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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.41 n.1 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942008000100008 

 

HISTORIA N° 41, Vol. I, enero-junio 2008: 215-217

RESEÑAS

 

MARGARITA ALVARADO, CAROLINA ODONE, FELIPE MATURANA y DÁ-NAE FIORE, editores, Fueguinos: fotografías siglos XIX y XX. Imágenes e imaginarios delfín del mundo, Santiago, Pehuén, 2007, 301 páginas, fotografías.

 

El libro nos expone ante el poder de las imágenes fotográficas para configurar la mirada al pasado, además, nos sitúa ante el vértigo disciplinario que trae consigo la incorporación radical de la fotografía a las prácticas de investigación, y por último, ante un conjunto de ensayos levantados sobre la interrogación al archivo digital más completo de los habitantes fueguinos.

En términos concretos, la publicación está formada por una sección de textos, cuya consistencia disciplinaria se encuentra en las fronteras de la historia, la antropología y la estética, y otra, de imágenes, correspondientes a la reproducción, en alta calidad, de 300 fotografías de indígenas de los pueblos selk'nam, yámana y kawesqar, tomadas entre los años 1870 y 1940. A diferencia de muchas iniciativas editoriales, esta no se trata solo de la mera compilación de ensayos y fotos en un libro atractivo, sino que de la culminación de un proyecto en equipo, cuyas etapas han sido; primero, la formación de un archivo digital de alrededor de cuatro mil fotografías, rastreadas, recopiladas y reproducidas en decenas de colecciones privadas y públicas de Europa, Chile y Argentina; segundo, la administración tecnológica y la catalogación de las imágenes digitales; tercero, la reflexión de los materiales como problema epistemológico, dada su naturaleza visual y técnica; y por último, la interrogación del archivo desde las preocupaciones de la historia, la antropología y la estética.

Como fuente, vestigio o producción simbólica, la fotografía resulta ser el punto de referencia material y conceptual que habilita una zona común de diálogo interdisciplinario. Es más, pese a que en la lectura transitamos por una diversidad de puntos de vista, objetos de estudio y registros de conocimiento, nunca llegamos a perder el sentido de unidad que nos proporciona la publicación. Los ensayos forman un cuerpo cuyo principio de cohesión está dado por el trabajo reflexivo en torno a la noción de fotografía. A diferencia de tantas iniciativas que fuerzan la interacción disciplinaria con un seco voluntarismo de política académica, en esta oportunidad se constata un real intercambio de campos de saber y un evidente trabajo en equipo.

La fotografía, en toda su complejidad y riqueza como fuente para la historia, como vestigio para la antropología o como producción simbólica para la estética, consiste en un sistema convencionalizado de representación visual, cuyo resultado se debe, tanto al punto de vista y los fines del fotógrafo, como a las expectativas y resistencias del fotografiado. En este sentido, los autores han echado por tierra la restringida noción de la fotografía como registro objetivo y analógico de la realidad. Incluso, los materiales de esta publicación fueron producidos en una época en que se creía fehacientemente que la fotografía ofrecía un registro visual tan exacto de lo real, que se la llegó a considerar el medio técnico más adecuado a la ciencia. No obstante, estamos frente a un documento visual complejo que tiene distintos estratos de significación, por ejemplo, puede ser analizado como imagen-contenido, como modelo de composición codificada, como discurso ideológico-espacial, como evidencia de relaciones dentro y fuera de la cámara o como cliché cultural, entre otros.

El gran aporte de este libro a la discusión historiográfica centrada principalmente en el uso de nuevas fuentes, radica en concebir la fotografía como un discurso visual cuyo rendimiento pasa por la 'deconstrucción' de sus estratos semánticos y la incorporación de la percepción visual a la caja de herramientas de la historia.

Al respecto, quisiera hacer un alcance sobre fotografía que se encuentra sugerido en varios de los ensayos. Si bien el medio no proporciona una falsa realidad enteramente construida por el fotógrafo, y tampoco, una realidad totalmente objetiva, entonces, cómo definir lo que aparece en una fotografía y, sin embargo, no es posible atribuir a ninguno de los dos términos. Me refiero a aquello que apela al orden cultural, que se desliza en las acciones de posar, encuadrar y disponer la escena, y responde a una historicidad. Al respecto, me aventuro a poner sobre la mesa el concepto de "inconsciente fotográfico" acuñado por Ro-nald Kay.

En este proyecto, me parece especialmente destacable que el desmontaje de la fotografía en toda su complejidad semántica, no ha sido una tarea de orden filosófico o teórico, sino que atañe fundamentalmente a las formas de hacer historia, antropología o estética en relación a un particular archivo. Efectivamente, podemos leer los ensayos desde la perspectiva del rendimiento teórico y su resonancia al interior de las distintas disciplinas convocadas. Ese es uno de los grandes aportes del libro, pero también este nos ofrece un conjunto de relatos de imágenes e imaginarios.

Margarita Alvarado en "Vestidura, investidura y despojo del nativo", se pregunta por el modo como la fotografía construye estéticamente el sujeto histórico indígena, dando lugar a una serie de tipos y clichés antropológicos como por ejemplo, el cazador heroico o el fueguino vestido de civilización.

Carolina Odone y Pedro Mege trabajan a partir una serie de imágenes de misiones católicas, que en su investigación son enfrentadas al discurso manifiesto de tales empresas religiosas, dando lugar, de esta manera, al descalce entre datos visuales e intenciones fundacionales, entre imagen y documento escrito. La fotografía desenmascara el ilusionismo épico con que se ha cargado la historia de las misiones de Isla Dawson, y además, deja ver la alianza entre el discurso del progreso y el discurso misional.

Felipe Maturana en "Fotografía fueguina y antropología regional" interpreta los materiales de archivo, trabajando la tensión entre las fotografías y las corrientes de pensamiento científico que operan en el acto mismo de producirlas. Desde esta plataforma, establece y define ciertos paradigmas representacionales que atañen al desarrollo histórico de la disciplina antropológica.

El punto de vista desarrollado por Dánae Flores y María Lydia Várela consiste en leer la imagen desde los múltiples intereses que están en juego en la relación entre fotógrafo y fotografiado. Ciertamente, sobre el supuesto de que el retrato fotográfico es el resultado de un acuerdo o una negociación entre ambas partes, al igual que en la pintura. Por lo tanto, se empeñan en despejar cuáles son los sesgos que determinan dicha relación a lo largo del archivo y de qué manera las fotografías permiten ver las diferencias en los procesos de colonización de los distintos pueblos.

María Paz Bajas investiga la circulación de las fotografías fueguinas mediatizadas por el artefacto cultural del álbum y por el discurso al cual se encadenan. Su trabajo analiza los recursos visuales y textuales, tales como el fotomontaje, la paginación y el etiquetado, como elementos que hacen decir algo determinado a las imágenes.

Y por último, Christian Báez en su ensayo "Viajeros en el tiempo", reconstruye la vida de solamente una fotografía, en la que aparece un grupo de selk'nam posando junto a un hombre blanco, y da cuenta de cómo el devenir de la foto en imagen reproducida, destaca el papel de la técnica en producción de nuevos sentidos. De esta manera, una imagen originada por una máquina del siglo XIX en el contexto de los zoológicos humanos de Europa, proyecta su existencia material en los soportes de la postal, la obra de arte, el libro especializado y la revista popular.

Paula Honorato Crespo
Pontificia Universidad Católica de Chile