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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100026 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 304-308
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

JODY PAVILACK, Mining for the Nation: The Politics of Chile's Coal Communities from the Popular front to the Cold War, University Park, Pennsylvania, The Pennsylvania State University Press, 2011, 396 páginas.


Mining for the Nation es un documentado estudio sobre la participación política de los mineros del carbón durante las décadas de 1930 y 1940. La historiadora estadounidense Jody Pavilack se centra en la zona carbonífera (enfocando su atención en Lota, pero abarcando desde Coronel hasta Lebu) para repensar desde abajo y desde lo local el Frente Popular chileno. Pavilack enfatiza el rol agencial de los trabajadores del carbón durante este turbulento período, cuestionando a aquellos estudiosos que consideran a la clase trabajadora como un actor relativamente pasivo. El Frente Popular, subraya Pavilack, no fue una experiencia desmovilizadora. La autora demuestra que los patrióticos llamados a la unidad y el progreso coexistieron con enfrentamientos entre trabajadores y capitalistas por redefinir los límites de la inclusión política. Líderes sindicales y activistas políticos (la mayoría de los cuales estaban ligados o se afiliaron entonces al Partido Comunista) impulsaron un proyecto de democracia participativa y justicia social que los mineros abrazaron con entusiasmo. Dicho proyecto se encontró con la férrea oposición de las élites económicas y la derecha política, quienes presionaron a los sectores moderados de la coalición gobernante para detener el avance de los trabajadores. Pavilack concluye que la política anticomunista del gobierno de Gabriel González Videla, particularmente dura en la zona del carbón, se debió no tanto a la influencia extranjera como a los temores de la élite chilena ante la creciente politización de los sectores populares.

En lo que se refiere a la metodología, el estudio se plantea como una historia local. Enfocándose en una zona indudablemente relevante en el proceso de industrialización y que precisamente en aquellos años se convertiría en uno de los bastiones de la izquierda, Pavilack utiliza una amplia variedad de fuentes para adentrarse en las experiencias de los trabajadores. De particular importancia son los documentos de la Compañía Carbonífera e Industrial de Lota, los archivos municipales de Lota Bajo y más de una treintena de entrevistas con ex mineros y líderes sindicales. Con el objeto de estudiar los periódicos conflictos laborales y la cruenta represión desatada por el gobierno de González Videla, Pavilack hace buen uso de los fondos de la Intendencia de Concepción, el Ministerio del Interior y la Dirección General del Trabajo, todos ellos distribuidos en las distintas oficinas del Archivo Nacional. La investigadora se sirve, además, de los informes del agregado laboral de la embajada de Estados Unidos y de las notas de campo de Robert J. Alexander, estudioso norteamericano de las relaciones laborales, que visitó Chile a mediados del siglo pasado. Fuentes más tradicionales, como son las discusiones parlamentarias y la prensa, son también utilizadas.

Mining for the Nation está estructurado en tres partes, algo disparejas. La primera introduce al lector en la zona del carbón, proporcionándole el contexto relevante para entender el surgimiento de lo que la autora llama el "ciudadano trabajador". Tras la gran huelga de 1920, anarquistas y trotskistas perdieron influencia ante el avance arrollador de socialistas y comunistas, quienes decidieron aprovechar las oportunidades que ofrecía la naciente legislación laboral y hacer uso de los mecanismos legales de resolución de conflictos. El Frente Popular tomó forma en la capital, pero fueron las frustraciones y esperanzas de los mineros las que le dieron un sentido particular en la zona del carbón. Desde mediados de los años treinta, líderes sindicales y concejales comunistas buscaron aunar fuerzas con otros miembros de la izquierda y el centro para revertir la escasa injerencia del proletariado en los asuntos públicos y las cuestiones económicas. Aunque los primeros éxitos municipales y sindicales generaron algún entusiasmo y despertaron ilusiones entre los trabajadores, el proyecto del Frente Popular no tomó fuerza sino hasta después de la elección de Pedro Aguirre Cerda en 1938, cuando las autoridades de la coalición triunfante, en conjunto con los dirigentes locales de la izquierda, se jugaron por modificar las instituciones de poder que tradicionalmente habían favorecido a las élites económicas.

La extensa segunda parte, denominada "Colaboración y Conflicto", examina las dos caras del Frente Popular: por un lado, los acuerdos tripartitos entre el Estado, el capital y el trabajo por establecer un sistema moderno de relaciones laborales; por otro, la soterrada (y, en ocasiones, abierta) lucha entre trabajadores y empresarios por cuotas de poder y gananciales económicos. Las autoridades políticas y los dirigentes sindicales ligados al comunismo fueron exitosos en renegociar los términos de la relación entre capital y trabajo, legitimando la estrategia frentepopulista y al Partido Comunista en particular. Lejos de llamar a los obreros a apretarse los cinturones para estabilizar la situación, los comunistas de la zona utilizaron la coyuntura política favorable para demandar beneficios económicos y participación en la toma de decisiones. Hechos de violencia como el ocurrido en Lota en 1942, cuando la policía reprimió a balazos una manifestación pacífica de los trabajadores, traen a la luz los conflictos laborales latentes, ocultos bajo el modelo de relaciones industriales armoniosas. Las desavenencias entre los distintos actores involucrados no hicieron sino crecer durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Aun antes del comienzo de la Guerra Fría la alianza entre los actores involucrados mostraba signos de desgaste: sectores pro patronales empujaron al Estado a adoptar una postura agresiva hacia los trabajadores, quienes respondieron reafirmando las conquistas obtenidas. Lamentablemente, esta extensa segunda sección del libro tiende a relegar a un segundo plano lo estrictamente local. Los vericuetos de la política nacional priman y la autora descansa durante largos pasajes en fuentes secundarias, especialmente en los estudios de Brian Loveman sobre la institucionalidad política y de Andrew Barnard sobre el comunismo.

La última parte del libro analiza los inicios de la Guerra Fría. El gran éxito de la estrategia frentepopulista entre los mineros se vio reflejado en la altísima votación que González Videla obtuvo en las elecciones presidenciales de 1946 en la zona del carbón, donde casi dobló la media nacional. El posterior giro hacia la derecha del presidente radical atrae la atención de la autora en los últimos capítulos. Pavilack sopesa el rol de los factores internos y externos en los acontecimientos que llevaron a la ilegalización del comunismo, concluyendo que son los primeros los que explican la controversial decisión del mandatario. Aunque otros estudiosos chilenos han enfatizado ya la relevancia de los factores nacionales en los orígenes de la política anticomunista de González Videla, el espaldarazo de Pavilack es bienvenido, pues entre los académicos norteamericanos es aún fuerte la tendencia a pensar la Guerra Fría chilena desde la perspectiva unilateral de las superpotencias. Pavilack retoma en estos capítulos finales el lente local para narrar en detalle la cruenta represión de la huelga de 1947 y las deportaciones masivas tras la promulgación de la Ley de Defensa de la Democracia. La hábil pluma de la autora explota con precisión las ricas vetas de las fuentes halladas en el archivo para transmitirle al lector el drama humano detrás de estas medidas. Pavilack señala que todos los habitantes de la zona se vieron afectados, pues las demandas de los mineros no se debían a la manipulación de algunos cabecillas, como González Videla denunciaba y algunos analistas aún creen, sino que eran el resultado de un largo proceso comunitario de resignificación de la democracia en términos de inclusión política y justicia social. González Videla utilizó efectivamente la incipiente retórica de la Guerra Fría para transformar lo que era una huelga legal en una insurrección dirigida desde Moscú. Los motivos del giro derechista, sin embargo, radicaban en los propios éxitos del Frente Popular. Como recalca la autora, González Videla buscaba no solo reprimir a los agitadores, sino también desmantelar una institucionalidad frentepopulista que amenazaba con subvertir las tradicionales jerarquías de poder.

La principal intervención de esta obra en la literatura académica dice relación con la interpretación del Frente Popular. Otros estudiosos tienden a reproducir los discursos de los contemporáneos al pie de la letra y reducen el Frente Popular a su dimensión más visible: la colaboración de clases en pos de la industrialización nacional. Acusan, por lo general, a los gobernantes radicales de haber manipulado a las masas, pero no consideran en su debida dimensión los conflictos de carácter clasista que caracterizaron el período ni los intentos de los trabajadores por influir en los asuntos públicos. Pavilack está en lo correcto al poner el acento en la conflictividad social y desenterrar las demandas específicas de los trabajadores, pues buena parte de los análisis de los gobiernos frentepopulistas pecan de abstracción sociológica, al enfocarse solo en la alianza interclasista y el rol del Estado. Algunos le criticarán no haberse pronunciado más explícitamente sobre las limitaciones y el eventual fracaso de esta estrategia reformista, pues es allí donde apuntan la mayor parte de sus dardos los críticos de esta alianza. En lo personal, me parece más problemático el hecho de haber tomado la zona carbonífera como punto de partida para una evaluación global del Frente Popular chileno. Por su carácter marcadamente obrero, dicha zona ofrece sin duda un prisma interesante para acercarse al fenómeno en cuestión, pero no deja de resultar curioso que el frentepopulismo carbonífero haya derivado en la casi total asimilación de la comunidad con los ideales del Partido Comunista, en desmedro de los otros partidos que formaron parte de la coalición. El ambiente relativamente cerrado de los campamentos mineros, la ausencia de sectores medios propiamente urbanos y el peculiar papel del Partido Radical en la zona (por lo general a la defensiva), quizá expliquen este curioso desenlace. Quedará para otras monografías regionales profundizar en la paradoja de una alianza política que pareciera haber dejado poco espacio para el pluralismo político dentro de los límites de la coalición gobernante. Por el momento, considero que Santiago, con sus sectores medios ligados al radicalismo y los votos de su clase obrera repartidos entre los distintos partidos de izquierda, sigue ofreciendo un contrapeso necesario para entender la naturaleza del Frente Popular chileno.

Mining for the Nation brinda también herramientas para reflexionar sobre la historia política chilena en su conjunto. Como ya he apuntado antes, Pavilack argumenta que los mineros del carbón buscaron profundizar el carácter participativo y las dimensiones socioeconómicas de la democracia chilena y que fue precisamente ello lo que desató la reacción del gobierno de González Videla. Pavilack sigue aquí a Greg Grandin, quien examinando el caso guatemalteco ha puesto el acento en la confluencia de los idearios democrático y socialista en aquellos años y la violenta reacción de la posguerra. De acuerdos a estos análisis, la Guerra Fría se habría caracterizado no solo por marginar a la izquierda, sino también por transformar la democracia latinoamericana en un asunto de procedimientos y libertades electorales antes que derechos sociales. En su interesantísima conclusión, que compara los logros y los trágicos destinos del Frente Popular y de la Unidad Popular, Pavilack profundiza en estos aspectos para cuestionar el mito de la excepcionalidad chilena desde una perspectiva novedosa. El carácter democrático de la historia de nuestro país ha sido ya puesto en duda por aquellos que nos recuerdan las múltiples intervenciones militares. Pavilack, sin embargo, nos llama a ir más allá de la dicotomía entre períodos de paz democrática y períodos de violencia dictatorial. A su entender, lo que la historia de los mineros del carbón demuestra "es que la democracia, en los términos en que fue abrazada por los partidos marxistas y sus seguidores de la clase trabajadora en el Chile de mediados del siglo veinte, era [en sí misma] un proyecto intrínsecamente controversial" (p. 343). Esta sugerente interpretación interpela a historiadores y politólogos chilenos a estudiar las distintas versiones de la democracia. De no hacerlo, se corre el riesgo de construir una dicotomía tanto o más problemática: por un lado, la izquierda y los trabajadores reclamando democracia; por otro, la derecha y las élites económicas intentando impedirla. Pavilack se centra en el concepto de democracia de los trabajadores y no se detiene a analizar la existencia (menos la legitimidad) de nociones alternativas, cayendo a veces en una visión algo maniquea del proceso de democratización, tan propia del lenguaje de la época, que distinguía entre fascistas y antifascistas.

Resultado de una minuciosa investigación doctoral en la Universidad de Duke, Mining for the Nation es una contribución invaluable en los estudios de la minería del carbón, la clase trabajadora y la inserción local del comunismo. Al mismo tiempo, la obra desafía muchos de los presupuestos de la historiografía política chilena. Pavilack esgrime hipótesis que invitan a repensar no solo la naturaleza del Frente Popular y los orígenes de la Guerra Fría en nuestro país, sino también el significado de la democracia. Su libro está llamado a convertirse en lectura obligada para los historiadores interesados en la política criolla.

ALFONSO SALGADO
Columbia University