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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100032 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 328-334
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

PATRICIA STANBUCK, Rosa Yagán - Lakutaia le kipa. Palabras & Fotografías, Santiago, Pehuén Editores, 2011, 164 páginas.


Cuando a mediados de los años 70, después de narrar parte de su azarosa vida y contar de las costumbres de su pueblo a la periodista Patricia Stanbuk, Lakutaia le kipa, conocida como Rosa Yagán, terminaba sus relatos diciendo "Sí, ahora es peor que el diluvio. Los últimos nos estamos muriendo [...]", nunca imaginó que sus palabras no solo darían origen a uno de los textos más relevantes sobre los yaganes, habitantes de la zona del Cabo de Hornos y de las últimas estribaciones de nuestra América del Sur, sino que, sobre todo, se constituiría en un testimonio etnográfico que ha pasado a "formar parte de la memoria esencial de la identidad chilena", como lo manifiesta la autora al comienzo de su texto.

Rosa Yagán - Lakutaia le kipa. Palabras & Fotografías, publicado por Pehuén Editores en el año 2011 como parte de la Biblioteca del Bicentenario, es la reedición de la obra Rosa Yagán. El último eslabón, que fuera publicada por primera vez en Santiago, en 1986, por la Editorial Andrés Bello. El texto, compuesto por los mismos doce capítulos de esta temprana edición titulados según su contenido, permite al lector conocer la vida de Rosa Yagán y la historia y tradiciones de su pueblo. Así, encontramos el primer capítulo, "Soy la última de la raza de Wollaston", donde Rosa fija su identidad, su origen y el de su etnia, relata sus costumbres y formas de vida y los constantes traslados en canoa por los canales al sur de la Isla Navarino, el Canal Beagle y la zona del Cabo de Hornos. Cierra el relato el capítulo titulado: "Es peor que el diluvio", donde esta mujer yagana cuenta cómo se fueron perdiendo esas costumbres y formas de vida y cómo los pocos sobrevivientes de su pueblo sufren el olvido y la discriminación por parte de los chilenos, terminando con una dramática reflexión acerca de su trágico destino: "Es peor que el diluvio, cuando todo se inundó y solo se veían algunos montes de Hoste y Navarino [...] Muchos hombres murieron ahogados, pero algunos se salvaron. Y tal como hizo Noé, así hicieron también los indios salvajes; se desparramaron por todas partes y sacaron otra vez sus familias hasta llenar otra vez el territorio. Sí, ahora es peor que el diluvio. Los últimos nos estamos muriendo y no podemos volver a sacar a nuestras familias ni llenar nuestra tierra con yaganes".

A través de todos los capítulos del libro, el relato personalizado de Rosa Yagán está combinado con citas tomadas de los informes publicados en The South American Missionary Magazine, que, como se señala en las notas, corresponden al boletín periódico de la fundación anglicana The South American Missionary Society, que promovió y mantuvo las misiones de evangelización en el territorio austral, tanto chileno como argentino. Estas citas permiten al lector, por un lado, completar el relato etnográfico con fuentes históricas y, por otro, establecer ciertas cronologías, porque se indica la fecha de la misiva o informe, así como también el año en que fue publicado.

A esta estructura narrativa se han agregado diversos textos que complementan el testimonio central y hacen posible que los lectores de este siglo conozcan la historia de la publicación desde su primera edición. De esta manera, la obra comienza con una "Nota de la Autora a los 25 Años de la Primera Edición de las Memorias de Rosa Yagán. Lakutaia le Kipa", donde a través de un recorrido histórico -a veces muy personal- Patricia Stambuk expone las fuentes de su investigación, habla sobre las problemáticas que comprometieron y comprometen la existencia de los yaganes y de otros pueblos indígenas y establece claramente los objetivos de su trabajo, los cuales explica a través de una pregunta y una respuesta: "¿Tiene sentido despertar a una raza, justo cuando terminan seis mil años de su presencia en la Patagonia chilena? Mi respuesta es que presentar una séptima edición de esta obra, a los 25 años exactos de la primera, con nuevas referencias históricas y más iconografía, en algunos casos inédita, es un testimonio de esperanza para nuestros pueblos que se han salvado del destino irreparable de los yaganes. En su memoria, pido que oigamos las voces de los aymaras, rapanui, mapuche, pehuenche y huilliche de esta tierra que compartimos".

Complementan esta nota de presentación tres textos anexados al final del libro. El primero corresponde al prólogo a la edición de 1992 escrito por el abogado José Luis de Imaz (1928-2008), reconocido como uno de los fundadores de la sociología argentina. Como pensador lúcido y sensible a los problemas humanos, clasifica la obra de Stambuk como una "novela testimonial", lo que hace posible el reconocimiento de la etnia yagán como sujetos históricos que trascienden las fronteras republicanas. Sus palabras finales revelan la fuerza de este testimonio que deviene en historia, porque es el relato de un pueblo que está en el ocaso de su existencia, y sin embargo aún tiene mucho que decir: "[.] de la pluma de un periodista, se plasma en Rosa Yagán, un testimonio personal, familiar, de ancestros, de recuerdos, de mitos y vigencias animistas o nuevas hipótesis. Patricia Stambuk se ha convertido en la notaria que registra el acto de defunción de una raza. Su obra es historia auténtica, registro incomparable del adiós definitivo de una cultura".

El segundo texto se titula "Presentación de Patricio Aylwin Azócar, en Valparaíso y Punta Arenas, a una nueva Edición de Rosa Yagán", quien en su condición de ex Presidente de Chile y de Presidente de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas presenta una tercera edición publicada en el año 2005. A través de un recorrido histórico que toma como referente el informe de la comisión mencionada, Aylwin detalla los principales acontecimientos históricos que comprometen a este pueblo canoero del sur del mundo, poniendo énfasis hacia el final de sus palabras en la "pérdida generalizada de sus costumbres y usos tradicionales [.]" y los "anhelos de los herederos de este pueblo por rescatar su identidad". Anhelos que el relato de Rosa Yagán, recogido como testimonio por Patricia Stambuck, sin duda contribuye a cumplir.

El último de estos tres textos corresponde al Cuerpo III, Capítulo Tercero del "Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas" titulado "Los Yagán". Ubicado al final del libro, casi como un anexo, su contenido resulta fundamental para la compresión de lo que hoy está sucediendo con este pueblo. Su condición de informe se refleja en la exposición de una serie de aspectos respecto del modo de vida y la organización social del pueblo yagán, acompañados de antecedentes históricos a propósito del contacto con el "hombre blanco", la instalación de las misiones anglicanas en su territorio y el papel del Estado chileno en los procesos de colonización. Las reflexiones finales de este informe aportan al lector otras perspectivas más esperanzadoras respecto del futuro de los yagán y revelan el papel trascendental que han tenido en este proceso, los relatos realizados por sus descendientes: "[.] diversos factores han incidido en la existencia de un proceso de revitalización étnica al interior de la comunidad yagán en el último tiempo. La influencia ejercida en ella por las hermanas Calderón con sus frecuentes relatos del pasado, el conocimiento del proceso vivido por otros Pueblos Indígenas del país, [.] han llevado a los yagán a rescatar su identidad como integrantes de esta comunidad y a querer agruparse en torno a ella".

Cierra este conjunto de textos un escrito que de alguna manera concluye esta "Historia de una india yagana del archipiélago del Cabo de Hornos". Es un conmovedor "Testimonio de Cristina Calderón sobre los últimos momentos de Rosa Yagán en Ukika, el 4 de abril de 1983", titulado "La muerte de Rosa Yagán". Este testimonio, que sigue la tónica del relato central, resulta especialmente significativo, porque sitúa el fin de la vida de Rosa en una dimensión histórica específica, posicionando su existencia más cerca de nuestras propias vidas, más allá de las vicisitudes de sus últimas horas. Sí, porque si nos fijamos en la fecha de sus partida podemos apreciar, por ejemplo, que en ese año de 1983, en América, se conmemoraba el bicentenario del natalicio del libertador Simón Bolívar, en Italia el papa Juan Pablo II retiraba la condena a Galileo Galilei, en España el escritor mexicano Juan Rulfo recibía el premio Príncipe de Asturias y el poeta hispano Rafael Alberti era distinguido con el Premio Cervantes. Importantes sucesos políticos y sociales acontecían en nuestro continente, en Chile se desarrollaba la primera Jornada de Protesta Nacional, convocada por la Confederación de Trabajadores del Cobre, para manifestar su oposición a la dictadura de Augusto Pinochet y en Argentina asumía la presidencia Raúl Alfonsín después de una dictadura militar de siete años. Esta habitante de los fríos australes partió hacia su viaje final el mismo año que el dramaturgo estadounidense Tennessee Williams, que el pintor español Joan Miró y que la cantautora peruana Chabuca Granda, la noticia de la muerte de "la última de la raza de Wollaston" no figura en ninguna efeméride oficial, aparentemente no parece ser un acontecimiento para ser recordado como parte de nuestra historia contemporánea. Sin embargo, como nos plantea Patricia Stambuk, parece que "Lakutaia está venciendo la muerte del olvido desde otro escenario", un escenario constituido por los sonidos de sus voces y los reflejos de sus imágenes entregados hoy en este libro.

Este es el cuerpo de textos que conforman "Rosa Yagán. Lakutaia le Kipa", donde el núcleo fundamental está constituido por el testimonio de esta mujer yagana. Al observar este conjunto podemos percibir que la propuesta de Patricia Stambuk se asienta en un relato donde la voz y la imagen de Rosa alcanza una presencia protagónica. Literariamente, algunos especialistas denominan a ese tipo de escritura como biografía interpuesta, ya que traspasa lo que se denomina la autobiografía transcrita, porque la voz de quien relata asume tal protagonismo que la presencia de quien recoge ese relato se desplaza a un segundo plano. Un ejemplo de una autobiografía transcrita es la obra conocida como Testimonio de un cacique mapuche adjudicada por muchos años -desde su primera edición en 1930- al misionero capuchino Ernesto Wilhem de Moesbach. En un intento por conceder un protagonismo mayor al mapuche que entregó este testimonio, en la reedición realizada por Pehuén Editores en el año 2000 -los mismos editores de Rosa Yagán- se posiciona al longko Pascual Coña como su autor, otorgándole a su palabra un rol que le había sido negado. En el prólogo de esta obra ahora titulada en mapudungun: "Lonco Pascual Coña ñi tuculpazundu", el teórico de arte José Ancán se hace cargo de las confusiones que han rodeado la autoría de esta obra: "[...] como una variedad particular de obturador fotográfico, desde el momento en que fue alcanzado por la prodigiosa alquimia de la letra impresa y los años, no solo se confundió autores con protagonistas [.]". Confusiones que van lentamente disipándose, donde la palabra de Coña comienza a instalarse como un relato desde su propia voz, sin embargo, continúa la mediación de Moesbach como un interlocutor que recoge un testimonio para desplazarlo hacia la sociedad en general.

Por el contrario, el texto que comentamos se constituye en una biografía interpuesta, porque la voz de Rosa Yagán traspasa una interlocución mediada por un autor. Entonces la importancia de la reedición de esta obra, ahora que transita hacia su "estado adulto" -si se puede decir de una producción literaria- al cumplirse 25 años desde su primera edición, es que permite un reconocimiento y visibilización de las voces y los gestos de todo un pueblo a través de una voz y un rostro, el de Rosa Ya-gán. Casi podemos escuchar "el registro de su voz suave y pausada, sus cantos y sus memorias [.]", sentados junto a la autora en su casa en la ciudad de Punta Arenas, en los australes territorios chilenos.

El detallado contenido etnográfico y los completos aspectos históricos y documentales de la etnia yagán que se entregan en esta biografía interpuesta no solo se hacen evidentes en el protagonismo de Rosa y todo su pueblo a través de una voz, sino que también se apoyan en la instalación de una presencia a través de diversas imágenes fotográficas, abriendo el relato a múltiples representaciones visuales del mundo y el entorno en que habitaron estos canoeros australes. Si bien las ediciones anteriores también tenían imágenes fotográficas, en esta proposición de Pehuén Editores la fotografía ya no es solo ilustración, sino que se plantea también como un elemento protagónico en su disposición y en su formato -el cambio de tamaño del libro contribuye especialmente a ello-, tanto desde su visualidad como desde su contenido como documento. De esta manera se articula un eje histórico-estético sobre el que se estructura esta publicación en su sexta reedición, abriendo este testimonio a nuevas significaciones e interpretaciones.

Este eje histórico-estético se apoya en una relación directa entre el relato de Rosa Yagán y diversas imágenes fotográficas de hombres y mujeres de este pueblo, de la propia Rosa y de paisajes, flora y fauna de la región. Intercalar imágenes en un texto no es nada nuevo, sobre todo imágenes fotográficas, eso se ha visto desde fines del siglo XIX, tanto en Chile como en el mundo entero. Lo interesante es la propuesta editorial que se configura a través de la elección de determinadas fotografías, así como el lugar o la posición que ocupan dentro del relato. Estas elecciones revelan el planificado y cuidadoso trabajo de la autora y los editores que, evidentemente, decidieron ir mucho más allá de la mera ilustración, para impulsarnos a través de una efectiva trabazón texto-imagen, a nuevas lecturas y deducciones.

La materialización de estas trabazones texto-imagen se concreta en ciertos desplazamientos de diversas fotografías desde el archivo o el álbum fotográfico, desde una colección privada o desde un museo como contextos de conservación del documento visual a un contexto de difusión de dicho documento con el fin de ensamblar dos modalidades de representación: lo textual y lo visual. Se progama su articulación, para que el lector pueda ajustar su lectura y su mirada a un relato de vida que por su complejidad y riqueza requiere de estos dos sistemas de sentido para su total comprensión. Pero lo más importante es que este ensamblaje que ajusta palabras e imágenes, que combina estos dos sistemas de sentido tan diferentes, no hace sino reforzar la voz de Rosa Yagán, visibilizando su presencia como protagonista junto a diversos integrantes de esta etnia que son reconocidos por sus nombres. Personajes que son parte de la historia y los acontecimientos del pueblo yagán y que hoy podemos conocer por la voz de Rosa y por las imágenes fotográficas realizadas por autores como Alberto María de Agostini o Martín Gusinde, ambos importantes expedicionarios y estudiosos que recorrieron Tierra del Fuego en la primera mitad del siglo XX.

Aquí se hace necesario mencionar una falencia fundamental de esta publicación: estas autorías no aparecen mencionadas en las etiquetas de las imágenes, así como tampoco el año en que fueron tomadas y la institución o archivo a los que pertenecen. Esto no es un hecho menor, porque la imagen fotográfica constituye documento no solo por lo representado en su interior, sino también por el contexto en que fue realizada y las condiciones en que se conserva como vestigio de una producción visual. Sin embargo, a pesar de dicha falencia, su importancia social e histórica se manifiesta porque su presencia termina con la ausencia de todo un pueblo y contribuye a ponerle un nombre a sus retratos. Esto queda en evidencia en las palabras de Patricia Stambuk, cuando nos dice: "Su testimonio es una pequeña bahía en un océano de páginas donde la humanidad profunda de la voz personal del indio suele estar ausente y sus retratos no tienen nombre".

Resulta notable, entonces, cómo en esta reedición el acoplamiento de estos dos sistemas de representación, que registran el sonido de las palabras y la imagen de la fotografía, logran enlazar en estas páginas el oído de la periodista de Punta Arenas con el ojo de diversos fotógrafos del lejano siglo XIX y de los contemporáneos siglos XX y XXI, para que nosotros, como lectores, inauguremos un nuevo modo de percibir ese lejano mundo que se despliega ante nuestros propios ojos.

Una concreción de estos acoplamientos y ensamblajes es la propuesta de encabezar cada uno de los capítulos del libro con un retrato de Rosa Yagán, para que la imagen opere como una verdadera ventana, que se abre para el lector sobre su rostro y su entorno. No olvidemos que la imagen fotográfica se materializa bajo lo que se denomina, justamente, el "efecto ventana", herencia de una concepción visual que nos llega desde el Renacimiento europeo. Esta decisión narrativa instala una trabazón, auténtica dependencia de lectura y significaciones entre el retrato de Rosa y sus palabras. Este recurso narrativo permite unir con mayor fuerza su testimonio cuando nos habla y dice "Soy la última de la raza de Wollaston" con una gestualidad, una mirada, una sonrisa, reforzando el protagonismo que Stambuk le ha dado a Rosa Ya-gán, originando diversas y profundas vinculaciones entre su voz y su mirada.

Otro ejemplo de estas ventanas son diferentes fotografías que se incorporan a lo largo del texto realizadas por diversos fotógrafos, muchas de ellas producidas -como ya decíamos- por científicos y estudiosos del mundo de los canoeros y cazadores de Tierra del Fuego y que utilizaron la fotografía como herramienta de registro de estas nuevas realidades que investigaban. Considerando que la fotografía, más que un registro de la realidad es un sistema convencionalizado de representación visual y que parte de sus significaciones dependen muchas veces del contexto donde está siendo actualizada, esta reedición de una "Historia de una india yagana del archipiélago del Cabo de Hornos", con sus trabazones, acoplamientos y ensamblajes entre palabras y fotografías, aporta nuevas lecturas para estas conocidas imágenes.

Una demostración de ello son las fotografías tomadas por Jean-Louis Doze y Edmond-Joseph-Augustin Payen durante la Misión Científica del Cabo de Hornos entre 1882 y 1883. Esta expedición francesa, conocida como La Romache por ser el nombre del velero en que viajaron, recorrió detenidamente la zona del canal Beagle y el Cabo de Hornos, emplazando su campamento base en la bahía Orange. Realizaron numerosas observaciones astronómicas y estudios de zoología, botánica y geología y, ubicados en el medio del territorio yamana -yagán- tomaron las primeras imágenes fotográficas de estos canoeros. Quizás por este arcaísmo visual, estas fotografías se han convertido en uno de los principales referentes visuales de estos habitantes, muchos de ellos posiblemente antepasados directos de Rosa, otorgándole a estas imágenes una significación particular al permitir visualizarlos habitando en medio de sus territorios originales.

Hay un aspecto especialmente importante que se manifiesta en los ensamblajes que se proponen entre el relato de Rosa y las fotografías de La Romanche. Estas imágenes permiten visualizar los profundos procesos de cambios que vivieron estos habitantes que, en palabras de Stambuk, fueron el "puente entre dos mundos: el de su infancia nómada al estilo original y con los rituales de su pueblo, y un siglo XX con aviones y rayos X". Estos habitantes de dos mundos, del tiempo de dos siglos y de los espacios del mundo fueguino y el mundo republicano, nativos de frontera, a veces ciudadanos no reconocidos, quedaron retratados bajo un proceso de vestidura investidura y despojo. Por un lado en su condición de habitantes del paisaje fueguino, con su vestidura de taparrabos y collares, por otro, investidos con la indumentaria de Occidente, despojados de sus atuendos tradicionales. Estas fotografías insertadas en el relato de Rosa Yagán permiten visualizar el pasado inmediato de su vida como yagán, los que, a fines del siglo XIX, comienzan a sufrir el impacto de la llegada de la civilización que terminará finalmente por aplastarlos y exterminarlos. En esta trabazón, en esta conexión, se crea una dependencia de significaciones entre texto e imagen, haciendo posible comprender en toda su magnitud las palabras de Lakutaia le kipa cuando relata: "Había un hombre en Tekenika que no quería recibir ni pantalones ni camisas. Dicen que rechazaba la ropa que entregaban en la misión porque le gustaba andar pelado. Todos los demás andaban tapados y con zapatos: ya no se veían como en las fotos antiguas".

Completan estos ensamblajes de palabras y fotografías la inclusión de un número de imágenes en formatos medianos y que sitúan al lector en una visualidad contemporánea representada por el uso del color. Aunque no se señalan el autor o autores de estas imágenes y solo se consignan algunos años, el formato diagramado como un gran álbum familiar, situado al final del texto, permite la ubicación de Rosa en un paisaje específico y en los lugares de su cotidianeidad en los últimos años de su vida. Esta disposición de álbum fotográfico hace posible una visualización de Rosa en su individualidad y su ternura, y no como un ejemplar de una raza extinta o como un habitante arcaico de una zona lejana en los confines del mundo. Esta individualidad queda confirmada en el "retrato de un viajero, 1977", donde el rostro de Rosa Yagán emerge a un primer plano fotográfico desde un fondo denso y oscuro con las señales de los años en sus ojos y su gesto, trayéndonos al presente su inefable imagen, pero ahora acompañada de su voz aún resonando en nuestra cabeza y nuestro corazón.

Como plantea Philippi Dubois, la fotografía es un ritornello, permite representar, traer al presente ese espacio y tiempo que fue. En esta reedición, al proponer estas trabazones, desplazamientos, acoplamientos y ensamblajes de palabras e imágenes, esta condición de ritornello impulsa el tránsito hacia ese mundo que nos relata Rosa Yagán, instalando nuevas conexiones, dependencias y significaciones. Las trabazones, acoplamientos y ensamblajes que se proponen en esta reedición entre sonidos y visualidades, como dos sistemas de sentido con sus particularidades, como modalidades de representación, amplían esa capacidad de ritornello que nos provoca toda imagen fotográfica, para potenciar aquello que Patricia Stambuk nos plantea y que logra finalmente con total efectividad: "Ella [se refiere a Rosa Yagán] tuvo una oportunidad que se le negó históricamente a toda su raza: ser oída y hablar con su propia voz".

Agradecemos a Patricia Stambuk y a Pehuén Editores por traer a Rosa Yagán y a su pueblo hasta este siglo XXI, por darle sonido a su voz e imagen a su rostro, tan diáfana y clara como los cielos del fin del mundo.

MARGARITA ALVARADO PÉREZ
Pontificia Universidad Católica de Chile