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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100015 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 266-269
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

Eduardo Devés Valdés, El pensamiento africano sudsahariano. Desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2011, 218 páginas.


Eduardo Devés terminó hace algunos años su historia del pensamiento latinoamericano en tres volúmenes. El paso siguiente fue igualmente ambicioso: hacer la historia del pensamiento periférico, esto es, en concreto, de Asia y de África. Para un medio como el chileno, poco dado a mirar más allá de sus fronteras, esto ya significaba un mérito, tanto por abrir nuevas perspectivas como por realizar la tarea desde esta parte tan alejada. Y es que, más allá de tener que revisar material en otras lenguas, el esfuerzo obligaba a explorar bibliotecas de distintos puntos del planeta. Tanto un libro reciente, Las ciencias económico-sociales latinoamericanas en África Sudsahariana (en coautoría con César Ross, 2009), como el que ahora reseñamos, certifican que Devés logró superar con éxito aquellas dificultades (con ayuda estatal vía Conicyt, debemos reconocer).

El autor nos informa que el estudio del pensamiento africano ha experimentado un auge en las últimas décadas, sin embargo, se trata de una literatura de difícil acceso y generalmente en inglés. Así, el solo hecho de ofrecer a los lectores hispanos una obra como esta ya justifica su publicación, sobre todo si pensamos en un público interesado en una visión panorámica y comprensiva de la materia. Pero hay una serie de elementos que le agregan todavía más valor -y justificación- a la obra.

En primer lugar, el pensamiento africano es considerado en relación al pensamiento periférico en general, lo que supone un permanente diálogo con el pensamiento asiático y latinoamericano. Esto no supone una desconexión con el pensamiento europeo ni tampoco con el norteamericano, el cual, según el autor aclara, tuvo una influencia bastante mayor que el primero. En segundo término, hay un principio que funciona como eje a lo largo del siglo y medio analizado, denominado "disyuntiva periférica". Es la alternativa entre "ser como el centro" o "ser nosotros mismos" lo que ha ordenado la mayoría de los debates no solo de la intelectualidad africana, sino también la de los otros continentes (para ser rigurosos, en América Latina se debatía entre el paradigma modernizador y el identitario, una noción algo más elaborada pero en el fondo homologable). En seguida, el texto da cabida a intelectuales, escuelas y espacios que no habían sido incluidos en otros estudios. Se aprecia una disposición favorable, por ejemplo, a mujeres, a ciertas lenguas (la producción lusoafricana) o a la teología, todo lo cual redunda en un panorama más complejo y diverso.

Ahora bien, de la obra se desprende toda una metodología, muy propia del autor, que es preciso detallar. Los estudios eidéticos, o eidología -Devés se declara eidólo-go-, son una superación de la historia de las ideas, ya que incorporan variables que esta descuidaba. De partida posterga la preocupación exclusiva por el pasado en beneficio de la contemporaneidad, bajo el entendido de que las ideas deben iluminarnos el camino ahora ya y permitirnos "pensar mejor". Son una materia viva, maleable, cuyo más acabado conocimiento nos facilita la comprensión del mundo globalizado de hoy, nos pone en contacto con otros espacios y nos faculta para aprender de los errores, detectando las ideas que no han funcionado en el pasado. ¿Cómo se traduce en la práctica tal principio? Prestando especial atención a las redes intelectuales, a las sensibilidades, a la formación y desenvolvimiento de escuelas, a expresiones no clásicas de pensamiento -ciencias sociales en sentido amplio, religión, ensayismo literario o de género-, a aquellos pensadores sin brillo pero significativos en tanto síntomas de tendencias, a las influencias, herencias, cruces e hibridaciones de ideas, etc.

Todo ello se plasma en El pensamiento africano de distintas formas. Desde luego en el texto central, pero también en recuadros y cartografías. Los primeros se enfocan a las conexiones del pensamiento africano con el de otras regiones del mundo, especialmente Latinoamérica, cumpliendo con su misión de contextualizar las temáticas abordadas. Las cartografías son una suerte de mapas conceptuales que esquematizan la circulación intelectual, los cruzamientos, el trato e influjo entre distintas figuras o las genealogías de las ideas. Son ilustrativas y útiles, aunque quizá convendría explicitar los datos que las informan. Los recuadros, las cartografías y las breves biografías ofrecidas contribuyen a la calidad de manual de la obra, un objetivo reconocido por el mismo autor.

Se observa que, en su afán por dotar de consistencia a los estudios eidéticos, Eduardo Devés recurre a neologismos un tanto forzados. Ya conocimos lo eidético y la eidología, agreguemos la geneidética o ingeniería geneidética, un trabajo de laboratorio cuya materia prima son las ideas, las cuales podrían ser fabricadas sin esperar que nazcan por generación espontánea. La verdad es que las metáforas biologistas abundan (ecosistemas de ideas, especies, cepas, cruces, sinergia, o lo genético ya expresado) como si dieran más peso a una teorización lo bastante sólida como para apelar a tal léxico.

En apenas 160 páginas de texto, el libro nos hace un recorrido por 150 años de historia del pensamiento del África negra con loable erudición, fruto de un arduo trabajo en bibliotecas de Senegal, Portugal, Francia, Estados Unidos, Puerto Rico, Brasil y España. Así, vamos descubriendo un pensamiento más complejo del sospechado, pues lo usual es concentrarse en los discursos nacionalistas y panafricanos del segundo tercio del siglo XX en adelante. En la primera parte del estudio se examina el periodo 1850-1900, destacándose la producción ligada a las iglesias cristianas que entronaría el providencialismo -que concibe la realidad como expresión de la voluntad divina- como la principal corriente intelectual. También se sitúa al pensador de origen caribeño Edward W. Blyden como la figura más rutilante de la época e injustamente olvidada en atención a su pionero pensamiento identitario. Respecto a la disyuntiva periférica, Blyden y otros apuestan por la afirmación de la personalidad y la cultura africanas.

En el primer tercio del siglo XX, si bien decrece a nivel general, el pensamiento sudsahariano vislumbra la aparición de ideas pannegristas y panafricanas que en el futuro se volverían hegemónicas. Y si en la primera etapa el meridiano intelectual se posaba en el África occidental, ahora se desplaza haca el sur. En general la discusión sociopolítica se profundiza, tocándose temas como la igualdad de derechos, la participación, la educación y las migraciones. La opción por "ser nosotros mismos" se acentúa, sin alcanzar radicalidad aún. Además asoma el pensamiento indio, con Mohandas Gandhi como estandarte (convengamos en que Devés incluye a quienes, sin ser nativos del África sudsahariana, se insertaron en su medio intelectual, lo cual autoriza la inclusión de Gandhi y de personalidades provenientes, sobre todo, de Estados Unidos y del Caribe). Quizá el nombre más destacado del período es el del ghanés Joseph E. C. Hayford.

El segundo tercio del XX, llamado la época clásica, es pródigo en ideas, escuelas y figuras, alcanzando el pensamiento africano su mayor madurez y brillo. Junto con el proceso de independencia, tendencias como la negritud, el socialismo africano, la denuncia del neocolonialismo o el propio discurso independentista y panafricano de Léopold Senghor, Kwame Nkrumah, Sekou Touré, Julius Nyerere, Amílcar Cabral o Jomo Kenyatta se difundieron por el mundo entero, a nivel político y académico. El autor enraíza el despegue del pensamiento sudsahariano en la conformación de redes intelectuales entre estudiantes africanos y sus pares del centro y del Caribe en espacios universitarios de Inglaterra, Francia y Portugal, así como en la creciente institu-cionalidad de los países recientemente emancipados o en el apoyo de UNESCO y la creación de CODESRIA (Consejo para el Desarrollo de la Investigación en Ciencias Sociales en África). Por cierto, la valorización de la raza y la cultura negras inclinaron la balanza hacia la opción identitaria.

La última fase, el tercer tercio del siglo, exhibe antes que nada un cambio de sensibilidad respecto a la anterior, ya que se ha instalado un "afropesimismo" que ahonda en la frustración de las expectativas forjadas durante el proceso de independencia. Pero al mismo tiempo, se aprecia una profesionalización del saber académico y una africanización de las ciencias sociales. Emergen nuevas corrientes, como la teología africana de la liberación, el afromarxismo o el dependentismo en su versión regional, asumiéndose los aportes de América Latina. También aparece una vertiente islámica. La disyuntiva periférica sigue ordenando el horizonte, siempre con predominio del "ser nosotros mismos". Se alzan los nombres de Franz Fanon (con un pie en el período anterior), Samir Amin, Walter Rodney y Ali Mazrui.

Así se termina de delinear un pensamiento africano plenamente constituido, con sus distintas etapas y figuras faro, con sus luces y sombras, con su propia historia y personalidad y con la comprobación de su originalidad justamente a través de sus conexiones con el pensamiento de otras regiones.

El libro cumple con sus objetivos: un panorama abarcador, informativo, introductorio, sintético y útil. Claro que eso atenta contra un análisis más reposado de autores y textos que, como el propio Devés declara, merecerían otro tratamiento. También pueden objetarse ciertas reiteraciones no del todo justificadas. Una crítica más de fondo podría cuestionar que aquí solo aparece el pensamiento africano expresado en lenguas europeas, excluyéndose (eventuales) expresiones originarias de pensamiento en lenguas vernáculas o en otras formas de lenguaje. Desconozco si estas expresiones existen y el autor no lo descarta explícitamente, por lo que solo planteo una duda que, por cierto, no ensombrece las muchas cualidades de la obra.

GERMÁN ALBURQUERQUE F.
Instituto de Estudios Avanzados,
Universidad de Santiago de Chile