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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.32 n.2 Arica jul. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562000000200014 

DIADEMAS DE PLUMAS EN ENTIERROS DE LA COSTA DEL NORTE
DE CHILE: ¿EVIDENCIAS DE LA VESTIMENTA DE UNA POSIBLE
PARCIALIDAD PESCADORA?
1

Helena Horta Tricallotis*

Este trabajo da cuenta de una diferencia sustancial observada en relación con el uso de tocados entre la población prehispánica del valle y la costa de Arica, durante el Intermedio Tardío (1000-1470 d. C.). El cementerio de Playa Miller-3, ubicado en la costa, es representado por 233 tumbas excavadas con contexto, de cuyos ajuares provienen 32 tocados en forma de diademas de plumas grises. El análisis contextual y de dispersión geográfica de dichas diademas, permite plantear la tesis de una posible identificación de dicho tocado con una parcialidad específicamente pescadora, habitante de la costa del norte de Chile. A su vez, la revisión de los registros del Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa sobre otros sitios costeros y de valle, ha establecido, que la diadema de plumas sobrevivió hasta comienzos del Tardío, existiendo por lo tanto, evidencias de una particular continuidad cultural.

Palabras claves: Ornamentos cefálicos, pescadores, iconografía textil.

This paper focuses on sustantial differences in the use of headdresses among prehispanic population in the valley of Azapa and coast of Arica observed during the Late Intermediate Period (1000 - 1470 AD) excavated at the Playa Miller-3 cemetery, in the coast, 233 graves with their funerary contexts contain 32 feather diadems. The analysis both of the context and the geographical distribution of such diadems allows us to associate this type of headdress with a specific group of fishermen. The revision of the archaeological material from the other coastal and valley sites in the Archaeological Museum of San Miguel de Azapa, has demonstrated, that such headdress survived until the beginning of the Late Period showing, therefore, a particular cultural continuity.

Key words: Headdress, fishermen, textile iconography.

El sitio de Playa Miller-3 (PLM-3) corresponde al lugar de entierro de una población que habitó la costa de Arica en la segunda mitad del Intermedio Tardío, compuesta básicamente por pescadores, cazadores de lobos marinos y mariscadores, a juzgar por la presencia masiva de un variado equipo de implementos para la pesca, arponeo y extracción de mariscos, que son incluidos con pocas excepciones (5 por ciento) ¾aunque con variaciones individuales¾ en todos los ajuares funerarios. Estos son: lienzas de algodón, arpones de madera con punta lítica y de hueso, porta-arpones de fibra vegetal, desconchadores de hueso de lobo marino, anzuelos de cactus y cobre, capachos decorados de fibra vegetal entramada y estructura de madera, miniaturas de balsas de tres palos, remos de doble pala, pesas líticas, bolsas en técnica de malla.

Consecuentemente, en los ajuares no se evidencian implementos relacionados con el cultivo de la tierra, pero la presencia recurrente de bolsitas tejidas a telar conteniendo porotos o maíz en diversas formas (harina, en grano o en mazorcas), nos indica, que los recursos agrícolas eran obtenidos por medio del intercambio con la población agricultora de los valles interiores. Excavaciones en el sitio Intermedio Tardío La Capilla-4, así lo confirman (Muñoz 1989, 1982).

Desde el punto de vista de la identificación de los estilos cerámicos presentes en los ajuares de este sitio, Uribe (1998) establece la presencia en casi todas las tumbas de cerámica No Decorada, un 17 por ciento de tumbas con cerámica Pocoma, un 10,5 por ciento con cerámica San Miguel, y un 7 por ciento con Gentilar, advirtiéndose en forma recurrente la presencia simultánea de dos o más estilos en un mismo ajuar.

En relación con los ajuares que presentan diademas, se ha logrado establecer, que en todas las tumbas donde fueron depositadas, hay cerámica No Decorada, en 17 de ellas aparece sólo No Decorada, en ocho tumbas figura cerámica Pocoma y No Decorada, en cuatro tumbas cerámica San Miguel y No Decorada, y en tres cerámica Gentilar, Pocoma y No Decorada. De esta forma, queda de manifiesto, que más de la mitad de los ajuares con diademas de plumas fueron acompañados exclusivamente con cerámica No Decorada, encontrándose ausente la cerámica decorada diagnóstica de la Cultura Arica; como contraparte de esto, la otra mitad de las tumbas presentan cerámica decorada, pero siempre acompañada de cerámica No Decorada.

