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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.50 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942017000100021 

RESEÑAS

 

Fernando Purcell, ¡Muchos extranjeros para mi gusto! Mexicanos, chilenos e irlandeses en la construcción de California, 1848-1880, Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2016, 251 pp.

 


 

Este esperado libro del historiador Fernando Purcell -realizado a partir de su investigación doctoral, en California- viene a consolidar una línea de trabajo del autor que rescata los vínculos transnacionales y en la cual destacan sus libros Ampliando miradas: Chile y su historia en tiempo global (2009) y ¡De película! Hollywood y su impacto en Chile 1910-1950 (2012). En ¡Muchos extranjeros para mi gusto!, Purcell traza fundamentada y sobriamente la actuaciones de chilenos, mexicanos e irlandeses en la sociedad del naciente Estado de California, desde el inicio de la "fiebre del oro" hasta el advenimiento y consolidación del orden legal y político estadounidense en esta región (1848-1880).

La conquista de California por Estados Unidos en 1847 y el descubrimiento de ricos filones de oro el año siguiente gatillaron el comienzo de un torbellino social y político en torno al apuntalamiento de la hegemonía estadounidense y la difícil convivencia de migrantes de distintas razas provenientes tanto del resto del país como de otras regiones del globo. Estos dos temas: hegemonía y racismo cruzan el libro, permitiendo la edificación de un relato coherente sobre las primeras décadas del dominio angloamericano en la zona.

La fiebre del oro en California sedujo a multitudes, atrayendo como un poderoso imán a una caterva inmensurable de hombres (y muchas menos mujeres), principalmente estadounidenses, pero también mexicanos, irlandeses, franceses, alemanes, chinos, etc. Como el escritor suizo-francés Blaise Cendrars lo expuso en L'Or (1925), la fiebre del oro se abatió sobre el mundo atrayendo a todos los "desharrapados de Europa" y, como escribe Fernando Purcell, reunió a un "variopinto conjunto de aventureros, entre mineros, comerciantes, carpinteros, fotógrafos, almaceneros, dentistas, abogados, constructores y prostitutas" (p. 59). El libro en sus capítulos iniciales ausculta la historia migratoria de los tres grupos centrales de esta obra en un intento por acercarse, no tan solo a la lógica de búsqueda de beneficio personal que los llevaron a California sino, también, a las condiciones locales, nacionales y globales que permiten explicar estos flujos migratorios.

Sin sobreteorizar estos movimientos (aun cuando un desarrollo mayor de la literatura crítica sobre estos fenómenos habría sido deseable), el autor examina el inicio de la migración mexicana desde Sonora. Esta es valorada a partir de varios factores como la carencia de un control fronterizo efectivo, "sin alambradas ni murallas por entonces, el tráfico de la gente era incesante y sin restricciones mayores" (p. 25), la existencia de un arraigado paternalismo patronal, la falta de oportunidades y altos niveles de pobreza. El caso chileno en California -"la segunda comunidad latinoamericana más numerosa en la zona" (p. 33)- presenta obvias diferencias con el caso sonorense y que son abordadas con aplomo por el autor. El caso chileno se interpreta a partir de la estructura social y laboral del país, la cual favoreció la existencia de peones itinerantes en el Chile central y una masa de vagabundos desarraigados. Con un manejo más suelto de la literatura secundaria que para el caso anterior, Fernando Purcell identifica en la posibilidad de adquirir (rápida) riqueza y "lograr un mayor grado de libertad" (p. 40) el acicate principal para espolear el movimiento migratorio chileno a California. Finalmente, el caso irlandés es utilizado a modo de comparación entre dicha experiencia con la de los otros dos grupos en términos raciales y en las dinámicas propias de integración al orden sociolegal estadounidense. El inicio de este flujo es abordado a partir de dos de sus principales causas: por un lado, la conocida crisis de la década de 1840 -la gran hambruna de la papa- que dilaceró la moral del país y, por el otro, la perenne crisis política que imposibilitaba al pueblo irlandés a escapar del control de Gran Bretaña. Es este último aspecto el más desarrollado por el autor, quien termina por subsumir el movimiento migratorio irlandés a California en la arena política.

Una vez en California estos grupos, junto con muchos otros, conformaron la abigarrada sociedad minera. Con sus roces, más frecuentes durante los primeros años, esta mélange de grupos nacionales y étnicos es retratada a partir de los grandes conflictos y luchas que la enfrentan. La historia de California y el oro es una historia de violencia y en ella Fernando Purcell logra establecer matices valiosos, tomar distancia y con gran capacidad realiza distinciones significativas. Los conflictos son presentados en vectores horizontales y verticales; entre migrantes, mineros y la autoridad angloamericana, así como entre etnias y grupos de migrantes con mayor o menor tiempo en la región, quienes luchan -de forma descarnada- por proteger su pedazo de tierra (o mina).

Los temas centrales del libro: hegemonía y racismo, irrumpen con fuerza en este relato a partir del pertinente uso que hace el autor del cuerpo abundante de fuentes periodísticas y de la lectura de casos penales específicos. Estas fuentes, sumadas a los epistolarios de alguno de los protagonistas de estas historias, permiten valorar la construcción del Estado de California dentro de un marco de brutalidad y furor.

