SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.50 número1Christoph Rosenmüller y Stephan Ruderer (eds.),[title language="es"]"Dádivas, dones y dineros" Aportes a una nueva historia de la corrupción en América Latina desde el imperio español a la modernidad índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Em processo de indexaçãoCitado por Google
  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO
  • Em processo de indexaçãoSimilares em Google

Compartilhar


Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.50 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942017000100023 

RESEÑAS

 

Neil Safier, La medición del Nuevo Mundo. La ciencia de la Ilustración y América del Sur, Madrid, Fundación Jorge Juan y Marcial Pons Historia, 2016, 452 pp. Edición en inglés 2008.

 


 

Publicado en la colección Ambos Mundos de Marcial Pons, cuyo objetivo es atender a las relaciones entre los que llaman "dos hemisferios geográficos y conceptuales" desde perspectivas "atlánticas o globales", todo lo cual habla de la posición eurocéntrica de su línea editorial, el estimulante libro del historiador de la ciencia estadounidense, además director de la John Carter Brown Library, Neil Safier, en mi opinión refleja de manera muy adecuada el sentido de la serie de estudios históricos que también pretende "recoger las relaciones entre orden natural y orden social, así como las que se establecen entre ciencias y letras". Un "espacio fronterizo", se declara, calificado de "híbrido", siguiendo conceptos esenciales de la llamada historia cultural, y también "problemático", como por lo demás se reconoce es el mundo que nos toca vivir, aunque, seguro, esta sería una característica que los contemporáneos atribuirían a "sus mundos" en todos los tiempos, los europeos también.

Ya en su título el trabajo insinúa quién será el sujeto protagonista y cuál el objeto, y valga la redundancia, objeto de la acción de ese actor principal que son los científicos europeos ilustrados. Sí, porque, aunque Neil Safier pretenda hacer de América un "laboratorio moderno de ciencia experimental", relevando a la sociedad y la geografía americanas a algo más que exotismo y naturaleza, lo cierto es que ellas permanecen esencialmente como hecho y realidad observable, mensurable. Primero como un campo en el que los ilustrados despliegan sus prácticas científicas, que también son sociales y políticas para, más tarde, una vez de regreso en Europa, transformarse en antecedente, vestigio, fuente, descripción o dato de que echar mano para argumentar en las polémicas, sostener una carrera académica o sobrevivir y destacar en medio de las "pasiones intelectuales" de la época, todos elementos de un contexto también político, social y cultural.

A través de sucesivos capítulos que tratan de las pirámides que Charles-Marie de La Condamine levanta en el Ecuador en conmemoración de la verdad científica; su viaje por el Amazonas rumbo al Atlántico, resultado del cual se apropia e invisibiliza el conocimiento existente sobre el río; las reacciones que su relato desata y las críticas a las generalizaciones que contiene; las alternativas de la publicación del mapa de Pedro Vicente Maldonado de la provincia de Quito; la crítica a la forma en que Jorge Juan y Antonio de Ulloa representan a los indios de Quito en su Relación histórica del viaje a la América Meridional; la reedición de la historia de los incas del Inca Garcilaso de la Vega, en relación con el malestar social en Francia; y, finalmente, el uso que hacen los ilustrados y, por lo tanto, la Enciclopedia, del saber sobre diversas especies americanas, el autor construye un texto que en último término no solo muestra las trayectorias del conocimiento y el papel de América en la academia europea, sino sobre todo las prácticas científicas de los sabios ilustrados destinadas a adquirir legitimidad, prestigio y poder.

Un libro en el que se contraponen lo exótico y lo cotidiano, en el que se interpreta la ciencia como espectáculo, se identifican nuevos espacios y nuevos públicos destinados a divulgar y apreciar el saber y, sobre todo, en el cual se muestran las prácticas de los hombres de ciencia que, aunque tengan como escenario América, son propias y principalmente resultado de una época y un contexto imperial, central, europeo. Un texto con historias curiosas y relaciones ingeniosas y agudas, siempre fundadas, todas al servicio de una explicación sobre las formas y estrategias de producción europea de conocimiento científico.

Lo primero que habría que destacar de este texto es el método de aproximación a su tema: lecturas puntuales de episodios, situaciones y hechos motivados o derivados de la expedición que la Academia de Ciencias de París envió al Ecuador en 1735 con el propósito de medir el valor de un grado del meridiano terrestre y así acopiar evidencia fáctica que permitiera resolver la polémica entre cartesianos y newtonianos sobre la real forma de la Tierra. No se trata, por tanto, de un relato lineal, y menos de la descripción de hechos o de una serie de acontecimientos dispuestos cronológicamente; sino que de la presentación de temas y problemas de una forma analítica e interpretativa, fundada en vestigios documentales, materiales e inmateriales, que permiten una reflexión sobre sus implicancias en un contexto más bien simbólico. En el cual resulta esencial el concepto de representación, tanto de la realidad natural, de América, de fenómenos de la naturaleza, de elementos gráficos, de gestos, usos y costumbres, pero sobre todo de las prácticas de los científicos, editores e impresores, entre otros actores del mundo intelectual de la Ilustración en el París del siglo XVIII.

