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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.35 n.2 Arica jul. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562003000200011 

Volumen 35, Nº 2, 2003. Páginas 315-320
Chungara, Revista de Antropología Chilena

DE LO TÉCNICO PROFESIONAL A LO SOCIAL:
UN PROCESO TRANSHUMÁNTICO

FROM THE TECHNICAL-PROFESSIONAL TO THE SOCIAL:
A TRANSHUMANTIC PROCESS

Carolina Jiménez* y Roxana Seguel**

Se dan a conocer las experiencias y reflexiones que surgen en el marco de los trabajos desarrollados en el Museo Arqueológico y Etnográfico Parque El Loa, en relación con la participación que les cabe a las comunidades locales en materias vinculadas con la identificación, apropiación y valorización del patrimonio arqueológico comunal. Si bien es cierto, el proyecto fue planteado inicialmente como un trabajo esencialmente técnico, prontamente se desarrollan algunas iniciativas orientadas a difundir sus alcances y logros. Tales iniciativas, materializadas a través de los medios de comunicación local y en la realización de las llamadas "tertulias patrimoniales", provocaron un creciente interés de la comunidad hacia los diversos problemas y desafíos que plantea lo patrimonial, estimulando un proceso reflexivo y de cuestionamiento que abordó tanto situaciones originadas al interior de la propia comunidad como aquellas que eran producto de la participación de profesionales externos. Se destacan, por ejemplo, aspectos relacionados con la jurisprudencia de los bienes, con la escasa o nula permanencia de los restos materiales en la región y con las implicancias éticas y socioculturales que tiene la excavación de cementerios y la posterior exhibición de cuerpos humanos en los museos.

Palabras claves: Patrimonio arqueológico, comunidades locales, participación social.

This paper informs about the experiences working in the developement of the Archaeological and Ethnographic Museum El Loa Park, this included the participation of local communities in the identification, symbolic appropriation and valuation of the communal archaeological heritage. At the beginning, the project was essentially a technical work, but soon some communal initiatives were developed, such as the diffusion in the local media and informal gatherings, which created a growing interest on their cultural heritage, stimulating a reflexive process. This paper underlines different aspects such as the legal status of the cultural properties; the lack of kipping the cultural material in the region, and the ethical and socio-cultural consequences of cemetery excavations and the exhibition of human remains in the museums.

Key words: Archaeological heritage, local communities, social participation.

Hemos definido el desarrollo de este trabajo como un proceso "transhumántico", ya que de muchas formas la trashumancia es lo que ha caracterizado nuestra experiencia en la realización del proyecto de Calama.

No es nuestro interés, por el momento, entrar en definiciones conceptuales o propuestas teóricas concluyentes acerca de los modos de construcción, comprensión y apropiación implícitas en lo patrimonial. Buscamos dar cuenta de un proceso de reflexión y cambio que, al igual que en el caso de la trashumancia, fue motivado por diversos agentes externos que nos obligaron a explorar nuevos horizontes de relaciones, como única estrategia posible para el éxito de la meta propuesta: recuperar y poner en valor, a partir de acciones específicas de conservación y documentación, las colecciones albergadas en el Museo Arqueológico y Etnográfico Parque El Loa, tomando en consideración distintas visiones y sensibilidades.

Diagnóstico Inicial, la Inmensidad

de un Horizonte

Para comprender lo que realmente ocurrió durante la ejecución del proyecto "Preservación y protección de las colecciones del Museo Arqueológico y Etnográfico Parque El Loa, Calama"1, es esencial volver nuestra mirada hacia un pasado no muy lejano, donde surgen los primeros brotes de lo que posteriormente hemos concebido como "nuestra transhumancia".

Entre los años 1997 y 1998, con el propósito de finalizar una práctica profesional en arqueología, una de las participantes del proyecto se radicó en la ciudad de Calama para trabajar los materiales arqueológicos procedentes de la colección de Topater (Jiménez 1997), que se encontraba albergada en los depósitos del Museo Arqueológico y Etnográfico Parque El Loa2. La relevancia de las colecciones y el excelente estado de preservación que entonces registraba el material orgánico, hizo surgir la necesidad de generar algunas estrategias que permitieran recuperar y poner en valor de estos bienes culturales, en vista de las precarias condiciones ambientales, de almacenamiento y registro que éstos presentaban. Los principales problemas detectados se resumen en: (1) ausencia de inventario y documentación del material arqueológico; (2) carencia de un sistema de manejo y control de las colecciones en depósito; (3) dispersión de los estudios realizados sobre las colecciones, cuya información no estaba en poder del Museo; (4) sistemas de almacenamiento y embalaje inapropiados a la naturaleza y tipología de los materiales; y (5) hacinamiento, desorganización y falta de higiene de los recintos destinados, supuestamente, a la protección de tan valiosas colecciones (Seguel 1999).

El olvido profundo que emanaba de este espacio, entre cuyos muros se acumulaban, superponían y entremezclaban vidas e historias pretéritas, nos hizo volver la mirada hacia las responsabilidades disciplinarias, éticas y sociales que sustentan -o debieran sustentar- el quehacer profesional de quienes trabajan con la cultura material de hombres, mujeres y niños que ya no están. Resultó entonces ineludible la cuestión relativa al respeto y cuidado que merecen los elementos que alguna vez formaron parte de lo sagrado y cotidiano de esas existencias, en especial, cuando dichos elementos son muchas veces la única fuente de información para acercarnos a formas de vida que ya no existen.

Nuestra responsabilidad es, por tanto, con ellos y sus descendientes. Por otra parte, las evidencias que han logrado sobrevivir hasta nuestros días y que sistemáticamente recuperamos a través de los métodos de excavación, se han constituido en elementos significativos para la arqueología en la medida que representan el dato empírico a partir del cual es posible reconstruir e interpretar los modos de vidas del pasado. Su protección y preservación es nuestra responsabilidad con la disciplina y su desarrollo. Además, si consideramos que la permanencia y estudio de estos restos culturales constituye una forma de mirarnos a nosotros mismos a través de las distinciones, complementariedades o similitudes que se establecen en la alteridad, nuestra responsabilidad también es con las sociedades presentes y futuras.

Esta situación nos llevó, un tanto a ciegas, a lanzarnos en la aventura de reconocer y cambiar esta realidad. El primer y más significativo de los pasos fue la apertura y acercamiento que el propio personal de la Corporación Cultural y Turismo de Calama tuvo en aquel momento. Sumergirse en pasillos de polvo y humanidad, provocó de inmediato la convicción y compromiso de su personal para iniciar una búsqueda conjunta de posibilidades que permitieran la recuperación de esas colecciones, interesaba sobre todo sacarlas del abandono que había causado gran parte de su destrucción y deterioro. Esto se materializó en la elaboración y ejecución del proyecto antes señalado.

En el transcurso de esta experiencia se hizo evidente, de manera creciente, la necesidad de integrar al trabajo técnico profesional la mirada de diversos actores sociales, a fin de construir un abanico de posibilidades para el reconocimiento de una realidad que transita sigilosamente entre pasado y presente. La primera iniciativa se orientó a la difusión de los alcances y limitaciones del proyecto, así como de los avances y logros obtenidos durante su ejecución. Para tales propósitos se recurrió a los medios de comunicación local. Posteriormente, se organizaron algunos encuentros destinados a generar instancias de diálogo, cuyo motivo central era el intercambio de ideas y experiencias en torno a lo patrimonial, fueron las llamadas "tertulias patrimoniales". Finalmente, se coordinaron algunas visitas al depósito para comentar en terreno sobre los desafíos, presentes y futuros, que plantean las colecciones almacenadas.

Cada una de estas iniciativas aportó percepciones distintas, reafirmando con ello nuestra convicción de que la identificación, apropiación y valoración del patrimonio arqueológico no es asunto exclusivo de quienes trabajamos en este campo, sino, por el contrario, existen perspectivas e intereses diversos y, a pesar de lo antagónico que éstos puedan parecer, es necesario generar espacios apropiados que estimulen el diálogo espontáneo, capaz de fragmentar paradigmas, miedos y desconfianzas de unos y otros. Tenemos la certeza que el reconocimiento de las múltiples formas de aproximación a lo patrimonial, contribuye a enriquecer su interpretación y acrecentar sus posibilidades de apropiación y uso, bajo la mirada infinita de todos aquellos que, por distintas razones, participan de este entorno de realidad3. En nuestro caso, fue el comienzo de aquello que hemos denominado como nuestro proceso trashumántico.

