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Historia (Santiago)
On-line version ISSN 0717-7194
Historia (Santiago) vol.40 no.1 Santiago June 2007
http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100008
| Instituto de Historia RESEÑAS
JOAQUÍN FERMANDOIS. Mundo y fin de mundo: Chile en la política mundial 1900-2004. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile, 2004.
Joaquín Fermandois ha producido un libro masivo e inteligente. Este estudio detallado y comprensivo cubre más que cien años de la historia de la interacción entre la política internacional y nacional. Al mismo tiempo examina la influencia de otras fuerzas externas, incluyendo las facetas económicas, diplomáticas, estratégicas e intelectuales. Su tratamiento cuidadoso de casi todos los temas políticos esenciales puede servir como una historia narrativa de Chile en el siglo veinte. La escritura es sumamente clara y ágil. El análisis es erudito, objetivo y equilibrado. La investigación se funda en dos excelentes libros anteriores del autor sobre relaciones exteriores, bajo los presidentes Arturo Alessandri (1932-1938) y Salvador Allende (1970-1973), y en una inmensa bibliografía internacional. El logro más impresionante de este libro es el desarrollo consistente de una tesis coherente a través de todas estas décadas, desde la primera página hasta la última (551 páginas de texto). Fermandois muestra que la vida pública chilena ha sido formada en una parte significativa por las corrientes transnacionales. También enfatiza que estas influencias universales han tenido mayor impacto allí que en los otros países latinoamericanos. Este fenómeno no es solamente la dependencia sino la interacción entre los poderes extranjeros y los grupos nacionales, como en muchos países. Este historiador hace una distinción valiosa entre las relaciones internacionales tradicionales y el concepto más amplio y poderoso de la política mundial del intercambio de productos, capitales, personas, ideologías, y culturas. A la vez, analiza correctamente la recepción doméstica de estos paradigmas u olas exteriores como una apropiación ajustada a la realidad nacional, no solamente una imitación ciega o mecánica. La asimilación selectiva de flujos extranjeros no elimina el propio centro de gravedad de la sociedad chilena. Además, el autor anota la paradoja de que Chile es excepcional no en el sentido clásico y nacionalista de exhibir una historia sui generis, sino en el sentido de vincularse más que sus vecinos a los cambios en otras partes del orbe. Fermandois comienza su elaboración de este proceso con un capítulo conciso sobre los aspectos internacionales del desarrollo de Chile desde la conquista hasta el fin del siglo XIX. Entonces el país entró en el siglo XX con su territorio, identidad e instituciones nacionales bien establecidos. Después de este resumen, el autor presenta cronológicamente muchas experiencias profundas con los rumbos del planeta, como las revoluciones en Rusia y Cuba, las ideologías liberales y marxista y fascista, las guerras calientes y frías, y los altibajos de la economía global. Para mis intereses profesionales, me gusta en particular su análisis de la evolución de las instituciones modernas y exitosas de Chile desde 1932 hasta 1973 y su presentación de las intervenciones de los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Después de leer este libro, no tengo duda sobre el argumento central del alineamiento chileno con muchos diseños europeos. Aunque Fermandois habla de las influencias universales, en mayor parte se trata de las modas occidentales, no tercermundistas. Mi única pregunta pendiente es, ¿por qué Chile ha vivido más intensamente que las otras naciones latinoamericanas los cambios occidentales? Todo el hemisferio recibió las mismas transmisiones globales. Como un país ex-cepcionalmente aislado, es una sorpresa que Chile fue más abierto a esos impulsos, pero ¿tal vez quería adoptar esas recetas exóticas precisamente por razón de su aislamiento y insularidad dentro de América Latina? ¿Quizás refleja la determinación chilena de distinguirse del resto de América Latina como un país supuestamente superior? ¿Otra respuesta puede ser su formación fuertemente europea, sin mucha población indígena o africana, en contraste con los países con más mestizos? Sin embargo, este factor no ilumina la diferencia entre Chile y Argentina o Uruguay, especialmente con la llegada en esos países de mucho más inmigrantes del viejo mundo. Otra posibilidad mencionada por el autor es que Chile se identificó excepcionalmente con las tendencias europeas por razón de su deseo de ser más desarrollado? Este afán por la modernización existía también en toda la América Latina, pero en muchos países con unos niveles de ingreso y educación per capita mucho menor. Este acercamiento chileno a las fórmulas occidentales se relaciona también con otra manifestación difícil de explicar. Se trata del rol recíproco de Chile como un modelo para otros países tanto en Europa como en América Latina. En las primeras décadas del siglo veinte Chile no tuvo un perfil tan alto. En esa época, los periódicos británicos convocaron un concurso para escoger el titular más aburrido del mundo. El ganador fue "Terremoto Pequeño en Chile". Pero en las últimas cuatro décadas, Chile ha tenido unos grandes terremotos políticos escuchados en todo el mundo, especialmente con el socialismo democrático de Salvador Allende, el capitalismo autoritario de Augusto Pinochet, y el neoliberalismo democrático de la Concertación. En contraste con la revolución en México o el Peronismo en Argentina, estos experimentos chilenos han tenido una resonancia planetaria. ¿Por qué? Para responder a esta interrogante, se puede imaginar una combinación de por lo menos tres razones en comparación con la norma en la América Latina. Una explicación de su fama internacional a pesar de su tamaño pequeño puede ser que Chile es una sociedad relativamente desarrollada con una población altamente educada. La segunda puede ser la incorporación dominante de las ideologías occidentales en vez de indígenas o tercermundistas en los discursos de los intelectuales y políticos chilenos. La tercera puede ser la institucionalización temprana y durable del Estado, los partidos políticos, las fuerzas armadas, y la iglesia católica. Tal vez todos estos factores dan a ciertos eventos chilenos unos ecos globales. No estoy seguro de las repuestas a estas preguntas comparativas inspiradas por el libro sobresaliente de Fermandois. Sin embargo, su estudio indica la importancia de estas cuestiones y algunas maneras de explorar las posibilidades. Por eso y por su alta calidad, es una contribución fundamental a la historiografía chilena. PAUL W. DRAKE |











