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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.33 n.2 Arica jul. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562001000200009 

SALIENDO DEL CAJÓN POR EL RÍO JORDÁN: COSTUMBRES FUNERARIAS DEL
VALLE DEL CAJÓN, CATAMARCA, ARGENTINA

María de Hoyos*

*Universidad de Buenos Aires, Instituto de Ciencias Antropológicas, Puán 470, piso 4º (405), 1406 Buenos Aires, Argentina. E-mail: lnacuzzi@nexusbbs.com.ar.

El objetivo de este trabajo es dar a conocer las costumbres funerarias que se practican actualmente en la localidad de la Hoyada, ubicada a 3000 msnm en el Valle del Cajón, en la Provincia de Catamarca, en el noroeste de Argentina. Los ritos que hemos registrado abarcan dos instancias: la primera cuando se produce la muerte de un integrante adulto de esta población, o sea cuando el alma realiza su tránsito al más allá; y la segunda, para el "Día de las Almitas", es decir, el día en que las almas regresan a este mundo para reencontrarse con sus parientes, hacienda y hogar.

Palabras claves: Ritos mortuorios, Día de los Muertos, cosmología.

The objective of this work is to describe the funeral customs that are practiced today in the locality of Hoyada, placed 3000 m.a.s.l. in the Valley of Cajón, in the Catamarca Province in northwestern Argentina. The rituals that we have recorded encompass two instances: the first when there is the death of an adult member of this population, or when the soul completes its journey to the beyond; and second, for the "Day of Souls," or the day in which the souls return to this world in order to unite with their relatives, land and home.

Key words: Mortuary rites, The Day of the Dead, cosmology.

El objetivo de este trabajo1 es dar a conocer las costumbres funerarias que se mantienen vigentes en el Valle del Cajón, en la provincia de Catamarca en el Noreste argentino. Existen en este contexto normas institucionales que establecen modalidades de velatorio y entierro, pero paralelamente se realizan actividades no contempladas por los códigos oficiales. Se trata de prácticas celebradas colectivamente en base a creencias compartidas y que responden a pautas de comportamiento incorporadas desde generaciones precedentes. Estas actividades tienen sus propias reglas, son convenciones que maneja la sociedad y a las que les atribuyen determinados significados.

En esta ponencia presentamos los resultados de los trabajos realizados en campo, con el objeto de registrar las actitudes y prácticas rituales vinculadas a la muerte (velatorio, entierro y ceremonias posteriores y cíclicas) y la interpretación que los participantes otorgan a los distintos actos que realizan. La investigación bibliográfica acerca de costumbres similares en el Area Andina (en el presente y en el pasado) nos permitió comparar y proponer una interpretación más allá de la consciente asumida por los protagonistas.

Marco Geográfico

El Valle de Cajón se ubica al Oeste y paralelo al Valle de Santa María en el NE de la Provincia de Catamarca. Tiene su cabecera en puna y una altura decreciente de Norte a Sur desde los 4200 a los 2200 msnm, comprendiendo _de esta manera_ ambientes villaserranos y puneños. Posee en general una geografía adversa: es árido, con vegetación arbustiva y subarbustiva, gran amplitud térmica diurna y estacional, fuertes vientos en invierno y lluvias breves, pero torrenciales en verano.

La población es escasa y se halla diseminada en puestos más o menos aislados a orillas de los pocos ríos que conservan agua durante todo el año y en pequeños poblados de entre 100 y 300 habitantes. No hay luz eléctrica, ni médicos, ni sacerdotes. La principal actividad de sus habitantes, es la cría y pastoreo de cabras, llamas y ovejas y el cuidado de la pequeña huerta familiar.

La falta de caminos lo mantuvo casi aislado y los pobladores se veían obligados a viajar a lomo de mula entre 13 y 18 horas por un sendero que cruzaba la Sierra de Quilmes para llegar a la ciudad más próxima (Santa María). Actualmente, un camino de reciente construcción permite la llegada de camionetas que transportan mercaderías y pasajeros.

Metodología

En este contexto registramos dos tipos de situaciones: la primera es la vinculada con el velorio, entierro de adultos (los de niños tienen otras características) y actividades posteriores al mismo, y la segunda es la relacionada con la celebración que los pobladores denominan "Día de las Almitas" y en el Calendario Religioso Católico figura como "Día de los Fieles Difuntos".

La metodología empleada fue, por un lado, la observación participante en el caso de esta última celebración y, por otro lado entrevistas a fin de conocer las prácticas funerarias. En todos los casos procuramos triangular la información, es decir, cruzar las versiones para contrastar datos que permitan confirmar los hechos. La trama que hemos reconstruido es producto de los relatos lineales o fragmentarios obtenidos en las entrevistas.

Los trabajos de campo fueron complementados con la lectura sistemática de bibliografía vinculada al tema de las prácticas mortuorias en el Area Andina, estableciendo una interacción entre el trabajo de campo y el bibliográfico que nos guió hacia la re-pregunta o hacia aspectos no contemplados en un primer momento.

Velorio y Entierro

El velorio dura 24 horas que, además de ser lo oficialmente estipulado para estos casos, para algunos informantes, se hace de esa manera porque "San Pedro no espera"2. El lugar destinado para ese fin es la casa y la cama de la persona fallecida quien debe usar una mortaja o hábito que no tenga botones, pero su ropa preferida es doblada e incluida dentro del cajón en el momento del entierro. En los costados y extremos de la cama se colocan cuatro velones a manera de cruz. Estos velones fueron confeccionados con el extremo superior o corona del cardón, que fue cortada y rellena con grasa. De esta forma puede mantenerse encendida por tiempo indefinido, aún en el exterior.

Los parientes y vecinos acuden masivamente a acompañar y se organizan turnos de rezos por grupos familiares que incluyen oraciones especiales para esa circunstancia intercaladas con canciones religiosas entonadas a un ritmo bagualero. Esto dura toda la noche, mientras tanto los dueños de casa ofrecen una variedad de comidas a los asistentes.

Cuando llega el momento del entierro, todo el pueblo se dirige en procesión al cementerio. Se suspenden las clases y todo tipo de actividad. Los cajones se hacen especialmente para la ocasión y se utilizan las maderas que se puedan conseguir incluido el cardón. Luego de la inhumación se barre todo el cementerio y, en algunas ocasiones, se arrojan hojas de coca en la sepultura.

Noveno Día

Se supone que "el alma permanece nueve días alrededor del cadáver hasta iniciar su viaje definitivo". Todas las noches durante esos "nueve días" se reza la Novena en la casa del difunto y los participantes son convidados con comidas y bebidas. El último día se efectúa un segundo velatorio con "presencia" simbólica del muerto. Para esto se coloca sobre la cama la ropa desplegada, sombrero y zapatos tal cual como si estuviera acostado, se tapa con una manta y se colocan velas alrededor. Se elige un "Juez" que no debe ser familiar y debe ser del sexo opuesto del difunto. Es decir, si éste fuera un hombre el juez sería una mujer. Este juez es el que decide y organiza el lavatorio, que consiste en lavar en el río la ropa y todos los objetos que pertenecieron al muerto. Los participantes son recompensados con alimentos y bebidas que tampoco preparan los familiares directos. La función de la familia es controlar, vigilar y finalmente decidir el destino de la ropa: guardarla, repartirla o quemar la más vieja.

Por último, se ahorca el perro personal del difunto y se le coloca acostado sobre una alforja donde además se ubican bolsitas de lienzo conteniendo los elementos que le gustaba consumir: bebidas, cigarrillos, yerbas, comidas (maíz, papas), hojas de coca y además una escalerita de cartón y cartulina. Se entierra todo camino al cementerio y se cierra el ciclo con el rezo del Quincenario y una cena fúnebre.

Día de las Almitas

Las "Almitas" regresan una vez por año a visitar a sus parientes, casa y hacienda. Por lo tanto, los familiares deben ofrecerles la bienvenida el primero de Noviembre al mediodía, darles de comer y beber durante 24 horas y despacharlas al siguiente día a la misma hora. La celebración religiosa comienza nueve días antes con el rezo diario de la Novena. Además, empieza una intensa actividad orientada a preparar las ofrendas para las almas: buscar leña, hornear panes y rosquillas, solicitar productos especiales a la ciudad, preparar coronas de flores de papel crepé y velones de cardón.

También se bajan los animales que se consumirán en esa ocasión y que no son los que comen habitualmente: se prefieren las llamas y los de mayores recursos optan por los novillos.

La familia que nos invitó a la celebración preparó en una de las habitaciones de la casa un Altar y la Mesa de Ofrendas. Sobre el mantel se colocaron primero los dulces y frutas traídas especialmente de la ciudad y luego se fueron sumando cada una de las comidas y bebidas que se sirvieron a lo largo de las 24 horas.

En la cabecera de la mesa se encontraba un velón de cardón y había otros ubicados en el exterior de la casa a fin de señalar a las almitas el camino a seguir. El Altar consistía en una mesa con estampas e imágenes de Cristo, de los Santos Patronales y la Virgen del Valle y un vaso con agua bendita. El "librito" con que se reza el Novenario era un cuaderno manuscrito conteniendo las oraciones y los cantos en sufragio de las "Benditas Animas del Purgatorio" (expresión que se reitera permanentemente). Se reza mirando al Altar y una persona dirige las oraciones y canciones mientras el resto responde a coro.

En otra casa donde también se aguardaba a las Almitas, la Mesa de Ofrendas estaba detrás de una especie de telón y sólo un miembro de la familia se acercaba a colocar nuevos alimentos o ver si faltaba algo. Esta separación es para que las almas se aproximen a comer sin ser perturbadas.

En otra habitación, generalmente en la cocina, los dueños de casa convidan a todos los presentes con las comidas y bebidas que se van preparando una tras otra. El representante de mayor edad de la familia lleva el primer plato o vaso que se sirve a la Mesa de las Ofrendas y, por otro lado, de todo lo que come o bebe cada comensal coloca unas cucharadas o un trozo dentro de un recipiente ubicado en el centro de la mesa de la cocina. Cuando llegue el momento el contenido de este recipiente se incluirá en la Ofrenda Final. Durante la visita de las almas los participantes alternan las oraciones y los cantos con las comidas.

Se supone que los difuntos regresan ansiosos de volver a probar de todo lo que gustaron en vida, por lo tanto, ningún alimento debe faltar. Es así que a las 12 del día dos de Noviembre, la Mesa de las Ofrendas literalmente desborda de comidas y bebidas. Todo está representado y en abundantes cantidades incluyendo las hojas de coca y los cigarrillos. Las bebidas van del café a la piña colada; y las comidas muestran una variedad que incluye asado de llama, empanadas, locro, sopa, milanesas, pasas, nueces, pelones mazamorras, panes salados y dulces y otros más. El mediodía es el momento de la Ofrenda Final. Para ello, un representante de cada grupo familiar presente va retirando distintas ofrendas de la Mesa y las coloca en un balde. Las bebidas se vierten en forma de señal de la Cruz. Cuando se considera que es suficiente se vuelca el contenido sobre una hoguera preparada fuera de la casa y se quema procurando que se produzca una densa columna de humo porque éste será el vehículo que transporte la comida a las almas.

Para finalizar, todos se dirigen al cementerio para "Despachar a las Almitas". Primero, cada familia echa agua sobre las tumbas de sus parientes, prenden velas y las adornan con las coronas de papel. Luego el "Animador de Fe" (un laico entrenado por sacerdotes) realiza una celebración religiosa colectiva.

Algunas Observaciones

En la provincia de Catamarca y por ende en el Valle del Cajón el dos de Noviembre es feriado.

No se celebra el "Día de los Muertos" sino el "Día de las Almitas" un diminutivo con significación afectiva. No es un día de tristeza o temor sino un día de fiesta en el que se produce el reencuentro con los muertos y con ellos se comparte los alimentos.

Vienen todas las almas; no hay distinción entre "nuevas", o sea recientes, y "viejas". Existe un claro divorcio entre lo que se celebra y lo que se expresa en las oraciones religiosas. Las súplicas están destinadas a Cristo, a la Virgen María y a San José para que intercedan a fin de permitir a las "Benditas Animas del purgatorio" romper sus cadenas y acceder a la Gloria de Dios. Se reza "por las almitas con las que se tiene mayor obligación" que son las de la propia familia y por aquellas que "no tienen quién les rece". En ningún momento se hace referencia a la llegada de las almas ni se les da la bienvenida; del texto religioso no se desprende esta creencia. Es más, ellos dicen que los sacerdotes sostienen que las almas realmente no vienen, pero cada uno cuenta una historia que le tocó protagonizar donde confirmó la presencia de las almitas ese día. Advertimos conflicto, no contradicción, entre ambas creencias y ritos.

