SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.32 número2EVIDENCIA DE TREPONEMATOSIS EN LACUEVA DE LA CANDELARIA, COAHUILA, CON ÉNFASIS EN UN BULTO MORTUORIO INFANTILCOEXISTENCIA Y DIVERSIDAD TECNICA, TEXTURAL Y FORMAL EN LOS TEXTILES DE UN FARDO PERTENECIENTE AL SITIO COYO DE SAN PEDRO DE ATACAMA índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.32 n.2 Arica jul. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562000000200012 

LA CUEVA DE LA CANDELARIA:
BULTOS MORTUORIOS Y MATERIALES

Carmen Ma. Pijoan Aguadé*, Josefina Mansilla Lory*

En este trabajo se presentan algunos de los elementos que a un grupo de investigadores de la Dirección de Antropología Física del INAH nos llevaron a plantear la necesidad de elaborar un proyecto sobre las Momias de México. Para ello, iniciamos reconstruyendo la información dispersa que, desde los años cincuentas, se cuenta sobre la identificación de sitios y la recuperación, conservación e investigación antropofísica sobre estos importantes vestigios de la población que habitaron el territorio nacional. Se describen así, los trabajos sobre la cueva de la Candelaria, en el estado norteño de Coahuila, los restos humanos encontrados y estudiados y sus contextos arqueológicos, con la finalidad de presentar una panorámica general sobre este importante sitio y la riqueza que puede aportar un estudio integral de sus materiales. Finalmente se presenta un recuento detallado de los materiales con cuentan con vestigios orgánicos con la finalidad de exponer el tipo de análisis que, en el futuro cercano, se realizará dentro del proyecto mencionado.

Palabras claves: Fardos funerarios, treponematosis, osteología, Mexico.

Several caves, thought to be prehistoric funeral sites, have been found in northern Mexico. The dead were deposited as mortuary bundles inside the caves and climatic conditions led to the partial, natural mummification of the corpses. Other well preserved items include the textiles used to wrap the bodies and the funeral offerings. During the 1950s, several of these caves were explored leading to the discovery of La Candelaria cave in the state of Coahuila. La Candelaria is considered one of the most important caves due to the quantity and quality of materials it contained. Several papers were written based on studies made of the materials found in the cave. In this paper, we present a summary of these studies as well as an inventory of all the human skeletal remains with preserved soft tissues, those which will be analyzed in the near future.

Key words: Funerary bundles, treponematosis, osteology, Mexico.

En este trabajo se presentan algunos de los elementos que a un grupo de investigadores de la Dirección de Antropología Física del INAH nos llevaron a plantear la necesidad de elaborar un proyecto sobre las Momias de México. Para ello, iniciamos reconstruyendo la información dispersa que, desde los años cincuentas, se cuenta sobre la identificación de sitios y la recuperación, conservación e investigación antropofísica sobre estos importantes vestigios de la población que habitaron el territorio nacional. Se describen así, los trabajos sobre la cueva de la Candelaria, en el estado norteño de Coahuila, los restos humanos encontrados y estudiados y sus contextos arqueológicos, con la finalidad de presentar una panorámica general sobre este importante sitio y la riqueza que puede aportar un estudio integral de sus materiales. Finalmente se presenta un recuento detallado de los materiales que cuentan con vestigios orgánicos con la finalidad de exponer el tipo de análisis que, en el futuro cercano, se realizará dentro del proyecto mencionado.

La presencia de bultos mortuorios con esqueletos que aun conservan partes orgánicas momificadas, en diversas cuevas del norte de México, permite el acercamiento al conocimiento de estos grupos nómadas poco estudiados hasta la fecha y de los que nos falta información, tales como sus relaciones entre sí y con las poblaciones que emigraron hacia el centro en diferentes épocas, en particular los mexicas. Que relaciones biológicas tenían con los grupos del sudoeste de los Estados Unidos con los que mantenían contactos culturales. Porqué permanecieron como grupos nómadas a pesar de habitar regiones que contaban con agua y que actualmente son agrícolamente de las más ricas, como la de La Laguna.

Los habitantes de esta región depositaban a sus muertos en cuevas junto con una gran cantidad de objetos que, por la sequedad del ambiente, se han conservado hasta la actualidad. Lo anterior ha ocasionado la destrucción de parte de los materiales tanto por la acción de saqueadores que han extraído los objetos etnográficos para su venta, como por los recolectores de nitro que utilizaron centenares de los envoltorios o bultos como combustible (Martínez del Río 1953a; 1953b). Debido a lo anterior, el Instituto Nacional de Antropología e Historia organizó diversas exploraciones en las décadas de los cincuentas y sesentas para recuperar estos objetos. Entre las diversas cuevas exploradas, la más importante, tanto por la cantidad de materiales obtenidos como por las características y los procesos patológicos descritos como sífilis, es la de La Candelaria, en el estado de Coahuila. La presencia de estas lesiones patológicas despertó gran interés debido al debate sobre el origen y antigüedad de esta enfermedad, que a la fecha se sigue investigando.

Esta cueva se localiza en la comarca Lagunera, que abarca parte del noreste del estado de Durango y el poniente del de Coahuila, es una región casi totalmente rodeada de sierras, entre las cuales hay una serie de valles llamados bolsones, y es una prolongación hacía el sur de los del sudoeste norteamericano. De los tres bolsones en la región, el más oriental e importante es el llamado Valle de las Delicias. En el fondo de la planicie aun existían varias lagunas a principios de siglo. El clima en la región es cálido y seco, acentuándose las condiciones climáticas en el bolsón de la Delicias, dándole un aspecto francamente desértico, con bruscas variaciones de temperatura. El tipo de vegetación que existe en el valle corresponde al de desierto con matorral de gobernadora, es decir una escasa vegetación muy dispersa. En cuanto a la fauna, existen artrópodos, reptiles, aves y mamíferos (destacando los coyotes) (Maldonado-Koerdell 1956).

La cueva se localiza en la Sierra de la Candelaria que sube a más de 1000 m sobre la planicie (Maldonado-Koerdell 1956). En las cercanías de la cueva existían varias depresiones o "pozas" de unos 15 o 20 m de profundidad, con agua, que atraían patos y otros animales y en las inmediaciones de las cuales se encontraron evidencias de un campamento y taller de las mismas gentes que sepultaron a sus muertos en la cueva (Elizondo y Martínez del Río 1956; Aveleyra 1956).

La cueva de la Candelaria se abre en la ladera noreste por un orificio de aproximadamente 1 m de diámetro, de forma circular, situado a 1000 m sobre el nivel del mar. En el extremo superior la cueva está formada por una chimenea casi vertical de unos 9 m de altura, la cual se ensancha transversal y verticalmente y se continúa con la cámara más alta de la cueva. El piso de ésta está casi oculto por materiales de derrumbe y las paredes fisuradas. En el extremo más lejano se comunica con una segunda cámara inclinada, que se prolonga por numerosas cámaras laterales que no fueron exploradas puesto que los materiales antropológicos sólo ocupaban las dos primeras. Estas dos cámaras se han mantenido secas, pues las manchas que se observan en la parte baja de las paredes corresponden a los líquidos y humores orgánicos de los restos humanos (Maldonado-Koerdell 1956).

Para la exploración de la cueva se organizaron dos expediciones en 1953, y una última en 1954 (Martínez del Río 1956). Durante estas tres expediciones se extrajeron de la cueva numerosos materiales esqueléticos humanos y etnográficos, los cuales fueron llevados en parte al Museo de Torreón y el resto al Museo Nacional de Antropología en la ciudad de México.

La mayoría de los bultos mortuorios se encontraban abiertos y los materiales desperdigados y en desorden, tanto por la acción de los derrumbes como la de los saqueadores. A pesar de ello fue posible determinar que la cueva únicamente fue utilizada con fines mortuorios y nunca como habitación.

A los cadáveres se les colocaba en posición flexionada, se envolvían con mantas de gran tamaño, cosiendo los lugares de unión para que el contenido no se saliera, y se ataban con cuerdas para mantener la posición, dando la apariencia de una red. Dentro del envoltorio se incluía los objetos personales del difunto, como prendas de vestir, turbantes, adornos, sandalias y armas, así como cuchillos con mango de madera y bolsas tejidas que en ocasiones contenían otras más pequeñas o puntas de flecha y raspadores. Además de estos objetos, también se localizaron dentro de los bultos, anteastas, palos curvos con estrías (llamados fending o rabbit sticks), punzones de hueso y buriles (Romano 1956).

Por fuera de los bultos, y al parecer sin ningún orden, se colocaron diversos objetos tales como canastas, cornamentas de venado, coas, lanzadardos, arcos, flechas, dardos, redes y cunas.

Los bultos funerarios fueron depositados en todos los huecos, grietas y resquicios de la cueva, sin importar su orientación. En los espacios entre las piedras que comunicaban con la segunda cámara se colocaron coas de gran tamaño, formando un emparrillado a nivel del piso, que fue cubierto con cadáveres (Romano 1956). Romano (1956) indica que los materiales localizados en la segunda cámara no fueron colocados ahí, sino que se deslizaron por la descomposición y putrefacción de los cuerpos y demás materiales vegetales. Por debajo de los bultos mortuorios se colocaron esteras y petates; y, cuando hubo de poner una segunda capa se separaron por medio de pencas de nopal, hojas de palma y lechuguilla, además de las coas y arcos. También se colocaron algunos perros, unos de los cuales se encontró momificado (Romano 1956).

Los materiales humanos fueron encontrados con porciones de piel, cuero cabelludo, pelo, tendones, sangre seca, etc. Por desgracia cuando llegaron los restos al laboratorio algunos de los materiales fueron hervidos o puestos con cal para limpiar los huesos, razón por la cual gran parte de los materiales momificados se perdieron.

Los materiales etnográficos fueron estudiados por diferentes investigadores, pudiendo señalar lo siguiente:

Todos los artefactos líticos fueron elaborados con la técnica más elemental de trabajo de piedra, es decir, la simple talla a percusión con posterior retoque a presión en los instrumentos más finos y delicados. Todos ellos se relacionan con la caza: puntas de proyectil, navajas y raspadores. El uso del arco y la flecha era predominante. También era común el uso de los "palos arrojadizos" (fending o rabbit-stick) y las redes para cazar. Todos estos elementos guardan una fuerte relación con los Basket-Makers del suroeste de los Estados Unidos. Sin embargo, no existen en Candelaria restos de atlatl o lanza-dardos, arma muy corriente entre los primeros. Tampoco existe ningún implemento, ya sea en piedra o madera, para moler (Aveleyra 1956), a pesar de haberse encontrado un gran número de coas, que son instrumentos para cavar, generalmente usados para hacer agujeros en los cuales plantar semillas. Aveleyra (1956) indica, sin embargo, que pueden no estar asociados con prácticas de cultivo, sino usados como "atizadores", para mover brasas, ya que muchos tienen los extremos quemados, o para extraer cogollos de las lechuguillas y las palmas y los corazones de algunos agaves. También se localizaron un gran número de mangos de cuchillo, así como sencillas cunas, armazones de bolsos y carrizos decorados (Aveleyra 1956). Además se encontraron numerosos collares, algunos con vértebras de serpientes, conchas de moluscos y caracoles de agua dulce y marinos, semillas, huesecillos de animal y piedra, así como pendientes y pectorales. También se recuperaron varias astas de venado, con significado ritual, y un cuerno de cabra salvaje o carnero de monte.

La abundancia de los textiles encontrados en la cueva y su estado de conservación, hace que este hallazgo pueda considerarse como uno de los más importantes para la comprensión de las culturas del norte de México. Estos fueron estudiados por Johnson (1977). Entre los materiales hay cordeles, telas, bandas, artefactos de red, morrales, bolsas de malla abierta, sandalias, algunas piezas de cuero y tocados o tlacoyales de cordeles, así como el uso de plumas para decorar. Sólo se localizó un fragmento hecho de algodón; el resto de las telas están confeccionadas con fibras de yuca, tejidas en telas con dibujos realizados por las introducción de colores, con los que crearon una gran variedad de efectos decorativos. Las piezas más grandes fueron usadas para recubrir a los cadáveres, formando verdaderas bolsas. Sin embargo, éstas eran viejas y usadas como lo demuestra los remiendos y agujeros reforzados en ellas. Estos remiendos, así como todas las costuras se hacían con hilos de lechuguilla.

A partir del análisis de los materiales de piedra localizados tanto dentro de la cueva como en otros sitios del bolsón, Aveleyra (1956) indica que si bien la edad terminal que indican estos materiales es bastante tardía, a juzgar por la asombrosa riqueza de objetos y entierros en la cueva, así como la presencia de un taller en las cercanías, hablan de una larga ocupación de la zona, cubriendo un lapso que puede limitarse entre 1000 hasta 1600 D.C. Con posterioridad, se obtuvieron dos fechas de radiocarbono 14 (Aveleyra 1964); la primera de un fragmento de textil que arroja una edad entre los años de 1095 a 1315 D.C., y la segunda a partir de una muestra ósea que va de 1100 a 1300 D.C. A partir de estas fechas se puede afirmar casi con certeza que los materiales esqueléticos depositados en la cueva corresponden a población prehispánica.

Los materiales esqueléticos obtenidos en la cueva se encuentran depositados en su mayoría en la Dirección de Antropología Física, donde también se conserva un bulto mortuorio de un niño. Además de éstos, existen dos bultos más -uno de un infante y otro de un adulto-, así como un cráneo con mandíbula y turbante, en exposición en la Sala del Norte del Museo Nacional de Antropología. Los dos bultos de infantes se encuentran cerrados y perfectamente bien conservados, mientras que el de adulto, así como el cráneo fueron desenvueltos. Por otra parte, en la Sala de Introducción del mismo museo se encuentra expuesto otro cráneo que muestra una fuerte lesión por treponematosis en el frontal.

Como indicamos antes, y debido a que la mayoría de los esqueletos se encontraban desperdigados por la cueva por la acción de los saqueadores, los huesos fueron recolectados en forma de osario, limpiados y algunos de ellos tratados con cal para eliminar el material orgánico remanente. A pesar de esto existe un gran número de huesos que conservan partes momificadas, particularmente sobre las superficies articulares.

Además de la cantidad de material esquelético procedente de este sitio, esta muestra de población nómada ha tenido gran importancia para el estudio de los procesos patológicos en los antiguos habitantes de México, y en este caso particular de las treponematosis, puesto que varios de los cráneos y las tibias muestran lesiones extremas (Romano 1956; Goff 1967; Dávalos 1970; Jaén y Serrano 1974). Por lo anterior retomamos los estudios anteriores y se piensa incorporar las partes momificadas al análisis de esta población.

Se revisaron 107 cráneos además de los cuatro citados anteriormente en la literatura. De éstos identificamos otros 44 cráneos adultos y 5 subadultos con lesiones de treponematosis. También se analizaron 129 tibias, de las cuales 111 tienen aposición ósea sobre su superficie exterior, con expansión y estriaciones superficiales sobre la diáfisis. De los 153 fémures examinados encontramos 35 con lesiones y de los 85 peronés adultos, 48 están afectados (Mansilla y Pijoan 1998). Debido a que este trabajo forma parte de integral de un proyecto de reciente formulación, en el siguiente trabajo de este simposio se analizarán los resultados obtenidos del análisis paleopatológico de estos materiales.

Consideramos importante realizar un recuento de aquellos huesos que aun tenían materia orgánica momificada, con el fin de proponer la realización de diversos tipos de estudios que ampliara nuestros conocimientos de esta población, encontrando lo siguiente:

¾4 vértebras cervicales, 7 toráxicas y 3 lumbares de adulto, las cuales tienen restos de cartílago intervertebral. Además, existen 9 vértebras infantiles y 3 toráxicas adultas que conservan su posición anatómica por los restos de material orgánico momificado.

¾20 cráneos que tienen restos principalmente sobre los cóndilos y la cavidad glenoidea. Ninguna de las mandíbulas los presenta sobre los cóndilos.

¾3 esternones adultos que los presentan en las escotaduras articulares.

¾Aproximadamente 15 costillas que tienen materia momificada sobre las cabezas y 20 de un mismo individuo sobre la superficie externa.

¾4 clavículas sobre la superficie articular con el esternón.

¾8 omóplatos, principalmente en la cavidad glenoidea y sobre la apófisis coronoides.

¾58 húmeros sobre las superficies articulares.

¾36 radios, también sobre las superficies articulares.

¾24 cúbitos, en la cavidad sigmoidea mayor y sobre el olécranon.

¾2 falanges de mano que se encuentran unidas por tendones y partes blandas momificadas.

¾3 sacros adultos que tienen partes orgánicas en la superficie de la carilla articular.

¾7 ilíacos adultos que la presentan en la cavidad cotiloidea.

¾1 rótula adulta.

¾61 fémures que tienen partes de la cápsula articular sobre la cabeza y cóndilos.

¾52 tibias y 27 peronés, asimismo sobre las superficies articulares.

7 calcáneos, 2 astrágalos y 5 metatarsos sobre las superficies articulares.

Todas aquellas epífisis aisladas de los huesos largos infantiles que se localizaron, tienen vestigios de materia orgánica momificada en la superficie del cartílago de conjunción.

Además de lo anterior, existe una cintura pélvica, constituida por ambos ilíacos, sacro y última lumbar, al igual que un pie izquierdo que aún conservan los ligamentos, cápsulas articulares y partes de músculos.

En cuanto a los materiales expuestos en el museo, tanto el bulto de adulto como el cráneo con turbante conservan parte de la piel y el cuero cabelludo, así como restos de material blanda sobre las superficies articulares.

El hecho de que algunos de los huesos procedentes de la Cueva de la Candelaria conserven aun restos de materia orgánica momificada es de gran importancia, puesto que el potencial de información que puede ser obtenida mediante diversos estudios moleculares es enorme. Por una parte se podría comprobar sin dudas la existencia de treponematosis y quizás a futuro la posible identificación diferencial de los diferentes síndromes de esta enfermedad. También se podría determinar el parentesco entre los diferentes individuos depositados en la cueva, las relaciones biológicas con otros pobladores de Coahuila, Sonora, Chihuahua y Baja California, cuyos restos también se encuentran depositados en la Dirección de An tropología Física, así como con los habitantes del suroeste norteamericano, en particular de la región del Big Bend de Texas. Podría también verificarse el uso de algunas drogas, principalmente tabaco y peyote, entre estas poblaciones. Finalmente se podrán obtener otros fechamientos de los materiales.

Referencias Citadas

Aveleyra, A.A.L. 1956 Los Materiales de Piedra de la Cueva de la Candelaria y otros Sitios en el Bolsón de las Delicias, Coahuila. En Cueva de la Candelaria Vol. I. pp. 57-107. Memorias del Instituto Nacional de Antropología e Historia V. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]

Aveleyra, A.A.L. 1956 Los Materiales de Hueso, Asta, Cuerno, Concha y Madera de la Candelaria, Coahuila. En Cueva de la Candelaria Vol. I, pp. 109-164. Memorias del Instituto Nacional de Antropología e Historia V. InstitutoNacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México         [ Links ]

Aveleyra , A.A. L. 1964 Sobre dos Fechas de Radiocarbono 14 para la Cueva de La Candelaria, Coahuila. Anales de Antropología 1: 125-130.         [ Links ]

Bernal, I. 1956 Cerámica. En Cueva de la Candelaria. Vol. I. pp. 205-208. Memoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia V. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]

Dávalos, E. 1964 La Patología Osea Prehispánica. XXXV Congreso Internacional de Americanistas. Actas y Memorias 3: 79-86. Instituto Nacional de Antropología e Histortia, México.         [ Links ]

Dávalos, E. 1970 Pre-hispanic Osteopathology. En Handbook of Middle American Indians 9, editado por R. Wauchope, pp. 68-81. University of Texas Press.         [ Links ]

Elizondo, F. y P. Martínez del Río 1956 Descubrimiento y Exploración de la Cueva. En Cueva de la Candelaria Vol. I, pp. 11-16. Memorias del Instituto Nacional de Antropología e Historia V. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]

Jaén, M.T. y C. Serrano 1974 Osteopatología. En México: Panorama Histórico y Cultural. Antropología Física. Epoca Prehispánica, pp. 155-178. SEP/INAH.         [ Links ]

Maldonado-Koerdell, M. 1956 Geografía, Vegetación y Geología. En Cueva de la Candelaria Vol. I. pp. 33-55. Memorias del Instituto Nacional de Antropologia e Historia V. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]

Martínez del Río, P. 1953a A Preliminary Report on the Mortuary Cave of Candelaria, Coahuila, Mexico. Bulletin of Texas Archeological Society 24: 208-254.         [ Links ]

Martínez del Río, P. 1953b La Cueva Mortuoria de la Candelaria, Coahuila. Cuadernos Americanos 12 (70): 177-204.         [ Links ]

Martínez del Río, P. 1956 Investigaciones Anteriores y Extensión de la Cultura. En Cueva de la Candelaria Vol. I, pp. 17-24. Memorias del Instituto Nacional de Antropología e Historia V. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]

Romano, P. A. 1956 Los Restos Oseos Humanos de la Cueva de la Candelaria, Coah. (Craneología). Tesis de Maestría. Escuela Nacional de Antropología e Historia, México.         [ Links ]

Weitlaner Johnson, I. 1977 Los Textiles de la Cueva de la Candelaria, Coahuila. Colección Científica 51. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Secretaría de Educación Pública, México.         [ Links ]


* Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional de Antropología Física, Reforma y Gandhi s/n, 11560 D.F., Colonia Polanco, México.

Recibido: noviembre 1998. Aceptado: diciembre 2000.