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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100016 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 269-273
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

MANUEL GÁRATE CHATEAU, La Revolución Capitalista de Chile (1973-2003), Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2012, 589 páginas.


La temática de la revolución capitalista en Chile, del período que estudia el autor del texto in comento, es una de las áreas que mayor atención ha despertado en las ciencias sociales, aunque se debe apuntar que la ciencia histórica presenta un saldo deficitario en este aspecto, pues los estudios que se encuentran disponibles son reducidos. Se pueden citar los casos de Valdivia y Timmermann, que lo han abordado desde la perspectiva de las relaciones de poder al interior del régimen cívico-militar. Por lo tanto, resulta doblemente interesante el estudio de Manuel Gárate, dado que, por una parte, trabaja esta temática desde la historia y, por otra, la investigación es realizada por un historiador profesional.

La obra está organizada en tres partes, seis capítulos y una conclusión. La primera parte -antecedentes históricos del liberalismo económico en Chile (1810-1970)-está dividida en dos capítulos. El primero abarca a los teóricos del primer liberalismo económico chileno, que concluye con la gran depresión de 1929; mientras que el segundo versa sobre los últimos liberales clásicos (keynesianismo-estructuralismo) y la irrupción de los economistas de la Universidad Católica de Chile que se formaron en la Universidad de Chicago, en la escena nacional antes del golpe cívico-militar. La segunda parte de esta investigación -el régimen militar y su proyecto socioeconómico (1973-1989)- incluye los capítulos tres y cuatro. El primero de ellos se preocupa de la implementación del modelo y de la alquimia que se produce entre el liberalismo económico, autoritarismo y conservadurismo político (1973-1981), mientras que el siguiente se introduce en la crisis del modelo, la aplicación del liberalismo pragmático y la consolidación del modelo socioeconómico chileno (1981-1990). La última parte -la continuidad del modelo económico en democracia (1990-2003)-está formada por el capítulo quinto, que pasa revista a la evolución del discurso y la praxis económica en el nuevo escenario de transición a la democracia (1990-2000); y el sexto, donde se presentan las formas del discurso económico liberal en Chile pos-dictatorial y sus nuevas élites.

El núcleo central del libro in comento nos señala que las preocupaciones histo-riográficas se relacionan con el sustento teórico de la historia reciente, para poder abordar lo que ha sido la modernización económica emprendida en Chile entre 1973 y 2003 (pp. 19-21). Lo anterior, con la intención de ir más allá de los temas prioritarios en América Latina, que han sido la represión política y el de la violación de los derechos humanos. En el caso de Chile, en particular, que

"Otros elementos relacionados con un tipo de violencia más sutil, pero no menos importante han sido efectivamente excluidos. Se trata de la violencia simbólica originada en las transformaciones económicas y la persistencia de este legado de la dictadura en el presente inmediato. Estas marcas de continuidad del pasado ejercen una influencia cotidiana en las personas y la afecta tanto como el trauma directo fruto de la violencia física. La diferencia es que ellas actúan en un período más prolongado de tiempo como representación del sentido común. Por lo tanto, la pregunta sobre cómo se ha instalado en Chile la lógica del mercado se extiende a lo largo de todo nuestro trabajo" (pp. 21-22).

En la mirada de centrar la discusión en las continuidades es que el autor se plantea dos preguntas que van a guiar la investigación. La primera de ellas se relaciona con tratar de entender cómo Chile transformó radicalmente su economía y sociedad en el espacio de treinta años; y la segunda con poner en duda la existencia de un vínculo entre el liberalismo económico -predominante en Chile desde mediados del siglo XIX- y el modelo económico de estilo neoclásico y monetarista impuesto en el país desde 1975 (p. 21).

Frente a la propuesta que nos entrega Gárate, debemos indicar algunos alcances que nos parecen necesarios para poder aquilatar de mejor forma los procesos históricos de aquel período.

Lo primero que se puede apuntar se relaciona con la violencia simbólica que se expresa en la continuidad del modelo económico, que en el fondo es la proyección del régimen cívico militar más allá de 1989. La pregunta que nos podemos formular a partir de la premisa anterior, es en qué medida el modelo económico se transforma en violencia simbólica si lo desagregamos del contexto político de los diecisiete años de gobierno cívico-militar, por lo tanto, pierde el sustento que lo convierte en violencia simbólica, es decir, las políticas neoliberales que se implementaron se relacionan en forma directa con la dictadura militar y todo lo que conlleva aquello. Además, el autor en la conclusión nos plantea que junto con la modernización en la economía se implementó un proyecto político que se cuajó en la Constitución de 1980, que permitía la proyección del modelo de desarrollo neoliberal y del régimen político más allá de 1989 (enclaves autoritarios) (p. 523).

Lo segundo que se puede señalar se refiere a la supuesta revolución capitalista o a la radical transformación de la economía chilena y, por añadidura, de la sociedad. El problema de visualizar revoluciones en la larga duración (la inclusión de los capítulos I y II), aunque declare ceñirse a la historia del tiempo presente (capítulos III-VI), que visualiza las consecuencias posteriores (pp. 19-23), nos genera un ruido en las escalas temporales de la investigación in comento. Lo anterior es complejo sobremanera, pues este concepto solo nos denota una pulsación que está articulada con la estructura (Braudel). Me explico. Si pensamos que el patrón de acumulación de la economía chilena ha sido la exportación de materias primas en los últimos quinientos años -lo cual no fue modificado por los neoliberales, por el contrario, estos profundizaron nuestra dependencia con los mercados externos y, más aún, ampliaron a otras esferas dicha apertura (la cuenta de capital-matriz de circulación)-, nos parece aventurado indicar como una revolución aquello que se ha hecho siempre. Lo anterior hace referencia solo a la matriz de producción. ¿Dónde entonces podemos otear una revolución capitalista? La respuesta se debe buscar en la matriz de circulación, que sí se modifica de forma radical en comparación a los últimos cien años de la historia económica de nuestro país, dando por resultado una dinamización de la economía en su globalidad. Se pueden mencionar algunos casos de aquellas esferas que fueron intervenidas por la autoridad de la época, por ejemplo: liberalización de los precios al mercado, potenciación del sector privado (salud, educación, previsión), sistema tributario, reforma del sector financiero, etc. No se patenta un antes y un después de la supuesta revolución capitalista con respecto al patrón de acumulación de la economía nacional. Es más, el autor nos indica en la conclusión lo poco útil que puede resultar el concepto de capitalismo, pues este no puede ser asimilado a una ideología, pues adquiere un sinfín de rostros a través de la historia, por lo cual, no puede ser identificado en forma unívoca con un modelo en particular de crecimiento (p. 524). Además, Gárate nos plantea que, fruto de la crisis de 1982-1983, las autoridades económicas de la época siguieron una postura pragmática y, a partir de 1985, con el ministro Büchi, se volvió al camino neoliberal, pero respaldado por las indicaciones de las instituciones nacidas del acuerdo de Bretton Woods (FMI, Banco Mundial, BID). Por último, debemos señalar que el propio autor, nos da la razón cuando apunta que:

"Teniendo en cuenta estos diversos asuntos y problemas, es que sostenemos la existencia de una revolución conservadora en Chile, fruto de una variante extrema del liberalismo económico que, si bien a primera vista parece una contradicción o por lo menos una paradoja, se impuso en el país antes que en los países anglosajones y evidentemente antes de la caída de los llamados socialismos reales" (p. 23).

La cita anterior nos demuestra que la esfera de lo político está por sobre la económica, pues el mismo autor así lo patenta a lo largo de la investigación, en donde nos recuerda el sustrato político de la implementación del modelo neoliberal en Chile.

En cuanto al ámbito de lo social, no se puede confundir cambio en el patrón de consumo de la población con una mutación del cuerpo social, pues la experiencia nos indica que estas son las de más largo aliento. No se debe olvidar que las políticas públicas que se desplegaron desde el gobierno militar con respecto a la distribución espacial de la población pretendieron crear comunas para ricos y otras para pobres (políticas de segregación espacial), que buscaban perpetuar la estructura social del Chile tradicional. La sociedad chilena no ha alterado sus patrones de comportamiento en un nivel que nos haga suponer un cambio profundo que tienda a romper con su pasado mediato. Sin embargo, no se puede desconocer que la élite empresarial de este país se modernizó y se puso a la altura de las circunstancias de acuerdo al nuevo escenario que se propuso desde el gobierno cívico-militar. Aunque es importante recordar que fue con los gobiernos de la Concertación que esta élite empresarial exhibió sus mejores logros económicos.

Un tercer aspecto que se aprecia en el trabajo de Gárate se refiere al papel jugado por los economistas y el discurso económico en el espacio público (p. 17), pues este le asigna un peso específico, casi hegemónico, en las transformaciones, pero existen esferas en donde el discurso de los economistas de Chicago no tuvo mayores repercusiones al interior del régimen cívico-militar, lo cual evidencia que se está sobredimensionando la esfera de lo económico y, por ende, a los Chicagos Boys, por sobre la política. Por ejemplo, la regionalización de Chile no estuvo guiada por un criterio económico, sino eminentemente político, no es posible descentralizar en un contexto autoritario. Lo anterior evidencia los límites de los economistas en la conducción del país. Otro ejemplo es la imposibilidad de privatizar Codelco, pues las lógicas geopolíticas y nacionalistas lo impidieron, las que eran representadas por las Fuerzas Armadas. Por lo tanto, no se puede transferir un papel que no ocuparon en la conducción del país. No obstante, no se niegan las lógicas de mercado que se imple-mentaron en la asignación de los recursos desde el gobierno, pero de ahí a plantear la omnipresencia es llevar a otra esfera la realidad histórica.

Es pertinente realizar dos apreciaciones de carácter general de la obra in comento. La primera de ellas, se refiere al poco trabajo de fuentes primarias, pues se constata en las citas que es un trabajo de síntesis. Se remite a lugares comunes, es decir, se pronuncia Carlos Huneeus, Pilar Vergara, Tomás Moulian, Manuel Antonio Garre-tón, etc., pero se echa de menos, por ejemplo, el haber reinterpretado las visiones de los economista y sociólogos. En el capítulo quinto de la tercera parte, se establecen 228 citas, de las cuales solo 24 corresponden a fuentes primarias, lo cual representa un 10,5%, siendo uno de los capítulos centrales del trabajo (violencia simbólica). A pesar de ser una obra de síntesis, también se debe considerar que la mayor parte de la bibliografía base para la investigación fue publicada hace más de diez años, lo cual nos plantea que dichas investigaciones a lo menos se remontan a unos once años, y se supone que la historiografía nacional ha avanzado en esta última década.

Un segundo elemento, y relacionado con lo anterior, se refiere a que no citó trabajos que han sido planteados desde la historiografía, por ejemplo, El Factor Pinochet, de Freddy Timmermann (2005) y, del mismo autor, su tesis doctoral La Declaración de Principios de la Junta Militar. Chile, 1973-1980, del año 2009 (Universidad de Chile), que necesariamente modifica en lo sustancial este trabajo, sobre todo porque Timmermann utilizó el análisis crítico del discurso como metodología, con lo cual desestructuró los documentos oficiales del régimen cívico-militar y además construyó los contextos de los textos de su investigación. Con los trabajos mencionados se modifican cuestiones sustanciales que propone el autor de esta investigación, por ejemplo: la cronología de la irrupción de los Chicagos Boys en el régimen cívico-militar (pp. 196-197); el surgimiento de la nueva derecha (pp. 144-154); las pugnas internas dentro del régimen (pp. 181-183), etc.

Por último, es necesario señalar que el mérito del texto in comento es el de haber resituado la temática del modelo económico propuesto por los economistas del gobierno cívico-militar y la continuación de este por los gobiernos de la Concertación desde la perspectiva de la historiografía.

LEOPOLDO TOBAR CASSI
Universidad Católica Silva Henríquez