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vol.33 número1PATRONES MORTUORIOS EN CAZADORES RECOLECTORES DEL PLEISTOCENO Y HOLOCENO EN COLOMBIAPATRÓN FUNERARIO PRE CHINCHORRO EN UN CONTEXTO DE SEMI SEDENTARISMO Y COMPLEMENTARIEDAD ECOLÓGICA: EL SITIO ACHA-2, EXTREMO NORTE DE CHILE CA. 9.500 - 10.000 AÑOS A.P. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.33 n.1 Arica ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562001000100007 

¿PATRÓN FUNERARIO ARCAICO O ALTERACIÓN POSTDEPOSICIONAL?
EL ENTERRATORIO DE PATAPATANE EN LOS ANDES CENTRO SUR.

Calogero M. Santoro*, Vivien G. Standen*, Bernardo T. Arriaza**

*Departamento de Arqueología y Museología, Universidad de Tarapacá, Casilla 6-D, Arica, Chile. E-mail: csantoro@uta.cl.
**Department of Anthropo1ogy and Ethnic Studies, University of Nevada, Las Vegas, 4505 Maryland Parkway, Las Vegas NV 89154-5012, U.S.A. E-mail: ben@nevada.edu.
Recibido: marzo 1999. Aceptado: diciembre 2000.

Excavaciones practicadas en la cueva Patapatane en la Sierra de Arica, en el área Centro Sur Andina, expusieron un enterratorio datado en 5.910±90 años antes del presente, correspondiente al Período Arcaico Tardío (ca. 6.000-3,500 A.P.). El individuo, una mujer de aproximadamente 20-23 años, presenta evidencias de alteración perimortem antes de la inhumación; ¿Puede ser esto consecuencia de la acción cultural o los efectos de acciones postocupacionales de origen humano o naturales? En este trabajo postulamos que el enterramiento de Patapatane forma parte de una tradición cultural de gran profundidad temporal y amplitud geográfica en Sudamérica que tienen como denominador común la drástica manipulación de los cuerpos, como parte del rito funerario antes de su inhumación final. Las evidencias de Patapatane, como muchas otras en Sudamérica, no parecen corresponder a simple alteraciones postenterratorio.

Palabras claves: Culturas precolombinas, patrones funerarios, alteraciones perimorten, cazadores arcaicos.

Excavations at Patapatane Cave in the Arica highlands, in the South Central Andes, exposed a burial dated at B.P. 5,910±90 years, corresponding to the Late Archaic Period (ca. B.P. 6,000-3,500). The individual, a 20-23 year-old female, shows signs of perimortem bone modification before inhumation. Can this be interpreted as the consequence of cultural action or the effect of post-depositional alteration by human or natural events? In this paper, we postulate that the Patapatane burial belongs to an early and widely distributed cultural tradition. They share as a common trait, the drastic manipulation of the corpses as part of a mortuary ritual prior to inhumation. The Patapatane burial, as in many South American burials, does not seem to be the result of simple post-depositional alteration.

Key words: Precolumbian cultures, funerary patterns, perimortem alterations, archaic hunters.

En este trabajo presentamos un resumen de las evidencias más relevantes de patrones funerarios de Sudamérica para discutir las hipótesis que modificaciones perimortem, entendidas éstas como las "alteraciones de huesos frescos antes, durante o después de la muerte" (White 1992:9) fueron comunes entre grupos de cazadores entre los 10.000 a 4.000 A.P. Las manipulaciones perimortem incluyeron acciones tales como momificación artificial, mutilación, desmembramiento, cremación o chamuscado de huesos y partes blandas, descarnamiento, eliminación de partes del cuerpo, etc. Con excepción de la momificación artificial, este tipo de alteraciones han sido adscritas a sociedades más complejas. Se sugiere que habrían tenido su origen en los primeros centros ceremoniales formativos, vinculados a prácticas de sacrificios humanos y canibalismo ritual (Lumbreras 1989) o, incluso a épocas más tardías vinculadas al centro ceremonial de Tiwanaku (Manzanilla y Woodard 1990).

Las alteraciones no pueden ser explicadas en su totalidad como la consecuencia de la acción de agentes naturales, como animales carroñeros, o la destrucción casual o intencionada ejercida por ocupantes posteriores de los sitios.

Las evidencias muestran que el cuerpo de Patapatane fue severa e intencionalmente desmembrado, mutilado y un miembro machacado antes de su inhumación final. Es importante destacar que las partes esqueletales enterradas fueron encontradas en correcta posición anatómica, con excepción de la cabeza, lo que significa que, al momento del entierro, el cuerpo estaba articulado por sus ligamentos y músculos. Esta evidencia muestra que los deudos tuvieron claras intenciones de dar sepultura a los restos del individuo una vez finalizadas las alteraciones postmortem.

