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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.43 n.1 Santiago jun. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942010000100018 

HISTORIA N° 43, vol. I, enero junio 2010: 288-290

RESEÑAS

 

JORGE PINTO RODRÍGUEZ, La población de la Araucanía en el siglo XX. Crecimiento y distribución espacial. Temuco, Departamento de Ciencias Sociales, Ediciones Universidad de La Frontera, 2009, 219 páginas, ilustraciones, gráficos y apéndice.

 

Jorge Pinto con este libro comienza a explorar nuevas fronteras temáticas y contribuye acertadamente, a nuestro juicio, a interpretar desde una perspectiva de longue durée la historia demográfica, socioeconómica y cultural de la región de la Araucanía del siglo XX. Para alcanzar sus objetivos, junto a un equipo de investigadores y estudiantes, realizó una revisión exhaustiva de la estadística proporcionada por los censos nacionales, registros civiles de las provincias y comunas de la región y el Archivo Regional de la Araucanía. Con la autoridad que le dan sus treinta años analizando históricamente los problemas de la Araucanía colonial y republicana, Pinto se desenvuelve con aplomo y agudeza en cada uno de los argumentos propuestos en este libro, propios de un historiador consagrado y que con naturalidad asume su rol de "gran maestro", formador de numerosas generaciones de profesionales de la historia y su enseñanza en Universidades de Temuco, Santiago y Valparaíso, tanto a nivel de licenciatura como de posgrado.

La obra que reseñamos es consecuencia de un proyecto de investigación financiado por Fondecyt, entre los años 2002-2005, y estimulado por el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de La Frontera. Tal como lo expresa Pinto, su propósito original fue estudiar el crecimiento y distribución de la población de la Araucanía en el siglo XX. Sin embargo, el aporte del trabajo está en iniciar los estudios históricos sobre ese siglo, suficientemente analizado por la antropología, el derecho y el periodismo de investigación, pero menos tratado por la historiografía regional y nacional.

El primer capítulo, "Las fuentes", ofrece una apretada síntesis, desde una evolución histórica, de cómo el país fue conformando el material estadístico del cual disponemos. Se trata de una información útil para quienes se interesen en identificar cronologías, gestiones personales e institucionales que coadyuvaron a instaurar los acervos estadísticos y documentales, que hoy son fuente insoslayable para interpretar la memoria de la nación.

"Crecimiento y distribución de la población chilena en el siglo XIX", el segundo capítulo, aborda las grandes transformaciones que enfrentó la población chilena en el pasado siglo. En palabras del autor, "se trata de mostrar las grandes tendencias que se observan en el país para compararlas con las que se aprecian en la Araucanía".

Lo medular de la obra, "La población de La Araucanía en el siglo XX", se detalla en el tercer capítulo con profundidad y densidad histórica. Pinto, conocedor como pocos del territorio y su gente, vincula variables demográficas, económicas, políticas y culturales en cada uno de sus análisis, reforzados en numerosas páginas con estadísticas, gráficos e ilustraciones, que permiten al lector evaluar a cada momento los supuestos del autor.

La Araucanía, en el transcurso del siglo XX, ha sobrellevado con dificultad su articulación -socioeconómica y cultural- con el conjunto del país. El despliegue militar recurrente, la soberanía impuesta, la usurpación colonizadora, el fraude empresarial, la negligencia de las políticas públicas, de los parlamentarios y del poder ejecutivo, la ignorancia de la sociedad y las comunidades, la identidad travestida, la criminalización y el encasillamiento del mapuche, el fanatismo ideológico disfrazado de lumpen y la disolución de la etnicidad son solo algunos de los complejos problemas que han marcado a la región luego de un siglo.

Jorge Pinto sabe que el dato no tiene proyección sin la experiencia vital, por eso marca hitos, narra episodios, establece cronologías y ensaya procesos. Su investigación exhibe las virtudes humanas y materiales de la región, pero no repara en denunciar la ausencia de políticas, públicas y privadas, que han impedido a las localidades superar sus limitaciones, tales como altos índices de pobreza carencia de infraestructura sanitaria, educativa y vial, desaceleración de la urbanización, débil mercado interno, abuso y maltrato hacia la fuerza de trabajo, banda de precios desfavorables para sus productos y altas tasas de migración de mapuches jóvenes al valle central y al sur de Argentina. En suma, una región que no ha podido salir del atolladero económico que padece desde hace más de sesenta años, lo que ha repercutido negativamente en materia social y cultural, efectos constatados por el autor.

La Araucanía, según lo expuesto por Pinto, durante el siglo XX presenta tres fases económicas muy acentuadas, vinculadas estrechamente a las variaciones po-blacionales y su distribución al interior de la región.

Una primera fase, entre 1895 y 1930, de expansión económica e incremento acelerado de la población, fue consecuencia de la "incorporación" de la región al territorio nacional. El Estado chileno, con su impronta fagocitadora de costumbre, impulsó una vasta política de obras públicas, incentivó la colonización nacional y extranjera, expropió tierras de las comunidades mapuches y vinculó a la región al mercado nacional e internacional. El resultado de la inversión, pública y privada, fue una pujante economía agroganadera y forestal, urbanización veloz en la depresión intermedia, de tal manera que la provincia de Cautín, con su capital Temuco, se convirtió en un polo de atracción para la región y el país, situándose rápidamente como una de las diez ciudades importantes de Chile, en economía y población, desplazando a la histórica ciudad de Angol.

Un segundo momento, situado entre 1930 y 1960, fue un período de crisis y rezago en los indicadores demográficos y económicos. La región, así como el país, padeció los efectos de una economía exportadora de materias primas y dependiente de los mercados internacionales. La crisis de 1929 y la consiguiente contracción en las economías desarrolladas exhibieron la fragilidad del aparato productivo, financiero y comercial de las naciones de América Latina.

El microcosmos de la Araucanía, indagado por Pinto, es una escala de análisis apropiada para evaluar los estragos que enfrentaron sus habitantes y actividades económicas, como consecuencia de un apego contumaz a estructuras tradicionales de producción, comercialización y relaciones laborales que la hicieron vulnerable a las fluctuaciones del mercado internacional luego de la crisis de Wall Street. Aunque la región siguió creciendo, por debajo del registro de la etapa anterior, fue acumulando desarraigo, pobreza, marginalidad, emigración y segregación, todos antecedentes de un conflicto agazapado, que brotará con renovadas energías desde la década de 1990 hasta el presente.

La última fase, que va desde 1960 hasta el presente, está irrevocablemente permeada por un conflicto de naturaleza múltiple: étnico; pues la exigencia de respetar los derechos culturales y territoriales mapuches ha puesto de manifiesto la equivocada concepción homogénea que el Estado impuso a los habitantes de Chile; empresarial, ya que existe una ausencia de ética en materia laboral, ambiental y tributaria, lo que implica cometer abusos, excesos y atropellos; político, dado que el gobierno y los partidos han considerado a los habitantes de la región como un botín electoral, como resultado de sus magros indicadores económicos, demográficos y de desarrollo humano, señalados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Planificación y Cooperación (Mideplan). El resultado de aquellas disputas no puede ser otro que la ausencia de políticas públicas de largo alcance que beneficien al conjunto de la población y sus territorio. Por último, el Estado es parte sustancial de este conflicto, pues ha tenido un comportamiento errático una y otra vez: tolera el abuso, utiliza con exceso la fuerza -superando a Weber y su concepción teórica del uso legítimo de la fuerza por parte del Estado-, permite que opere sin restricción alguna el lumpen en las movilizaciones "pro indígenas", otorga facilidades al "capitalismo salvaje" de empresarios forestales e inversionistas en energía hidroeléctrica y promueve la descapitalización cultural en los habitantes de la región, dado que no pocos de ellos -principal-mente jóvenes mapuches- abandonan año a año la región para buscar nuevos horizontes, olvidando sus raíces identitarias, uno de los tantos problemas que son objeto de preocupación en la obra de Pinto.

En consecuencia, hoy la región sigue estando a la deriva y presenta un panorama poco auspicioso en el futuro inmediato, en palabras del autor.

"Evolución de los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones", cuarto y último capítulo de la obra, es el menos logrado de todos -lo que es advertido al inicio por Pinto-. De las siete oficinas seleccionadas -de un total de 42 existentes en la región-, el autor reconstruye -superficialmente- las transformaciones que sufrieron la natalidad, la esperanza de vida, las enfermedades que aquejaban a la población y que explicarían la mortalidad en ciertos ciclos, los problemas que se derivaron del subregistro y la intervención del Estado en los aspectos de la vida privada de la población, mediante la implementación de un conjunto de disposiciones en materia de salud familiar y laboral.

Esta obra de Pinto recupera sus primeras incursiones, en la década de 1970, como historiador y demógrafo de la región del Norte Chico. El autor mantiene aún la sensibilidad por la interpretación de la estadística, intuye con sabiduría las tendencias que exhiben las cifras y establece con solidez las historias entreveradas en la Araucanía del siglo XX, sin caer en la tentación de fabricar o derribar mitos. Se atreve a explorar una región y un siglo aún en penumbras, escasamente abordados por la historiografía y que debieran estimular a otros historiadores a profundizar varios de los aspectos trabajados por él.

La obra podría mejorar en su visualización si se seleccionara una mejor distribución de colores en las gráficas, mapas e ilustraciones. Será importante señalar que la publicación carece de una bibliografía -no basta con la registrada a pie de página-, material siempre útil para el lector. También hubiese ayudado una conclusión general, que sistematizara los principales resultados obtenidos de la investigación.

Finalmente, Jorge Pinto, coherente con su línea de investigación, sostiene con severidad que las cifras de población son correspondientes con la acumulación de exclusiones que ha padecido la región y su población a través del tiempo: exclusión política, dado que su ciudadanía fue escasamente representada; económica, ya que sus tierras fueron privatizadas, sin que ellos participaran de las ganancias; y sociocultural, pues se negó su diversidad cultural e identidad. En síntesis, una historia cargada de paradojas que han rezagado a una región y sus habitantes, debilitando su mayor riqueza como la región de frontera que fuera por tantos siglos: la pluralidad cultural.

Patricio Herrera González
El Colegio de Michoacán