Mas los choques y conflictos entre grupos no fueron monolíticos durante el periodo -este es uno de los argumentos principales de libro-, pues sus características en el tiempo dan cuenta de las dinámicas sociales en acción. Por ejemplo, los disturbios y violencia en el poblado de Chilecito, zona periférica dentro de la nueva ciudad de San Francisco en 1849, habitado principalmente por chilenos y reconocida como un foco de prostitución, da cuenta del odio de ciertos grupos contra los latinoamericanos. El ataque perpetuado por una banda angloamericana -los "galgos"- tuvo como objetivo vengar la muerte de uno de los suyos y saquear esta localidad. En su defensa, el representante de este grupo abogó por establecer restricciones contra la presencia extranjera en California (p. 73). Otro caso semejante que desarrolla el autor es el del ajusticiamiento de Josefa, una mujer de Sonora, en 1851, hallada culpable del asesinato de un minero estadounidense en extrañas circunstancias. A diferencia del caso de Chilecito, su ejecución cumplió con las formas legales que imperaban en aquella época. La sociedad civil organizada tuvo las facultades de hacer justicia y velar por el orden, y en el caso de Josefa, se le ejecutó el mismo día de ocurridos los hechos que se le impugnaron. La lectura de Fernando Purcell sobre este episodio da cuenta -a partir de una interpretación que evoca la mentalidad colectiva- de un persistente y hondo racismo entre los miembros del tribunal popular, los cuales "seguro creían en el destino manifiesto, o por lo menos consideraban que los mexicanos eran personas inferiores y vulnerables" (p. 99). Este tipo de relación discriminatoria contra extranjeros, en particular latinoamericanos, por parte de la autoridad se vuelve diáfana en la ley de "El impuesto al minero extranjero" de 1850. Impuesto que estableció mecanismos de discriminación entre grupos de inmigrantes y que tuvo como finalidad, si bien de forma solapada, la ulterior expulsión de alguno de ellos (p. 124). Este impuesto alienó la población migrante entre los considerables como blancos (a los que rara vez se le cobraba el impuesto) y el resto. Es esta perspectiva horizontal uno de los puntos altos de esta obra por cuanto trae a la palestra los derroteros de comunidades de migrantes avecindadas en California, pero que experimentan, en un periodo de pocos años, profundos y opuestos cambios en su inserción social.

El caso irlandés y su proceso de "blanqueamiento" significó una mayor (no total) integración con la sociedad y política angloamericana. Esto se vio reflejado en el cambio paulatino, desde la mantención de los vínculos de solidaridad inicial y apoyo mutuo entre grupos de migrantes, a un modo que enfatizó el sentido de pertenencia irlandés a la sociedad estadounidense reflejado en el vehemente rechazo a la inmigración de otros grupos étnicos (como los chinos). Como escribe el autor: "no es posible comprender a cabalidad la fiebre del oro sino tomada como una historia marcada por las relaciones interétnicas, incluyendo aquellas desarrolladas entre angloamericanos y otros grupos, como los irlandeses, los que fueron expresados con mucha claridad durante los años de búsqueda frenética de oro" (p. 139).

Lo anteriormente expuesto le permite a Purcell presentar en los últimos capítulos el ocaso de la sociedad minera una vez que el oro se agotó. Chilenos y mexicanos continuaron sufriendo discriminación por motivos raciales, acentuando su condición marginal en la sociedad californiana. Mas, dentro de dicha marginalización, estos grupos estrecharon los vínculos de solidaridad entre ellos, consolidando una comunidad "hispana", la cual aumentó su presencia en la arena pública a partir de las guerras contra Francia y España en la década de 1860.

¡Muchos extranjeros para mi gusto!, en su riqueza de ideas y fuentes utilizadas, es una obra que pudo verse beneficiada de un marco teórico más robusto sobre el fenómeno de las migraciones internacionales, que llevara al autor a cuestionarse otras variantes importantes como el papel del grupo familiar, la existencia de redes preexistentes de acogida, las dinámicas propias de grupos migratorios, las condiciones materiales que facilitaran la partida, entre otros aspectos. Igualmente, y sin quitarle mérito a un trabajo historiográfico sólido, la omisión de ciertas tendencias más recientes en la literatura sobre la migración mexicana en California, como los trabajos de Alexandra Délano y Rachel St. John, puede llamar la atención a los lectores versados en el tema. En cuanto a los aspectos formales, la edición del Fondo de Cultura Económica es de gran nivel, aun cuando se extraña la incorporación de un índice onomástico que facilite la lectura crítica del texto y de algunos mapas que permitan ubicar con mayor facilidad poblados para el lector no familiarizado con la geografía de California y el noroeste de México.

Como se ha indicado, esta obra es un valioso aditamento a los estudios sobre la construcción del Estado de California durante los años posteriores a la fiebre del oro y sobre la memoria histórica de los grupos de inmigrantes, en especial chilenos, mexicanos e irlandeses, que participaron de ella. El estudio de casos específicos sobre las fricciones raciales y desafíos que presenta la migración internacional en Estados Unidos, temática de inagotable interés, y su prosa directa y clara, hacen de este libro una lectura bienvenida para un público amplio. Su impresionante uso de archivos en diversas locaciones y países junto con una discusión detallada de la literatura atingente nos lleva, también, a recomendarlo, quienes posean un interés académico sobre los episodios tratados.

 


Pedro Iacobelli
Instituto de Historia,
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

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