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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

doi: 10.4067/S0717-71942009000100011 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 249-252 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

IVÁN JAKSIĆ, Ven conmigo a la España lejana: los intelectuales norteamericanos ante el mundo hispano, 1820-1880. Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2007, 490 páginas.

Pese a que su autor declara que su trabajo es "sobre los intelectuales norteamericanos que iniciaron el estudio sistemático de los temas hispánicos en el siglo XIX", lo cierto es que su obra es mucho más que eso, pues, en definitiva, trata de la definición de lo nacional a partir del conocimiento y el contraste con los "otros". Acostumbrados a que la historiografía sobre las naciones de América Latina identifique la trayectoria histórica de cada una de las repúblicas como el elemento esencial para formar el "carácter" nacional, el libro de Jaksic resulta extraordinariamente refrescante, y francamente estimulante, al ofrecernos el caso norteamericano donde, y a diferencia de los latinoamericanos, sus intelectuales decimonónicos contribuyeron a la formación de la conciencia nacional a través del estudio y caracterización del mundo hispano. Resultando que la historia del imperio español y de sus ex colonias actuó como "lección", como contraste de lo que aspiraba a alcanzar la sociedad estadounidense. El análisis de la literatura, particularmente la romántica, como elemento de la caracterización nacional, representa otro de los aportes sustantivos del libro que comentamos.

A través del prolijo estudio y vasta explicación de la obra histórica y literaria del novelista y exitoso autor de obras de temas históricos Washington Irving, el experto en idiomas Henry W. Longfellow, el filólogo George Ticknor, el historiador William H. Prescott y la intérprete Mary Peabody Mann, Iván Jaksic no solo ofrece una convincente interpretación del interés de todos estos intelectuales por la historia de España, sino también de cómo el estudio de un imperio y su decadencia, el español, resultaba esencial para una nación promisoria y exitosa como la norteamericana. Sin duda el propósito del autor de mostrar cómo los intelectuales norteamericanos contribuyeron a la formación de la identidad de su propio país, en una etapa crucial de su historia, queda plenamente logrado a través de una obra fruto de una investigación que parece haber agotado todas las posibles fuentes para su comprensión.

En su obra Jaksic identifica características comunes a todos los autores estudiados: su afán por definir el carácter nacional español, al que atribuyen dos componentes esenciales, la religiosidad y el espíritu caballeresco; la convicción de que la historia de España ofrecía lecciones de gran trascendencia para los Estados Unidos, pues su decadencia era a fin de cuentas una advertencia sobre lo que podía ocurrir en la joven república; intereses religiosos, bajo la forma de un cristianismo liberal que contuviera denominaciones religiosas sectarias que pudieran afectar la democracia y la tolerancia de Estados Unidos, al influir sobre la política y el gobierno del país; el papel que le asignaron a la historia en la promoción de valores nacionales específicos y como guía del camino hacia el futuro; y la influencia del romanticismo, la que no solo se aprecia en el papel que asignan a la literatura en la formación de la identidad nacional, particularmente Longfellow, sino también en los rasgos épicos, dramáticos, de los relatos históricos que componen, especialmente Prescott.

Señalados los que creemos elementos y méritos centrales de la obra de Iván Jaksic, nos referiremos a temas y cuestiones específicas que nos han llamado particularmente la atención.

Entre los elementos que sobresalen están los relacionados con la visión de México que difunden los intelectuales norteamericanos del siglo XIX. En sus obras históricas, México aparece ya como un "problema", por su atraso económico, su inestabilidad política y su recurrente oscilación entre reforma y conservadurismo. La negativa percepción de México, su corrupción y fracaso institucional, actúa como instrumento que permite resaltar, elevar por comparación, a Estados Unidos, sus virtudes y sus éxitos. México aparece como un verdadero "museo de la no modernidad", dando origen así a una visión que se prolonga, con sus características y condiciones específicas a cada época histórica, hasta el día de hoy.

Pero no es solo México, es España y el mundo latinoamericano el estigmatizado por los intelectuales norteamericanos; en numerosas ocasiones erigidos en jueces que al condenar las formas que asumió la conquista española, la Inquisición, el catolicismo, la superstición, la falta de espíritu de empresa y otros muchos elementos propios del ámbito hispano, como el caudillismo, no solo emitieron un veredicto respecto del pasado, sino que también contribuyeron a formar una concepción negativa de lo latino, cuyas repercusiones todavía se experimentan.

Los requisitos del método histórico que imponen Ticknor y Prescott son otro aspecto fundamental, pues ellos participan de la consolidación de la historia como ciencia en Estados Unidos, al contribuir a establecer los estándares de investigación. Ambos insisten en la necesidad de evidencia documental para llegar a cualquier conclusión sobre la historia de España que los ocupa. Prescott, particularmente, llevó la historia a un nivel de gran rigurosidad, de tal modo que la revisión de sus obras, su trabajo y características, junto con ilustrar sobre el tema principal que ocupa a Jaksic, también ofrece indicios sobre la historia de la historiografía norteamericana.

Relacionado con lo anterior, el libro muestra también las extensas redes de intercambio intelectual, a través de la remisión y recepción de libros, documentos, objetos, datos y hechos, que los protagonistas de la obra establecen a lo largo de su trayectoria. Los norteamericanos mantienen correspondencia, dialogan y discuten, con intelectuales de todo el mundo hispano y, naturalmente, de la Europa occidental: otro aspecto relevante que la historiografía nacional corrientemente ha olvidado cuando aborda la trayectoria de los hombres de letras y de ciencia latinoamericanos. Vinculado con lo anterior, Jaksic, especialmente a través de la experiencia europea de Longfellow, ofrece una contundente muestra del papel del viaje como instancia de formación académica e intelectual.

Llama la atención que los estudiosos abordados en la obra esquiven la evolución histórica norteamericana, característica que también es posible apreciar en otros historiadores, como Francis Parkman y John Motley, quienes se ocuparon de la selva, el carácter del indio, los jesuítas y los exploradores, el primero; y de la independencia de los Países Bajos, el segundo. Sin perjuicio de preguntarnos por el "peso específico" de los autores estudiados en el conjunto del panorama literario estadounidense decimonónico, nos aventuramos a concluir que el rehuir la historia nacional aparece así como algo propio de los historiadores norteamericanos decimonónicos; o que la búsqueda de temas dramáticos, épicos, que no encuentran en su propia evolución por lo menos hasta la Guerra de Secesión, es una de sus características. Sin duda un ángulo interesante que contrasta con la evolución de la historiografía latinoamericana, que, salvo cuando se trata de conflictos bélicos, no ocupa la historia ajena para la afirmación nacional, y cuyo estudio particular podría ofrecer novedosos ángulos de comparación entre ambos mundos, lo que vemos como uno de los legados historiográficos en esta estimulante obra de Iván Jaksic.

En tanto historiografía, Ven conmigo a la España lejana ofrece diversas formas de historia: de la historiografía, de las ideas, de la cultura e intelectual, entre otras, todas al servicio de una explicación mayor relacionada con la formación de la nación. En su dimensión metodológica ofrece una forma de trabajo impecable que muestra el estado del arte, identifica las fuentes, las ordena, clasifica, estudia e interpreta, a propósito de un problema histórico que busca ser comprendido. El acopio documental resulta apabullante y no hace más que mostrar la calidad como investigador del autor y su vasta experiencia en el trabajo de archivos. Estamos seguros que el relato de la elaboración de esta obra debería constituir una gran guía para todos aquellos interesados en la investigación histórica.

Por último, la obra tiene una dimensión social que la hace particularmente recomendable, pues no solo ofrece una elocuente muestra del valor de la "historia como experiencia" para una sociedad, sino que, además, aborda asuntos y problemas de gran actualidad, como son los relacionados con las redes intelectuales, la globalización y la influencias recíprocas en relación con la "historia local", la visión y comprensión del otro, y, por último, pero no menos significativo, los mecanismos de expansión imperial que, sabemos, México sufrió en el siglo XIX.


Rafael Sagredo Baeza

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile