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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.50 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942017000100018 

RESEÑAS

 

Rafael Gaune, Escritura y salvación. Cultura misionera jesuita en tiempos de Anganamón, siglo XVII, Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2016, 486 pp.

 


 

Sobre la historiografía de la guerra de Arauco, los espacios de guerra, misión y frontera han sido protagonistas en los estudios del Chile colonial, especialmente a partir de los trabajos de Sergio Villalobos en las décadas de 1980 y 1990. Este último señaló que la guerra defensiva, proyecto de pacificación de comienzos del siglo XVII, había tenido "escasa importancia" en el desarrollo del conflicto33. Desde esa aseveración, la lectura del trabajo de Rafael Gaune permite entender las repercusiones de un proceso de paz que fracasó, pero que se constituyó dentro de los intersticios locales e imperiales del mundo ibérico y romano. Este libro, fruto de una investigación doctoral del autor, narra un fragmento del "caleidoscopio global jesuita", es decir, unos de los múltiples espacios misioneros que, en el ámbito global, coordinaba la Compañía de Jesús desde Roma, a través de los discursos sobre la paz y la guerra en la Edad Moderna.

Escritura y Salvación. Cultura misionera jesuita en tiempos de Anganamón, siglo XVII busca comprender los fenómenos de negociación, traducción y misión dentro del proceso de guerra defensiva, liderada por el jesuita Luis de Valdivia, en la frontera hispano-mapuche entre 1568 y 1626. Para ello, busca vislumbrar "la capacidad de adaptación de los jesuitas [...] en los recorridos históricos coloniales" y, a su vez, plantear un desafío: instalar el debate global/local en la producción historiográfica colonial chilena (p. 35). En una extraordinaria investigación, el autor nos permite seguir los recorridos de los proyectos fronterizos de guerra y paz entre el mundo colonial americano y el moderno europeo a partir de los discursos domesticadores que los jesuitas establecieron para entender la frontera, la guerra y la evangelización. Así, el concepto de Flandes Indiano, utilizado por el jesuita Diego de Rosales, para vincular el fenómeno de la guerra y rebelión en los Países Bajos y Arauco, se transforma en una llave descifradora (p. 37) que problematiza el actual giro global, como un fenómeno de conexiones de espacios alrededor del mundo, a partir de la producción de saberes locales, gracias a los intermediarios jesuíticos que transitaron constantemente entre distintos planos (p. 49).

El desafío propuesto es entender "cómo los jesuitas se movieron entre dos escalas, la dimensión global (Roma y la monarquía) construida por los casos locales (la frontera sur del virreinato peruano)" (p. 45). Así, el vínculo entre escritura y salvación resulta fundamental: para unir ambos conceptos Rafael Gaune utiliza, en su mayoría, el intercambio epistolar y documentación normativa. En ese sentido, metodológicamente, el trabajo presenta una fuerte base documental recopilada en archivos nacionales e internacionales, sumergiéndose en el mundo de los archivos jesuíticos para poder dar cuenta de su hipótesis y objetivos, aunque, algunas veces cabe preguntarse, ¿qué otras fuentes extrajesuitas podrían ver este mundo desde otras miradas? No obstante, la gran recopilación de información de los jesuitas, entre Santiago, Lima, Madrid y Roma, permite sostener la importancia de la negociación y la instalación de un proyecto de paz en un proceso largo de guerra, donde convergieron los planes de contención de la monarquía católica y las expectativas evangélicas de los misioneros en búsqueda de la salvación de las almas.

Además de esta multiplicidad de temas, el autor incorpora otra variable importante de analizar: la figura de Anganamón, líder indígena victorioso por excelencia y parte contradictoria de los proyectos jesuíticos. Este fue utilizado por los jesuitas como una forma de "descifrar al otro" que no se deja reducir y para "domesticar su cuerpo y alma con su presencia misionera y proyecto de salvación" (p. 39). Se constituye, así, como una persona intermedia entre el Rey, los jesuitas y los rebeldes de Purén y Catiray.

En el primer capítulo, titulado "El deseo (periférico) de las Indias (1568-1598)", busca analizar el vínculo entre Roma y Chile antes de la llegada de los primeros jesuitas en 1593. Esto posibilita comprender la organización política del "deseo de las Indias" periférico, explicando los ideales y expectativas que tenían los misioneros en Europa y América, observando como los jesuitas se transformaron en traductores de la nueva realidad americana (p. 81). Además, plantea que había dos vías de deseo: la llegada a las Indias occidentales y las nuevas convicciones de expansión, conversión y disciplinamiento del indígena (p. 85), donde esta última aspiración habría generado un deseo de visitar otras geografías como Chile. Esta intención estuvo en constante negociación con los recursos políticos y económicos de la monarquía y los lineamientos del generalato jesuita que convirtieron "el utópico deseo inicial" en una "densa red epistolar" que terminó por apoyar los proyectos misionales alrededor del mundo (p. 112). Desde la lectura queda como pregunta, ¿en qué sentido el deseo de las Indias se inserta en una sensación general y polifónica del europeo tras el descubrimiento de América?

Con la llegada a Chile, Gaune explica el papel de los jesuitas a partir del oficio del traductor: diagnosticaron, explicaron e interpretaron la realidad local. Lo que les permitió observar una precariedad espiritual de todos los estamentos de la sociedad santiaguina (p. 122), paralelamente a las estrategias de integración políticas y religiosas dentro de la dinámica urbana. Con el apoyo de la elite y otras ordenes, los misioneros de la Compañía pudieron "organizar los tiempos, los cuerpos y el espacio de la conversión religiosa" (p. 138). Así, desde la precariedad y la salvación, germinó una proyección de lugar "fijando en el territorio y en la memoria la salvación de las almas" a través de un proyecto no solo pensado desde Santiago, sino también desde Roma, Madrid y Lima (p. 152). Esto posibilita al autor para abrir los espacios de discusión histórica hacia la dinámica global, imperial y local.

En el segundo capítulo, busca observar los itinerarios epistolares jesuíticos entre Chile y Roma. Lo interesante es que vincula ambos espacios, esquivando la construcción histórica e historiográfica del "patronato real" para observar cómo el generalato romano y el mismo Papa participaron activamente en el desarrollo misionero en Chile (p. 153). Roma, en el siglo XVII, fue un espacio donde circularon diversos objetos y saberes del mundo, entre ellos los proyectos chilenos. Para ello, Gaune se sumerge en las fuentes romanas para observar el papel reflexivo y político de los generales de la Compañía. El jesuita, propone, se transformó en un "hacedor", en un creador de mundo que garantizó el tránsito de distintos "fragmentos de un mundo" hacia Roma. El principal soporte de este fenómeno fueron las cartas anuas que, construidas desde muchas voces, actuaron como "sismógrafos de la realidad" (p. 205). Sin embargo, no solo se despacharon cartas institucionales sino, también, un complejo intercambio epistolar de jesuitas particulares, como Luis de Valdivia, quienes fueron protagonistas de las comunicaciones entre 1615 y 1626.

En el tercer capítulo, densifica las redes del caleidoscopio jesuita con los discursos de guerra y paz en Chile: "¿Cómo [se] pensó la guerra y la paz desde las practicas misioneras y cómo estas se vieron entramadas en la escritura jesuita?" (p. 219). La investigación observa la paz de forma polifónica y en diálogo con la guerra. Esto permite analizar las propuestas y traducciones del padre Luis de Valdivia en torno a su propuesta de guerra defensiva. Para él, la paz asegura el control social, político y religioso al sur de la frontera del Biobío (p. 220). E identifica tres tipos a partir de la adaptación de las normativas propuestas por monarquía con su ideal misionero. La primera sería una concordia producida por la violencia del trabajo no regulado, que finalmente era aquella paz hostil y rechazada por los indígenas; con la segunda el sacerdote jesuita buscó someter a los indios de guerra a tributos y tasas como en México y Perú; y, por último, la tercera sería la producción de una amistad entre las partes, a partir de la mediación política en espacios de Parlamento (pp. 226-231).

La polifonía de la paz, entonces, se hace presente. Mientras el mundo militar quiere castigar y esclavizar a los mapuches, los jesuitas reflexionaron sobre una paz negociada con los indígenas, explicando la voluntad del Rey, los deseos de conversión y criticando el servicio personal. Para Rafael Gaune, el punto de inflexión fue diciembre de 1610, cuando la paz de los padres de la Compañía se unió a la voluntad de la monarquía en un proyecto único de salvación: la guerra defensiva (p. 260). Por otro lado, la voz del indígena es difícil de escuchar en los discursos de paz. Por eso el autor, utilizando la analogía del jesuita como sismógrafo, intenta ver cómo ese testimonio se encuentra representado y filtrado en la escritura jesuita. Así, Anganamón se transforma en una justificación de la conversión de los rebeldes que ven la paz como servicio personal, pero también un bárbaro incorregible (pp. 236 y 286). Sería interesante, entonces, comparar otros procesos de paz (como el de Flandes en la Tregua de los Doce Años) y su asociación con las comunidades locales y otras órdenes religiosas, para entender este fenómeno de encuentro político-religioso.

En el cuarto capítulo, analiza los "otros" rostros de la guerra defensiva. Sin embargo, la expectativa decae al observar que finalmente el análisis se centra en la figura ya conocida del jesuita Luis de Valdivia. Resultaría interesante, tal vez, observar otros sujetos dentro del proceso, como las mujeres, los extranjeros o las comunidades locales impactadas por la guerra y la paz. El argumento de este capítulo busca entender el apoyo al proyecto a partir de una amplia red de apoyo político, económico, religioso y jurídico entre Madrid, Lima y Roma (p. 293). Para ello, Rafael Gaune no solo investiga las lecturas de Luis de Valdivia para dar cuenta de su soporte ideológico sino, también, sus percepciones sobre su proyecto. Para él, la guerra defensiva era parte de "un medio político para conseguir un bien superior: la paz terrenal y la concordia celestial" (p. 322). Propone domesticar en forma evangélica al bárbaro, perfeccionar las prácticas religiosas, especialmente con el bautismo como rito de paso, y un proyecto pedagógico que permitirían permanecer la palabra de Dios en los corazones y en los territorios de los indígenas (p. 336). De esta manera, las relaciones misioneras fueron generando una gramática de la conversión que buscaría una zona de exclusión territorial para el proceso de salvación. Sin embargo, estas propuestas pronto cayeron en descrédito debido al martirio sufrido por unos jesuitas en Elicura (1612). Esta derrota es vista por el autor desde una perspectiva interesante: una poética política. Para Luis de Valdivia esto fue "una confirmación de su aventura universal, un punto de llegada [...] de su religiosidad" (p. 350). De esta forma, en sus cartas, construye un discurso político apologético del episodio, con el objetivo de apoyar las prácticas jesuitas al interior del poder central. El capítulo termina con el retorno del jesuita a España en la década de 1620, ordenada por el general Mutio Vitelleschi, desde Roma, debido a inconvenientes políticos de su participación en el proyecto (p. 393). Así, es alejado de la frontera chilena, volviendo a España para escribir la Historia de la provincia de Castilla, y reflexionando sobre su propia vida política y misionera.

Para finalizar, en su escritura el autor le da una voz reflexiva a los distintos actores que participaron en un proyecto de paz que fue importante más allá de las fronteras chilenas y mapuches. De esta manera, hacia el final propone una topografía jesuita como instrumento analítico que posibilita la observación de esta orden en continuo movimiento, en una constante búsqueda por "encontrar las piezas que la hagan funcionar correctamente" (p. 422). Así, una de las principales fortalezas del libro es entender la guerra defensiva en diálogo constante entre la construcción local e imperial y entre la Corona y la Iglesia romana.

En ese sentido, el principal aporte del trabajo historiográfico de Rafael Gaune es superar las fronteras nacionales para comprender que un proyecto visto tradicionalmente desde lo local, tuvo repercusiones regionales y globales entre América y Europa. Esto, además, a través de una sólida recopilación documental que permite la presentación de fuentes e interpretaciones novedosas, posibilitando comprender el mundo como múltiples fragmentos que se construyen desde el diálogo local-global. Con todo, Escritura y Salvación... es un libro lleno de propuestas y posibilidad para la historiografía chilena, en general, y colonial, en particular. Es un texto de gran erudición, profundidad y habilidad narrativa que resulta de gran utilidad para entender las relaciones entre Chile y el mundo, así como para comprender las dinámicas jesuitas en contexto misionales periféricos.

Notas

33 Sergio Villalobos, Vida fronteriza en la Araucanía: el mito de la guerra de Arauco, Santiago, Andrés Bello, 1995, pp. 12-13.         [ Links ]

 


José Araneda Riquelme
Estudiante de Magister en Historia
Instituto de Historia
 Pontifica Universidad Católica de Chile

 

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