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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.43 n.1 Santiago jun. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942010000100022 

HISTORIA N° 43, vol. I, enero junio 2010: 301-303

RESEÑAS

 

OLGA ULIANOVA Y ALFREDO RIQUELME (EDITORES), Chile en los archivos soviéticos: 1922-1991. Tomo II. Komintern y Chile. 1931-1935. Santiago, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Lom Ediciones, 2009, 492 páginas.

 

Continuando con la difusión de la abundante documentación existente en el extranjero atingente al estudio del comunismo chileno y de la historia política en general, Olga Ulianova y Alfredo Riquelme publicaron recientemente el segundo tomo de Chile en los archivos soviéticos, dedicado al análisis de la sublevación de la Marinería en septiembre de 1931, la "República Socialista" de junio de 1932, la "lucha contra el recabarrenismo" y el levantamiento de Ranquil, en el invierno de 1934. Estos son los principales acontecimientos que articulan la estructura del libro y orientan el análisis historiográfico, otorgando una nueva perspectiva a dichos fenómenos que son interpretados a la luz de la visión de los órganos burocráticos de la Internacional Comunista, generando de esta manera nuevas pautas de lectura sobre los acontecimientos políticos ocurridos en Chile. El prisma que encuadra el análisis de estos fenómenos es el de la "bolchevización", entendida como una estrategia de normalización ideológica del Komintern dirigida hacia las colectividades políticas bajo su dominio, tendiente a establecer la uniformidad ideológica, política y orgánica más allá de los particularismos históricos y culturales de cada país.

A partir del análisis de estos sucesos a través de la perspectiva de los órganos de la Komintern, los autores abordan esta etapa del desarrollo del comunismo chileno enfatizando la idea, esbozada previamente en el tomo I de esta colección, de que dicha colectividad partidista experimentó en su primera década de existencia un proceso de definición ideológica que significó un nuevo perfilamiento de su identidad política, transitando desde la laxitud ideológica y la falta de adscripción durante sus primeros años hacia el obedecimiento de los dictados moscovitas que buscaban establecer estrictos mecanismos de control. A partir de una relectura de los conceptos de "crisis" e "ilusión revolucionaria", los cuales caracterizaron al Partido Comunista de Chile desde su creación en 1922 hasta mediados de la siguiente década, Ulianova y Riquelme enfatizan la necesidad de encuadrar el accionar de dicho partido en el contexto de crisis del capitalismo (a partir del desplome financiero de Wall Strett en 1929) y la irradiación de proyectos ideológicos que significaron el cuestionamiento de la supremacía de la burguesía financiera mundial. Teniendo en cuenta estos aspectos, los autores postulan que es adecuado utilizar dichas categorías analíticas -crisis e ilusión revolucionaria- para examinar el desenvolvimiento del PC chileno durante la década de 1930, sobre la base de que en ese entonces aún prevalecía en él una concepción ideológica sustentada en principios aplicados durante sus años fundacionales, los que posteriormente, cuando sea aplicada la "bolchevización", serán reorientados en función de un apego irrestricto a los principios marxistas.

En cuanto a la estructura del libro, este se divide en tres secciones, las cuales a su vez están conformadas por un estudio preliminar redactado en todos los casos por Olga Ulianova y la reproducción de documentos atingentes a cada período de estudio. Ninguno de los trabajos fue publicado anteriormente, lo cual le entrega un valor agregado, que los posiciona como valiosos estudios historiográficos que complementan la labor de investigación desarrollada por Ulianova durante la última década. El aparato de notas, al igual que en el volumen anterior, entrega valiosa información sobre políticos, dirigentes sindicales, funcionarios de la III Internacional y otros elementos específicos, aspecto destacado por el historiador argentino Horacio Tarcus, quien en la presentación del libro, realizada en la Biblioteca Nacional de Chile en agosto de 2009, enfatizó el aporte de este trabajo, que inserta en el campo de la nueva historia política. En términos editoriales, el libro se ajusta plenamente a los requerimientos de una publicación cuidada en sus aspectos de diseño y edición, lo que constituye un valioso elemento, más aún si consideramos que este tipo de libros requiere de un trabajo pulcro.

En la primera sección, que se aboca a examinar en el contexto del "Tercer período" la política del Komintern sobre el PC de chileno, se sostiene que el Buró Sudamericano poseía un cabal conocimiento de los hechos ocurridos en Chile desde los años veinte en adelante y que a su vez los aparatos burocráticos soviéticos veían con confianza la sublevación de la Marina en 1931, generando con ello un clima de optimismo respecto del desarrollo del comunismo en este país. A partir de entonces, de acuerdo a los documentos kominternianos, el PC chileno dejaba de ser el "hijo malquerido" (concepto acuñado por Manuel Caballero) y pasaba a transformarse en una sección de la IC normalizada bajo la cada vez más estricta vigilancia soviética. Pese a que los organismos moscovitas no intervinieron en la sublevación de la marinería, tal como lo reconoce el propio Komintern, la lectura que hizo este organismo de dicho fenómeno se insertaba en un análisis "global-ideológico" (término empleado por Ulianova), provocando lo que se denominó una "crisis revolucionaria" a raíz de la implementación de soviets como instancias de "poder popular". Según Ulianova, esto constituyó la primera experiencia de este tipo de Chile, desconociendo lo ocurrido entre los universitarios de la FECh y en Claridad durante la década de 1920, aspecto que para la historiografía chilena ha pasado desapercibido, incluso en el reciente estudio de Luis Corvalán M., Nacionalismo y autoritarismo durante el siglo XX en Chile (2009).