También resulta interesante la escala en la que enmarca su trabajo, pues ofrece las prácticas y resultados de la exploración científica que llevaron adelante sujetos como Charles-Marie de La Condamine, protagonista absoluto de la obra, desde una perspectiva a ras de la tierra, en una escala uno/uno, a través de un lente amplio, que permite ver el suelo; diferente, por ejemplo, a la elevada perspectiva con que corrientemente se analizan expediciones como las de Alejandro Malaspina y Alexander von Humboldt, y en virtud de las cuales en ocasiones la naturaleza americana queda convertida en una abstracción absoluta, por ejemplo, como "física de la monarquía", en el caso de la comisión malaspiniana; o en el "cosmos" humboldtiano. Cierto que se ha mostrado también a un Humboldt más concreto, que mide y siente en un espacio circunscrito como el de la meseta castellana en la España imperial, aunque claro, en este agudo caso, en medio de un contexto muy lejano al americano y su condición periférica y colonial.

Debe valorarse también en esta investigación el uso de fuentes más allá de la escritura y el papel y, por lo tanto, de los libros y archivos; mostrando la obra una amplia gama de posibilidades de "probar" a través del uso de no solo la naturaleza que los ilustrados exploraron, también de muy heterogéneos vestigios, en los más diversos soportes, particularmente los gráficos, además del uso de ceremoniales y monumentos materiales, por solo mencionar algunos a título de ejemplo y muestra de heterogeneidad documental. En este contexto, esta dilatación de las fuentes para el estudio de las expediciones científicas europeas en el Nuevo Mundo hace posible la consideración de las producidas en América por sus habitantes, superando la limitación que muestran la mayor parte de las obras de los especialistas europeos sobre el quehacer de los científicos ilustrados en

América, las cuales, sencillamente, no aluden, porque tal vez no conocen, pues no buscaron, las reacciones de los "americanos" a la presencia de los europeos. Olvidando los numerosos acervos, colecciones y registros que en América dan cuenta del paso de los exploradores. Esta virtud de la obra que comentamos no bastó todavía, en mi opinión, para transformar a América y su sociedad en sujeto de la historia, pero por lo menos constatamos que la intención existió y, tal vez, para algunos de los lectores de esta aguda obra, incluso se logró.

Representaciones y actitudes resultan claves en un texto que a través de los viajeros "empiristas" cultiva la historia social y cultural; que se pregunta, ¿cómo circula el saber?; que busca identificar los intermediarios del proceso de transferencia del conocimiento científico; que muestra el desplazamiento de la ciencia europea hacia una América que, sin embargo, en la visión del historiador tal vez se muestra demasiado pasiva; pero que también señala algunas de las reacciones locales ante las prácticas europeas, aunque lo anterior suponga una concepción de la ciencia como espectáculo, una estrategia, se interpreta, para cautivar a las poblaciones locales cuya única instancia de participación en el quehacer científico sería entonces como espectadores.

El libro se concentra más que en los resultados de la expedición, en los protocolos, rituales, prácticas, usos y métodos de quienes formaron parte de ella, en particular de los protagonizados o generados por La Condamine. Es una investigación atenta a mostrar los nuevos escenarios en que se desenvuelve la ciencia ilustrada y las prácticas inéditas que estos generan, interpretándolos como lugares de experimentación, de ciencia fáctica, empírica, en los que los sabios deben adecuarse a las condiciones locales, muchas producto de manifestaciones culturales difíciles de comprender a la luz de la razón.

Sin olvidar la dimensión global de las prácticas científicas, Neil Safier analiza las destinadas a lo que se interpreta como una conmemoración científica trasatlántica a través de la construcción de una pirámide cuyo sentido es dejar memoria de la práctica ilustrada europea en el Ecuador. Una iniciativa que, por la situación, contexto y las características de los involucrados, termina convertida en un verdadero drama científico, solo comprensible a la luz de conceptos como representación y escenario. Donde los que representan son los europeos y el proscenio América. Un análisis que señala sitios, lugares y realidades naturales como hitos científicos y, por eso, necesarios de conmemorar, al tiempo que muestra, explica, interpreta la tensión entre el texto y el monumento que dan forma a la conmemoración. Todas, parte de las azarosas aventuras en América del "astrónomo errante" en que se convierte La Condamine, una representación del científico que se nutre también del registro gráfico que este hace de su viaje, una práctica indispensable para alcanzar el deseado reconocimiento en su Europa natal.

