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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.32 n.2 Arica jul. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562000000200010 

LA GUERRA CONTRA LAS MOMIAS EN NUEVA ESPAÑA.
EL SIGLO XVIII, JESUITAS, FRANCISCANOS,
AUTORIDADES SECULARES E INQUISICIÓN

Elsa Malvido Miranda*

Quiero plantear en esta ponencia la violenta destrucción de que fueron objeto por los "católicos civilizados" los bultos funerarios de los Coras, (sus antepasados), que como parte del proceso de extinción de las culturas ajenas, su persecución duró desde su tardía conquista en 1722 hasta finalizar el periodo colonial, tanto en Nueva España como en Perú sitios donde aparecen estos individuos.

Considerando su culto como parte de la religión idolátrica, en el Nayar los misioneros jesuitas y franciscanos efectuaron campañas sistemáticas contra los adoratorios que las guardaban, agudizándose en algunos años como fue en: 1722, 1755, 1777, cuando se denunció que tal o cual pueblo Misión habían caído en constante idolatría, llegando los jesuitas a arrasar los lugares con fuego y echarle sal, para que no creciera yerba en él y la población se trasladara a otro espacio para olvidar sus puntos sagrados.

Palabras claves: Religión, antepasados, momias, idolatría.

This paper describes the violent destruction of the Cora funerary bundles or mummies by the "civilized Catholics" during the colonial epoch. This was part of the persecution of indigenous cultures in New Spain and Peru which lasted from 1722 until the end of the Colonial Period. The Jesuit and Franciscan Missionaries initiated a campaign for the systematic destruction of indigenous religion which was considered idolatrous. The documentation of this persecution will be presented and analyzed in this paper.

Key words: Religion, ancestors, mummies, idolatry.

Quiero plantear en esta ponencia la violenta destrucción de que fueron objeto por los católicos civilizados los "bultos funerarios" de los Coras, sus antepasados, que como parte del proceso de extinción de las culturas ajenas, su persecución duró desde su tardía conquista en 1722 hasta finalizar el periodo colonial, tanto en Nueva España como en Perú sitios donde aparecen estos individuos.

Considerando su culto como parte de la religión idolátrica, los misioneros jesuitas y franciscanos1 efectuaron en el Nayar campañas sistemáticas contra los adoratorios que guardaban esos restos, agudizándose en los años 1722, 1755 y 1777, cuando se denunció que determinado pueblo Misión había caído en constante idolatría. Los jesuitas arrasaron los lugares con fuego, echándoles sal para que no creciera la yerba y la población se trasladara a otro espacio para olvidar sus puntos sagrados2.

Hipótesis y Preguntas

La primera hipótesis que surge es saber si la geografía se impuso a estos grupos que utilizaron las cuevas por siglos, primero como habitación --debieron sepultar a sus ancestros en la misma cueva, observando que se secaban. Conforme se apoderaron del espacio abierto, la cueva se fue especializando en tres modalidades: cueva habitación, cueva cementerio de un grupo particular3 y cueva panteón o adoratorio de un antepasado glorioso4, resguardando a sus ancestros de los animales y de los humanos.

Por otro lado, es posible que la cueva fuera considerada como el retorno a la madre tierra, al vientre materno, aunque esos individuos no se reintegran verdaderamente a la naturaleza. Luego, ¿era para ellos más importante la conservación que la asimilación? En este sentido, la otra hipótesis sería: si hubo una conciencia de la conservación del cuerpo por la desmineralización pero --a diferencia del Perú--¿fue natural la "momificación" entre los Coras?

La Geografía del Gran Nayar

Según los cronistas coloniales, "es áspera por la profundidad de sus barrancos, y por lo intrincado de sus riscos, tanto que en dos siglos se ha dificultado su allanamiento, y ha sido albergue de la gentilidad y refugio de los malvados apóstatas, que son los que han impedido la reducción de los gentiles..."5

El Gran Nayar tenía una diversidad de climas, de suelos, de vegetación y fauna. Recuerda al uso de pisos ecológicos de Perú, al mismo tiempo que esta geografía mantiene esa geografía aislada y protegida, aún a finales de nuestro siglo XX (a la Mesa, hoy, sólo se puede acceder en avioneta o helicóptero).

