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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.41 n.1 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942008000100015 

 

HISTORIA N° 41, Vol. I, enero-junio 2008: 236-239

RESEÑAS

 

SERGIO GREZ TOSO, Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de "la Idea" en Chile, 1893-1915. Santiago, LOM Ediciones, 2007, 435 páginas.

 

Durante gran parte del siglo XX, la historia de los anarquistas chilenos permaneció en un relativo silencio. La historiografía marxista clásica y los primeros estudios sobre historia del movimiento obrero tendieron a ignorarla o a verla como un antecedente menor, indigno de un análisis profundo. Desde fines de la década de 1970 esta situación cambió, y autores como Peter De Shazo, Claudio Rolle, Alberto Haram-bour, Julio Pinto e Igor Goicovic comenzaron a tratarla en sus estudios, ya sea tangencialmente, en el marco de investigaciones más amplias sobre la historia de los movimientos sociales, o a través de monografías específicas que abordaron algunos episodios y aspectos de la historia del anarquismo en Chile. Sin embargo, faltaba una obra maciza que aportara una visión de conjunto sobre el tema. Esta carencia ha venido a ser subsanada por el libro de Sergio Grez Toso titulado Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de "La Idea" en Chile, 1893-1915.

Como reza su título, el énfasis principal del libro se centra en las relaciones entre las corrientes anarquistas y el movimiento obrero, lo que no obsta para que el autor entregue algunas informaciones valiosas sobre la influencia del anarquismo en círculos artísticos, intelectuales e incluso bohemios. Para lograr su objetivo, el autor recurrió a un amplio corpus de fuentes compuesto por periódicos -con fuerte énfasis en la prensa obrera- y folletos, junto a documentos oficiales, como boletines de sesiones del Congreso y archivos de las intendencias.

La obra está estructurada de acuerdo a criterios cronológicos y temáticos. Esta mezcla aporta al lector una gran cantidad de información sobre la evolución de las organizaciones libertarias y sus relaciones con el movimiento obrero, la que es expuesta en una clara narración diacrónica, sin por eso abandonar la vertiente interpretativa, que se hace notar especialmente en los análisis que el autor realiza de la composición y el ideario de la corriente anarquista. El libro se divide en cuatro partes: en la primera relata el surgimiento del anarquismo en Chile y su difusión hasta el año 1907, en la segunda analiza sus principales ideas, en la tercera identifica los cuadros ácratas y señala sus principales características y en la cuarta analiza la reorganización y expansión del anarquismo entre 1908 y 1915. El texto es complementado por 103 páginas de anexos, las que contienen "Textos de testimonio, propaganda y debate político" (p. 289) y "Poesías y canciones ácratas" (p. 357), permitiendo un mejor acercamiento del lector al tema tratado a través de la lectura de fuentes primarias.

Según Grez, en el período estudiado puede detectarse "la construcción de una corriente o tendencia libertaria enraizada en los sectores populares" (p. 19), que habría comenzado a incubarse en la última década del siglo XIX. Si bien el anarquismo dio continuidad a los ideales ilustrados de "regeneración del pueblo", rompió con la tradición reformista y democrático-liberal que caracterizaba al movimiento popular decimonónico chileno, dando paso a un discurso revolucionario que adquirió rasgos clasistas. Se trataba de una tendencia que en sus orígenes estaba poco definida y era difícilmente distinguible del socialismo. De hecho, el autor sostiene que el anarquismo y el socialismo habrían tenido en Chile un origen común, cuya expresión orgánica fue la Unión Socialista, agrupación de corta vida fundada en 1897.

A través de una narración detallista, Grez relata cómo la labor de los anarquistas adquirió forma a través de periódicos e iniciativas culturales. El autor presta especial atención a las organizaciones obreras impulsadas por los anarquistas, destacando la importancia que alcanzaron en Santiago y Valparaíso las sociedades de (o en) resistencia. Según Grez, la presencia anarquista se habría hecho notar especialmente en la oleada huelguística vivida por el país entre los años 1902 y 1907, en la que los cuadros ácratas habrían tenido una activa participación. Sin embargo, el propio crecimiento de la corriente libertaria se habría visto truncado tras el agotamiento que vivió el movimiento obrero a raíz del fracaso y la represión de las huelgas y manifestaciones laborales en 1907. Recién hacia el año 1912, en conjunto con la reanimación vivida por el movimiento obrero y la actividad huelguística, los núcleos ácratas vivieron un nuevo período de auge, el que estuvo caracterizado por las crecientes tendencias a la unidad. Los principales beneficiarios de este crecimiento fueron el grupo formado en torno al periódico santiaguino La Batalla y la Federación Obrera Regional de Chile, radicada en Valparaíso. El corte cronológico con que finaliza el libro, en 1915, es un tanto abrupto y no queda clara su justificación, más aún cuando el autor deja entrever la importancia que alcanzó a tener pocos años después el movimiento anarquista.

Sergio Grez sostiene que los anarquistas se habrían caracterizado por su rechazo al Estado y la representación política, lo que los llevó a sostener agrias discusiones con otras corrientes del movimiento popular, cómo los socialistas y especialmente el sector "reglamentario" del Partido Democrático. El autor destaca la contribución que realizaron los anarquistas al poner nuevos temas de debate político popular, tales como el internacionalismo pacifista, el antimilitarismo y la promoción de la emancipación femenina. Sin embargo, deja claro que la corriente anarquista se caracterizó por una radical diversidad: en su interior convivieron desde partidarios de la "acción directa" individual y violenta hasta defensores del anarcosindicalismo. Esta misma diversidad se habría hecho patente en el ámbito organizacional, quedando en evidencia la incapacidad de la corriente anarquista para transformarse en un movimiento sólido y unificado.

En opinión de Grez, estos factores debilitaron a la corriente anarquista e impidieron que pudiera proyectarse. Mediante el seguimiento de la trayectoria política de varios de sus adherentes más notorios, Grez constata cómo la laxitud y desunión del movimiento llevó a que sus organizaciones fueran de corta vida y a que muchos de sus cuadros lo abandonaran para integrar otras corrientes ideológicas. Si bien los anarquistas lograron un importante arraigo en el movimiento obrero, colaborando a su organización y al fomento de sus luchas reivindicativas, no fueron capaces de cosechar bien sus propios logros. Su falta de organización y unidad, su rechazo tajante a la representación política y a la negociación y, muchas veces, su tendencia a valorar la acción directa violenta, chocaron contra los propios grupos de trabajadores que pretendían guiar. Estos últimos en reiteradas ocasiones dieron muestras de aspirar a la satisfacción de demandas inmediatas y concretas. En el marco de un período histórico en el cual las reivindicaciones de los trabajadores transitaban desde los estallidos inorgánicos de violencia hacia la institucionaliza-cón, no era extraño que grupos políticos reformistas y hábiles en la negociación, como era el caso del Partido Democrático, capitalizaran los logros de muchos de los movimientos de protesta que fueron organizados por los anarquistas. En este sentido, las reflexiones del autor son tributarias del pensamiento de Eric Hobs-bawm. Aunque Grez no califica al anarquismo como una forma primitiva de rebeldía social, sí coincide con Hobsbawm en constatar su ineficacia, sobre todo ante la competencia presentada por movimientos populares reivindicativos de carácter abiertamente político1.

La opción de Sergio Grez por llevar adelante una historia de los movimientos sociales que valore e incluya su dimensión política se hace presente nuevamente en esta obra, enriqueciendo el análisis y evitando los juicios de carácter esencialista sobre el mundo popular. Estas razones convierten a Los anarquistas y el movimiento obrero en un libro de consulta obligada, tanto para los estudiosos de la historia del movimiento obrero como de las ideas políticas en Chile.

 

Joaquín Fernández Abara
Universidad Alberto Hurtado
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

1 Eric Hobsbawm, "Reflexiones sobre el anarquismo", en Eric Hobsbawm, Revolucionarios, Barcelona, Crítica, 2000, 133.