SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.43 número2CINE, PROPAGANDA Y EL MUNDO DE DISNEY EN CHILE DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.43 n.2 Santiago dic. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942010000200006 

HISTORIA N° 43, Vol. II, julio-diciembre 2010: 523-546
ISSN 0073-2435

ESTUDIOS

EL PARTIDO COMUNISTA ITALIANO Y EL OTRO "COMPROMESSO STORICO": LOS SIGNIFICADOS POLÍTICOS DE LA SOLIDARIDAD CON CHILE (1973-1977)**

 

Alessandro Santoni*

* Doctor en Historia Política de la Época Contemporánea por la Universitá di Bologna. Investigador del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago. Correo: alessandro.santoni@usach.cl


Resumen

Este artículo aborda el tema de la solidaridad con el exilio chileno en Italia a lo largo del periodo 1973-1977. Muchos dirigentes de la actual Concertación han insistido en la influencia que el eurocomunismo, el gramscismo y el "compromesso storico" tuvieron en la renovación de la izquierda. En esta línea, el autor destaca cómo los comunistas italianos tuvieron un específico interés político por la causa de los exiliados, lo que se tradujo en un esfuerzo para influir en los contenidos y significados de la solidaridad y no solo en la ayuda material. El enfoque adoptado busca relacionar la temática de la renovación con los procesos de transformación que vivieron las izquierdas europeas a partir de los setenta y, sobre todo, con el papel simbólico qué estas atribuyeron a la causa chilena.

Palabras clave: Italia, Chile, izquierda, socialismo, comunismo, eurocomunismo, exilio, solidaridad


Abstract

This article deals with the theme of solidarity with the Chilean exile in Italy from the years 1973-1977. Many of the leaders of the actual Concertación have insisted on the influence that Eurocommunism, Gramscism, and the "compromesso storico" had during the renovation of the left. Along this line the author highlights how the Italian communists had a specific political interest for the cause of the exiled, which resulted in the effort to influence the contents and the meanings of the solidarity and not only with material help. The focus adopted looks to relate the theme of la renovación with the processes of transformation that lived within leftist Europeans from the seventies and especially, with the symbolic role that they attributed to the Chilean cause.

Key words: Italy, Chile, left, socialism, communism, Eurocomunism, exile, solidarity.


 

 

El papel que el contacto con las diferentes culturas de la izquierda europeo-occidental tuvo en la transformación y reconfiguración ideológica del conjunto político de la izquierda chilena, en vista del proceso de transición a la democracia de los años ochenta, es por cierto un tema de gran envergadura que, a pesar de haber sido objeto de polémicas y de debates teóricos, todavía no ha recibido una significativa atención por parte de la comunidad de los historiadores. Con este artículo me propongo formular una propuesta para una nueva fase de estudios sobre el fenómeno, adoptando un enfoque que me parece puede servir a una reflexión más extensa y más fértil. Un enfoque que se nutra del aporte de una perspectiva europea, que haga hincapié en el sólido nexo que este proceso tuvo con exigencias y perspectivas políticas propias de las fuerzas que dieron su ayuda -política, organizativa y financiera- a la lucha de los exiliados chilenos contra el régimen militar dirigido por el general Augusto Pinochet. Sin disminuir o ignorar el indudable peso de la profunda y sincera participación que despertaron los dramáticos acontecimientos de septiembre del año 1973, se trata de tomar en consideración cómo y en qué medida el esfuerzo de solidaridad de la izquierda europea estaba inspirado en sus propias prioridades políticas.

La causa chilena interesó, en la práctica, a todo el conjunto de las fuerzas pertenecientes a la tradición del movimiento obrero del viejo continente y en particular a sus dos más importantes y destacados componentes -socialistas y comunistas-, en una fase que los puso frente a una solución de continuidad que se revelará decisiva para su futuro. Una fase del cambio de perspectivas y prioridades, de modelos y de formas de autorrepresentación, de transformación de sus bases de consenso y canales de representación social, que correspondía a las primeras señales de agotamiento de una fase histórica que, iniciada en la posguerra, se había prolongado unos treinta años: los llamados "treinta gloriosos"1, en que el crecimiento económico había sido continuo y sin precedentes, había llevado a una generalizada mejoría de las condiciones de vida de amplias capas sociales y se había acompañado con un régimen de casi pleno empleo, permitiendo la imposición y difusión a escala continental del modelo del Estado de Bienestar. A este proceso se sobreponía otro, aún más relevante, como era la crisis de credibilidad que afectaba al socialismo real en los años del liderazgo de Leonid Breznev, la que llevaría a los principales partidos comunistas de la parte occidental del continente a desarrollar un drástico esfuerzo de reelaboración estratégica y política, en el marco del llamado eurocomunismo. Este conjunto de fenómenos hace que la misma causa de Chile pueda verse, a posteriori, como espejo y -al mismo tiempo- objeto de la que fue una auténtica "crisis de los socialismos", permitiendo formular algunas hipótesis sobre su papel simbólico en un momento tan crítico y sobre los efectos que el interés de los europeos tuvo en la comunidad política del exilio chileno en estos países.

Para este fin hay que tomar en cuenta que la capacidad de influir en los componentes de la izquierda chilena en el exilio tuvo que ver no solo con las iniciativas orgánicas de orientación de su acción y reflexión teórica -tales como las que efectivamente implementaron los países comunistas y la socialdemocracia europea-, aun cuando sea cierto que fueron estas las que tuvieron un peso más determinante. Otros canales y formas de influencia fueron producto del debate teórico e ideológico generado en el exterior por los acontecimientos chilenos, haciendo que los mismos exiliados se encontraran siendo a menudo motivo de polémicas por parte de sus huéspedes; sin olvidar las muchas iniciativas con que los anfitriones apuntaban a orientar en una dirección más que en otra, la acción de solidaridad, su agenda y la composición de las fuerzas que participaban en las diversas conferencias, comisiones de encuesta y comités.

Con el presente artículo, usando la documentación de los archivos del Partido Comunista Italiano (PCI) conservada en la Fondazione Istituto Gramsci di Roma, me propongo seguir esta pista para aclarar cuáles eran las particulares exigencias políticas que inspiraron la masiva obra de solidaridad desarrollada por el que era el principal partido comunista del mundo occidental, en los años inmediatamente posteriores al golpe del 11 de septiembre; los mismos años, entre 1973 y 1977, en que el proyecto político del partido guiado por Enrico Berlinguer cosechaba sus mayores éxitos. El interés por este caso particular se basa en razones de indudable relevancia: el papel fundamental que Italia tuvo en la intensa actividad política del exilio2 y el esfuerzo de reflexión teórica que la ha acompañado; el explícito y recurrente reconocimiento por parte de varios exponentes de la izquierda renovada de la influencia ejercida por la política de los comunistas italianos, el "eurocomunismo", el pensamiento de Antonio Gramsci y la política del "compromesso storico"3, la que es "posiblemente lo que provoca el mayor impacto sobre la estremecida conciencia política de la izquierda chilena exiliada"4. Sin embargo, también hay que considerar el interés específico del comunismo italiano por la causa chilena: un interés que iba más allá de las célebres reflexiones de Berlinguer sobre las lecciones que venían del derrocamiento del gobierno de la UP5, y que implicó un constante esfuerzo para influir en el mismo marco político-ideológico en que se desarrollaba la actividad de solidaridad6. Nos proponemos adoptar esta perspectiva, aclarando algunas de sus implicaciones en la política del PCI hacia el exilio.

En la primera sección analizaremos las preocupaciones que engendraba en el grupo dirigente comunista la incipiente vinculación entre las fuerzas de la ultraizquierda chilena e italiana, a raíz de sus implicaciones negativas para la estrategia política de unidad y de acuerdos hacia el centro alentada por el partido en Italia. Luego tomaremos en consideración algunas actividades de solidaridad que tenían directa relación con dos aspectos centrales de esta misma estrategia, el "compromesso storico" con la DC, por un lado, y el interés por un acercamiento entre las dos grandes familias del socialismo europeo, la comunista y la socialdemócrata, por el otro. En la segunda sección, pondremos la atención en la iniciativa de la "Conferencia paneuropea de solidaridad con Chile", que tuvo lugar en París en julio de 1974, con la participación conjunta de representantes de casi todas las fuerzas del movimiento obrero continental, asociando partidos comunistas del este y del oeste, junto con partidos miembros de la Internacional Socialista. En la tercera sección trasladaremos el foco hacia la relación privilegiada que el partido estableció con algunos de los sectores políticos del exilio más interesados en implementar un diálogo con los democratacristianos chilenos, el MAPU-Obrero Campesino y la revista Chile-América. Por último analizaremos algunos de los límites con que chocó la viabilidad de esta política.

La periodización indicada merece una breve consideración. El año 1977 representa una solución de continuidad por la convergencia de factores que tuvieron un efecto importante sobre el fenómeno que es el objeto de este estudio. En Italia es el año que ve aparecer las primeras señales de agotamiento del empuje comunista, debido a las dificultades generadas por la asunción de responsabilidades de dirección política en la fase de la llamada solidaridad nacional. Por lo que se refiere a la situación de la izquierda chilena, es el año en que llegan, durante el pleno del comité central de agosto, las primeras señales del giro estratégico emprendido más adelante por el PC de Corvalán, con la adopción de la política de rebelión popular de masas, y corresponde, en grandes líneas, al período en que la socialdemocracia europea empieza a impulsar una serie de iniciativas sobre Chile que, al romper con la práctica predominante en los años anteriores, parecen proponer objetivos políticos concretos. Todo esto en una fase crítica del contexto internacional en que la elección de Carter anunciaba un cambio fundamental en la política adoptada por la Casa Blanca hacia el régimen militar chileno y era, al mismo tiempo, antecámara de aquella vuelta a la guerra fría que habría caracterizado el período entre el final de la década de los setenta y los primeros años de la siguiente. Se agotaba, progresivamente, el clima que había favorecido, a partir de 1973, la anómala e inédita colaboración entre comunistas y socialistas europeos, en nombre del antifascismo, sobre el caso de Chile.

Con este trabajo quisiéramos, en primer lugar, entregar una contribución a la investigación sobre el exilio, en particular a aquella vertiente de estudios que se ha centrado en la reconstrucción de las vinculaciones entre las organizaciones de los exiliados y el mundo político de los países anfitriones7. Cabe destacar cómo en el cuadro general de los estudios, la historia política está todavía atrasada, mientras abundan los trabajos que desde diferentes enfoques disciplinarios se han centrado en lo vivido del exilio, su memoria y sus aspectos psicológicos y culturales8. Junto a trabajos que se han enfocado en el caso particular de algunos lugares del exilio, cabe señalar la producción de memorias y ensayos de muchos dirigentes de la izquierda, algunos de los cuales -si bien no necesariamente focalizados exclusivamente o prioritariamente en el exilio- proporcionan múltiples informaciones sobre las actividades del quehacer político de aquellos años y a menudo han abordado el tema de la influencia ejercida por la socialdemocracia y el "eurocomunismo"9. Nos proponemos dar un aporte historiográfico a estas reflexiones acerca del exilio como momento crítico de lo que fue el proceso de transformación política que ha vivido la izquierda chilena, llevándola a la renovación de los ochenta.

El fenómeno del exilio chileno ha abarcado numerosos países a lo largo de todos los continentes y se ha cruzado con los grandes procesos históricos de los últimos tres lustros del "siglo breve", terminando en el mismo momento en que se venían abajo los ladrillos del muro de Berlín. Durante estos años, muchos militantes de los partidos de la izquierda chilena vivieron una experiencia que los empujó a una revisión más o menos radical a nivel de teoría, práctica y estilo político. En algunos casos esta experiencia fue la decepción generada por la oportunidad de conocer desde adentro las contradicciones del mundo comunista, el que habían considerado el "paraíso" de la utopía realizada. Para otros fue el contacto con una realidad diferente, como era la del movimiento obrero de los países de Europa occidental, que cambió su mirada hacia la política. El "eurocomunismo" operó como una suerte de puente, permitiendo a esta migración ideológica un camino menos dificultoso.

Exiliados chilenos en la Italia de Berlinguer

Como hemos adelantado, el contacto directo creado por el exilio entre las izquierdas italiana y chilena correspondía a una época de auge -y de gran visibilidad internacional- en la trayectoria del PCI, que avanzaba sus credenciales como fuerza de gobierno en un país perteneciente a la OTAN y que se proponía, al mismo tiempo, como principal componente del "eurocomunismo", suerte de alianza de los principales partidos comunistas del occidente europeo, partidarios de un nuevo modelo de comunismo basado en los principios de la democracia plural10. Estos planteamientos dejaron una huella profunda en sectores de la izquierda chilena, convergiendo con procesos que le eran específicos y autónomos: el eurocomunismo, estimulando el abandono de viejos paradigmas ideológicos y el compromesso storico, alentando la tendencia a buscar el encuentro con la DC. Simultáneamente, la moda que llevó a muchos dirigentes en el exilio a interesarse por el pensamiento de Antonio Gramsci favoreció la integración de este equipaje teórico al debate que llevaría a la renovación socialista11. Si bien es cierto que estos fenómenos obtuvieron la atención y alimentaron el interés incluso de quienes se encontraban en el exilio en otros países y de intelectuales que operaban desde el interior -tales como Enzo Faletto, Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulian-, hay que destacar la existencia, para los que se encontraron en Italia entre los años 1973 y 1977, de un factor adicional: el clima político que la misma campaña de solidaridad con Chile contribuía a consolidar, cómo el PCI traducía su arsenal teórico y los debates que esta política, a su vez, suscitaba en la sociedad italiana. Era esta la dimensión en que se había concretado la soldadura con la cuestión chilena, es decir, la promoción en Italia de un diálogo que había faltado en Chile.

Era con estos problemas bien claros, basándose en un seguimiento continuo que se había hecho de los acontecimientos chilenos y a raíz de una decisión de la dirección del partido, que Berlinguer, inmediatamente después del golpe, había aprovechado la ocasión para proponer a la opinión pública una idea ya madurada a la luz de los límites y condiciones de la situación italiana. La de un compromesso storico entre las principales subculturas políticas nacionales -la comunista, la socialista y la democratacristiana- con el fin de crear una área de consenso suficientemente amplia para neutralizar los peligros de un giro autoritario que amenazaban al país a partir del fin de los años sesenta, con el estrago de Piazza Fontana en Milán (1969) y el fracasado golpe del príncipe Junio Valerio Borghese (1970). Esta, según Berlinguer, habría sido la única posibilidad para promocionar una obra de auténtica renovación del tejido socioeconómico del país y transbordar a la democracia italiana fuera de la crisis económica y de inestabilidad institucional en que se encontraba. La propuesta llegó a la opinión pública bajo la forma de una serie de ensayos escritos por el líder comunista, publicados en la revista del partido Rinascita, y significativamente titulados "Riflessioni sull'Italia dopo i fatti del Cile":

"Hoy la experiencia chilena nos confirma en esta convicción, que la unidad de los partidos de los trabajadores y de las fuerzas de la izquierda no es condición suficiente para garantizar la defensa y el progreso de la democracia en donde a esta unidad se contrapone un bloque de partidos que se ubica desde el centro hasta la extrema derecha"12.

Ya estos ensayos, en sí mismos, tuvieron un papel importante al inspirar el debate de los chilenos que llegaron a Italia y marcaron de forma decisiva su contacto inicial con la lectura de Gramsci13, durante los que fueron años de gran éxito editorial y de polémicas político-teóricas sobre la herencia del padre del PCI14. No menos importante fue el hecho de que el mismo esfuerzo de movilización solicitado al aparato por el grupo dirigente fuera a su vez inspirado por la explícita voluntad de respaldar esta propuesta, promoviendo un clima de rechazo unitario al fascismo y de respaldo a los valores fundantes de la República nacida en 1945, que habría servido de premisa para la legitimación del PCI como fuerza democrática de gobierno. Este fue el clima que acogió a los exiliados en Italia. Sin embargo, como recuerda Luis Guastavino, representante del PCCh en Chile Democrático a partir del año 1974, estos se encontraron a su vez teniendo una función activa:

"El exilio chileno en Italia, no tanto el golpe, fue un factor de realización democrática y antifascista de la inmensa mayoría del pueblo italiano, porque distinto es que tú recibas la noticia de un golpe militar en un país, aunque sea muy querido y aunque la causa que se está jugando en este país sea de mucho aprecio para ti, de que de este país lleguen a tu territorio miles de exiliados, todos protagonistas de alguna u otra manera de los sucesos que habían acaecido y algunos de ellos con roles protagónicos muy importantes en la política chilena, actores de muy primera fila"15.

La acción de solidaridad fue pensada como una prioridad de política interna. A partir de la mañana del 12 de septiembre, en que la dirección del partido se enfrentó a las implicaciones del golpe, comenzó un intenso esfuerzo organizativo y propagandístico, enteramente inédito para un acontecimiento tan lejano16. No parece ajeno a esta estrategia el mismo hecho de que se aceptara recibir en Italia la oficina de coordinación de la solidaridad internacional, el comité de "Chile democrático", aunque probablemente sin evaluar con profundidad las consecuencias y los recursos que esta opción implicaría.

De hecho, la decisión de establecer el "centro externo" en Roma ya había sido evaluada y tomada con anterioridad a la reunión de la UP y del MIR en La Habana que la propone oficialmente17. La oposición a la junta militar de Santiago había dado las primeras señales de vida en Roma cuando un grupo de representantes de la Unidad Popular -quienes al momento del golpe se encontraban en el extranjero-, guiados por Volodia Teitelboim, se reunía el 18 de septiembre para hacer un llamado a todas las fuerzas democráticas del mundo en contra de los crímenes de los militares golpistas. En los días siguientes estos se encontraron con los exponentes del mundo político de la izquierda italiana, incluido Berlinguer, con quienes se pusieron de acuerdo para constituir en Roma una oficina permanente de coordinación e información de UP a nivel europeo occidental18. Ya a comienzos del mes de octubre, el encargado de negocios de la Embajada chilena, Sergio Pizarra MacKay, advertía al Ministerio de Relaciones Exteriores de que en Roma se estaba construyendo la central de la "resistencia exterior":

"Esta consistiría en un tipo de organismo integrado por ex funcionarios y dirigentes del régimen de la Unidad Popular que se encuentran en Europa, y cuyo objetivo principal sería el obtener apoyo político y económico para la resistencia armada en Chile. El primer fin se lograría utilizando profusamente la eficiente maquinaria política y sindical de los partidos marxistas del continente los cuales, en aquellos países en que integran el Gobierno -como es el caso de Italia (PSI)- harían presión sobre el mismo para impedir un reconocimiento o dificultar al máximo las relaciones bilaterales; en los países en que estos partidos forman parte de la oposición, la presión se haría a través del campo sindical y de movilización de masas -como es el caso de Francia- y a través de intensas campañas de prensa en las que se exagera o falsea desmesuradamente nuestra realidad nacional"19.

En noviembre Jorge Arrate llegaba a Roma procedente desde Buenos Aires, para asumir la secretaría ejecutiva del organismo, ubicado en el segundo piso de un palacio del centro de la ciudad, en Largo Torre Argentina, junto a la Associazione nazionale Italia-Cile, organización integrada por partidos de la izquierda, sindicatos e ilustres personalidades italianas y dirigida por el intelectual comunista Ignazio Delogu.

Muchas actividades en los años siguientes lograron poner la lucha del pueblo chileno al centro de la atención pública: recordemos la serie de masivas celebraciones que en 1974 acompañaron al aniversario del golpe; los festivales de teatro y cine chileno en la Bienal de Venecia; la Semana de la cultura chilena, organizada entre el 3 y el 8 de diciembre de 1974 en la región de Umbría; las campañas de boicot del cobre y de la final de Copa Davis de 1976 entre Italia y Chile; el Encuentro internacional de la juventud para Chile, entre los días 6 y 8 de mayo de 1977 en Milán; y la conferencia internacional "Ciudades del mundo por la libertad de Chile", el 21 y el 22 de enero de 1978 en Florencia. Todas estas actividades se cruzaron con acontecimientos clave de la vida política italiana, tales como la victoria del frente laico en el referéndum sobre el divorcio en 1974; la gran avanzada del PCI en las elecciones administrativas de junio de 1975 (33,4%) y políticas de junio de 1976 (34,4%) y el asesinato del presidente de la DC, Aldo Moro, por mano del grupo terrorista Brigadas Rojas, en mayo de 1978, durante la fase de la llamada "solidaridad nacional".

Esta última experiencia marcó el fin de una época. Entre los años 1976 y 1979 una serie de gobiernos guiados por el democratacristiano Giulio Andreotti contaron en un primer momento con las abstenciones y luego con el voto favorable de todos los partidos del llamado Arco Constitucional (democratacristianos, socialistas, socialdemócratas, liberales y comunistas), una experiencia a la cual el PCI entregaría su contribución, sacrificando parte del consenso y credibilidad gozadas en los años anteriores, en pro de los planes de austeridad del ejecutivo y la lucha contra el terrorismo de las BR20.

Fuerzas solidarias: las autorizadas y las no autorizadas

De la documentación conservada en los archivos del Partido Comunista, emergen claramente las que fueron las principales preocupaciones en el transcurso de esta campaña: la búsqueda de un vasto consenso antifascista funcional a una política de corte unitario hacia socialistas y el mundo católico y la necesidad de neutralizar a todo adversario que surgiera a la izquierda del partido. Por lo que concierne al plan interno, el grupo dirigente había tomado en cuenta desde el día del golpe la exigencia de orientar el contenido de las iniciativas, deteniendo las tendencias que apuntaban a sacar una lección diferente a la propuesta por Berlinguer de lo ocurrido tras la cordillera, y había instruido en este sentido a su aparato en todo el territorio nacional21. Utilizando la posición hegemónica que el partido tenía en la Associazione Italia-Cile, se hizo un esfuerzo consciente y sistemático para determinar la amplitud y naturaleza de las fuerzas que estaban, por así decirlo, "autorizadas" a participar. Naturalmente, junto a las presiones ejercidas sobre el gobierno de centro-izquierda para pronunciarse ante el drama del pueblo chileno, no reconocer a la Junta y conceder recepción y ayuda a sus opositores, una preocupación clave del PCI fue la de fomentar el compromiso de la DC italiana en las actividades que se iban desarrollando22. En el caso de la misma Associazione Italia-Cile, se pensaba no solo en una participación democratacristiana a nivel de partido -solo se lograrían colaboraciones de exponentes del DC a nivel individual-, sino también en la posibilidad de tener a uno de sus exponentes ilustres como presidente. Los documentos dejan constancia de que se mencionaron con este propósito algunos posibles nombres, como el de Giovanni Gronchi, ex Presidente de la República, y el del futuro secretario del partido, Benigno Zaccagnini, y que la misma designación de los representantes comunistas en el comité habría podido asumir un perfil más calificado, en caso de una respuesta positiva de la DC a la invitación a participar como partido23.

Por otro lado, a pesar de todos los esfuerzos para contenerla, fue especialmente fuerte la preocupación suscitada por la ofensiva que venía de la izquierda más radical, una constante en la evaluación previa de toda iniciativa a tomar. Junto a los numerosos grupos extraparlamentarios que se formaron en el bienio de la gran protesta estudiantil de los años 1968-1969, tales como Lotta Continua, Potere Operaio y Avanguardia Operaia, es necesario mencionar al grupo del Manifesto, nacido a fines de los años sesenta, a raíz de la expulsión de un grupo de dirigentes del comité central del partido (Rossana Rossanda, Luigi Pintor y Aldo Natoli), quienes se habían acercado a posiciones "filo-chinas" y contestatarias. Estos sectores se declaraban simpatizantes de la línea del MIR y tomaban la lección chilena para atacar la estrategia del compromesso storico, pues la consideraban la prueba definitiva del oportunismo del PCI y de su traición a los ideales revolucionarios. Pronto en las manifestaciones para la solidaridad con Chile se crearon dos facciones, la de los que gritaban "Cile libero" y la de los que gritaban "Cile Rosso". Varios volúmenes publicados en aquellos años dieron voz a este tipo de planteamiento, haciendo hincapié en la inviabilidad de una estrategia legalista, como la que habían indicado los comunistas chilenos durante el régimen de la UP, en la imposibilidad de cualquier forma de diálogo con la DC -italiana o chilena- y hasta en el papel "ideológico" que esta última habría tenido al crear las condiciones para el golpe24.

La situación se complicó aún más con la llegada de los exiliados chilenos. Detrás de la retórica de la solidaridad, parece que la cohabitación entre dos mundos tan diferentes fue difícil, sobre todo en los primeros meses, cuando los huéspedes se mostraron más sensibles al discurso de los extraparlamentarios que al de los comunistas, en aquel entonces comprometidos en demostrar moderación y sentido de la responsabilidad a la opinión pública nacional. A fines de enero -mientras los partidos de la UP se reunían en la Alemania Democrática para enfrentar, entre otras cuestiones, el mismo asunto de la organización de la oficina al exterior de Chile Democrático- los responsables de la sección de asuntos exteriores (sezione esteri) del PCI informaban a la secretaría sobre la caótica situación que se había creado25. Los acuerdos tomados con los chilenos eran que el comité romano habría sido integrado por solo tres o cuatro funcionarios y que, basándose en las garantías de Volodia Teitelboim y Beatriz Allende, luego de una ayuda inicial de la parte italiana, habría gozado de formas de autofinanciamiento. Sin embargo, según el informe de la sección de asuntos exteriores, la situación se había complicado cuando todos los partidos de la ex UP habían solicitado contar con uno o dos funcionarios cada uno, haciendo crecer desmesuradamente la orgánica de Chile Democrático. Además de que pasados tres meses, los responsables "no habían sido capaces de presentar un balance financiero y habían seguido, al día, con la contribución de la Associazione Italia-Cile"26.

Los problemas políticos eran aun más agudos. El grupo que se encontraba en aquel entonces en Roma estaba compuesto por representantes de la izquierda más radicalizada, que, según el informe, con el representante del PCCh en posición de minoría, actuaban de manera indisciplinada, planteaban peticiones económicas inaceptables y ponían en crisis el sentido que el partido pensaba darle a esta masiva obra de solidaridad, invitando constantemente elementos indeseables a sus actividades:

"En todas las iniciativas llevan adelante y con regularidad la idea de que tienen que ser unitarias, con todos los partidos y los movimientos, es decir, incluso con el Manifesto, Lotta Continua, Avanguardia Operaia y afines [...] pretenden imponernos incluso lo que tendremos y no tendremos que hacer en Italia, cómo y con quién [...] los socialistas chilenos y el representante de la izquierda cristiana (un personaje muy ambiguo que se dice comunista y siempre está con los extraparlamentarios) tienen regulares encuentros con los gruppetti27 y se puede fácilmente imaginar lo que pasaría si estuvieran en Roma incluso los dirigentes del MAPU (el secretario Aquevedo es un mirista) y del MIR. Por estas razones (trato de imaginar lo que podría pasar en campaña electoral con estos huéspedes turbulentos, confundidos, anticomunistas, en muchos casos provocadores e instrumentalizados) y otros más, que demoraría demasiado escribir, y que puedo referir a voz, que conciernen a la actitud de muchos prófugos (en particular del MIR, socialistas o trotskistas) que encuentra alimento y complaciente comprensión por parte de estos dirigentes. Creo que el PCI tiene que reexaminar su actitud hacia la ayuda para los compañeros chilenos, aclarar y definir los límites de tal ayuda, ante todo con los cama-radas del PCCh, luego con los otros partidos de UP"28.

Esta clase de preocupaciones interesó incluso a la iniciativa del senador de la izquierda independiente Lelio Basso para crear en noviembre de 1973 el Tribunal Russel II, el que, retomando el trabajo del Tribunal Russell creado en 1966 para indagar sobre los atropellos a los derechos humanos en Vietnam, se ocupara de establecer modos y criterios para emitir una suerte de juicio moral sobre la violación de estos mismos derechos por parte de los regímenes militares de América Latina29. El partido respaldó la iniciativa, no obstante las no pocas dudas acerca de los vínculos que Basso tenía con la extrema izquierda y su disponibilidad a entregarle derecho de palabra (preocupación constante en la colaboración entre las dos partes en toda iniciativa de solidaridad con los pueblos del tercer mundo)30. Durante la sesión que tuvo lugar entre el 30 de marzo y el 6 de abril de 1974 en Roma31, los delegados comunistas convencieron a Basso de interrumpir la proyección de una película realizada por un cineasta cercano a Lotta Continua, llegándose a un choque físico entre exponentes de ese grupo y el servicio de orden prestado por el mismo PCI. Incluso en este caso, los representantes de la sezione esteri en el evento, tuvieron que lamentar el escaso compromiso de los chilenos, que "habían dejado todo en las manos de notorios extremistas" manejados por el MIR, Lotta Continua y otros grupos32.

La conferencia paneuropea de París y la búsqueda de un nuevo frentismo

No obstante las dificultades generadas por la situación que se vivía en aquel entonces en Italia, caracterizada por el choque entre "extremismos opuestos", se podría decir que el contexto internacional en que se desarrolló la campaña contra el régimen de Pinochet, entre los años 1973 y 1977, se demostró plenamente funcional a la estrategia del PCI. La misma adopción en 1974 de la política del frente antifascista con la DC, por parte de las fuerzas de la izquierda chilena, connotaba políticamente de manera implícita a la mayoría de las iniciativas oficiales de la campaña, no obstante que estas fuesen inspiradas en el propósito de los anfitriones de no intervenir en los asuntos de la izquierda chilena y de limitar la ayuda a cuestiones relacionadas a la defensa de los derechos humanos y al aislamiento de la Junta. La misma naturaleza y amplitud de las fuerzas que participaban en la campaña asumía un particular valor político, por el simple hecho de reunir a una variedad de gobiernos, partidos y organizaciones que normalmente eran separadas por la lógica de la guerra fría. El primer acto oficial de la movilización, la "Conferencia internacional de solidaridad con el pueblo de Chile", que tuvo lugar en Helsinki los días 29 y 30 de septiembre de 1973, reunió en la misma sala a participantes que provenían de ambos lados de la cortina de fierro y, a este respecto, estableció un cuadro de referencia que se consolidaría en el breve y mediano plazo, que parecía despertar el espíritu de la época de los frentes populares, de la movilización internacional en favor de la España republicana y de la resistencia contra el nazi-fascismo. Esto hizo que Chile se transformara en la única gran causa política compartida por los dos principales filones de la izquierda europea en la posguerra, produciendo, por lo menos entre 1973 y el giro al escenario internacional producido en los años del mandato de Jimmy Carter, una parcial ruptura de lealtad de la socialdemocracia y de muchos gobiernos europeos hacia EE.UU. Si bien en cierta medida la situación remitía a un proceso más general de progresiva emancipación económica y política de la Europa comunitaria respecto a Washington -que ya se manifiesta con relación a Chile en el período 1970-1973, cuando el escenario político del viejo continente no se había alineado con la aversión ideológica y con las preocupaciones estratégicas de Nixon y Kissinger- también tenía relación con una tendencia general de muchos partidos socialistas y socialdemócratas a vivir una suerte de vuelta hacia la izquierda.

En particular en Francia, la creación en el año 1972 de la Union de la Gauche entre los comunistas liderados por Georges Marcháis, los socialistas de Francois Mitterrand y los radicales de izquierda de Robert Fabre, sobre la base de un ambicioso programa común de nacionalizaciones, marcaba lo que asumía los rasgos de un nuevo frentismo. Era una experiencia que a su vez parecía alentar la hipótesis contextualmente formulada por Berlinguer de crear en Europa occidental, basándose en las fuerzas de su movimiento obrero y en los espacios de autonomía que parecía abrir el proceso de integración económico-política, el centro de agregación de diferentes fuerzas partidarias de lo que el secretario general del PCI definía como un nuevo "rinascimento socialista"33. A esta perspectiva se asociaba una apertura hacia la socialdemocracia, a la cual había ya ofrecido una primera oportunidad la Ostpolitik del canciller alemán Willy Brandt, cuando los comunistas italianos habían establecido vínculos con la SPD y se habían desempeñado en el papel de intermediarios entre esta y la SED de Alemania Oriental34.

Ya en víspera del experimento allendista y durante su transcurso, los comunistas italianos miraron favorablemente la presencia de la Internacional Socialista entre sus partidarios: incluso habían ofrecido a Allende su intermediación para establecer vínculos entre PSCh y SPD, juzgando muy duramente la reticencia demostrada por los socialistas chilenos35. En los meses siguientes al golpe, se inspiró en esta visión la principal iniciativa de envergadura internacional pensada y organizada por las izquierdas italianas y francesas, la de una "Conferencia paneuropea de solidaridad con Chile", que tendría lugar en París los días 6 y 7 de julio de 1974. La correspondencia conservada en los archivos nos permite ver con claridad cómo los organizadores actuaban de acuerdo a sus intereses políticos36. En las palabras usadas por el secretario del comité central del PCF, Gastón Plissonier, en una carta al comité central del PCI el 18 de junio del 1974: "II s'agirait en effet d'une manifestation tout a fait exceptionelle [...] elle reunirait pour la premiere fois dans la méme enceinte les forces communistes et un grand nombre des forces socialistes de toute l'Europe"37.

La idea inicial, en los planes de los organizadores italianos y franceses, era organizar la conferencia en Roma. Sin embargo, por "razones de actualidad política" -con toda probabilidad relacionadas al compromiso de los partidos italianos en la campaña para el referéndum sobre el divorcio que, el 12 de mayo, habría marcado otro espectacular avance de la izquierda- se había decidido de que era mejor tenerla en París. En contacto continuo con la Associazione Italia-Cile, a través de una serie de reuniones en las dos capitales, el Collectif National Solidarité-Chili38 se comprometió en la organización del evento durante los primeros meses del año 1974, hasta que la muerte del Presidente de la República Georges Pompidou, el 2 de abril, habría obligado a dejar de lado la iniciativa, retomándola en junio, luego de las elecciones presidenciales en que Valery Giscard D'Estaing (50,8%) ganó por muy poco a Mitterrand (49,2%).

En el ámbito formal, los objetivos de la conferencia estaban limitados a las líneas directivas generales establecidas en la Conferencia de Helsinki, es decir, a la denuncia de la represión, a la petición de la liberación de los presos políticos, del fin del estado de guerra y de los juicios sumarios, de la concesión de salvoconductos a los refugiados en embajadas y del restablecimiento de las libertades civiles y democráticas, con la premisa de "evitar que cualquier fuerza proponga un análisis sobre la estrategia a seguir, antes, durante y después del golpe, la política de la resistencia, etc.".

En realidad, la conferencia asumió un implícito significado político para Europa más que para Chile, determinado por las características del conjunto de fuerzas que los organizadores trataron de juntar. En un primer momento, los partidos franceses se "dividieron el trabajo" para tomar los contactos con los afines de otros países del continente. Mientras el PS se comprometía a garantizar el interés de la Internacional Socialista y de sus miembros, el PCF enviaba a Jean Kanapa a hablar con Boris Ponomariov a Moscú para obtener la participación del PCUS y de los partidos comunistas de los países satélites, que -como ya lo habían hecho en Helsinki- no menospreciaron la posibilidad de juntarse, en el contexto de una retórica genéricamente antifascista, con los que siempre habían considerado "renegados" socialdemócratas.

Sin embargo, este método de invitación terminó suscitando perplejidades cuando el PSU indicó como sus afines italianos al Manifesto y al minúsculo Partito di Unitá Proletaria (PdUP) y se encontró con la intransigente oposición de comunistas franceses e italianos. Los segundos propusieron entonces de cambiar el método a seguir:

"a) Considerar al comité Italia-Cile como el interlocutor válido para asegurar una amplia participación italiana.

b)    Excluir a las organizaciones (tales como "Manifesto" y PdUP) que no participan en el comité italiano.

c)    Invitar al comité como tal, porque la invitación a organizaciones particulares (por ejemplo, a la secretaria de la DC) podría llevar a un rechazo. Tómese en cuenta que la conferencia es paneuropea, es decir, con la participación de los países socialistas.

d)    La invitación al PCI y al PSI se puede hacer, pero la delegación italiana será preparada por el comité"39.

Por otro lado, el comité francés y el secretario de la Associazione Italia-Cile, Ignazio Delogu, pidieron al PCI que se comprometiera para tratar de ganar la participación de la SPD alemana y la de exponentes del mundo católico. Esto parece expresar un interés común a todos los organizadores que, sin embargo, juzgando por la lista de los participantes, no tendría éxito40. El lanzamiento de la iniciativa tuvo lugar el 19 de junio, con una conferencia de prensa de todos los líderes de la izquierda francesa: Francois Mitterrand, Georges Marcháis, Robert Fabre por el MRG, Robert Chapuis por el PSU, Georges Seguy por la CGT, Edmond Maire por la CFDT y James Marangé de la Federation de l'Education Nationale (FEN). La conferencia tuvo lugar en la capital francesa los días 6 y 7 de julio, con agenda limitada a tareas de solidaridad y de condena al régimen militar. Además de la delegación francesa, compuesta por los principales nombres de la izquierda, fueron muy numerosas y bastante calificadas la italiana y la chilena41. Juntos en la misma asamblea estaban los delegados de todos los partidos comunistas del Este y los de casi todos los partidos socialistas y socialdemócratas de la parte occidental del continente, excepto la SPD alemana y la SPÓ austriaca; en particular, asumían relevancia la participación del vicepresidente de la IS, Sicco Mansholt, y la de la nueva responsable internacional del Labour Party británico, Jenny Little. Pocos fueron los representantes del mundo católico, en su mayoría vinculados a sindicatos.

Aunque los intentos políticos de los organizadores tuvieron solo parcial éxito, l'Unitá destacó la importancia política del evento, otorgándole amplia publicidad: "Estos problemas conciernen a toda Europa, en la medida en que la experiencia del gobierno de Unidad Popular, pese a sus límites y debilidades internas, había indicado un camino a seguir a los socialistas, comunistas, a los democráticos europeos"42.

Aldo Tortorella, en su intervención en nombre de la dirección del PCI agradeció a los chilenos "el esfuerzo cumplido para construir la renovación de su patria en el pleno y absoluto respeto de las reglas democráticas" y destacó cómo el trabajo de reflexión que estos habían iniciado después de la derrota le parecía que iba en la misma dirección de lo que habían adelantado las reflexiones de Berlinguer43.

A pesar de todo, este clima neofrentista se agotaría pronto. En los años siguientes, la Internacional Socialista, liderada por la SPD de Helmut Schmidt, tomaría la iniciativa para promocionar, en el caso de Chile, una suerte de compromesso storico sin comunistas y orientar la renovación del socialismo chileno hacia el puerto seguro de la socialdemocracia, usando métodos que ya se habían experimentado con éxito en el caso de las transiciones española y portuguesa, en las cuales había contribuido de manera importante a la consolidación y a los logros electorales de los partidos de Felipe González y Mario Soares44. Un giro progresivo y gradual que corresponde al empeoramiento del cuadro internacional en los años de la llamada "segunda guerra fría"45.

El compromesso storico de los chilenos

El Partido Comunista Italiano, en el trienio 1970-73, había hecho un seguimiento constante de la situación política chilena y Berlinguer había desarrollado sus reflexiones en las páginas de Rinascita basándose, más que en una intuición personal, en lo que era una análisis consolidado y compartido por el grupo dirigente, según el cual las mismas razones que en la situación italiana empujaban al partido hacia un encuentro con la DC, eran consideradas válidas para Chile. A raíz de esta visión, el PCI consideró siempre oportuno hacer todo lo que fomentara las posibilidades de encuentro y diálogo entre partidos de la UP y la DC46. El que fue el más activo de los principales dirigentes del partido hacia la cuestión chilena, Gian Cario Pajetta, hablando frente a una asamblea de dirigentes locales para instruirlos sobre la gran movilización que cada sección local del partido era llamada a activar, dijo: "Es evidente que el problema es si la tarea es la de reconstruir la UP o la democracia chilena. Por lo que hoy parece la situación de Chile, se puede prever la perspectiva de un frente más amplio de Unidad Popular"47.

Aunque este enfoque parece pensado para entregar al partido otra arma útil para la promoción de su interés político, de manera que la causa de Chile se identificara con una batalla común de la izquierda y la DC, en los primeros meses del exilio, el mundo político chileno que se había reunido en Roma parecía muy lejos de encarnar esta perspectiva, siendo la principal excepción en aquel entonces el PCCh. La situación iba a cambiar en los meses y años siguientes, tanto que, como lo expresó Guastavino,

"En Italia tuvimos un equipo de representantes de todos los partidos democráticos, produciéndose un fenómeno político nuevo, que fue que no solo estaban los partidos de la UP, sino que también participó muy activamente en Italia incluso la DC, anticipándose a lo que iba a ocurrir políticamente en futuro"48.

Pronto, en febrero de 1974 -luego de su llegada a Italia, donde lo había invitado el presidente de la Unión Juvenil Mundial DC, Gilberto Bonalumi- se estableció un primer contacto con Bernardo Leighton, con quien el responsable del partido para los asuntos latinoamericanos, Renato Sandri, tenía buenas relaciones desde antaño49. En los meses siguientes el PCI entregaría, por lo menos en más de una ocasión, su contribución financiera a la revista fundada por el mismo Leighton con Julio Silva Solar, José Antonio Viera-Gallo y Esteban Tomic, Chile-América, cuya situación económica era extremadamente crítica, necesitando ayuda por lo menos hasta que no se concretizara, como ellos esperaban, la posibilidad de contar con otras formas de financiamiento desde Holanda:

"En ese momento necesitábamos ayuda económica y, entonces, nos ayudó la DC y nos ayudó también el PCI. Tuvimos incluso una reunión -yo, Leighton, Viera-Gallo- con Berlinguer. La respuesta de los comunistas fue que nos ayudarían siempre que los otros partidos nos ayudaran, es decir, la contribución de la DC nos permitió tener la ayuda del PCI"50.

Según los archivos, en enero de 1975, después de la reunión con el líder comunista citada por Silva Solar en su testimonio, el PCI se orientó a conceder dos millones de liras a fondo perdido, más un préstamo de un millón51 y más tarde aceptó entregar otro millón para permitir el pago del déficit de 4.500.000 de liras a cancelar antes del fin del año52. Lo que más importa, en el contexto de este artículo, es que este aporte y la relación que conllevaba no parecían estar inspirados puramente por un espíritu solidario indiscriminado, y como parece implícitamente destacar la correspondencia entre las dos partes, implicaban más bien una forma de convergencia político-teórica entre el trabajo desarrollado por la revista y la política de este partido. Viera-Gallo escribía en una carta al mismo secretario del PCI: "Más allá de cualquier interés particular, creo oportuno recalcar la importancia que la publicación Chile-América tiene en la convergencia de fuerzas democráticas de distinta matriz ideológica"53. Igualmente, Silva Solar agradeciendo a Berlinguer la ayuda financiera, definía al PCI "uno de los partidos europeos que con mayor lucidez analiza la experiencia chilena" y hacía explícita referencia al planteamiento del compromesso storico: "A través suyo deseamos a su partido el mayor éxito en la creación de condiciones favorables para el progreso de Italia y de su pueblo y en particular para cerrar el paso a las fuerzas latentes del fascismo..."54.

Más allá de estas fórmulas, la consideración de Chile-América hacia la política del PCI queda manifiesta en los artículos que se publicaron en sus páginas, entre estos los que representaron en 1975 las primeras señales del interés que el pensamiento de Antonio Gramsci comenzaba a gozar entre los chilenos: el ensayo de Viera-Gallo "Chile: una crisis en perspectiva" y la sucesiva polémica contribución de Jorge Arrate "Una perspectiva 'gramsciana' en la crisis chilena: notas críticas"55. La misma cuestión del diálogo con el mundo católico, una constante en la elaboración teórica del partido en la segunda posguerra, hasta el compromesso storico y la presentación en sus listas de católicos independientes en 1976, fue objeto de un interesante artículo de Jaime y Clara Rojas, titulado "Católicos y comunistas en Italia: de la resistencia al 20 junio"56.

Otro actor importante en el proceso de la que sería la "renovación socialista" que parece haber sido muy sensible a los planteamientos de los comunistas italianos fue el MAPU-OC. Cuando, en 1975, Jaime Gazmuri salió clandestinamente de Chile para ocuparse de la reestructuración del partido en el exterior y buscar ayudas financieras, quedó muy impresionado por su encuentro con Berlinguer y por el clima político que se respiraba en Italia:

"De toda la Europa occidental, donde se me abren más los ojos es en Italia. Tanto por el Partido Comunista Italiano en sí, como por la actividad intelectual de esos años que giraba en torno del PCI [...] Habíamos conocido poco a los comunistas italianos, pero, desde 1973, gracias al buen funcionamiento de los informes del exterior, de los correos, ya teníamos más informaciones, porque los compañeros de Italia, como José Miguel Insulza o José Antonio Viera-Gallo, tenían una mirada propia sobre las cosas, no eran precisamente unos cuadros burocráticos, y por lo tanto yo llegaba con un prejuicio positivo. Pero me impresionó mucho. Me impresionó el partido, me impresionó el sistema intelectual, me impresionaron las librerías, me impresionaron los temas que se discutían. Muchos tenían que ver con los temas nuestros, porque estaban haciendo toda la elaboración del "compromesso storico": la democracia, el partido, la relación entre la política y la cultura, algunos temas de la construcción de Europa. Ya era evidente la tensión con la Unión Soviética: no había ruptura todavía, pero sí una diferencia notoria. Todo esto sintonizaba mucho con el tipo de inquietudes que nosotros veníamos elaborando, pero los italianos nos llevaban mucha ventaja. Respecto del debate propiamente teórico, en 1975 estábamos todavía muy atrás, aunque en el mismo camino. Yo, por lo menos, me identificaba con esa sensibilidad"57.

Una percepción que -dice Gazmuri- se fortalecería durante su siguiente exilio en Roma, entre 1976 y 197958. El PCI otorgó incluso a la oficina en el exterior del MAPU-OC ubicada en Roma, una pequeña pero constante contribución financiera, a raíz del hecho de que, usando las palabras del responsable de la sezione esteri, Sergio Segre, esta era "la colectividad política más seria entre las de la UP y la única que pueda favorecer con unas probabilidades de éxito el encuentro entre UP y la izquierda democratacristiana chilena"59. Palabras que parecen expresar cierto grado de decepción respecto a otros partidos y, tal vez, incluso respecto a los mismos camaradas del PCCh.

Consideraciones finales: la renovación de la izquierda chilena y los límites del proyecto berlingueriano

El PCI tenía una idea bastante definida de lo que la izquierda chilena necesitaba hacer para ganar su lucha en contra del régimen pinochetista, plenamente convergente con la estrategia que seguía en Italia. No obstante, aunque con estos planteamientos logró efectivamente ejercer una considerable influencia en sectores importantes de la ex UP -que se agregarían al proceso de refundación del socialismo-, cuando estos concretizaran su proyecto de un diálogo con la DC, lo harían de una forma y bajo condiciones muy diferentes de las esperadas e imaginadas.

La viabilidad de un compromesso storico chileno fue condicionado de manera decisiva por el hecho de que las herramientas ideológicas que integraban este tipo de política (gramscismo y eurocomunismo) no tuvieron influencia en el partido hermano -a lo largo de muchos años el principal impulsor de un encuentro con la DC- y solo fomentaron el alejamiento de parte de sus exponentes60.

Receptores de esta influencia fueron más bien otros grupos, tales como aquellos sectores de la izquierda católica, que luego se integrarían al proceso de la "convergencia" socialista, jugando un importante papel teórico-político en la renovación, y de manera paradójica, aquellos mismos socialistas chilenos que los dirigentes del PCI habían considerado, en 1973 y en los años inmediatamente posteriores, poco menos que provocadores. Por otro lado, no obstante que las relaciones entre los dos partidos hermanos siguieran siendo constantes e inspiradas en un mutuo respeto, el siguiente giro del PCCh hacia posiciones bien lejanas de su tradición legalista y de participación democrática sería el principal punto de ruptura con los esquemas que el PCI promocionaba para Italia e imaginaba válidos para Chile, haciendo que, cuando en los años ochenta llegará el momento del diálogo con el PDC, este fuera un diálogo sin comunistas.

Ya a partir del año 1977 las señales de discrepancia asumieron particular fuerza y se hicieron públicas cuando, en el informe al pleno del comité central de agosto de 1977, Luis Corvalán, con sus declaraciones en favor de la dictadura del proletariado, contra la indivisibilidad de la libertad y sobre la necesidad de valorar la componente militar, tomó expresamente la distancia de los eurocomunistas y de las fuerzas de la izquierda chilena que parecían seguir el mismo camino. A decir verdad, esta divergencia había empezado a quedar manifiesta ya algunos meses antes. La liberación de Luis Corvalán, que durante su cautiverio representó una suerte de símbolo de toda la campaña de solidaridad, se transformó en motivo de duras polémicas a raíz de la forma con que tuvo lugar. La noticia del intercambio en el aeropuerto de Zurich, con el que los soviéticos obtuvieron su libertad a cambio de la del disidente Vladimir Bukovsky, suscitó en un primer momento la incredulidad y luego la abierta molestia de los comunistas italianos y franceses, quienes, críticos de los límites a la democracia y a la libertad de expresión en los países socialistas, se manifestaron muy preocupados por la equiparación entre diferentes tipos de regímenes que el paso cumplido por Moscú sugería a la opinión internacional. Marcháis, en particular, habló con tonos duros de "penoso cambio" y de "inaceptable trueque entre un país comunista y un país fascista"61, palabras que causaron las protestas de los chilenos, a través de una declaración pública en que quisieron recordar cómo la URSS en una situación parecida había usado la misma praxis hacia el régimen de Benito Mussolini para liberar a Gramsci62. La visita del secretario del partido chileno a Italia, pocos meses después, entre los días 23 de febrero y 4 de marzo de 1977, creó a su vez no pocas dificultades, no obstante toda la voluntad del PCI para transformarla en una gran ocasión de exaltación de los valores de la lucha antifascista, cuando el famoso huésped, durante la conferencia de prensa final, contestó a unas maliciosas preguntas de los periodistas sobre el cambio con Bukovsky, afirmando que los disidentes soviéticos eran "cuatro gatos"63.

Junto a los elementos de heterogeneidad entre los contextos políticos, hay que tomar en cuenta los límites que pronto manifestará la estrategia del mismo PCI. Es significativo ver cómo en los años siguientes, en el mismo tiempo en que se registra el inexorable declive del partido en términos electorales y de influencia, cambian incluso las vertientes en que la política italiana juega un papel en el proceso de la renovación socialista: el principal cambio de paradigma se relacionará con la influencia de Bettino Craxi -Primer Ministro entre los años 1983 y 1987- impulsor de un nuevo curso socialista, revisionista y pragmático, inspirado en un agresivo anticomunismo64. Sin embargo, ya los dos seminarios de Ariccia sobre "El socialismo chileno: historia y perspectivas" que tuvieron lugar en marzo de 1979 y en enero de 1980, con los cuales dio sus primeros pasos el proceso de la "convergencia" socialista, manifestaron cierta tendencia al agotamiento del modelo berlingueriano. Estos eran el fruto de una iniciativa pensada, pocos meses antes de su muerte, por Lelio Basso, quien apuntaba a enmarcarla en el contexto de un compromiso personal, político-intelectual, para un socialismo revolucionario que fuera autónomo respecto de los grandes centros mundiales de poder65. El foco temático de los seminarios era la cultura socialista chilena, la valorización de sus peculiaridades y diferencias con la del otro gran actor histórico de la izquierda, el comunismo66. Nos parecen muy significativas, en la voluntad de disminuir la relevancia de cierta moda filo-eurocomunista existente entre los chilenos, las palabras que pronunció Raúl Ampuero en su informe introductivo a la primera reunión del seminario:

"Muchos antes de las tesis formuladas por Togliatti en Nuovi Argomenti, ya eran ideas corrientes entre nosotros las de concebir la transición al socialismo como un proceso variado y múltiple, estrechamente condicionado por las características y factores nacionales, lo que inducía a rechazar cualquier patrón único o modelo universal, tanto en la conducción de la lucha por el poder como en la configuración de la nueva sociedad y del Estado"67.

Pese a todo, la política del PCI y los planteamientos teóricos que la acompañaban, han sin duda ejercido una influencia en el proceso de la renovación, pero como una etapa de un camino que por lo menos en la mayoría de los casos ha llegado a la socialdemocracia, jugando el papel que Enzo Faletto atribuye al gramscismo, lo de "puente para introducir una ruptura con el marxismo y a veces con algunos principios básicos del socialismo en general"68. Elemento determinante en crear y consolidar las bases para la imposición de la nueva estrategia socialista para Chile fue la dimensión de las redes internacionales, con su capacidad de entregar ayudas financieras, organizativas y referencias ideológico-políticas concretas y viables. Si el PCI había manifestado interés por influir en el cuadro chileno, no tenía los recursos para competir. El eurocomunismo, una alianza extremadamente débil e inestable entre partidos que lo asociaban a exigencias muy diferentes, a finales de los años setenta ya se había revelado como una alternativa no practicable y había dejado de existir69.

Y sin embargo, a lo largo de los años ochenta, no pocos elementos de corte eurocomunista quedaron en el proceso de "renovación". En muchos aspectos, fue el mismo contexto creado por la socialdemocracia que ha permitido llevar adelante estas posiciones, si bien en un cuadro que se caracterizó en un primer momento por cierta indefinición a nivel ideológico y por una actitud de genérica reevaluación de la experiencia histórica de estos partidos, a la luz de las ayudas que estaban entregando a la causa y de los éxitos logrados en términos de seguridad y derechos sociales en países como Suecia, Alemania o Holanda70. Solo más tarde se llegaría a superar esta ambigüedad y bajo muchos aspectos la izquierda renovada chilena compartiría lo que fue el destino que esperaba al mismo PCI, llevándolo a la imposición efectiva de un enfoque más coherentemente reformista y socialdemócrata que, en ambos casos, tuvo lugar cuando la misma referencia -el conjunto de los partidos socialistas europeos- será objeto, a su vez, de un proceso de crisis y de radical renovación, con la crisis del modelo del Estado de Bienestar y la imposición de las teorías neoliberales como estrella polar de las políticas económicas.

Notas

1 Jean Fourastié, Les treintes glorieuses ou la revolution invisibile de 1946 á 1975, París, Fayard, 1979.        [ Links ]

2 En el centro de Roma se encontraba la sede de Chile Democrático, la oficina coordinadora en el exterior de la izquierda chilena.

3      Véase Katherine Hite, When the romance ended. Leaders of the Chilean left, 1968-1998, New York, Columbia University Press, 2000.

4      Jorge Arrate y Eduardo Rojas, Memoria de la izquierda chilena, Santiago, Ediciones B, 2003, Tomo II, 267-268.        [ Links ]

5      Enrico Berlinguer, "Imperialismo e coesistenza alia luce dei fatti cileni", Rinascita 38, Roma, 28 septiembre 1973, 3-4; "Via democrática e violenza reazionaria", Rinascita 39, Roma, 5 octubre 1973, 3-4; "Alleanze sociali e schieramenti politici", Rinascita 40, Roma, 12 octubre 1973, 3-5.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

6      En Italia -luego de la moda despertada por la causa chilena en los años setenta-, recién algunos trabajos han vuelto a demostrar un renovado interés por la época en que la izquierda local hizo de esta causa un mito propio. Véase, en particular, Santoni, // PCI e i giorni del Cile, op. cit.\ Andrea Muías, Allende e Berlinguer. II Cile dell'Unidad Popular e il compromesso storico italiano, San Cesario di Lecce, Manni, 2005; Raffaele Nocera y Claudio Rolle Cruz (editores), Settantré. Cile e Italia, destini incrociati, Napoli, Think Thanks, 2010. Se señala también el libro de memorias del diplomático que estuvo a cargo de la Embajada italiana en Santiago después del golpe: Tomaso de Vergottini, Cile: diario di un diplomático (1973-1975), Roma, KOINé Nuove Edizioni, 2000.

7      Véase por ejemplo, Roberto Hervas, Les organisations de solidante avec le Chili, Montreal, Les Editions des cinq continents, 2001; Claudia Rojas Mira, "La Casa de Chile en México, 1973-1993", en José del Pozo (coordinador), Exiliados, emigrados y retornados. Chilenos en América y Europa, 1973 a 2004, Santiago, RIL Editores, 2006, 107-126; Fernando Camacho, "La diaspora chilena y su confrontación con la Embajada de Chile en Suecia 1973-1982", en Del Pozo, Exiliados, emigrados y retornados, op. cit., 37-61; Michael D. Wilkinson, "The Chile solidarity campaign and British Government policy towards Chile, 1973-1990", Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 52, Amsterdam, June 1992, 57-74; Jost Maurin, "Flüchtlinge ais politisches Instrument -Chilenische Emigranten in der DDR 1973-1989", Totalitarismus und Demokratie 2:2, Dresden, 2005; Margaret Power, "The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s", Latin American Perspectives 36:6, Riverside, November 2009, 46-66; Fernando Montupil (editor), Exilio, derechos humanos y democracia: El exilio chileno en Europa, Brussels-Santiago, Casa de América Latina y Servicios Gráficos Caupolicán, 1993; Fernando Camacho, Suecia por Chile. Una historia visual del exilio y la solidaridad, 1970-1990, Santiago, Lom ediciones, 2009; Gustavo Mártin Montenegro, La campaña de solidaridad con Chile en Australia, 1973-1990: memoria histórica sobre el movimiento de solidaridad australiano con Chile durante la dictadura militar, s.l, s.n, 200? (también disponible en www.solidaridadconchile.org, 26/10/10); Thomas C. Wright y Rody Oñate Zúñiga, "Chilean Political Exile", Latin American Perspectives 3A:A, Riverside, July 2007, 31-49.

8      Loreto Rebolledo, Memorias del desarraigo: testimonios del exilio y retorno de hombres y mujeres de Chile, Santiago, Editorial Catalonia, 2006; Anne-Marie Gaillard, Exils et retours. Itinéraires chiliens, París, L'Harmatann, 1997; Claudio Bolzman, Sociologie de l'exil: une aproche dynamique. L'exemple des refugies chiliens en Suisse, Zurich, Editions Seismo, 1996; Alejandro Bustos Cortés, Chilenos en España. Nostalgia entre dos culturas, Antofagasta, Editorial Universidad de Antofagasta, 2000; Diana Kay, Chileans in Exile: Prívate struggles, public lives, Londres, The MacMillan Press, 1987; José del Pozo, Les Chiliens au Quebec. Immigrants et refugies, de 1955 a nos jours, Montreal, Boreal, 2009; Katia Reszczynski, María Paz Rojas y Patricia Barceló, "Un millón de Chilenos. Exilio: Estudio médico-político", Araucaria de Chile 8, Madrid, 1979, 109-128; Ana Vásquez y Ana María Araujo, La maldición de Ulises. Repercusiones psicológicas del exilio, Santiago, Editorial Sudamericana, 1990; Ana Vásquez, "Les avatars de l'identité culturelle étudiés chez des exiles politiques", L'homme et la societé 83, París, 1987, 28-40.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

9 Véase, en particular, Arrate y Rojas, op. cit., 258-284; Orlando Millas, La alborada democrática en Chile. Memorias. Vol. IV: 1957-1991, una digresión, Santiago, CESOC, 1996, 115-186; Jaime Gazmuri y Jesús Manuel Martínez, El sol y la bruma, Santiago, Ediciones B, 2000, 223-259; Ernesto Ottone y Sergio Muñoz Riveros, Después de la Quimera, Santiago, Random House Mondadori, 2008, 61-70; Carlos Orellana, Penúltimo informe. Memoria de un exilio, Santiago, Editorial Latinoamericana, 2002.

10 En Italia tiene particular relevancia, al día de hoy, el debate entre diferentes sensibilidades de la izquierda ex comunista sobre esta época y el legado del liderazgo de Enrico Berlinguer, debate que ha ocupado en particular un espacio importante en las memorias escritas por muchos dirigentes de la época: Luciano Barca, Cronache dall'interno del vértice del PCI, Soveria Mannelli, Rubbettino, 2005; Giorgio Napolitano, Dal PCI al socialismo europeo. Un'autobiografía política, Roma-Bari, Laterza, 2006; Emanuele Macaluso, 50 anni nel PCI, Soveria Mannelli, Rubbettino, 2003; Miriam Mafai, Dimenticare Berlinguer. La sinistra italiana e la tradizione comunista, Roma, Donzelli Editore, 1996; Antonio Rubbi, // mondo di Berlinguer, Roma, L'Unitá, 1994. En lo que concierne al aporte científico de historiadores cercanos al área ex-PCI, tienen particular importancia los trabajos de Silvio Pons, Berlinguer e la fine del comunismo, Torino, Einaudi, 2006 y Francesco Barbagallo, Enrico Berlinguer, Roma, Carocci, 2006.

11     Con relación al debate abierto por la recepción del gramscismo en la izquierda chilena hay que recordar el Simposio Internacional "Vigencia y legado de Antonio Gramsci", organizado por el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL) con el patrocinio del Instituto Gramsci, Santiago, 25-31 mayo 1987, que contó con la participación, entre otros, de Antonio Leal, Sergio Vuskovic y Osvaldo Fernández: Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, Roma, Claudio Salemi Editore, 1987. Véase también, Rolando Alvarez y Jaime Massardo, Gramsci. A 70 años de su muerte, Santiago, Ariadna, 2008.

12 Berlinguer, "Alleanze sociali e schieramenti politici", op. cit.

13  Jorge Arrate afirma al respecto que, "en el exilio chileno, primero en el italiano, la lectura de Gramsci fue fuertemente impulsada e intermediada por el planteamiento de Berlinguer que terminaba su famoso opúsculo sobre Chile convocando a un compromiso histórico entre cristianos y marxistas, entre la Democracia Cristiana y la izquierda italiana". Jorge Arrate, "Apuntes para una memoria y sucintas reflexiones sobre qué hacer", en Alvarez y Massardo, op. cit.

14    Guido Liguori, Gramsci conteso. Storia di un dibattito 1922-1996, Roma, Editori Riuniti, 1996,153-197.        [ Links ]

15    Testimonio de Luis Guastavino al autor, Santiago, 5 de mayo de 2009.

16    Riunione della direzione del PCI (12 settembre 1973), en Fondazione Istituto Gramsci, Archivio PCI (en adelante APC), 1973 III, Direzione, 047, 331-351.

17    Arrate y Rojas, op. cit., 262.

18    Proposte di Sandri (26 settembre 1973), en APC, 1973 III, Estero, Associazioni di amicizia, 048, 708-716; Fondazione di Studi Storici Filippo Turati, Fondo Partito Socialista Italiano (en adelante PSI) - Direzione Nazionale, Serie 11: Sezione Internazionale, Sottoserie 4: Paesi esteri, 23. Cile (11 settembre '73 colpo di stato) Evidenza, 1973, 191-194.

19    Ministerio de Relaciones Exteriores, Gobierno de Chile, Archivo General Histórico (en adelante MRE), Embajada de Chile en Italia, R, confidencial, N° 654/32, 4 de octubre de 1973.

20    Gerardo Chiaromonte, Le scelte della solidarietá democrática. Cronache, ricordi e riflessioni mi triennio 1976-1979, Roma, Editori Riuniti, 1986.        [ Links ]

21     Riunione dei segretari dei comitati regionali, allargata ai capigruppo regionali e ai presidenti delle regioni rosse (27 settembre 1973), APC, 1973 III, Segreteria, 047, 645-650.

22    Raffaele Nocera, "II governo italiano e la DC di fronte al golpe cileno", Nuova Storia Contemporánea 12:2, Firenze, 2008, 87-110; Cristian Gazmuri, Eduardo Freí Montalva y su época, Santiago, Aguilar Chilena de Ediciones, 2000, 865-870.        [ Links ]         [ Links ]

23    APC, 1973 III, Estero, Associazioni di amicizia, 048, 708-716.

24    // Cile: saggi-documenti-interviste, Milano, CELUC-I1 Manifesto, 1973; Elias Condal, // Cile di Allende e il ruólo del MIR, Milano, Mazzotta, 1973; Saverio Tutino, Dal Cile: come si realizza la controrivoluzione. Ottobre 1972-Settembre 1973, Milano, Mazzotta, 1973; Franca Bertolini y Frieda Hermans, La DC in Cile, Milano, Mazzotta, 1974; Vincenzo Sparagna, La sinistra cilena di fronte alia crisi. Marzo-Setiembre 1973, Palermo-Roma, Edizioni Praxis, 1974. El famoso actor y dramaturgo Darío Fo -premio Nobel de literatura en 1997- puso en escena en octubre de 1973, con su colectivo teatral La Comune, la obra Guerra di popólo in Cile, en que se simulaba un golpe militar, con allanamiento de dirigentes de la ultraizquierda presentes en la sala por parte de falsos policías y donde la DC chilena aparecía representada con las vestiduras de una vieja prostituta. La hipótesis del compromesso storico era presentada como un escandaloso trueque con el cual esta última trataba de convencer a su hermana italiana de comprar su cooptación en las fuerzas de la oposición chilena a cambio de la entrada del PCI al gobierno en Italia: Darío Fo, Guerra di popólo in Cile, Verona, Bertani, 1973. En apéndice al volumen La storia del MIR, aparecida originalmente en la revista Lotta Continua del 5 de octubre de 1973.

25     "Alcune considerazioni su Cile democrático e i nostri rapporti con i compagni cileni" (31 gennaio 1974), APC, 1974 I, Estero, Cile, 074, 74-76.

26    Con relación al capítulo financiero, parece que el PCI se encontró en los primeros meses en la difícil situación de enfrentar casi solo las exigencias creadas por el nacimiento de Chile Democrático e Italia-Cile. En enero de 1974, por ejemplo, el partido autorizó una contribución de 5 millones de liras para el año, bajando drásticamente las peticiones de las dos organizaciones, que presentaron presupuestos de 60 millones anuales para cada una. Sin embargo, la dirección se hizo cargo de los 10 millones para los gastos de instalación: Riunione della Segreteria (4 gennaio 1974), APC, 1974 I, Segreteria, 057, 870-873; Nota della amministrazione céntrale per la Segreteria (3 dicembre 1973), APC, 1974 I, Segreteria, 057, 884. En lo que concierne el representante del PC chileno, se le otorgará el estatus y el sueldo de funcionario del PCI: testimonio de Luis Guastavino al autor, Santiago, 5 de mayo de 2009.

27    Así se definía a los grupos de extraparlamentarios.

28    APC, 1974 I, Estero, Cile, 074, 74-76.

29    Véase Muías, op. cit., 190.

30    APC, 1976 I, Estero, Tribunale Russell II, 212, 550-553 e 546-549; APC, 1976 II, Estero, Tribunale Russell II, 228, 1013-1027.

31     Cile Bolivia Uruguay: violazione dei diritti dell'uomo. Atti della prima sessione del Tribunale Russell II, Venezia-Padova, Marsilio Editore, 1975.

