SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.35 número2PROPOSICIÓN DE ESTILOS PARA EL ARTE RUPESTRE DEL VALLE DE PUTAENDO, CURSO SUPERIOR DEL RÍO ACONCAGUATESTIMONIOS EN TRIÁNGULO: PERSONAJES DE LA NUEVA CORÓNICA DE GUAMAN POMA Y DEL MANUSCRITO QUECHUA DE HUAROCHIRÍ EN EL PLEITO SOBRE EL CACICAZGO PRINCIPAL DE MAMA (1588-1590) índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.35 n.2 Arica jul. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562003000200004 

Volumen 35, Nº 2, 2003. Páginas 233-252
Chungara, Revista de Antropología Chilena

SANTUARIOS DE ALTURA EN LA REGIÓN DE LA LAGUNA
BRAVA (PROVINCIA DE LA RIOJA, NOROESTE ARGENTINO).

INFORME DE PROSPECCIÓN PRELIMINAR

HIGH ALTITUDE SHRINES IN THE REGION OF LAGUNA BRAVA
(PROVINCE OF LA RIOJA, NORTHWESTERN ARGENTINA.
PRELIMINARY SURVEY REPORT

María Constanza Ceruti*

En este trabajo se presentan los resultados preliminares de las prospecciones arqueológicas realizadas en la región de la Laguna Brava, en los Andes del oeste de Argentina. La investigación apunta a documentar la actividad ceremonial inca en un conjunto de cumbres asociadas a esta laguna andina. En la presentación se incluyen los datos del relevamiento arquitectónico y de las observaciones del registro arqueológico en superficie, obtenidos de los santuarios de alta montaña localizados a más de 5.000 m en las cimas de los cerros Morado y Pilar; así como de las localizaciones arqueológicas de la época, asociadas a la extensa laguna y a montañas de menor altura que la circundan en el paisaje. Los sitios en las referidas cimas constituyen probables ejemplos de "santuarios satélites" generados como espacios rituales articulados con complejos ceremoniales de alta montaña de mayor jerarquía en la región. En la discusión y las conclusiones, los santuarios que rodean a la Laguna Brava son interpretados en sus aspectos cúlticos y simbólicos, con el auxilio de fuentes etnohistóricas y datos de la etnografía local.

Palabras claves: Santuarios de altura y ceremonialismo Inca, paisaje andino sacralizado, santuarios satélites.

The preliminary results of the archaeological survey in the area of Laguna Brava, in the Andes of Western Argentina, are presented in this paper. The aim is to provide a record of Inca ceremonial activity at the summit of mountains associated with this lagoon. The presentation includes data related to the architectural and surface record from the high-altitude shrines located above 16,500 feet, on the summits of mounts Morado and Pilar

, as well as the Inca sites located at the shore of the lagoon and on the hills that surround it. Sites on those summits are perceived as "satellite shrines" that are articulated with ceremonial complexes of higher hierarchy in the region. In the discussion and conclusions, the cult and symbolic aspects of these shrines that encircle Laguna Brava are interpreted with the aid of ethnohistorical and ethnographic references.

Key words: High altitude shrines, Inca ritual, Andean sacred landscape, satellite shrines.

Montañas y lagunas ocupan un lugar de privilegio en las creencias y prácticas rituales que pueblan el mundo andino. Las altas cumbres son concebidas como moradas de deidades atmosféricas y espíritus de los ancestros, a los que se cree íntimamente relacionados con la fertilidad y las lluvias. Las lagunas de altura cumplen una importante función en el mantenimiento de la vida en los Andes, que es la de reservar la preciosa humedad dispensada por las montañas. El agua, concebida como la sangre de la vida agrícola andina, es vista fluir descendiendo de las lagunas y glaciares para fertilizar los campos y eventualmente llegar al mar. Es por ello que el culto a las montañas relacionado con la fertilidad y la lluvia tiene antigüedad milenaria en la cordillera de los Andes (Moseley 1992:55).

La lista de rasgos notables del paisaje que eran concebidos como huacas y adorados por los andinos en tiempos de los Inca incluía cordilleras nevadas, cerros con riquezas mineras, lagunas de altura y el mar (Murúa 1946:285). Ofrendas humanas y de objetos suntuarios llegaban a las cumbres de los nevados y a las lagunas sagradas de los Andes en el marco ritual de las capacochas, complejos mecanismos religiosos y políticos que constaban de una primera instancia de convergencia en el Cuzco de víctimas sacrificiales y ofrendas procedentes de todo el Tawantinsuyu, y de una segunda instancia de redistribución de las mismas mediante desfiles y procesiones, hacia su destino final en los confines sagrados del imperio (Duviols 1976). El vínculo entre las altas montañas, las lagunas y la fertilidad de los campos y rebaños habría sido uno de los principales móviles ideológicos para la construcción y utilización de los santuarios de altura incaicos como lugares de adoración y ofrenda (Reinhard 1983).

Numerosos cerros y macizos volcánicos cuyas cumbres superan los 5.000 metros fueron ascendidos ceremonialmente durante la ocupación imperial Inca del noroeste argentino (Ceruti 1999), la cual se encuadra tradicionalmente entre 1471 y 1536 de la era cristiana (Raffino et al. 2001:496). Las montañas que rodean a la Laguna Brava no quedaron fuera de las hazañas andinísticas y ceremoniales con las que los Incas plasmaron el avance de su dominio en los territorios meridionales del Collasuyu.

La cuenca de la Laguna Brava, ubicada en el extremo meridional de la altiplanicie circumpuneña, constituye un área de transición entre importantes sistemas orográficos de los Andes. Hacia el norte se yergue la Cordillera Occidental, formada por sedimentos del Mesozoico depositados sobre el batolito andino y plegados en el Terciario. Dotada de volcanes activos y extintos, la Cordillera Occidental se extiende sin solución de continuidad hasta penetrar en territorio boliviano y peruano. Hacia el sur de la cuenca de la Laguna Brava comienza la Cordillera Principal, formada por rocas sedimentarias y piroclásticas mesozoicas plegadas durante el Terciario. Dicha cordillera carece de conos volcánicos y ostenta cerros y macizos que alcanzan entre 5.000 y 6.900 m (González 1958:9-13).

En el presente trabajo describiremos las evidencias arqueológicas documentadas en forma preliminar en montañas que se elevan varios centenares de metros sobre la cota de los 4.200 m que define a la cuenca de la Laguna Brava. Desde el punto de vista geopolítico, la región se encuentra comprendida actualmente dentro del Departamento San José de Vinchina, en territorio de la Provincia de La Rioja, República Argentina (Figura 1). La localidad de Jague, situada a más de 80 km al este, constituye el único lugar habitado en cientos de kilómetros a la redonda.

Desde el punto de vista metodológico y técnico, cabe señalar que en la región de la cuenca de la Laguna Brava se llevan a cabo prospecciones orientadas específicamente a la exploración arqueológica de cumbres de más de 5.000 metros. Se trata de prospecciones pedestres que implican el estudio previo de cada montaña -cartográfico y en terreno- y ascensiones de modalidad andinística, complementadas con transectas radiadas que permiten cubrir áreas de precumbre y cimas. Los sitios de altura detectados son objeto de mediciones orientadas al relevamiento planimétrico de la arquitectura mediante la técnica de brújula y cinta métrica. Se procede asimismo a la documentación fotográfica de las estructuras y el paisaje circundante, y al registro de lecturas de altitud, latitud y longitud efectuadas con posicionador satelital. Dichas prospecciones se desarrollan en el marco de un proyecto de investigaciones arqueológicas de alta montaña en la provincia de La Rioja, dirigido por la autora y avalado, inicialmente, por Disposición de la Directora General de Cultura de la Provincia, y actualmente, por Resolución de la Agencia de Cultura de La Rioja.

En este trabajo, se vuelcan resultados correspondientes a los relevamientos arqueológicos de los cerros Pilar (5.032 m) y Morado (5.230 m), que fueran explorados al comienzo de las investigaciones. Se reflejan también en el texto los resultados de un reconocimiento expeditivo de las márgenes de la Laguna Brava, que incluye el de un tambo incaico emplazado junto al borde noroeste del extenso espejo de agua (aproximadamente 15 km de longitud por 5 km de amplitud). En las inmediaciones del tambo se ha procedido al relevamiento de un conjunto de plataformas emplazadas junto a la Laguna Brava, así como a la documentación detallada de un conjunto de ruinas a 4.425 m, en la cima de un pequeño cerro vecino. Se trata también de manifestaciones arquitectónicas vinculadas a la sacralización del paisaje de la cuenca realizada por Incas. En la región de la Laguna Brava existen otras tres montañas cuyas cimas superan los 5.000 m -se trata de los cerros Veladero (6.434 m), Fandango (5.612 m) y Azul (5.092 m)-, los cuales fueron ascendidos y documentados recientemente por la autora (Ceruti 2003a, 2003b, 2003c). Análisis más detallados de estas últimas prospecciones, se elaboran para una publicación futura.

  10 Km
 

Figura 1. Mapa topográfico de la región de la Laguna Brava, Provincia de La Rioja, noroeste argentino. Aparecen localizados los cerros Pilar, Morado y Veladero.
Topographic map of the Laguna Brava region, La Rioja Province, Northwestern Argentina. Pilar, Morado and Veladero mountains are demarcated.

Antecedentes

A pesar de los notables avances que en las últimas décadas se han producido en torno a la comprensión del dominio incaico en el Collasuyu -reflejados en trabajos generales de compilación (ver D'Altroy 2002)- la ocupación tardía e incaica de la región de la Laguna Brava se encuentra en sus fases iniciales de estudio (ver Martín 2001). Específicamente, la cuenca no ha sido objeto de investigación sistemática como ocurre desde hace décadas en otras áreas de la puna y cordillera del noroeste argentino (Raffino 1981, 1993; Raffino et al. 2001).

La arqueología inca en la región oeste de Argentina -que se extiende al sur de la cuenca de la Laguna Brava, comprendiendo los territorios de las provincias de San Juan y Mendoza- ha sido objeto de las investigaciones de Roberto Bárcena (1998) y Juan Schobinger (1966, 2001); los resultados, en lo relativo al ceremonialismo inca de alta montaña, revelan la práctica de sacrificios humanos en cumbres, como en el caso del individuo enterrado a más de 6.000 m de altura, en las inmediaciones de la cima del cerro El Toro (Schobinger 1966). Por su parte, el perfil de edad y sexo de los niños enterrados en el Aconcagua (Schobinger 2001) y el cerro El Plomo (Mostny 1957), así como los indicadores de que procedían de áreas cercanas al corazón del imperio (ver Schobinger 2001; Mostny 1957), sugieren que las víctimas habrían sido sacrificadas en el marco de las procesiones de capacocha. Si la práctica incaica de capacocha alcanzó los confines meridionales del Collasuyu, cabe suponer que las comitivas religiosas procedentes del Cuzco pudieron atravesar las regiones cordilleranas vecinas, utilizando ceremonialmente a su paso la geografía del paisaje andino que rodea a la Laguna Brava.

La región cordillerana de la provincia de La Rioja fue objeto de pioneras campañas de exploración arqueológica conducidas por el Dr. Juan Schobinger, de la Universidad Nacional de Cuyo, desde la década del sesenta hasta la primera mitad de los años ochenta. Dichas campañas resultaron en el reconocimiento inicial de instalaciones incaicas como el tambo de Mudaderos, en las inmediaciones de Jague, o las tamberías de la región del Cajón de la Brea (Schobinger 1966); así como en el estudio preliminar de la arqueología del valle del Río Bonete (Schobinger 1977) y del tambo de Agua del Rey (Schobinger 1983). En los últimos años, el arqueólogo riojano Sergio Martín ha contribuido a expandir el estudio de la red vial incaica y de las instalaciones logísticas y mineras en la región (Martín 2001).

El andinista sanjuanino Antonio Beorchia Nigris efectuó ascensiones en montañas del área de la Laguna Brava durante sucesivas expediciones realizadas en la segunda mitad de la década de los ochenta. En el marco de una campaña realizada en 1986, Beorchia Nigris exploró el tambo incaico y el conjunto de plataformas situadas en la margen noroeste de la Laguna Brava, descubriendo también un pequeño grupo de ruinas en la cima de un cerro contiguo, al cual bautizó como "Cerro Don Mario", en honor a uno de los miembros de la expedición. En 1987, Beorchia Nigris escaló el cerro Pilar, descubriendo un sitio arqueológico localizado en la cima. El autor caracteriza el hallazgo refiriendo haber encontrado un montículo de leña antigua y una pirquita baja con forma de "J", a la que interpreta como una "capillita" al abierto o pequeño santuario de los Incas (Beorchia Nigris 2001).

El nevado Veladero, de 6.436 metros, se yergue al noroeste de la Laguna Brava y ostenta un santuario de altura en su cumbre, dotado de un rectángulo ceremonial de 7,1 m por 9,9 m de superficie y 60 cm de altura. El Veladero fue ascendido y explorado inicialmente por Beorchia Nigris en 1986, y posteriormente por Johan Reinhard y Patrick Tierney (Tierney 1989:82-97). Los sondeos practicados en aquella oportunidad permitieron recuperar de la cima del Veladero, pequeños fragmentos de hilo rojo y blanco, plumas, maderas y un trozo de cuero trenzado (Beorchia Nigris 2001). El santuario de la cima del Veladero fue relevado exhaustivamente por la autora de este trabajo en una campaña reciente (Ceruti 2003a). Los antecedentes de exploración en el área de la Laguna Brava revelan preponderancia de ascensiones al nevado Veladero, quedando otras montañas de menor altura fuera de la esfera de interés de los contados grupos de expedicionarios que se adentraron en la cuenca. Al iniciar nuestros trabajos no se conocían antecedentes de ascensiones al cerro Morado, ni tampoco habían sido publicados planos de las ruinas del cerro Pilar, limitándose la información existente a una descripción somera de los conjuntos arqueológicos en la cima y base del cerro Don Mario. En consecuencia, las prospecciones arqueológicas cuyos resultados se vuelcan en este trabajo estuvieron orientadas a ampliar el panorama de la utilización ceremonial que los Incas hicieran de los cerros circundantes al espejo de agua, a través de la exploración de la cumbre del cerro Morado y de otras elevaciones menores en el área; así como por medio del relevamiento detallado de las ruinas en la cima del cerro Pilar y en la cumbre del cerro Don Mario. En campañas recientes hemos expandido las investigaciones en esta misma línea, con la ascensión y exploración de las cimas de los vecinos cerros Fandango (Ceruti 2003b) y Azul (Ceruti 2003c), en las que también se descubrieron evidencias de eventos de ocupación ritual prehispánicos.

Resultados

Cerro Morado

El cerro Morado es una localidad arqueológica de altura, de interés para la investigación científica de santuarios incaicos de alta montaña. A semejanza de los colosos vecinos, Bonete, Veladero y Reclus, presenta evidencias de haber sido ascendido con fines ceremoniales en épocas prehispánicas. Pero a diferencia de otras montañas de la región de la Laguna Brava, no ha sido objeto de huaqueo ni de ascensiones deportivas frecuentes, permaneciendo el sitio de la cumbre central completamente intacto hasta el momento de su descubrimiento, en el marco de la expedición aquí referida.

La prospección sistemática de las áreas de precumbre, y de la cima principal y cima de cumbre secundaria central del cerro Morado permite apreciar presencias y ausencias de registro arqueológico en superficie, que pueden ser interpretadas en términos de estrategias en el uso del espacio de la montaña durante las ascensiones ceremoniales prehispánicas. Aparentemente, no se eligió la cumbre de mayor altura, sino la cima de mayor visibilidad en el macizo, como escenario para centralizar la actividad ritual. Dicha actividad parece haber consistido -hasta donde la evidencia de superficie permite apreciar- en la depositación y quema ceremonial de leña junto a una estructura destinada a brindar protección contra los fuertes vientos del oeste. Cabe señalar que desde la cumbre central se tiene una clara vista de la Laguna Brava, la cual no se aprecia desde la cima principal de la montaña, lo que podría haber motivado la preferencia por el emplazamiento elegido como escenario ceremonial.

El cerro Morado se encuentra ubicado al sur del monte Bonete y al norte de la Laguna Brava; circundado al este por el río Tambero y al oeste por el arroyo del Veladero. Alcanza una altitud de 5.230 msm, según la cartografía del Instituto Geográfico Militar Argentino (carta topográfica "Tinogasta" - Hoja 2969-II ).

El Morado es un cerro de origen volcánico, de formas redondeadas, que se extiende en dirección noroeste-sudeste, con dorsales que descienden suavemente hacia el sudoeste y sudeste de la geoforma. En el sector noreste de la montaña se ha formado una quebrada por la cual discurre un arroyo, afluente del río Tambero. La extensa área de precumbre situada por encima de los 5.000 m ofrece hondonadas y hoyadas en el terreno, en las cuales la frecuente acumulación de nieve alimenta por deshielo al mencionado arroyo.

La cumbre principal ocupa el extremo sudoeste del sistema, elevándose algunas decenas de metros sobre las restantes cimas del Morado, pero sin sobresalir en el paisaje circundante. A varios cientos de metros hacia el este se eleva una cumbre secundaria que alcanza una altura máxima de 5.212 m y que ocupa una posición central en el sistema de dorsales del Morado.

La vista desde las alturas del Morado abarca a montañas de la Cordillera Occidental tales como el Veladero y el Bonete, además de otras elevaciones vecinas ubicadas a mayor distancia, como el Pissis y el Reclus. En dirección sudeste se elevan los vecinos cerros Pilar y Azul. Inmediatamente hacia el sur se extienden las aguas de la Laguna Brava; en el horizonte, los nevados de la cordillera sanjuanina. Hacia el sudoeste se eleva la mole del cerro Fandango y las colinas próximas al borde de la laguna, entre ellas el cerro Don Mario.

El acceso a la cumbre del cerro Morado se puede efectuar por los distintos flancos de la montaña, tratándose en la mayoría de los casos de rutas de ascensión sencillas, por terreno firme, siguiendo filos con pendientes muy suaves.

Prospecciones en Cerro Morado

A lo largo de la ruta de ascensión practicada por el filo meridional del cerro Morado no se identificaron sitios arqueológicos. Tampoco se identificaron evidencias materiales durante las prospecciones conducidas a lo largo de la extensa precumbre de la montaña. La cima principal del Morado no ofrece indicios claros de utilización ritual prehispánica y solamente se encontró en ella una pequeña apacheta y el testimonio de una ascensión deportiva efectuada en 1996. Las evidencias de ocupación ritual de las alturas del cerro en tiempos antiguos se concentran en la cumbre central, ubicada hacia el este del sistema.

Cumbre principal

La cima principal está constituida por una superficie llana y alargada de aproximadamente 150 m de longitud por 60 m de amplitud, orientada a 35º en dirección noreste. El terreno está compuesto por bloques rocosos de tamaño mediano y lajas de grano pequeño. Sus coordenadas son 28° 12' 26" latitud sur y 68° 48' 11" longitud oeste.

En el punto de máxima altura, situado en el sector central, se yergue una estructura de rocas apiladas de tamaño pequeño. La apacheta mide 1,7 m de longitud por 90 cm de ancho y 75 cm de alto. Se encuentra orientada en sentido este-oeste y formada por bloques rocosos de tamaño variable (35 cm por 5 cm). Del extremo occidental de la estructura se desprende un muro bajo, de 1,2 m de longitud, orientado a 200° al sur y formado por bloques rocosos de tamaño pequeño. No se identificaron vestigios artefactuales ni ecofactuales en superficie.

Sitio en cumbre secundaria central

Hacia el este del macizo del Morado se eleva una cumbre secundaria que ocupa una posición central en el sistema de dorsales y que ostenta mayor visibilidad desde la base meridional de la montaña. Está ubicada a 28° 12' 43" latitud sur y 68° 47' 19" longitud oeste. La superficie, de unos 120 m de extensión por 70 m de amplitud, se extiende aproximadamente en sentido este-oeste (a 290°). En el sector central se identificó un sencillo santuario de altura con arquitectura de muros bajos y ecofactos asociados en superficie. Se trata de una estructura de planta semirrectangular que delimita un espacio interior protegido del viento en el cual se generó un depósito de leña (Figura 2).

La estructura de planta semirrectangular se encuentra abierta al este y habría podido cumplir funciones de parapeto, atajando los vientos predominantes que soplan del oeste. Los muros son dobles y tienen un ancho de 60 cm; presentan tres o cuatro hileras in situ, alcanzando una altura de 40 cm, tanto en el interior como en el exterior de la estructura. En su construcción se han utilizado bloques de 40 cm de largo por 20 cm de ancho y 14 cm de espesor que debieron ser transportados desde cierta distancia puesto que no se encuentran disponibles en el sitio. El lado mayor de la estructura mide 4,7 m y se encuentra orientado a unos 15° con respecto al norte. Los lados menores se extienden orientados aproximadamente en dirección al este (a 110º del norte), midiendo 2,7 m el lado sur y 1,9 m el lado situado al norte.

La superficie interior de la estructura aparece despejada de rocas y concentra cantidades de leños en superficie que cubren un área de aproximadamente 1,4 m de diámetro. Dicha concentración ecofactual, delimitada por cinco piedras a modo de círculo, se ubica en el sector noreste de la abertura del recinto, a un metro de distancia y 140° del extremo del muro correspondiente al lado norte de la estructura (Figura 3).

Cerro Pilar

El cerro Pilar es un probable santuario incaico de alta montaña, que ha logrado conservarse intacto, debido a que no han mediado ascensiones deportivas ni eventos de huaqueo desde el momento de su descubrimiento, en 1987, hasta la expedición arqueológica cuyos resultados aquí se presentan.

El cerro Pilar se encuentra al sur del cerro Morado, al norte del cerro Azul y al este de la Laguna Brava. Sus faldas occidentales descienden hacia la pampa del Peñón. Según la cartografía del Instituto Geográfico Militar alcanza una altitud de 5.032 msm.

El Pilar es un macizo que se extiende en dirección norte-sur, formado por una elevación principal ubicada en el centro del sistema y una elevación secundaria de menor altura, emplazada hacia el sur y separada del macizo principal por un extenso portezuelo. La máxima elevación presenta acentuadas pendientes en sus angostos filos norte y sur y una abrupta conformación de las laderas este y oeste. Vista desde el oeste la montaña adquiere un perfil acampanado, en razón de las extensas laderas de abruptos sayales cuya continuidad no se ve interrumpida por ningún filo rocoso. En tanto que al ser apreciada desde el norte o sur, los estrechos y empinados flancos que descienden en ambas direcciones imprimen a la montaña un perfil angosto y aguzado.

La cumbre principal ocupa el extremo norte de la extensa planicie que forma la parte superior de la montaña. La vista es semejante a la que se tiene desde la cumbre del cerro Morado. Hacia el este se distinguen en el horizonte los nevados de Famatina, que forman parte del sistema orográfico de las Sierras Pampeanas. Inmediatamente hacia el sur se ubica el vecino cerro Azul.

Figura 3. Depósito de leña junto a un parapeto en la cima del cerro Morado (5.212 m).
Wood pile in a rock shelter, summit of cerro Morado (5,212 m).

El acceso a la cumbre del Pilar se puede efectuar por las laderas norte y sur de la montaña, tratándose en ambos casos de rutas de ascensión que remontan filos empinados y directos. Los flancos este y oeste ofrecen acarreos abruptos, de difícil accesibilidad. El desnivel que se requiere superar es de sólo 800 m, si se consideran los 4.200 msm de la cuenca de la Laguna Brava como nivel de base.

Prospecciones en el cerro Pilar

A lo largo de la ruta de ascensión practicada por el filo meridional del cerro Pilar no se identificaron sitios arqueológicos. Las evidencias de ocupación ritual de las alturas del cerro en tiempos antiguos se concentran en la cumbre, ubicada hacia el norte del macizo.

Las coordenadas de la cima del cerro Pilar son 28° 21' 25" latitud sur y 68° 47' 46" longitud oeste. Está constituida por una superficie llana y alargada de aproximadamente 150 m de longitud por 130 m de amplitud, orientada a 40º en dirección noreste. El terreno está compuesto por lajas de color rojizo y de tamaño mediano. Idéntica conformación geológica ofrecen las hectáreas de precumbre que se extienden hacia el sur, en suave desnivel, a escasos metros por debajo del punto de máxima altura de la cima.

En este punto se yergue una estructura de rocas apiladas de tamaño pequeño. Se trata de una apacheta de origen reciente, de la cual fue recuperado un testimonio de ascensión dejado por Beorchia Nigris y sus acompañantes en 1986. A aproximadamente 20 m de distancia se localizan los vestigios ceremoniales de antigüedad prehispánica, que comprenden una estructura de muros simbólicos y un depósito de leña situado en su interior (Figura 4).

La estructura arquitectónica está construida con muros bajos, de aproximadamente 40 cm de altura interna, que en ciertos sectores pueden elevarse a 50 cm (altura externa), y cuyo ancho puede llegar a alcanzar los 90 cm. Dichos muros aparecen afectados por intenso derrumbe y han sido construidos por simple amontonamiento de las lajas que cubren naturalmente el terreno del sitio (Figura 5). Las lajas empleadas como mampuesto miden en promedio 60 por 25 cm. La forma de la estructura es irregular, con notables variaciones en la visibilidad de los muros según los lados; aunque la planta tiende en general a quedar inscrita dentro de una forma rectangular.

El muro noreste del recinto se encuentra conservado en una extensión de 6,1 m, reduciéndose su visibilidad en los últimos 2,6 m en el extremo noroeste. Se encuentra orientado aproximadamente a 130° en sentido noroeste-sudeste. Perpendicular a dicho muro se extiende el muro sudeste, orientado a 220° y con una extensión de 3,3 m. Un pequeño muro arranca perpendicularmente del extremo sudoeste del anterior y se extiende 1,5 m en dirección a 310°, para luego perder visibilidad en los siguientes 3,7 m. Con dificultad se distingue el posible trazado del muro noroeste, de aproximadamente 4,6 m y orientado a 220°. La estructura presenta una subdivisión interna correspondiente a un cuadrángulo de 1,6 m de lado, construido aprovechando el ángulo noreste del recinto. En la intersección de ambos muros se levanta una pequeña apacheta.

Figura 5. Muro de lajas amontonadas en la cima del cerro Pilar (5.032 m).
Stone wall, summit of cerro Pilar (5,032 m).

La superficie interior de la estructura alberga cantidades de fragmentos de leña en superficie, distribuidos en las cercanías de las bases de los muros. Una buena parte de ellos se concentra a 3,3 m al sur (a 180°) del extremo noroeste del recinto, cubriendo un área de aproximadamente 1,2 m de diámetro.

La actividad ritual prehispánica parece haberse concentrado en la cima del macizo y haber consistido en la depositación y quema ceremonial de leña. La arquitectura sencilla y los depósitos de leña en superficie permiten considerar tentativamente al Pilar como un sitio ritual de importancia secundaria, que podría haber estado vinculado a las más altas montañas de la región en calidad de santuario satélite. En este sentido, cabe señalar que el muro principal de la estructura parece estar orientado en dirección al colosal monte Veladero.

Cerro Don Mario

El cerro Don Mario se encuentra ubicado al sudoeste del cerro Morado y al sudeste del monte Veladero, junto a la margen noroeste de la laguna Brava. Debido a su escasa elevación, no se encuentra individualizado en la cartografía del Instituto Geográfico Militar Argentino. La lectura de G.P.S. arroja una altitud de 4.425 m, la cual puede ostentar un error de más o menos 50 metros, en virtud de las limitaciones en la precisión del instrumental de medición empleado.

Se trata de una colina formada por una colada de origen volcánico, que se yergue al mismo borde de la Laguna Brava, en las inmediaciones de la única vertiente de agua dulce existente en el área. La pequeña elevación tiene forma redondeada y presenta una cumbre aguzada, que le imprime una morfología ligeramente cónica. La vertiente oriental del cerro desciende suavemente en dirección a la laguna, formando una pequeña península que avanza algunas decenas de metros hacia el interior del espejo de agua.

El acceso a la cumbre del cerro se puede efectuar por los distintos flancos de la montaña, tratándose en todos los casos de ascensos breves y sencillos. El desnivel que se requiere superar es de tan sólo 200 m, si se consideran los 4.200 msm de la cuenca de la Laguna Brava como nivel de base. La aproximación a la base de la colina se puede efectuar siguiendo la ruta que conduce al Paso de Pircas Negras, hasta las inmediaciones del histórico refugio de la Laguna Brava, para desde allí avanzar aproximadamente dos kilómetros en dirección al sur.

Prospecciones en el cerro Don Mario

La cima del cerro Don Mario presenta indicadores claros de utilización prehispánica, a los que por su emplazamiento y características arquitectónicas, puede considerarse como de función ritual. El conjunto de plataformas a los pies del cerro, junto al borde de la Laguna Brava, ofrece evidencias inequívocas de arquitectura ceremonial inca; en tanto que las instalaciones de carácter logístico aparecen nucleadas en torno al tambo situado en la base de la ladera noreste de la pequeña montaña.

Sitio de la cima

Las coordenadas de la cima del cerro Don Mario son 28° 17' latitud sur y 68° 51' longitud oeste. Se trata de una elevación de baja visibilidad, que no sobresale en el paisaje ni se aprecia claramente desde la base de la montaña. Está constituida por una superficie abrupta y alargada de aproximadamente 70 m de longitud por 20 m de amplitud, orientada a 25º en dirección noreste. El terreno es de coloración negruzca y está compuesto por bloques rocosos de tamaño mediano y lajas de grano pequeño.

El sitio arqueológico ocupa la porción más prominente de la cumbre y se extiende parcialmente sobre la parte superior de la vertiente noreste. Está constituido por una estructura de planta poligonal y por un conjunto formado por un recinto circular con muro adosado y un espacio despejado delimitado por un muro (Figura 6).

En el punto de máxima altura, situado a unos 15 m del extremo norte de la cima, se yergue la estructura de planta poligonal. La estructura se encuentra parcialmente abierta hacia el sudeste y habría podido cumplir funciones de parapeto, atajando los vientos predominantes que soplan del oeste. Los muros son dobles y tienen un ancho de 50 cm; presentan tres o cuatro hileras in situ, alcanzando una altura de 70 cm, tanto en el interior como en el exterior de la estructura. En su construcción se han utilizado bloques procedentes del mismo sitio apilados en forma más o menos cuidadosa. El lado mayor de la estructura mide 3 m y se encuentra orientado a unos 25° con respecto al norte. Hacia el sur, la estructura se prolonga en un muro menor de 2 m de extensión, orientado a 160°. En el extremo norte, la planta queda delimitada por un muro de 2,7 m de extensión, orientado a 140°, formando uno de los lados menores de la estructura. El otro lado mayor de la construcción mide 1,6 m y se orienta a 30°, quedando su extensión interrumpida por un gran afloramiento de rocas. Junto a dicho afloramiento se dispone una pequeña estructura rectangular, de muy baja visibilidad de 3,1 m de largo por 2,1 m de ancho, con los lados mayores orientados a 310°. La superficie interior aparece despejada de rocas y libre de evidencias artefactuales y ecofactuales, a excepción de pequeños fragmentos óseos cuya presencia en el sitio puede explicarse por factores naturales.

El recinto circular se encuentra ubicado a un metro de distancia de la estructura rectangular de baja visibilidad, y a 1,7 m de desnivel por debajo del muro poligonal abierto. Tiene un diámetro máximo de 3,7 m (a 320° en sentido noroeste-sudeste) y un diámetro mínimo de 3,3 m en sentido perpendicular al anterior. Los muros son dobles, con un ancho de 55 cm, formados por lajas redondeadas de aproximadamente 60 cm de longitud por 5 cm de espesor. En su lado norte, el muro alcanza una altura interna de 1,4 m, en tanto que se levanta 40 cm por encima del nivel exterior del suelo, por lo que el recinto adquiere la apariencia de estar parcialmente hundido. Hacia el sur, la altura interna y externa del muro ronda los 80 cm. En el sector noreste, la estructura presenta una abertura de aproximadamente 1 m de ancho, con una laja dispuesta cubriendo el suelo de la puerta. El recinto circular presenta adosado un muro de contención que se extiende 3,1 m en dirección a 30°, cuya altura interna alcanza 1 m, con un ancho de 60 cm y una altura externa de 30 cm.

A una distancia de 2,6 m de la abertura del recinto, en dirección a 140°, se ubica el extremo de un muro recto de 4,7 m de extensión, orientado a 45°, con un ancho de 55 cm y alturas internas y externas que rondan los 65 cm y 80 cm, respectivamente. Dicho muro genera un espacio delimitado entre el muro opuesto y el recinto circular adosado al mismo, el cual se encuentra intencionalmente despejado. La distancia entre la abertura del recinto circular y el extremo meridional de la estructura poligonal es de 10,5 m, en dirección a 280º.

Conjunto de plataformas junto a la Laguna Brava

Un conjunto de tres estructuras ceremoniales rectangulares, acompañadas de dos estructuras ovoidales de función aparentemente logística, se encuentra emplazado a los pies de la ladera oriental del cerro Don Mario, en el extremo de la península que avanza hacia el interior de la Laguna Brava, sobre el borde mismo del espejo de agua. Las coordenadas del sitio son 4.287 m de altitud, 28° 17' 159" de latitud sur y 68° 50' 632" de longitud oeste.

El sitio comprende un rectángulo de gran tamaño y dos plataformas con muros de contención de menor superficie, así como una estructura semi-rectangular y un parapeto semicircular. El rectángulo esta orientado aproximadamente en sentido norte-sur y se ubica al oeste del conjunto; ambas plataformas son paralelas entre sí y aparecen orientadas en sentido este-oeste, quedando situadas al este del rectángulo y en forma perpendicular al mismo. Entre ambas plataformas y el rectángulo se forma entonces un corredor o pasillo, de aproximadamente un metro de ancho. Las dos estructuras de protección se encuentran emplazadas al norte del rectángulo, con sendas aberturas orientadas al este (Figura 7).

El rectángulo mide 11,5 m en sus lados mayores y 6,7 m en sus lados menores. Los lados mayores se orientan a 30° y los menores, a 120°. Los muros son dobles y de escasa altura, formados por dos filas de bloques rocosos dispuestos en una sola hilera, delimitando el espacio interior del rectángulo. Los muros alcanzan una altura de 25 cm y un ancho de 75 cm. Los bloques empleados para la construcción proceden del mismo sitio y han sido previamente seleccionados y parcialmente canteados. Tienen un tamaño promedio de 46 cm de longitud por 31 cm de ancho y 10 cm de espesor.

La plataforma norte se ubica al este del rectángulo principal. Sólo una distancia de 1,7 m en dirección a 80° separa al extremo noreste del rectángulo del extremo noroeste de la plataforma. Los lados mayores de la estructura miden 6,7 y 6,8 m respectivamente, quedando orientados a 120°. Los lados menores miden 6,55 y 6,45 m y se orientan a 30°. Los muros norte, oeste y sur de la plataforma presentan características semejantes a las de los muros del vecino rectángulo; en tanto que el muro oriental se eleva sobre el borde de la laguna formando una pequeña terraza de aproximadamente 60 cm de alto. Dicho muro de contención tiene un ancho de 50 cm (Figura 8).

 La plataforma sur se ubica al este y al sur del rectángulo principal. Una distancia de 4 m en dirección a 210° separa al extremo sudoeste de la plataforma norte del extremo noroeste de la plata orma sur. Los lados mayores de la estructura miden 5,4 m y están orientados a 120°. Los lados menores miden 3,1 m y se orientan a 210°. Los muros norte, oeste y sur de la plataforma son dobles, alcanzando un ancho de 60 cm y una altura de 20 cm. El muro oriental también es doble y se eleva sobre el lecho de la laguna formando una terraza, a semejanza del muro de contención de la plataforma norte. En la superficie interna de la terraza se evidencian pozos de huaqueo.

Al sur de la plataforma, a unos 40 cm de distancia del muro meridional, se encuentra una pequeña estructura rectangular de 2 m de largo por 1,4 m de ancho, orientada también a 30° y que parece haber sido construida con posterioridad a la plataforma. Sus muros son simples y alcanzan una altura 30 cm y un ancho de 30 cm.

La estructura semirrectangular ha sido construida a 1,3 m de distancia y a 30° del extremo noreste del rectángulo principal. El lado mayor mide 2,9 m y se orienta a 20°, en tanto que los lados menores se ubican perpendicularmente y miden 1,7 m, quedando la estructura parcialmente abierta hacia el este. La estructura de planta semi-circular se ubica a 4,1 m de distancia del extremo noroeste de la anterior, en dirección a 315°. Mide 2,1 m de diámetro mayor (en sentido norte-sur) y 1,6 m de diámetro menor, presentando la abertura orientada al este. Los muros de ambas construcciones son simples y miden 60 cm de alto y 40 cm de ancho.

Figura 8. Plataforma incaica junto a la Laguna Brava (4.287 m).
Inkan platform at Laguna Brava (4,287 m).

Tambo de la base

El tambo incaico se encuentra emplazado a los pies de la vertiente oriental del cerro Don Mario, junto a la margen occidental de la Laguna Brava, siendo sus coordenadas 4.298 m de altitud, 28°16'858" de latitud sur y 68°50'653" de longitud oeste. Ocupa una superficie llana de aproximadamente ciento cincuenta metros en sentido norte-sur por treinta metros en sentido este-oeste (Figura 9).

La arquitectura del sitio se halla óptimamente preservada, con muros de más de 1 m de espesor erigiéndose a más de 1,5 m de altura. La planta del sitio comprende un sector norte dotado de un gran recinto perimetral compuesto, un segundo recinto perimetral compuesto de menor superficie y dos recintos aislados de planta cuadrangular. El sector sur está formado por una plaza que delimita al sitio por el este y un conjunto de al menos siete estructuras compuestas alineadas en sentido norte-sur (Figura 10). Las estructuras compuestas se encuentran en su mayoría formadas por un recinto que debió estar originalmente techado, y un patio abierto adosado al frente. Cabe señalar que dicho patrón de recintos compuestos, dotados de una estructura techada y patio abierto, y alineados en sentido norte-sur, ha sido ampliamente documentado en el tambo de las faldas bajas del volcán Llullaillaco (Reinhard y Ceruti 2000; Ceruti 2003d).

En suma, las plataformas en la base del cerro Don Mario son de indudable factura incaica, tanto por las plantas rectangulares y muros de contención, como por sus medidas estandarizadas y orientaciones definidas. Dichos rectángulos y plataformas delimitan el espacio sacralizado de la acción del ritual, distinguiéndolo del espacio profano circundante. El sitio en la cima del cerro Don Mario podría haber funcionado como intermediario o puente en el establecimiento de un vínculo visual entre el conjunto de plataformas junto a la laguna, y las grandes cimas sagradas en la región, entre las que sobresale la del cerro Veladero.

Debido a su emplazamiento, a una altitud de 4.200 m y junto a la única vertiente de agua pota

ble en el área, el tambo de la Laguna Brava podría haber albergado a una población permanente o semipermanente. Es posible que su ocupación estuviese vinculada con el mantenimiento de los santuarios de altura y del vecino conjunto de plataformas junto a la laguna.

Figura 10. Recintos tambo de la Laguna Brava. En el horizonte silueta del cerro Pilar.
Structures of the tambo of Laguna Brava. The silhouette of cerro Pilar appears on the horizon.

Cerro Don Nicolás

El pequeño cerro al que hemos bautizado Don Nicolás se encuentra ubicado a 28°17' latitud sur y a 68°53' longitud oeste, al sudoeste del cerro Morado y al sudeste del monte Veladero, en las inmediaciones de la margen noroeste de la laguna Brava.

El cerro Don Nicolás es una colina baja formada por una colada de origen volcánico, de forma alargada, que presenta una cumbre dotada de dos grandes afloramientos rocosos. El acceso a la cumbre del cerro se puede efectuar por los distintos flancos de la montaña, tratándose en todos los casos de ascensos breves y sencillos. El desnivel que se requiere superar es de tan solo 300 m, si se consideran los 4.200 msm de la cuenca de la Laguna Brava como nivel de base. Las alturas del cerro ofrecen una vista muy clara del nevado Veladero, situado hacia el noroeste.

Prospecciones en el cerro Don Nicolás

La cumbre del cerro Don Nicolás mide 4.563 m de altura y sus coordenadas son 28°17' 312" latitud sur y 68°53'421" longitud oeste. Se trata de una elevación de baja visibilidad, que no sobresale en el paisaje ni se aprecia claramente desde la base de la montaña. Está constituida por una superficie abrupta y alargada de aproximadamente 30 m de longitud por 15 m de amplitud, orientada en sentido este-oeste. Coronan ambos extremos de la cima dos grandes afloramientos de rocas oscuras, siendo aquel situado en el sector occidental el punto de máxima altura en la pequeña montaña. El terreno es de coloración negruzca y está compuesto por bloques rocosos de tamaño mediano y lajas de grano pequeño.

La cima del cerro Don Nicolás no presenta indicadores claros de utilización prehispánica. Durante las prospecciones no lograron identificarse estructuras arquitectónicas de ninguna clase, ni evidencias de material cultural diagnóstico en superficie. Sin embargo, llamó la atención la dispersión de leña en un área de rellano natural al este del afloramiento occidental que señala la cima, a unos 7 m de distancia y a unos 3 m de desnivel por debajo del punto de máxima altura. Si bien la baja altitud de la montaña permite el crecimiento de vegetación sobre sus laderas y cumbre, la densidad y disposición de los leños en el sitio parecían sugerir la intervención de acciones antrópicas.

La alta frecuencia de sitios con depósitos de leña en cumbres andinas, generados durante actividades rituales de los Incas (Beorchia Nigris 1985; Ceruti 1999) lleva a considerar la posibilidad de que los fragmentos de madera en la cima del pequeño cerro Don Nicolás hayan sido transportadas en el marco de una ceremonia prehispánica. Particularmente, en virtud de que una geoforma vecina y semejante, como lo es el cerro Don Mario, exhibe en su cumbre de tan sólo 4.425 m, evidencias arquitectónicas claras de la ocupación ritual de cumbres realizada durante el Incanato.

La baja densidad de leña en superficie permite considerar al cerro Don Nicolás como un sitio ritual de importancia secundaria, que podría haber estado vinculado a las más altas montañas de la región en calidad de santuario satélite. Al respecto se ha señalado que el emplazamiento ofrece un vínculo visual directo hacia el vecino monte Veladero.

Discusión y Conclusiones

La región de la Laguna Brava ofrece un paisaje en el que se conjugan grandes nevados, cerros de mediana altura, el extenso espejo de agua que da nombre a la cuenca y las colinas suaves que lo circundan. La ocupación inca en el área se manifiesta principalmente en un tambo situado junto a la margen noroeste de la Laguna Brava, así como en diversos adoratorios de alta montaña y un complejo ceremonial único en su género, ubicado al mismo borde de las aguas de la laguna.

Creencias generalizadas en el mundo andino, tales como la de la sacralidad inherente a las montañas y lagunas de altura, habrían contribuido a la elección de un paisaje como el de la cuenca de la Laguna Brava para la construcción de escenarios ceremoniales de altura durante el período de influencia inca. Las ofrendas habrían quedado justificadas ideológicamente en el principio de reciprocidad andino por el cual las deidades y huacas deben ser propiciadas a cambio de sus favores, a la vez que aplacadas por las culpas contaminantes de los hombres (Schobinger 2001). En el plano sociopolítico, la estrategia pudo haber procurado subsumir la sacralidad de montañas periféricas involucrándolas en rituales regulados por el Estado. La construcción de un santuario de altura pudo haber sido presentada ideológicamente como un gesto de homenaje del emperador inca hacia las huacas locales y como parte del culto al Sol (Ceruti 1999).

Evidencia arqueológica comparativa pone de manifiesto la sacralidad atribuida a paisajes como los de las grandes salinas y lagunas saladas, puesto que ellas, al igual que las montañas, fueron elegidas como escenarios para sacrificios humanos de los Incas. A comienzos del siglo XX, una momia desecada e impregnada con sal fue recuperada de las Salinas Grandes, en la Puna de Jujuy, al Norte de Argentina (Boman 1918:94-102). La evidencia bioantropológica y arqueológica sugiere que el niño habría sido sacrificado en el marco de una ceremonia incaica de capacocha. Recientes investigaciones de Alicia Fernández Distel indican que el sacrificio del infante pudo tener como escenario algún cerro pequeño junto a las salinas, siendo de interés el topónimo del cerro Niño Muerto, que ostenta una pequeña elevación junto al borde sudoeste de las Salinas Grandes (Fernández Distel 1997:162).

La importancia de las lagunas como escenarios ceremoniales en los Andes se refleja también en rituales colectivos para "llamar la lluvia", como los que se llevan a cabo frecuentemente a orillas de las lagunas de altura en la región Kallawaya (Rosing 1996:114). Esto ha sido observado en todo el territorio altiplánico y puneño desde el siglo XVI hasta nuestros días (Berg 1990:109). Los andinos creen que las lagunas de altura o cochas se alimentan directamente de los grandes espejos de agua o mamacochas -el lago Titicaca y el océano Pacífico- mediante ríos que corren por las entrañas de la montaña (Reinhard 1983:39). De allí la creencia que impulsaba a elegir las lagunas de altura como escenario predilecto para los ritos propiciatorios de la humedad y fertilidad. En este sentido, cabe señalar que el conjunto de plataformas a los pies del cerro Don Mario constituye un destacado ejemplo de un complejo ceremonial incaico asociado a una laguna de altura en el Collasuyu.

El complejo ceremonial de la Laguna Brava consta de tres grandes plataformas, dos de ellas aterrazadas, y la tercera, de mayor tamaño, constituida a modo de rectángulo ligeramente sobreelevado. En la región que nos ocupa, las cimas de los montes Reclus (Reinhard 1987) y Veladero (Ceruti 2003a), ambas sobre los 6.000 m, ostentan también arquitectura ceremonial consistente en plataformas o rectángulos. Según Gasparini y Margolies (1980:269), un simple rectángulo sobreelevado podía cumplir funciones de ushnu, trono y altar que se erigía como emblema de poder y gobierno de los Incas en los territorios conquistados. Los escritos atribuidos a Blas Valera, describen que en los templos naturales, entre los que enumeraba a las cumbreras de montes, era costumbre no hacer edificio alguno, sino un altar de piedra al que llamaban "osno" para los sacrificios (Anónimo 1968:157). Los ushnus cumplían funciones relacionadas con las ofrendas de chicha al Sol (Cabello de Balboa 1951:365). Al respecto, Beorchia Nigris menciona la presencia de canales en las plataformas junto a la Laguna Brava, los cuales habrían servido para conducir las libaciones de chicha hacia el interior de las sagradas aguas (Beorchia Nigris 2001:217-218).

Resulta relevante en el marco del presente estudio, plantear aunque sea a título hipotético, que por su ubicación geográfica el tambo incaico emplazado junto al extremo noroeste de la Laguna Brava podría haber funcionado no sólo como jalón en la red vial imperial, sino también en calidad de base logística para las ascensiones de carácter religioso efectuadas a los santuarios de altura en los vecinos cerros Morado, Pilar y Veladero.

Instalaciones incaicas de albergue y aprovisionamiento, vinculadas con el paso cordillerano de Pircas Negras, han sido documentadas, en las inmediaciones de la Laguna Verde, situada a unos 10 km al sur de la Laguna Brava (Martín 2001:354-355). También hemos tenido oportunidad de observar vestigios de instalaciones incaicas en las cercanías de la Laguna de Mulas Muertas, situada a unos 14 km al noreste de la Laguna Brava, y un tramo del Inca-ñan asociado con cerámica de estilo Inca Pacajes en superficie, a unos cuarenta kilómetros al oeste de la Laguna Brava, sobre el paso cordillerano de Pircas Negras. Las evidencias de tambos y tramos de la red vial ponen de manifiesto la importancia que la región alcanzara en el marco de la red logística implementada por el Tawantinsuyu.

En la cuenca de la Laguna Brava, los sitios en las cimas de los cerros Morado y Pilar, dotados de sencilla arquitectura y depósitos de leña, parecen ser escenarios ceremoniales de jerarquía secundaria, particularmente si se los compara con la evidencia arquitectónica en la cima del vecino nevado Veladero, que incluye una notable plataforma rectangular sobreelevada. Si bien los datos arquitectónicos de superficie no resultan definitorios, no puede, sin embargo, dejar de contemplarse la posibilidad de que los santuarios de menor jerarquía en las cimas de los cerros Don Mario, Pilar y Morado pudieran haber sido utilizados como "santuarios satélites" o lugares de adoración de las grandes montañas de la región. Cabe recordar que la estructura de planta semirrectangular en la cima central del Morado parece tener el lado mayor orientado en dirección al colosal monte Bonete, que sobresale por el norte. Otro tanto sucede con la construcción en la cima del cerro Pilar, que también custodia en su interior un depósito de leña y cuyo lado mayor se presenta orientado en dirección al nevado Veladero.

El relato de la capacocha de Tanta Carhua, escrito por Hernández Príncipe (1986:473) muestra que santuarios, en montañas de menor altura, eran generados con posterioridad al evento ceremonial que tuviera lugar en la cumbre principal de la región, y como resultado de este último Hernández Príncipe revela que el entierro de una niña en la cumbre de una alta montaña de Cajamarca, daba origen a una serie de actividades rituales, e incluso oraculares, que tenían como escenario a las cumbres más bajas desde las cuales podía visualizarse la tumba situada en la elevación de mayor altura y jerarquía. Es por ello que no se puede dejar de contemplar el posible funcionamiento de los santuarios en las cumbres de los cerros Don Mario, Pilar y Morado como escenarios satélite para la conmemoración de actos de ofrenda y sacrificio que pudieran haber sido efectuados en las montañas más altas de la región.

Existen en otras regiones de los Andes argentinos -tanto al sur como al norte de la cuenca de la Laguna Brava- sitios en cumbres bajas, usualmente caracterizados por la sencillez de su arquitectura y por la presencia de depósitos de leña, los cuales aparecen articulados con sitios de mayor jerarquía en cimas elevadas. Dichos sitios pueden ser considerados ejemplos arqueológicos comparativos de santuarios satélites. Tal es el caso de la cumbre del cerro Penitentes, a 4.351 m en los Andes de la provincia de Mendoza, que ostenta un rectángulo ceremonial cuyos lados mayores apuntan al sitio a 5.300 m en la base del contrafuerte Pirámide del Aconcagua, lugar en el que fuera sacrificado y enterrado un niño durante una ceremonia incaica de capacocha (Schobinger 2001). También en la Cordillera Principal de San Juan se presenta el caso de una estructura rectangular relevada en las alturas del Nevado Alma Negra (6.120 m), cuyos lados mayores apuntan hacia la cima del colosal y vecino monte Mercedario (6.770 m), razón por la que ha sido interpretado como un posible santuario satélite de este último (Ceruti 2002a). Un patrón semejante se observa en la arquitectura de las cumbres de los cerros Pocitos, Del Medio, Quironcoló, Verde y Aguas Calientes, que circundan la cima del gran nevado de Quehuar, en la Puna Oriental salteña (Ceruti 2002b).

La leña es uno de los hallazgos de superficie más frecuentes en los santuarios incaicos de alta montaña (Beorchia 2001; Ceruti 1999). En los cerros Pilar y Morado se la encuentra depositada formando montículos en asociación con estructuras para protección del viento. Hemos tenido oportunidad de observar ejemplos de estructuras semi-rectangulares semejantes, asociadas también a depósitos de leña, en los santuarios incaicos del volcán Arizaro y el volcán Blanco, en la Puna occidental de Salta (Ceruti 2001).

La quema de ofrendas debió ser la función principal a la que se orientara el transporte de madera hacia la cumbre de las montañas. La hoguera es un rasgo característico en muchos escenarios rituales, debido a que en la quema de los objetos el humo que se desprende asciende directamente al cielo, constituyendo una apropiada manera de acercar las ofrendas al dios. La señalización de las ceremonias también pudo haber motivado las acumulaciones de leña en los cerros Pilar y Morado.

Pero además de las funciones utilitarias, la leña tenía un valor ceremonial, que se traducía en el cuidado que se ponía en la selección de los materiales. En relación a los procedimientos rituales "la leña y la paja con que se hacían era muy escogida, que no oliese mal ni la hubiesen meado animales" (Murúa 1946:267). De preferencia, para la quema de ofrendas debía usarse "leña labrada y olorosa" (Murúa 1946:346). Cobo (1996:234) y Betanzos (1996:114) detallan que cierta leña rojiza, apta para el tallado, era llevada al Cuzco por los indios chichas desde su región de origen para ser quemada durante los sacrificios. Durante las ceremonias de capacocha, todas las huacas o lugares sagrados en el paisaje debían recibir atención y ofrendas, cuidando que ningún adoratorio, por pequeño que fuese, quedase sin recibir su parte. Molina (1959:92) señala: "Tenían por agüero que ninguna faltase, porque aquella a quien sacrificio le faltase, no se enojase y con enojo castigase al Inca". Esta creencia pudo haber motivado el carácter sistemático de la apropiación ritual de cumbres que hicieron los Incas, y de la consecuente existencia de un pequeño ofrendatorio de leña en la cima de un cerro bajo como el cerro Don Nicolás.

Si bien el carácter preliminar de la investigación -y el hecho de que aún no se cuente con dataciones cronométricas específicas- impide aseverar la sincronicidad en la utilización de los distintos escenarios ceremoniales en la cuenca de la Laguna Brava, argumentos tales como: la virtual ausencia de indicadores de ocupación tardía documentada en la cuenca; la certera filiación incaica del tambo de la laguna y el conjunto de plataformas contiguo; la existencia de evidencias claras de arquitectura inca -como lo son las plataformas rectangulares sobreelevadas (Raffino 1981)- en las cumbres de mayor altura en la región, tales como el Veladero o el Reclus; la semejanza en la arquitectura y en los depósitos de leña que los cerros Pilar y Morado presentan con santuarios incaicos del noroeste argentino, y los indicadores de sacrificios humanos efectuados por los Incas en montañas situadas más al sur, contribuyen todos ellos a señalar tentativamente que los santuarios "satélites" en la región de la Laguna Brava debieron haber sido generados en el marco de actividades ceremoniales desarrolladas bajo influencia del Imperio Inca en la región.

La evidencia recogida en las prospecciones preliminares permite apreciar una estrategia de apropiación activa por parte del estado imperial inca, de la geografía andina en la cuenca de la Laguna Brava, materializada en instalaciones de carácter logístico y ceremonial dispuestas junto al borde de la laguna y en las cumbres de nevados y cerros que la circundan. Los adoratorios de alta montaña parecen responder a un sistema de articulación jerárquico, en el que los santuarios en las más altas cumbres, como la del Veladero, podrían haber quedado involucrados en el entierro de ofrendas y sacrificios durante las ceremonias de capacocha, hipótesis que deberá ser contrastada en futuras excavaciones arqueológicas. En tanto que los sitios en cumbres menores, como el Pilar o el Morado, habrían podido funcionar como santuarios satélites, conteniendo depósitos de leña y en algunos casos, estructuras con los muros orientados hacia las cimas mayores. El conjunto de tres plataformas erigidas sobre el borde mismo de la Laguna Brava resulta único en su género y emplazamiento, puesto que no se conocen ejemplos semejantes para el extremo sur del Collasuyu. Su investigación futura permitirá explicar con mayor detalle la naturaleza de los ritos incaicos de entrega de ofrendas a las aguas de las lagunas sagradas de los Andes.

Agradecimientos: Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) por la Beca Interna que avala mis investigaciones en arqueología de alta montaña. Al Dr. Juan Schobinger y al Dr. Johan Reinhard por el apoyo brindado para el desarrollo de este trabajo. Adriana Escobar colaboró incansablemente en las mediciones efectuadas en alta montaña, a más de 5.000 m, haciendo posible el relevamiento de los sitios aquí presentados. Los trabajos de investigación en arqueología de alta montaña en la provincia de La Rioja cuentan con el aval de la Dirección de Patrimonio Cultural, dependiente de la Agencia de Cultura de dicha provincia. La Dirección General de Turismo, Medioambiente y Desarrollo Sustentable de La Rioja, a cargo del Prof. Adolfo Scaglioni, ha contribuido sustancialmente con la logística de las expediciones, proporcionando movilidad, alojamiento, enlace, guías y baquianos, que facilitaron enormemente el desarrollo de estas exploraciones. Deseo agradecer especialmente a los señores Luis Casas, Alfredo Quintero, Mauricio Molina y al cuerpo de guardafaunas de la Reserva de Laguna Brava en Jagüe. Se hace extensivo nuestro agradecimiento al ingeniero Nicolás Bello por su excelente predisposición para acercar a las investigadoras hasta la base de algunos de los cerros explorados, habiendo ascendido a la cumbre del cerro Don Mario y a la cima de la pequeña montaña que en su honor fuera bautizada.

Referencias Citadas

Anónimo 1968 [1590] Relación de las costumbres antiguas de los naturales del Perú. En Crónicas Peruanas de Interés Indígena. Biblioteca de Autores Españoles, editado por Francisco Esteve, tomo 209: 151-189. Ediciones Atlas, Madrid.         [ Links ]

Barcena, R. 1998 Arqueología de Mendoza. Las dataciones absolutas y sus alcances. Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.         [ Links ]

Beorchia Nigris, A. 1985 El Enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña. Revista del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña, 5: 410.        [ Links ]

2001 Revista del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña de San Juan. Tomo 6, Universidad de La Plata, La Plata, compilador.         [ Links ]

Berg, H. 1990 La Tierra No Da Así Nomás. Ritos Agrícolas en la Religión de los Aymara-Cristianos. Editorial Hisbol, La Paz.         [ Links ]

Betanzos, J. de 1996 [1551-1557] Narratives of the Incas. University of Texas Press. Austin.         [ Links ]

Boman, E. 1918 Una Momia de Salinas Grandes. Anales de la Sociedad Científica Argentina 55: 94-102.         [ Links ]

Cabello de Balboa, M. 1951 [1586] Miscelánea Antártica. Universidad de San Marcos, Lima.         [ Links ]

Ceruti, M. C. 1999 Cumbres Sagradas del Noroeste Argentino. Avances en Arqueología de Alta Montaña y Etnoarqueología de Santuarios Andinos. EUDEBA, Buenos Aires.        [ Links ]

2001 Aracar, Guanaquero, Rincón, Arizaro y Blanco: prospección y relevamiento de santuarios de altura en volcanes de la puna occidental salteña. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología XXVI: 145-166.        [ Links ]

2002a Prospecciones arqueológicas en el Nevado Alma Negra (6.120 m, Departamento Calingasta, Provincia de San Juan): hallazgo de un santuario de altura incaico. Actas de las IV Jornadas de Investigadores en Etnohistoria y Arqueología del Centro y Oeste. Río Cuarto, en prensa.        [ Links ]

2002b Utilización ritual de cumbres en la puna oriental salteña: nuevos aportes para el estudio de los santuarios de altura de los Incas. Actas del XIV Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Rosario, en prensa.        [ Links ]

2003a Nevado Veladero (6.435 m.): informe de prospección arqueológica (Provincia de La Rioja, Argentina). Manuscrito en posesión de la autora.        [ Links ]

2003b Cerro Fandango (5.612 m.): informe de prospección arqueológica (Provincia de La Rioja, Argentina). Manuscrito en posesión de la autora.        [ Links ]

2003c Cerro Azul (5.095 m.): informe de prospección arqueológica. (Provincia de La Rioja, Argentina). Manuscrito en posesión de la autora.        [ Links ]

2003d Llullaillaco: Sacrificios y ofrendas en un santuario Inca de alta montaña. Ediciones Universidad Católica de Salta, Salta.         [ Links ]

Cobo, Fray B. 1996 [1652] History of the Inca Empire, editado por Ronald Hamilton. University of Texas Press, Austin.         [ Links ]

D'Altroy, T. 2002 The Incas. Blackwell Publishers, Malden.         [ Links ]

Duviols, P. 1976 La Capacocha. Mecanismo y función del sacrificio humano, su proyección geométrica, su papel en la política integracionista y en la economía redistributiva del Tawantinsuyu. Allpanchis: 9:11-57.         [ Links ]

Fernández Distel, A. 1997 Momias y Toponimia en las Salinas Grandes (Noroeste de la República Argentina). Revista de Estudios Regionales 18:157-171.         [ Links ]

Gasparini, G. y L. Margolies 1980 Inka Architecture. Indiana University Press, Bloomington.         [ Links ]

González, B. 1958 Suma de Geografía, Tomo III. Peusser, Buenos Aires.         [ Links ]

Hernández Príncipe, R. 1986 [1621] Idolatría del pueblo de Ocros, cabeza desta comunidad. En Cultura Andina y Represión, editado por Pierre Duviols, pp. 442-448. Centro de Estudios Rurales Andinos Bartolomé de las Casas, Cuzco.         [ Links ]

Martín, S. 2001 Explotaciones mineras y registro espacial Inka en la Sierra de Famatina (Provincia de La Rioja). Actas del XIII Congreso Nacional de Arqueología Argentina Córdoba Tomo I: 347-360.         [ Links ]

Molina, C. 1959 [1575?] Ritos y Fábulas de los Incas. Editorial Futuro, Buenos Aires.         [ Links ]

Moseley, M. 1992 The Incas and their Ancestors. Thames and Hudson, London.         [ Links ]

Mostny, G. 1957 La Momia del Cerro el Plomo. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, XXVII. Santiago, Chile.         [ Links ]

Murúa, Fray M. 1946 [1590] Historia del Origen y Geneaología Real de los Reyes Incas del Perú. Biblioteca Missionalia Hispanica Vol. 2, Madrid.         [ Links ]

Raffino, R. 1981 Los Incas del Kollasuyu. Editorial Ramos Americana, La Plata.        [ Links ]

1993 Inka: Arqueología, Historia y Urbanismo del Altiplano Andino. Editorial Corregidor, Buenos Aires.         [ Links ]

Raffino, R., R. Iturriza, A. Capparelli, J.D. Gobbo, V. García Montes, C. Diez Marín y A. Iacona 2001 El capac-ñam Inka en el riñón valliserrano del noroeste argentino. En Historia Argentina Prehispánica, editado por Eduardo Berberián y Axel Nielsen, Tomo II: 493-522. Editorial Brujas, Córdoba.         [ Links ]

Reinhard, J. 1983 High-altitude archaeology and Andean Mountain Gods. American Alpine Journal 25: 54-67.        [ Links ]

1987 The Hidden Crater: Expedition to an unexplored plateau of Western Argentina. Optima 35:218-227.         [ Links ]

Reinhard, J. y C. Ceruti 2000 Investigaciones Arqueológicas en el volcán Llullaillaco. Complejo Ceremonial Incaico de Alta Montaña. EUCASA, Salta.         [ Links ]

Rosing, I. 1996 Rituales para Llamar la Lluvia. Editorial Los Amigos del Libro, La Paz.         [ Links ]

Schobinger, J. 1966 La momia del Cerro El Toro: Investigaciones arqueológicas en la Cordillera de la Provincia de San Juan. En Anales de Arqueología y Etnología. Suplemento al tomo 21. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.        [ Links ]

1977 Arqueología del Valle del Río Bonete: Resultados preliminares de una prospección realizada en marzo de 1977. Manuscrito en posesión de la autora.        [ Links ]

1983 Informe Técnico Preliminar sobre el Subsidio "Investigaciones Arqueológicas en la región cordillerana del Oeste de La Rioja". Manuscrito en posesión del autor.        [ Links ]

2001 El santuario Incaico del Cerro Aconcagua. EDIUNC, Mendoza.         [ Links ]

Tierney, P. 1989 The Highest Altar: Unveiling the Mystery of Human Sacrifice. Penguin, New York.        [ Links ]

_______________

* Instituto de Investigaciones de Alta Montaña, Universidad Católica de Salta, Pellegrini 790, 4.400 Salta, Argentina. constanzaceruti@hotmail.com.

Recibido: abril 2002. Aceptado: septiembre 2003.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons