SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.44 número2NARRATIVAS HAGIOGRÁFICAS Y REPRESENTACIONES DEMONOLÓGICAS: EL DEMONIO EN LOS CLAUSTROS DEL PERÚ VIRREINAL. SIGLO XVII¿LA TENDENCIA DE LA MASA AL REPOSO?: EL RÉGIMEN PORTALIANO ENFRENTA AL MUNDO PLEBEYO, 1830-1851 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.44 no.2 Santiago dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942011000200004 

HISTORIA N° 44, vol. 2, julio-diciembre 2011: 369-400
ISSN 0073-2435

ESTUDIOS

 

GANADERÍA Y EMPRESARIOS GANADEROS DE LA ARAUCANÍA, 1900-1960**

 

Jorge Pinto Rodríguez*

* Doctor en Historia, por la Universidad de Southampton. Académico e investigador del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad de La Frontera. Correo electrónico: jpinto@ufro.cl


Resumen

El presente artículo se propone examinar el comportamiento de la ganadería y los empresarios ganaderos de la Araucanía durante los primeros sesenta años del siglo XX. Consideramos que, a pesar de las condiciones favorables que existieron en la región para su pleno desarrollo, la actividad se estancó debido a numerosos factores, entre los cuales el rol del Estado y de los propios empresarios fue determinante. El primero no fue capaz de diseñar una política clara que estimulara esta actividad y los segundos no se atrevieron a innovar, incorporar tecnología y modernizar sus actividades, proyectándola a la industria de alimentos que el país requería. Sin duda la competencia argentina, las epidemias que afectaron al ganado, la falta de forrajes y medios de transportes, los temores despertados por el bandolerismo, la situación no resuelta de las tierras indígenas arrebatadas después de la llegada del Estado a las comunidades mapuches y la crisis del 29 complicaron la situación aún más; sin embargo, consideramos que como telón de fondo se observan en la región las dificultes que enfrentaron las economías agrarias en América Latina durante el siglo XX, que mostraron debilidades en el proceso de maduración del capitalismo.

Palabras clave: economía regional, Araucanía, siglo XX, ganadería, empresarios ganaderos.


Abstract

This Article examines ranching and the behavior of cattle businessmen in the Araucanía during the first sixty years of the twentieth century. The author considers that, despite the favorable conditions that existed in the region for its full development, activity was stalled due to many factors, among which the role of the State and entrepreneurs was decisive. The first was not able to design a clear policy to stimulate this activity and the latter didn't risk innovation, integration of technology and modernization of their activities, in order to develop a food industry that the country needed. Without a doubt, the Argentinean competition, epidemics affecting livestock, the lack of fodder and means of transport, fears awakened by banditry, the unresolved status of the indigenous lands seized after the arrival of the State to Mapuche territories and the crisis of 1929 complicated the situation further. As a backdrop however the author considers the difficulties faced by the agrarian economies in Latin America during the twentieth century, which have shown weaknesses in the maturation process of capitalism.

Key words: regional economy, Araucanía, 20th century, ranching, cattle businessmen.


INTRODUCCIÓN

Finalizada la ocupación de la Frontera por parte del Estado, en 1883, la economía regional inició un proceso de profundas transformaciones. Sustentada hasta entonces en una ganadería ovina, destinada a la producción de lanas para la fabricación de los ponchos mapuches que circularon por toda América del Sur, y en la crianza y engorda de ganado vacuno, para su comercialización en las haciendas fronterizas y del Valle Central, rápidamente derivó a una economía basada en la producción agrícola y maderera, que postergó a un segundo plano a la actividad ganadera1. Simultáneamente se produjo una expansión económica que se vio reflejada en el aumento de la población, los índices de producción y los intercambios comerciales. Sin duda se produjo una agitación económica que incidió también en los cambios que acabamos de señalar.

Según la tradición, las viejas tierras indígenas se transformaron en el granero de Chile, mientras que su producción maderera sostuvo, en parte, el acelerado proceso de urbanización que se inicia en el siglo XX. Sin embargo, la ganadería parece no haber progresado al mismo ritmo. Aunque llegaron empresarios dinámicos, que intentaron modernizar la actividad, esta se fue desperfilando paulatinamente, sobre todo la relacionada con el ganado vacuno, cuya crianza se siguió destinando al consumo de carne, sin derivar a una industria asociada que permitiera diversificarla y darle valor agregado.

¿Fracasó el empresario ganadero o las políticas del Estado fueron inapropiadas? ¿Por qué el mercado regional y nacional no presionó a la ganadería para que modificara sus patrones tradicionales? ¿Qué provocó su estancamiento? ¿Anticipó la ganadería una situación más general que afectó a toda la región a partir de los años cuarenta o cincuenta, cuando la economía se estancó y quedó expuesta a una serie de dificultades que aún no logra resolver? Estas son las preguntas cuyas respuestas esperamos discutir en este artículo.

LAS ACTIVIDADES AGROGANADERAS EN LA ARAUCANÍA

Diversos estudios publicados en los últimos años han puesto de relieve las dificultades que tuvieron las actividades agroganaderas en Chile durante el siglo XX. Aunque la mayoría se ha referido a la agricultura, se podría afirmar que los mismos problemas que afectaron a esta gravitaron también sobre la ganadería. Estos problemas fueron de distinta índole y naturaleza. Algunos autores sostienen que la calidad de los precios y el desgaste de la tierra por efectos de una erosión que no se pudo controlar, sumado a los problemas del transporte frenaron su progreso. Otros ponen el énfasis en la tenencia de la tierra, caracterizada por una modalidad que dejó en muy pocas manos la mayor parte de los terrenos, cuya explotación no se pudo hacer de manera intensiva e incorporando tecnología. También se llamó la atención sobre los efectos negativos que tuvieron algunos acontecimientos internacionales, entre los cuales se mencionan la crisis del 29 y la Segunda Guerra Mundial. Por último, se ha señalado que las políticas centralistas del Estado postergaron el agro en beneficio del modelo industrial que se impone a partir de los años treinta, modelo que habría exigido bajos precios para los alimentos, con el fin de ampliar la capacidad de consumo de la población chilena2. Roberto Santana ha matizado esta apreciación, al plantear que la agricultura chilena progresó en momentos de "liberalización económica" y se estancó en épocas de "proteccionismo económico", tendencia que habría imperado entre 1930 y 1960, justamente cuando se impone el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI)3.

En atención a las expectativas generadas en la Araucanía en las primeras décadas del siglo pasado, este estancamiento habría sido inesperado. Eduardo Poirier señalaba en 1910 que la agricultura y la industria ganadera se encontraban en condiciones bastante prósperas, particularmente en el sur, la región más apropiada para la crianza de vacunos y ovejunos4. Por su parte, Fabián Almonacid recordaba los planteamientos de George McBride, uno de los mejores conocedores de la agricultura chilena de comienzos del siglo XX, quien pensaba que el sur era una promesa y que en la Frontera todo estaba por hacerse. Del mismo modo, Adolfo Mathei llamaba la atención, en la década del 30, sobre el alto grado de mecanización de la agricultura sureña, aunque no dejó de reconocer que la política centralista del Estado terminaría por generar serias dificultades5. Sin embargo, en la práctica las actividades agroganaderas no progresaron, generando en la región una serie de problemas difíciles de solucionar. La competencia de productos importados y la reiterada sensación de los agricultores del sur de que el Estado no los apoyaba provocaron un cierto desaliento que pudo incidir en la marcha de los negocios agrícolas. Por último, el conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche generó un ambiente de hostilidad y desconfianza que reforzó esa sensación pesimista originada en la política del Estado hacia la agricultura.

En el caso específico de la ganadería, otro estudio reciente insinuó que el comportamiento del mercado tampoco contribuyó a su expansión. Estrecho, con una capacidad de demanda reducida y sin las cadenas agroalimentarias que surgen por los años 80 y que favorecieron lo que Thomas urban ha llamado la "industrialización de la agricultura"6, la ganadería no derivó en una industria asociada, que recién en los últimos años ha alcanzado una cierta dimensión. Ya en 1945 Sergio Vergara llamaba la atención sobre este hecho, destacando las limitaciones del mercado nacional para nuestra agricultura y ganadería. Comparando la situación de Chile con Argentina, Vergara señalaba que mientras el país vecino debía alimentar y vestir a 15 millones de habitantes, Chile apenas contaba con 5 millones. Argentina, concluía este autor, "posee un privilegio de valor inapreciable dentro de la Economía contemporánea, que tiende a la industrialización: el de la diversidad de sus materias primas agrícolas y mineras"7.

Todos estos factores impidieron que la ganadería y su empresariado se desarrollaran en plenitud. No hubo modernización, ni diversificación. La engorda se convirtió en una de las actividades principales y las ferias de animales, donde se vendía ganado en pie para los mataderos de Santiago y otras ciudades, fueron el nervio de la actividad. Salvo raras excepciones vinculadas a algunos empresarios innovadores o pequeños emprendedores que se dedicaron a la crianza de cerdos para la fabricación de cecinas o de vacunos para surtir de leche al mercado local, la ganadería se desenvolvió en condiciones que podríamos calificar de precarias y como un apéndice de la agricultura. Hacia 1935 los agricultores concentraban el 60% del ganado vacuno existente en el país, cifra que confirma el carácter complementario que tuvo la ganadería respecto de la agricultura8.

LA LLEGADA DEL ESTADO Y SUS EFECTOS EN LA GANADERÍA

Como señalamos anteriormente, hasta mediados del siglo XIX la Araucanía sustentó su economía en la producción ganadera. El tráfico de ganado vacuno desde la Pampa argentina hasta la región, desde donde se dirigía al Valle Central o Concepción, adquirió una magnitud que ha sido reconocida por diversos historiadores9. A este tráfico se sumó la importancia del ganado lanar, clave para la producción de ponchos, uno de los productos de exportación más importante hasta mediados del siglo XIX.

Esta ganadería fue la que más se resintió con la llegada del Estado a la región. Como se sabe, su ocupación se inspiró en la necesidad de incorporar nuevas tierras para mantener un modelo exportador sustentado en una agricultura de producción de cereales, postergando a la ganadería. Esta no desapareció completamente, pero fue largamente superada por la primera y por la actividad forestal, esta última muy importante por la demanda de los emergentes mercados regional y nacional, en momentos en que las obras públicas y el proceso de urbanización que vivía Chile convirtieron a la madera en un producto de primera necesidad.

En 1917, la masa ganadera de la Araucanía estaba compuesta principalmente por vacunos, ovinos, caballares y porcinos, tal como se puede apreciar en el cuadro N° 1.


Con relación a los vacunos, Malleco y Cautín se ubicaban en la retaguardia de las provincias ganaderas, superadas por Llanquihue, Valdivia y unas 10 más. En el caso de los ovinos, Magallanes encabezaba la lista, con una cifra inalcanzable para las restantes provincias: 1.865.476 cabezas. A enorme distancia estaba el grupo en el que se podría incluir Cautín, con una masa de 150 a 200 mil animales; y Malleco estaba un poco más atrás, pero con una cantidad de cierto peso en el país. La producción de lana de ambas provincias también era interesante, al igual que su producción lechera, aunque esta última estaba lejos del volumen producido por las provincias en las que esta industria había alcanzado un mayor desarrollo10. La cantidad no despreciable de caballares demuestra el peso que seguían teniendo como medio de tracción y transporte, y los cuarenta mil porcinos hablan del desarrollo de una industria menor vinculada a la producción de embutidos y jamones. Por aquellos años se reconocía que la región tenía en la crianza de ganado una de sus principales riquezas11.

Durante las primeras décadas del siglo XX hubo empresarios que transformaron la ganadería en uno de sus principales rubros. Uno de ellos fue Juan Schleyer, quien poseía en 1920 los fundos Chacamo y Las Praderas en Ranquilco, Santa Ana en Freire, El Sueño en Villarrica y Moncul en Puerto Saavedra, en todos los cuales tenía criaderos de animales finos y razas lecheras12. También habría que mencionar a Duhalde y Compañía, sucesores de Duhart Hermanos, dueños del criadero Esperanza en Puerto Saavedra. La compañía se había instalado en 1908, convirtiendo a su criadero en uno de los más importantes de la zona y del país. Importaban de Inglaterra toros de fama mundial, como el "Linksfiel Champion", lo que les permitió ganar numerosos premios y varios champion en diversas exposiciones de animales. Según datos que aporta la fuente que estamos utilizando, en los fundos Esperanza, Nehuentúe y Tranapuente engordaban de 4 a 5 mil animales vacunos e igual cantidad de lanares cada año13. La masa ganadera de esa zona fue, seguramente, la que convirtió a la Feria de "Bella Vista" de Nueva Imperial en una de las más importantes de la Araucanía14.

Hacia 1919 se reconocía que la ganadería era una de las principales fuente de riqueza de la región. Sin embargo, se señalaba también que esa riqueza no había logrado impulsar una gran industria lechera15. Seis años más tarde, en 1925, El Diario Austral de Temuco lamentaba las políticas del Estado con respecto a la ganadería y la falta de apoyo para esta actividad, a la vez que clamaba por una protección aduanera que favoreciera el ganado nacional, créditos, estudios sobre los recursos forrajeros y garantías para la inversión en una actividad que merecía la atención del gobierno16.

El Album-guía del cincuentenario de Temuco, publicado en 1931, aporta otros antecedentes sobre la ganadería que muestran sus potencialidades, pero también sus debilidades. En primer lugar, esta se practicaba en toda la región, tanto en Cautín como en Malleco, pero nunca igualando a la agricultura y a la actividad forestal. En segundo lugar, casi siempre fue un complemento de la primera, en retazos menos fértiles o menos apropiados para el cultivo del trigo, la avena y algunas legumbres. Por último, salvo muy raras excepciones, no estimuló una industria asociada, sobre todo en el caso del ganado vacuno. De este modo, la ausencia de una industria lechera terminó convirtiendo a la Araucanía en una zona de engorda de animales que se exportaban a los centros de consumo de carne o de crianza, con miras a desarrollar aquella industria en esas zonas.

Un caso típico fue el de Pablo Ruedi, exitoso empresario de Curacautín. Su actividad principal era la molinera, que lo vinculó estrechamente a la agricultura y a la producción de energía eléctrica. Tenía almacén en el pueblo y en algunas de sus haciendas destinaba parte de sus tierras a la crianza y engorda de ganado. Tenía una lechería y fábrica de queso, pero ninguna de las dos alcanzó el volumen que tuvieron sus actividades vinculadas a la agricultura, producción de harinas y elaboración de maderas17. Sin embargo, el caso más interesante es el de Juan Schleyer, mencionado ya hace algunos párrafos.

Juan Schleyer era un inmigrante alemán nacido en Hamburgo en 1840 y residente en Chile desde 1878. De acuerdo a las noticias que tenemos de él, se instaló primero en Chillán, donde puso un almacén, una fábrica de cerveza y una viña que le permitía fabricar mostos que se vendían en la zona. Hacia 1884 compró en Santiago ocho fundos ubicados entre Freire y Carahue, a precios muy bajos, y a los cuales se trasladó al poco tiempo, dejando en Chillán a un hermano a cargo de sus negocios. Fue uno de los fundadores de Freire, activo impulsor del trazado ferroviario al sur de Temuco, hombre público y empresario de múltiples actividades. Inicialmente puso una fábrica de madera, luego se dedicó a la crianza de caballos y ganado vacuno. Más tarde incursionó en la lechería, fabricación de quesos y mantequillas. Ya en 1912 figuraba a cargo de la Compañía Juan Schleyer y Cía., con fábrica y elaboración de maderas y cajonería, propiedad de fundos, explotación agrícola y crianza de animales finos y razas lecheras18. Diez años más tarde seguía registrándose como propietario de aserraderos, de una fábrica destinada a la elaboración de maderas en Freire, de cinco fundos, uno en Freire, otro en Villarrica, dos en Ranquilco y un quinto en Puerto Saavedra, y de un criadero de animales finos y razas lecheras de la mejor calidad19. Entre 1919 y 1921 fue el primer alcalde de la comuna, y a su muerte, ocurrida en 1925, quedó su hijo Carlos a cargo de la empresa familiar. Este siguió la huella del padre, actuando en los negocios y la política, tal como su nieto Óscar, reconocido empresario de Villarrica, regidor, alcalde de la comuna, intendente de Cautín y diputado en la década del 70. La combinación de diversos negocios (comercio, agricultura, actividad forestal y ganadería) con la política y una evidente tendencia a modernizar sus actividades económicas le dieron muy buenos resultados20. Hace poco, descendientes de los Schleyer se unieron a una de las empresas lácteas más importante del país y del mundo, Surlat, prologando una actividad que se iniciara a comienzos del siglo XX21. De todas maneras, el caso de esta familia fue poco corriente en la región.

La ganadería tampoco impulsó la industria del cuero. Hubo fábricas de calzado y un intento, a fines de la década del 40, por ubicar pobladores al norte de Carahue con el propósito de explotar el tanino, producto muy importante para el procesamiento del cuero; sin embargo, esta iniciativa no prosperó. Los testimonios que estamos utilizando dejan la impresión de que en la Frontera se acentuó la diferencia que se produjo entre la agricultura y la ganadería, en términos de los resultados globales de ambas actividades. Aunque a comienzos de siglo los valores de la producción ganadera igualaban o superaban ligeramente a los de la agrícola, más adelante ocurrió lo contrario, tal como se puede apreciar en el cuadro N° 222.


De acuerdo al autor que estamos citando, la ganadería se fue quedando rezagada, a pesar de que la mayor parte de los suelos agrícolas de Chile eran apropiados para esta actividad, al punto de poder decirse que Chile tenía el potencial para ser un país ganadero23. Las cifras demuestran que a partir del año 1919 se produce un estancamiento en los vacunos, hecho que se extiende a otros rubros a partir de los años 30, tal como lo demuestra el cuadro N° 3.


En términos más específicos, los valores de la producción ganadera de las provincias de Malleco y Cautín, entre 1935 y 1945, sugieren que esta actividad conservó el peso que tenía en la economía regional, con variaciones menores en las dos provincias, pero sin lograr una expansión propiamente tal.


La situación no fue muy diferente en la provincia de Osorno, más típicamente ganadera. En esta, el aporte de la ganadería se aproximó al 25%, sin superar durante todo el período a la agricultura, hecho que ocurre también en Llanquihue, donde la agricultura siempre mantuvo un peso mayor. Solo Aysén hizo descansar su economía en la ganadería. Allí, casi el 50% de los recursos agropecuarios provenían del ganado24.

La imagen de un país ganadero contrasta así con las cifras anteriores, aun en las regiones donde esta actividad pudo alcanzar un mayor desarrollo. Algunas fuentes dejan la impresión de que el ganado quedó expuesto a ciertos factores que lo complicaron, entre los cuales se menciona las diferentes enfermedades que lo afectaban. En un informe de 1939 se señalaba que en el sur, abundante en pastos y condiciones favorables para la ganadería, la fiebre aftosa "ha diezmado el ganado debido al deficiente estado sanitario"25.

La Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco llamó la atención sobre este hecho. En 1946 expresaban a las autoridades de Santiago que, "disposiciones ministeriales recientes sobre medidas de Sanidad pecuaria tienen a la ganadería en crisis de vacunas y estimamos conveniente facilitar su fabricación en el país así como importación de ellas"26. En esa oportunidad, los ganaderos de Cautín estaban preocupados por una peste porcina que amenazaba a sus animales y, aunque el gobierno respondió señalando que tomaría medidas, documentos posteriores sugieren que la seguridad sanitaria no siempre estuvo presente en el sur.

Si bien estos problemas afectaban a la ganadería, esta mantuvo una cierta relevancia en el plano del ganado en pie que se remataba en las ferias de animales. En tal sentido, las de Malleco y Cautín eran de las más importantes del país, ubicándose, en 1939, en el cuarto y segundo lugar, respectivamente, después de Santiago27. Lamentablemente no tenemos la cifra de todo el ganado existente en la región; sin embargo, del total de cabezas rematadas se puede inferir que la mayor parte se transaba en las ferias como ganado en pie, para trasladarse a Santiago u otras regiones donde se faenaba para la venta de carne. Como hemos venido señalando, nuestra región era una zona de engorda de ganado que no logró desarrollar una industria derivada que permitiera aprovechar mejor su riqueza ganadera. A la larga, la Araucanía, se transformó en un mero exportador de ganado en pie, tal como había ocurrido durante la Colonia.

Si se examina más detalladamente el remate de vacunos se puede constatar, además, el carácter tradicional que mantuvo la ganadería regional.


En efecto, llama la atención el alto número de bueyes rematados en las provincias de Malleco y Cautín. En esta última representaban el 25% del total de vacunos, cifra que baja al 23% en Malleco. Se trataba de una situación que se repetía en otras provincias de alta ruralidad, lo que contrastaba con Santiago, donde el porcentaje apenas superaba el 9%. El campo chileno seguía utilizando la tracción animal, en una época en que la modernidad aún no se extendía hacia estas zonas.

Una parte importante de los novillos que se comercializaban en las ferias se destinaba a la engorda. Este negocio era muy rentable si se lo sabía manejar. Como señala Luis Correa Vergara, nuestros agricultores privilegiaron el cultivo del trigo a la crianza de ganado, practicando la ganadería solo como un complemento a sus actividades agrícolas28. Comprar ganado, engordarlo y venderlo para enviarlo a los mataderos era atractivo. Implicaba una cierta inversión y un relativo cuidado de la engorda, la que habitualmente se hacía dejando a los animales sueltos en campos no cultivados, pero al poco tiempo se recuperaba la inversión con evidentes ganancias. Doña Hilda Fernández, una agricultora que debutó como empresaria en la década del 50 debido a la muerte de su marido, recuerda que la engorda era una buena alternativa para formar capital. En su caso, la venta de un terreno en momentos de angustia económica y su inversión en ganado para la engorda le permitió no solo superar las dificultades del momento, sino acumular los primeros recursos para invertir en la tierra. Esta misma empresaria señala que las ferias de animales eran verdaderos espacios sociales, en los que, además de transarse animales, se obtenía información clave para desenvolverse en las faenas agrícolas29.

Las limitaciones de la ganadería regional se pueden apreciar mejor si se examina la industria lechera. En las primeras décadas del siglo XX se trató de impulsar su desarrollo, convencidas algunas autoridades del país de que existían buenas condiciones para hacerlo. La prensa, también interesada en fomentarla, promovió la instalación de una Sociedad Agronómica, bajo cuyo auspicio se convocó en 1918 al Primer Congreso Nacional de Lechería, que contó con más de 400 adherentes. Un año después, Enrique Matte publicó su libro Lechería, destinado a promover la industria30. Sin embargo, a pesar de las óptimas condiciones que existían en la zona para estimular su desarrollo, ésta se consolidó más bien en el centro del país. Salvo los esfuerzos desplegados en Osorno, en 1942, por 72 personas vinculadas a la SAGO, que darían origen a la planta Loncoleche, de Chuyaca, y Colún, que se funda en la Región de Los Lagos en 1949, el resto de las plantas, como Nestlé y Soprole, nacieron en Santiago. Los gobiernos de la época tampoco parecen haberse interesado por el tema. Recién el año 1948 se intentó impulsar esta actividad mediante el "Plan de Fomento Lechero", que buscaba aprovechar los recursos de Osorno. Este plan se proponía aumentar la producción lechera y para ello otorgó préstamos a los agricultores con el fin de que aumentaran su masa ganadera y elevaran el volumen de leche producida, pero sin tener como meta la generación de una industria diversificada, que sumara más valor agregado a la materia prima. Tampoco aportó demasiado para la construcción de grandes mataderos y frigoríficos, al punto de que ninguna ciudad del sur los tenía hacia 195631.

Tanto en Malleco como en Cautín la lechería y la producción de quesos y mantequilla se practicaban ya a comienzos de siglo. En 1910, Malleco producía alrededor de 182 mil decalitros de leche, unos 840 quintales métricos de queso y 354 de mantequilla; Cautín aportaba 235 mil decalitros de leche, más de 1.032 quintales métricos de queso y 109 de mantequilla32. Estas cifras no guardaban relación con las de otras provincias que, sin disponer del ganado que existía en la Araucanía, producían mucho más.

Es sorprendente que Malleco y Cautín, provincias con vocación ganadera, solo aportaran el 3,5% de la producción lechera, el 3,8% de los quesos y el 3,1% de las mantequillas, mientras que Santiago alcanzaba cifras notoriamente mayores a pesar de su escaso territorio y una tradición ganadera mucho menor. Un viajero de la década del 20 señaló que las facilidades que brindaba Chile para la crianza del ganado, mantenido a la intemperie, casi sin gasto para el propietario, había desarrollado una activa industria lechera33. Lamentablemente esta no se extendió a la Araucanía, situación que se prolongó por el resto del siglo XX, por lo menos hasta 1960, año en que se funda Copalca, de propiedad de la Cooperativa Agropecuaria Ltda. de Temuco, que pocos años después fue comprada por Soprole, desapareciendo como industria local34.


Según el III Censo Nacional Agrícola Ganadero, realizado en abril de 1955, a fines del período que estamos analizando la región conservaba su importancia como zona apta para la crianza y engorda de ganado.


En efecto, la cantidad de ganado que registra el cuadro anterior demuestra que se trataba de una actividad de relevancia en la zona, principalmente en Cautín, a pesar de lo cual se repite la misma situación que ya antes habíamos comentado. Por ejemplo, en el caso de los bovinos, llama la atención el alto número de bueyes: 30.227 en Malleco (el 23%) y 72.214 en Cautín (el 21%). No cabe duda de que la tracción animal seguía jugando un rol importante en una economía que seguía siendo tradicional.

En el caso de la provincia de Malleco, todas sus comunas tenían participación en esta actividad. Las más importantes eran Victoria, Traiguén, Curacautín, Collipulli y Lonquimay, es decir, la depresión intermedia y cordillerana. En Cautín ocurría todo lo contrario: la zona ganadera se extendía desde la depresión intermedia hasta la costa, destacando las comunas de Freire, Lautaro, Temuco, Puerto Saavedra, Cunco, Toltén y Nueva Imperial, sin excluir la zona de Pucón, por donde aún transitaba ganado proveniente de Argentina35.

Si bien la zona conservaba un cierto carácter ganadero, una vez más tenemos que insistir en que no logró convertir este rubro en el punto de partida de una industria que aprovechara este recurso natural.


El cuadro anterior es suficientemente ilustrativo. Aunque la producción de leche, mantequilla y queso en Cautín experimentó un alza, esta no muestra que la región haya aprovechado sus recursos para impulsar una importante industria en el rubro, más aún si se tiene en cuenta que el mercado nacional experimentó durante la primera mitad del siglo XX una considerable ampliación. Ya en 1919 se señalaba que la industria lechera no había alcanzado "el desarrollo a que la llaman las favorables condiciones del país", fenómeno que se observaba con particular claridad en la Frontera y que no se superaría en el futuro36.

DOS ESTUDIOS DE 1956

En 1956 se hizo un detenido análisis de la situación de la ganadería en Cautín, cuyos comentarios se pueden hacer extensivos a toda la región. En este informe se sostenía que la provincia era una de las más importantes por su masa bovina, 296.100 cabezas según estadísticas de 1954, lo que representaba el 12,52% del total de vacunos del país (2.363.700 cabezas en total)37.

De acuerdo a los datos que manejó el autor que estamos citando, el ganado vacuno de la provincia tenía la siguiente composición.

38

El mismo autor agregó que su distribución por departamentos, conforme a un censo provincial de 1952, era la siguiente.


Aunque estas cifras pueden contener errores, reconocía el autor del informe, sirven para formarse una idea de la importancia que tiene la ganadería en la región. Fuera "de estas cantidades en animales mayores y menores, agregaba más adelante, hay una cantidad difícil de precisar de aves de corral, que debe de incrementarse al máximo como industria agropecuaria de importancia, sin dejar a un lado la cunicultura y otras especies productoras de pieles"39.

Es interesante detenerse a examinar las condiciones en que vivía y se alimentaba este ganado. La extensa cita que copiaremos a continuación revela las limitaciones de la ganadería regional. Su alimentación, señalaba el autor,

"es muy variada; así como es de variada la configuración del suelo, calidad de los mismos, proximidad a los centros poblados, poder de compra de los subproductos animales, ubicación del predio, ya sea cerca de la cordillera o de la costa.

La base alimenticia de la ganadería de Cautín la constituyen las praderas naturales formadas por los pastos denominados chépicas, chuncho, hierba del chancho, poas, pasto miel, y los renovales de maqui, hualle, arrayán y la quila, en términos generales; y las praderas artificiales formadas por trébol rosado solo o asociado con otras gramíneas como el fromental, ovillo, ballica, pasto dulce, praderas formadas solo con estas gramíneas y unas pocas Hás., de alfalfa. Además, en los últimos años por un despertar general de los agricultores que han palpado y oído los sanos consejos técnicos, que la verdadera fuente de riquezas reside en la ganadería y no en el monocultivo del trigo, se están cultivando otras especies de forrajeras como la festuca, el trébol enano y el subterráneo, y, además, cultivos de plantas forrajeras como la col y el repollo forrajero, el cultivo de la betarraga forrajera y últimamente el cultivo de la betarraga sacarina, que ha abierto el horizonte a nuevos métodos de rotación, cultivo e industrialización de la agricultura de esta provincia. Donde solo existen pastos naturales y renovables, veremos en estos campos solo ovejunos, caprinos, bueyes de trabajo y novillos de crianza, o más bien dicho, novillos en estado de 'envejecimiento', como lo llamo a este proceso; unas pocas vacas, para el sustento apenas de los moradores humanos, y estos animales de una calidad baja, rinde ínfimo y de un coeficiente de fertilidad muy bajo, fiel reflejo de la pobreza y del estado de estancamiento en que se encuentra la industria agropecuaria. En esta forma, salvo excepciones, tenemos la mayor parte de los campos indígenas, campos en manos de pequeños agricultores que cultivan el mini fundo, y que se desenvuelven en un estado de pobreza alarmante. De este tipo de explotación encontramos los campos vecinos a la precordillera, la ceja de montaña y los campos vecinos a la costa, en especial los de topografía alta, los denominados cerros del valle y de la costa.

Donde existen praderas naturales y artificiales ya encontramos una ganadería más progresista o completa, pues a estos agricultores les es posible cosechar heno, hacer silos, estabular animales, en algunos casos, si el capital ha llegado a sus manos oportunamente y si verdaderamente tiene sentido ganadero, y, por lo tanto, este tipo de agricultor tiene un rubro que es el más importante, cual es contar con un número de vacas en reproducción, a las cuales ordeña por lo menos una corta temporada, para amansar sus crías, con lo cual nace una industria pecuaria nueva: la lechería de temporada con sus derivados industriales, el queso y la mantequilla; por lo tanto, aprovechando los subproductos de esta industrialización casera, le permite criar mejor unos cerdos y hasta logra engordar algunos, conserva en buen estado sus bueyes de trabajo, cría regularmente un número determinado de vaquillas para reemplazar las vacas de más edad y las pérdidas normales en una explotación ganadera, o por la mejora consiguiente de las crías nuevas con el uso de reproductores de calidad; si las condiciones de pastos y monetarias se lo permiten, cría hasta cierta edad novillos, vacas o bueyes, según sean sus inclinaciones comerciales.

En aquellos predios agrícolas que están dotados de construcciones como establos, bodegas para almacenar forrajeras, silos, encontramos una agricultura y ganadería más acorde con la técnica y la práctica y, además, con las condiciones climáticas y de medioambiente de la provincia, cual es la ganadería llevada al extremo de su perfección, esto es, la explotación de la vaca lechera, o sea, existe una lechería con ordeña constante durante el año agrícola. En estos predios se cosecha heno, se hacen silos, se cultivan tubérculos y plantas forrajeras y la vaca es posible ordeñar durante toda su lactancia, en algunos casos sus crías son criadas artificialmente, siempre que las condiciones de organización se lo permitan, lo cual representa producción de leche y carne, y como sabemos que el 75% de la fertilidad que se encuentra en los elementos consumidos por los animales domésticos se salva en los excrementos, estos agricultores ganaderos hacen en la cantidad que pueden sus medios su propio abono orgánico, el humus, y de aquí tenemos la razón del por qué la lechería trae en un predio agrícola orden en la explotación del campo y enriquecimiento de la fertilidad, mediante el aporte constante de materia orgánica al suelo [...]

Hay en la provincia diferentes tipos de alimentación ganadera, según sea la configuración y calidad de los suelos y, también, según sea el capital disponible por su propietario: por lo general y en rasgos generales, nuestra industria madre se desenvuelve en un estado de miseria, lo cual está acarreando a la larga el ausentismo individual de la población humana de los campos y la pérdida de su fertilidad. Hay enormes extensiones de suelos despoblados de animales, como también enormes extensiones de suelos donde los animales solo se alimentan de pastos naturales y algunas siembras de forrajeras que son talados prematuramente, donde no existen construcciones para almacenar heno o donde no se hace, ni siquiera, un mísero silo zanja, estos suelos sufren también el proceso lento y en ocasiones rápido de la pérdida de su fertilidad y donde los animales no son más que moradores de tránsito en una determinada temporada del año, y donde el agricultor no es ganadero, sino un verdadero comerciante de ganado"40.

La extensa cita anterior demuestra cuán tradicional seguía siendo la ganadería regional. El mismo autor llama la atención sobre otro hecho que considera curioso: el paulatino abandono de razas especiales destinadas a la producción de carne de alta calidad o lecheras por excelencia. En su reemplazo se ha optado, desde los años 30, por un ganado mixto que produce carne y leche, aunque de inferior calidad. Esto se debía a la escasa atención que se prestó al suelo, lo que impidió disponer de pasturas que respondieran a las exigencias del ganado especializado, a deficiencias sanitarias que propagaron pestes e infecciones a las que el ganado fino estaba más expuesto y a erradas medidas de matanza41.

El tema de los precios también afectó a la ganadería. En la segunda mitad del siglo XX se produjeron en la región diversos episodios protagonizados por los productores de leche, que protestaban por los bajos precios de los lácteos. Esta situación aquejó también a los equinos, el principal medio de transporte en la áreas rurales hasta mediados del siglo pasado. Al final, para este rubro quedó casi un único mercado, el del Ejército, cuya demanda permitió la sobrevivencia de algunos criaderos. Los caprinos, en cambio, se mantenían en los peores predios, "donde el agricultor cree a fe ciega que cultivando este tipo de ganado combatirá la zarza que le invade su campo, y no ve que el cabro le está comiendo los pocos pastos que el campo produce"42.

Más interesantes son los comentarios que agrega el autor sobre los porcinos, un tipo de crianza cuya vinculación con la producción de jamones y embutidos ya hemos comentado.

"Este rubro de crianza de importancia capital para el país, a mi juicio, señala Hillmann, se ha visto incrementado últimamente por causas ajenas al interés estatal, que debiera ser preferencial, ya que constituye una de las fuentes más importantes de suplir nuestro déficit de carne, y para lo cual no se necesita grandes extensiones de suelo, todo lo contrario, es de explotación intensiva.

Hasta hace pocos años este rubro estaba en manos de los pequeños agricultores y campesinos inquilinos y medieros, los cuales criaban sus cerdos, estos últimos a expensas del patrón, por lo tanto el precio obtenido por sus animales constituía una ganancia neta; con los gravámenes de las leyes sociales y las exigencias del Servicio de Seguro Social estas franquicias han pasado al olvido para los servidores, leales compañeros de labores del patrón agricultor, y como dice el refrán 'que no hay mal que por bien no venga', el cerdo está adquiriendo con el tiempo la importancia que su explotación tiene, solo necesita una campaña tendiente a educar al consumidor para que su explotación alcance el desarrollo que debe de tener en beneficio del país y de sus conciudadanos"43.

Ya por aquellos años se hacían pruebas para introducir el cerdo salvaje o jabalí, pero sin ningún resultado positivo.

Hillmann insistió en la escasa atención que se prestaba a las enfermedades infec-tocontagiosas y parasitarias conocidas a lo largo de todo el territorio, según fueran las condiciones higiénicas en que se encontraran las explotaciones. Las más frecuentes eran el carbunclo bacteridiano, designado con el nombre de picada; la hemglobinuria infecciosa, conocida vulgarmente con el nombre de meada de sangre, que afectaba preferentemente al ganado en la zona de Quepe a Freire y Cunco; el carbunclo sintomático, o mancha, enfermedad que atacaba a los vacunos jóvenes, desde un mes de edad hasta los 2 años y medio; la Septicemias hemorrágicas, que causaba estragos en los ganados mal alimentados y mal cuidados; la fiebre aftosa, difundida en toda la provincia de Cautín; la rabia; la peste porcina; la tuberculosis, la más grave para nuestra masa ganadera y en especial para las explotaciones destinadas a la producción de leche; y la brucellosis. A estas habría que agregar otras enfermedades parasitarias externas, que obligaban a un cuidado más riguroso del ganado, cosa que no siempre se hacía44.

La amplia experiencia que tenía el autor que hemos citado le permitió formular algunas recomendaciones que apuntaban, en la mayoría de los casos, a modernizar una actividad que corría el peligro de empantanarse de no tomarse las medidas correctas. Señaló, por ejemplo, que lo más recomendable era seguir con las razas mixtas, productoras de carnes y leche, impulsar una política de crédito que permitiera a los ganaderos mejorar las condiciones en que se criaba el ganado, construir establos, mecanizar la actividad, instalar mataderos frigoríficos, poner en marcha políticas tributarias que estimularan la actividad e iniciar el reemplazo de la tracción animal por tractores, que acabaran con el buey como fuerza de trabajo. Era inconcebible, señalaba, que todavía subsistieran en la cantidad que mostraban las cifras, demostrando la falta de modernización de la agricultura45.

Otro estudio sobre la industria lechera puso también el énfasis en la escasa modernización de la economía regional. A juicio del autor, una de las razones por las cuales el crecimiento de la población de la Araucanía había perdido su dinamismo era la falta de industrias y que estas podrían desarrollarse con la transformación de la producción agropecuaria, concediéndole a la industria lechera un rol fundamental. No se trataba de abandonar otros rubros, sino de aprovechar una riqueza que existía en la zona y que estimulaba además a la agricultura tradicional, al exigir el cultivo de plantas forrajeras que ampliaran las rotaciones de cultivos y distanciaran las siembras de trigo. Donde había plantas lecheras se notaba incluso una mejor calidad de vida de los obreros, pues contaban con un trabajo más estable y mejor pagado46. Más adelante este autor agregó que

"La instalación de la lechería en un fundo acarrea todos los adelantos inherentes al paso del trabajo extensivo de crianza o engorda, o del cultivo de los cereales, a la explotación intensiva de la masa ganadera y del cultivo de las forrajeras: mejor preparación de los administradores y obreros; aumento de los rendimientos unitarios; inquietud por la aplicación de métodos más perfeccionados, ensayos de forrajeras, conservación de forrajes; selección del ganado, etc.

Las ventajas que la implantación de la industria lechera trae para una provincia también son muy grandes y, sin entrar en mayores detalles, basta citar la zona de Los Ángeles: Bio-Bio vegetaba hasta que las plantas industrializadoras de leche vinieron a levantar la provincia de su postración económica y a poner en valor su potencialidad dormida. El número de lecherías fue factor determinante para que IANSA ubicara en Los Ángeles su primera fábrica de azúcar de remolacha.

La industria lechera desarrollada es un elemento decisivo para la alimentación nacional con su aporte de productos lácteos, crianza de ganado vacuno y porcino y elementos fertilizantes para las siembras"47.

Hiriart no desconocía las dificultades que se debían superar, entre las cuales el espíritu de sacrificio y dedicación del empresario eran claves. A estas habría que agregar el cuidado que se debía tener con el ganado, la selección de este y otros aspectos como las inversiones, que concedían complejidad a la actividad. Sin embargo, era una de las pocas alternativas que tenía la región. ¿Y cuál era su realidad?

En primer lugar, Hiriart llamó la atención sobre el bajo consumo de leche y la imperiosa necesidad de orientar la producción al mercado nacional. En la provincia estimó el consumo per cápita, incluyendo queso, mantequilla y leche condensada, en 150 a 200 gramos, muy lejos de los mil fijados como meta por el Servicio Nacional de Salud. A este bajo consumo se debía agregar, como problema para la industria lechera, el reparto clandestino, que colocaba en el mercado un producto sin ninguna clase de control, "ya sea de higiene, procedencia, salubridad o contenido de materia grasa". A pesar de que las estadísticas sobre la leche y el ganado lechero son inseguras, consideró que a diciembre de 1954 se podía estimar en 77 mil la existencia de vacas (de las cuales el 77% se destinaba a la lechería y el 23% a la engorda) y en 38 mil las vaquillas. Hiriart consideró que estos datos demostraban que un porcentaje muy alto quedaba al margen de la industria lechera, a lo que agregó que en verano solo se ordeñaba el 55% de las vacas y el 30% en invierno, cifra esta última muy baja, debido a que la producción en esa época "exige el empleo de alimentos concentrados, ensilaje y pasto seco, buenos establos y buenos caminos y por consiguiente, es una producción mucho más cara", que, por razones de precio, no puede venderse en la zona48.

Según las fuentes que manejó Hiriart, cada vaca ordeñada producía 5 litros diarios, cifra que también consideró baja. Aunque existían lecherías en la zona, señaló que la leche se consideró siempre un subproducto de la crianza del ternero, tal como lo expresó textualmente en su estudio:

"A este se le da toda la leche que puede tomar para criarse en buenas condiciones y el resto se ordeña sin método, en condiciones muy rústicas y sin exigir mayormente a las vacas para no debilitarlas, ya que esto exigiría cuidados y alimentación suplementarios. En estos planteles, las vacas y los reproductores son seleccionados con miras a producir hermosas crías y no abundancia de leche; y, en las pequeñas propiedades de hijueleros e indígenas no se hace selección en ningún sentido. Son estas explotaciones que hacen bajar el término medio individual"49.

En términos concretos, Hiriart estimó que en verano se producían 150.000 litros diarios, de los cuales solo 30 mil legaban a las plantas de Temuco y Loncoche, mientras que el resto se consumía en los fundos o se industrializaba en mantequilla o queso en los mismos fundos50.

La solución que planteó para superar el estado en que se encontraba la industria lechera fue favorecer su comercialización, liberando de esta responsabilidad al ganadero, que por naturaleza "es un mal comerciante". A este deberían otorgársele créditos, mejorar los caminos, crear poder comprador y modernizar la actividad mediante inseminaciones artificiales e inversiones que la pusieran a tono con las exigencias del momento51.

La industria del cuero tampoco prosperó. No es fácil explicar por qué razones una ganadería tan importante no estimuló una industria asociada que pudo tener un notable éxito. Recién en 1960 se instaló la Curtiembre y Calzados Bustos Ltda., de propiedad de Temístocles Bustos Herrera, un empresario de Concepción que adquirió experiencia en el rubro en Chillán y que luego se trasladó a Temuco. Antes hubo otras empresas vinculadas al cuero, pero ninguna tuvo una relevancia acorde con las posibilidades que brindaba la región. Como ya señalamos, a mediados de los 40 se intentó explotar el tanino para favorecer a las curtiembres, sin embargo, este proyecto terminó en el más completo fracaso.

LOS PROBLEMAS DE LA GANADERÍA SEGÚN LA PRENSA REGIONAL

Los diarios de Temuco de la primera mitad del siglo XX se refirieron reiteradamente a las dificultades que enfrentaba la ganadería regional. Sus crónicas confirman la idea de que la ganadería tuvo escaso desarrollo como actividad autónoma, pues a menudo aparece asociada a la agricultura. Los empresarios ganaderos fueron, en la mayoría de los casos, empresarios a tiempo parcial o de modo ocasional.

A comienzos de siglo, La Epoca llamó la atención respecto de la necesidad de evitar la propagación de plagas que afectaban al ganado, de cuyo control dependía la crianza de animales52, y más adelante insistió en que el gobierno debía apoyar esta actividad, pues era una de las principales riquezas de la región53. Por esos años La Epoca reconocía que la Araucanía mostraba evidentes progresos y una solidez que no se apreciaba en el resto del país, afectado por una crisis económica que contrastaba con lo que se podía observar en la región, a pesar de una serie de escollos sobre los cuales insistiría más adelante El Diario Austral54.

En lo que se refiere a la ganadería y agricultura, los problemas eran de distinta naturaleza y gravitación. Sin establecer un orden de importancia, se señalaron varios. En primer lugar se habló del crédito, escaso, mal utilizado y con cobros de intereses que afectaban a los ganaderos. En 1918, para citar un caso, el agricultor Fernando Stuardo se quejaba, en carta dirigida al ministro de Hacienda, Luis Claro Solar, de las penosas dificultades que afectaban a agricultores y ganaderos, debido a "la falta de capitales y a las pocas facilidades que dan los bancos". Ya entonces se aspiraba a la creación de un Banco del Estado, que prestara dinero a bajos intereses, atendiendo tanto a los grandes como a los pequeños propietarios, al tiempo que se solicitaba la creación de un Ministerio de Agricultura, que apoyara este rubro y la ganadería. Incluso el mismo manejo de la Caja de Crédito Hipotecario debía ser distinto en la región que en el resto del país, porque el valor de la propiedad en esta zona era también distinto al de Santiago55. Para el desarrollo de las actividades agrícolas lo que faltaba, insistía el diario en 1927, eran capitales que se obtuvieran de manera rápida y sin intereses excesivos. Para esto era necesario modificar las prácticas de la Caja Agraria, creada justamente para resolver este problema56 Crónicas como estas abundan en la prensa, aunque algunas matizaron los comentarios, atribuyéndoles alguna responsabilidad a los propios empresarios. La postergación que se aprecia en la agricultura en los últimos años, decía un ingeniero agrónomo que trabajaba en la zona, se debe "única y exclusivamente a la lamentable indolencia de nuestros agricultores, los que a pesar de contar con muchos recursos económicos y aun naturales, no propenden a mejorar la producción de sus terrenos". Nuestros agricultores, agregaba, son "víctimas de un gravísimo error, el cual es el de confiar ciegamente en la fertilidad de sus tierras"57.

El tema del crédito fue una demanda permanente que agricultores y ganaderos hicieron al Estado. Los artículos aparecidos en la prensa dejan la impresión de que se sintieron abandonados por este, sin apoyo de ninguna naturaleza. Una crónica publicada en 1921, poco después de las elecciones presidenciales del año anterior, señalaba que pasados los ardores políticos de la campaña era fundamental apoyar a la agricultura y ganadería de la región de la Frontera. Para el autor, era incomprensible que el gobierno le negara su apoyo, más aún si se consideraba que ambas eran la "industria madre" de todas las demás58. Poco después se agregaba que el gobierno solo prestaba atención a la industria salitrera, sin tener en cuenta aquella "cuyos productos se encuentran amontonados en las bodegas de los productores y de las casas compradoras y por consiguiente pasan también por una aguda crisis". El hecho es más lamentable, decía el articulista, porque se vive una época de falta de alimentos en todo el mundo59.

Frente a esta situación se recurrió a menudo a la comparación con Argentina, cuyo apoyo a las actividades agropecuarias era ejemplar. El argumento fue siempre el mismo: las políticas centralistas dejaron abandonadas a las regiones del sur, con enorme perjuicio para la agricultura y ganadería. Cuánto contrastaba, se decía en 1922, la actitud de Chile con Argentina.

"Ha llegado a nuestro poder —se apuntó en una crónica de ese año— la última entrega de la importante publicación agro-pecuaria argentina 'Agricultura y Ganadería'. Por ella nos informamos de la gran atención que presta el gobierno trasandino a la cuestión agrícola, arbitrando medidas para aliviar la aguda crisis por que atraviesan las industrias agrícolas y ganaderas de ese país [que], como es sabido por todos, constituyen la más eficiente fuente de riqueza nacional".

En Argentina, concluía la nota, el gobierno se preocupa especialmente de allanar cuanto antes las anormalidades ocurridas en la exportación de lanas, carnes y otros productos, como consecuencia de la baja cotización que en las últimas semanas se han registrado en el mercado mundial60. En Chile, en cambio, ocurre todo lo contrario. El gobierno, se decía en 1932, "haciendo gala de un centralismo pernicioso y absorbente", se ha negado a satisfacer las justas aspiraciones de los agricultores del sur, a pesar de la palabra empeñada por el propio Presidente de la República61.

De la comparación con Argentina se dedujo que el gobierno debía proteger el mercado local, prohibiendo las importaciones del país vecino. Sobre este tema, las discusiones se venían sucediendo desde fines del siglo XIX, a veces a favor de los ganaderos y en otras contra sus demandas, especialmente cuando se quería evitar el alza del costo de la vida mediante la baja del precio de los alimentos. Así, Argentina fue una especie de amenaza que ponía en peligro los intereses de la agricultura y ganadería62. En 1925, el tema fue tocado largamente por el Director General de los Servicios Agrícolas, Francisco Rojas Huneeus, en una conferencia que dictó en Temuco. Según su opinión, Chile no había sido capaz de sostener una política de mediano plazo que favoreciera a los agricultores y ganaderos. A esto se agregaba una falta de comprensión respecto de las medidas que se debían adoptar para su pleno desarrollo, las cuales, a su juicio, eran dos: la protección aduanera y la elaboración de una política de fomento realista y verdadera. Sobre la primera se explayó extensamente:

"La protección aduanera, señaló, es indudable que acarrea beneficios a los productores y resulta gravosa para los consumidores; pero esta situación es solo transitoria y obedece a leyes generales, pues siempre sucede que al proteger una industria encarece el artículo al principio, y después de 4 ó 6 años se traduce en una gran riqueza que por su mismo desarrollo trae el abaratamiento siguiente. Por otra parte, la industria ganadera necesita la inversión de mucho dinero, inversión que necesita garantías, sobre todo en nuestro país, en que esta industria debe desarrollarse en competencia con la República Argentina, país que tiene condiciones naturales más convenientes para su desarrollo"63.

Con respecto a las medidas de fomento, Rojas estimó que se deberían tener en cuenta las diferentes zonas del país, sus recursos forrajeros y las condiciones climáticas para la adaptación de las diferentes razas que se criaban en Chile, como también ciertas reglas que permitieran su protección, entre las cuales recordó la prohibición de matar hembras menores de tres años64.

En el fondo, lo que se buscaba era proteger el mercado nacional para dos actividades que requerían políticas especiales. "En Chile sobra leche en los campos y falta en los ciudadanos", sentenció dramáticamente El Diario Austral en 1927, en una clara alusión a la incapacidad del Estado para favorecer su consumo. Si el mercado local se hubiese adecuado a su producción, su desarrollo habría sido diferente65. Por esta misma razón, se cuestionó en Temuco de manera casi unánime el proyecto de construir un ferrocarril de Antofagasta a Salta, que se discutió en Chile en 1931. De acuerdo a los agricultores y ganaderos de la zona, una iniciativa como esta "solo perjudicará considerablemente a la agricultura nacional", por lo "que se había llegado a la convicción de que esta era profundamente inconveniente para los intereses de Cautín"66.

Este desarrollo, señalaban agricultores y ganaderos, sería una realidad si el Estado lograra mejorar el transporte, invirtiendo en el ferrocarril, bajando los precios de los fletes, construyendo bodegas en las estaciones de trenes e invirtiendo en los caminos que recorrían la región. Sería inagotable reproducir todas las crónicas que sobre esta materia se publicaron en la prensa; solo a modo de ejemplo, podemos mencionar dos aparecidas en 1918. Ambas reconocieron que se trataba de un problema muy delicado, llegando a sostener que el obstáculo más grave para la agricultura y ganadería no era la estrechez del mercado, sino las dificultades para llegar a este67.

Sin embargo, resolver los problemas del transporte no era lo único. El tema del forraje se planteó reiteradamente. En otra parte de este trabajo hemos señalado que hubo poca atención sobre esta materia, tanto de parte de los ganaderos como del Estado. Los primeros se conformaban con dejar pastar al ganado en praderas naturales y el segundo no impulsó una política forrajera que respondiera a las necesidades de la región. En 1925, y en vista de la crisis ganadera, se señaló que "es de absoluta necesidad atenuar los efectos de la falta de forraje", debiendo el gobierno estimular el cultivo de plantas forrajeras adecuadas para la provisión de este producto68. "Si entre nosotros hay alguna industria que requiere de atención preferente y previsión constante", anotó otro comentarista de El Diario Austral en 1928, "es la ganadería". En nuestras regiones ganaderas, agregó en seguida, "hay largas y extensas zonas totalmente sin pasto durante las épocas críticas del año, produciendo sensible perjuicio, y si no se dispone como atenuar los efectos de la falta de forraje fresco, los daños se harán irreparables"69. Comentarios de este tipo abundan en El Diario Austral.

Del mismo modo se planteó el problema de los precios. A juicio de los agricultores y ganaderos, el Estado jamás se preocupó de fijar precios que estimularan la producción agropecuaria. El asunto se ligó a la importación de ganado argentino y a la excesiva atención que los gobiernos prestaban a la minería y a la industria. Como hemos dicho anteriormente, los agricultores y ganaderos pensaron que sobre sus espaldas recaía la responsabilidad de sostener ambas actividades, sobre todo a la minería, "la niña mimada del gobierno", según se dijo en varias oportunidades.

No fueron menores las quejas sobre el bandolerismo, un fenómeno que adquirió fuerza a fines del siglo XIX y se mantuvo durante las primeras décadas del XX, causando preocupación entre los ganaderos. En fin, la falta de cooperativas y la crisis del 29 terminaron agobiando a los ganaderos, tal como lo manifiestan numerosas crónicas aparecidas en la prensa a comienzos de los años 30.

En las décadas siguientes la información sobre la ganadería se hace más escasa, aunque El Diario Austral siguió llamando la atención sobre la necesidad de fortalecerla, tal como se estaba haciendo en Estados Unidos. Sin embargo, paulatinamente empezó a aparecer otro problema que durante las primeras décadas pasó casi inadvertido: las demandas mapuches por tierras y protección económica70.

Los estudios hechos por Rolf Foerster y Sonia Montecino han sugerido que durante los primeros años del siglo XX las organizaciones mapuches lucharon por la educación y el reconocimiento como parte integrante de la chilenidad. Dirigentes como Manuel Neculmán y Manuel Manquilef vieron en la educación una tabla de salvación para la "raza", al tiempo que estaban convencidos de que el único camino para mejorar su condición era la protección del Estado71. Más adelante, El Diario Austral puso el énfasis en la pobreza y la demanda de tierras. No se podría afirmar que estos temas no se hubieran tocado antes; lo que ocurre es que desde los años 30 y 40 cobraron otra dimensión, hasta acercarse a las demandas que hoy están presentes en la lucha de las comunidades indígenas de la Araucanía72.

En resumen, la prensa de la época deja la impresión de que para los agricultores y ganaderos de la Frontera era inadmisible que el Estado los dejara abandonados, tratándose de dos actividades clave para el país. Esa sensación de abandono les impidió, a veces, asumir su propia responsabilidad en el destino de sus negocios.

LOS EMPRESARIOS GANADEROS Y LOS PROCESOS DE CAMBIOS O MODERNIZACIÓN EN LA ARAUCANÍA

En 1929 Pedro Aguirre Cerda, futuro Presidente de la República, publicó su libro El problema agrario, en el cual comentó la situación de la agricultura en algunos países del mundo y Chile. En esos años, cuando ya se observaban los primeros síntomas de la crisis del 29, Aguirre Cerda se refirió a los problemas que enfrentaba la agricultura por el desequilibrio de precios que existía entre los productos manufacturados y las materias primas provenientes del campo. Si los agricultores no racionalizan sus actividades y se apoyan en la ciencia para agregar valor a sus productos, señaló, están condenados a sufrir los efectos de una situación que los colocará en muy malas condiciones para enfrentar la crisis que se avecina, y en una abierta referencia a la ganadería, agregó que no bastaba que esta derivara a la producción de leche, sino que debían pensar los ganaderos en la fabricación de mantequillas, quesos y todos los productos posibles de conseguir del ganado. Conforme a opiniones propias de la época, Aguirre Cerda creía que el Estado debía jugar un rol muy importante en esta materia, a través del crédito y la educación. Había que formar empresarios dinámicos, modernos, dispuestos a modificar los patrones tradicionales imperantes en el campo73.

Cuatro años más tarde, Aguirre Cerda publicó un segundo libro sobre la industria, en el cual colocó en primer plano a la industria alimenticia, vital en cualquier país que aspirara a desarrollarse y atender una de las demandas más importante de su población. En este libro, insistió en la importancia de la ciencia en la marcha de la economía, absolutamente necesaria para el mejor desempeño de los países74.

Si hemos recurrido a estos dos trabajos de Pedro Aguirre Cerda es porque demuestran que hacia 1930 la industrialización se percibía ya como una tarea impostergable, empezando por aquella vinculada a la agricultura y la ganadería (producción de alimentos). Esta última debía ser el punto de partida de una potente industria lechera y del cuero que, incorporando valor agregado a los productos de la tierra, fortaleciera nuestra economía. La agricultura está por convertirse, se decía en un diario de la época, "en obra de verdadera ingeniería", mecanizada y conectada a una industria que abastecerá de alimentos a una población que crece aceleradamente75.

Sin embargo, el estudio que hemos hecho sobre la ganadería de la Araucanía demuestra que esta actividad se practicó hasta la década del 50 de manera más bien artesanal, sin un despliegue que le permitiera transitar a una industria que correspondiera a lo propuesto por Aguirre Cerda. Los factores que lo impidieran fueron muchos, tal como lo anticiparon los diversos estudios y la prensa que citamos anteriormente.

En un libro que ya hemos mencionado, Fabián Almonacid consideró que las políticas del Estado poco contribuyeron a su desarrollo. Este, inspirado en intereses de los agricultores del centro, buscó siempre favorecer a ese sector, postergando a quienes vivían al sur del Biobío. Sus reiteradas quejas, expresadas en la prensa y en diversos autores regionales que Almonacid comenta en su libro, sugieren que la política centralista habría incidido fuertemente en la incapacidad de la agricultura y ganadería de la Frontera de modernizarse.

En muchos sentidos Almonacid tiene razón, sin embargo, no se puede desconocer que operaron también otros factores que este mismo autor incorpora en su análisis, aunque sin concederle la fuerza que le otorga al planteamiento central de su libro, sintetizado en su propio título La agricultura chilena discriminada (1910-1960). Una mirada de las políticas estatales y el desarrollo sectorial desde el sur.

En primer lugar habría que fijar la atención en los empresarios agrícolas y, en este caso particular, en aquellos que incursionaron en la ganadería. Como hemos dicho, se trató de agricultores que complementaron sus actividades invirtiendo en un ganado que, en la mayoría de los casos, destinaban a la engorda para comercializarlo en las ferias a las que acudían comerciantes que lo trasladaban a los mataderos de la capital o de otras ciudades del país. Muy pocos tuvieron la intención de proyectar sus actividades en un industria que diversificara la economía, ampliara el mercado laboral, mejorara los salarios y le diera una proyección distinta a sus negocios. Hemos visto que las industrias lechera, del cuero y fabricación de cecinas no lograron despegar. Este empresariado no estuvo dispuesto a modificar sus patrones de comportamiento, a correr riesgos y a innovar, conforme a lo recomendada Pedro Aguirre Cerda. En el lenguaje de un agricultor de la zona que conoce el rubro, fue un empresariado depredador que aprovechó los recursos naturales sin preocuparse del futuro76.

En segundo lugar, habría que tener en cuenta ciertos factores que explican la conducta de estos empresarios. Diversos estudios publicados a lo largo del siglo XX llamaron la atención sobre el carácter tradicional que imperaba en las actividades agrícolas. Hacia los años 30, Alexander Chayanov reconoció que el campesinado tenía una motivación distinta a la del empresario propiamente tal y que la unidad campesina, junto con ser muy compleja, abandonaba la conducta que dicta la fórmula del cálculo de la ganancia capitalista77. Aunque Chayanov se refería a las comunidades campesinas rusas, formadas por pequeños propietarios, sus planteamientos se pueden hacer extensivos al mundo agrario. Al parecer, este se convirtió en el siglo XX en un reducto que resistió la modernización y los principios propios del capitalismo.

Algunos autores sostienen que la vida en el campo no solo está organizada en torno a la producción, sino que más bien es una forma de existencia. Aquí el capitalismo (¿modernización?) se produce no por un proceso natural de innovación tecnológica, sino por la concentración de la propiedad que obliga al campesinado a proletarizarse78. La tierra no produce como la industria: el rendimiento, los cambios climáticos y otras circunstancias de igual naturaleza impiden el aumento creciente de las utilidades, a pesar de las nuevas inversiones; y una serie de factores extraeconómicos complican su funcionamiento, hasta convertirse en un enclave marginal sometido a las reglas del capitalismo, pero sin capitalistas79.

Otro autor sostiene que una de las consecuencias inevitable de las transformaciones productivas del siglo XX es la pérdida de importancia de la agricultura. Mientras esta se estanca, la industria y los servicios crecen. Esta situación, "que se observa en todas las experiencias de desarrollo económico mundial", agrega "se da en el caso de Chile", evidenciando una fuerte caída en el aporte al PIB, que disminuyó del 18% en 1900 al 5,4% en 200080. José Bengoa, por su parte, sostiene que en nuestro país la economía campesina desarrolla una actividad mercantil simple, diferente a la empresa agrícola, a pesar de estar articulada al modo de producción capitalista, pero sin formar parte de ese modo de producción81. En otros términos, el campesinado se manifiesta no solo como un grupo social diferenciado, sino también como un modelo general de vida social, cuyas actitudes generalmente obstruyen los procesos de cambio que se observan en otros ámbitos de la economía82.

Si el campesinado se comportaba de ese modo, ¿por qué el empresariado agrícola que incursionó en la ganadería debió tener una conducta distinta? ¿Acaso en el campo los estilos de vida no tienden a generalizarse? Un testigo de lo que ocurría en la Araucanía al promediar el siglo XX describió las lastimosas condiciones en que se desenvolvía la agricultura y el escaso cuidado que tenían los agricultores en preservar los recursos naturales. Respecto a la ganadería, señaló que faltaban tierras para el forraje y concluyó con una pregunta que no tuvo respuesta: "¿se cría o despilfarra el ganado en la región?"83.

A esta actitud propia del agricultor habría que agregar las otras dificultades que comentamos anteriormente al referirnos a la prensa y que afectaron el desarrollo de la ganadería: ferrocarriles insuficientes, poco estímulo del Estado, la amenaza siempre latente del robo de ganado, falta de educación, cierta desconfianza hacia la población mapuche y la competencia del ganado y productos derivados que se traían de Argentina. El mercado local y regional, ya estrecho debido a los bajos salarios que se pagaban en el agro, se vio además perjudicado por el afán de las autoridades de bajar los precios de los alimentos para favorecer la industria, lo que dejó abierta la puerta a importaciones que compitieron fuertemente con la producción nacional. Como hemos dicho anteriormente, la industrialización de varios países de América Latina se hizo a costa de una actividad agroganadera, castigada en beneficio de la industria.

En suma, una serie de factores frenaron el desarrollo de la ganadería en la Araucanía e impidieron el florecimiento de una industria alimenticia o fabril (cueros), que diversificaran la economía regional. Una actividad tradicional, en manos de productores tradicionales, con escasos niveles de competitividad, se vio más perjudicada aún por la continua integración de Chile al mercado mundial, a partir de la segunda mitad del siglo XX84. Y cuando las cosas se pusieron más difíciles, los ganaderos tuvieron la impresión de no recibir ningún apoyo del gobierno. Emblemático fue el conflicto que se produjo en 1979 a propósito de la suspensión de los aranceles para la leche importada, que los agricultores querían reponer para evitar el quiebre de la industria lechera. Al respecto, Sergio Gómez recuerda que en "medio de las negociaciones, un asesor del Ministro de Economía sostuvo que, si no lograban las condiciones de competitividad necesaria, debían salir al mercado y sentenció con la histórica frase que encendió la mecha del conflicto: 'que se coman las vacas'"85.

A MODO DE CONCLUSIÓN: EL PLAN DE DESARROLLO AGROPECUARIO 1965-1980

Al asumir el gobierno la Democracia Cristiana, en 1964, las nuevas autoridades estaban convencidas de que darían un renovado impulso a la economía y resolverían una serie de problemas sociales que hasta ese momento no habían tenido solución. En relación al tema que nos interesa, un documento de extraordinaria importancia es el Plan de desarrollo agropecuario 1965-1980, que preparó la Oficina de Planificación Agrícola (ODEPA), del Ministerio de Agricultura86

Este documento presenta una verdadera radiografía del estado de la agricultura y ganadería del país y la proyección de ambas actividades en los siguientes 15 años, por lo que es útil para observar el punto en que se encontraba la actividad a mediados de los años 60.