Los Hombres y sus Asentamientos

Los primeros informes coloniales con que contamos nos dicen que este territorio estaba ocupado en la época prehispánica, y más bien al momento de la conquista, por varios grupos nativos, hablantes de lenguas emparentadas con los nahuas, pero con distintas culturas.

Intentos de Conquistar el Nayar

La primera incursión española a la zona de los indios nayares sucedió en los años 80 del siglo XVI, estableciéndose reales mineros y una Misión en la parte sur del territorio, donde los franciscanos pusieron a los Guaynamotecos. Sin embargo, por su carácter económico y geográfico, los franciscanos fundaron y abandonaron varias ocasiones el territorio.

En 1548 los Coras fueron dados en encomienda a Francisco Rojo y Guaynamota de Arce, pero los indios no pagaban tributos y se dice que mataron a Arce, después de lo cual se abandonó la zona para ponerla en manos de la Corona. Soldados y ambos cleros intentaron muchas veces conquistar a los Coras pero sin suerte, hasta que en 1721 el jefe de los Coras, el Tonati, fue aconsejado y decidió entregarse. Pero las fuentes son confusas porque unas dicen que fue a Jerez, y otras que a Ciudad de México, para entrevistarse con el Virrey. No sabemos cómo o quién fue el intermediario, pero en esa ocasión el jefe dijo que se rendirían pacíficamente. Sin embargo, todo lo que prometía parecía falso y escapaba antes de hacer ningún trato. No hubo un arreglo claro y el Tonati regresó clandestinamente a sus tierras.

El hecho fue entendido por las autoridades virreinales como una declaración de guerra y el territorio fue invadido por soldados españoles e indios aliados. El Tonati se refugió en San Juan Peyotán y en 1722 el ejército español asaltó la gran meseta o Mesa del Tonati y los sometió. La zona se entregó, entonces, a los Jesuitas para misionar.

El señor del gran Nayar o el ídolo. Al parecer, inmediatamente después de haberse conquistado militar y políticamente en 1722, en La Mesa o el centro del Señor del Nayar comenzó la conquista de las almas. La destrucción de los adoratorios constituyó una de las actividades más recurrentes tanto de soldados como frailes.

En estos tiempos se secuestró a una de las reliquias más importantes de la Mesa del Tonati, llamada indistintamente en los documentos: esqueleto, huesos secos, cadáver o ídolo del Gran Nayar.

"En la visita que hicieron a un adoratorio cercano y casi contiguo a La Mesa era una subida muy áspera y tan peligrosa que fue menester subir a pie; en el primer templo que hallaron se guardaban los huesos de Nayarit..."

El gran Naye

Encontramos por lo menos tres descripciones sobre este individuo. En verdad tienen pocas variantes. Las que sirven para redondear nuestra imagen, serán marcadas con cursiva. La historia que se contaba era la siguiente: Hacia 1500, los nayares tuvieron un caudillo, el Naye; a partir de entonces extendieron sus dominios hasta el mar y al norte hasta Mazapil. El pueblo lo veneraba regalándole flechas y calzas que le tributaban.

Venerábanle tanto, que después de muerto, antes de enjugar las lágrimas de su excesivo sentimiento, le fabricaron una casa en Tracaimota, más abajo del lugar del templo del sol, donde en una silla pusieron el cadáver con especiales adornos, trabando el esqueleto con varios hilos cuando se deshizo. «Toda una silla pajiza, que llamaban equipal con lo siguiente: toda la silla estaba adornada con muchas flechas pendientes, alamares de lana y plumas de diversos colores, muchas cuentas de abalorio y piedras de chalchiuites, todo el templo adornado fue tan abultado que como se reconocía en lo desmedido de su calavera, parecía según proporción simétrica de siete cuartas su estatura, dos varas y cuarta. Los lienzos y tejidos que le ofrecían por ser su soberano, de algodón bordados con lana de distintos colores, pendiente de ellas muchas conchas pequeñas de mar, coralillos y caracoles eran tantos que pasaban de 300, añadiéndoles, aunque sobre vistosamente labrados la curiosidad de muchos caracolillos y piedras preciosas, que llamaban Chalchihuites.

