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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100014 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 264-266
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

ALONSO DE GÓNGORA Y MARMOLEJO, Historia de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado, Estudio, edición y notas de Miguel Donoso Rodríguez, Madrid/Frankfurt, Universidad de Navarra, Iberoamericana, Vervuert, 2010, 638 páginas.


"Es el reino de Chile y la tierra de la manera de una vaina d'espada angosta y larga. Tiene por la una parte la Mar del Sur, y por la otra la Cordillera Nevada, que lo va prolongando todo él; y habrá en esta distancia de la mar a la Cordille[ra], por unas partes diez y seis leguas, y por otras diez y ocho, y veinte por lo más largo, y ansí poco más o menos. La Cordillera está nevada todo el año, y es tan brava a la apariencia de la vista como lo es la que pasa y devide a Italia de la Francia y [a] Alemania de la Italia, y hay por ella valles que se pasan a sus tiempos de la otra parte, y ansí andan los naturales en sus contractaciones, y españoles la han pasado algunas veces para tomar plática de la tierra".

Son estas palabras las que abren la crónica de Alonso de Góngora y Marmolejo. Y no es algo menor. Tenemos, por primera vez, una reproducción íntegra y fidedigna del texto original de esta obra, que es una pieza fundamental del patrimonio cultural chileno. Por tanto, como lectores, estamos en pie de experimentar la mayor cercanía posible con el autor y su obra. Al mismo tiempo, estamos frente a una estupenda edición crítica de la crónica, que Miguel Donoso ha trabajado en forma prolija y exhaustiva. A través de un estudio preliminar y anotaciones críticas, entendemos perfectamente el sentido contextual de palabras y expresiones que requerían de una lectura de este tipo para que la crónica siguiera utilizándose como fuente historiográfica.

Para el primer párrafo citado, por ejemplo, Donoso nos ayuda a hacer este ejercicio tan importante de colaboración entre la filología y la historia, al nutrir las páginas de su edición con información atingente. Frente a la descripción de Góngora, que echa mano de imágenes y metáforas bélicas para describir la geografía de nuestro territorio, Donoso nos advierte desde el comienzo que este móvil guerrero y naturaleza bélica de los acontecimientos teñirán las páginas siguientes.

Pero esto, lejos de convertirse en una limitante, es una de las fortalezas que tiene esta crónica. Efectivamente, la obra es un excelente documento histórico para entender la mentalidad de su autor y las estrategias militares -tanto indígenas como españolas-, vigentes en la época. El estudio crítico de Donoso, por su parte, nos ayuda a comprender y dar sentido a esta dimensión, citando la bibliografía adecuada y argumentando que Góngora desde un comienzo pone atención a la belicosidad de las gentes de Chile. Esta característica vendrá a alimentar esa imagen guerrera del indígena chileno, que se va gestando a través de varios cronistas que se acercaron a estas tierras.

Luego nos explica la nomenclatura Cordillera Nevada, uno de los cuantos nombres que en la época recibiera la cordillera de los Andes y, nuevamente, utiliza la mejor y más actual bibliografía existente para comprender este término. En este caso, cita los trabajos de Alejandra Vega, quien ha estudiado profundamente el tema de la cordillera de los Andes en la representaciones coloniales.

Y así, va trabajando esta crónica de Góngora y Marmolejo, que ha sido definido como un cronista de vistas. Por haber experimentado las acciones que relata y haber estado en los lugares que describe, su obra se distingue de la de aquellos que escriben acerca de cosas que otros les relataron. Estos últimos, son los cronistas de oídas.

Donoso nos dice que al autor escribió esta crónica por encargo y que tiene asimismo la intención de complementar la información de La Araucana, la que considera incompleta y tendenciosa. El mismo Góngora nos cuenta que quiere también denunciar a Melchor Bravo de Saravia. Aquí hay algo importante. Un elemento clave de la crónica americana y que se añade a su valor testimonial es la intencionalidad del texto. En esta obra vemos claramente que las intenciones son variadas y que se traslapan unas a otras. No es raro tener crónicas por encargo y otras donde se aprecian claramente las desaveniencias entre conquistadores. Esto es importante tenerlo en mente, porque podría interferir en la objetividad del texto, pero puede, por otra parte, ayudarnos a entender la psicología del autor o el ambiente de la epoca.

El cronista divide su obra en una parte cronística y otra abocada al retrato físico y moral de cada gobernador. Donoso proporciona información para comprender este concepto literario del retrato. Es un aporte de su obra, porque logra relevar otra de las peculiaridaes de la época que se aprecia muy bien en las crónicas: me refiero a la obsesión hispana por la fama y el honor. José Miguel Oviedo, en su Historia de la literatura hispanoamericana, argumenta que la inclusión de esta variable es valiosa, en la medida en que permite intuir los caracteres de los personajes y abrir una perspectiva en que lo pasional, lo imaginativo y lo polémico se hacen presentes.

Donoso nos explica muy bien cómo funciona el modelo de los retratos literarios con el caso de Pedro de Valdivia, quien es descrito en sus características físicas y morales, siguiendo el modelo clásico de descripción de personajes ilustres e influido por el código caballeresco: primero lo físico, luego las virtudes morales y por último los vicios y defectos. En el caso de Valdivia, Góngora y Marmolejo cuenta que poseía una buena estatura y un rostro alegre, la cabeza grande conforme al cuerpo, que se había hecho gordo; era espaldudo y ancho de pechos; luego agrega que era valiente, fuerte ante la adversidad, de buen entendimiento, con autoridad y ascendiente sobre sus soldados, generoso, afable y humano. Pero junto a estas virtudes convivía su excesiva ambición social.

Donoso repara luego en el hecho de que Góngora establece una correspondencia entre los retratos de los conquistadores y el tipo de gobierno que llevan a cabo. Es el caso de Francisco de Villagra, cuyo retrato negativo (falta de templanza en el comer, en el vestir y en el trato con las mujeres) es reflejo de un gobierno desastroso y desventurado. Argumenta Donoso que, con este ejercicio, el autor de la crónica propone las bases de un buen gobierno y, por tanto, nos sugiere una dimensión ética en la lectura de la obra de Góngora y Marmolejo.

Me parece que la lectura de los retratos o semblanzas de los primeros gobernadores del Reino de Chile, como herederos del género De viris illustribus, es un importante hallazgo de Miguel Donoso.

Otro aporte importante, tanto para la filología como para la historia, es el recuento de los derroteros del manuscrito y sus posteriores ediciones. En esta trayectoria es que se instala la edición que él nos presenta, la única que trabaja con el manuscrito original. Además, Donoso explica que en esta edición se han subsanado erratas y lagunas, las notas filológicas van a pie de página y aporta con una anotación detallada y exhaustiva de vocablos, hechos y personajes, para lo que recurrió a diccionarios de época, diccionarios geográficos, de indigenismos y lexicográficos.

El tener la crónica en nuestras manos con todos estos valores agregados es de gran utilidad para la historiografía de la Colonia, así como para etnología. John Mu-rra había enfatizado este hecho, diciendo que incluso después del virrey Toledo, en que todas las estructuras estaban ya alteradas, crónicas como las de Góngora y Mar-molejo son una excelente entrada a este mundo ya perdido.

En suma, estamos aquí frente a una obra que nos permite a los historiadores acercarnos a los acontecimientos, actores y lenguajes de una época, sin las mediaciones erróneas que hasta ahora habíamos tenido. Un aporte al necesario trabajo interdisciplinario.

OLAYA SANFUENTES
Instituto de Historia,
Pontificia Universidad Católica de Chile