Integrando Realidades: Movimientos y Desafíos

Nuestra "transhumancia", entendida como un deambular permanente por tierras y dominios diversos que se enmarca tanto en la esfera de lo técnico profesional como de lo social, se dio en dos niveles que, paralelos y simultáneos, nos llevó a visualizar la posibilidad de generar una plataforma de acción común que fuese fruto de miradas y lenguajes yuxtapuestos. Por una parte, teníamos un primer nivel que, definido como un dominio "interno", correspondía al equipo de trabajo que había asumido la responsabilidad de desplegar sobre las colecciones arqueológicas un mundo de conocimientos que -adquirido paulatinamente mediante la formación disciplinaria y el ejercicio profesional- pretendía sacar a la luz aquello que nos parecía injustamente olvidado. Y, por otra, un dominio "externo" que involucraba a los grupos locales que se relacionaban, directa e indirectamente, con nuestro trabajo y que estaban dispuestos a explayar sobre nosotros sus percepciones, aprehensiones e interpretaciones acerca de un mundo que les era tan próximo y lejano a la vez, y que había sido construido principalmente a partir de mitos y realidades que se cimentaron en la cotidianeidad de múltiples interacciones.

En el dominio interno debíamos transgredir nuestros propios límites, nuestros propios paradigmas, a fin de establecer canales de comprensión y comunicación entre quienes conformaban este naciente grupo de trabajo. Si bien es cierto teníamos un desafío común, los caminos que nos conducían a la meta eran variados y dependían esencialmente de las prioridades que surgían de matrices disciplinarias distintas. En este sentido, y a pesar de la inconmensurabilidad total o parcial que plantea Kuhn (1993[1962]), nuestro gran desafío fue precisamente expandir las fronteras paradigmáticas en busca de aquellos intersticios de compatibilidad y aceptación necesarios para tejer una trama comunicacional compartida que posibilitara, de manera flexible, la entrada y salida a diversos dominios de realidad.

Esta transhumancia significó largas horas de silenciosa observación que se entremezclaron con extensas y variadas conversaciones que, entre "lo humano y lo divino", dejaron traslucir las distinciones y analogías de nuestro mirar. Resulta interesante contrastar a la distancia, cómo ciertos aspectos de la singularidad de la mirada pueden quedar entre paréntesis cuando reconocemos, por una parte, que somos habitantes de zonas fronterizas cuyos límites se dibujan y esfuman, una y otra vez, en la cotidianeidad de la relación. Y por otra, que la receptividad a las diferencias pone de manifiesto también las similitudes que, a veces confusas e imprecisas, permiten generar nuevas formas de integración y articulación. En este juego de distinciones y analogías construimos un sentido común que tenía relación con el qué y para qué de nuestro ejercicio profesional, resultando evidente a este mirar compartido que el enfoque meramente técnico o cientificista de lo patrimonial, constituía un marco de oclusión a otras miradas que, deseándolo o no, pugnaban por salir a la luz. Había que transitar entonces de lo técnico profesional a lo social, pues ya no resultaba suficiente, para esta nueva entidad de sentido, entregar resultados "válidos" sólo a una comunidad especializada de observadores.

Comenzó entonces una nueva trashumancia que nos llevó a experimentar en un plano de la realidad que identificamos como dominio externo. Éste estaba representado por las múltiples posibilidades de interacción que eran factibles de construir con los grupos locales a partir del patrimonio arqueológico que estábamos trabajando. En este contexto, surgen las tertulias patrimoniales cuyo primer encuentro convocó al Consejo Comunal de Cultura que, formado por un total de 11 miembros, representa las más variadas expresiones culturales de la zona4. La conversación, centrada en un primer momento en temas legislativos, derivó rápidamente hacia las percepciones, intereses, miedos y carencias que tiene la comunidad calameña con respecto al patrimonio arqueológico local. Por una parte, reclaman su derecho de pertenencia y dominio sobre un patrimonio que perciben como "propio"; derecho que, además, sienten permanentemente violado por los investigadores que trabajan en el área, tanto porque la mayor parte de las veces se llevan fuera de la región los restos culturales que recuperan de sus excavaciones como por la falta de comunicación e información acerca de los resultados obtenidos en sus estudios. Por otra, se sienten marginados de las decisiones que se toman en el nivel central acerca de las políticas de protección y manejo del patrimonio arqueológico local, lo cual conlleva a la ausencia de participación ciudadana en tales procesos y, consecuentemente, a la carencia de conocimientos y herramientas apropiadas para asumir responsablemente la protección y uso del patrimonio que reclaman.