Todo lo que eran ofertas cuando le hacían, cuando iban a pedirle el remedio de sus necesidades». Con varias Coronas de plumas encarnadas y verdes, con una lista de plata como diadema. Ceñía su frente una cinta de plata: en la cintura tenía otra de tres dedos de ancho del mismo metal, en la muñeca del brazo izquierdo un brazalete que nombran Manijera, como el que usan los indios que manejan arco y flechas, para preparar el azote que da la cuerda al disparar un lienzo como bandera, muchas adargas, tejidos a su usanza. Pendía también de la cintura una hoja de espada ancha antiquísima que dicen se la dio el Capitán Caldesa (Caldera)6, en prenda de su amistad cuando entró, como referiremos en su lugar, y los indios pensando que aún podía defenderles contra los Guaynamotecos que al morir Nayarit les hacían más cruda la guerra, se la pusieron en el cinto... que con una flecha compuesta con plumas de pavo eran las armas de su uso7 habiendo quedado ya solo la osamenta tuvieron cuidado, sin desperdiciar el más menudo hueso el unirlos todos con hilos de pita, y formado el esqueleto con todas sus partes lo sentaron en su silla, de estas que llaman equipal, el que se mantuvo hasta el año de 1722 en que entraron los nuestros Españoles a posesionarse de La Mesa».8

Discusión sobre la
Apostasía del Gran Nayar

Es claro que la conquista del Nayar significó un éxito para quienes invirtieron dinero, armas y riesgo de vida en una tierra que por más de doscientos años no se había conminado. Era toda una hazaña que exigía "cacaraquearse". Sin embargo, la civilización tiene sus ritos muy precisos, así que se mandó al ídolo a la ciudad de México, el 12 de enero de 17229, donde el Virrey "hizo Junta de Guerra y hacienda para determinar lo tocante a esta conquista del Nayari, y sobre dichos despojos... ordenó se entregasen al señor Provisor y Vicario General de los Naturales, Don Juan Ignacio Castorena y Ursúa, ...Autoridad de Nuestra Santa Fe y buen ejemplo de los indios, se queme todo en el lugar que le pareciere más cómodo y para que esto se efectúe con la gravedad necesaria, se espera que vuelva de su visita el Ilustrísimo y Reverendo Señor Arzobispo ..."10

Don Ignacio recurrió a preguntar a los miembros del Tribunal del Santo Oficio si la propuesta de incinerar públicamente correspondía o no a este caso, a lo que respondieron que "puede ejecutar su función haciendo todo lo que según derecho tuviere por conveniente, con el seguro de que en cuanto ocurriere conducente a tan cristiano empleo le protegerá este Tribunal..".

Se hizo el proceso al ídolo, constando como "Testimonio de los autos que se siguieron en este Juzgado de indios del Arzobispado de México contra el ídolo indio cadáver del Gran Nayari... para que diese sentencia, que dio, y a otros siete reos, y se ejecutó en Auto de Fe que se hizo en la iglesia del convento grande de Nuestro Padre San Francisco, el domingo de la sexagésima 31 de enero de 1723 años".

La única oposición al procedimiento surge del Procurador de Pobres del Juzgado eclesiástico del Arzobispado, Don Juan González Corral, quien "responde a la erudita y docta propuesta del Fiscal diciendo que "se entregue públicamente a la voracidad de las llamas hasta consumirse sus cenizas,... basándose en la Biblia argumentó para ver si constaba del delito de la idolatría, como quien era el perpetrador de él para su punición en conformidad de la ley y disposición del derecho civil, en el que debe constar prescribe no sólo del delito sino de su cualidad y de la persona del delincuente para su severo castigo..." "Bien visto el proceso, no produce ni el que éste sea perpetrador de tal delito de idolatría ni menos el que por los Nayaritas sus patrios se cometiese rigurosamente atendida. Cuando más se le deberá imponerle la pena de demolerlo con todos sus adornos y estatuas arrojándolo despreciado a un lugar en donde abatido por los brutos, perezca, se consuma y aniquile con los rigores de los tiempos, influjo de los astros e inclemencia de los elementos" ...Firmado por don Juan del Villar y don Juan González Corral. Abril 18, 1722.

Sin embargo, la sentencia dictada fue... "Debemos declarar y declaramos por ídolos el esqueleto... debemos mandar y mandamos... sea sacado por las calles públicas y acostumbradas de esta ciudad en la forma referida hasta el bracero que se halla en la plazuela de San Diego, en donde sea puesto con todos sus parámetros, aras y vasos en presencia de los demás indios idólatras para que lo vean cercar de leña hasta que la voracidad del fuego a que le debemos condenar y condenamos lo reduzca todo a cenizas, las cuales recogidas se arrojen en una de las acequias corrientes extramuros de la ciudad".

Años más tarde en sueños se le aparece a un sacerdote, Manuel Sánchez, para pedirle que le vuelvan a adorar. "Que desde que lo llevaron a México, están adorando a otro". p. 189

Conservación de Sacerdotes

Otros documentos sobre adoración a individuos "momificados" y guardados en cueva fueron localizados en el Archivo Histórico de Guadalajara.

Se trata de un sacerdote, quien estuvo encargado de cuidar al dios más importante: el Sol.

"El primer y mayor ídolo, a quien más que los otros alguno tributaron adoraciones los nayaritas, era una piedra blanca que automáticamente llamaban el Dios --Del Nayar--, dándole renombre de Tayaoppa, que quiere decir Padre de los vivientes; porque en ella creían Sacramentado al sol, por ser especial obra suya,. Hízole un indios por nombre Yca un adoratorio o Templo muy capaz en Toacamota que está cerca de la Mesa del poniente y le sirvió con tal esmero, que le adoptó por hijo aquel brillante astro; por cuyo motivo cuando murió pusieron un cadáver en una silla en que casi ya deshecho lo hallaron los padres, cuando quemaron aquel templo".11

A decir de los cronistas que anduvieron investigando, el hecho coincide con la fuente: "Adoraban también la osamenta de aquellos que habían excedídose en el culto, y veneración de sus ídolos, y había tenido el oficio de sacerdote, o sacerdotisa, que cuidaba de su culto y veneración", p. 223.

Este cadáver fue encontrado por los Jesuitas en 1730, quemado in situ.

La Misión de Dolores,
¿Abandono o Negligencia?

Cercana a la costa y pueblo de San Blas, en la parte noroeste, se encontraba la misión de Dolores fundada por los Jesuitas y utilizada como sitio de extensión al este, la Mesa del Tonati.

En 1755 sufrió, junto con las demás Misiones, una fuerte represión y persecución acusada de insistente idolatría, abundancia de chacuaqueros12 y hechiceros. El 4 de marzo, el capitán Antonio Serratos recibió una carta del jesuita Francisco Xavier González, quien denunciaba estas conductas, y daba noticia de que en una cueva cercana se veneraban ídolos. A éstas ceremonias, decía, asistían todos los indios, incluso el Gobernador.

Antonio Serrantos se encontraba enfermo. Al teniente Francisco Salcedo del presidio de Guaynamota le piden que vaya a investigar. El 9 de Marzo entraba a Dolores, acompañado de tres españoles y 20 indios auxiliares del Pueblo de San Juan Corapa y de la Misión del Rosario. Ese día mandó capturar a tres indios acusados y al Gobernador no lo pudo poner preso. Al otro día citó al pueblo en la plaza, dando a conocer el motivo de su presencia por medio de intérpretes de cora, huichol y náhuatl. Su fin era atrapar idólatras y chacuaqueros.

Todos los detenidos se declararon inocentes, lo que hizo que se pusiera en la picota al indio Diego y le dieran azotes. Luego confesó. "Señor no me castigues, más es verdad que soy chacuaquero y he curado a dos niños, los cuales murieron y yo también he sido chacuaqueado..."

Les interrogaron sobre la cueva y los ídolos y dijeron no saber nada. Los llevaron a la cárcel, los pusieron uno a uno en la picota y azotaron, confesando que eran chacuaqueros y dando el nombre de otros hombres y mujeres, incluyendo a la esposa del gobernador.

Gracias a estas declaraciones supieron que entre ellos y los del pueblo de San Blas mantenían culto a Tadjasi, o Hermano Mayor, y a tres cuerpos momificados que estaban en una cueva localizada en el paraje de Ceaunica. La cueva era protegida por un hombre. Una mujer y un joven se preparaban para cuando el hombre falleciera.

Se tuvieron que suspender las detenciones, pues con excepción de unos cuantos, resultó que todos participaban del culto y acudían con los chacuaqueros cuando se enfermaban.

A Diego Manares, el cuidador de la cueva, se le decomisaron los objetos con los que hacía las ceremonias, así como todas las armas, pues se dio cuenta del peligro que corría. Este cora de 70 años y sacerdote principal, había recibido en herencia el cargo de cuidar a las momias.

La cueva cambiaba según las necesidades, pues su altar primero estaba en La Mesa, pero al ser conquistado el Nayar se le trasladó en secreto a la Misión de Dolores. Las Momias, se decía, no habían nacido de nadie, es decir, no las consideraban humanas.

Eran tres hermanos: Ruacamé, el personaje masculino, era quien hablaba y se comunicaba con ellos, tenía una corona de costilla humana en la cabeza, se decía que había nacido con ella. Las otras dos eran mujeres, hermanas del dicho hombre, llamadas Cuccame y Bigbaume, lo acompañaban pero no tenían palabra.

Es posible que estuvieran, ni más ni menos, que frente a la trilogía divina, pues a decir de Krickeberg "los Coras adoran a una trinidad divina que se integra del Dios Solar, la Diosa lunar (o de la tierra) y el Dios Lucero del alba".13

En la cueva se encontraron otros dos cadáveres de ancianos, los suegros de Diego Manares, quienes fueron grandes sacerdotes de su pueblo.

¿Cuáles eran los atributos de estas momias? Las mujeres iban a pedir ser fecundas y las que, al contrario, no deseaban tener hijos les tributaban cuentas, izquiate14, o pinole.

Los intermediarios, Diego Manares y Maria Teurima, respondían a las preguntas. Decían que las palabras salían de la cueva, pero no se distinguía si salían de su boca, y que sonaban como que salían de un Tecomate.

Cuando los niños nacían se les llevaba al viejo Manares, quien los bañaba con agua con pinole que se le ofrece a Ruacamé.

El 13 de mayo Salcedo salió con tres soldados y seis indios, el teniente general de la Misión de la Mesa, el capitán de guerra de Dolores y otros seis indios, a quemar los ídolos. Los guiaba Diego Manares.

Caminaron 9 leguas, de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde. Llegando a un sitio de barrancas y acantilados preguntaron ¿hijo, donde está el ídolo? y les dijo ¡ahí está, sácalo si puedes!

Hubo que amarrar todas las cuerdas y bajar con mucho peligro a unas 30 varas del peñasco.

Lo que vieron fue un cadáver medio recortado y aunque encuadernado, pero sus huesos muy roídos que al palparlo se desunieron. Tenía otro cadáver una montera o virretina de manata, que en su idioma llaman tlachihuale, y debajo de ella una corona de una costilla humana le ceñía las sienes. A sus pies, una vasija en que se hacia el sacrificio de bañar a los niños y en que se echaba el pinole.

Encontraron también cinco chacuacos, algunas cuentas de vidrio y aretes en forma de argollas de una pasta que se llama Guiscoyole. A los lados estaban las hermanas y dos calaveras con su osamenta, que resultaron los suegros de Manares.

El teniente recogió los objetos y prendieron fuego a la cueva.

El 16 de mayo se quemaron públicamente en la Misión de Dolores las reliquias de las cuevas. Después decidieron arrasar el pueblo y reacomodar a los habitantes, para evitar el retorno a sus antiguos cultos.

El 21 de Mayo sacaron a la virgen María Santísima de los Dolores, patrona de la Misión, y prendieron fuego a la iglesia y al pueblo entero. 40 de las 48 familias se redistribuyeron en los otros pueblos y 8 huyeron a la sierra. Después, en el pueblo se regó sal para que nada volviera a crecer. Todos los recuerdan como el pueblo quemado.

Diego Manares murió dos días después de entregar los ídolos. A decir del documento, "aceleró a su muerte por un grande disparate que hizo, echándose a dormir sudado y metidos los pies en agua", pero los indios decían que murió por los azotes que le dieron.

Las autoridades virreinales se escandalizaron de las medidas tomadas y sugirieron que en adelante no fueran tan extremos, pues era mejor convertirlos con amor y suavidad permanente.

Conclusiones

Es evidente que existía la tradición de poner en cuevas a quienes fallecían, diferenciando las cuevas de un cementerio común a un adoratorio.

Sin embargo, la calidad de la momificación en una cueva adoratorio se adquiría por la divinización solar, representada en un muerto especial: origen, sacerdote o líder.

Siendo para ellos igualmente importante guardar la memoria de un señor valiente, un sacerdote o sacerdotisa, como Virma, o a lo mejor, la trilogía humanizada representada en las tres momias de la cueva de la Misión de Dolores.

Si eran momias o no, es difícil de saberlo, aunque es casi seguro que sufrieran la desmineralización natural pero pro positiva.

La geografía no sólo ayudó, sino que más bien exigió el uso de las cuevas. Cada pueblo Misión tuvo sus propios adoratorios, sus propias momias, y los Misioneros no terminaban nunca su labor, extenuante tanto por la localización, como porque el menor descuido o abandono significaba una demanda de búsqueda permanente de los adoratorios, muchos de los cuales deben de permanecer ocultos en el tiempo y el espacio a nuestros ciegos ojos occidentalizados.

Parecería que la sacerdotisa Virma fue parte de la idolatría ya en tiempos posteriores a la conquista y por eso adquirió la denominación de la Virgen María, o bien, que por similitud en la tradición, la identificaran con la nueva devoción.

Otra situación colonial interesantísima resulta de la discusión sobre el Gran Nayar entre los teólogos, pues si bien el argumento era que como no había vivido en tiempos de la cristianización no merecía ser quemado en la hoguera como hereje, pero la necesidad de teatralidad pesó más que la ideología y la lógica.

Por último, quiero insistir en la necesidad de realizar una fase de trabajo de campo para poder confirmar si nuestros antepasados son o no momias.

La resistencia cultural de estos grupos es innegable. Al revisar el trabajo sobre Arequipa, pensaría que hubo siglos de negligencia de parte de los misioneros y de los curas, un desgaste después de trescientos años en que los franciscanos dejarían pasar por alto muchas herejías, habiendo llegado a una amable convivencia de tolerancia, mientras los Jesuitas, en vilo estos años, si debían mostrar su eficacia como misioneros.

Por estos documentos podemos hablar por lo menos de 5 momias, donde los cuerpos recién fallecidos fueron colocados sentados en sillas, vestidos y adornados con sus insignias reales, cubiertos de telas hermosas --no sabemos cada cuántos meses le ponían una más-- y puestos en una cueva adoratorio, para cuya locación "escogían los más ocultos y ásperos parajes, que muy a su intento, los ofrece frecuentes la tierra por su natural aspereza".15

Es probable que la momia que enviaron hasta la ciudad de México para formar parte del espectáculo de 1723 llamado "Auto de Fe", fuera el Gran Nayari. Rucame, Bigunde y Carcamme serían otros antepasados más antiguos, ya integrados a la mitología Cora.

La descripción de los elementos de vestimenta servirá para los futuros estudios de bultos funerarios que se realicen dentro del proyecto.

Las pipas o chacuacos siguen siendo objetos de curación entre muchos grupos, nativos o no, así como el uso del tabaco para sahumar, limpiar, ahumar y curar.

Sacerdotes, sanadores y guías formaban un grupo muy consistente que tenía poderes otorgados por el dios más importante del panteón Cora, El Sol.

Al buscar materiales sobre México, el arqueólogo Adrián Velázquez me facilitó un artículo sobre una momia de antepasados en Arequipa, Perú, estudiada por Frank Salomón16, y la similitud, tanto del suceso como de las fechas, servirán más adelante para comparar lo que sucedía en dos espacios coloniales.17

Notas

1 Los jesuitas fueron expulsados de Nueva España en 1767 y después las misiones volvieron a manos de los franciscanos.

2 Biblioteca del Estado de Jalisco, tomo 2, Manuscritos.

3 Manuscrito de la Biblioteca Nacional de México. Informe sobre las Misiones, 1777. T. 1, pp 122-141 y t. II, pp. 279-368. "Misión de San Juan Peyotán. La habitación de los gentiles eran unas Cuevas labradas de la naturaleza. De estas principalmente usaban sus oratorios y mejor Sinagogas... tienen otras separadas para sepultar a los difuntos". Covarrubias de, U., Op cit. P. "Cuando muere alguno decide en que cueva se va a poner su cuerpo..".

4 Ortega, J., Apostólicos afanes de la Compañía de Jesus, en la América Septentrional. México, edit Layac, 1987, p. 16.         [ Links ] "Hízole un indio por nombre Yca un adoratorio o templo... por cuyo motivo pusieron su cadáver en una silla, en que casi deshecho lo hallaron los padres, cuando quemaron aquel templo..."

5 Meyer, J., El Gran Nayar, Colección de Documentos para la historia de Nayarit, III. U. de G. CEMCA. México, 1989.         [ Links ] Gerhard, p. La frontera norte de la Nueva España. UNAM., México, 1996.

6 Ortega, J. P., Op. cit. P. 16, AGN: Provincias Internas, N.85, Exp. 3, 1730.

7 El Capitán Caldera fue uno de los primeros conquistadores que entró en el Siglo XVI y es poco probable que lo hubiera conocido si en 1500 ya era gran Señor. Caldera entra por los años 30.

8 Castorena Ursúa, G.J., I.M. de Sahagún y Arévalo L. y de G. J.F. Gacetas de México. Vol. I. P. II-13.         [ Links ] "Noticias de la Nayari, Pueblo de la SS Trinidad, Presidio de S. Francisco Javier de Balero y Provincia de el Nuevo Reyno de Toledo..."

9 AGN, Ramo Inquisición, Op. Cit. U. Castorena. Op. Cit; Ortega, J. Op. Cit. U. Covarrubias, Op. Cit.

10 Ibib. pp. 11, 12 "...el día 12 de la gloriosa mártir Santa Eulalia llegaron a esta ciudad dos soldados españoles con carga del gobernador del Nayari, Don Juan Flores de San Pedro, con que le remitió a su excelencia el cadáver de crecida estatura, que según proporción simétrica pasará de dos varas y cuarta...".

11 Ibid. P. 12.

12 Ortega, J. P., Maravillosa reducción y conquista de la Provincia de San José del Gran Nayar, Edit. Layac. México, 1944, pp. 20-39.         [ Links ] Chacuaqueros, indios que se dice curaban y usaban pipas con tabaco para sahumar a los enfermos y eran encargados de los adoratorios de sus dioses.

13 Krickberg, W., Etnología de América. México, F.C.E. p. 103.         [ Links ]

14 Molina, A., Vocabulario de Lengua Castellana y Mexicana, Edit. Porrúa, S.A., México, 1960, p. 49: "Izquiatl, bebida de maíz, tostado y molido". Chacuaqueros: "Marcela de Ixcatlán y su marido, que era sacerdote, sahumaban a los enfermos con tabaco macuche, quemado en chacuacos, para que sanaran por este supersticioso medio". (Chacuacos son unas pipas de barro de una octava de largo). También era sinónimo de curandero o mitotero. Doc. del A.H.J.

15 Covarrubias, U., Op. cit. 326.

16 Salomón, F., "Ancestor cults and resistance to the state in Arequipa", Ca.1748-1751, en S. Stein, Edit. Resistance, rebellion and consciosnesly, The Andean peasan world, Madion, Wisconsin, 1987.         [ Links ]

17 Salomón, F., "Ancestor cults and resistance to the state in Arequipa, Ca. 1748-1755". En Stein, S. edit. Resistance, rebellion, and consciosnely, the Andeanpeasant world, Madison, U. of Wisconsin, 1987.         [ Links ]


* Instituto Nacional de Antropología e Historia, Dirección de Estudios Históricos, Castillo de Chapultepec, Polanco México D.F. 11560, México. E mail: dafinah@mail.internet.com.mx.

Recibido: noviembre 1998. Aceptado: diciembre 2000.