El texto parte reconociendo que la ganadería es el rubro que menos se ha desarrollado y que más se ha desaprovechado en el país. "Una de las grandes posibilidades del país", señalaba, "lo constituye el desarrollo ganadero. Paradójicamente es el que menos se ha aprovechado y, entre las importaciones sustituibles, las correspondientes a productos pecuarios son los que más vienen presionando el sector"87.

Para resolver esta situación, los técnicos que lo elaboraron propusieron tres tareas:

1. Aumentar entre 1965 y 1980 las praderas artificiales y mejoradas de 1,3 a 2,8 millones de hectáreas, teniendo en consideración que el país disponía de 6,2 millones de hectáreas ganaderas mejorables.
2. Elevar la existencia bovina de 2,9 millones de cabezas a 5,3 en el mismo período y las de ovinos de 6,7 millones a 12,4 millones, lo que era compatible con la mayor capacidad talajera que se creará y con un mejor manejo de las praderas y los rebaños.
3.  Importar 160 mil vaquillas reproductoras entre los años 1968 y 1974 a fin de acelerar el crecimiento de la masa en los términos mencionados en el párrafo anterior88.

Más adelante el Plan insistió en que la agricultura y la ganadería habían experimentado entre 1935 y 1965 un crecimiento insuficiente, lo que había tenido graves consecuencias en el proceso de desarrollo económico y social de Chile, "sobre todo porque ha generado desequilibrios en la balanza de pagos, desocupación y presiones inflacionarias"89.

El Plan reconoció que la producción agropecuaria venía creciendo a una tasa anual de 1,8%, inferior al ritmo de aumento de la población y a la tasa de producción registrada en otros sectores de la economía. Por otra parte, señaló que en los últimos 30 años el país había tenido que destinar anualmente 155 millones de dólares a importaciones agropecuarias, al margen del deterioro creciente de la actividad90. La situación no podía continuar en esos términos, por lo que era urgente remediar los problemas y ajustarse a las sugerencias hechas anteriormente. De ese modo se podría superar lo que el Plan consideró un subdesarrollo agropecuario y resolver una situación que permitía afirmar que "la agricultura no cumplió la función que tenía asignada en el desempeño de la economía chilena en su conjunto"91.

¿Qué factores habían llevado a la actividad agropecuaria a ese estado? El Plan se refirió a varios, entre los cuales incluyó el mal uso de la tierra y el agua, el carácter poco eficiente de los créditos, aspectos institucionales y otros que denominó estructurales. Estos últimos tenían directa relación con la mala distribución de la propiedad de la tierra y las anacrónicas formas de tenencia que aún existían en Chile92.

Si bien el diagnóstico fue muy negativo, los proyectos para el futuro pecaron de optimismo. Se ofreció ampliar los mataderos regionales para el ganado, otros para aves, centrales de corte y envasado de carnes, plantas de clasificación de lanas, con sus respectivos lavaderos, fábricas de cecinas, plantas industriales de huevos, plantas lecheras y todo con inversiones significativas para asegurar el logro de las metas93.

Las permanentes quejas de los agricultores del sur en los años siguientes y la pintoresca expresión "cómanse las vacas" demostraron que el Plan no logró consolidarse. Desde las aspiraciones de quienes vieron en la Frontera una gran oportunidad para el desarrollo de la ganadería a comienzos del siglo XX, las esperanzas de Pedro Aguirre Cerda en los años 30 y del Plan de desarrollo agropecuario 1965-1980, la actividad ganadera ha pasado por altos y bajos, sin lograr consolidarse.

¿Se trató de nuevo de una experiencia frustrada que replica en la Frontera el caso de Chile en el siglo XIX, en el lenguaje de Aníbal Pinto, debido a las políticas discriminatorias del Estado, según supone Fabián Almonacid?, ¿o en la ruta al capitalismo nos quedamos atrapados a medio camino, según diría Luis Ortega? Es probable que algo de ambas cosas haya ocurrido; sin embargo, no caben dudas de que, al tenor de todo lo sugerido por los expertos de la época y la prensa regional, en la Araucanía hubo responsabilidades compartidas de empresarios y autoridades de gobierno en la falta de criterios para impulsar una actividad que tan poco aportó, según el plan del año 65, al desarrollo del país.

 

NOTAS

Fecha de recepción: marzo de 2011 Fecha de aceptación: octubre de 2011

**       Este artículo fue elaborado en el marco del proyecto Fondecyt "Empresarios de la Araucanía, 1900-1960" (Proyecto N° 1095052), dirigido por el autor y en el cual colaboran la profesora Valeska Geldres y el profesor Jaime Flores, todos de la Universidad de La Frontera de Temuco.

1      Sobre esta materia existe un cierto consenso entre los historiadores. Véase José Bengoa, Historia del pueblo mapuche, Santiago, Ediciones Sur, 1983.         [ Links ]

2      Recientemente Fabián Almonacid ha ofrecido una interesante síntesis del estado de la agricultura regional en el primer capítulo de su libro La agricultura chilena discriminada (1910-1960). Una mirada de las políticas estatales y el desarrollo sectorial desde el sur, Madrid, CSIC, 2009.         [ Links ]

3      Roberto Santana, Agricultura chilena en el siglo XX: contextos, actores y espacios agrícolas, Santiago, DIBAM, 2006.         [ Links ] Véase también la reseña que escribió de esta obra Claudio Robles en Espacio Regional 4:2, Osorno, 2007, 150-151.         [ Links ]

4      Eduardo Poirier, Chile en 1910, Santiago, Imprenta Barcelona, 1910, 11:372-373.         [ Links ]

5      Ambos autores citados por Almonacid, op. cit., 26-30.

6      Mario Gómez Olivares, "El estado de la agricultura chilena y sus transformaciones y modernización", Observatorio de la Economía Latinoamericana 62, junio de 2006, http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/cl/mgo1.htm.         [ Links ]

7      Sergio Vergara, Decadencia o recuperación. Chile en la encrucijada, Santiago, Imprenta Gutenberg, 1945, 75.         [ Links ]

8      Dirección General de Estadística, Anuario Estadístico de Chile, año 1934, 1936, Vol. III, Introducción, xviii.         [ Links ]

9      Véase, por ejemplo, Oscar E. Cornblit, Ezequiel Gallo y Alfredo A. O'Connell, "La generación del 80 y su proyecto: antecedentes y consecuencias", en Torcuato di Tella, Gino Germani, Jorge Graciarena y colaboradores, Argentina, sociedad de masas [1965], Buenos Aires, Eudeba, 1971, 18-58.         [ Links ] Como fuente de referencia estos autores citan a H.S. Ferns, Britain and Argentina in the ninetheenth century, Oxford, The Clarendon Press, 1960;         [ Links ] y Leonardo León, Maloqueros y conchavadores en la Araucanía y las Pampas, Temuco, Ediciones Universidad de La Frontera, 1991.         [ Links ]

10      Dirección General de Estadística, Anuario Estadístico de la República de Chile. Agricultura, Santiago, La Oficina, 1916-1917, VII:104.         [ Links ]

11      Poirier, op. cit., II:478.

12      Alberto Márquez, Libro Internacional Sud-Americano del Norte y Austral, Santiago, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1921, II:684.         [ Links ]

13      Ibid., 11:692-694.

14      Ibid,, II:685.

15      Carlos Gaete y Julio Landa, Guía General, Comercial, Industrial y Agrícola de la Provincia de Cautín, Temuco, s.n., 1919, 212 y 253.         [ Links ]

16      "La interesante disertación sobre el problema ganadero y agricultura en general hecha por el señor Director General de los Servicios Agrícolas Don Francisco Rojas Huneeus", El Diario Austral (Temuco), 10 de agosto de 1925, 3.         [ Links ]

17      Fernando Pinto Sepúlveda, Album-guía del cincuentenario de Temuco (1881-1931): reseña histórica de Temuco y de la Provincia de Cautín, Temuco, Impr. Letelier, 1931, 330.         [ Links ]

18      Empresa Franco-Chilena, Guía de Información Comercial e Industrial de Chile, 1912-1913, Santiago, Imprenta Sudamericana, 1914, 1132.         [ Links ]

19      Márquez, op. cit., II:684.

20      José Morales Rodríguez, Fundación de Freire, Freire, copia dactilografiada, 1997.         [ Links ] Véase también la breve nota preparada por marco A. Reyes Coca, "Vino 'Los Coligües': Juan Schleyer B.", en La Discusión (Chillán), 29 de octubre de 2010.         [ Links ]

21      Agradezco esta información al profesor Jaime Flores, coinvestigador del proyecto Fondecyt "Empresarios de la Araucanía, 1900-1960".

22      En 1912, por ejemplo, las exportaciones derivadas de la ganadería alcanzaron $20.769.760 en pesos de 18 peniques, mientras las exportaciones agrícolas se elevaron a $19.835.763. Véase Oficina Central de Estadística, Sinopsis Estadística de la República de Chile, Santiago, Imprenta Universo, 1914, 91.         [ Links ]

23      Carl Hudeczek, Economía Chilena, Rumbos y metas, Santiago, Editorial del Pacífico, 1956, 37.         [ Links ]

24      Dirección General de Estadística, Estadísticas diciembre 1945, N° 12, Año XVIII, Santiago, Imprenta Universo, 1945, 596.         [ Links ]

25      Rafael Mellafe, "Industrias Agropecuarias", en Dirección General de Estadística, Estadística Chilena, Año XII, N° 12, Santiago, La Dirección, 1939, 557.         [ Links ]

26      Telegrama del 18 de julio de 1946. En Memoria de la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco correspondiente al año 1945-1946, Temuco, 1946, 65.         [ Links ]

27      Mellafe, op. cit., 562.

28      Luis Correa Vergara, Agricultura Chilena, Santiago, Impr. Nascimento, 1938, II:147.         [ Links ]

29      Entrevistas a la señora Hilda Fernández, Perquenco, octubre-noviembre de 2009. Entrevistan Jorge Pinto y Valeska Geldres.

30      Correa Vergara, op. cit., 11:186-189. Correa agrega algunos comentarios sobre el libro de Matte en las páginas 479 a 483.

31      Hudeczek, op. cit., 48-49.

32      Oficina de Estadísticas e Informaciones Agrícolas, Estadísticas Agrícolas, 1909-1910, Santiago, Imprenta Santiago, 1911, 243 y 263.         [ Links ]

33      Yvonne Berliner, "Manual para emigrantes: De Alemania a Chile en 1924", Estudios Avanzados Interactivos 5, Santiago, julio de 2004.         [ Links ]

34      Un experto en la materia señaló que un poco antes, a comienzos de la década del 50, existían en Cautín dos plantas industrializadoras de leche, una en Loncoche y otra en Temuco, que procesaban en conjunto entre 32 y 42 mil litros de leche diariamente. Véase Eugenio Hiriart, "La Industria Lechera", en Seminario de Investigación sobre el desarrollo de la provincia de Cautín, Santiago, Editorial Universitaria, 1956, 71-72.         [ Links ] Este seminario se realizó en Temuco en enero de 1956, con motivo de la Quinta Escuela de Verano de la Universidad de Chile. Su organización estuvo a cargo de don Ricardo Ferrando, alcalde de Temuco y futuro senador de la República, a quien se le suele atribuir la autoría del libro. Existe una versión digital en Revista Andes del Sur 4, Temuco, 2010.         [ Links ]

35      Servicio Nacional de Estadística y Censos, III Censo Nacional Agrícola Ganadero, Santiago, SNEC, 1955, IV: 191 y 258.         [ Links ]

36      Gaete y Landa, op. cit, 252.

37      Fritz Hillmann Suárez, "Desarrollo de la Ganadería", en Seminario de Investigación sobre el desarrollo de la provincia de Cautín, op. cit., 50.

38      Los errores de cálculo corresponden a Hillmann, pero hemos querido mantenerlos para no crear confusión con el resto de los datos de la fuente citada. Los porcentajes correctos son: 11%, 13%, 12,9%, 12,2%, 17,2% y 11%.

39      Ibid., 51.

40      Ibid., 51-52.

41      Ibid., 54-55.

42      Ibid., 56.

43      Ibid., 58.

44      Ibid., 58-60.

45      Ibid., 68.

46      Hiriart, op. cit, 58.

47      Ibid., 68.

48      Ibid., 69.

49      Ibid., 70.

50      Idem.

51      Ibid,, 70-71.

52      "La sarna del cordero", La Epoca (Temuco), 5 de noviembre de 1909, 9.         [ Links ]

53      "Industrias nacionales", La Epoca, 4 de enero de 1910, 10.         [ Links ]

54      "Progresos y necesidades", La Epoca, 10 de febrero de 1910.         [ Links ]

55      "En bien de los intereses agrícolas", El Diario Austral, 18 de junio de 1918, 3.         [ Links ] Agradezco la colaboración de la profesora Kattia Olate en la revisión de este diario. Su tesis para optar al Título de Profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica, Reconstruyendo la realidad agrícola regional a través de la prensa, El Diario Austral, 1916-1933, Temuco, Universidad de La Frontera, 2006,         [ Links ] aporta antecedentes y análisis muy interesantes sobre esta materia.

56      "Las reformas que sería preciso introducir a la ley de prenda agraria", El Diario Austral, 5 de junio de 1927, 6;         [ Links ] y, "La Caja Agraria", El Diario Austral, 17 de junio de 1927, 3.         [ Links ]

57      "El salitre y el desarrollo agrícola de nuestro país", El Diario Austral, 16 de agosto de 1922, 2.         [ Links ] Aunque estos comentarios se refieren a los agricultores, convendría recordar que ellos mismos practicaban la ganadería, tal como lo señalamos anteriormente.

58      "La Caja de Crédito Hipotecario", El Diario Austral, 16 de enero de 1921, 3        [ Links ]

59      "La defensa de la agricultura", El Diario Austral, 7 de marzo de 1921, 4.         [ Links ]

60      "La cuestión agrícola y ganadera. La acción del gobierno argentino. El crédito agrícola", El Diario Austral, 6 de enero de 1922, 1.         [ Links ]

61      "Tenazmente se opone el Consejo Central de la Caja de Crédito Agrario a la creación de Consejos Regionales", El Diario Austral, 12 de mayo de 1932, 5.         [ Links ]

62      Al respecto es muy interesante una crónica aparecida bajo el título de "Intereses agrícolas", en El Diario Austral, 10 de agosto de 1924, 3.         [ Links ]

63      "La interesante disertación sobre el problema ganadero y agricultura", op. cit.

64      Idem.

65      "El Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos", El Diario Austral, 2 de julio de 1927, 5.         [ Links ]

66      "Los agricultores de Cautín ven con profundo desagrado la lenidad en el despacho de los proyectos", El Diario Austral, 17 de octubre de 1931, 11.         [ Links ]

67     "Exportación de trigo", El Diario Austral, 17 de enero de 1918, 1;         [ Links ] y "Nuestros productos agrícolas", El Diario Austral, 19 de enero de 1918, 3.         [ Links ]

68     "Producto de gran valor para los ganaderos", El Diario Austral, 1 de enero de 1925, 1.         [ Links ]

69     "Defendamos nuestra ganadería", El Diario Austral, 12 de febrero de 1928, 4.         [ Links ]

70     Rodrigo Cerda, El empresariado regional a través de El Diario Austral de Temuco (1935-1939), Tesis para optar al Título de Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica, Temuco, Universidad de La Frontera, 2009.         [ Links ] Sobre este punto véase también Carla González, El empresariado de la Araucanía a través de la prensa escrita, 1931-1934, Tesis para optar al Título de Profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica, Temuco, Universidad de La Frontera, 2009;         [ Links ] David Valenzuela, La actividad empresarial judía en Temuco, 1900-1960, Tesis para optar al Título de Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica, Temuco, Universidad de La Frontera, 2009;         [ Links ] y, Mathías Ordenes, El desarrollo frustrado de la Araucanía. Los empresarios y el mercado triguero y forestal (1900-1960), Tesis para optar al grado de Magíster en Ciencias Sociales Aplicadas, Temuco, Universidad de La Frontera, 2007.         [ Links ]

71     Rolf Foerster y Sonia Montecino, Organización, líderes y contiendas mapuches, 1900-1970, Santiago, Ediciones del Cedem, 1988.         [ Links ] Véase también el libro de Augusto Samaniego y Carlos Ruiz, Mentalidades y políticas wingka: Pueblo Mapuche, entre golpe y golpe (de Ibáñez a Pinochet), Madrid, CSIC, 2007;         [ Links ] y la tesis de Mauricio Cárdenas, Sociedad Caupolicán Defensora de la Araucanía. Demandas y conflictos relacionados al problema indígena, Tesis para optar al grado de Magíster en Historia, Santiago, Universidad Andrés Bello, 2010.         [ Links ]

72     Sobre este punto es muy interesante el trabajo de Ivo Babarovic, Pilar Campaña, Cecilia Díaz y Esteban Durán, Campesinado mapuche y procesos socio-económicos regionales, Santiago, GIA, Academia de Humanismo Cristiano, 1987.         [ Links ]

73     Pedro Aguirre Cerda, El problema agrario, París, Imprimerie Francoise de L'Edition, 1929.         [ Links ]

74     Pedro Aguirre Cerda, El problema industrial, Santiago, Prensas de la Universidad de Chile, 1933.         [ Links ] El comentario respecto a la ciencia en la Introducción y a la industria alimenticia en las páginas 120 y 121.

75     "La gran industria en la agricultura", La Unión (Valparaíso), 24 de enero de 1930, 3.         [ Links ]

76     La entrevista se realizó en el marco del proyecto Fondecyt antes identificado. A expresa petición de este empresario, mantenemos su nombre en el anonimato. Agradecemos algunos comentarios sobre este punto del profesor Luis Ortega, con quien hemos estado discutiendo su libro En Ruta al Capitalismo, en el cual sostiene que el empresariado chileno careció del espíritu innovador que caracterizó al empresariado de los países que transitaron más decididamente al capitalismo. Luis Ortega, En Ruta al Capitalismo, Santiago, DIBAM, 2006.         [ Links ] A mediados de los sesenta, Andre Gunder Frank desarrollo esta tesis en varias de sus obras, particularmente en Lumpen burguesía, lumpen desarrollo, Buenos Aires, Ediciones Periferia, 1973.         [ Links ] Posteriormente fue recogida para el Perú por Heraclio Bonilla en varios de sus libros y por otros autores que adhirieron a la teoría de la dependencia.

77     Alexander Chayanov, "La organización de la unidad campesina" y "Acerca de la teoría de los sistemas económicos no capitalistas", en Orlando Plaza, Economía Campesina, Lima, Desco, 1979, 87-104 y 107-136 respectivamente.         [ Links ]

78     Samin Amin, "El capitalismo y la renta de la tierra", en Samin Amin y Kostas Vergapoulos, La cuestión campesina y el capitalismo, México, Editorial Nuestro Tiempo, 1975.         [ Links ]

79     Kostas Vergapoulos, "Capitalismo disforme. El caso de la agricultura en el capitalismo", en Amin y Vergapoulos, op. cit., 59-237.

80     Eric Haindl, Chile y su desarrollo económico en el siglo XX, Santiago, Editorial Andrés Bello, 164.         [ Links ]

81     José Bengoa, "Economía campesina y acumulación capitalista", en Plaza, op. cit., 245-287.

82     Teodor Shanin, La clase incómoda, Madrid, Alianza, 1983.         [ Links ] Sobre este tema existe una abundante literatura. Solo a modo de ilustración podemos citar el antiguo trabajo de José Boglich, La cuestión agraria, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1937;         [ Links ] y los más recientes de Eric Wolf, Una tipología del campesinado latinoamericano, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1977 y Jacques Chonchol,         [ Links ] Sistemas agrarios en América Latina, México, FCE, 1994.         [ Links ] Para el caso chileno, un libro de notable interés es el de Cristóbal Kay, Hacia una teoría del cambio agrario en Chile, Santiago, Gea-Universidad Academia de Humanismo Cristiano, 1986.         [ Links ]

83     René Dumont, Tierras vivas. El problema de la reforma agraria en el mundo, México, Ediciones Era, 1973.         [ Links ] Dumont fue un agrónomo francés que visitó Chile para conocer en terreno los alcances de la Reforma Agraria y uno de los precursores de los partidos verdes.

84     Cristóbal Kay, "La cuestión agraria y el campesinado de Chile hoy", Debate Agrario 27, Lima, 1998, 79-100.         [ Links ] Véase también Sergio Gómez, "¿Nueva ruralidad? Un aporte al debate", Estudos Sociedade e Agricultura 17, Río de Janeiro, 2001, 5-32.

85     Sergio Gómez, "Organización campesina en Chile: reflexiones sobre su debilidad actual", Revista Austral de Ciencias Sociales 6, Valdivia, 2009, 9.         [ Links ]

86     Plan de desarrollo agropecuario 1965-1980: Síntesis, Santiago, Soc. Imp. Camilo Henríquez, 1969, segunda edición.         [ Links ] Todavía ODEPA sigue aportando antecedentes muy valiosos para conocer la suerte que corrieron la agricultura y ganadería del sur en años más recientes, por medio de informes y estudios que difunde a través de Internet. Véase www.odepa.cl.

87     Ibid., xxxiii.

88     Idem.

89     Ibid,, 5.

90     Idem.

91     Ibid,, 9.

92     Ibid. 12-18.

93     Ibid. 104-105.