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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.45 no.1 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942012000100008 

HISTORIA N° 45, vol. I, enero-junio 2012: 247-250
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

PAUL BAHN Y JOHN FLENLEY, Isla de Pascua. Isla Tierra, Santiago, Rapanui Press, 2011, traducción de José Miguel Ramírez, 390 páginas.


Isla de Pascua. Isla Tierra es un libro sobre la historia de Isla de Pascua, desde su colonización polinésica hasta el presente, aunque su énfasis está puesto en los momentos previos al contacto con los europeos en la segunda década del siglo XVIII. Sus autores, un arqueólogo, Bahn, y un botánico palinólogo, Flenley, son destacados investigadores, con años de trabajo en Polinesia y en Rapa Nui. Esta obra, cuya primera versión en inglés es de 1992, ha estado en el centro del debate por sus hipótesis provocadoras y por el alcance mundial que los autores le quieren dar. La hipótesis central es que la sociedad rapanui colapsó por un cataclismo que tuvo un impacto devastador "en su cultura". Ese cataclismo no habría sido provocado por una irrupción volcánica, un terremoto, un tsunami, un cambio climático u otro factor externo, sino que habría sido interno (de ahí la identidad, para los autores, de Pascua como Isla Tierra). La sociedad rapanui se habría autodestruido por el accionar de sus habitantes, que explotaron de manera no sustentable el medio ambiente (el bosque de Palmas, sus moluscos y aves), lo que provocó una guerra interna y con ello una serie de consecuencias desastrosas: hambre, canibalismo, descenso demográfico, etc. El camino al colapso seguido por los rapanui sería el mismo que hoy transita la Tierra: así como ellos se autodestruyeron también lo haremos nosotros, si no enmendamos el rumbo. De este modo, la Isla de Pascua, que siempre estuvo rodeada de misterio, es transformada por Bahn y Flenley en una luz de advertencia para la humanidad: "¿Qué cataclismo pudo haber tenido un impacto tan devastador en la cultura isleña? [... ] la respuesta trae un mensaje que es de fundamental importancia para cada persona hoy día, y aun para nuestros descendientes" (p. 14). Recordemos que esta idea ya había sido propuesta, en 1974, por el arqueólogo norteamericano e iniciador de las excavaciones en Isla de Pascua, William Mulloy, en sus Reflexiones sobre el Ombligo del mundo: "Esta diminuta extensión de tierra [...] es uno de los lugares habitados más aislados por el mar de todo el planeta. La investigación de este en alto grado independiente escenario de lucha por la supervivencia está empezando a revelar, dentro de su ámbito microscópico, sorprendentes paralelos con el gran problema del mundo en su totalidad".

El impacto de este libro en los medios científicos se acrecentó cuando el reconocido profesor de geografía de la Universidad de California (UCLA) Jared Diamond lo utilizó para su obra Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (2005). En ella los rapanui y su Isla-Tierra encabezaban aquellas sociedades que habían "desaparecido" y, al igual que los anasazi y los mayas, "el colapso de la sociedad de Pascua siguió rápidamente al momento en que la sociedad alcanzó su cima de población, construcción de monumentos e impacto medioambiental" (p. 154).

El debate tomó un nuevo giro con la publicación del artículo "Late Colonization of Easter Island", de los arqueólogos de la Universidad de Hawai y California Terry Hunt y Carl Lipo, en la revista Science (vol. 311, 2006). Estos autores arremeten tanto contra las hipótesis de Bahn y Flenley como contra las de Diamond, modificando la cronología de la ocupación (al 1200 d.C.) y sosteniendo que la deforestación no habría sido provocada por los rapanui, sino por los ratones que trajeron y, por tanto, que: "Demographic and cultural collapse resulted from European contact beginning in 1772 A.D. with the devastating consequence of newly introduced Old Word diseases to a nonimmune Polynesian population". En junio de 2011 Hunt y Lipo publicaron en Estado Unidos, de forma detallada, estas ideas en su libro The Statues that Walked. Unraveling the Mystery of Easter Island. Aunque, a decir verdad, la hipótesis de que el colapso sería efecto directo de la llegada de los europeos ya había sido propuesta por Paul Rainbird, en 2002, en su artículo "A message for our future? The Rapa Nui (Easter Island) ecodisaster and Pacific island environments" y por Benny Peiser, en 2005, en "From genocide to ecocide: The Rape of Rapa Nui".

La edición en inglés y en español del año 2011 de Isla de Pascua. Isla Tierra fue reescrita, en parte, como una respuesta a los planteamientos de Hunt y Lipo. Así lo señalan los autores en el prefacio: sus "argumentos son cuidadosamente considerados en las secciones correspondientes de este libro, y son rechazados íntegramente, usando muchas clases de evidencia" (p. 18). Efectivamente, nuevos fechados permitirían sostener que la colonización habría ocurrido incluso más temprano de lo que se había propuesto en 1992, y por tanto la tala de bosque habría comenzado alrededor del 200 d.C. o antes; que la deforestación provocada por los ratones era incompatible con la evidencia de carbón en la columnas de polen; y que el ratón polinésico habría contribuido a la extinción de la palma, pero que "fue la acción humana la que realmente eliminó los árboles"; y, por último, que "la evidencia de las guerras internas que condujeron al abandono de las construcciones megalíticas hacia mediados de 1650 d.C. (antes del contacto europeo) ha sido reexaminada y reforzada".

No obstante lo anterior, la nueva edición mantuvo intacta la armadura de sus doce capítulos, cuyas partes constitutivas son tres: "Los primeros navegantes", "Ancestros de piedra. Un sueño petrificado" y "Las consecuencias". También se mantuvo inamovible la tesis de que "los rasgos más espectaculares de la cultura de Isla de Pascua es que la paz puede haber reinado por más de un milenio antes que la crisis llevara a la violencia" (p. 288). Esa paz fue posible -el sueño petrificado- porque las "rivalidades" se expresaron en la construcción competitiva de los moai. Así, cuando ello no fue posible por la destrucción del medio ambiente que imposibilitó los recursos para esas construcciones, las "rivalidades" se orientaron a las personas y grupos: ataques, violencia y destrucción se dirigieron a "la adquisición de tierra cultivable o simplemente de comida u otros recursos", con lo cual "colapsaron todos los mecanismos globales de intercambio, finalizando la cooperación de grandes cantidades de personas requeridas para producir los monumentos religiosos" (p. 318). Así, el mérito de "Isla-Tierra-Pascua" estaría en que evidencia una causalidad: el colapso de la civilización gatillado por un desastre ecológico previo, resultado de la explotación no sustentable de los recursos biológicos (madera, moluscos y aves). Para Bahn y Flenley esta hipótesis del desastre ganaría "mayor soporte si fuera posible darle una base matemática al modelo", cuestión que hicieron los economistas teóricos James Brander y M. Scott Taylor, quienes "encontraron que cuando estimaciones posibles de una población inicial, abastecimiento de madera, tasas de consumo, etc. alimentaban un modelo computacional Malthusiano, el colapso de la población era inevitable" (p. 330).

El argumento de que "los isleños hicieron caer el desastre sobre ellos mismos", que se "autodestruyeron" y que "colapsaron culturalmente", se habría prolongado a los siglos XVIII, XIX y XX. El pesimismo de los autores sobre los rapanui es evidente: "La persona que cortó el último árbol de Isla de Pascua sabía que eso llevaría finalmente al desastre a las siguientes generaciones, pero siguió adelante y dejó caer el hacha". Para el siglo XX ejemplifican con el testimonio del antropólogo Alfred Métraux (que estuvo en la isla en 1934), quien habría observado "cómo los isleños se atiborraban con los huevos cuando visitaban el islote Motu Nui; también reportó haber visto el último toromiro sobreviviente en el interior del Rano Kau, y que 'durante nuestras estadía los nativos miraban celosamente el crecimiento del árbol, esperando el momento preciso para cortarlo y convertirlo en estatuillas y otras 'curiosidades'". Y para fines de siglo, según sus propias observaciones: "aún en 1984, los poco Manutara que llegaron a la Isla fueron ansiosamente capturados y comidos. Parece que la actitud de los isleños hacia los recursos no ha cambiado" (p. 338).

Es posible que la trama de las historias que nos cuentan tanto Bahn-Flenley como Hunt-Lipo estén prisioneras de una estructura narrativa que les exige concluir en el desastre y la decadencia, ya sea esta previa al contacto europeo o posterior a él. Es muy significativo el uso que hacen todos ellos de los textos de los exploradores-escritores del siglo XVIII para sus argumentos. Los más citados son los diarios de Behrens y Roggeveen (1722), González de Haedo (1770), James Cook y George Forster (1774) y La Pérouse (1786). No obstante, una lectura alternativa es posible a partir de esas mismas fuentes: los europeos se enfrentarían con una sociedad cuyas rivalidades estarían muy lejos de la guerra endémica, del caos, de la miseria y el hambre, los rapanui habrían dejado de lado las prácticas culturales en torno a los moai porque justamente ya no era posible sustentarlas y habrían iniciado con los europeos una relación marcada por lo que Marshall Sahlins definió como lo propio de las sociedades polinésicas: "el cálculo salvaje", es decir, por el uso no de estructuras prescriptivas sino performativas, que tienen el mérito de crear relaciones a partir de las prácticas. Esto es precisamente lo que vemos en 1722, 1770, 1774 y 1786, y lo que nos permite entender las negociaciones que los rapanui llevaron adelante en el siglo XIX, primero con Francia e Inglaterra y posteriormente con las autoridades chilenas en la búsqueda de un "protectorado", para ampararse de las consecuencias nefastas del colonialismo brutal del siglo XIX (en los primeros años de la década de 1860 un tercio de la población fue llevada al Perú y esclavizada). El "Acuerdo de Voluntades", que selló la anexión en 1888, es fruto de una sociedad no en estado anó-mico, sino con capacidad de imponer el "cálculo salvaje", en el que el tema soberano está pensado de forma compartida. El libro de Bahn y Flenley no nos sirve para pensar esta "parte" de la historia (no hace ninguna mención), pero sí uno de los marcos en los cuales se desenvuelve: el aura o la "esfera" y "espuma", para usar los términos de Sloterdijk, que rodea a Isla de Pascua fue construida por los rapanui, su seducción es evidente ("Tu roca religiosa fue cortada hacia todas las líneas del Océano", decía Neruda) y sus costos "ecológicos" también lo son. ¿Pero no fue justamente esa aura la que ha permitido que el Estado de Chile y los estudiosos hagan de Isla de Pascua y de sus habitantes una excepción?

ROLF FOERSTER
Departamento de Antropología Universidad de Chile