo siguiente: 

"El documento histórico que publicamos acá, seguramente, será de interés para los habitantes de los pueblos del interior de Arica, porque podrán encontrar en él los nombres y edades de sus ancestros a mediados del siglo XVIII. No se trata de un árbol genealógico, pero sí de una visión global en un momento del pasado colonial de lo que fue el cacicazgo o repartimiento de Codpa, de los Altos de Arica" (Hidalgo 1978: I). 

Fue nuestro primer objetivo que ese documento fuera de interés para la población actual de los Altos de Arica, por ello aun cuando esa revisita ha sido extensamente citada por especialistas nos ha resultado aún más grato saber que también ha sido de utilidad para los descendientes de los aymaras del siglo XVIII. La comunidad indígena de Tignamar nos señala en una carta del 17 de febrero de 2003 cómo ese documento les ha servido para recuperar territorios cuyos títulos se remontaban a 1758, y que incluyen pastizales, vegas, cerros, pampas y quebradas. Sus representantes enfatizan la necesidad de documentos coloniales para establecer la "exactitud del universo real denominado COMUN DE LOS INDIOS DEL PUEBLO DE TIGNAMAR... Por tal motivo, necesitamos urgentemente si usted nos puede enviar antecedentes e información de lo [que] fue la revisita del año 1773 (...) nos servirá una enormidad para conocer con exactitud de qué troncos de familias venimos, quiénes desaparecieron y quiénes se incorporaron a través del tiempo hasta la fecha actual, que hoy forman la comunidad de Ticnamar: 

"Una vez más, señor Hidalgo, le reiteramos nuestros infinitos agradecimientos, el habernos dado la oportunidad de leer su libro publicado el año 1978, sobre lo que fue el pasado colonial del cacicazgo de Codpa, del cual ahora podemos decir con orgullo que tenemos un pasado histórico y recuperar nuestra identidad aymara". Firman la carta: Eduardo Subieta Tarqui, secretario, y Oscar Omar Mena Mena, presidente. 

Don Eduardo y don Oscar nos han impuesto después de su carta una grata tarea, pues si bien la investigación histórica para nosotros ha sido un placer más que una obligación, conocer el interés y utilidad que tienen estos documentos rescatados de los archivos para los amigos andinos es un gran incentivo adicional. 

Finalmente, en la transcripción del documento, se trató de seguir el texto lo más fielmente posible y sólo se desarrollaron las abreviaturas agregando en negrilla las letras que faltaban en cada palabra. El texto de la revisita fue foliado en tiempos recientes, seguramente por algún funcionario del archivo; tenemos la sospecha, sin embargo, que falta una foja entre la 13 y la 14. El documento que publicamos fue ubicado, como hemos señalado, por el primer autor, y Nelson Castro y Soledad Gonzalez han tenido la responsabilidad de su transcripción y la elaboración de los índices toponímico, onomástico y el índice general. En el índice onomástico se han incluido sólo los nombres de aquellas personas que aparecen con algún rasgo particular. 
 
 

Notas

1 Esta publicación fue preparada originalmente como parte del proyecto FONDECYT 1.000.089; sin embargo, en la actual versión se introdujeron cambios importantes en la introducción así como en la transcripción del texto de la Revisita y, consecuentemente, en los índices. Todas estas tareas han sido realizadas como parte del Proyecto FONDECYT 1.030.020 "Historia de los pueblos andinos de Arica, Tarapacá y Atacama: Colonización, etnogénesis e ideologías coloniales. Siglos XVI- XVIII". 

2 Julio Aróstegui plantea una interesante crítica a los planteamientos de Ortega, véase Aróstegui (2001:229)

3 Horacio Zapater (1973: 9) señala que para estudiar la cultura indígena en algunas regiones apartadas o marginales, especialmente las australes, donde el proceso cultural europeo estaba en sus inicios se pueden utilizar crónicas del siglo XVIII de una manera equivalente a una del siglo XVI. Más adelante en 1976-77 comparando los datos de Vivar con los aportados por Philippi concluye que "los modos de vida en tres siglos habían experimentado en San Pedro [de Atacama] relativamente pocos cambios" (Zapater 1976-77: 52). 

4 Ver Hidalgo y Durston (1998) y Durston e Hidalgo (1999). Cúneo Vidal (1977) planteó el origen colonial del Cacicazgo de Codpa, pero su análisis siguió más bien un carácter genealógico. 

5 Carta del Capitán Juan Maldonado Buendía al Rey, La Plata, 25 de mayo de 1575, A.G.I. Audiencia de Lima, Leg. 123. Citado por Alejandro Málaga Medina (1974)

6 Gade (1991) y Saignes (1991)

7 Para una visión amplia e histórica de la "Institución Visita", puede verse el texto de Guillermo Céspedes del Castillo (1946), quien diferencia y distingue residencias, visitas y pesquisas entre los instrumentos jurídicos que permitían a los soberanos castellanos ejercer su derecho de "inspeccionar la actuación de los organismos gubernativos y funcionarios públicos" (página 984), así como la transformación de la institución visita en Indias. Villalobos (1981) revisa el tema de la visita y revisita de indios en el Perú desde el siglo XVI desde la perspectiva de los objetivos de la administración hispana. 

8 Véase Enrique Mayer 1972

9 Véase la Provisión de Visita, Lima 14 de diciembre 1772, con las instrucciones que debía seguir Egan en la Revisita de [los Altos de] Arica, entre las fojas 1r a 6v en el texto adjunto. 

10 El tema de los forasteros ha sido ampliamente estudiado en diversas áreas y desde diversos puntos de vista; véase, por ejemplo, Nicolás Sánchez-Albornoz (1978), como un indicador de las transformaciones sufridas por las comunidades andinas coloniales, y a Jurgen Golte (1980) para una discusión sobre su influencia en las rebeliones andinas del siglo XVIII. 

11 Véase Spalding (1974). 

12 Véase la reinterpretación del documento "visita" en Guevara y Salomon (1994)

13 Céspedes (1946: 1000) aclara que el visitador "no podía escoltarse de soldados, posible amparo de vejaciones y abusos". 

14 Sumario de la revisita de los repartimientos del Corregimiento de Arica por el Oficial Real Joaquín Xavier de Cárdenas, Tacna 27 de agosto de 1756, en libros de la Cajas Reales de Arica, Vol. 3, f 213r-f 221r. Instituto de Historia y Bibliografía, Escuela de Derecho, Universidad de Chile, Santiago. Este documento ha sido publicado por Villalobos (1981)
15 Véanse Brading ( [1971] 1975, 1990) y Lynch (1989)

16 Véanse: a) Archivo General de Indias, Sevilla, España (de aquí en adelante: A.G.I.), Lima 895 "Los oficiales reales de Arica v/s Egan" , Arica 1776. 
b) A.G.I., Lima 895 "Los Oficiales Reales de Arica... representan a V.M. los inconvenientes que ocurren de la asistencia de los corregidores...", Arica, 1777. 
c) Archivo Nacional de Chile, Administrativo de Arica, (de aquí en adelante: A.A), Leg. 4, "Razón de los repartos que hizo el Corregidor don Demetrio Egan", Arica, 1778. 

17 Véanse: A.A. Leg. 3, Revisita de Ilabaya de D. Egan, 1773. 
A.A. Leg. 4, Revisita de Tarata de D. Egan, 1773-74. 
Archivo Departamental de Tacna, leg. 1 C. 8 , año 1772. 
Revisita de Codpa de D. Egan, 1772. 
A.G.I: Lima 1002. Copia del dictamen sobre los repartos que dio el Coronel don D. Egan al Exc. señor don Manuel Guirior, virrey del Perú en el año 1778. 
A.G.I. Lima 1002, "Proyecto que propone... D. Egan para la seguridad interior del Reino", 1779. 

18 Véase en Santoro y Ulloa (1985: 91) fotografías de la Iglesia y Campana, en esta última se lee la fecha de la fabricación y donación de la campana 1779. Las fotografías citadas fueron tomadas por el primer autor de esta introducción con ocasión de una visita al pueblo de Livilcar realizada con Calogero Santoro hace unos 20 años 

Referencias Citadas

I. Fuentes manuscritas

a. A.A. (Administrativo de Arica, Archivo Nacional de Chile) Legajos 4, 3.          [ Links ]

b. A.D.T. (Archivo Departamental de Tacna, Perú) Legajo 1.          [ Links ]

c.A.G.I. (Archivo General de Indias, Sevilla) Audiencia de Lima, 895, 1002.          [ Links ]

d. C.R.A. (Cajas Reales de Arica, Escuela de Derecho, Universidad de Chile, Santiago) Volumen 3.          [ Links ]

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Comunidad Indígena Aymara
de Ticnamar. Pers. 24 Ley 19.253
 
 
 

OFICIO N° 104*
Ref. - Solicita Información de Revisita 
A los Altos de Arica, año 1773 
ARICA, 17 de Febrero del 2003 

Señor
Jorge Hidalgo L.
Los Agustinos 5315
Comuna Nuñoa - Santiago
 
 

Muy respetado señor: 

Por la Presente, en nuestra calidad de representantes de los Comuneros del Pueblo de Ticnamar y Comunidad Indigena, reciba en primer término los más sinceros saludos y agradecimiento a tan loable labor al estudio antropologico que Ud. dirige en lo profesional. 

Nuestra Comunidad, ha poseido en uso y goce ancestralmente, hasta el dia de hoy en forma tranquila y pacífica, los territorios de la Propiedad denominada "DIEGO APASA Y EL COMUN DE INDIOS DEL PUEBLO DE TICNAMAR", ellos fueron los titulares del inmueble. 

Antecedentes que se sustentan en la Compraventa que data del año 1758, pasando por los años 1773, 1856 y en Registro Chileno, despues de la Guerra del Pacifico, en los años 1903, 1909 y 1944, propiedad inscrita y reinscrita que rola a fojas 56 N° 55 del Registro de propiedad del C.B.R. de Arica. 

A pesar de estar bien inscrita la propiedad, en diferentes épocas nos ha traido conflictos entre comuneros por intereses personales de querer vulnerar los derechos de los demás, arrogandose derechos y acciones de poseciones y sucesiones, debido que los Títulos estaban perdidos ( Archivo Nacional ), recien en el mes de Sep.del 2000, se encontraron los documentos despues de una búsqueda esteril en el Archivo de Tacna ( Peru ), en la Oficina de B. Nacionales no tenian antedtes., pero se pagaban contribuciones, que no indicaban nada con su rol. 

Sin embargo, con todo los documentos a la vista, todavía hay un grupito de comuneros, que insisten de un modo de avivamiento quedarse con los Territorios ( Pastales, Vega, Cerros, Pampas y Quebradas ), han recurrido a los Tribunales de Justicia, en las cuales veremos los resultados judiciales, despues de una contensiosa oposición y esperamos que Comunidad saldra beneficiada a travez de una sentencia judicial o avenimiento de reconcilación. 

Para que ocurra este milagro, el Sr. Coservador de B. Raices de Arica, recomienda que debe hacerse los estudios históricos, sociológicos, antropológicos, genealógicos y jurídicos del título, que el caso requiere y se precise con exactitud el universo real del denominado "COMUN DE INDIOS DEL PUEBLO DE TIGNAMAR", desde el referido año 1758, pasando por los años 1773, 1856, 1903,1909 y 1944, hasta la fecha actual, determinandose consecuentemente quienes al dia de hoy tienen derecho sobre dichas Tierras y cuales son sus cuotas o partes alícuotas en esta gran comunidad territorial. 

Tambien, aconseja el Sr. Conservador, que la Ley Indígena N° 19.253, debe inscribirlo en el Registro de Tierras indígenas, para protegerlo y fomentar su desarrollo, estos tramites se hizieron, pero hubo oposición de los otros recurrentes. 
Por tal motivo, necesitamos urgente si Ud. nos pueda enviar antecedentes e información de lo fue la Revisita del año 1773, solo en lo que es de Tignamar, documentos conjuntamente con lo de 1750, nos servirá una enormidad para conocer con exactitud que troncos de familias venimos, quienes desaparecieron, y quienes se incorporaron a travez del tiempo hasta la fecha actual, que hoy forman la Comunidad de Ticnamar. 

Somos una Comunidad Indígena Aymara, un poco ignorante en documentos historicos, juridicos y otros, pero algo hemos aprendidos y hasta podemos defendernos, nos sirvio de mucho el andar en la búsqueda de los papeles, llegando a Ud. Sr. Hidalgo, que esperamos su ayuda y se lo agradeceremos de corazón, si hay una posibilidad de ponernos en contacto con alguna institución o universidad. 

Una vez más Sr. Hidalgo, le reiteramos nuestros infinitos agradecimientos, el habernos dado la oportunidad de leer su libro publicado el año 1978, sobre lo fué el pasado colonial del casicazgo de Codpa, del cual ahora podemos decir con orgullo que tenemos un pasado historico y recuperar nuestra identidad aymara. 

Le saludamos muy Atte. 
 
 
 

Eduardo Subieta Tarque
Secretario 
Oscar Omar Mena Mena
Presidente 

Hay firmas. 
 
 

* Carta transcrita textualmente donde se respetó la escritura original.
 
 

Nota Scielo

Información de Revisita A los Altos de Arica, año 1773 disponible solamente en PDF del artículo debido a su extensión.

 

 

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