Estas prácticas, con sus variantes regionales, se efectúan entre poblaciones campesinas de gran parte del Area Andina. En muchos de estos lugares, donde la influencia católica no logró eliminar los antiguos discursos, las creencias se hacen explícitas, es decir que hay una coincidencia entre las palabras y los actos. Existen entonces oraciones específicas destinadas a dar la Bienvenida a las Almitas, otras para formularles ruegos, solicitarles protección, tolerancia y salud y finalmente oraciones para despedirlas. Incluso, se cantan waynos apropiados para cada una de estas etapas. Investigadores andinos como William Carter, Xavier Albó, Olivia Harris e Ina Rösing consideran que para estas poblaciones las almas adquieren un poder sobrenatural que les permite influir en el curso de los acontecimientos de este mundo; pueden conjurar enfermedades y desgracias, pueden duplicar cosechas y ganados. Pero también, como sostiene Latchman, sienten necesidades, pasiones, gustos y disgustos y estas necesidades deben quedar satisfechas porque los difuntos disponen de medios para hacer sentir su enojo y para compeler a la observancia de estas obligaciones. En otras palabras, adquieren una fisonomía similar a la que tenían las antiguas "huacas" prehispánicas o que tiene aún la Pachamama: un poder ambiguo y voraz que puede tanto enviar calamidades como prosperidad. La cantidad de alimentos ofrecida y consumida para el Día de las Almitas afecta directamente el bienestar físico y moral durante el año. Pero eso debe "pagarse" (verbo que efectivamente utilizan en esas situaciones) con ofrendas y éstas deben ser generosas.

Notas

1 Investigación realizada con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes. La autora, María de Hoyos, es miembro del Instituto de Ciencias Antropológicas, Sección Etnohistoria, Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires.

2 Las expresiones entre comillas empleadas en el relato corresponden a manifestaciones textuales de los protagonistas.

Interpretaciones

Con respecto a las prácticas funerarias (velatorio, entierro y ceremonias posteriores) consideramos que apuntan a dos objetivos esenciales: por un lado asegurar al alma su viaje al otro mundo, y por otro lado obtener inmunidad y tranquilidad para los que permanecen en éste. Las actividades vinculadas a facilitar el tránsito son las de proveerle un traje adecuado, bebidas, comidas, coca, la escalera para que suba al cielo y un perro guía. Este perro lo ayudará a cruzar el "Jordán", un caudaloso río de ultratumba que las almas por sí solas no pueden cruzar.

Para garantizar la seguridad de los que permanecen en este mundo se barre el cementerio para que el alma no siga "huellas que le permitan salir en busca de otra persona para que le haga compañía". Se realiza el lavatorio porque "si hay mugre el alma vuelve". No recuerdan las razones por las cuales los miembros directos de la familia no son protagonistas sino espectadores de estas actividades; sin embargo, en países andinos donde tienen prácticas similares, los informantes sostienen que los parientes no participan porque sino "el muerto se los lleva".

Se deja claramente marcada la divisoria entre el muerto y quienes lo sobreviven y se eliminan los pretextos que el alma pudiera alegar para volver a perturbar a los vivos.

¿Cuál sería la explicación para el desborde de ofrendas en el Día de las Almitas? Los protagonistas dicen que ellos repiten "el estilo de los de antes", pero una posible respuesta surgió de un encuentro casual con un puestero que venía apesadumbrado porque había perdido 15 ovejas al ser arrastradas por una inesperada crecida del río. Estas ovejas eran en parte suyas y parte de un tío recientemente fallecido. Su comentario en esa ocasión fue "no debí alimentar bien a mi tío para el Día de las Almitas porque volvió para cobrarse".

Recibido: septiembre 1999. Aceptado: diciembre 2000.