Otro encuentro con la comunidad local, que nos parece importante destacar, es aquel que se realizó en el depósito de colecciones con algunos miembros de la Comunidad Atacameña de San Pedro de Atacama. En dicha ocasión, el tema principal de conversación se centró en las colecciones bioantropológicas y las implicancias sociales, culturales y éticas que tiene la excavación de cementerios, y la posterior exhibición de cuerpos humanos en los museos. Para las comunidades indígenas, el contacto directo con restos óseos y/o restos materiales procedentes de contextos rituales -tales como los cementerios- evoca un pasado activamente presente en ellos que está representado por sus abuelos o antepasados. En este marco, los representantes de la Comunidad Atacameña realizaron en el depósito de colecciones, a manera de ofrenda ritual, un "pago" a los abuelos a fin de apacentar el espíritu que había sido perturbado por nuestra actividad y, a su vez, asegurar el desarrollo de los futuros trabajos. La ceremonia fue realizada en forma reservada, siendo su acceso muy restringido.

Este encuentro generó resultados sumamente relevantes para todas las partes involucradas. Reconocer y validar las creencias que las actuales comunidades indígenas tienen en relación con su patrimonio; en el marco de un proyecto institucional, fue una instancia extraordinariamente potente, tanto para los propios miembros de la comunidad como para quienes estábamos comprometidos con la ejecución del proyecto. Por una parte, permitió la legitimación de nuevos participantes, quienes por muchos años han sido deliberadamente marginados por los profesionales del discurso oficial. La incorporación de las comunidades indígenas contribuyó considerablemente a la apertura de nuevas vías de diálogo que estimularon un importante ejercicio de reflexión. Por otra, la aceptación de nuevas y diversas interpretaciones del patrimonio enriqueció cuantitativa y cualitativamente nuestras propias lecturas, incorporando aspectos que hasta entonces no habían sido siquiera imaginados como legítimos por muchos de nosotros.

Aunque el desarrollo de estos encuentros no estuvo exento de dificultades y tensiones, su realización fue altamente positiva ya que permitió, a unos y otros, atenuar las diferencias que se generan en miradas disímiles. A pesar que los "otros" -y "nosotros"- construimos interpretaciones diferentes, éstas tuvieron la ventaja de haber surgido en un espacio de interacción común, donde acuerdos y desacuerdos permitieron vislumbrar aquellos territorios posibles de compartir, así como también, aquellos otros que por el momento resultan insalvables.

Sabemos que las experiencias antes relatadas no alcanzaron la apertura total al mundo del "otro", pues reconocemos que los sistemas de significados que se tejen y cimientan al interior de los grupos humanos constituyen el marco a partir del cual interpretamos las experiencias y orientamos nuestras acciones (Geertz 1997[1973]), no obstante, éstas sirvieron para modelar nuevas formas de relación y entendimiento.

¿Hacia una Construcción de Discursos Comunes?

La elaboración de discursos sobre realidades pasadas, a partir del patrimonio arqueológico, es una tarea mucho más compleja que el análisis de los restos materiales o que la implementación de técnicas específicas para su conservación. Implica ante todo enfrentarse a una dimensión viva, presente y mutable en las actuales comunidades que escapa, por lo general, a la rigurosidad del dominio científico. Supone conciliar la mirada de la ciencia con aquella otra que surge de la tradición y de la cotidianeidad de múltiples experiencias que las personas sostienen, en mayor o menor profundidad, con aquello que nosotros entendemos como patrimonio arqueológico. Durante ese proceso se construyen mitos, relatos e historias que se internalizan y sedimentan a través de innumerables interacciones recursivas e intersubjetivas que conllevan a su legitimación y, consecuentemente, a la institucionalización de una realidad que se percibe como "objetiva" (Berger y Luckmann 1968).

Por tanto, definir cuáles son los aspectos y dimensiones más relevantes de un determinado patrimonio no es tarea fácil, pues dicha valoración depende del prisma con el cual se mire. En este sentido, nos parece que la construcción de discursos en torno a lo patrimonial requiere necesariamente sacar a la luz las diversas lecturas que de él se tienen, en especial, cuando tales discursos pretenden ser externalizados más allá de las comunidades especializadas de observadores. Es cierto que, en tanto profesionales competentes en el tema, tenemos las herramientas teóricas y metodológicas para establecer las bases del conocimiento sobre cuya plataforma se levantarán dichas construcciones, sin embargo, éstas permanecerán incompletas si no logramos recoger, además, aquellas otras visiones.

La coexistencia de miradas yuxtapuestas no se invalidan por acción espontánea, ello es producto de la intención, implícita o manifiesta, de quienes se niegan ver más allá de sus propias estructuras paradigmáticas. Postulamos, por tanto, la necesidad de generar escenarios apropiados que conduzcan al encuentro con los "otros", a la riqueza y diversidad de sus interpretaciones. Éstas, en su conjunto, otorgan la posibilidad de nuevos y renovados discursos que, aún cuando no sean fruto de una construcción común, estimulan la búsqueda de nuevos problemas, y con ello, la materialización de otras tertulias y otros encuentros que dan comienzo a nuevas trashumancias, cada una de ellas por entornos desconocidos que se abren sigilosamente a nuestros ojos.

La coexistencia de discursos requiere necesariamente que los involucrados en tales procesos sean capaces de construir una plataforma común que, basada en la receptividad y adaptabilidad, procure alcanzar la reciprocidad suficiente para caminar en direcciones cruzadas: de lo técnico profesional a lo social y de lo social a lo técnico profesional. Este es el desafío que tienen tanto los equipos de investigadores como las comunidades locales que se relacionan, directa o indirectamente, con el patrimonio arqueológico.

Referencias Citadas

Berger, P. y T. Luckmann 1968 La sociedad como realidad objetiva. En La Construcción Social de la Realidad, pp. 66-163. Amorrortu, Buenos Aires.         [ Links ]

García Canclini, N. 1995[1992]  Hacia una teoría social del patrimonio. En Culturas Híbridas. Estrategias para Entrar y Salir de la Modernidad, pp.180-190. Sudamericana, Buenos Aires.         [ Links ]

Geertz, C. 1997[1973]  La Interpretación de las Culturas. Traducido por A. L. Bixio. Gedisa, Barcelona.         [ Links ]

Jiménez, C. 1997 Análisis de la Cestería de Sitios Arqueológicos, Localidad de Chiu-Chiu. Práctica Profesional, Licenciatura en Antropología mención Arqueología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago.         [ Links ]

Kuhn, T. 1993[1962]  La Estructura de las Revoluciones Científicas, traducido por A. Contín. Fondo de Cultura Económica, Santiago.         [ Links ]

Seguel, R. 1999 Informe de visita: Museo Arqueológico y Etnográfico Parque El Loa, Calama. Manuscrito en posesión de las autoras.         [ Links ]

Notas

1 El proyecto contó con el aporte financiero de la Corporación Cultural y Turismo de Calama, Fundación Andes, SCM El Abra y don Osvaldo Rojas, empresario de la localidad.

2 El Museo depende administrativamente de la Corporación Cultural y Turismo de Calama.

3 Siendo el patrimonio un fenómeno netamente cultural, sus formas de estructuración, aprehensión e interpretación han variado notablemente a través de la historia de las sociedades humanas. Por tanto, establecer una definición unívoca del patrimonio cultural y los elementos que lo conforman es una tarea compleja. No obstante, consideramos que lo patrimonial se constituye de un conjunto de rasgos colectivos, materiales e inmateriales, que resultan significativos para uno o varios grupos sociales en la medida que reproducen y evocan universos simbólicos comunes. El patrimonio cultural es un constructo social que se internaliza y legitima al interior de la propia comunidad, contribuyendo de este modo a la configuración de la memoria colectiva que da sentido de cohesión y continuidad al grupo, en sus inevitables procesos de cambio.

El patrimonio arqueológico constituye sólo un segmento del universo patrimonial. Se construye, en primera instancia, al interior de la comunidad de arqueólogos, pues, a través de la investigación arqueológica, los productos materiales que resultan de las conductas humanas del pasado adquieren los contenidos y sentidos necesarios para su interpretación. No obstante, estas evidencias materiales del pasado también alcanzan otros significados y sentidos, los cuales se escapan, en muchos casos, a los intereses y paradigmas de la comunidad de arqueólogos. Para nadie es desconocido, por ejemplo, la resignificación que en la última década han alcanzado los bienes arqueológicos dentro de las comunidades indígenas, o bien, la importancia que éstos han llegado a tener al interior de algunos gobiernos comunales, como fuente de desarrollo local. Más allá de lecturas e intereses disímiles, el patrimonio arqueológico, al igual que cualquier ámbito de lo patrimonial, es una "realidad" que se construye, apropia e interpreta de manera desigual por los distintos grupos humanos que conforman la sociedad (García Canclini 1995[1992]).

4 En este encuentro participaron representantes de las siguientes áreas culturales: artes visuales, teatro, folclore, patrimonio cultural, literatura, coro, políticas culturales, comunidades indígenas, danza, artesanías y comunicación.

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* Universidad Internacional SEK, Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural. José Arrieta 10.000, Santiago, Chile. carolina.jimenez@sekmail.com

** Centro Nacional de Conservación y Restauración, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Casilla 61, Correo 4, Santiago, Chile. rseguel@cncr.cl

Recibido: agosto 2002. Aceptado: mayo 2003.

 

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