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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.43 n.1 Santiago jun. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942010000100013 

HISTORIA N° 43, vol. I, enero junio 2010: 264-266

RESEÑAS

ASUNCIÓN LAVRIN, Brides of Christ. Conventual Life in Colonial Mexico. Stanford, Stanford University Press, 2008, 496 páginas.


Solo muy de tarde en tarde es posible encontrarse con una obra histórica como la que aquí reseñamos. Ella es producto de una acuciosa investigación de muchos años, realizada a partir de una gran variedad de fuentes inéditas e impresas recogidas en diversos repositorios y bibliotecas de México, España y Estados Unidos, a lo que se suma una muy completa bibliografía de obras clásicas y modernas, que incluye las tesis doctorales relacionadas con el tema elaboradas en diversas universidad norteamericanas. La calidad de esta obra está asociada a la notable trayectoria académica de su autora. Sin lugar a dudas era la persona más idónea para elaborarla, pues desde hace años venía desarrollando estudios sobre esta temática y había publicado numerosos artículos en libros y revistas especializadas referidos a escritos de monjas de Nueva España y a variados aspectos de la vida conventual femenina. Asunción Lavrin ha sido pionera en la investigación de estos temas, y el auge que en los últimos años han tenido los estudios sobre las expresiones religiosas y literarias femeninas en el mundo colonial hispanoamericano está directamente asociado a su persona.

En este libro, la autora combina muy bien la reconstrucción de situaciones y la descripción de acontecimientos, con el análisis e interpretación de los mismos a partir del mundo cultural de la época y de las orientaciones del catolicismo post-tridentino. Todo ello enriquecido con ejemplos de casos específicos sacados de las fuentes primarias ya indicadas. Salvo lo relacionado con las finanzas conventuales, que la autora expresamente opta por no tratar en detalle por haberlo realizado ya en varios artículos, en la obra se exponen y analizan los más diversos asuntos relacionados con lo que implicaba ser monja de clausura en el México virreinal. Se muestra el camino que seguía una niña o joven para llegar al convento, la etapa formativa del noviciado, el significado de la profesión religiosa, las devociones y vida espiritual que se practicaban en los claustros, la forma en que se gobernaban, las jerarquías que existían, la vida cotidiana, el papel de los ayunos y flagelaciones en el contexto de las relaciones entre el cuerpo y el alma, la manera en que se vivía la sexualidad y el significado de la castidad, la oposición de las monjas a la "vida común" dentro de los conventos y finalmente todo lo relacionado con los escritos que se generaban en los claustros; en ese sentido se detiene en el análisis de las monjas como objeto o sujetos de los mismos y en los tipos y contenidos de los escritos. En suma, los aspectos relevantes de la vida conventual, sobre todo lo que implicaba ser una monja en el mundo colonial hispanoamericano, están referidos en esta obra. A lo mejor, al observar el enunciado de ellos puede quedar la sensación de que se está hablando de cuestiones conocidas y ya abordadas por la historiografía, pero al introducirse en la lectura esa imagen se disipa rápidamente. Es efectivo que sobre algunos de esos temas había ya bastante escrito. Sin embargo, hay otros de los que tendíamos poca y fragmentada información, como aquellos que tienen que ver con el derrotero de una joven hacia la profesión religiosa y con el significado espiritual de la vida conventual; en ambos aspectos, la obra es especialmente novedosa. Pero además, en la mayoría de las materias, la autora recoge el saber existente, lo sistematiza, lo enriquece y lo incrementa, tanto desde el punto de vista de la información como de la presentación y análisis.

Asunción Lavrin parte tratando de entender y explicar por qué una joven deseaba ser monja y al respecto llega a una conclusión interesante que difiere de opiniones bastante arraigadas. Considera un error estimar que la mayoría de las mujeres que profesaban lo hacían presionadas por la familia o el entorno social. Al respecto, sin desconocer los diversos factores que podían incidir en la toma de la decisión, señala que no debe disminuirse el valor de la vocación. Esta se configuraría mediante un proceso complejo, en el que la casa jugaba un primer e importante papel por las prácticas de piedad familiar que allí se cultivaban. Otro aspecto interesante que desarrolla la autora en relación con este tema es el de la posible "predestinación" que muchas hagiografías mencionan a la hora de explicar a posteriori la vocación que desde niña habría manifestado la biografiada. También, siguiendo con el tema, analiza el papel de los confesores y directores espirituales. A ellos se agregan los padres, que a veces ofrecían sus hijas a Dios tan pronto como habían nacido.

La autora sostiene que las fundaciones de conventos de monjas en América, con sus restricciones raciales y sociales a favor de las élites, fueron planteadas como una respuesta de la mentalidad hispana a un mundo un tanto ininteligible, el de la Reforma, que sentía tan amenazador como para proteger a quienes veía más vulnerables.

Otro tema atractivo desarrollado en la obra es el de la preparación para la vida conventual y el de la trascendencia del noviciado, que culminaba en la profesión o matrimonio místico con Dios, es decir, en el día más memorable en la vida de la novicia. A través de la profesión se llegaba a ser esposa de Cristo y el reemplazo del velo blanco de la novicia por el velo negro simbolizaba el compromiso de honrar al esposo ausente. Se analiza con detalle el significado de la profesión religiosa, yendo más allá de las formalidades que encerraba el ceremonial. A partir de sermones pronunciados en estas ceremonias, la autora refiere los valores y principios que se enfatizaban, como el de la castidad, que se presentaba como un paradigma de perfección personal y espiritual. La exaltación y respeto que se hacía del matrimonio tenía también repercusiones sociales de cara a quienes rehuían el vínculo o eran indulgentes con los asuntos extramaritales. En otro capítulo, al detenerse en el significado de la vida religiosa y específicamente en el de los votos solemnes, vuelve a tratar con mayor profundidad el tema de la castidad. Ese voto significaba la pureza del cuerpo y de la mente y era definido como la renuncia a los placeres carnales. Los atentados contra la castidad de una esposa de Cristo eran vistos como un sacrilegio. En el matrimonio místico con Cristo, la monja entregaba su cuerpo y alma al Señor y guardando su castidad custodiaba el honor de su esposo. En ese mismo capítulo analiza el tema del amor espiritual a Dios, en el que las monjas mexicanas siguen o se inspiran en las fuentes hispanas, como los escritos de Santa Teresa. El amor divino era una mezcla entre felicidad y sufrimiento. Se entendía que la esposa, de acuerdo al vínculo conyugal, estaba obligada a sufrir, imitando los padecimientos de Cristo. También en ese apartado se refiere a las prácticas de piedad y a algunas devociones particulares, como las referentes a Cristo, al Sagrado Corazón y a la Virgen. A través de sus páginas, el libro nos va mostrando el profundo sentido de la vida conventual, la trascendencia que las propias monjas y la sociedad le asignaban a su enclaustramiento, en el que más allá de un régimen rutinario había una capacidad creativa y de gestión, se disponía de niveles relativos de libertad impensados para las mujeres del exterior y los ritos y ceremonias les permitían elevarse sobre la insustancialidad de la vida diaria. Algunas de las interpretaciones pueden discutirse, como aquella que considera la oposición de las monjas a la vida comunitaria dentro del convento como una controversia de género, pero, dada la variedad de perspectivas y análisis que se presentan, es lógico que algún un punto resulte controvertido.

En suma, los anteriores corresponden a la mayoría de los temas que a nosotros nos han llamado más la atención, pero, según señalamos al comienzo, hay numerosos otros que resultan tanto o más interesantes que los citados. Como lo hemos indicado, la obra en su conjunto es de gran valor, porque en ciertas materias recoge y sintetiza con maestría el saber conocido y en varias otras es de gran originalidad, tanto por la información que entrega como por el análisis que hace de ella. Esperamos que pronto los lectores de lengua española puedan disponer de una traducción de este magnífico libro, que enriquece como pocos la historiografía americanista.

René Millar
Pontificia Universidad Católica de Chile