32    Nota di Franco Saltarelli (9 aprile 1974), APC, 1974 II, Estero, Tribunale Russell II, 076, 1089-1092.

33     Véase Rubbi,op. cit., 24-27.

34     Ibid., 122-126.

35    Proposte di Renato Sandri al Presidente Allende, APC, 1970, Estero, Cile, 070, 1458. Nota di Gian Carlo Pajetta per la Direzione e 1'Ufficio Politico sul viaggio in America latina (7 giugno 1973), APC, 1973 II, Estero, America latina, 046, 0182-0199. Véase Santoni, // PCI e i giorni del Cile, op. cit., 106 y 158.

36    En particular véanse los siguientes documentos: nota di Angelo Oliva per la Segreteria (29 marzo 1974), APC, 1974 II, Estero, Cile, 076, 801-805; messaggio di Gastón Plissonier, secretaire du CC PCF au CC PCI (18 giugno 1974), APC, 1974 IV, Cile, 080, 173-175; nota di Ignazio Delogu (20 giugno 1974), APC, 1974 III, Estero, Associazioni di amicizia, 078, 935-937. Véase también la documentación conservada en los archivos del PSI: Fondazione di Studi Storici Filippo Turati, Fondo Partito Socialista Italiano (PSI) - Direzione Nazionale, Serie 11: Sezione Internazionale, Sottoserie 4: Paesi esteri, 26. Conferenza Paneuropea Cile, Parigi 6-7 luglio 1974.

37    APC, 1974 IV, Cile, 080, 173-175.

38    Compuesto por Parti Communiste Francais (PCF), Parti Socialiste (PS), Mouvement des Radicaux de Gauche (MRG), Parti Socialiste Unifié (PSU), Confederation Genérale du Travail (CGT), Confederation Francaise Démocratique du Travail (CFDT).

39     APC, 1974 II, Estero, Cile, 076, 801-805.

40     APC, 1974 III, Estero, Associazioni di amicizia, 078, 935-937.

41    Entre otros, estaban presentes Bettino Craxi, futuro secretario del PSI, Aldo Tortorella, miembro de la dirección del PCI y director del diario oficial L'Unitá, y el responsable de la sezione esteri, Sergio Segre. Entre los chilenos presentes estaban Carlos Altamirano y Beatriz Allende, además de representantes de todos los partidos de la UP.

42    "L'Europa democrática a Parigi esprime solidarietá al Cile", L'Unitá (Roma), 7 de julio de 1974.        [ Links ]

43    Augusto Pancaldi, "Appello delle forze progressiste europee per il ritorno della democrazia in Cile.", L'Unitá, 8 de julio de 1974.        [ Links ]

44    Donald Sassoon, Cien años de socialismo, Barcelona, Edhasa, 2001 (One Hundred Years of Socialism, 1996), 652-654.        [ Links ]

45    Se pueden señalar como etapas previas de este protagonismo de la IS el seminario de colonia Tobar, promocionado por la Fundación Ebert en 1975, con la participación de muchos dirigentes de la izquierda del PDC, y la Conferencia sobre las "Perspectivas futuras para Chile", organizada por la Internacional Socialista en Rotterdam, entre los días 29 y 31 agosto de 1977, en la cual participaron incluso los comunistas chilenos.

46    Véase Santoni, // PCI e i giorni del Cile, op. cit., 149-168 y 173-183.

47    APC, 1973 III, Segreteria, 047, 645-650.

48    Testimonio de Luis Guastavino al autor, Santiago, 5 de mayo de 2009.

49    Nota di Renato Sandri a Novella e a Segre (19 febbraio 1974), APC, 1974 I, Estero, Cile, 074, 78-83; nota di Sergio Segre per la Segreteria e per Gian Cario Pajetta (1 marzo 1974), APC, 1974 II. Estero, Cile, 076, 795.

50    Testimonio de Julio Silva Solar al autor, Santiago, 14 de enero de 2009.

51    Nota de Ignazio Delogu a Sergio Segre (24 enero 1975), APC, 1975 I, Estero, Cile, 202, 1168-1169.

52    José Antonio Viera-Gallo a Enrico Berlinguer (2 dicembre 1975), APC, 1975 VI, Estero, Cile, 210,547-549.

53    APC, 1975 VI, Estero, Cile, 210, 547.

54    Julio Silva Solar a Berlinguer (12 marzo 1975), APC, 1975 II, Estero, Cile, 204, 192-194; Enrico Berlinguer a Silva Solar (15 abril 1975), APC, 1975 II, Estero, Cile, 204, 191.

55    José Antonio Viera-Gallo, "Chile: una crisis en perspectiva", Chile-América 10-11, Roma, 1975, 123-133; Jorge Arrate, "Una perspectiva 'gramsciana' en la crisis chilena: notas críticas", Chile-América 25-26-27, Roma, 1976, 159-168.        [ Links ]         [ Links ]

56    Jaime y Clara Rojas, "Católicos y comunistas en Italia: de la resistencia al 20 junio", Chile-América 19-20-21, Roma, junio-julio 1976,57-73.        [ Links ]

57     Gazmuri y Martínez, op. cit., 223-224. Junto con Gazmuri, también Insulza y Viera-Gallo asistieron a la reunión con el secretario del PCI: "Delegazione del MAPU (OC) ricevuta da Berlinguer", L'Unitá, 19 septiembre 1975.        [ Links ]

58     Gazmuri y Martínez, op. cit., 256-259.

59    Nota di Sergio Segre per la Segreteria (9 Febbraio 1976), APC, 1976 VI, Estero, Cile, 281, 142.

60 Orellana, op. cit., 81, 112, 146-148; Ottone y Muñoz Riveros, op. cit., 38, 43, 98. Hite, en When the romance ended, op. cit., aborda el tema del "eurocomunismo", analizando los casos de dos ex dirigentes comunistas exiliados en Italia, tales como Luis Guastavino y Antonio Leal (135-145, 176-180). Véase también, Katherine Hite, "The formation and transformation of political identity: leaders of the Chilean left, 1968-1990", Journal of Latin American Studies 28:2, Londres, may 1996, 317-318 y 324-325.

61     "Mosca: caloróse accoglienze a Corvalan", L'Unitá, 19 dicembre 1976.        [ Links ]

62    "Dichiarazione del PC cileno sulla liberazione di Luis Corvalan", L'Unitá, 29 dicembre 1976.        [ Links ]

63     "Corvalan: i dissidenti sonó quattro gatti", // Popólo (Roma), 4 marzo 1977; "I dissidenti sovietici? Solamente quattro gatti", // Giornale (Milano), 4 marzo 1977; "Corvalan spara a zero sui dissidenti sovietici", // Tempo (Roma), 4 marzo 1977; "Corvalan: non voglio giocare a ping pong con Bukovski", // Resto del Canino (Bologna), 4 marzo 1977. A lo largo de los diez días de su viaje, Corvalan se juntó con los presidentes del Senado Amintore Fanfani (DC) y de la Cámara de Diputados Pietro Ingrao (PCI), con los líderes de todos los partidos de mayoría. Después de Roma, visitó Ñapóles, Perugia, Bolonia y Milán, donde lo recibió el arzobispo de la ciudad, el cardenal Giovanni Colombo.

64    Jorge Arrate dice que: "en cuanto al hálito berlingueriano propio de la renovación socialista chilena, se esfumaría con el paso del tiempo para ser sustituido por una inspiración más bien craxiana". Jorge Arrate, Pasajeros en tránsito. Una historia real, Santiago, Catalonia, 2007, 224-226. A este cambio de paradigmas parece referirse incluso Joan Garcés, atacando polémicamente a aquellos "socialistas que se han reciclado en la escuela de Bettino Craxi", en una intervención en un acto de homenaje a Allende en la Casa de América en Madrid, el 8 de septiembre de 1993: en El imperativo de la memoria, a 30 años de la Unidad Popular, Santiago, ICAL, 2000, 38.        [ Links ]         [ Links ]

65    De particular interés los análisis críticos de Basso sobre el eurocomunismo ("Democracia y socialismo en Europa occidental") reproducidos en la revista Convergencia 14, Santiago, noviembre de 1988,57-66.        [ Links ]

66     Una propuesta para el area socialista cilena, Roma, Lega per i diritti e la liberazione dei popoli, 1980; Fondazione Lelio e Lisli Basso-ISSOCO, Sezione Internazionale, Diritti dei popoli, Sezione VI: 343, Cile, UA 28, documento n. 810. Véase, en particular, la carta de invitación de Lelio Basso a los participantes (22 de septiembre de 1978), 3.

67    Informe introductivo de Raúl Ampuero, en Una propuesta para el área socialista chilena, op. cit., 11. Véase también Raúl Ampuero, "Mensaje y vigencia de las tesis de Ariccia", Convergencia 14, Santiago, noviembre 1988, 36-39.

68    Enzo Faletto, ¿Quépasó con Gramsci?, Santiago, FLACSO, 1991.        [ Links ]

69    Véase Silvio Pons, Berlinguer e la fine del comunismo, Torino, Einaudi, 2006.

70 Véanse las observaciones de Norberto Bobbio en el prólogo al libro de Erich Schnake Silva, ...E all'improvviso il nulla, Torino, Studio Forma, 1979.


** Este artículo se basa en una investigación sobre el exilio chileno en Italia, desarrollada durante mi posdoctorado en el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago de Chile -con el apoyo del Ministerio de Educación a través del Programa MECESUP2- y es natural continuación de mis estudios de doctorado en la Universidad de Bolonia: Alessandro Santoni, // PCI e i giorni del Cile. Alie origini di un mito politico, Roma, Carocci, 2008; Alessandro Santoni, "Berlinguer, il compromesso storico e il caso cileno", Contemporánea 3, Bologna, julio 2007,419-439.

Fecha de recepción: septiembre de 2009 Fecha de aceptación: agosto de 2010