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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.41 n.1 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942008000100002 

 

HISTORIA N° 41, Vol. I, enero-junio 2008: 43-62

ESTUDIOS

 

LAS EMPRESAS EDITORIALES DE JOSÉ ABELARDO NÚÑEZ EN ALEMANIA, 1881-1905

 

Alvaro Ceballos*

* Georg-August-Universitat de Gottingen (Alemania). Correo electrónico: alvaroceb@hotmail.com


Entre 1881 y 1905 la editorial alemana F. A. Brockhaus editó por mediación de José Abelardo Núñez cerca de un millón de libros para instituciones educativas chilenas. Lo que Núñez inició como una forma de financiar sus estancias en Europa se convirtió enseguida en una descomunal empresa de nacionalización cultural. Ánimo de lucro, patriotismo, nacionalismo y capitalismo internacional se conjugan en el fenómeno de estas ediciones alemanas. El presente artículo reconstruye en detalle la gestación de esos libros mediante la correspondencia inédita de José Abelardo Núñez y otros documentos de archivo.

Palabras clave: José Abelardo Núñez, Alemania, siglo XIX, historia de la edición.

Between 1881 and 1905 the Germán publishing company F. A. Brockhaus, issued one million textbooks for Chilean educational institutions under the direction of José Abelardo Núñez. What started as a way of funding his own research-stay in Europe, quickly became a tremendous enterprise of cultural nationalization. Profit-making, patriotism, nationalism and international capitalism merged to make possible these Germán editions. This paper reconstructs at length the origin and motivations behind the publication of these books using previously unpublished correspondence and archival documentation.

Key words: José Abelardo Núñez, Germany, Nineteenth Century, History of Publishing.


Son conocidas las principales estaciones de la vida de José Abelardo Núñez: abogado, incorporado a la Sociedad de Instrucción Pública como director tesorero desde 1866, Núñez fue comisionado en noviembre de 1878 por Joaquín Blest Gana -a la sazón ministro de Instrucción Pública de la administración Pinto- para estudiar los sistemas educativos vigentes en Europa. En 1883 publicó su informe titulado Organización de escuelas normales que tendría una repercusión inmediata en la ley del 11 de octubre de 1883 para la construcción de escuelas y contratación de preceptores alemanes y suizos. Núñez se encargó personalmente del reclutamiento de algunos de estos profesores para las nuevas escuelas normales y de comprar material para la enseñanza, y regresó a Chile en 1885. Este viaje marcaría el inicio de la gran reforma pedagógica chilena. Igual que la reforma institucionista española, la influencia de pedagogos alemanes como Froebel, Herbart, Ziller -o suizos, como Pestalozzi- fue determinante; a través de ellos se introdujeron el método inductivo, la educación artística, la educación física o el currículo circular.

En el curso de sus viajes, y más concretamente durante sus estancias en Alemania, José Abelardo Núñez publicó varias obras para uso de las escuelas, de importancia y difusión tan grandes como El Lector Americano; menos conocido es el papel que jugó como mediador en la edición de libros de compatriotas suyos. A través de un estudio de su correspondencia inédita podemos reconstruir con exactitud el complejo tramado de intereses que confluyeron en la gestación de tales obras, además de proporcionar datos sobre tiradas, precio y difusión de las mismas. Este trabajo es, básicamente, una mirada en la trastienda de un negocio editorial que involucra gobiernos, empresas y actores individuales; con él esperamos hacer una aportación de interés dentro de una todavía inexplorada crematística del nacionalismo cultural.

1. De espía a pedagogo

Nuestro relato comienza el 27 de marzo de 1879, pocas semanas después del desembarco chileno en Antofagasta, cuando Núñez sube al vapor Oraya llevando como compañero de viaje al coronel boliviano que le han encargado vigilar. Desde noviembre del año anterior está comisionado para llevar a cabo unos estudios pedagógicos que, en realidad, le sirven de tapadera. Su auténtica misión es actuar como agente de información -"como espía", en sus propias palabras- en la coyuntura del conflicto entre Chile, Perú y Bolivia, que todavía no había pasado a la fase bélica. Las cambiantes impresiones y perspectivas de Núñez han quedado minuciosamente consignadas en las cartas que envió a Domingo Santa María:

"Yo vengo abordo [sic] de viaje para Europa en desempeño de la comisión que me ha confiado el Gobierno de Chile para estudiar los progresos de la instrucción primaria i presentar un informe. Esto lo digo públicamente en la [¿mesa?] del vapor i cuando ya me acerque a Panamá pienso dejarme convencer por las indicaciones del capitán de que mas hermoso viaje hago a Europa por los Estados Unidos"1.

Pese al lenguaje detectivesco con que redacta sus misivas durante la travesía, la inactividad pronto comienza a hacer mella en él, y confiesa a su superior los verdaderos motivos con los que había emprendido su viaje: "Yo salí de Chile, como U. sabe, fiado en hacer un negocio de libros con este Gobierno con lo cual me había hecho de los medios necesarios para llegar a Europa"2. Enseguida llega a Nueva York, y concreta: "Pienso ademas trabajar aqui por realizar un negocio de libros de escuelas con Appleton o algún otro librero i si lograra hacer algo en este sentido habría aprovechado bien mi viaje"3. Él mismo no alcanza a saber si está allí para vigilar agentes bolivianos o peruanos o para impedir que la prensa estadounidense publique disparates sobre Chile, y anda tan escaso de recursos que ni siquiera puede enviar los telegramas necesarios para su misión. Coincide entonces el nombramiento de Santa María como ministro de Relaciones Exteriores, quien le concede una renta y le designa comisionado para intervenir en la prensa estadounidense con objeto explicar los antecedentes y difundir las razones de Chile en la guerra que mantiene. Núñez lamenta que los estudios sobre pedagogía que se le encomendaron el año anterior no le sirvan más que de coartada. Propone que se ascienda al actual inspector general de Escuelas y se le dé a él ese puesto, comprometiéndose a presentar un plan general de organización de la instrucción primaria en Chile antes del año 80, costeando con su propio sueldo el viaje a Europa. Si eso no resulta, plantea se le asigne una mensualidad para gastos de viaje. Pero, curándose en salud, no deja de sugerir otros asuntos en qué ocuparse para el caso de que se desestimen sus aspiraciones4. Santa María le responde "qué nadie disculparía en tiempo de guerra el gasto de un comisionado de educación en el estranjero", a lo que él opone lo eficaz que sería como propaganda, pues "en todas las publicaciones que se han hecho en los diarios acerca de mi comisión se llama particularmente la atención al honor que hace a Chile que apesar [sic] de encontrarse en guerra preste su Gobierno tan decidida atención a la eseñanza"5. Núñez intenta que se le nombre lo que ya es y, sibilino, plantea la conveniencia de regresar a Chile "por la vía de Europa", ya que la de Panamá le estaba vedada en esos momentos.

2. "En Chile no tiene ya el Gobierno testos de lectura"

Y se sale con la suya: en octubre de 1880 ya lo tenemos en la Wintergartens-traBe de Leipzig, en pleno barrio de los editores, donde para economizar ha alquilado una habitación a una familia, como hacen los estudiantes, y no cena más que té. "He encontrado en esta ciudad un Editor que bajo favorables condiciones ha aceptado mi propuesta de imprimir un Curso gradual de lecturas, que yo había preparado en Chile i que he correjido considerablemente durante mis viajes i ademas un trabajo de mas largo aliento titulado Biblioteca del Maestro Hispano Americano", escribe6. Prevé que Santa María se ceñirá la banda presidencial en las elecciones del año próximo, y pone en números su solicitud: una pensión de 250 pesos mensuales a contar desde enero de 1881, sueldo del que está muy necesitado porque, en principio, los gastos del viaje no deben reintegrársele hasta que no exponga en el Congreso los resultados de su investigación. Su siguiente carta a Santa María la remite desde París, el 7 de abril de 1881:

"Mi situación se habria hecho por demás difícil aquí, si no hubiera realizado un contrato para la impresión de una obra en español en Leipzig por lo cual me pagan 500 francos mensuales. De esta manera, habiendo asegurado lo indispensable para vivir, volveré en pocos dias mas a esa ciudad donde espero concluir en un par de meses un trabajo mío que también me ocupo de imprimir allí i del cual me prometo algún resultado"7.

El contrato al que se refiere es con toda probabilidad el estudio histórico sobre la Patagonia de Carlos Moría, de cuya edición se estaba ocupando en aquellas fechas, como habremos de ver más adelante. El trabajo 'suyo' que menciona en segundo lugar es El Lector Americano:

"Deseoso de completar mis estudios de educación i de terminar la impresión de mis libros de escuela, he prolongado mi permanencia en Europa i vivo ganando como corrector de pruebas lo necesario para mi estrecha subsistencia. Al mismo tiempo, me he ocupado de imprimir en esta ciudad mi Curso gradual de lecturas en tres tomos que he titulado el Lector Americano. He enviado ya a Chile diez mil ejemplares de cada uno de los libros I i II de ese curso i despacharé en breve igual número del libro III cuya impresión quedará terminada en esos dias. Me permito enviar a U. por este correo un ejemplar de los dos primeros libros ya publicados solamente con el objeto de que U. vea que en cuanto a la forma tipográfica he logrado hacer un trabajo mui superior a los de Chile"8.

Esta carta, despachada en Leipzig con fecha del 14 de junio de 1881, es interesantísima para nosotros: Núñez tiene la franqueza de confesar que el único motivo por el que ha prolongado su estancia en Europa ha sido la impresión de este trabajo, en el que -asegura- cifra todo su porvenir. Sabe probable e inminente la victoria de Santa María sobre Baquedano en las elecciones del 25 de julio, y tiene pergeñado un plan. Si en cartas anteriores las ediciones alemanas aparecían como su única y socorrida fuente de ingresos, ahora prefiere camuflar el aspecto lucrativo y presentarlas como una empresa de utilidad nacional. Permítasenos, por todo ello, citarla por extenso:

"Sé que en Chile no tiene ya el Gobierno testos de lectura para la distribución gratuita que está ordenada por disposición legal. La última edición hecha en Béljica por Ambrosio Aldunate que fué de cien mil ejemplares de cada testo no solo de lectura sino de estudio -un millón de libros en todo- se encuentra agotada. Yo no pretendo hacer el negocio de Aldunate ni nada parecido, sino que como autor de un curso de lecturas en todo superior al que está actualmente en uso i a un precio tan barato que ningún impresor en Chile podria hacerlo, espero confiadamente que el Gobierno me compre el número de ejemplares que necesite para las escuelas.

Si me atrevo a tocar a U. este punto es porque sé que no hai libros, que la administración actual no ha tomado resolución alguna para renovar su provisión i que en setiembre próximo cuando se inicie la nueva administración será el tiempo mui angustiado para imprimir i distribuir en tiempo a todas las escuelas los libros que deben ser usados en 1882. Confío que si U. se sirviera pedir datos sobre el particular tendrá la confirmación de lo que acabo de esponer.

En el vapor próximo irá por conducto de la Legación chilena en Paris una propuesta del editor F. A. Brockhaus que ha impreso mis libros, para suministrarlos al Gobierno bajo condiciones mui favorables, i entonces me permitiré todavia (como asunto que ha de tener efecto bajo la próxima administración) ocupar la atención de U. confiando en su bondadosa deferencia hacia mí".

No está claro a qué ediciones belgas se refiere Núñez; pocas semanas más tarde Carlos Moría le manda los precios aplicados en los contratos de Aldunate para libros como el silabario de Sarmiento o El amigo de los niñitos de Manuel Carrasco: a 3 centavos el que menos y 18 el que más9.

Sí es patente, en cambio, que el bajo precio y la esmerada calidad de impresión son ventajas que hacen preferir a la editorial F. A. Brockhaus por encima de las chilenas. De acuerdo a la conocida regla general, la rentabilidad de una edición es directamente proporcional al volumen de la tirada; los editores de Leipzig o de Berlín, sin embargo, ofrecían una alta calidad de edición y encuadernado a precios reducidos para tiradas de pocos miles de ejemplares. Por la correspondencia con Moría sabemos que Núñez introdujo su edición en Chile a través del comisionista de aquel, un agente de Hamburgo llamado Moller: "Negocio con Moller arreglado. Pagara 4.000 M [marcos] on receipt of the first 10.000 volumes of your reader"10, y poco después: "Si quieres mas dinero para tus gastos, a cuenta de tus libros, creo poder conseguirte, sin abusar, que Moller [sic] te adelante otros 2.000 Marcos a cargar a los 10.000 ejemplares que vas a mandar a Chile por su intermedio"11. A cambio de la distribución, Moller ofrece ciertas retribuciones: "Me ha declarado, esto confidencial para ti, que ha sacado 5% de comisión a Brockhaus"12.

Moría ha leído algunos pliegos de El Lector Americano y se muestra entusiasmado: "Todo es excelente"; "Tiene que ser un succes. O el mundo anda al revez [sic]13. Se ofrece a interceder él mismo ante Blest Gana en favor del libro, y a conseguir compradores y reseñas positivas:

"Tan pronto como llegaron los ejemplares de tu Lector escribí a Brunet una bien cortada epístola en que le pondero el mérito de los que fomentan y protegen la instrucción del pueblo, y lo éxito [sic] a probar su afición por su segunda patria regalando una partida de 1000 o aun cuando sea de 500 ejemplares a alguna sociedad de instrucción primaria. Condiciones 1 fe por tomito pagadero en cambio del conocimimento por el cajón, de modo que él solo tendría que incluir el conocimiento como regalo. - Te incluyo su contestación".

La contestación no se ha conservado, pero se entiende que fue negativa; Moría prosigue:

"si diviso alguna otra persona, likely to take an interest, haré mis ensayos de obtener alguna ordensita [sic]. A decirte la verdad, no abrigo muchas esperanzas, y por eso celebro haber asegurado el pan de cada dia con Moller, a cuenta de tu primera remesa a Chile - Mándame algunos ejemplares a Paris para distribuir entre diarios españoles y obtener que se haga alguna critica y bulla"14.

Pocos meses más tarde confirma que "Los diarios de Chile se han ocupado muy favorablemente de tu testo y le dedican largos artículos. Es de esperar que el negocio cuaje con toda esta admosfera propicia, y tu sabes cuanto lo deseo"15, aunque el ministerio de Instrucción Pública todavía no se ha pronunciado sobre la proposición de Brockhaus.

Es entonces cuando Santa María, ya presidente, llama a Núñez en defensa de los intereses chilenos, por medio de una carta fechada el 19 de diciembre de 1881: "he prevenido a Blest le llame a Ud. i le pida se vaya a Estados Unidos, donde necesitamos de la inmediata acción de Ud. sobre la prensa i la opinión"16. En calidad de secretario de Joaquín Godoy, Núñez debe intervenir en favor de Chile en la prensa estadounidense, lo que se apresta a hacer de la mejor forma posible, interrumpiendo su inspección de las escuelas prusianas -recibe el telegrama de Blest cuando se encuentra en Berlín- y resolviendo perentoriamente sus tratos con la editorial F. A. Brockhaus, algo desmoralizado también por la mala acogida que, a pesar de las gestiones de Moría, está teniendo su silabario:

"En vista del mal éxito que hasta ahora ha tenido en Chile mi curso de lecturas El Lector Americano, pues no he podido colocar un ejemplar de los 10.000 que desde hace seis meses están en Valpo., me decidí a enviar propuestas a los gobiernos de Méjico, Venezuela, Colombia i Arjentina i espero que la respuesta sobre la resolución que ellas tengan llegará a Europa a mediados o fines de Enero próximo"17.

3. Fortuna editorial de El Lector Americano

El Lector de Núñez no era tan pertinente ni llegaba a un terreno tan libre de disputa como su autor creía. La monografía de Manuel Antonio Ponce da una decena de títulos aparecidos entre la primera edición del silabario de Sarmiento en 1842 y la primera edición del de Núñez en 1881: el silabario de Arguelles, el de Bernardino Ahumada, el de Rosario Vargas, el de Tucapel Lattapiat, los nuevos métodos graduales de Enrique Blondel, de Barrenechea, de Guzmán Meneses, todos con menos mérito que el Silabario arreglado al sistema simultáneo de enseñanza de José Mercedes Mesías, de 1870, etc. Junto a estos, no dejan de producirse textos de primera lectura imbricados con la apologética religiosa, muchos de ellos traducidos del francés, como los de Verdollin, Barrau o el abate Sabatier, que a menudo se preferían en las escuelas a los libros 'libertinos' del gobierno. Otros hubo, dotados de un llamativo contenido nacionalizador como los redactados o traducidos por Manuel Carrasco Albano, que precisamente por ello fueron del gusto de Abelardo Núñez, quien años atrás había compuesto El Libro de los Niños como preparación para la lectura de los textos de Carrasco, dentro del Curso gradual de lecturas para las escuelas de la República. Sin embargo, escribe Manuel A. Ponce sobre el texto de Carrasco, "este primer ensayo no podia ser perfecto: el papel, tipo e impresión de los libros dejaba mucho que desear. Carecían de grabados. En la distribución de las materias faltaba un plan metódico"18. En cambio, las condiciones de El Lector Americano de Núñez son muy superiores: "Su tipografía es gradual, limpia i adecuada en todo sentido [...] Sus numerosos grabados corresponden perfectamente a su objeto" y se adapta a escuelas de uno y otro sexo, por no mencionar "el sentimiento relijioso i el amor patrio, que se desprenden, como suaves emanaciones, de cada pajina, para nutrir la muchedumbre infantil i formar lentamente los caracteres [sic] "19. La Facultad de Filosofía y Humanidades elaboró un informe muy positivo en su sesión del 27 de septiembre de 1882, lo que motivó la adopción de la obra por parte del Ministerio el 14 de diciembre del año siguiente.

El Lector Americano había sido el título de una colección de lecturas escogidas confeccionada en 1846 por el director de la Escuela Naval de Chile Juan María Gutiérrez, y no es imposible que lo hubiera utilizado el propio Núñez en su niñez. El Lector Americano de este último se reparte en tres volúmenes de complejidad creciente. El primero es un silabario, y en alguno de sus grabados pueden apreciarse las mayúsculas en letra gótica o Fraktur que delatan su origen alemán. Los dos volúmenes siguientes pretenden despertar la curiosidad infantil con textos que remitan a otras materias escolares -zoología, meteorología, etc.-, o que se refieran al entorno cotidiano y a la vida civil -el gobierno, el ahorro, etc.-. Su propósito declarado consistía en reunir "lecturas tomadas en su mayor parte de los autores mas recomendados de Inglaterra, Francia y Estados Unidos"20. La segunda parte del tercer volumen contiene ejercicios de lectura en prosa y en verso, rasgos biográficos de americanos célebres y fragmentos selectos de autores clásicos españoles; en la selección destacan por el número los autores chilenos, aunque también se incluyan argentinos como Mitre o Sarmiento; también propone Núñez como modelo de prosa algunas cartas personales que le había dirigido Carlos Moría, muy conocido nuestro a estas alturas. Otras lecturas, como la de Quintana, remiten a temas tratados en otras partes de la misma obra. En general, la selección opera en un sentido no tan nacionalista como interesadamente bolivariano. La solvente biografía de Gonzalo Latorre traza un sintético panorama de la fortuna editorial de esta obra:

"La primera edición de "El Lector Americano" fué impresa en Leipzig, por Brockaus [sic], en 1880 y 1881. La Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad le prestó su aprobación con fecha de 27 de septiembre de 1882, previo informe de Don Diego Barros Arana y el Supremo Gobierno lo mandó adoptar como texto de lectura en las escuelas públicas, por decreto del 14 de diciembre de 1883.

El Consejo Nacional de Educación de la República Argentina, lo declaró texto aprobado para el uso de las escuelas en aquel país, por resolución del 28 de marzo de 1889.

La obra ha sido premiada con medallas de oro en las exposiciones universales de París (1889) y de Guatemala (1897).

La segunda edición de "El Lector Americano" es de 1899 (D. Appleton y Cía.), Nueva York. Hay otra destinada al uso de las escuelas mejicanas. Nueva York, 1898"21.

Párrafos sintéticos pero no del todo exactos: entre la princeps alemana y la llamada 'segunda edición revisada' de Appleton media una serie de ediciones o reimpresiones cuyo colofón reza invariablemente: "IMPRENTA DE F.A. BROC-KHAUS, LEIPZIG", comenzando por una "Edición especial destinada al uso de las escuelas públicas de la República de Chile" fechada en 1887; el Anuario de la prensa chilena registra una edición de los tres volúmenes con el mismo título pero fechada el año anterior (1886), otra idéntica en 1889 y una 'edición popular' en 1895. Las ediciones "para las escuelas hispanoamericanas" computadas en el Anuario de la prensa chilena llevan fecha de 1888, 1892 y 1894 -en esta última ocasión, al parecer, solo se editan los dos primeros volúmenes-. Todas ellas, insistimos, fueron impresas por Brockhaus. En 1890 comienzan a aparecer las ediciones argentinas de El Lector Americano editadas por Teodomiro Real y Prado, que hasta 1894 no edita conjunta y simultáneamente los tres tomos en un mismo formato, en la que se proclama "Única edición argentina cuidadosamente corregida y depurada de los muchos y groseros errores de la edición norte-americana, chilena y de Ivaldi" -según transcripción del Anuario-. Las ediciones de las lecturas progresivas de Núñez son, por lo tanto, numerosas, y reportaron una fuente de ingresos constante a la casa de edición alemana Brockhaus22. El Lector Americano se mantuvo en las escuelas chilenas hasta 1924.

4. La competencia

Ocurre, sin embargo, que casi simultáneamente a las actividades editoriales de Núñez se estaba imprimiendo en Leipzig un libro de muy similar función, el Nuevo método de Claudio Matte, "el primero que se ha compuesto en conformidad a [sic] los métodos seguidos por la pedagojía alemana", según escribía Guillermo Matta al ministro responsable el 14 de diciembre de 1884. Claudio Matte también era abogado y, al igual que Núñez, se había desplazado a Europa con el objeto de estudiar los métodos y textos de enseñanza; más tarde, también él sería agente confidencial del gobierno de Chile, aunque en Berlín. El nombre completo de su silabario era Nuevo método (fonético, analítico-sintético) para la enseñanza simultánea de la lectura y escritura, compuesto para las escuelas de la República de Chile, aunque para varias generaciones de chilenos habría de ser conocido como 'silabario Matte'; su autor declaraba haberlo impreso "sin ánimo de lucro", pero obviamente aprovechaba la contratación -gestionada por Núñez- de profesores alemanes familiarizados con el método atribuido a M. O. Krámer y perfeccionado por Cari Vogel. La competencia con El Lector Americano era directa.

El 26 de enero de 1884, después de hojear un ejemplar de la primera memoria de Núñez sobre su viaje, Valentín Letelier -que entonces fungía de secretario de la legación chilena en Berlín- escribe a Claudio Matte: "El trabajo no está malo, aún [sic] cuando se resiente de deficiencia a causa de que Núñez no pudo comprender bien lo que veía en Alemania. Del método de aprender a leer, seguido aquí, no habla sino muy incidentalmente y no con seguridad de recomendar una cosa buena", aunque Letelier no quiere dar mala impresión: "En general, sus ideas son buenas"23. Unos meses más tarde, Matte ha dejado Leipzig por Zurich; allí recibe una nueva carta que Letelier, quien le escribe desde su residencia en la Markgra-fenstraBe de Berlín: "Le devuelvo también los dos pliegos impresos del silabario. Va quedando muy bien, y el servicio que usted va a prestar a la instrucción va a ser grande. Montt también los ha visto y le han gustado bastante"24. Letelier ha anotado en los pliegos algunas observaciones, y le ruega "que cuando termine la impresión me haga remitir a cuenta unos cinco o seis ejemplares, de los cuales uno para mí, dos para dos amigos de Chile interesados en estas cosas, uno para el Gobierno y uno para Aldasoro, el joven mexicano que usted conoció y que ha recibido encargo de México para estudiar la Instrucción Primaria"25. Con el paso del tiempo, la animadversión de Letelier hacia Núñez no ha hecho sino aumentar, al punto de terminar calificándole de "jesuíta [sic] disfrazado de educacionista"26. Su apoyo al texto de Matte es incondicional, y sus razones debía de tener, habida cuenta que él mismo había enviado desde Berlín "una serie de tres informes analizando el sistema edicativo alemán"27. No era el único: el Libro de Lectura de Bernardo Roa y Juan Serapio Lois (1894) se quiso continuador del de Matte "para solicitar su adopción escluyendo de la escuela a El Lector Americano"28,. Visto que tanto el manual de Matte como el de Núñez gozaban de partidarios, el gobierno abrió un concurso en 1893 al que se presentaron ocho textos. El historiador Bernardo Suber-caseaux relata cómo en las últimas décadas del XIX "hubo una discusión pública sobre métodos y textos de enseñanza, que fue particularmente activa después de 1891" y concluyó con la adopción del llamado curriculum concéntrico; inmediatamente el gobierno convocó un concurso destinado a proveer a las escuelas de textos de enseñanza: el gobierno "se proponía adquirir el derecho de imprimir por cinco años los libros recomendados, pagando a sus autores medio centavo por cada pliego impreso, asegurándoles una edición anual de veinte mil ejemplares"29. El jurado del concurso se decidió por la adopción en las escuelas públicas del de Matte (ya usado en las escuelas desde 1889), ratificado en decreto de 29 de abril de 1902 con exclusión de cualquier otro.

Contamos todo esto porque, aunque la historia editorial del Nuevo método de Matte es difícil de reconstruir y sin duda incluye varias ediciones chilenas (aparte de la primera, fechable en 1884, hemos localizado varias de 1895 en Valparaíso, una en Imprenta del Universo y otra de Guillermo Helfmann), el Anuario de la prensa chilena consigna en 1900 una novena edición de 286.000 ejemplares en la imprenta de F. A. Brockhaus30. La misma casa alemana editaba, por tanto, dos textos -el de Matte y el de Núñez- en aguerrida competencia, ambos con sus valedores (y sus detractores) en los ámbitos de la diplomacia y la administración, que se disputaban una tirada jugosa incluso para una editorial acostumbrada al éxito.

El mismo Valentín Letelier, en los mismos años y la saga de las obras de Núñez y de Matte, pergeñó su propio método de escritura, en otra editorial alemana que esta vez, por desgracia, no hemos podido localizar. Enseguida se lo manda a Pedro Montt -poco antes de que este fuera nombrado ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública-, con quien mantenía en aquella época una fluida correspondencia, a menudo sobre libros y la forma de conseguirlos:

"Por separado, le remito un ejemplar del Curso de Escritura Gradual en cuatro cuadernos que he compuesto para nuestras escuelas de rejimiento i que se ha tirado en número de 8.000 ejemplares o sean [sic], dos mil de cada clase. Todos los cuadernos alemanes escriben la 1, la h, la k etc latinas así 1, h, k; carecen de ñ, de 11; escriben ciertas mayúsculas (la F, la J, la Z, la L etc) de manera que no tienen en alemán el mismo significado que en español, i en fin, poseen otras peculiaridades que era menester correjir para poder aplicar el método en nuestras escuelas. Por lo demás, sabe Ud que el método consiste en empezar la enseñanza por los caracteres mas simples o matrices para seguir con los compuestos o derivados [...] Los cuadernos han costado, inclusas las planchas litográficas que remitiremos al Gobierno, i la encuademación, a razón de 150 marcos el mil. En papel inferior i dejando las planchas a beneficio del litógrafo, se pueden obtener en Stuttgart por conducto de nuestro cónsul a razón de M. 80 o 90 el mil"31.

5. La Biblioteca Chilena

Retomemos la narración de las empresas editoriales de José Abelardo Núñez en 1883: la exposición del resultado de sus observaciones es, como sabemos, bien acogida en el Congreso, por lo que regresa a Europa con objeto de contratar profesores para las escuelas normales. Le falta tiempo para retomar el contacto con los editores de Leipzig, y esta vez les propone un negocio todavía más ambicioso. La idea proviene de una reunión con Domingo Faustino Sarmiento: Núñez ha acordado colaborar con él en el fomento de bibliotecas -léase colecciones- populares, "pero no esas Bibliotecas de libros viejos o sin interés para la jeneralidad de los Lectores, como los que trató de fomentar D. Manuel Montt con libros que hasta el presente nadie ha leido, sino con obras que tienten por su novedad"32. Estas bibliotecas tendrían distribución en gran parte del subcontinente sudamericano y estarían pagadas por suscripciones gubernamentales de 30.000 pesos anuales, que cubrirían una tirada de 500 ejemplares de cada obra. Las obras deberían ser originales o traducciones que hayan sido escritas o traducidas en los últimos cuatro años, a excepción de clásicos de las diversas literaturas antiguas y modernas. Así, en dirección compartida con el bibliógrafo Luis Montt, surge la "Biblioteca Chilena", auténtica serie de clásicos modernos nacionales. En ella, rememora Guillermo Feliú Cruz,

"se editaron las obras de los escritores nacionales, José Victorino Lastarria, Recuerdos Literarios; Jotabeche (José Joaquín Vallejo), Artículos y Estudios de Costumbres Chilenas; Salvador Sanfuentes, Leyendas y Miguel Luis de Amunátegui, Descubrimiento y Conquista de Chile. Así, por su elegante y sobria presentación editorial, calidad tipográfica, formato cómodo y papel limpio y claro, la Biblioteca Chilena ha sido el mejor ensayo de difusión del libro chileno para dar a conocer a los autores nacionales, pero, por desgracia, no encontró acogida en el gran público y la iniciativa debió malograrse en el cuarto volumen, cuando se preparaban dos o tres, Martín Rivas de Blest Gana, Recuerdos de 30 años de José Zapiola, y trozos escogidos de la Histórica Relación del Reyno de Chile del padre Alonso de Ovalle. En 1885, la Biblioteca Chilena dejó de publicarse"33.

Elegancia y sobriedad es exactamente lo que caracterizaba formalmente a estos volúmenes encuadernados en tela azul y con discretas impresiones doradas en lomo y cubierta; en sus portadas se anunciaba su venta "en todas las librerías de la República". Sus títulos tocaban todos los palos del nacionalismo literario decimonónico: el cuadro costumbrista, el relato histórico, la oda patriótica. En uno de ellos, Salvador Sanfuentes expresaba con vehemencia la independencia política chilena y su traducción en términos de independencia literaria:

"Preciso ser consecuentes,
I hacernos independientes
Con la espada i con la pluma"34.

El 10 de junio de 1885 Núñez envía al presidente Santa María ejemplares de los tres primeros tomos de esta colección; en la carta que acompaña el envío, explica que "Los tres tomos de la Biblioteca Chilena representan el primer paso dado para la realización de un proyecto que tuve el honor de consultar hace años con S.E. i que tiene por objeto dar al pueblo chileno buena lectura chilena"35.

Sin pretender desautorizar a Feliú Cruz cuando da como volúmenes en preparación obras de Blest Gana, Zapiola y Alonso de Ovalle, en esa misma carta Núñez dice estar preparando el Hernando de Magallanes de Barros Arana "i un tomo de artículos i escritos de Don José Antonio Donoso", que habían de seguir al tomo de Amunátegui.

Diez años más tarde encontramos en el volumen de Pedro Pablo Figueroa sobre la librería en Chile una valiosa referencia a la recepción que tuvieron estas "obras editadas en Leipzig de Jotabeche, Lastarria y Amunátegui, que el público ha tenido que adquirir á precios subidos y en limitadas ediciones que no permiten que se vulgaricen en el pueblo"36. Pero no puede decirse que ese fuera el único motivo del fracaso de la empresa: si en su correspondencia con el presidente Núñez no agradece el apoyo institucional, será que no lo había, y que los planes de una suscripción gubernamental no habían cuajado.

Por otra parte, nos sorprende que las ediciones alemanas sean calificadas de onerosas, cuando ninguno de los testimonios que hemos convocado en estas páginas deja de señalar lo económicas que son. Recordemos que, como citábamos más arriba, Núñez decía poder imprimir en Leipzig "a un precio tan barato que ningún impresor en Chile podría hacerlo"; o, más explícito todavía, leemos en carta de Valentín Letelier que un tal Calvo -seguramente Charles Calvo, quien ese año imprimía en Berlín su Dictionnaire de droit international publique et privé- "ha quedado encantado de la prontitud, buen servicio i baratura de la imprenta alemana"37. Tampoco es posible decir que el carácter de nacionalismo voluntarista que inspiraba esta Biblioteca Chilena la alejara del gusto popular, pues casi todas las obras de la colección disponían de ediciones aún más o menos recientes en Chile38. Ahí, en la saturación editorial de estos autores para lo reducido del público lector chileno, sí es posible buscar la causa del fracaso de esta ambiciosa colección.

Fruto en gran medida de los informes de Núñez, la ley del 11 de octubre de 1883 dispuso las cantidades a invertir en la construcción de escuelas, en la contratación y traslado de profesores extranjeros, pero también -atención- en la adquisición de material escolar (hasta 100.000 pesos) y en el fomento de las bibliotecas de los liceos (otros 100.000).

En lo que hace al material, el mismo Núñez se encargaría de adquirirlo en Alemania, Austria y Francia. Al igual que Sarmiento, Núñez también elaboró carteles, que no tuvieron mucha salida por arrumbarse enseguida el sistema de Lancaster en el que eran empleados. Y en lo que respecta a las colecciones, el compromiso estatal inspiró a Núñez la creación de la Biblioteca del Maestro, cuyos nueve volúmenes se editaron entre 1883 y 1890 y fueron repartidos gratuitamente en las escuelas chilenas en beneficio de la formación del profesorado. En ella se atemperaba la influencia alemana abriéndola a contribuciones inglesas, norteamericanas, francesas y belgas. Esta vez Núñez contrató la edición en la casa Appleton de Nueva York, y se encargó personalmente de la traducción de sus volúmenes 2o y 9o, respectivamente La educación del hombre de Froebel y El estudio del niño de A. R. Taylor. El siguiente proyecto de Núñez fue la Biblioteca de la Familia y de la Escuela: de sus cuatro volúmenes, al menos los tres últimos fueron editados por Brockhaus, dos de ellos con obras de Pestalozzi.

6. DOS OBRAS DE CARLOS MORLA

En paralelo a sus propios proyectos, Núñez intervino en la impresión en Alemania de otros libros chilenos, como el Estudio histórico sobre el descubrimiento y conquista de la Patagonia y de la Tierra del Fuego que Brockhaus publicó en 1903, muerto ya su autor, el diplomático Carlos Moría Vicuña. La edición de esta obra llevaba gestándose treinta años, y comienza en 1873, cuando Moría documenta por comisión del gobierno los Derechos de Chile a la Patagonia y Estrecho de Magallanes. Como puede leerse en el diccionario de Virgilio Figue-roa, en 1876 Carlos Moría "publicó en francés, por orden del Ministro de Relaciones, un folleto titulado La question des limites entre le Chili et la République Argentine, en refutación de una serie de artículos sobre la misma cuestión publicada en la Rev. de Ambos Mundos por D. Emilio Daireaux, escritor francés avecindado en Buenos Aires"39. Los materiales y documentos que descubrió "En parte fueron publicados por él en Europa y poco después de su muerte, se hizo una edición oficial en Leipzig, en 1903, en un apretado volumen de 304 páginas, seguido de un Apéndice, con Documentos y Puebas, que comprende, en letra menuda, otras 223 páginas"40.

Por la correspondencia de Carlos Moría sabemos más detalles de la edición de este trabajo, que desde el principio había encomendado a la casa Brockhaus por mediación de José Abelardo Núñez, a quien escribe varias cartas desde París, donde Moría desempeñaba su puesto de secretario del que fuera muchos años ministro plenipotenciario en Londres y París, el novelista Alberto Blest Gana. Con ese volumen pretendía dar argumentos en favor de Chile dentro del debate fronterizo "que ha vuelto a ponerse sobre el tapete"41. En su carta del 23 de abril de 1881, Moría dedica cara y media a discutir la tipografía y el largo de página para su libro, a fin de conseguir espacio holgado para las notas al pie, y avisa de que ya ha mandado hacer retratos de determinados personajes históricos que serán enviados a Leipzig42. En las siguientes da instrucciones sobre la forma en que han de grabarse los retratos, sobre las dimensiones de los mapas, sobre la calidad del papel y de la encuademación de lo que debía ser una edición de 2.000 ejemplares, la mitad de ellos en tela flexible y la otra mitad en media pasta:

"Acepto la proposición de reducir la primera edición a dos mil ejemplares a los siguientes precios:

  Composición, impresión, satinado - M 51.50
  Papel de 12 Mes resina, por pliego - " 24.60
  Estereotipia " 13.50
    M 89.60

Supongo que saldrán a lo menos 600 pajs, lo que elevara el número de pliegos a 38 y elevara el valor de la edición a 3404 Mes"43.

Todo parece marchar sobre ruedas, pero el curso de los acontecimientos va a conspirar contra él hasta el punto de forzarle a postergar más de veinte años una edición de la que ya existían galeradas. Así, el 27 de julio de 1881 Moría comenta apesadumbrado a Núñez la resolución por la que Chile pierde "la Patagonia entera [...] y media Tierra de Fuego"; asegura retomar sin entusiasmo ninguno la redacción de lo que él llama el "tomo Patagónico", "porque ya la cuestión esta resuelta"44. Cuatro días antes se había firmado un tratado en el que Chile atemperaba sus ambiciones sobre la Patagonia para facilitar que Argentina reconociese la previsible victoria chilena en la guerra contra Perú y Bolivia45. Pocas semanas más tarde, sin embargo, Moría afirma sin sombra de desánimo que, a pesar de todo el trabajo que le dan las cuentas de la legación, tiene listo "mucho material para el libro patagónico", y que "Blest esta dispuesto a pagar en el acto a los Sres Brockhauss [sic] la factura de los gastos hechos hasta la fecha, cualquier suma que ellos mencionen a cuenta [...] Esta disposición les daria paciencia para aguardarme un poco mas"46. Pero es justo entonces cuando el gobierno chileno llama a Núñez "a desempeñar una comisión especial en los Estados Unidos"47; de nuevo se trata de una misión secreta para mover la prensa norteamericana en favor de Chile. La ausencia de su hombre en Leipzig hace zozobrar definitivamente el libro de Moría48.

¿Definitivamente? No, por cierto. En septiembre de 1898 los gobiernos de Chile y Argentina convienen en dejar la cuestión fronteriza al arbitraje de la corona británica y enviarle los antecedentes como disponía el protocolo del 17 de abril de 1896. Carlos Moría ve llegar la ocasión de resucitar y dar utilidad a su trabajo, y aprovechando que José Abelardo Núñez, ya jubilado, vuelve a estar en Europa, le pide "que preguntes donde Brockhaus si aun existe y no han metido en el pilón, los pliegos de mi volumen sobre la cuestión de limites chileno-argentinos. El tratado de 1881 por el cual renunciamos al uti possidetis de 1810 basado sobre títulos coloniales, vino a quitar a esa obra todo valor oficial"49, pero ahora que se ha sometido la cuestión al arbitrio inglés vuelve a ser oportuna su publicación, por todo lo cual dispone lo siguiente:

"Esta totalmente cancelada mi cuenta con Brockhaus y si los pliegos no han sido destruidos, ahora, con el arbitrage ante Su Majd Británica, habría llegado la ocasión de aprovechar el trabajo [ilegible] demostración de lo que hemos cedido [...] aun cuando no sea ya exactly to the point, desde que el arbitrage versa no ya sobre [ilegible] sino entre divortium aquarum y elevadas cumbres - A este fin remataría el trabajo con diez días de tarea, pero para esto necesitaría que Brockhaus me mandase aquí unos veinte ejemplares de los mil que tenia impresos y he pagado"50.

Moría, fallecido en Buffalo en 1900, no alcanzaría a ver publicado su Estudio histórico, que también llegaría tarde para influir en la decisión que la corona británica tomó el 20 de noviembre de 1902. La obra pasa hoy desapercibida entre las muchas que esos años se escribieron en todo el mundo sobre la cuestión, y esa falta de oportunidad debió de condenarla a una distribución tan modesta que dos décadas más tarde el biógrafo chileno Virgilio Figueroa se refiere a ella como "muy escasa y que por casualidad llegó a nuestro poder", aunque de tal calidad que ella sola ya conferiría a su autor "títulos sobrados para vivir en la posteridad"51.

Mejor suerte corrió otro proyecto de Carlos Moría, que a finales de 1880 se había visto obligado a preterir y al que orientaría todos sus esfuerzos cuando a finales de 1881 viera frustrarse la edición de su Estudio Histórico. Se trata de una edición "manual i económica", como escribiría en su prefacio, de las leyes de su país: los Códigos Chilenos. Como espera -porque no le queda más remedio- poder llevar a cabo él solo esta tarea, pide a Núñez que antes de regresar a Norteamérica le instruya sobre cómo debe continuar recibiendo las pruebas52.

Si sus intervenciones en la cuestión fronteriza, efectivas o frustradas, estaban teñidas por el desinterés patriótico de alguien involucrado emocionalmente en la polémica y que afirmaba que "Podemos, en pleno derecho, estar orgullosos de ser chilenos", la edición de los Códigos hace emerger la segunda personalidad de Moría, que dependiendo de las circunstancias podía definirse a sí mismo sin rebozo como "el truchimán de la Legación"53. Según admite en carta del 30 de agosto de 1881, el de los Códigos "es un negocio que me propongo hacer redondo mió. Lo que vale es la concesión gubernativa obtenida"54. La carta a Núñez del 20 de octubre de 1881, que ya hemos tenido ocasión de citar, nos impone del profundo pragmatismo que animaba trabajos como este, y que al mismo tiempo eran los que permitían financiar proyectos más altruistas:

"Te propongo el siguiente negocio. Encárgate de la impresión de los Códigos, por una suma fija que yo te abono aqui, como quieras o por mensualidades o adelantada de un golpe. Fija tu la suma, sin consideración a mi interés sino al tuyo; porque te declaro que para mi es business y nada mas, y sera partida cargada a los costos de impresión. Yo indico desde luego que no sea menos de 1000 fes. Quiero evitar sociedad porque mi intención es hacer a Nico Vicuña único agente para la venta en Chile, y que mi decisión sea absoluta en lo que respecta a precios, descuentos y demás. La unidad en la responsabilidad y en la fiscalización es una condición de éxito. Yo leeré aqui con Blest las últimas pruebas, en papel ya satinado y con tu visto bueno final, y el Ministro firmará. Alia se hará un facsimil de la firma en zinc con el cual se contraseñará cada ejemplar sin mas molestia".

Efectivamente, el libro aparece en 1882 y se abre con un certificado de corrección firmado por Blest Gana, seguido de la autorización del que fuera entonces y por breve tiempo ministro de Justicia, Jorge Huneeus; por esta se concede a Moría Vicuña el permiso "para hacer de su cuenta en Europa una edición económica hasta de cinco mil ejemplares de cada uno de los Códigos Chilenos, debiendo entregar gratuitamente en el Ministerio de Justicia cincuenta ejemplares de los mencionados Códigos por cada mil que se ponga [sic] en circulación".

Hubo por aquellos años otras recopilaciones de leyes chilenas, como la que hiciera en 1891 el librero Roberto Miranda, impresa por los hermanos Garnier en París, o la Revisión del Código de Comercio chileno, también parisina, que figura en el catálogo de 1899 de la librería santiaguina de José Ivens. En el tomo correspondiente a 1891 del Anuario de la prensa chilena encontramos una Cartilla de Derecho Chileno para el uso de las escuelas primarias de Chile confeccionada por el abogado Ramón Chavarría Contardo e ilustrada con numerosos retratos de juristas y cuadros sinópticos, salida de las prensas de Brockhaus en 1891. La portada, como es habitual en todas estas ediciones, presenta el escudo nacional de Chile, lo que es signo inequívoco de que se publica por cuenta del gobierno chileno: con estos libros los editores alemanes no arriesgaban nada y sí tenían mucho que ganar. La exposición de la Cartilla de Chavarría sigue el sistema concéntrico y emplea un lenguaje deliberadamente simple, "aun vulgar", reconoce su autor en el prólogo, y ha sido guiada por el deseo de "que esta pequeña obra sea de alguna utilidad á nuestra querida patria".

Si Carlos Moría podía hacer business con su edición de los Códigos Chilenos era porque las compilaciones de leyes tenían una gran demanda, derivada de su utilidad social: la exigencia más imperiosa de todo país constitucional, explica Moría en su prefacio, es la de fijar el derecho y ponerlo al alcance de todos. A ese propósito sirven las casi mil páginas de sus Códigos, en octavo menor con cuarenta líneas por página y cerca de 60 matrices por línea: un formato, en efecto, portátil y asequible.

No dejaremos de observar, por último, lo notable que resulta que este diplomático haga imprimir sus obras en Alemania viviendo en París y teniendo a su disposición todas las editoriales francesas que trabajaban el mercado hispanohablante. Máxime cuando los Códigos no precisan el cuidado en la reproducción de ilustraciones que suele determinar la publicación por parte de una editorial alemana. El Estudio histórico sobre la Patagonia sí debía llevar mapas y retratos -en sus cartas se plantea repetidamente si deben reproducirse en grabado, en heliografía o incluso en madera-, pero su contratación está decidida de antemano. La carta del 30 de noviembre de 1880 demuestra que en última instancia la elección de Brockhaus respondía a una proposición del propio Abelardo Núñez, si bien acomodaba mucho a Moría, "sobre todo porque la segunda mitad del costo de la edición podra sacarse del producto de los mismos libros en Chile, y no estaría yo forzado a avanzar demasiado capital en la especulación"55.

7. Conclusión

Uno de los aspectos más interesantes de la historia de estas ediciones nos parece ser el hecho de que una editorial alemana publique textos esenciales en la nacionalización cultural de Chile. Hay que buscar la explicación a este fenómeno en la saturación del gigantesco mercado editorial alemán que conduce a una especialización cada vez mayor y empuja a los empresarios a buscar nichos de mercado en clientelas extranjeras. Con la Estadística comercial de la República de Chile puede argumentarse que la supremacía que Francia ostentaba hacia 1850 en las importaciones chilenas de impresos se quebró en las últimas décadas del siglo XIX, para dar paso a un panorama mucho más competitivo, en el que las importaciones chilenas desde Alemania adquieren una relevancia cada vez mayor, y no se reducen a los impresos: todo el consumo papelero y todo el consumo de partituras chileno dependía casi en exclusiva de las importaciones desde Alemania.

Brockhaus se cuenta entre las empresas más importantes que acudieron al reclamo de la demanda chilena. Por mediación de Núñez consiguió encargos gubernamentales, que siempre representan una inversión segura y suculenta, con grandes tiradas pagadas en firme con dinero estatal: "So wurden durch Vermittelung eines zu diesem Zweck in Leipzig aufhaltlichen Vertreters der chilenischen Regierung. Don J. Abelardo Nuñez nach und nach über eine Million Schulbücher in spanischer Sprache für die Republik Chile gedruckt"56; o, por citar otra de las historias de la compañía, "Seither druckte F. A. B. Schulbücher für Chile in Millionenauflagen. Segelschiffe und Dampfer brachten riesige Bücherballen übers Meer"57.

En los libros de caja de la editorial F. A. Brockhaus menudean las referencias a pagos con cargo a Abelardo Núñez, que van desde los pequeños gastos por movimiento de una cuenta a otra, o los pagos regulares del seguro de incendios para el almacén de libros, hasta las grandes sumas correspondientes a remesas enviadas a Chile, que no es raro asciendan a varios miles de marcos. Por ejemplo, en noviembre de 1893 se registra junto al nombre de Núñez el ingreso de 24.146 M (marcos) en concepto de gastos de imprenta, y al mes siguiente Núñez abona otros 10.436 M a Hermann Ziegenbalg, mandatario (Prokurist) de Brockhaus que se encargaba de gran parte de la edición y exportación a países de habla hispana. Los cobros a Abelardo Núñez todavía son frecuentes y de importancia a comienzos del siglo XX por ejemplo, 8.664 M en concepto de gastos de imprenta en mayo de 1900, o 2.515 M por la edición del Diccionario geográfico de Francisco Solano Asta-buruaga un mes más tarde58.

Los beneficios que persigue Brockhaus van en ocasiones más allá de la rentabilidad económica: entre noviembre y diciembre de 1886 el mandatario Ziegenbalg procuró conseguir para Albert Brockhaus -bisnieto del fundador de la editorial alemana, y por entonces ya incorporado a la dirección de la misma- el cargo de cónsul de Chile en Leipzig, y si no pudo realizar sus deseos fue porque el ministerio acababa de nombrar a otra persona para cubrir esa vacante59.

En cuanto al actor principal que interviene en estas ediciones transnacionales, José Abelardo Núñez, sus motivaciones se mueven en una rara simbiosis de lo altruista y lo nutricio. Pensamos haber dejado claro que hasta mediados de 1880 la comisión de Núñez para el examen de la enseñanza en Europa y América era puramente nominal: en aquellos años, su ocupación principal es la de agente de propaganda chileno en el contexto de la guerra del Pacífico. En ese contexto, la gestión editorial de Núñez en Alemania cumple una función subsidiaria en la medida en que le permite financiar sus investigaciones y conseguir materiales para la reforma pedagógica que ambiciona, pues si en teoría viaja por cuenta del gobierno, en la práctica necesita adelantar un capital considerable para costearse la estancia en Europa. Realiza contratos con la casa F. A. Brockhaus, que ya tenía experiencia en las ediciones en castellano, y él mismo edita en Leipzig las obras de compatriotas suyos, corrigiendo en persona las pruebas de imprenta y actuando como interlocutor con la editorial. Estas empresas editoriales se inscriben en un alza de la inversión estatal en la educación que Núñez cree poder alentar y controlar, y llega un momento en que puede decirse que, más allá del celo patriótico, la reforma educacional es su negocio -y a su través, también el de Moría, el de Matte, el de Letelier, el del agente Moller y, antes que ninguno, el de la editorial F. A. Brockhaus-.

Núñez entiende que semejante respaldo estatal permitiría costear colecciones enteras; al mismo tiempo cree -o pretende hacer creer- que existe un vacío en el mercado educacional que él puede cubrir con cientos de miles de volúmenes. Para ello recurre a la industria editorial de un país por el que, al igual que muchos de sus compañeros generacionales, siente algo más que simpatía: sus tratos con la casa F. A. Brockhaus pueden considerarse la primera manifestación de ese embrujamiento alemán que en 1899 diagnosticaría, para combatirlo, Eduardo de la Barra, y que en parte corresponde a un movimiento amplio dentro de la oligarquía para la redefinición del nacionalismo chileno a través del rechazo de la latinidad, discurso que habría de desembocar en la gotificación racial operada a principios del siglo XX en las páginas de la Revista de Educación Nacional.

De la veterana editorial F. A. Brockhaus esperaba Núñez un rendimiento y una calidad mucho mayores que los que podía conseguir en Chile para trabajos a veces ilustrados y de composición compleja como podían ser los libros de lectura escolar. Por desgracia para él, no sería el único en acudir al reclamo, ni el que había de cosechar todo lo que sembró: Claudio Matte y Valentín Letelier le fueron a la zaga. Los libros de Núñez encontraron una acogida fría y dubitativa, que en el caso de El Lector Americano no impidió las reediciones y la amplia difusión a nivel continental.

A comienzos de 1879 José Abelardo Núñez se lamentaba en estos términos: "Yo no tengo ahora en que trabajar, quiero servir a mi patria i creo tener aptitudes para hacerlo, como otro cualquiera"60. En los años subsiguientes, con sus empresas editoriales en Alemania, Núñez haría patriotismo pro pane lucrando y mataría dos pájaros con la misma piedra, lo que en absoluto le hace desmerecer su fama de educacionista insigne.

Fecha de recepción: abril 2007
Fecha de aceptación: enero 2008

 

Notas

1     José Abelardo Núñez, carta a Domingo Santa María, 29 de marzo de 1879, Archivo Nacional de Chile (en adelante ANC), C4273, Santiago de Chile.         [ Links ] Respetamos en todas nuestras transcripciones la ortografía original. Núñez se refiere a sí mismo como 'espía' en la carta del 29 de mayo de 1879, ANC,C4276.

2      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 15 de mayo de 1879, ANC, A8675.        [ Links ]

3      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 17 de mayo de 1879, ANC, C4275.        [ Links ]

4      Consúltense las cartas del Archivo Nacional de Chile comprendidas entre las signaturas C4278 y C4291. En caso de extrema necesidad se manifiesta decidido a dejarlo todo y abrir un bufete de abogado en Antofagasta (cf. ANC, A8675), aunque en otro lugar reconoce que no tiene vocación para ello, mientras que siente pasión por los estudios de instrucción pública (cf. ANC, C4288).

5      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 27 de mayo de 1880, ANC, C4293.        [ Links ]

6      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 30 de octubre de 1880, ANC, C1724.         [ Links ]

7      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, ANC, C1725.         [ Links ]

8      J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, ANC, C3182.        [ Links ]

9      Cf. Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 28 de julio de 1881, Biblioteca Nacional de Chile (en adelante BNC), caja 60, documento 2290, Santiago de Chile. Los títulos que se mencionan fueron editados o reeditados en la época en que Luis Aldunate Carrera -hijo de Ambrosio Aldunate-era ministro de Relaciones Exteriores. Sin embargo, la Memoria de Relaciones Exteriores que Alberto Blest Gana presenta al Congreso en 1872 sí se refiere a "la impresión de varios miles de textos de enseñanza primaria, contratados en Chile con los señores Ambrosio Aldunate e Ismael Rengifo" citado por Francisco Javier González Errázuriz, Aquellos años franceses, 1870-1900. Chile en la huella de París, Santiago de Chile, Taurus, 2003, 69. En cualquier caso, no tenemos constancia de que dichas ediciones hubiesen sido hechas en Bélgica, y es poco probable que estuviesen agotadas, puesto que la última edición chilena del Método de lectura gradual de Sarmiento databa solo de dos años antes.

10    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 30 de abril de 1881, BNC, caja 60, doc. 2281.        [ Links ]

11     Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 5 de mayo de 1881, BNC, caja 60, doc. 2282.        [ Links ]

12    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 16 de mayo de 1881, BNC, caja 60, doc. 2285.        [ Links ]

13     Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 12 de mayo de 1881, BNC, caja 60, doc. 2283.        [ Links ]

14    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 5 de agosto de 1881, BNC, caja 60, doc. 2288.         [ Links ] Y el 28 de julio del mismo mes: "En cartas particulares tanto Blest como yo, volvimos sobre lo mismo, y si no ceden a este tierno soliciteo, sera que nuestros hombres públicos tienen entrañas mas duras que de hierro para los ausentes. Yo te digo francamente que lo espero todo de la superioridad del testo mismo [...] Por este mismo correo mandamos al Ministerio de Instrucción Pública los tres tomitos que mandó Brockhaus [...] Si me mandas a mi unos cinco o seis ejemplares, mandaré tres a España para que la Época y algunas Revistas de las que van a Chile hablen del libro, y procuraré que aqui el Correo de Ultramar diga también algo". BNC, caja 60, doc. 2290.

15     Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 26 de octubre de 1881, BNC, caja 60, doc. 2293.        [ Links ]

16    Domingo Santa María González, carta a J. A. Núñez, ANC, A2596, cuaderno empastado titulado "Borrador de correspondencia I 1881", aunque el contenido llega hasta mayo de 1882.        [ Links ]

17    J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 30 de diciembre de 1881, ANC, A6087.        [ Links ]

18    Manuel Antonio Ponce, Reseña Histórica de la Enseñanza de la Lectura en Chile (siglos XVI-XIX), Santiago de Chile, Imprenta, Litografía y Encuademación Barcelona, 1905, 93.        [ Links ]

19    Ibidem, 101 y 103.

20    José Abelardo Núñez, Esposicion del plan adoptado en la redacción de "El Lector Americano". Curso gradual de lecturas, Valparaíso, Imprenta del Universo de G. Helfmann, 1878, 7-8.        [ Links ]

21     Gonzalo Latorre Salamanca, La vida ejemplar de José Abelardo Núñez 1840-1910, Santiago de Chile, Escuela Nacional de Artes Gráficas, 1944, 35.        [ Links ]

22    Que nos conste, la primera edición 'norte-americana' del Lector de Núñez es la que Appleton tira en 1899, muy cambiada respecto de las precedentes, y que la casa neoyorquina continuaría reimprimiendo hasta una fecha tan tardía como 1938. Tampoco hemos podido localizar la edición de Ivaldi aludida en el Anuario. Por edición 'chilena' entendemos las ediciones impresas en Alemania, pues sus cubiertas y portadas rezaban: "Edición especial destinada al uso de las escuelas públicas de la República de Chile"; la imputación de "groseros errores" ha de interpretarse como un reclamo publicitario de la edición argentina.

23     Valentín Letelier, "Epistolario", Anales de la Universidad de Chile, enero-marzo de 1957, 164.        [ Links ]

24    Ibidem, 172.

25     Carta del 24 de agosto de 1884, cf. ibidem, 173.

26    Carta del 29 de octubre de 1887, cf. ibidem, 178.

27     Informes que, además, "dejan entrever miradas a la situación cultural y social alemana en comparación con la chilena". Durante su estancia en Alemania escribió asimismo "un libro de propaganda nacionalista titulado Chile en 1883, traducido a varios idiomas y que fomentó la inmigración al país". Carlos Sanhueza Cerda, Chilenos en Alemania y alemanes en Chile. Viaje y nación en el siglo XIX, Santiago de Chile, LOM / Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2006, 108.

28     Ponce [18], 117.

29    Bernardo Subercaseaux, Historia del libro en Chile (Alma y Cuerpo), Santiago, LOM Ediciones, 2000, 102.        [ Links ]

30    El mismo título se da como impreso por Brockhaus ya en 1892, pero el Anuario no proporciona el año ni el número de edición.

31     Valentín Letelier, carta a Pedro Montt, 11 de marzo de 1885, BNC, caja 2 <8>.         [ Links ] Letelier exagera las dificultades, puesto que todas las imprentas alemanas, a poca importancia que tuvieran, disponían de juegos completos de tipos latinos en todos los tamaños.

32    J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 29 de febrero de 1884, ANC, B2394.        [ Links ]

33     Guillermo Feliú Cruz, Luis Montt (1848-1909). Intento de una bibliografía sistemática de Chile, Santiago de Chile [s.n.] serie "Bibliógrafos Chilenos", 1969, 7-8.        [ Links ]

34    En el prólogo de Leyendas nacionales, Santiago de Chile. "Imprenta de F. A. Brockhaus, Leipzig", 1885. Los versos concretan esta independencia literaria en el siguiente propósito: "Escribamos sin preceptos, / Cuanto a las mientes nos venga, /1 ninguno se detenga / A meditar sus conceptos. // Si le falta el consonante, / En el sitio requerido, / Hágase el desentendido, /1 continúe adelante".

35    J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, 10 de junio de 1885, ANC, A8041.        [ Links ]

36    Pedro Pablo Figueroa, La librería en Chile. Estudio histórico y bibliográfico del canje de obras nacionales establecido y propagado en Europa y América por el editor y librero Don Roberto Miranda, 1884-1894, París, Librería de Garnier Hermanos, 1896 (2a ed.), 51.        [ Links ]

37    Valentín Letelier, carta a Pedro Montt, 7 de abril de 1885, BNC, caja 2 <8>. Por otra parte, resulta incomprensible que Figueroa tache de caras estas ediciones y recomiende como 'económica' la de los códigos de Roberto Miranda, que costaba 8 pesos. En los catálogos editoriales de Brockhaus, cada uno de los ejemplares de la Biblioteca Chilena se tasa en 4 marcos. A finales del XIX, un peso equivalía aproximadamente a 1'5 M.

38    La anterior edición de Recuerdos literarios y de los artículos de Jotabeche databa de 1878; la precedente de Descubrimiento y conquista de Chile era de 1862. Las Leyendas de Sanfuentes sí llevaban, al parecer, 35 años sin editarse.

39    Virgilio Figueroa, Diccionario histórico biográfico y bibliográfico de Chile, Santiago de Chile, Imprenta y Litografía de La Ilustración, 1925-1931, tomo V, 334.        [ Links ]

40    ídem.

41     Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 24 de febrero de 1881, BNC, caja 60, doc. 2278.        [ Links ]

42    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, BNC, caja 60, doc. 2279.        [ Links ]

43    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 13 de mayo de 1881, BNC, caja 60, doc. 2284.        [ Links ]

44    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, BNC, caja 60, doc. 2289.        [ Links ]

45    La fuente más accesible para esta cuestión es Jaime Eyzaguirre, Breve historia de las fronteras de Chile, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1998 (27a ed.), 84 y ss.        [ Links ]

46    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 22 de octubre de 1881, BNC, caja 60, doc. 2292.        [ Links ]

47    José Abelardo Núñez, Organización de escuelas normales, Santiago de Chile, Imprenta de la Librería Americana, 1883, 13.        [ Links ]

48     Cf. Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez,11 de diciembre de 1881, BNC, caja 60, doc. 2294.        [ Links ]

49    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 5 de noviembre de 1898, BNC, caja 60, doc. 2295.        [ Links ]

50    ídem.

51     Figueroa [39], 334.

52     Cf. Carlos Moría Vicuña, carta a José Abelardo Núñez, 11 de diciembre de 1881, BNC, caja 60, doc. 2294.        [ Links ]

53    Las dos citas en Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 21 de enero de 1880, BNC, caja 60, doc. 2275.        [ Links ]

54    Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 30 de agosto de 1881, BNC, caja 60, doc. 2291.        [ Links ]

55     Carlos Moría Vicuña, carta a J. A. Núñez, 30 de noviembre de 1880, BNC, caja 60, doc. 2276.         [ Links ] Según Figueroa [39], Moría también publicó en Europa una Historia de la Isla de Juan Fernández que no hemos podido localizar.

56    "De esta manera, gracias a un representante del gobierno chileno enviado a Leipzig a tal efecto, Don J. Abelardo Núñez, se imprimieron poco a poco más de un millón de libros escolares en español para la República de Chile". Heinrich Eduard Brockhaus, Die Firma F. A. Brockhaus von der Begründung bis zum hundertjahrigen Jubilaum. 1805-1905, Leipzig, F. A. Brockhaus, 1905, 299.        [ Links ]

57    Desde entonces imprimió F. A. B[rockhaus] millones de ejemplares de manuales escolares. Vapores y barcos de vela transportaban enormes balas de libros por el mar". Arthur Hübscher, Hun-dertfünfzig Jahre F. A. Brockhaus. 1805 bis 1955, Wiesbaden, F. A. Brockhaus, 1955, 173.        [ Links ]

58    Consúltese el fondo Verlag F. A. Brockhaus, documento 84, en el Sachsisches Staatsarchiv de Leipzig.

59    Consúltese el fondo Verlag F. A. Brockhaus, documento 624, en el Sachsisches Staatsarchiv de Leipzig.

60    J. A. Núñez, carta a Domingo Santa María, ANC, A8675.        [ Links ]