Las Diademas de PLM-3

La denominación de «diademas» se debe a su específico carácter de adorno de la frente del individuo portador (Figuras 1 y 2). Para lograr la forma adaptable a la frente y las mejillas, se traslaparon los pelillos de varias plumas yuxtapuestas verticalmente, y se unieron los cálamos con finas cuerdas de algodón, a través de orificios pequeñísimos. Luego, se procedió a recortar las plumas, con el objeto de darle a la diadema la forma básica de adorno horizontal, del cual sobresalen plumas hacia arriba, en el caso del penacho central, y hacia arriba y abajo, en los extremos laterales. Para su sujeción a la cabeza se recurrió también a cuerdas de algodón, que arrancando hacia atrás desde los extremos laterales de la pieza, podían ser amarradas en la región occipital de la cabeza (Figuras 3 y 4). El examen de las plumas realizado por zoólogos indica, que los ejemplares de PLM-3 corresponden a plumas de las alas del pelícano (Pelecanus thagus), ave costera por excelencia, y por lo demás guanera2.

Figura 1. Foto de diadema simple Nº1688a. Playa Miller-3 (PLM-3), tumba 137. Colección Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

Figura 2. Foto de diadema simple Nº448. Playa Miller-3 (PLM-3), tumba 32. Colección Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

Como se puede observar, nos encontramos frente a un tocado realizado para exhibirse en la frente, y con una estructura, técnica y elección de plumas, que corresponden rigurosamente a un patrón establecido; en este sentido, se diferencian de todos aquellos tocados no estructurados, conocidos aisladamente a través del material arqueológico de la zona, desde el Precerámico hasta el Inca, y que son descritos como adornos frontales de plumas, o cintillos con adornos de plumas de variados colores.

Las diademas de plumas fueron depositadas en sólo un 14 por ciento de las tumbas del cementerio (consideramos en este cálculo las 233 tumbas de la colección del Museo San Miguel de Azapa, así como otras 20 tumbas del mismo sitio, que forman parte de la C.M.B.E. 3; aunque ¾a primera vista¾ su inclusión no parecería estar ligada a criterios de estatus (se encontraron diademas en un 28 por ciento de ajuares extensos, en un 53 por ciento de ajuares medianos y en un 12,5 por ciento de ajuares pequeños), en el caso de seis tumbas con diademas (tumbas 13, 55, 60, 67, 70, 125), es decir en un 19 por ciento del total de tumbas, coinciden claramente los factores de cantidad y calidad de los objetos ofrendados, presentando cada una un mayor número de ceramios, implementos de pesca, objetos en madera, cordelaje, etc., y conteniendo a la vez textiles muy elaborados, o claramente intrusivos.

Dispersión Geográfica
de la Diadema

Respecto a la dispersión geográfica de este particular tocado, podemos basarnos en las evidencias arqueológicas de los diferentes cementerios y asentamientos de la costa de Arica, así como los del valle de Azapa. Según éstas, es posible afirmar, que las diademas son propias de los ajuares funerarios de la costa; la única excepción, hasta el momento, la constituye la tumba C/22 del cementerio de valle AZ-8 (C.M.B.E.), en donde fue encontrada una diadema de plumas grises junto a cerámica Pocoma y Gentilar; esta última fue fechada por termoluminiscencia, obteniéndose un resultado calibrado de 1250 d.C., fechado algo más temprano que los entregados por el material cerámico de PLM-3, que se mueven en un rango entre el 1300 y el 1450 d.C. (Espoueys et al. 1995).

 

Por otra parte, a través de la revisión bibliográfica se ha podido establecer la presencia de diademas en concentraciones variables en otros cementerios de la costa de Arica (Playa Miller-2, Playa Miller-4 y Playa Miller-6). En relación con el sitio PLM-2, Mostny (1942 y 1944) reportó la presencia de dos diademas en un universo de 19 tumbas. Respecto a los sitios PLM-4 y PLM-6, Hidalgo y Focacci (1986:141, 142) mencionan «adornos de cálamos de plumas sobre la frente» de individuos de algunas tumbas, pero sería necesaria una descripción contextual detallada para poder establecer paralelos con los ejemplares de PLM-34. La presencia de diademas en otros sitios de la costa, más al sur de Arica, se ve reforzada por datos aislados, provenientes de diversos lugares del litoral del norte. Es el caso de las evidencias de diferentes salvatajes realizados en los cementerios de los alrededores de Pisagua e Iquique (Patillos, Bajo Molle, Patache), que aportan variaciones menores a la forma básica de diadema conocida para la costa de Arica5.

La alta concentración de diademas en PLM-3, contrasta con el carácter más bien aislado del resto de los hallazgos de diademas de más al sur de Arica, pero esto bien puede ser producto de la falta de excavaciones de sitios del Intermedio Tardío en la zona de Pisagua e Iquique.

Continuidad cultural

Diademas simples y complejas

Recientemente, fue posible revisar en el registro arqueológico del Museo San Miguel de Azapa, el material inventariado del sitio Camarones-9 (CAM-9), cementerio considerado incaico y ubicado en la desembocadura del río Camarones, a 100 km al sur de Arica (Muñoz 1989a)6. En dichos ajuares se pudo verificar la supervivencia de los elementos de pesca y extracción de moluscos usados ampliamente durante el Intermedio Tardío, pero lo verdaderamente sorprendente fue constatar la presencia de diademas de plumas grises idénticas a las de PLM-3, y por otra parte, observar, que la forma básica de la diadema de dicho sitio, experimenta una marcada complejización, que redunda en una estructura de mayor envergadura, puesto que se le agrega un segundo nivel (Figura 5). De esta forma, parecería que la diadema simple de los sitios costeros del Intermedio Tardío, deriva en el Tardío en una diadema compleja, que traspasa los límites de la frente, para desplegarse ampliamente por sobre la cabeza del individuo portador. A pesar de los cambios de volumen y espectacularidad del tocado, su forma básica, confección y materia prima siguen siendo las mismas. Merece sí destacarse el hecho, de que a la parte central de la diadema se le incorpora un penacho de cálamos abiertos en abanico, los que a su vez son reforzados por un madero transversal, lográndose un efecto de «andamio». Lo que se encuentra por sobre el madero, ya no es pluma de pelícano, sino bigotes de lobo marino en pequeños haces liados con lana teñida. Este punto es especialmente importante, si consideramos el hecho, de que tanto en los inventarios de sitios costeros de Arica, como en publicaciones acerca de éstos, se mencionan «crines» o «bigotes de lobo marino» en forma aislada, sin evidencias claras de haber pertenecido a alguna diadema (Muñoz 1989b: 105); a la luz de las evidencias de CAM-9, parece plausible, que dichos haces hayan pertenecido a diademas que no se conservaron, o que no fueron registradas en forma exhaustiva.

Figura 3. Vista frontal de la colocación de la diadema.
Figura 4. Vista lateral de la diadema, y su forma de sujeción.

En cuanto a PLM-6, sus evidencias son especialmente interesantes, puesto que corresponde a un cementerio considerado incaico, de acuerdo con las características estilísticas de la cerámica y la textilería, así como de los rasgos particulares del rito mortuorio, evidenciados en las ofrendas de sus 32 fardos (Hidalgo y Focacci 1986). PLM-4, por su parte, corresponde a un cementerio de fines del Intermedio Tardío, con cerámica y tejidos Arica II (Bird 1943), pero, a la vez, con ofrendas cerámicas Saxamar e Inca Imperial. De comprobarse que tanto en PLM-4, como en PLM-6, se habría utilizado el mismo tipo de diadema característica de PLM-3 - sitio emblemático de Arica II -, nos encontraríamos frente a un interesante fenómeno de continuidad cultural entre fines del Intermedio Tardío y comienzos del Tardío, que se materializaría ¾entre otros rasgos como la balsa de tres maderos y el capacho¾ en la supervivencia de la diadema de plumas grises hasta inicios de la ocupación incaica. A la luz de las evidencias de CAM-9, parece muy probable que las diademas de PLM-4 y PLM-6, correspondan a las de PLM-3.

Reforzando la tesis de la continuidad cultural, entre las ofrendas inventariadas del cementerio incaico AZ-15, figuran dos diademas de plumas sin asociación a tumba, presumiblemente complejas, puesto que también son mencionados en forma aislada «bigotes de lobos marinos» (Tabla 1)7.

Tabla 1. Presencia de diademas y otros elementos en los sitios analizados, Pag. 239 "Diademas de Plumas en Entierros de la Costa del Norte de Chile: ¿Evidencias de la Vestimenta de una Posible Parcialidad Pescadora? Sra. Helena Horta.

 

Diademas y Pescadores

Al mismo tiempo, basándonos en las evidencias de dependencia económica frente a los recursos marítimos que presentan los sitios analizados de PLM-2, PLM-3, PLM-4, PLM-6, PLM-9 y CAM-9, se plantea la posibilidad, de que las diademas pudieran haber identificado a la población de fines del Intermedio Tardío (1250-1450 aproximadamente), específicamente pescadora y asentada en la costa desde Arica hasta Iquique. Tal como ya se mencionó, es precisamente en este período, cuando surgen elementos nuevos (balsa, capacho, porta-arpón) en la ergología costera, que complementan el equipo de pesca tradicionalmente manejado desde el Precerámico, y se perfeccionan otros (anzuelos de cobre y arpones con barbas de cobre utilizados en la caza de grandes mamíferos marinos). Otros investigadores han señalado ya la importancia de la balsa en la pesca de especies de alta mar, lo que habría provocado un claro aumento de excedentes, incrementando el intercambio de pescado seco con las poblaciones del interior (Llagostera 1990; Núñez 1962, 1986).

Figura 5. Foto de la diadema compleja Nº651 de Camarones-9 (CAM-9), sin asociación a tumba. Colección Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

*Una diadema proviene de la tumba 2, fue encontrada in situ en la cabeza de un párvulo, cubriéndole la frente; la otra, proviene del conchal, sin contexto (Mostny 1942). Puesto que las excavaciones de este sitio fueron realizadas en dos diferentes años, la descripción inventariada publicada corresponde sólo a las 13 primeras tumbas. En consecuencia, los porcentajes entregados aquí corresponden a dicho número de tumbas para los items balsas, remos y capachos; el porcentaje de diademas, en cambio, corresponde al número total de dos ejemplares mencionados en relación con la excavación de 19 tumbas (Mostny 1944).

**A pesar de que Focacci (1982) menciona este único ejemplar de diadema como encontrado sobre la cara de la momia de la tumba 18, ésta no figura en el registro del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa
***El inventario menciona dos "balsas" y dos "canoas"; surge la duda respecto a si en realidad se trata de balsas de tres palos, o lo denominado como "canoa" pudiese corresponder al tipo de embarcación que surge con el Tardío, y que efectivamente corresponde a una canoa tallada en una sola pieza de madera (Núñez 1986).
****Se trata de siete diademas con tumba, y de seis sin contexto. Por otra parte, tres corresponden a diademas complejas y cuatro a simples.

Los capachos (utilizados para el traslado de carga en la espalda) constituyen el único elemento, que no presenta una conexión clara e indiscutible con el equipo de pesca y recolección marina, puesto que figura en un 12,6 por ciento de las tumbas del cementerio Pica-8, ubicado a 80 km de la línea de costa, en la zona de oasis precordilleranos de la Pampa del Tamarugal (Núñez 1962; Zlatar 1982), así como también en el 5,8% de las tumbas del cementerio AZ-8, en el valle de Azapa (C.M.B.E.). No obstante, es indudable, que el capacho jugaba un rol importantísimo en el traslado de especies no determinadas, en el tráfico costa-valle, a juzgar también por el testimonio de los ajuares de Pica-7 (Núñez 1962). También es necesario puntualizar, que es durante el Intermedio Tardío, cuando se hace masiva su presencia en las ofrendas de los sitios costeros, conociéndose escasísimas evidencias de capacho decorado de fibra vegetal o lana para momentos previos (Muñoz 1989b, Figura 3c: un capacho de la disturbada Trinchera norte de AZ-70; Muñoz 1995/1996: un capacho de AZ-115, de contexto también disturbado, ambos de fibra vegetal no decorada). En consecuencia, podemos establecer, que el capacho es un utensilio esencialmente costero, pero a la vez compartido con poblaciones del interior, que parecen haberlo necesitado para el traslado de productos desde la costa (¿pescado seco?, ¿mariscos secos?, ¿guano?).

La extracción de guano, como una actividad organizada y dirigida al intercambio con los agricultores del interior, es documentada por primera vez por Cieza de León, quien durante su recorrido por Perú (1548-49) menciona a los naturales acudiendo en balsas a islas ubicadas en las comarcas de los valles de Quilca (Arequipa), Chuli, Tambopalla, Ilo y Tarapacá, para extraer guano, y «como tal contratan con ello, como cosa preciada, unos con otros» (Cap. LXXV). La fertilización del maíz por medio del guano, también es destacada por Vásquez de Espinosa (1617-1619), en los valles desde el río Majes (extremo sur del Perú), hasta más al sur de Arica (citado por Julien 1985:189). Esta misma autora analiza el reclamo presentado en 1792 por parte de agricultores puquinas, en relación con su derecho «ancestral» a explotar guano en islas del Pacífico.

En los enormes roqueríos de la costa, al sur de Arica, la extracción de guano se daba hasta hace 40 o 50 años atrás; por su parte, la isla del Alacrán - hasta su anexión a tierra firme - se encontraba literalmente cubierta de excremento de pájaros (Keller 1946:249)8. La estrecha cercanía entre los sitios costeros analizados y los puntos de extracción de guano, no parece fortuita. Si las fuentes documentales entregan información de comienzos del siglo XVI, sobre la extracción de guano como una actividad organizada para aquel entonces, no parece haber razón para rechazar la idea, de que dicha práctica podría haber surgido por lo menos en los siglos precedentes. Lo mismo es válido para la información entregada por fuentes del mismo siglo, acerca de la tributación en pescado seco (Hidalgo 1998).

La existencia planteada acerca del uso de un tipo de tocado específico, por parte de la población de la costa de Arica, que se diferencia fuertemente de los gorros bicromos de cuatro puntas en técnica anudada depositados en los ajuares de cementerios del interior del valle de Azapa, plantea nuevos puntos de discusión en torno a la validez de la aproximación al tema étnico, a través del análisis de la vestimenta prehispánica. En los sitios costeros en cuestión, la frecuencia de los gorros bicromos mencionados es bajísima, perfilándose como el tocado característico de la población agrícola y pastoril del interior del valle; ésta, a su vez, deposita en los ajuares funerarios cerámica Cabuza, Tiwanaku, Maytas o San Miguel ( sitios AZ-6, AZ-3, AZ-71, AZ-8, entre otros; Santoro 1981; Sinclaire 1998)9.

Actualmente, se analizan los textiles de los sitios CAM-9 y AZ-15, entre cuyo material destaca la alta frecuencia (14 ejemplares: 14,3 por ciento) de gorros tipo fez en AZ-15, así como una presencia mínima (un ejemplar) en el caso de CAM-910. Estos dos sitios presentan inversamente las proporciones de diademas de plumas y gorros tipo fez (Tabla 1)11.

Evidencias aportadas por
la Iconografía Textil

Las investigaciones dirigidas a detectar semejanzas y diferencias entre el material cultural de cementerios del valle de Azapa y la costa de Arica, nos han permitido establecer, que la cerámica, cestería, textilería, tallas en madera, calabazas pirograbadas, entre otros, son rasgos culturales compartidos íntegramente o con variaciones menores, por los grupos humanos que se encontraban habitando sincrónicamente el valle de Azapa y su costa, durante el Intermedio Tardío (Espoueys et al. 1995; Horta y Agüero 1998; Uribe 1998; Horta 1998) Las semejanzas son más fuertes que las diferencias, y las diferencias, fundamentalmente detectadas hacia finales de dicho período, parecerían haber sido reforzadas precisamente por el rol que empieza a jugar la costa en la producción excedente de recursos marítimos y extracción de guano.

Los textiles apoyan esta tesis, puesto que asociados a cerámica San Miguel Tardío, Pocoma, Gentilar y No Decorada, vemos surgir nuevos estilos textiles, que rompen definitivamente con los cánones San Miguel, en cuanto a forma, composición espacial y gama de colores. Además, varios de estos estilos son parcial o totalmente exclusivos de los ajuares costeros, presentando marcadas diferencias iconográficas respecto a los del valle (Agüero y Horta 1998). A su vez, es entre las ofrendas costeras, que observamos una acentuada presencia de textiles de estilos foráneos (Chiribaya, «Tarapaqueño», así como otros aún no definidos), mezclados con los locales (San Miguel, Pocoma y Gentilar).

Por otra parte, también se pudo observar la irrupción de un icono nuevo en la decoración de los textiles de la segunda mitad del Intermedio Tardío; se trata de un pájaro de pico largo, que siempre es representado con las alas desplegadas y en visión aérea (Figura 6 a, b, c). De acuerdo a un detallado análisis y seguimiento de los íconos de la decoración de chuspas, inkuñas y bolsas-fajas de valle y costa, podemos afirmar, que tal pájaro sólo se presenta en textiles asociados a cerámica San Miguel Tardío, Pocoma y No Decorada (Horta y Agüero 1998). Es interesante también llamar la atención sobre el hecho, que las características de representación de dicho pájaro incitan a pensar en la figuración de algún ave del litoral de cuerpo grueso y pico largo (pelícano, cormorán), y no en un cóndor. Este último es representado escasamente en la iconografía textil y su cabeza presenta invariablemente un protúbero (Figura 7).

Conclusiones

De esta manera, podemos observar, que el uso de diademas de plumas de pájaros costeros y guaneros, coincide en tiempo y en espacio con un cambio detectado en la iconografía de los textiles, que presumiblemente refleje un elemento importante de las creencias de los pescadores. No parece fortuito, que por una parte, la población de PLM-3 fabrique diademas de plumas de pelícano como tocado distintivo, y por otra, que en la decoración de sus textiles aparezca este mismo pájaro u otro de la misma familia.

El conjunto de evidencias presentadas, refuerza el planteamiento inicial, según el cual, los tocados en forma de diademas habrían indicado la pertenencia a un grupo o parcialidad pescadora, que habría constituido parte de la Cultura Arica, la cual habría integrado a agricultores y pescadores en una unidad cultural globalizadora. Los pescadores de PLM-3 y otros sitios costeros semejantes, se encontraban sin lugar a dudas integrados a dicha unidad cultural, que parece haber sido liderada en sus inicios, por la población agrícola del interior del valle, pero siempre en un marco de complementariedad económica que los unía por medio de relaciones de interdependencia (Rostworoski 1986; Schiappacasse y Niemeyer 1989).

En consecuencia, la elección y uso de un tocado específico y diferente –como es el caso de las diademas frente a los gorros bicromos de cuatro puntas o los semiesféricos de colores naturales– sería el reflejo de esta particular situación de pertenencia e independencia simultánea, y a la vez, expresaría el deseo de la población pescadora por destacar su propia identidad, al interior de la unidad mayor. Esto ocurre precisamente en un período, del cual las evidencias arqueológicas, indican un fortalecimiento del rol económico jugado por las poblaciones del litoral (densos depósitos estratigráficos, amplios cementerios y abundantes ajuares, presencia de ricos textiles intrusivos, huellas de tráfico interregional de larga distancia, etc.). De esta manera, aunque no se puede decir nada concluyente acerca de un origen étnico común o diferenciado para los agricultores de Azapa y los pescadores de la costa, la integración cultural entre ambos grupos se produjo durante el Intermedio Tardío, y en la segunda mitad de dicho período, parecería darse un proceso de demarcación de identidades al recurrir al uso de un tocado distintivo y muy probablemente exclusivo de la población de la costa.

Figura 6. Icono de textiles arqueológicos de Arica. Pájaro de pico largo y alas extendidas. A) bolsa-faja N°700 de PLM-3, tumba 52. B) Inkuña N°66 de PLM-9, tumba 21. C) Bolsa-faja S/N° de Lluta (Guaylacán), recolección de superficie. Colección Museo Arqueológico San Miguel de Azapa. Dibujos de Paulina Chávez.
Figura 7. Icono de textiles arqueológicos de Arica. Pájaro de cabeza con protúbero. Chuspa S/N° de PLM-3, sin asociación a tumba. Colección Museo Arqueológico San Miguel de Azapa. Dibujos de Paulina Chávez.

Agradecimientos. Expreso mi gratitud por las innumerables atenciones prestadas, la cordialidad y camaradería de la que he sido objeto en múltiples ocasiones, de parte de todo el plantel del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

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Notas

1 Este trabajo es resultado de las investigaciones realizadas por la autora en el Proyecto N°1960113 del Fondo Nacional de Investigación Científica (Fondecyt), titulado "Estudio comparativo cultural y biológico entre los cementerios del litoral y del interior, pertenecientes al Intermedio Tardío del extremo norte de Chile". Dicho proyecto fue dirigido por O. Espoueys, y tuvo como objetivo estudiar el material arqueológico de la Colección Manuel Blanco Encalada (C.M.B.E).

2 Compromete mi gratitud el zoólogo Juan Carlos Torres-Murúa, del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago, quien gentilmente determinó la especie del pájaro, con cuyas plumas fueron confeccionadas las diademas.

3 Tumbas con diademas de plumas de PLM-3: N°13, 14, 23, 32, 36, 37, 53, 55, 60, 67, 70, 72, 76, 88, 89, 107, 113, 125, 134, 137, 141, 146, 149, 152, 166, 193, 203, 205, 207, 212, 224, 235 (Museo Arqueológico San Miguel de Azapa); tumbas N°6, 8, 14, 15, 16, 19 (C.M.B.E.).

4 En la colección del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago figuran cuatro diademas encontradas por el ingeniero Ernesto Vigneaux P., durante trabajos de canalización realizados en Arica en 1912 (N°13072-13075). Desgraciadamente, no hay datos más precisos acerca del sitio del hallazgo; las cuatro corresponden a diademas simples. Agradezco la amabilidad de Arturo Rodríguez, de la Sección de Antropología, al haberme proporcionado estos datos.

5 También deseo expresar mis agradecimientos a Cora Moragas, quien me informara en detalle – incluso acompañando dibujos – de los hallazgos de diademas de plumas conocidos por ella, para la región al sur de Arica.

6 Agradezco a Teresa Cañipa, del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, la excelente disposición que demostrara al asistirme en la revisión del material excavado por P. Dauelsberg.

7 El inventario de AZ-15 menciona dos balsas, además de remos y canoas, contradiciendo a Núñez (1962:45), en la supuesta ausencia de balsas en el cementerio en cuestión; no obstante lo cual, no pierden validez sus observaciones respecto a la "continuidad de rasgos cúlticos e implementos de pesca" entre los sitios PLM-3 y AZ-15.

8 Este autor menciona las principales covaderas del extremo norte de Chile, indicando como tales a Isla Alacrán, Camaraca, Cutipa, Cabo Lobos, Tapito y Camarones.

9 Por otra parte, también es necesario señalar, que dos tumbas de PLM-3 (136 y 149) presentan un tipo de gorro en técnica de anudado simple, semiesférico y decorado con franjas horizontales de colores naturales (café oscuro, café claro y amarillo ocre). A su vez, las tumbas 15 y 142 contenían los dos únicos gorros de cuatro puntas bícromos de todo el cementerio de PLM-3 (Chacama 1989; Sinclaire 1998).

10 Se trata del Proyecto Fondecyt 1970840, dirigido por L. Ulloa, a quien agradezco haberme facilitado los informes de avance de la investigación en curso.

11 El gorro tipo fez es considerado el tocado incaico por excelencia en el material arqueológico del norte de Chile (véase Berenguer 1993; Focacci 1981; Santoro y Ulloa 1985).


* Sociedad Chilena de Arqueología, Casilla 781, Santiago, Chile.

Recibido: diciembre 1998. Aceptado: diciembre 2000.