El período que comienza en 1932 constituye una etapa clave en la reorientación ideológica del PC chileno, en tanto la llamada "República Socialista" es concebida desde el Komintern como una instancia que no representaba la doctrina comunista de la URSS ni menos se ajusta a principios marxistas de lucha de clases, por lo cual el levantamiento de Marmanduke Grove fue concebido desde la Tercera Internacional como un "levantamiento clásico militar revolucionario", asociándolo incluso con el "fascismo nacional" de Carlos Ibáñez del Campo. El golpe castrense de 1932 generó en la Komintern la dificultad de encuadrar la propuesta socialista de Grove (representante de la fracción rebelde las Fuerzas Armadas), generando consigo un rechazo hacia expresiones políticas heterodoxas que no se ajustaran a los dictados soviéticos, razón por la cual el Komintern inició una política de disci-plinamiento que buscaba crear una instancia de contrapoder, a través del Comité Revolucionario Obrero y Campesino, considerado la primera expresión de soviets en el país.

La relevancia de la "República Socialista", de acuerdo a Ulianova, es que instala en los aparatos burocráticos de la Komintern la llamada "discusión sobre Chile", orientada a debatir en torno al tipo de lectura realizada por el PC chileno sobre dicha experiencia política, la cual, según el Komintern, no supo comprender su "contenido de clase", razón por la cual se hizo necesario encuadrar a esta colectividad partidista, alejarla de las desviaciones tan propias a su trayectoria histórica. A partir de entonces, el Komintern combatirá cualquier tipo de expresión considerada inapropiada o extraviada, que en el contexto de la política chilena se enmarcó en una crítica hacia el "recabarrenismo", entendido como una actitud emocional y afectiva de los mecanismos revolucionarios, muy alejada del dogmatismo estalinis-ta. Para el Komintern, el PC chileno era un partido carente de estructura organizada coherente, siendo necesario incorporar "cuadros obreros" para perfilarlo como un partido fiel, leal y subordinado. La "cuestión chilena" se transformó según Ulianova en un aspecto central, en tanto poseía una doble dimensión, que por un lado exponía la apreciación del Komintern sobre la realidad chilena y por otro mostraba las disputas en su interior, generando divergencia de apreciaciones entre las instancias kominternianas y los emisarios que visitaban Chile, como es el caso de Paulino González y Eudocio Ravinés.

Pese a las resistencias de algunos sectores, la Conferencia Nacional del PC chileno realizada en junio de 1933 reafirmó la "bolchevización" y legitimó la dirección impuesta por el BSA, reafirmando la tesis del "tercer período", la misma que se utilizará para analizar el papel del PC chileno en la revuelta campesina-indígena de Ranquil en 1934, considerada como un mito fundacional del comunismo nacional. Centrándose en su carácter simbólico, el análisis de Ulianova sobre la revuelta de Ranquil estará enfocado a examinar en la historiografía y en las memorias comunistas, como también en la documentación del Komintern, la significación que le asignó el comunismo chileno a esta sublevación y si el PC tuvo o no participación en su dirección. Al igual que en los fenómenos ya descritos, lo ocurrido en Ranquil le permitió a la Internacional Comunista y al PC chileno extraer experiencias que tendrán importantes repercusiones en las políticas aplicadas por ambos organismos, que en el caso de los sucesos ocurridos en Chile hasta 1935 implicó de parte de la IC un viraje en su política tendiente a enfatizar las raíces sindicalistas y aliancistas del comunismo chileno, vigente hasta 1980, año en que se aplica un cambio radical en sus orientaciones y acción propagandista.

El trabajo de Ulianova y Riquelme constituye un valioso aporte para el estudio del comunismo en Chile, tanto por su rigurosidad académica como por las propuestas interpretativas, convirtiéndose en el primer trabajo historiográfico que aborda el análisis del período 1931-1935 desde la perspectiva del Komintern, remarcando la intervención de las estructuras de la IC y el PC chileno por intermedio de los "instructores", el apoyo financiero brindado y la "normalización" ideológica. Estas medidas, que apuntaban a establecer un paradigma único, revelaron por el contrario las tensiones entre la "bolchevización" y los desarrollos políticos nacionales, que, lejos de afianzar el disciplinamiento ideológico, mostraron que las pretensiones de uniformidad ideológica estaban supeditadas a los fenómenos internos, prevaleciendo la "ilusión revolucionaria" que develaba la resistencia de los representantes de la hetedoroxia comunista a ajustarse a la pauta internacionalista, aunque ello no significó en absoluto la penetración definitiva de la cultura política soviética en el mundo de izquierda chileno. El libro expone el influjo del comunismo autoritario en Chile, constituyéndose en un valioso estudio historiográfico que recobra la historia política en la comprensión de los procesos nacionales en el marco de la historia global.

Santiago Aránguiz Pinto
Universidad Diego Portales