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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100020 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 286-288
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

LYMAN JOHNSON, Workshop of Revolution. Plebian Buenos Aires and the Atlantic World, Durham and London, Duke University Press, 2011, 410 páginas.


Es de gran interés tener noticias de un texto que debiese ser lectura obligada para los estudiosos de la Historia Colonial Americana, principalmente para quienes asumen la investigación del bajo pueblo o plebe en Chile. Y digo esto debido a que Lyman Johnson aborda el estudio de las clases subalternas en el período tardocolo-nial argentino desde una mirada subjetiva, que pone a los sujetos en perspectiva de análisis, a la vez que no descuida la objetividad que caracteriza a los trabajos ligados con la historia económica y social tradicional, esta última similar a los escritos de Rolando Mellafe, Álvaro Jara o Marcello Carmagnani.

La hipótesis sostenida en este texto propone que la plebe porteña experimentó la ciudad y su economía, a través de la configuración de los lugares que ocupaba y en los que se desenvolvía laboralmente, así como los fuertes ritmos de cambio demográfico y social que vivía Buenos Aires durante el siglo XVIII, el agitado contacto con el mundo atlántico y el desarrollo del mercado interno hispano colonial. Esta experimentación urbana tensionó las antiguas relaciones de cultura laboral tradicional y ayudó a constituir a la plebe en agente cultural político propio. Así, el libro es un amplio esfuerzo por explorar la plebe bonaerense y situarla en el centro de la historia de la ciudad y de la nación.

El escrito está estructurado en ocho capítulos, hermanados por la relación entre las distintas tipologías laborales desarrolladas por la plebe del Buenos Aires tardoco-lonial y la manera en que la ciudad se ve afectada a partir de las crecientes relaciones comerciales, principalmente con el mundo atlántico y, en menor medida, a nivel regional.

El capítulo 1 da cuenta del marco referencial, estructural en palabras del autor, donde se movilizan las distintas formas de trabajo, partiendo del sistema esclavo basado en el comercio esclavista atlántico, la inmigración europea creciente, las migraciones propias ocurridas al interior del nuevo Virreinato de la Plata (1776) y los artesanos recién llegados a la ciudad capital. Es importante destacar los cambios ét-nico-sociales que viven los artesanos y sus efectos al momento de erosionar las antiguas relaciones gremiales de un mercado laboral totalmente móvil, que poco le debe a morfologías premodernas de trabajo. Es aquí donde Johnson indica que ya se puede hablar de una clase trabajadora con tintes modernos (libertad de ejercer oficios).

Sobre el trabajo esclavo, el autor hace hincapié en la creciente importancia que este adquiere principalmente desde 1780, entendiéndose como un suplemento necesario para el desenvolvimiento de los trabajadores libres. Lo anterior generó el tráfico de esclavos para su ocupación en prácticamente todos los talleres artesanales existentes, poniendo en jaque la viabilidad de la organización gremial tradicional de los artesanos.

El capítulo 2 profundiza los vasos comunicantes entre el honor, el aprendizaje de habilidades y las formas de masculinidad que se tensionan y reproducen en el mundo laboral intratalleres, empleando el análisis de casos y trayectorias de vidas individuales. Acá es interesante considerar la manera en que extrae desde las fuentes la subjetividad de la plebe, por medio de los marcos éticos y morales que esta tenía y que estaba en transformación. Además del rescate de la subjetividad, es fundamental señalar el uso de cuadros estadísticos presentados por el autor, donde se da cuenta de las edades promedios de los jóvenes aprendices al incorporarse a un oficio, así como de las relaciones que tenían estos aprendices con quienes eran sus contratantes.

Para Johnson, a pesar de la profunda movilidad laboral y las contradicciones que subyacen dentro de las relaciones de la plebe, los artesanos y trabajadores del período en estudio lograron crear una cultura local propia, experimentado fuertes lazos de solidaridad y generosidad.

En los capítulos 3 y 4 profundiza sobre los conflictos que enfrentan los gremios de zapateros y herreros con el poder local para intentar imponer un sistema gremial tradicional basado en los lazos sociales y étnicos. Este intento fracasa rotundamente, debido a que las formas de clasificación étnica y social son corroídas por la presión demográfica y las posibilidades de ascenso que da un mercado en constante expansión y ampliación. La llegada de grandes números de artesanos y trabajadores desde Europa, unida al incremento de esclavos y la disolución del sistema rígido de castas, ubicó al mundo gremial en una posición disminuida y anacrónica.

El capítulo 5 indaga sobre llamada French Conspiracy de 1795. Como es sabido, esta conspiración no pasó de ser un mero rumor, pero sirve a Johnson para examinar la manera en que los artesanos y algunos trabajadores calificados son vistos por la élite como propagadores de ideas de cambio político-social. Lo ocurrido, sumado al temor de los porteños ante los sucesos de Santo Domingo y Haití y a la creciente presencia de esclavos africanos internados desde el comercio atlántico en el continente, detonó la investigación de las autoridades. El capítulo a su vez revela los tipos de violencia política desde el Estado para contener y reducir conspiraciones políticas.

En los capítulos 6 y 7 el autor, desde un punto de vista metodológico estrictamente económico, estudia los precios de los jornales e intenta reconstruir las formas vida en función a los bienes de consumo de los pequeños artesanos y comerciantes, a fin de establecer que estos trabajadores podrían vivir incluso mejor que los inmigrantes europeos que se avecindaban rápidamente en la ciudad, cosa que ha sostenido largamente la historia social tradicional.

Para finalizar, en el capítulo 8 el autor conecta las consideraciones de los apartados precedentes para sostener que las tipologías laborales, la plasticidad social, la capacidad de acumulación de capital y de experiencias comunes en los treinta años anteriores a la Revolución fueron cruciales para insertar a la plebe bonaerense como actor activo en la configuración de una cultura política popular propia.

El texto de Johnson es absolutamente esencial para entender cómo las clases populares, en este caso plebe, de Buenos Aires experimentan su relación con el espacio urbano durante las postrimerías del período colonial. Esta experiencia, en el sentido de E.P. Thompson, es crucial asimismo al comprender la manera en que las castas libres, artesanos pobres, pequeños comerciantes y mercaderes y esclavos se relacionan bajo una cultura del trabajo, en un contexto que está a merced de la libertad de comercio (admitida legalmente o de contrabando permitido), reconfigurando los espacios laborales para avanzar hacia una sociedad estructurada en base a una clase trabajadora en el sentido moderno del término. Todo lo anterior en un momento de crecimiento demográfico acelerado, donde los espacios físicos de la ciudad cambian constantemente.

Para un estudio similar en el mismo período en Chile, este libro es un buen ejemplo metodológico para constatar si la plebe o el bajo pueblo capitalino se estaban reconfigurando tal como lo hacía, sus pares bonaerenses. El movimiento desde una sociedad basada en relaciones laborales de tipo premoderno (gremios y su control jerárquico clásico) hacia una donde aceleradamente las viejas relaciones se disuelven en un mercado laboral dinámico, tanto como el mismo dinamismo demográfico de Buenos Aires, aparentemente no es replicable para el caso de Santiago de Chile en la misma época. Los estudios de Leonardo León sobre el bajo pueblo santiaguino, principalmente desde la segunda mitad del siglo XVIII y durante la Guerra de la Independencia, no dan cuenta del mercado laboral en específico, ni de la plasticidad que este hubiese tenido. Más bien se limitan a constatar el temor de la oligarquía local sobre el bajo pueblo y sus constantes levantamientos, debido a las impositivas y duras medidas derivadas de las reformas borbónicas emanadas de la Metrópolis. En el caso de Alejandra Araya tampoco existe un tratamiento sistemático de las formas laborales del período. El primero apunta a un bajo pueblo efervescente de rebeldía, mientras que la segunda hacia un estudio sobre denominaciones y clasificaciones, pero ninguno de estos académicos tiene como punto de partida y objetivo el trabajo y las distintas manifestaciones del mismo.

Ahora bien, sería necesario, siguiendo a Lyman Johnson, tener estudios de tipo demográfico y económico en Santiago de Chile tendientes a dilucidar, en primer lugar, el número de la plebe santiaguina, luego sus ocupaciones específicas y, en último lugar, pero no menos importante, los jornales recibidos en virtud de las ocupaciones y ponerlos en relación con los bienes y servicios, para reconstruir al bajo pueblo en sus condiciones de vida objetivas.

Así, el estudio de Lyman Johnson es un excelente complemento para ¡Viva el bajo pueblo! La Plebe Urbana de Buenos Aires y la política entre la Revolución de Mayo y el Rosismo, del historiador argentino Gabriel Di Meglio, editado en 2006. En él sí es posible observar una excelente exposición conceptual sobre el uso de bajo pueblo como término operativo. Ahora bien, su eje no es una historia de la experiencia laboral de la plebe, sino la de su actuación política como ente activo y no pasivo, sirviendo para entender mejor las manifestaciones políticas del mundo laboral, dinámico y cambiante, al que se refiere Johnson.

JUAN DOMINGO NAVARRETE MONTALVO
Programa de Magíster en Historia
Universidad de Chile