El Sitio Patapatane

Patapatane es una cueva ubicada a 3.800 msnm, en el lado norte de una estrecha y no muy profunda quebrada, que drena de oeste a este, contrario a todo el sistema hidrológico regional, desde la Sierra de Huaylillas hacia el valle de Lluta. El sitio se ubica a 60 km de la costa y del altiplano regional y forma parte del borde occidental de la Puna Seca (Núñez y Santoro 1988; Santoro 1987; Santoro y Núñez 1987; Troll 1958). El sector, hoy día, presenta baja precipitación y una vegetación dispersa de tipo tolar (Kalin et al. 1982; Villagrán et al. 1982; Figura 1). Es un territorio prácticamente deshabitado. La actividad pastoril se restringe a pequeñas quebradas con vertientes locales que dan origen a pequeños bofedales o cenagales. Mamíferos mayores como guanaco (Lama guanicoe) se observan ocasionalmente, vicuñas (Vicugna vicugna) son más raras. Pequeños mamíferos como vizcacha (Lagidium viscacia), cholulo, (ctenomys sp.) roedores más pequeños y aves son más comunes.


Figura 1. Mapa ubicación Cueva Patapatane.

La cueva de Patapatane es abierta y de grandes dimensiones y se ubica cerca del borde de la abrupta pared liparítica de la quebrada. El interior se ha rellenado con cascajos desprendidos del techo, restos de ocupación humana y depositación eólica; mientras que la ladera exterior está cubierta con grandes bloques desprendidos desde la cornisa de la cueva. El área protegida mide 33,30 m de ancho, 11,70 m de profundidad y varios metros de altura, lo que cubre un área de alrededor de 300 m2. Solamente el sector oeste presenta depósitos de ocupación humana en un área de alrededor de 100 m2 (Figura 2).


Figura 2. Vista general Cueva Patapatane, borde occidental Puna Seca, 3.800 m.

La cueva fue posiblemente un campamento temporal estacional de tipo logístico, de cazadores recolectores cuyos campamentos bases se ubicaban hacia el altiplano o la costa. La presencia de conchas de Choromytilus y otros moluscos, comunes en otros sitios de la sierra (Aldenderfer 1989; Ravines 1967; Santoro 1987) o el registro de obsidiana, plumas de suri en Patapatane y sitios de la costa (Allison et al. 1984; Vescelius 1960), muestran una gran interacción entre la costa y el altiplano, en la época de los cazadores.

Una muestra radiocarbónica de uno de los estratos culturales más profundos de la cueva Patapatane ubica las primeras ocupaciones alrededor de 8.000 A.P., límite final del período Arcaico Temprano (Nuñez y Santoro 1988, Santoro 1989, Santoro y Nuñez 1987). Durante el periodo Arcaico Medio las actividades en el sitio son menos intensas a juzgar por la baja densidad de artefactos y de restos de ocupación. Mayor actividad de ocupación se observa a partir del Arcaico Tardío datado en 4890+130 A.P. (muestra de carbón). El lugar fue raramente visitado en épocas prehispánicas tardías.

El enterratorio de Patapatane fue datado directamente en 5.910+90 A.P. (muestra de hueso del propio individuo), coincidente con la época de máxima sequedad en las tierras altas andinas, que abarca entre los 8.000 a los 3.000 años A.P. Cazadores recolectores de la costa o del altiplano pudieron visitar el lugar durante los períodos de lluvias torrenciales, típicas de esta época seca (Aldenderfer 1989; Grosjean y Núñez 1994; Grosjean et al. 1995; Núñez y Grosjean 1994; Núñez et al. 1996; Santoro 1989; Valero et al. 1996).

El Enterratorio de la Cueva de Patapatane

Restos de un esqueleto incompleto se hallaron a 1,10 m de profundidad bajo el nivel 0,0 catalogado como Patapatane-1, cuerpo 1. El cuerpo reposaba sobre su espalda en un sedimento de gravilla de color rosáceo, correspondiente a la roca meteorizada de la cueva. No se observaron evidencias de una base preparada o la excavación de una depresión para depositar el cuerpo. El esqueleto fue, sin embargo, enmarcado y parcialmente cubierto por 6 rocas de regular tamaño (50 a 15 cm de largo y 20 a 10 cm de ancho). Una de las rocas cubría el lado derecho del cráneo, la cara y la parte superior del tórax. Rocas más pequeñas se ubicaron sobre la región abdominal izquierda. Una roca más grande cubrió la región baja de la pelvis izquierda. A consecuencia del peso de estas rocas las vértebras cervicales se destruyeron. Aunque el conjunto de estas rocas no forman una estructura bien definida, éstas fueron intencionalmente puestas encima y alrededor del cuerpo con el objeto de crear un espacio íntimo más protegido (Figura 3).


Figura 3. Enterratorio Cueva Patapatane cubierto parcialmente de rocas.

Los restos incompletos del esqueleto, encontrado en relativas malas condiciones, corresponden a una mujer de 20-23 años a juzgar por el pequeño tamaño de la cabeza y sus gráciles formas. Presenta signos de haber tenido buen estado de salud y dentición (Standen y Santoro 1994). No hay evidencias de deformación craneana, una práctica común en los Andes que comienza a difundirse hacia los 4.000 A.P. en el norte de Chile (Munizaga 1974; Soto 1974; Standen y Núñez 1984).

Dentro de los sedimentos que cubrían inmediatamente el cuerpo se encontraron fragmentos de conchas de Choromytilus, tres pequeñas vértebras de pescado no identificado, un artefacto de hueso pulido que recuerda una barba de arpón, dos lascas y un fragmento de toba volcánica golpeada. Es posible que algunos de estos elementos fueran intencionalmente puestos sobre el cuerpo al momento del enterramiento o bien pudieron estar incluidos en el sedimento de color plomo, correspondiente al estrato 9b, que terminó por cubrir el cuerpo. Las pobres condiciones de conservación del enterratorio no permitieron saber si el individuo fue cubierto por una estera de totora u otro tipo de cobertor o vestimenta.

Partes Esqueletales Ausentes o Alteradas

Las partes del esqueleto ausentes o alteradas son las siguientes (Figura 4):


Huesos Faltantes

Figura 4. Esqueleto indicando los huesos ausentes en el enterratorio.

1. Ausencia de ambas extremidades superiores, incluyendo:
· Escápulas
· Clavículas
· Húmeros
· Cúbitos
· Radios
· Huesos de la Mano

2. Ausencia de huesos del tórax:
· Esternón
· Algunas costillas

3. Cráneo
· Removido
· Fractura postmortem en la base, afectando la escama occipital y el foramen magnum a fin de remover el cerebro (Figura 5)
· Fracturas postmortem del hueso malar y maxilar derecho
· Ausencia del arco zigomático, alvéolos y piezas dentales
· Ausencia de la mandíbula


Figura 5. Cráneo enterratorio Patapatane, con foramen magnunm y occipital agrandado.

4. Extremidades Inferiores
- Extremidad derecha
· Desarticulada a nivel de la articulación sacroilíaca
· Sínfisis púbica quebrada
- Extremidad Izquierda
· Fémur articulado al coxal
· Tercio distal ausente
· Fémur fracturado con fragmentos in situ (Figura 6)


Figura 6. Extremo distal fémur izquierdo fracturado por efecto de la mutilación de la extremidad.

El cráneo fue removido y relocalizado en posición vertical, alineado con la espina dorsal. La visión fue orientada 252° SO, mientras que el eje sacro-vertex estaba orientado 47º NE. La sección posterior del foramen magnum fue rota para agrandar el orificio y permitir la extracción del cerebro (Figura 6). La región malar y maxilar derecha también se fracturó a consecuencia del peso de las rocas y sedimentos que cubrieron al individuo. Encontramos también 10 fragmentos de piezas dentales, resultado de la meteorización de las mismas.

El fémur izquierdo, por su parte, fue drásticamente cortado al nivel de la tercera sección distal; a consecuencia posiblemente, del golpe rudo de un instrumento contundente y la aplicación de instrumentos cortantes para separar las partes blandas (Figura 6). En el segmento in situ se registraron cerca de 10 fracturas irregulares y transversales, efecto de golpes aplicados inmediatamente bajo la epífisis distal. Las piezas fragmentadas del fémur se encontraron en correcta posición anatómica, lo que indica que el hueso fue machacado cuando estaba cubierto con músculo. Si los golpes se hubieran aplicado sobre hueso desnudo, los fragmentos habrían saltado en todas direcciones.

Discusión y Conclusiones

El enterratorio de Patapatane, una cueva en la sierra de Arica (3.800 m), datado en 5.910+90 A.P., corresponde a un individuo aislado joven de sexo femenino, con claras señas de alteración postmortem, que incluyó mutilación, desmembramiento y fractura de huesos. El cuerpo fue puesto en posición supina, anatómicamente correcta, con excepción del cráneo que fue removido para sacar el cerebro y luego reubicado sobre el tronco. El enterratorio fue parcialmente cubierto y rodeado por rocas de distinto tamaño sin que llegaran a formar una cámara propiamente tal.

No hay señas que el individuo quedó expuesto por largo tiempo a descomposición natural. La correcta posición anatómica de los restos indican que al momento del enterramiento, el cuerpo estaba aún integrado por sus ligamentos naturales y músculos. Tampoco hay señas que el individuo fuera víctima de animales carroñeros, como el zorro, luego de quedar abandonado a la intemperie. Si este hubiera sido el caso las posibilidades de inhumar el cuerpo habrían sido mínimas. Tampoco hay indicaciones de la intervención de carroñeros una vez que el individuo fuera enterrado, como ocurre en Telarmachay (6.789 - 7.110 A.P.) en la sierra central de Perú, (Julien et al. 1981: 88; Lavallée et al. 1982: 66-67) y Cañadon Leona, en la Patagonia chilena (Bird 1988:62-64). En el enterratorio de Patapatane, nose observaron huellas de marcas de dientes en los huesos recuperados. No hay indicaciones estratigráficas de alteraciones postdeposicionales de ocupantes posteriores de la cueva.

Todo parece indicar que los restos enterrados no fueron intervenidos después de la inhumación y que las alteraciones sufridas por el individuo ocurrieron después de su muerte y respondieron a procedimientos culturales cuyo significado no conocemos bien todavía.

Basados en las evidencias de Patapatane postulamos que alteraciones de este tipo y otras que incluyó una amplia gama de procedimientos fueron comunes entre cazadores recolectores en los Andes como en otras partes de Sudamérica. Nuestra investigación en Patapatane muestra que por encima de las variaciones locales, los patrones funerarios, tienen como denominador común la drástica alteración intencional de los cuerpos antes de su inhumación final. En la momificación artificial, rasgo conspicuo que caracteriza al grupo Chinchorro en la costa de Arica, los cuerpos fueron desmembrados y descarnados, pero se tuvo especial preocupación por mantener la integridad del cuerpo y aunque las partes blandas fueron eliminadas, ninguna sección que incluyera huesos fue eliminada, como ocurre en Patapatane. Los patrones más comunes detectados en Sudamérica incluyeron: (a) desmembramiento, mutilación y fractura, (b) calcinación y chamuscado y (c) momificación artificial. También se han reconocido alteraciones postdepositacionales, por agentes naturales, cuerpos no inhumados y casos de alteración natural postocupacional (Santoro et al. ms 1998).

El desmembramiento, mutilación y fractura afectó partes completas del cuerpo como el cráneo, extremidades inferiores, extremidades superiores, costillas, escapulas, pelvis, etc. Ejemplos de este tipo se registran en Tequendama, Colombia (7.235 - 5.805 A.P.), Las Vegas, Ecuador (8.000 - 6.000 A.P.), Lauricocha, Perú (9.525 A.P.), Huachichocana, noroeste argentino (9.620 A.P.)

En suma el enterratorio de Patapatane parece corresponder a una tradición cultural de alteración postmortem ampliamente difundida en Sudamérica. A pesar de las particularidades de los procedimientos, todos tienen como denominador común varios factores: los cuerpos no fueron inmediatamente enterrados después de la muerte. En contraste, drásticas transformaciones fueron aplicadas antes de su inhumación final. Alteraciones de agentes naturales o la intervención postdeposicional de ocupantes posteriores de los sitios también han sido detectados en otros sitios, y no se confundieron con patrones culturales.

Pensamos que estos patrones mortuorios tienen raíces en la tradición cultural Paleoindio, quienes practicaron la cremación de los individuos muertos, como ha sido reportado en Palli Aike. Las poblaciones arcaicas regionalizadas en los territorios de Sudamérica desarrollaron distintos patrones mortuorios basados en principios de origen paleoindio y sus propios conceptos respecto de la muerte, el sistema de organización social, las materias primas disponibles, el grado e intensidad de descomposición de los cuerpos muertos, etc.

Estos patrones funerarios muestran que las trayectorias culturales de las poblaciones andinas y de las tierras bajas de Sudamérica deben ser analizadas con una perspectiva más amplia. La descripción de las particularidades funerarias presentadas como apéndices en los reportes arqueológicos necesitan ser analizadas con miras a establecer patrones de comportamiento que puedan ayudarnos a entender los principios de estos patrones mortuorios.

Agradecimientos. Esta investigación fue auspiciada por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) proyectos 90/0451, 1970597 y la Universidad de Tarapacá. Se agradece la colaboración intelectual de Pablo Marquet y Francisco Rothhammer y de Andrés Vilca por su incansable apoyo en el campo.

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