Ejemplos también de los intereses universales de la "ciencia", entre ellos la gloria nacional e imperial, una motivación simbólica que la dota de significados y subjetividades que se materializan en representaciones a través de metáforas y atribuciones, en último término convenciones reflejadas en las pirámides conmemorativas. Un libro que, de este modo, más que "hechos ciertos", ofrece los atributos de los actos ejecutados por los científicos que le permiten pasar al historiador de lo fáctico a lo simbólico.

Una historia que trata del tema de la autoría a través de diversos ejemplos, que alude a las estrategias de los hombres de ciencia, entre ellas, como se demuestra a lo largo de la obra, la apropiación del conocimiento ajeno, anterior, precedente. Muchas veces de origen americano. Una disputa por la precedencia, el prestigio y la legitimación académica y científica en Europa y, por lo tanto, condicionada por el contexto y usos del "centro", que se sirve del saber sobre América que de este modo permanece como objeto de observación y representación, por ejemplo, a través de los mapas, ahora concebidos como artefactos de la práctica científica.

En soportes que transitan entre la narración histórica y la memoria científica, los ilustrados ofrecen sus experiencias, mudando sus formas textuales, permitiendo al historiador, a través del estudio de la trayectoria de los textos producidos, identificar sus estrategias de autor. Todo lo cual permite a Safier adentrarse en el tema de la apropiación, las experiencias y juicios de terceros, en definitiva, el aprovechamiento del saber ajeno. Entre ellos del americano, que resulta de este modo invisible para el público europeo debido a las prácticas científicas, interpretadas como cotidianas, de los ilustrados. Una verdadera "máquina" académico-científica como él señala. Que de esta forma se ocupa de las estrategias propias de los científicos, legitimadas, empíricas y narrativas, también de las impropias, a través de las cuales se apropian y difunden el conocimiento. Un saber muchas veces efímero, en ocasiones más mito que conocimiento, que tiene en la cartografía y la geografía sus manifestaciones más elocuentes.

El estudio de las reacciones ante la relación de La Condamine de su periplo por el Amazonas, las múltiples lecturas, interpretaciones y significados que se le pueden atribuir a un relato, mapa, objeto o vestigio, lo muestran como prototipo de muchos autores europeos que escriben y publican sobre América, siendo reconocidos como autoridad, aunque sus textos sean incompletos, parciales o definitivamente inexactos. Pero que se sustentan por la fama del autor, el prestigio del editor o el ambiente y contexto en el que se publican.

El capítulo de Neil Safier destinado al mapa de Quito del sudamericano Pedro Vicente Maldonado resulta un notable y prolijo ejercicio metodológico, en el que el análisis textual de las diversas versiones de la representación, identifican no solo las prácticas de La Condamine, destinadas a obtener preeminencia y autoridad, algunas de ellas totalmente ajenas a los deseos del autor original, también la red de intereses y complicidades desplegadas para hacer circular el saber y obtener prestigio, incluidas las liberalidades que se otorga el grabador de la carta. Así, aparecen la historia del plano, las alternativas de su ejecución, las representaciones de que es objeto, los significados que se le atribuyen, el papel en el proceso del principal beneficiado con él, La Condamine, también el método de Safier para reconstruir una trayectoria plena de significados. Entre ellos, el de la conciencia geográfica europea. Pero, sobre todo, del mapa como campo de batalla y, por lo tanto, realidad alterada por los afanes de fama, por las prácticas académicas de los científicos en permanente lucha por el reconocimiento académico, social y político. Y donde la realidad americana representada, en este caso Quito, resulta un accidente, un objeto maleable, entregado al antojo y necesidades de los intereses ilustrados.

En medio de un contexto en el que la observación científica se ofrece como ámbito de la disputa imperial, por ejemplo, entre Francia y España, el libro, además, muestra la política del secretismo español como una práctica inútil, ridícula, a la luz de las eficaces formas de circulación del saber existentes en el siglo XVIII. También explica la producción intelectual sobre la "naturaleza" y sociedad americanas como una oportunidad para la crítica de instituciones, prácticas, imperios y personalidades. El caso de la historia de los incas reeditada en 1744 por el Jardín del Rey, no solo refleja lo dicho, también añade una nueva práctica académica eurocéntrica, imperial y política. En medio de la crisis francesa, los incas se ven representados como sociedad modelo, no por serlo efectivamente, sino que como parte de una estrategia política de los editores para hacer presente su disconformidad.

El talento de Neil Safier, y su preocupación por el quehacer de los académicos, muestra la evolución del texto del Inca Garcilaso, de crónica estática a dinámico recipiente de investigación empírica, a través de la cual se analizan las estrategias tipográficas como reflejo de intereses y objetivos editoriales. Pero también de jerarquías y significados en tanto el texto pasa de crónica a tratado, de espacio tipográfico a espacio ideológico, de la tierra americana a la imprenta parisina, de la riqueza material a la potencialidad práctica del conocimiento, mostrando, anticipándose, a la posibilidad de la solución de los problemas europeos en la abundancia americana. En fin, un libro que también interpreta los gabinetes y jardines, dotados con abundantes objetos y especies americanas, como modos de exhibición atentos a satisfacer la necesidad de espectáculo del público. Dando forma a otra manera de reproducir, narrar y significar, de representar el conocimiento, tal vez el tema principal de la obra.

Un libro que entre otras muchas virtudes tiene la de identificar numerosos y heterogéneos temas y problemas propios de la historia social y cultural de la ciencia. Todos en la actualidad objeto de preocupación de los estudiosos, entre ellos: los procesos instrumentales, prácticas geodésicas y métodos cartográficos, incluida la triangulación geométrica; la práctica de la ciencia empírica en un contexto colonial; la circulación de objetos naturales; el papel de los viajeros científicos en la recolección y transporte de especies; la materialidad de los productos de la naturaleza; la expansión biológica y científica de Europa y sus efectos ecológicos; la práctica de la etnografía y cartografía modernas; las condiciones materiales del desplazamiento del conocimiento en el siglo xvm; el laboratorio científico como lugar de producción del saber; las condiciones, formas y características de la producción de conocimiento natural; la autoría científica en la Ilustración; las relaciones entre ciencia e imperialismo; las prácticas conmemorativas, los sistemas de símbolos, la inscripción y materialidad del viaje científico; los jardines geográficos; la necesidad de asegurar la confiabilidad de la información a distancia; los actos de posesión simbólica; las prácticas de lectura de los naturalistas; la trascendencia de la medición e instrumentalización de los viajes científicos ilustrados; las máquinas e instrumentos en las academias; el lenguaje de la práctica experimental y la observación como forma de representación; las condiciones de enunciación y producción de la prueba experimental; el lenguaje, y su comprensión, de la práctica experimental y la observación como forma de representación; el proceso instrumental y la especulación que implica, su dependencia de datos no instrumentales; la relación entre registros cartográficos y mitos geográficos; la tensión, propia de la Ilustración, entre las ideologías del universalismo y el particularismo cultural; la adaptabilidad de la naturaleza humana; la llamada "disputa del Nuevo Mundo" y la degradación de América; las jerarquías de conocimiento en el mundo atlántico; la función didáctica, indicadora, de la cartela geográfica; las prácticas compilatorias, de corrección de los impresos, la economía de la corrección cartográfica; la noción de inestabilidad textual frente a la figura textual; los efectos del espacio en blanco y los silencios geográficos en relación con el imaginario imperial/nacional; el papel de los relatos de viajes en el origen de la Antropología; la Climatología y su instrumental, la historia del termómetro y su uso en la Botánica y la Climatología; la retórica en la cultura científica europea; la dependencia de la observación de testigos presenciales corroborada mediante recursos instrumentales; las prácticas de recolección de los naturalistas; la búsqueda de objetos exóticos; la botánica aplicada o económica y los jardines botánicos; la página como escenario; la ciencia en el ámbito público y los espectáculos científicos; la evolución de la ciencia del ámbito discursivo al visual; los espacios físicos, como laboratorios, museos y jardines, y su papel en el desplazamiento de la ciencia de la academia al público común. En fin, cómo, con qué y para qué se hacía ciencia en el siglo XVIII.

No sobra señalar que este libro ofrece un permanente contrapunto entre la naturaleza americana y la tecnología europea; entre teoría y práctica; entre ciencia y orden natural; entre conocimiento vulgar y saber científico; entre americanos y europeos; entre dos mundos que en estudios como el que comentamos se relacionan de manera desequilibrada desde el momento en que los sujetos son solo los europeos y el objeto la realidad social y el mundo natural americano. Expresión, a su vez, de otro contrapunto, esta vez historiográfico y en relación con la historia de la ciencia, que tiene a América como escenario, en virtud del cual la iniciativa, el conocimiento y la práctica científica todavía siguen teniendo solo un origen, el europeo.

 


Rafael Sagredo Baeza
Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons