SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.50 número1The Power of Corporate Networks: A Comparative and Historical PerspectiveJoaquín Fermandois, Historia, ideas y políticas. El fin del viaje y otros ensayos y estudios índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Em processo de indexaçãoCitado por Google
  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO
  • Em processo de indexaçãoSimilares em Google

Compartilhar


Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.50 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942017000100015 

RESEÑAS

 

Silvia Dutrénit Bielous, Aquellos niños del exilio. Cotidanidades entre el cono Sur y México, México, Instituto Mora, 2015, 454 pp.

 


 

En los años setenta del siglo XX se instalaron en varios países de América Latina dictaduras militares que usaron toda la fuerza del Estado para reprimir a sus opositores. En Argentina comenzó en 1976 y duró siete años, en Uruguay doce años (1973-1985), Chile tuvo una de las más largas (1973-1990) superada solo por la brasileña. El resultado humanitario de estos procesos históricos fue dramático: miles de presos políticos desaparecidos, víctimas de prisión y tortura en centros de detención clandestinos, ejecutados políticos, proscripción de los partidos políticos, anulación de las garantías más elementales y miles de exiliados.

México se caracterizó por abrir sus puertas al amplio grupo de perseguidos políticos que provenían del cono Sur. El exilio, "fue y es una realidad latinoamericana constante. Ha sido y es la experiencia de grandes figuras célebres de la región y también de miles y miles de desplazados desconocidos para la Historia con mayúsculas. De la misma manera, se ha manifestado como un instrumento de control político usado por gobiernos autoritarios para expulsar o forzar la salida de la disidencia política y de las voces críticas"3. El exilio asociado con la huida, la pérdida de espacios físicos y afectivos, implica la salida forzosa del país de origen, al cual nunca se sabe con certeza cuando será posible regresar.

La historiografía sobre el exilio en México es prolífica, en tanto "país refugio", que acogió a miles de españoles que tuvieron que dejar su país a causa de la guerra civil y recibió a un enorme contingente de exiliados del cono Sur. Sus actividades en México, sus procesos de aculturación y las formas en que se insertaron a la sociedad mexicana, así como muchas otras temáticas en torno a estas experiencias han sido estudiadas con profundidad por diversos académicos. Los estudios sobre los exilios generados por las dictaduras del cono Sur se concentraron en narrar la historia de los adultos en tanto se consideró que eran ellos los principales actores del cambio social y las principales víctimas de la represión de Estado. Sin embargo, dentro estas investigaciones, muy pocos se han preguntado por un grupo numeroso de estos exiliados: los niños.

En este libro se estudia la participación de los niños sudamericanos exiliados en México. La autora se interroga por las formas en que los niños experimentaron las vivencias del exilio. ¿Qué sintieron? ¿Cómo fueron sus mecanismos de adaptación? ¿Cuáles sus angustias y alegrías? ¿Cuáles fueron sus espacios de sociabilidad? Además, se interesa por una generación. De tal manera, se rescata la historia de aquellos niños que fueron producto del exilio y se incluye tanto a los que migraron forzosamente con sus padres y llegaron a México siendo pequeños, como también los que nacieron en ese país. La propuesta metodológica es acercar el micrófono a las voces adultas y rescatar en ellas las memorias de infancia y la resignificación que dieron a su exilio décadas después. Así, se convierte a los testigos de los acontecimientos en testimoniantes, en actores centrales de la historia, en sujetos con voz y con participación. Se les traslada de la marginalidad historiográfica en la que habían permanecido y se les coloca en la primera línea de la narración histórica. Aquellos niños, entonces, se convierten en esta publicación en los personajes principales de la historia del exilio.

En este trabajo se encuentran relatos que oscilan entre la biografía y la autobiografía. Silvia Dutrénit utiliza el recurso biográfico para convertir a sus sujetos no solo en actores sino en fuentes de información relevantes. En tanto el planteamiento es historizar la memoria, el libro invita a pensar cómo recuerdan los adultos su infancia, cómo el tiempo permite un reprocesamiento de los conflictos, cómo las historias trágicas determinan el curso de las vidas. Varias preguntas atraviesan los testimonios rescatados por la autora: ¿Qué pasa con las familias cuando sufren el desgarro del destierro? ¿Cómo se siente ser "diferente" en escuelas, barrios y en un país al que se llega? ¿Cómo se construyen las subjetividades?

Asimismo, presenta trece historias individuales de chilenos, argentinos y uruguayos vinculadas por una situación histórica compartida: el exilio en México. Las vidas individuales de ocho mujeres y cinco hombres, pero también de los sujetos con los que convivieron en sus países de origen y en México, ofrecen relatos sobre un pasado, fragmentos de la historia que vivió Latinoamérica, incluyendo historias de amor, desamor, destierro, miedo, nostalgia y angustia. La mirada que ofrece tiene un poderoso sesgo intimista, los personajes se abren al público y develan lo que los individuos sienten respecto a la tierra de nacimiento, a la comida, a las palabras, a los amigos. El lector accede a una historia polifónica, de un presente-pasado compartido que signa experiencias, afectos y emociones.

Estas trece vidas individuales recrean también aspectos de la historia regional, nacional y familiar. Es también una historia de "los otros", de los que acogieron o rechazaron a los exiliados, de los comportamientos frente al exilio, al extranjero, a los niños y a los adultos. Si una sensación común aparece entre los entrevistados, es la de que su condición los hacía "diferentes." La alteridad se expresa tanto para mexicanos como para sudamericanos. Todos expresan al "otro", los que se diferenciaban por el acento de sus voces, por el color de su piel o por su desconocimiento de la música, los juegos o la comida. El ser o el no ser fue parte fundamental de la inserción de los exiliados en México. Mientras "tú no eres mexicana" era algo que escuchaba Laura, que había nacido en este país pero era hija de argentinos; a Mariano Marcone, que nació en Argentina, cuando volvió a su país de origen los argentinos le decían "tu eres mexicano". Este ser/no ser lo explica Natalia Bruschtein así: "sigo siendo una extranjera muchas veces, aunque ya tenga nacionalidad mexicana... y no soy güera..." y "en Argentina también soy extranjera, porque en Argentina no tengo los códigos" (p. 115). La identidad parece concentrarse, precisamente, en el conocimiento de los códigos y su interiorización o apropiación. ¿Qué significaba para los mexicanos ser mexicanos? ¿Qué generaba en los niños exiliados una sensación de falta de aceptación? "No ser de aquí ni de allá: ser de los dos lados," decían algunos. "¿Por qué no podemos ser de varios lados?", se preguntan otros. "Decidir de dónde es uno es muy difícil" dice Mariano (p. 56). "Mi lugar es donde está la gente que yo quiero" dice Natalia (p. 115). Ignacio Plá también recuerda esa alteridad fijada por el color de piel, en un país dominado por la pigmentocracia: "siempre fue el extranjero, siempre fui el güero". Siempre fuimos "los güeros [...]. A pesar de que esa condición tiene, por desgracia, sus beneficios, también genera muchos problemas en otros sentidos" (p. 377).

Se evidencia aquí el poderoso efecto identitario que tiene el lugar de nacimiento, tanto para los que están como para los que llegan. Como si la tierra dotara de características a los seres humanos, como si las muchas veces fortuitas coordenadas geográficas del lugar de nacimiento implicaran en los individuos un conjunto de valores, principios, amores y características. En relación con esto sucedía algo interesante entre los niños exiliados. Ellos elaboraban estrategias de defensa ante la violencia que implicaba la exclusión. Natalia recuerda que su estrategia era "hablar como mexicana, no quería que se notara que yo no era mexicana" (p. 111), pero en Argentina hablaba como argentina. Varios testimonios relatan estrategias similares relacionadas con el lenguaje, con las formas de ocultar lo que se era para presentarse al otro y encontrar la aceptación.

Entonces, en este libro, los niños no aparecen solo como víctimas de la violencia de Estado o del exilio sino como actores capaces de elaborar estrategias y mecanismos de resistencia ante situaciones nuevas y difíciles. Los niños se erigen como actores relevantes en las decisiones familiares. Aunque hay padres y madres que toman determinaciones como regresar a sus países de origen sin consultar con los hijos, a quienes a veces ni siquiera han contado su historia familiar, otros someten a consulta familiar si se quedan en México o regresan. Los testimonios dan cuenta que muchas veces son los niños los que se empeñan en quedarse o en regresar, y que sus opiniones son tomadas en cuenta e, incluso, llegan a ser determinantes. En el caso de Valentina Ramírez, por ejemplo, cuando se dieron las condiciones políticas para regresar a Chile, su madre le preguntó si quería regresar y la pequeña niña dijo: "no mamá, ya te vas sola. Ya. No quiero mas, no me quiero mover mas ya" (pp. 227-228) Y señala: "Porque algo que de niña me pesó mucho fue esa falta de raíces: siempre era un volver a hacer amigos, volver a acostumbrarte a acentos diferentes. Cuando llegaba a un lugar agarraba el acento rapidísimo, porque había una necesidad de integrarme y de no ser la niña diferente" (p. 243).

¿Qué era ser mexicano, uruguayo, chileno o argentino? Los testimonios aluden a niños que habían sido educados en la música infantil de la argentina María Elena Walsh, y que llegaban a un mundo en el que otros niños cantaban las canciones del negrito bailarín o la pobre muñeca fea del músico mexicano Cri-Cri. Estos niños no lograron, por ejemplo, probar las delicias de la comida mexicana, sino una vez que alcanzaron la adolescencia y tuvieron la oportunidad de estar fuera de casa. Para ellos el futbol mexicano los sumió en el peor de los conflictos identitarios, pues habían crecido en la defensa de una camiseta de un país que los había expulsado, pero que era parte de su historia. De tal forma, cualquier partido donde jugara México contra Uruguay, contra Argentina o contra Chile no traía más que angustia. El futbol aparecía como otro más de los definidores de la identidad nacional.

De tal forma, muchos de estos niños terminaron por formar microcomunidades en los lugares donde vivían o en las escuelas a las que asistían. Ahí, se reunían con otros niños exiliados, y encontraban acercamientos, lugares comunes, sentimientos de pertenencia a un grupo infantil determinado por el desarraigo de sus lugares de origen. En ese sentido, las biografías reconstruidas por Silvia Dutrénit, si bien muestran la particularidad de cada vida, también exponen cómo esas vidas confluyeron en un colectivo de niños y adultos y cómo a partir del exilio los niños fueron capaces de conformar sociabilidades infantiles propias a través del juego. Los juegos o la escuela, fueron parte fundamental de las sociabilidades infantiles y elementos centrales en la unión de los niños mexicanos con los exiliados.

"El exilio pesa," dice Analía Ferreyra, nacida en México, pero con nacionalidad uruguaya. Y en esa situación la familia, que quedó disgregada, separada por miles de kilómetros, debe reconstituirse. Los exiliados forman nuevas formas familiares, familia, la reconstruyen, las amplían con los vecinos, los amigos, los otros exiliados. El "primo" y el "tío" aparecen en los testimonios construidos por Silvia Dutrénit como conceptos integradores que se reutilizan para sumar y hacer más grande el núcleo familiar. "En el momento en que mis padres decidieron quedarse aquí, empezaron a hacer relaciones de amistad muy, muy estrechas, que de alguna manera sustituyeron a la familia. Por eso tengo muchos tíos y primos postizos: eran amigos argentinos que también vinieron en esa época; mexicanos también, y de otras nacionalidades. Y entonces yo recuerdo eso, una gran familia de tíos y primos postizos, con la que crecí", dice Laura Furlán (p. 44). "Al llegar a México no teníamos más familia que nosotros cuatro. Por ello, los amigos de mis padres pasaron a ser parte de mi familia, se constituyeron en mis tíos de hecho. Eso fue y es muy importante en mi vida. Nunca tuve a mis abuelos, a mis tíos o a mis primos cerca, como yo hubiera deseado. Así que los amigos de mis padres eran mis tíos y sus hijos mis primos," explica Mariano Marcone (p. 71).

Las historias infantiles rescatadas por Silvia Dutrénit reiteran que todos somos historia, que nuestras voces valen, que pueden y deben ser rescatadas. Los testimonios reunidos permiten trazar una historia trasnacional, en la que pueden observarse mixturas y sincretismos culturales en relación con el lenguaje, la comida, los juegos, los hábitos y los comportamientos. Asimismo, el libro evidencia la participación de los niños, su agencia, su posibilidad de tener opiniones, de expresarlas, de defenderlas, aun siendo víctimas de procesos dramáticos que los expulsaron de sus lugares de origen. Esos niños tuvieron la capacidad de construir rápidamente una nueva vida en México elaborando los desarraigos y fracturas emocionales y asimilando nuevas tradiciones y relaciones en el país receptor. En suma, este novedoso libro rescata testimonios de actores invisibilizados y nos muestra nuevas miradas para observar la realidad latinoamericana, para pensar las identidades como procesos fluidos, porosos y cambiantes.

Notas

3 Marina Franco y Hernán Topasso, "El exilio en América Latina, nuevos casos y problemas", 2011, disponible en www.pacarinadelsur.com/home/editorial/358-el-exilio-en-america-latina-nuevos-casos-y-problemas [fecha de consulta: 13 de diciembre de 2016]         [ Links ].

 


Susana Sosenski
Instituto de Investigaciones Históricas
Universidad Nacional Autónoma de México

 

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons