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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.40 no.1 Santiago June 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100002 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 35-68
ISSN 0073-2435

ESTUDIOS

 

LA IMAGEN DE CHILE EN LA OBRA INÉDITA Y DESCONOCIDA DE ANDRÉS SABELLA (1912-1989)1

 

JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ PIZARRO*

*Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile. Correo electrónico: jagonzal@ucn.cl


El artículo revisa la construcción de la imagen de Chile en la obra de Andrés Sabella, centrada en sus cursos universitarios, conferencias y artículos, inéditos y desconocidos.

Para ello, se examinan dos temas: a) el sentido del igualitarismo en la historia y en la literatura y b) el arquetipo nacional, el "roto" chileno y su símbolo cotidiano, desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX.

Palabras clave: Sabella, Chile, imagen, historia.

This paper deals with the construction of Chilean image in Andres Sabella's works, focusing on his university lectures, conferences and articles, unedited or unknown. For this purpose, two topics are analyzed: the sense of equalitarianism in history and literature and the national archetype- the Chilean "roto" and his daily image, from the XVI century to the mid-XX century.

Key words: Sabella, Chile, image, history.


I. INTRODUCCIÓN

Nuestro país proyecta una imagen en su contexto americano apoyada en la propia evolución de sus relaciones con los países vecinos. Y esto se constata sea a nivel estatal o en los denominados agentes no estatales, o paradiplomacia. También, hemos construido una imagen de Estado desde los inicios de nuestra vida republicana. Todo esto contribuye a la confluencia de una política en pos de articular nuestra identidad nacional bajo los andamios de los aportes de una historiografía auspiciada por la Universidad de Chile y una literatura singular que comienza en aquellos propósitos con Lastarria. No obstante, se ha difundido una imagen desde la literatura colonial: la de la espada que dibujaba Alonso de Ovalle, que nos delataba como un territorio en convulsión. Las tensiones del conflicto hispano-indígena y ser una capitanía general, reforzaba el tópico de un país en guerra y para la guerra. De igual modo se erigió o se buscó por nuestra intelectualidad tanto tradicional como progresista una imagen bastante antitética en sus fundamentos. Mientras unos, acomodándose a la historiografía conservadora, desde Sotomayor Valdés, Alberto Edwards, Francisco A. Encina hasta Jaime Eyzaguirre buscaban el acento en la construcción del edificio institucional, de sello autoritario, en los cimientos del catolicismo y en los valores de esfuerzo, austeridad. Añadiéndose, en sus extremos más nacionalistas, una cohesión racial-social. Otros, siguiendo las orientaciones de la historiografía de la línea liberal-laicista, desde Diego Barros Arana, Luis Galdames hasta Julio César Jobet, reparaban en el profundo mestizaje, la búsqueda de un orden basado en la libertad y en la democracia social. No faltando los que visualizaron en esta, las propias contradicciones de los sistemas feudal y capitalista, en sus exponentes de cuño marxista. Como un matiz de profunda sugestión, las más vibrantes voces líricas nacionales a nivel continental, como Neruda y Mistral, mostraron una exaltación del reconocimiento indígena.

En este marco de ideas afines, préstamos de variada índole, utilización de fuentes diversas, reflexión sobre el ser nacional y vivencia del territorio, es donde debemos situar la divulgación de una imagen de Chile por parte de Andrés Sabella.

II. LOS MATERIALES DE SABELLA PARA LA CONSTRUCCIÓN DE SU IMAGEN DE CHILE. AFINIDADES Y DIFERENCIAS EN LA LITERATURA NACIONAL

Andrés Sabella Gálvez (su nombre completo es Andrés Expedito Florentino Sabella Gálvez) nació en Antofagasta el 13 de diciembre de 1912 y murió en Iquique el 26 de agosto de 1989. Sus estudios de preparatoria y humanidades los cursó en el Colegio San Luis de su ciudad natal, donde fue condiscípulo de Radomiro Tomic Romero, José Herrera, Antonio Vodanovic. Inició su incursión en el periodismo en el diario La Tarde en 1928. Al año siguiente publicó su revista literaria Carcaj. En 1930 publica su primer libro Rumbo Indeciso por la Editorial Nascimento. En 1932 se instala en Santiago para iniciar sus estudios de Derecho. Primeramente en la Universidad Católica, donde conoce a Eduardo Frei Montalva y los jóvenes conservadores que se integrarán más tarde a la Falange y, seguidamente, se traslada a la Universidad de Chile. En esta última, cursó los estudios completos de Derecho, pero no se licenció. Se integró a las corrientes marxistas del grupo "Avance" que ayudó a formar. En Santiago permaneció hasta comienzos de 1953. En la capital publicó ensayos como Crónica mínima de una gran poesía, Centenario de J. K. Huysmans, Semblanza del Norte Chileno, poemarios recogidos en Martín Gala, Chile, fértil provincia, La sangre y sus estatuas, entre otros títulos, y su novela Norte Grande. Fue articulista de la prensa capitalina: Las Ultimas Noticias, Hoy, El Siglo, La Nación, etc. Colaborador de publicaciones universitarias, principalmente Atenea de la Universidad de Concepción, y del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile. En la prensa del norte y de la capital escribió diariamente. Mantuvo una nutrida correspondencia con escritores nacionales. Gabriela Mistral lo elogió por su preocupación poética por los niños; Pablo Neruda señaló que "Andrés Sabella nortiniza, como yo ensurezco".

A su regreso a su ciudad -Antofagasta- prosiguió su obra poética con Poemas de la ciudad donde el sol canta desnudo, Canciones para que el mar juegue con nosotros, Hombre de Cuatro Rumbos, Un niño más el mar, El mar tiene veinte años, Dura Lanza, y prosiguió como articulista de El Mercurio de Antofagasta, Ercilla, Hoy, Análisis, incorporándose como académico de la Universidad del Norte, en la década de 1960, fundando la Escuela de Periodismo y desarrollando la Cátedra de Literatura Chilena en la carrera de Castellano. A partir de 1955 y hasta su muerte volvió a dirigir y editar la revista literaria "Colecciones Hacia. La Tierra. El Hombre. La Poesía" que había fundado en 1933. Obtuvo diversos reconocimientos por su actividad literaria, de la zona norte, de la ciudad, de la Universidad del Norte, de la Academia Chilena de la Lengua y fue postulado en tres oportunidades al Premio Nacional de Literatura.

Andrés Sabella se destacó por su bonhomía, desarrollando un sentido de la amistad por sobre las ideologías y credos, y colaboró con todas las instituciones sociales. Fue militante comunista pero a la vez abogó por un cristianismo social. En sus últimos años volvió al catolicismo, sin renunciar a su compromiso político. Escribió innumerables himnos y poemas en honor, entre otros, a la Virgen María, a S.S. Juan Pablo II, a la Intendencia del Ejército, a la Hermandad de la Costa, etc.

Fue el poeta por antonomasia del Norte Grande y en especial de Antofagasta, un difusor de la fraternidad latinoamericanista y un inclaudicable defensor de la paz y de la dignidad humana.

Dejó obras inéditas en todos los géneros: poesía, ensayos, relatos, cursos impartidos.

Su amplio conocimiento de la literatura chilena, la colonial, la republicana, y de las diferentes corrientes estéticas del siglo XX, lo llevó a convertirse en uno de los principales estudiosos de la literatura social nacional. Y conferencista en distintas latitudes del país, desde Arica hasta Punta Arenas.

Este bagaje le permitió bocetar una interpretación de Chile. En este intento reparó en la evolución institucional y en el pensamiento sociopolítico más progresista.

A lo vivenciado en Santiago -por espacio de veinte años- y lo conocido del sur del país, donde se empapó del paisaje verde, de la huasería y de la vieja hacienda patronal, adicionó los materiales y su íntimo conocimiento de su lar nativo, el Norte Grande y de su minero pampino. Fue este para Sabella el prototipo del luchador social, el que gesta el proletariado chileno, y una variante de los mineros habidos en el país. Este tipo es el que hará contrastar Sabella en oposición al huaso maulino2.

Sabella en los cursos universitarios desarrolló ampliamente su visión, de modo sistemático. Esto puede cotejarse en los volúmenes dejados, con sus referencias a libros y autores; además, en los artículos de la prensa nacional ahondó, bajo el pretexto de las recensiones bibliográficas, en propalar informaciones y datos diversos que afianzaron sus exploraciones sobre el tema en cuestión. Bajo este criterio puso atención a los materiales intratextuales no reparados por otros críticos.

En Sabella, el paisaje jugó un papel importante en las condiciones sociales y principalmente psicológicas de los tipos humanos que ha forjado el país. En sus conferencias tendió a ir coloreando el territorio desde las primeras impresiones coloniales hasta las actuales, sin olvidar los aportes desde las Bellas Artes3.

Fue consciente que el Norte Grande -su patria provinciana- entregó a un hombre en lucha constante contra la naturaleza, un aventurero por desentrañar lo más recóndito de la riqueza minera. Un tipo humano al que se le asoció -o identificó aparentemente- con el paisaje hosco, duro, del desierto, el rostro impasible, huraño del minero.

Empero solamente los que podían incursionar en las fibras vivenciales más fundamentales del ser chileno, sostuvo Sabella, podían distinguir caracteres geográficos. Y reparar en las vértebras que lo unían al cuerpo nacional. Aquello lo vieron con mayor penetración psicológica los escritores, y, principalmente, los poetas4. De ahí, anotemos de paso, su atención por la literatura de provincia, donde comentó los rasgos locales en obras de escritores no recogidos en las historias o antologías literarias nacionales5.

Sabella trató en sus conferencias y cursos los temas identitarios y sus impresiones sobre Chile. Algunas de sus notas las divulgó en la prensa diaria.

En los materiales en referencia, nuestro autor bosqueja una imagen de Chile, a veces contradictoria en sus elementos, por la multiplicidad de estos, que hacía concurrir en su argumentación. Aquello le permitió alcanzar dos finalidades: construir una visión del país que, reflexionada en el mismo periodo que Mariano Latorre hacía sus anotaciones, buscará reinterpretar el espíritu de la nación, en los valores de la libertad y la igualdad social. Variables que pudieron salvar a un país -consideraba el escritor nortino- en sus contradicciones sociales y económicas y asociar la construcción jurídica del Estado con los anhelos que abrigaba la mayoría de la nación. Esto le condujo a promover un concepto de Chile -e identidad nacional- enriquecida por la pluralidad de tipos humanos y que podía resumirse en un ser social, de carne y hueso; arquetipo de fortalezas y debilidades del ser nacional.

En esta perspectiva, recogió -y en cierta forma edificó- una idea de país que en determinados periodos de la historia se asemeja y a la vez se distancia de otras identidades de naciones latinoamericanas. Su amor por Chile lo condujo a pesquisar la construcción social de su identidad, pero a la vez, hallar una sinonimia con las naciones latinoamericanas en cuanto al sacrificio de sus clases pobres. Es desde esta mirada que buscó difundir un sentido de la identidad nacional apoyado en los sectores populares y realzar las fechas más caras asociadas con el "roto" y su gastronomía. Acostumbró cada día 20 de enero invitar a sus íntimos a degustar un buen plato de porotos, fideos y tocino regado con "buen tinto", para celebrar el "Día del Roto Chileno".

Sabella, junto con el arqueólogo Roberto Montandón, organizó el Vagón Cultural de la Universidad de Chile con destino al Norte, en septiembre de 1951. La iniciativa le brindó la oportunidad de ir articulando la idea de patria (un constructo donde se abrigaban las imágenes e identidades de la nación) en sus distintas conferencias. En estas, como gustaba señalar, "hemos venido a enseñar lo poco que sabemos y a aprender lo mucho que el ambiente, el panorama, las gentes" brindaba a la intelectualidad chilena6.

Concluido el periplo por la zona septentrional, fijó, en las páginas de Democracia, periódico santiaguino, su concepto de la imagen de Chile:

"Y tratamos de enseñar a Chile. Pero entendámonos: al Chile de los chilenos que no poseen precio ni suciedad interior, sino que al del pueblo, al de los rotos de epopeya y poetas de alcurnia. Vivimos la embriaguez de una chilenidad aposentada en poesía y no en chauvinismos de estúpidos feriantes y demagogos. Creo que el Norte nos comprendió en demasía: las vibraciones cordiales no escasearon jamás en torno nuestro, y si la voz es una semilla, ¡que nuestra voz de obreros del pensamiento fructifique, día a día, allá, en ímpetus de un Chile liberado de imperialismos y guerreantes, en ímpetus de una patria nuestra [énfasis original], entrañable, perdurable y creadora!"7.

Su pensamiento sobre la temática estuvo influido, como lo haremos constar, por los resultados de los variados ensayos, conclusiones historiográficas e incursiones de la literatura en la búsqueda contemporánea a sus divagaciones. En estas coincidencias y diferencias fue partícipe de la búsqueda de una identidad de sello esencialista. Acomodó a sus fines innumerables aportes. Pero reelaborados desde su peculiar mirada. Aun así, su visión es fundamentalmente deudora de su tiempo, de su propia historia individual, del proceso colectivo cultural que anima a las distintas visiones de Chile: desde la tradicionalista-hispanista hasta la socialista-indigenista.

Su propia reflexión respecto a lo que él es y le agradaría ser considerado como tal (pacifista, internacionalista, obrero intelectual, en la perspectiva gramsciana, latinoamericanista, "chileno a todo dar", regionalista nortino), coadyuvó a la valoración de los materiales acopiados y a la óptica que emplea respecto a lo que observa. En consecuencia, esta mirada de Sabella, anota e interpela la realidad sociocultural confrontándola con el "resto" de visiones e interpretaciones consignadas. Las "otras" perspectivas, que él conoce. Es un escritor que frecuenta variados ambientes: desde los espacios de la intelectualidad mesocrática hasta las instancias de sociabilidad populares. En todas estas vivencias sopesó determinados rasgos de lo que debería encarnar al sujeto social chileno. Fue una búsqueda en pos de la identidad psicosocial nacional. Esta la concretó, en el pueblo-pueblo, como gustaba acotar, simbolizado en el "roto". Este sujeto es el que traspasa las épocas históricas. Sabella se introduce, entonces, en las condiciones de su existencia. Estas las encuentra diseminadas a lo largo del territorio, en sus costumbres, su historia. Son los factores que dan forma, concreción real, existencia histórica, al "roto" como constructor cotidiano del país. Empero, el autor de Norte Grande, repara que en la formación dinámica de este sujeto social, se percibe con claridad los aportes -y diferencias respecto a él- entre el Estado y la Nación. El "roto" anida en la nación, es el perfil humano sobresaliente, metamorfoseado en los variados tipos humanos de nuestra geografía, del grupo social que habita el territorio. En el Estado no siempre se le soporta, apostilla en una de sus conferencias de la década de 1960.

El "roto" había merecido una atención particular desde 1920 adelante. Una, por el libro de Joaquín Edwards Bello El Roto, publicado en Santiago, en 19208. Nueve años después, Roberto Hernández escribe en Valparaíso El Roto Chileno9, que ha sido situada en la versión militar-racial de la identidad chilena10.

Su amistad temprana con Pablo Garrido y Oreste Plath, que se remontaba a 192911, lo hizo coincidir con ambos sobre el sentido del "roto chileno". Plath, el más perseverante pesquisador de nuestro folclore, dio a conocer su "Epopeya del Roto Chileno" en 1957, en el libro de Nicomedes Guzmán Autorretrato de Chile12. Garrido publicó una síntesis magistral del "Roto" en su libro Historial de la Cueca en 197813.

No obstante, Sabella siguió, y distinguió siempre, a Carlos Pezoa Veliz como "el intérprete del hombre chileno". Esto en razón de su fundamental libro Alma Chilena, en cuyos poemas desfilan "los príncipes del despojo": jornaleros, mercachifles, rateros, pacos, jueces de turno, vecinos, sin excluir mujeres de estirpe menor, como "Teodorinda", empleadas de correo, criadas, viejas. De su poema "Alma Chilena" salta la expresión preciosa: "rotos de alto rango"14.

Teniendo como fondo estos antecedentes examinaremos en la obra sabelliana de qué modo fue estructurando una imagen, peculiar y distintiva, de Chile y una identidad nacional, de fuerte acento esencialista y popular, que se vincula estrechamente con la interpretación que emprendió de la historia de Chile15.

Los temas que abordó nuestro autor y que fue enriqueciendo en cada curso fueron:

El sentido y búsqueda de la igualdad social en la historia y en la literatura. El arquetipo nacional. El roto chileno como símbolo cotidiano.

III. LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN DE CHILE

1. El sentido y búsqueda de la igualdad social en la historia y en la literatura

Sabella abordó la temática de la igualdad social, desde la perspectiva de la evolución del pensamiento en nuestro país. El conjunto de ideas que avaló esta incursión estuvo compuesto de disímiles vertientes: desde la poesía, las crónicas coloniales, los intelectuales republicanos, apoyándose en determinados juicios históricos, desde Barros Arana hasta Jaime Eyzaguirre.

No es de extrañar que la materia en sí fuese de profunda estimación en los afanes intelectuales del escritor antofagastino. Se le respetó en los círculos entendidos como un buen conocedor del pensamiento socialista, en sus dos fuentes, la utópica y la denominada científica. Pero, también, fue un buscador de las primeras páginas del anarquismo en Chile y de las hojas líricas en torno a la Sociedad de la Igualdad16. Conocidas son sus páginas dedicadas al tema. De igual manera es interesante observar cómo en los cursos impartidos fue entrelazando los antecedentes que, ahora, esquematizaremos, siguiendo los registros dejados17.

El sentido que otorga a los autores y lecturas seleccionadas se inscribe en una filosofía de la historia que toma el idealismo hegeliano -el espíritu absoluto- y lo insufla en una perspectiva dialéctica, concreta, que, de un modo muy personal, lo relaciona, a veces, con las condiciones materiales de la nación chilena. Es una mixtura con el materialismo histórico. En sus exposiciones deja margen de autonomía a las ideas respecto de los modos productivos. No hay un uso mecánico del materialismo dialéctico. Así, se puede entender, que su acentuación por el despliegue del espíritu -las ideas-fuerza de las libertades personal y política, la igualdad, la lucha contra la opresión, el antiimperialismo- lo observa vinculado con el devenir de la historia y las situaciones de la sociedad de entonces, rodeando sus acotaciones con pinceladas de metáforas líricas18.

Si se examinan los temas que compusieron el "programa" del sentido de la igualdad social en nuestra historia y literatura, podemos indicar que tuvieron por finalidad alcanzar dos objetivos: a) La exaltación de lo colectivo por sobre lo individual. Buscar trazar la épica del "pueblo" chileno, otrora en la etnia mapuche hoy en las clases asalariadas; b) Bosquejar los rasgos o elementos más sobresalientes de la cohesión social del chileno en torno a sus valores perennes -la libertad, la justicia social, la lucha contra toda opresión, etc.- estableciendo en el tiempo la constitución de un "modo de ser chileno".

De esta manera, en algunos tópicos tratados los materiales acopiados le permitieron afrontar con abundantes noticias su explanación; en otros, algunos hechos, una expresión poética, fundamentaron su exposición. En algunos casos, autores y obras los clasificó bajo un epígrafe evocador y sintético a la vez para una época o periodo de nuestra historia.

Una variante de la exposición de Sabella sobre este tópico quedó planteada del modo siguiente:

1. Con Ercilla y La Araucana comienza en Chile la "poesía ideológica", pues al entroncar las acciones bélicas hispanas en suelo nacional se descubre al héroe colectivo, que son los araucanos. Aquello no encajaba con la épica tradicional. Ercilla cantó a los caracteres colectivos, a las masas de araucanos y españoles. Mientras España vio lo exótico, Ercilla trazó el sentido de la lucha indígena, vinculado con la libertad. De esta manera, anota Sabella, siguiendo el parecer de autores como Menéndez Pelayo, Crescente Errázuriz, José Toribio Medina, Fernando Alegría, los españoles se proyectaron sin relieve individual, propia de la mirada de los historiadores; mientras los araucanos quedaron inmortalizados e idealizados por el poeta.

La mirada "igualitaria" de Ercilla hizo que despojara su obra de la diversión cortesana, como había establecido Ariosto en Orlando el furioso. El problema a cantar era de índole social: la libertad de todo un pueblo.

En Ercilla, estampó Sabella:

hay que alabar la honradez del extranjero que supo mirar y admirar a los que le erguían sangre y fuego a los invasores. En el canto I de "la Araucana" brillan dos estrofas que confluyen en la grandeza moral de nuestra primera piedra sanguínea:

"La sangre que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida

No ha habido rey jamás que sujetase esta
soberbia gente libertada,
ni extranjera nación que se jactase
de haber dado en sus términos pisada

"Es el imperativo de la libertad la diadema que adorna el corazón de la raza"19.

Al lado de Ercilla no dejó de mencionar la acción indigenista de Fray Gil González de San Nicolás. El sacerdote puso el acento ético y cristiano a las formas de vincularse el castellano con las poblaciones aborígenes. González de San Nicolás se alzó ante la visión sabelliana como el introductor del lenguaje como herramienta de azote, al denunciar las indignidades surgidas por el propio hombre ante sus semejantes.

Chile era un pueblo que sueña, apostilla el poeta nortino. Y esto se manifestaba desde las profundidades de nuestra geografía. Anota:

"II Katufé significa entre los araucanos el poeta, el varón que puede mover los hilos misteriosos del ser y del mundo. Es el varón que mira extrañamente y vive como rodeado por un invisible rebaño de fantasmas. Las hazañas doran la lengua de estos hombres y los héroes emergen de su voz como de un agua milagrosa. Los "weipife" (los narradores), cuando deben recitar lo hacen con angustia, plañideramente. El poeta equivale a la memoria iluminada. Así, il Katufé"20.

La lección araucana o mapuche constituyó para Sabella el cimiento de nuestro patriotismo. Y se pregunta:

¿En qué chilenos asentaríamos una galería de patriotas fundamentales? Esta pregunta la replica la Historia. En la borrasca de la Conquista, el cacique Colocólo, ensangrentado y solemne, la inicia, con su Discurso de Unidad, ordenando volver "las armas y ánimo furioso / a los pechos de aquellos" que afrentaban a su pueblo, "en dura sujeción", no derramando "la sangre del Estado/ que para redimirnos ha quedado". La reflexión del indio nos toca en la mudanza de los siglos: los patriotas de 1810 leían La Araucana para vigorizar su ideal. En la sabiduría de Colocólo bebieron su empuje de la victoria independentista: la unidad del pueblo se acredita como la más segura arma en el combate "contra el tirano en resistirlo". El patriotismo es la gala moral que se desprendió para nosotros, de aquel a quien la "codicia de mandar" nunca inquietó, pues su primera y última advertencia fue no degollar la patria:

No me pesa de ver la lozanía
de vuestro corazón, antes me esfuerza;
mas temo que esta vuestra valentía
por mal gobierno el buen camino tuerza;
que, vuelta entre nosotros la porfía,
degolléis vuestra patria con su fuerza;
cortad, pues, si ha de ser desa manera
esta vieja garganta la primera

En una variante del curso, Sabella introdujo la personalidad de Pedro de Valdivia y comentó sus epístolas. Valdivia "es el primer escritor chileno que siente a la tierra chilena, en ímpetus de amor" y en tal sentido reparó en lo que él estimó era la "Carta" más elocuente, la del 4 de septiembre de 1545. Esta, aseveraba Sabella, deberíamos los chilenos volver a leerla. Los sueños del Conquistador se confunde con los nuestros: Chile, una tierra de feracidad y felicidad. La otra Carta, es la del 25 de septiembre de 1551, donde Valdivia refiere al Emperador: "es todo un pueblo e una sementera, y una mina de oro", que nuestro autor traduce:

"Valdivia entiende a Chile como una sustancia humana, en primer
término (un pueblo), para, en seguida, contemplarlo en su fuerza sustentadora (una sementera), y en su atracción (una mina de oro)"21. Valdivia quedó entrampado en su propia artimaña áurea -"toda la tierra está llena dello, y donde quiera que quisieran sacarlo"-, lo cual unió la locura a la conquista absurda de Chile, que Miguel Luis Amunátegui exaltó, pues prefirió que le creyesen loco, "antes que desistir". Este "loco", para Sabella, es el primer "roto" que le puso el hombro a una tarea de patria. Con Valdivia entró al territorio el "maletín de las vocaciones" (que aludió Alberto Romero en su personaje Fidel Astudillo en La viuda del conventillo):

¿Qué no enfrentó Valdivia para consolidar su empresa? Fue
gobernador, capitán, padre, amigo, zumétrico, alarife, labrador, gañán,
mayoral y rabadán: "y, en fin, poblador, criador, sustentador,
conquistador y descubridor". De mano diestra y varia, legó a los
chilenos la habilidad de manejar la vida, desde una pala o un remo,
desde un martillo o un arado, desde un escritorio o un negocito de mala
muerte, desde una baraja o una cuchilla22.

2. Con Pedro de Oña tenemos al primer poeta chileno. Para Sabella, el Arauco Domado es un intento épico que luce en lo lírico. Si bien es más poeta que Ercilla, no tiene la imaginación de este. Su mención lo justificó en el descubrimiento del paisaje, aun cuando lo europeiza. Su inserción en la cuestión del igualitarismo obedece a que Sabella estimó que Oña igualó a hombres y mujeres. Nuestro autor reparó en algunos pasajes del Canto II:

Pues andan en su danza tan hermanos,
Que siempre van asidos de las manos

De trecho a trecho en corros se congregan,
El hombre y la mujer interpolados,
Y todos por los dedos enlazados
Cabezas, pies ni bocas no sosiegan23.

Imagen que no solo se observaba en el extenso poema de Oña referido a las danzas en tiempos de paz sino al igual en momentos marciales, como rescataba el Canto VI:

En tanto la femínea compañía
Que estaba atrás dos leguas, aguardando
El buen o mal suceso de su bando,
Costumbre que la guardan hoy en día,
a propósito de la preocupación y amor de Gualeva por el destino de Tucapel.

El sentido del igualitarismo que recoge Sabella radica en la entrega individual por la causa de todos, que Arauco Domado aporta en varios pasajes: es Arauco contra España. En el Canto V el poeta colonial traza los arquetipos antitéticos:

Y en frente por la parte que venia
Arauco denodado contra España

Al indio bravo el joven orgulloso

Orgullosos bárbaros de fama24

Concepción épica individual en pro de lo común que comienza a desplegarse durante el cautiverio de Galvarino y posterior suplicio a manos de los españoles. Su sacrificio por la tierra mapuche alcanza incluso a aquellos que lo han traicionado:

No dejo de morir con alegría,
Muriendo por la dulce patria mía,
Que es una misma cosa con la vuestra25.

Que alcanza su cénit en el discurso del guerrero ya mutilado de sus brazos ante el Senado araucano:

Mira, como en mi el tirano poderío
Quiere agraviar a todo Arauco junto26

No omitió Sabella, al tratar del poeta de Angol, el ánimo de justicia que animaba a García Hurtado de Mandoza y para ello mostraba como en el Canto III en su estada en La Serena, Oña describe la situación con que se encontró el Gobernador de Chile:

Echó de ver su mucha demasía
Y cómo andaban todos absolutos
Sin regla, sin medida, ley ni fuero
Con el ansioso hipo del dinero
¡Oh gran legislador del Nuevo Mundo,
Celoso de equidad y de justicia

El escritor nortino no dejó pasar que Oña retrató el primer desnudo femenino: Fresia, inaugurando otra arista en la poesía chilena27.

No obstante, reparaba Sabella que Oña, en el Exordio, estrofa 19, de su Arauco Domado, al afirmar "y en opinión quizá de no tan cierta, /mas tal es un rencor, que da por bueno/ el daño propio a trueque del ajeno", vio lo que no existía, alterando la realidad del pueblo araucano.

3. Pineda y Bascuñán con su Cautiverio feliz y razón de las guerras dilatadas de Chile, constituyó para nuestro autor, un hito en nuestra formación de la idea de lo propio. Con Pineda y Bascuñán tenemos el aliento de la defensa india y el reconocimiento al patriotismo indio. También, al cronista que lanzó un grito de crítica sobre los forasteros: el cambio de medicina para salvar al cuerpo enfermo de la patria. Que la gobiernen sus hijos, no los extranjeros. Sabella celebró en Pineda la notable ecuanimidad de la visión indígena, cuya paz ha sido trastrocada por la avaricia y la guerra de los invasores.

Destacó en los cuadros que entrega Pineda y Bascuñán cinco elementos que se integran en nuestro devenir, tanto en lo sociológico como en lo psicológico:

a) La guerra justa de los araucanos contra la tiranía y esclavitud de los españoles. Y para argumentar sobre esto acudió a la edición de 1863 de este libro colonial, del cual citaremos entre paréntesis las páginas correspondientes que figuran en los papeles de Sabella:

"La esclavitud de esta nación es la que perturba la paz, el sosiego y la quietud de este reino" (p. 331); tal situación ha alterado a los "bárbaros infieles" que estaban quietos y pacíficos en sus tierras. La anotación lo enlaza nuestro autor al diagnóstico del militar en cautiverio: "No tenemos que esperar paz firme en este reino de Chile mientras reinare en él la codicia, la maldad y la insolencia" (p. 197).

b) El patriotismo de sus habitantes y la defensa de estos a su propia administración:

No hay nación en el mundo que tanto estime y ame el suelo donde nace, como esta de Chile, pues se ha visto en ocasiones llegar a cautivar algunos indios de los más ancianos y viejos, y por no salir de sus tierras, permitir los hiciesen pedazos antes que tener vida fuera de sus límites y contornos...¿Puede el amor de la patria llegar a mayor extremo? (p. 70).

Son los advenedizos y los forasteros, los enemigos de "nuestra patria Chile".

c) El cagüín y las comidas, sustento de la sociabilidad popular.

Sabella se detiene en el significado social del "cagüín" para nuestra fisonomía psicosocial, acudiendo a las definiciones de Pineda y Bascuñán: "grande fiesta y borrachera" (p. 102) y "junta común y alegre borrachera" (p. 201), que retratan parte de nuestro modo de ser.

El comer en abundancia, principalmente cierta apetencia por la carne, distingue a nuestra etnia principal, con un buen jarro de chicha.

d) El "pago de Chile", constituye la desazón por el servicio público y leal.

En palabras de Pineda y Bascuñán:

Este es el premio y galardón que al cabo de muchos años tienen los beneméritos de Chile, porque ha habido pocos virreyes que hayan atendido a ellos (p. 369).

e) Los ilustrados y los pobres.

Sabella glosa un pasaje donde Pineda y Bascuñán sitúa la disputa entre el letrado y el militar (¿"qué letrado hay que mire a un soldado con buenos ojos?", p. 400), para resaltar la suerte de los pobres ante la avaricia de los oportunistas y ricos.

Los pobres, escribe Sabella, quedan plenamente retratados en el siguiente trozo del cronista:

Están siempre arrinconados y abatidos, sin que algún consejero y ministro superior se acuerde ni aun de mirarlos a la cara, porque viven con los ricos y respetan a los poderosos, olvidando a los soldados valerosos que no tienen más caudal que las armas y caballos con que sirven al rey N. S. , y despreciando a los que no han sabido adquirir (o robar, pormenor decir), cuatro pesos o millares, desnudando al pobre soldado y encargando la conciencia, para ser aplaudidos y estimados (p. 399).

Y apostrofa Sabella: este párrafo concede a Pineda los honores de precursor de nuestra literatura social28. Y acota finalmente que el autor del Cautiverio Feliz fue más lúcido que el P. Diego de Rosales29.

4. Juan Ignacio Molina y su Historia Natural y Civil de Chile fue el nexo final del paso español en nuestra historia. Sabella rescató en esta egregia figura su ponderación y acuciosidad científica y su celebrada teoría evolucionista. Eran méritos suficientes para detenerse en su personalidad y simbolizar la genialidad de ser el ordenador científico de la naturaleza de Chile. A esto había que añadir de constituirse en el prototipo del patriota que sigue pensando en la patria desde el exilio a que fue sometido por el absolutismo. En él, apostillaba Sabella, hallamos al patriota, al científico y al ciudadano en ciernes que incursiona en elucubrar una Constitución política para la alejada demarcación territorial del imperio español.

Destacaba Sabella que el jesuíta escritor había hecho un bosquejo del pueblo mapuche donde se ponderaba la unidad lingüística y por sobre todo la estructura política se alejaba de lo sucedido en las "naciones bárbaras", donde la fuerza, la destreza en la caza o el valor en las armas forjaron la autoridad. Entre los mapuches, si bien la riqueza fundamentaba un grado de autoridad -donde la voz "ulmén" significaba hombre rico- lo más importante era que esta entre los mapuches fue muy limitada, no coactiva sino únicamente directiva. Gustaba nuestro autor detenerse en la página del Compendio de la Historia Civil de Chile dedicada a los araucanos: "Este pueblo, constantemente adicto a la independencia, ama con gusto ser llamado auca, esto es, franco o libre... Aquellos españoles que de las guerras de los Países Bajos pasaban a militar a Chile... tuvieron la generosidad de celebrar las alabanzas de un pueblo, que por conservar la antigua libertad, ha esparcido con intrépido valor tanta sangre de sus compatriotas".

5. Camilo Henríquez y la Aurora de Chile representó el grito de todas las libertades. Fue el entusiasta y adalid de las luces del progreso. En él se encuentra el celo por inculcar una lectura ciudadana de las novedades procedentes desde Francia y nutrirlas con las experiencias de los primeros meses de 1812. El sentido de la igualdad en la pluma de Henríquez corrió parejo con el de la libertad y la fraternidad. Trilogía que quedó arraigada en lo más profundo del espíritu democrático y republicano de Chile.

Para Sabella, Camilo Henríquez adoctrinó en el Catecismo de los Patriotas, de 1813, que "jamás puede suspenderse la libertad de manifestar sus pensamientos, sea por medio de la prensa, sea de cualquier otro modo".

En torno a Henríquez gustaba hacer la siguiente digresión:

Como si fuera el destello de la emancipación, en 1809, canta en la luz de Chile la primera imprenta hecha y derecha, la trajo el guatemalteco, Antonio José de Irisarri. Y, anudándose a nuestro país el internacionalismo progresista, es un argentino el que escribe 'nuestra primera canción bélica', Bernardo Vera y Pintado. Anoto esto como un significativo símbolo de interamericanidad asentada en tierra chilena. Es la hora de la poesía en forma de fusil30.

6. Lastarria y su Discurso de 1842 fueron y son piezas relevantes en la evolución de las ideas sociales en el país. En su curso Sabella se detenía en las comparaciones de las querellas ideológicas y literarias y las causas del movimiento literario de 1842. Aspectos literarios que amplió considerablemente en sus estudios sobre la poesía, reunidos en Crónica mínima de una gran poesía, publicada en la revista Atenea, de la Universidad de Concepción.

Allí consignó que Mercedes Marín del Solar, la "precursora" de la poesía femenina, con su elegía a la muerte de Portales, en 1837, lo fue del desarrollo de la mujer:

Las mujeres chilenas deben reconocer en la señora Marín del Solar, precisamente, a su libertadora espiritual. Es la madre de la mujer nueva en Chile. Vial Solar la ha descrito en sus tertulias de cultura: contra los límites de incienso de su medio, lanzó los primeros gestos de una mujer dueña de sí, en el entendimiento de una más verdadera y valiosa realidad humana31.

Lastarria logró romper la quietud o anonadamiento en que se debatía la sociedad chilena: el pueblo estaba donde lo quería el patrón o el sacerdote. Lastarria con su emblemático discurso inaugural promovió algunos rasgos de lo que debía ser el nuevo itinerario de la escritura en Chile. Ser anticolonial e hispánico, ser originales y no imitar nada, hasta constituir un programa para sentar la literatura chilena: nacional, popular "provechosa del pueblo" y social, "contra los vicios sociales".

En consecuencia, una literatura propia, útil y progresista, para cooperar, mediante la cultura, a que la democracia no se precipitara al suelo, destrozada "al más ligero soplo de las pasiones".

Para nuestro autor, en Lastarria convergían tres ideas capitales para estructurar una literatura nacional: a) lo social, donde como apuntara el discurso de 1842: "reunirse para comunicarse y ordenar un plan de ataque contra los vicios sociales, a fin de hacerse dignos de la independencia que a costa de su sangre nos legaron los héroes de 1810"; b) lo popular, una literatura que procure los modelos apropiados para difundir las nuevas ideas, y siga un "rumbo que debemos hacerle seguir para que sea provechosa al pueblo... sirvamos al pueblo, alumbrémosle en su marcha social para que nuestros hijos le vean un día feliz, libre y poderoso"; c) lo original, alejarse de las imitaciones, procurar adaptar determinados modelos a nuestra nacionalidad, era un derrotero pero lo más importante era buscar una "literatura propia": "Fuerza es que seamos originales... convertir nuestra literatura en la expresión auténtica de nuestra nacionalidad... No hay sobre la tierra pueblos que tengan como los americanos una necesidad más imperiosa de ser originales en la literatura, porque todas sus modificaciones les son peculiares y nada tienen de común con las que constituyen la originalidad del Viejo Mundo"32

En torno al movimiento de 1842, no dejó de mentar a Salvador Sanfuentes. Su poema "Inami" lo convirtió en el "Bautista de nuestra noble poesía actual".

7. Francisco Bilbao y la Sociedad de la Igualdad fue una referencia de la más absoluta complacencia en nuestro autor33. Observó en el autor de Sociabilidad chilena el arribo de los ideales de la utopía, que superaba todos los encantos inalcanzables de otra naturaleza, como la "Ciudad de los Césares". Ahora, se trataba de buscar una sociedad mejor.

Sabella entroncó su ideario con los postulados de los "3 Antonios" en 1776 y la defensa de los pobres llevada a cabo por Antonio de Orihuela y Pedro Asta-buruaga.

En su disertación de este admirado personaje, no olvidaba de mentar que Santiago Arcos como Bilbao eran Saint-simonianos. En este contexto, examinaba la famosa "Carta de Arcos a Bilbao". Epístola, donde subrayaba, la acusación contra el inquilinaje y el latifundio, la situación de los pobres y los ricos y los extranjeros en nuestra nación.

Valoró en Arcos que se adelantara en cuatro años al Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Su "Carta" es de 1852. Y en ella puso de manifiesto cómo la sociedad chilena se dividía en clases opuestas, "rotos" y "caballeros":

En todas partes hay pobres y ricos, pero en todas partes no hay pobres como en Chile... Es un estado normal. En Chile ser pobre es una condición, una clase, que la aristocracia chilena llama "rotos".

En su repaso del movimiento literario de 1842 rescató la figura de Eusebio Lillo, diciendo del creador del Himno Nacional en 1847:

Lillo encarna un destino encendido y vibrante. Revolucionario de corazón, acompañó a Bilbao en la Sociedad de La Igualdad, en la revolución de 1851 estuvo contra Manuel Montt, y la derrota de su bando le significó una condena mortal, conmutada por el destierro, viajó por Perú, y Bolivia, haciendo, en esta última república, su fortuna. Balmaceda le confió la formación de su primer gabinete y fue "el depositario de su testamento político", honor que lo define"34.

8. José Manuel Balmaceda y el anti-imperialismo. Sabella fue deudor de la bibliografía emprendida por la historiografía marxista de los años 50, cuyos exponentes fueron amigos suyos desde Marcelo Segall hasta Hernán Ramírez Neco-chea. Esta producción intelectual le permitió trazar la acción de los capitales extranjeros en nuestro país y el proceso de desnacionalización de las riquezas. Retomó, en su examen de la labor balmacedista, la acción acumulativa de nuestra historia: Con Ercilla se constató la lucha por la libertad. Con Pineda se asimiló a los extranjeros con enemigos. En 1810 se enfrentaron criollos y peninsulares. Con Arcos se da luz a los pobres y rotos contra los ricos y extranjeros. Y, ahora, en la figura Juan Tomás North se sintetizaba el gran peligro al que se enfrentaba el presidente Balmaceda, empleando la frase de Benjamín Vicuña Mackenna: "El gigante invisible que se llama la competencia extranjera".

Para nuestro autor, Balmaceda fue el primero en inculpar al imperialismo, al inglés, como política contraria a los intereses nacionales. En su discurso de 1 de junio de 1889, Balmaceda clamó a los congresales sobre la necesidad de no "consentir que aquella vasta y rica región sea convertida en una simple factoría extranjera". De esta forma, el presidente-mártir, defendió a la región salitrera de Tarapa-cá ante Juan Tomás North, el rey del salitre, que destinaba 17.000 libras esterlinas anuales, para "agradar" a ciertos parlamentarios chilenos.

9. Luis Emilio Recabarren y la lucha por la dignidad de vivir. La existencia del líder obrero la enmarcaba en el camino que había sido abierto por Sebastián Vás-quez y la primera huelga en 1549, seguido por la denuncia de Alonso de O valle y la pascua de negros que retrata la esclavitud. Y este recorrido alcanzaba hasta la época moderna. Reflejo de ello era lo que Sabella había denominado "collar de masacres", desde 1890 en Tarapacá hasta 1923 en la Coruña.

En la personalidad de Recabarren visualizó al gran organizador de la masa popular, el que con energía y perseverancia entregó una herramienta fundamental a la clase obrera: "El despertar de los trabajadores". Con la inauguración de la prensa obrera, Recabarren logró articular las reivindicaciones sociales conjuntamente con los ideales revolucionarios. Bajo su dirección se gestó el surgimiento del Partido Obrero Socialista en 1912 y del Partido Comunista en 1921. Fue el gran formador de la dirigencia mancomunal y de los obreros salitreros.

A Recabarren le motejó la burguesía: "El sembrador de odios". Y acota Sabella:

Este "sembrador de odios" fundó la prensa obrera nacional, en 15 años, lanzó 200. 000 folletos de instrucción social (como Ricos y pobres, 1910; Patria y patriotismo, 1914, Materia eterna, 1917); abogó por el internacionalismo proletario y aconsejó, sin descanso, la instrucción. Comentó y propagó la obra de Baldomero Lillo, antes que los críticos de campanillas y capillas, y él mismo fue poeta de cuño discursivo35.

10. Gómez Rojas y la confluencia de la Literatura y la lucha social. Con el poeta mártir de la Federación de Estudiantes de Chile, cerraba el ciclo de la búsqueda de la igualdad social en nuestro país. Reparaba que Camilo Henríquez fue un "agitador profesional" desde las páginas de nuestro primer periódico. Los poetas, como Guillermo Matta, ahondaron en la búsqueda de mejorar las condiciones sociales. Los vates anarquistas que Sabella conoció, contribuyeron con lo suyo, a lo cual les dedicó números especiales para su conocimiento36.

Gómez Rojas no solo fue un símbolo y baluarte de las energías juveniles por la lucha social, sino que también por la paz y la unión latinoamericana.

Asociado con Gómez Rojas vinculó la figura de Arturo Alessandri Palma quien abrió nuevas compuertas a las esperanzas populares de redención. 1920 fue Alessandri y la eclosión redentorista de la vieja y querida romántica Federación de Estudiantes de Chile. Su mártir, José Domingo Gómez Rojas, moriría, enloquecido, en la cárcel, el 29 de septiembre, augurando "la gran libertad sobre la tierra grande".

En este itinerario ideológico de Chile, Sabella encerró varias lecciones que discurrieron de modo dialéctico en la historia del país. Hubo varias similitudes con los países hermanos, en cuanto al conflicto con los pueblos originarios derivado del absolutismo colonial, la lucha por la justicia, la recepción del pensamiento socialista o el grito antiimperialista. Pero, de igual manera, diferencias, por su propio contexto territorial. Chile era -y es- casi una ínsula, donde se desplegaron las improntas republicanas con el afianzamiento de una literatura nacional hasta constatar las singularidades de la lucha obrera en las pampas calicheras.

2. El arquetipo nacional: El "Roto Chileno" como símbolo cotidiano

Sabella se envolvió en plena juventud en la búsqueda de la fisonomía del habitante chileno. Para ello comenzó con la obra de Eulogio Gutiérrez, Tipos chilenos, de 1909, donde los oficios asignan personalidad diferenciadora a los hombres del trabajo rudo. Investigó sobre el bandidaje del desierto de Atacama poniendo el acento en los marginales de la ley durante la dominación boliviana de Antofagasta: Silverio Lazo, el llamado "El Chichero", constituyó un emblema en su obra narrativa37.

Pero, sin duda, la discusión en torno al arquetipo nacional va a ligarla al decurso que ha tenido la nación. No solo con su imagen nacional, en este caso antitética con los países vecinos, sino con la propia evolución social del pueblo chileno.

En este marco, el "huaso maulino" no solo se identifica con la formación del prototipo nacional, sino, también, con el despliegue de las señas de identidad nacional más costumbrista: la zamacueca, el hombre vinculado a la hacienda, el adscrito al campo. El llamado "Chile profundo", vinculado con los principales exponentes del Criollismo literario, encabezado por Mariano Latorre.

Durante su infancia pudo conocer a los "obreros salitreros" en su natal Antofagasta. Y distinguió su fisonomía de los otros trabajadores del norte: los lancheros, los estibadores, los ferrocarrileros, etc. Asignó a los trabajadores de la pampa calichera un papel extraordinario y un símbolo. Todo esto en razón de haber establecido las formas más avanzadas de la conciencia de clase en las masas laborales. Sus épicas sociales, las huelgas paradigmáticas de la redención social, su capacidad organizativa, su prensa, sus circuitos sociales. Materiales suficientes para desafiar la hegemonía del huaso de nuestros valles centrales.

Para Sabella, el asunto estribaba en una discusión de calidad humana, no de cantidad. Si el huaso era de resultas de la confluencia social del inquilino y el latifundista; el obrero pampino no solo había forjado la riqueza del país -la industria del nitrato- sino que su lucha era en oposición al capital extranjero y de hermandad con los obreros del mundo. Fue una idea bastante arraigada en el pensamiento de Sabella. Consideró siempre que después de la guerra del Pacífico, desde el seno del pueblo, surgieron dos "rotos especiales": el pampino y el empampado38.

No obstante, hacia mediados de los años 40 comenzó una búsqueda sobre los orígenes de la literatura nacional39. Lo motivaba su propia experiencia en Santiago durante veinte años, entre 1932-1952, donde frecuentó la bohemia literaria y la galante40. Escudriñó en las masas populares. Pesquisó en el hombre y mujer del bajo pueblo, su tenacidad, su esfuerzo y flaqueza cotidiana41. Es en este contexto donde reunió los antecedentes para poder caracterizar al prototipo nacional, más allá de las geografías y de los procesos socioeconómicos. Asentar la mirada histórico-social-literaria para tener al frente al tipo más representativo de nuestro ser nacional, en cualquier circunstancia. La imagen de lo que somos y también de lo que se quisiera superar en términos clasistas. De esta forma, puede conciliar un tipo social que de modo total y contradictorio asuma virtudes y defectos nacionales.

Sabella dubitó sobre el propio mestizaje: el español y el araucano. Si del español provino el austero y el riesgoso, desde el siglo XVI; del araucano se heredó la buena memoria, el ser orador o llano de lenguaje, memorioso y buen soldado. Todo ello insufló a nuestro ser y se proyectó en el sur y en el norte42.

Sabella encontró en Ercilla y La Araucana, de mediados del siglo XVI, los primeros rasgos de la verdadera nacionalidad, en "un infatigable e indomable ímpetu de libertad":

Volved las armas, y ánimo furioso
a los pechos de aquellos que os han puesto
en dura sujeción, con afrentoso
partido, a todo el mundo manifiesto;
lanzad de vos el yugo vergonzoso,
mostrad vuestro valor y fuerza en esto:
no derraméis la sangre del estado,
que para redimirnos ha quedado43.

Para el creador de Semblanza del norte chileno, fue Santiago de Tesillo, otro hispano, autor de las Guerras de Chile, en 1647, quien aportó una imagen primigenia de nuestro ser:

Sus habitadores son nobilísimos y de ánimos generosos, muy
honradores de forasteros, hombres valerosos, y los que militan
en la guerra tenaces en sufrir los trabajos de ella: mañosos y
ágiles en la campaña, en el ocio galanes y corteses, apacibles
en su patria, y en la ajena agradables, despreciadores de infortunios
en la baja fortuna, grandes celadores de su patria y de la causa
pública, constantes en el amor y fidelidad a su príncipe.
Ejercítanse a caballo y son generalmente todos excelentes y
fortísimos jinetes de ambas sillas, bien que les provoca a estos
loables ejercicios la hermosura de los caballos que crían
aquellas riberas44.

El pueblo-pueblo es el "roto" que se va formando durante la colonia. Sabella repara en lo que consigna Góngora y Marmolejo, respecto de los mapuches: "Son grandes enemigos de españoles y de toda gente extranjera, y entre sí la gente más bien partida". Nuestro autor, asocia entre "ser y estar roto", pues el Diccionario de Autoridades describe que "partido" se emplea "como franco, liberal, y que reparte con otro lo que tiene"; retrato espléndido del hombre que se rompe, íntegramente, en dádivas de su poco pan y de su mucha terneza humana, registra en su Curso "Conversando con Chile".

Los elogios al jinete y al caballo por el Padre Diego de Rosales en su Historia General de Chile, también en el siglo XVII, hacen resaltar al "huaso". De igual forma, Pineda y Bascuñán en su Cautiverio feliz y razón de las guerras dilatadas de Chile, coetáneo del P. Rosales, al exaltar "la Maiga" está descubriendo a la "china" de nuestras chinganas. Se consume un plato popular: la "porotada", pero, también, sopaipillas llenas de miel de abeja. Estos ingredientes son importantes para Sabella. Se comienza a definir la pobreza y el carácter del pueblo.

Durante el proceso emancipador el pueblo se expresó en las luchas contra los Talayeras. Alberto Blest Gana lo incorporó en Durante la Reconquista, como masa y en Filiberto Cámara lo esencializa: el famoso "Ño Cámara", el primer roto de nuestras letras. Sabella se detiene en este pasaje de la novela, donde la madre "Ña Peta" empieza a criar a este "rotito":

Durante su niñez, ña Peta lo había visto poco. Venía con la
mujer encargada de criarlo, de tarde en tarde, a las oraciones, al
lado afuera de la puerta de calle. Ña Peta le traía una ollita de
fréjoles que el rotito devoraba en silencio.

El retrato colectivo del "roto" Sabella lo halla en los octosílabos del "Romancero del Guerrillero", de Antonio Bórquez Solar:

Hermanitos, nobles, bravos,
entusiastas, picarescos,
arrebatados, a veces,
ladinos y de buen genio,
socarrones, bonachones
y siempre caballerescos

en valores temerarios
a puño limpio o acero
y con la baya y el tinto,
flores de sentimiento,
para cambiaros a rato en
furibundos guerreros:
así, sois todos vosotros,
hermanos míos, chilenos;

sobre todo se levanta
el amor a nuestro suelo
fecundado con la sangre
de padres, hijos y abuelos;
el amor de nuestra patria que
bendijo el Dios eterno45

Para el escritor nortino, las guerras en que se vio envuelto Chile permitiéronle "redondear" al "roto" en otra dimensión. Con el triunfo en Yungay, el 20 de enero de 1839, "el roto comenzó a tener fisonomía gloriosa, aquel 20 de enero, el roto fue ya definición nacional"46.

En la guerra del Pacífico, el "roto" pasa a plural:

Se extiende hacia los "rotos" bravios que mueren en Iquique, salpicando
de sangre la historia, que trepan al Morro de Arica, como si los
impulsaran las alas de la épica... Qué es lo capital de este hombre
singular? Su desinterés. Desinterés para darlo todo, porque como "está
roto", todo se le escapa hacia los demás", escribe en su "Linterna de Papel" en
El Mercurio de Antofagasta, bajo el rótulo "El "Roto" Chileno47.

En Daniel Riquelme, y sus cuentos reunidos Bajo la Tienda en 1890, se ha reconocido que el pueblo chileno se mostró en "los aspectos más vivos y salientes de su psicología" (la afirmación es de Raúl Silva Castro), mostrando la convergencia de la separación clasista de la sociedad nacional en tiempos de la guerra del 79: "rotos" y "pijes"48.

Sabella aprecia en Riquelme el uso de un lenguaje que reemplaza a la "frase bordada en cañamazo retórico" por aquellas "embadurnadas por la sangre verdadera de la vida y de la muerte:

Sintiendo a la muerte en sus propios cuerpos, la veían, además, por
todas partes; porque en todas partes se descubrían cadáveres asquerosos
de hombres y animales, espantosamente hinchados, unos ya comidos en
parte, otros mutilados por un culatazo o un golpe de granada, había escrito
Riquelme en sus cuentos49.

El "roto" como categoría social, vinculado al pueblo vital, puntualiza Sabella, engloba a todos. En sus pesquisas, empieza a detectar las señas del símbolo social nacional, en cualidades diferenciales con otros tipos sociales. Y, estas, son justipreciadas en las bitácoras de extranjeros, en las narraciones de historiadores, en las metáforas de los poetas. Son las constantes socioculturales que atraviesan nuestra historia y son percibidas todavía a mediados del siglo XX. Al "roto", sentencia Sabella, lo podemos detectar por las faenas y por el espíritu.

En las faenas, lo descubrimos:

a) el Minero, fundamentalmente nortino50;

b) el Caminante, el "pat'e perro", el chileno de mundo. Una variante sería para Sabella el "De aquí y de allá" que don Vicente Pérez Rosales consigna en sus Recuerdos del pasado:

El hombre chileno es, en general, esencialmente andariego; para él
distancias no son distancias, siempre que al cabo de ellas llegue a
divisar mucho lucro o mucho que admirar.

Es el roto andante, "patiperro" o "pata raja"; el chileno se pierde por todas las puntas del viento, preocupado, hasta su última arruga, porque "no le cuenten cuentos".

c) Marino, por tradición. Varón de océanos, el roto transformó la expresión inglesa "Man of war" en managuá. Managua es una palabra de agua aguda: man-aguá (sic).

Sabella fue proclive a los temas marinos y dedicó varias páginas a "La Mar", algunas veces, o a "El Mar" otras tantas. Expresaría en una síntesis de esta cualidad del "Roto":

El mar es para los chilenos la primera sugestión del horizonte.
Apenas somos capaces de asomarnos a la gran ventana de vértigo de
la vida, el mar nos quema el pecho y nos signa con su sal de ventura,
aventura y desventura... La vida nacional se enriquece en nuestro
mar. La fabla popular es oceánica... Para ser "roto" cabal, hay que
ser primeramente "muy navegao"; y en el amor, la primera maniobra
es la de "atracar el bote". En Chile, su mar creó otro Chile. Lo
marinero posee tradición y jerarquía. Bailar a lo marinero resulta
gala viril. La cueca marinera exige más garbo, una especie de
tromba en el corazón. Y quien cumple su Servicio Militar en buque y
no en el cuartel, ¡es dos veces chileno! La primera por nacimiento; y
la segunda, la más importante, por satisfacer este deber en cubierta
de barco de guerra. Sin embargo, a los soldados, el pueblo les
reconoce, pintorescamente, con metáfora marítima: "congrios". Y
"congrios" fueron los vulgarísimos billetes de cien pesos... En las
cubiertas de nuestros barcos de guerra, lavadas con sangre gloriosa y
astuta, ángeles cosen alas a la planta de nuestros jóvenes
"managuás51.

Este sentido metafórico del chileno constituía una deuda con su poesía y su propia geografía. Para Sabella, en la poesía chilena había un equilibrio procedente de dos corrientes geográficas: "El mar de Chile parece habernos dado su vaivén mágico. La cordillera, su macicez"52.

d) De a Caballo, sería el huaso en toda su soberbia. Luis Durand, en Paisajes y Gentes de Chile, dibujó al huaso del valle Central:

Tiene la alegría exultante de una orquesta de pájaros campesinos en
plena libertad, la explosiva cólera de los potros que sienten por
primera vez al jinete sobre sus lomos.

e) Ladrón, que según Sabella sería una cualidad de todos, con matices de la picardía "pillín" o "pillo". Jotabeche, en El Copiapino, de 7 de junio de 1845, asentó esta índole para siempre. Y esto al aludir a los cangalleros copiapinos, ladrones de minerales, encerrándonos por extensión a los chilenos, de capitán a paje:

Hablando francamente, no solo los hay para las minas ricas, el
fisco los tiene, y muy honrados; todos se hacen un honor de
cangallarle a sus rentas, y él se hace un deber de cangallar las de
todo el mundo.

En el espíritu, el "roto" queda reflejado en la literatura: a) Niño, en lo bocetado por Lautaro Yankas:

Rotos niños! Andando siempre
sobre el largo pedazo de tierra
altibaja, tanteando a cada paso el azar,
con la esperanza de todo y nada,
el instinto y el humor por delante.

b) Fatal, evidenciado en el cuento "Lagunas" de Manuel Rojas.

c) Choro, en los poemas de Pablo de Rokha, como "Paya de los Rotitos Diablos":

Nací no sé onde, ni por qué motivo;
¡bien puée que sea el diablo mi paire!. . .
¡Domino las cuestas lo mismo que un chivo, clavándole las
espuelas al aire!

Como Roto en punta -escribe Sabella- concebimos al choro. Para Zorobabel Rodríguez, en su Diccionario de chilenismos, de 1875, chorear y choreo son protestas "que el débil, o el perezoso, o el desgraciado opone platónicamente al opresor, al jefe, o al destino"

d) "Alzao", todos los que protestan.

Una adición a lo expuesto se observa en el curso "Conversando con Chile", texto refundido, donde hallamos las siguientes reflexiones:

Quién de los chilenos no ve, inmediatamente, a los rotos niños, o a
los rotos choros, cuando se los menta? Sabemos cuáles son; pero,
difícilmente, los atraparíamos en los marcos de un diccionario,
momificándolos en palabras.
Estos rotos actúan por sus potencias de ser: rotos diablos, rotos
lachos, rotos fatales, rotos panudos, todos inmensos en sus
acervos de pana y ñeques.
El roto niño respira candor y osadía, inflamado de inconsciencia.
Como roto en punta concebimos al choro. El roto fatal no se
subleva en voces, resiste "la mala suerte", se resigna, consolándose
con un raciocinio pesimista. El roto lacho, galán de cuanta pollera lo
"rozaba en su camino". El roto panudo que se tutea con la muerte y
se permite impertinencias con su esqueleto desnudo. El roto alzado,
opuesto al apatronado, trabajador que no aguanta freno y se atreve a
"levantar la voz" al rico.
Cautelosamente, transpongamos una barrera sucia: la de los rotos de
cuantía miserable: el metió a gente, el piojento, el malo y el de
mierda, que enturbian nuestro balance de sangre. El roto metió a
gente se emparenta con el piojo resucitado: disfrazándose de
caballeros y olvidándose de los harapos y del hambre de otrora,
rematan en caricaturas lamentables.
Al roto malo, de entraña negrísima, personifica Angelito Jeria, de La
viuda del conventillo,
"que conoció los entretelones del bajo fondo
santiaguino; sus secretos, sus ruindades", ¿y el roto de mierda...? No
ensuciaremos la cuartilla.

Roto equivale a pililo, "calificativo que sirve de ordinario para designar a los individuos de la última clase, a los más pobres desaliñados y zaparrastrosos", refiere Zorobabel Rodríguez.

Es en esta realidad-símbolo del ser chileno, que Sabella distingue cinco maneras de ser en el chileno:

1. La talla, pues el "roto" es un relámpago mental, "va de tallero". El garabato proferido por el roto es "una talla filosa más agria y dura". El "roto" a través de la talla rompe convenciones, se introduce en todos los ambientes: presidenciales, diplomáticos y parlamentarios. El piropo es una "talla con alas".

2. El chiste, todo se altera por una intervención jocosa.

3. El apodo lo pondera Sabella desde la ingerencia del "coa" en el habla coloquial ("El archivado": preso; "El brunero": paciente, etc.) o desde la exageración "animalista" del entorno: "no seai vaca", la "cabra", el "gallina", "zorzalear", "gallo", donde nadie queda intocable para el pueblo: "El pico de oro" (era conocido Isidoro Errázuriz por el pueblo), "El León de Tarapacá" (Arturo Alessandri Palma, aunque hubo 3 leones en nuestra historia: un militar, un senador y un Presidente)53.

4. El panudo, donde se conjuga los ñeques, o sea la fuerza, y la pana, el coraje. Son demostraciones del "ánimo viril que se observa en todo el espectro social de la rotada". La "rotada" es una cualidad para Sabella. El "siútico" prefiere ser crucificado a ser llamado "roto".

Sabella afirma que ser "roto":

importa calidades superiores de cales y de ánimo. No cualquiera es
"roto"... En la pampa, me contaron esta historia para probarlo: un
gringo muy achilenado se allegó a una mesa, en la fonda, exigiendo
que se le sirviesen "trago", porque era "roto", como cualquiera de
los que ahí bebían. Uno de estos se puso en pie, mirándolo de arriba
abajo. El examen no duró demasiado, ni tampoco la calificación:
-Vos no soi "roto"... Soi rotoso... Pa' "roto" a vos tefarta
mucho...54.

En su artículo "La pana y los ñeques" se explayó latamente sobre estas dos expresiones chilenas. Escribe:

La pana es el coraje, el ánimo valeroso. Los ñeques -plural de
energía- representan la fuerza. El hombre chileno vive en medio de
estas dos potencias. De lo hondo de la sangre le llega el aliento de
la pana. Los ñeques esplenden en sus músculos, en su capacidad
para los trabajos extraordinarios que exigen voluntad y resolución
varoniles. Ser "roto panudo" resulta distinción nacional. El "roto
panudo" se juega, instante a instante, a vida y muerte, sin
importarle en qué abismos caerá su pellejo... En el balance de la
pana, es posible historiar diversos testimonios conmovedores de
ella. Helos aquí: los mineros de Chañarcillo se entretienen, en 1842,
jugando a "la pulga 'e sangre". ¿En qué consiste esta diversión que,
por el nombre, no presagia rosas...? Dos amigos aburridos,
aplastados por el tedio del domingo, deciden jugar a "la pulga 'e
sangre": salen al camino, abrazados, tal si rumbeasen a una fiesta,
cuando alcanzan terreno propicio, se desnudan a medio cuerpo y,
con el torso descubierto, se disponen a solazarse con sus
cuchillas... Estas son envueltas, cuidadosamente, en trapos, dejando
libres solo sus puntas agresoras, el pico mordedor: se trata de
pincharse, abundantemente, el cuero, se trata de picarse el pecho no
más, los hombros, la espalda, los brazos, no se trata de matarse,
sino que de ensangrentarse, de sentirse, por un momento, en fuga de
vida... Cuando los amigos contendientes sin odio alguno, creen que
ya están divertidos, cesan de combatir, sonríen, se vuelven a abrazar
y, así, buscan dónde celebrar la tarde, con un "potrillo" de
vino... Los pampinos que "mascan la mecha" lucen otra fase del
"panudo". Se necesita pana para colocársela en medio de los
dientes y encenderla, sin que tiemblen los dedos aterrados. "El taita
de la oficina", el administrador "roto" descrito por Carlos Pezoa
Veliz resume la existencia nacional, con estas palabras de soberbia
tremenda: "El día que se aburriera, no había más que sentarse en la
boca del tiro y encender la mecha. El dinamitazo lo elevaría
seguramente a la gloria de Dios Hijo y too lo demás55.

5. La muerte. El término del ciclo vital permite sopesar el sentido transitorio de la vida. La evocación -expresada en "las ánimas"- no logra aplacar lo trágicocómico de la existencia: "La vida es una payasada", porque "Pa' morir nacimos". Al final, apostilla Sabella, nos colocan "El pijama de madera" y nos llevan "P'al patio 'e los callaos".

IV. CONCLUSIÓN

Para Sabella nuestro devenir estaba ligado desde sus orígenes prehispánicos al destino de América Latina. Los anhelos de una mejor sociedad o promover el desarrollo de la cultura poseían una doble lectura: un combate en nuestro suelo pero, también, una acción latinoamericana por establecer el sueño de siempre, la utopía inicial de Quiroga. Comulgar la utopía de Tomás Moro con nuestros indígenas, criollos y pueblo llano.

La historia de Chile, con sus alegrías y asperezas, era a no dudarlo una respuesta singular a los anhelos más ardientes de la humanidad. Y estos fueron la libertad, la justicia, la igualdad dentro del género humano. El recorrido de las páginas de la historia nacional como de sus hojas literarias más brillantes refiere de la tensión entre estos valores e ideas-fuerza frente a la realidad tanto social como económica por las que ha atravesado el país.

El propio devenir del pueblo-pueblo, desde los días coloniales y su ropaje en el periodo republicano, más allá de sus intervenciones en las guerras internacionales, no hace perder su silueta de un pobre como el resto de los pueblos-pueblos latinoamericanos. Aquello quedó simbolizado en la construcción social del "roto" chileno y sus rasgos más sobresalientes.

En Sabella, lo fundamental en su reflexión fue su insistencia en la búsqueda de aquellos elementos que le permitieron comprender primeramente al sujeto social y seguidamente poder hallar en la historia social de Chile lo esencial de la nación.

Al concluir sus anotaciones sobre la obra de Daniel Riquelme, consignó:

La paz nos alienta. Nuestro fervor por Daniel Riquelme no parte de
un redoble de tambor, sino que del rasgueo de su pluma modesta
sobre el papel de la verdad de nosotros mismos. Por encima de los
briosos penachos "del 79" sobresalen sus páginas que nos ayudan a
encontrar al verídico hueso de nuestra alma.

No pudo ser de otra forma, para un hombre que tempranamente luchó por los ideales de fraternidad de los pueblos latinoamericanos y donde la palabra con mayor significación -la llamada por Gabriela Mistral, "la palabra maldita"56- fue la Paz.

La construcción de una fraternidad -sostenida en la Paz y en el Amor entre los hombres- que animó en vida a Sabella, lo llevó a buscar en distintos lugares y corrientes histórico-literarias, los elementos que en su concepto podían dar cuenta de la imagen de Chile57.

 

NOTAS

1 Este trabajo surge en el marco del proyecto Fondecyt N° 1020488, año 2005.

2 Para la elaboración de este trabajo hemos tenido a la vista la amplia labor desplegada por Sabella en sus conferencias y cursos, en el marco de las Escuelas de Temporadas. Instancias organizadas por la Universidad de Chile y por la Universidad del Norte, desde la década de 1940 hasta fines de los años 60. Es un material inédito, diseminado en volúmenes de apuntes y notas, algunos rehechos, ampliados, revisados, por lo que nos centraremos en los registros de la década de 1960. De igual modo, las apuntaciones hechas en su epistolario mantenido con Elba Emilia González de Sabella y las aseveraciones en diversos artículos, desconocidos sobre este tema.

Los materiales inéditos de Sabella se conservan del modo siguiente:

a) Conferencias y Cursos de las Escuelas de Temporadas se conservan en libretas donde figuran: el esquema del curso y año (las innovaciones de los años siguientes); programa de cursos nuevos, señalando las referencias bibliográficas y en algunos casos, reproduciendo mecanográficamente textos a explicar. Los esquemas varían, a veces, en el transcurso de la dictación del curso (anotaciones marginales en libros empleados; en hojas sueltas, adiciones, etc). Es un material en constante revisión e incluso modificando la presentación de un autor o tópico, por nuevas lecturas.

b) El epistolario con Elba E. González de Sabella abarca desde 1935 hasta fines de los años 70. Un rasgo de sus cartas es que siempre estuvieron acompañadas de poemas, catálogos, artículos leídos, folletos artísticos, dibujos, etc.

c) Los artículos publicados los reunió en antiguos "Libros de Contabilidad o de Cuentas", pegándolos. Paralelamente, incorporó en carpetas adicionales los originales. Cuando no indicó la fecha de publicación de modo exacto hemos recurrido al original. Los materiales inéditos los conservó en carpetas.

d) Este conjunto de documentos éditos e inéditos forman parte del archivo personal de Elba Emilia González vda. de Sabella y en la actualidad obran en poder del autor del artículo. Se citarán en el trabajo en concordancia con lo anotado, por ejemplo, curso, título, año.

3 Anota Sabella en su curso Conversando con Chile, texto refundido: "La primera descripción de Chile la ofrece Alonso Góngora y Marmolejo, en 1575, iniciando su Historia: "Este es el reino de Chile y la tierra de la manera de una vaina despada (sic), angosta y larga". Nuestra geografía se multiplica en arenas, minerales, árboles y nieves, alardeando su doble faz de colores y fragancias: el ocre pampino, el verde glorioso del valle central que deleitó a Carlos Pezoa Veliz, el blanco antartico y lejano; y los aromas ásperos del yodo calichera, del mar padre, de las selvas donde el viento se esconde de sí mismo, y de la humedad del austro. Antonio Smith e Irisarri pintó, ajuicio de Antonio R. Romera, un solo tema: el paisaje. Eugenio Pereira Salas, lo distingue, como libertador de la pintura chilena, del zapato chino que la oprimía: "la tela religiosa o el retrato", empujándolo al deleite de los matices de nuestro suelo. Los óleos de Smith Claro de Luna (1872), y Puesta de sol en los Andes (1875), defienden su crédito de primer paisajista nacional. El poeta de la naturaleza chilena es Diego Dublé Urrutia. En 1903, editó Del Mar a la Montaña,         [ Links ]extrayendo del padre Alonso de Ovalle los filones de su estro (sic). El padre Alonso de Ovalle es el primer escritor chileno que juega con las palabras, en la combinación cielo-suelo, decisiva para encarecer las hermosuras de su tierra, acrecentadas por la nostalgia en sus días de Roma: "...la común voz de los que de Europa han llegado a verle, es que su cielo y suelo es lo mejor que han visto en cuanto han andado", escribe en su Histórica relación del Reyno de Chile, de 1646.         [ Links ] Para el ojo de Mariano Latorre, el Paisaje Chileno se descompone en siete: los del Norte Grande, Norte Verde, Cordillera de los Andes, Cordillera de la Costa, la selva del Sur, Chiloé y sus islas, y Magallanes y sus estepas; siete fisonomías de esta "tierra bendita", donde, lo asegura Collin Ross, estuvo "el paraíso perdido" defendido por "el dulce cielo azul de Chile".

4 Vid. Gabriela Mistral, Breve descripción de Chile: "El chileno, lo que él es, lo que puede sacar de sí, el chileno en volumen y en irradiación de energía, hay que conocerlo en la zona salitrera o en la región antartica de la Patagonia". Cf. Gabriela Mistral, Obras Selectas, Santiago, 1957, vol. IV.         [ Links ] Recados contando a Chile, 124. Últimamente, Jaime Quezada ha compilado los variados escritos y cartas de nuestra Nobel en torno a Chile, bajo el título Gabriela Mistral. Pensando a Chile. Una tentativa contra lo imposible. Cuadernos Bicentenario, Santiago, 2004.        [ Links ]

Repárese en las observaciones reunidas por Nicomedes Guzmán en Autorretrato de Chile, Santiago, 1957.         [ Links ] Sabella boceto sus impresiones sobre el hombre nortino en su ensayo Semblanza del Norte Chileno. Seguida de once romances de feria del Guitarrón de Taguada, Santiago, 2a Ed., 1986 (Ia Edición es de 1952).        [ Links ]

Repasó algunas de estas ideas en distintas conferencias en el marco de las Escuelas de Temporadas de la Universidad del Norte, en ciudades de Arica, Iquique, Tocopilla, Copiapó y Antofagasta, como puede verse, en Revista Norte, Universidad del Norte, Antofagasta, N° 1, noviembre 1966; N° 2, abril 1967, 110-111; Vol. II, N° 1, abril 1968,85-90; Vol. II, N° 2, agosto 1968,92.        [ Links ]

Mariano Latorre lo puso de relieve, al observar: "Se caracteriza Chile por la diversidad de sus climas y por el enredo tectónico de su geología... Pluralidad de rincones y pluralidad de almas en cada rincón. La multiplicidad es el carácter del paisaje chileno. Y múltiple es, también, la psicología de su poblador, pero paisajes y hombres son uno en su pluralidad. Por esto, es difícil, si no imposible, plasmar un arquetipo de raza, desde el punto de vista artístico. Se advierten, sin embargo, desde la Colonia en el chileno dos características contrarias, separadas casi siempre en tipos distintos, pero, a veces, coincidiendo en el mismo individuo y que explican las reacciones personales y colectivas del hombre de Chile. Una está enraizada en la tierra y es conservadora, la otra es indeterminada y casi siempre anárquica. La primera predomina en el huaso, la segunda, en el roto. Una modalidad posterior, a todas luces falsa, incubada en Santiago, pretende uniformar al chileno, desconociendo sus verdaderos caracteres de raza". Latorre imputa a José Victorino Lastarria haber articulado aquel personaje. Y concluye el maestro del criollismo nacional: "Santiago unificó artificialmente a Chile. Como si el norte, el centro y el sur fuesen iguales, trató de nivelarlos por medio de una política uniformadora. Y en realidad, el huaso económico y el roto dilapidador son los personajes centrales del drama social de Chile. Aunque sus descendientes asistan a escuelas y a liceos y lleguen a la universidad o se hayan enriquecido por los "avatares" de la fortuna, siempre aparecen, más o menos disimulados, los rasgos que acabamos de mencionar. Enemigo de reformas, el huaso, revolucionario, el roto. Obstinado y creyente el primero, ateo e irrespetuoso el segundo La derecha y la izquierda de Chile los cuentan en sus filas antagónicas. Entre ambos, acomodaticia y cauta, vegeta una clase media que busca en vano su posición en la vida chilena", y concluía Latorre que Santiago no lograba adquirir "un carácter representativo". Los siete paisajes o geografías chilenas correspondían a las siete almas, de ahí, la imposibilidad de captar, en una sola novela, la vida chilena múltiple y dispar. Cf. Mariano Latorre, Chile, País de Rincones. Ed. Zig-Zag, 1957 (2a Ed.), 7-10.        [ Links ]

Latorre desde el campo literario fijó las matrices esenciales de algunas ideas que reflejan la concepción identitaria chilena desde el territorio del Maule, que posteriormente se replantearán por Hernán Godoy y las conclusiones que exhibe en El carácter chileno, Editorial Universitaria, Santiago, 1977.        [ Links ]

5 A título de muestrario, véase, Andrés Sabella, "Osorno en el libro de Sánchez Aguilera", Las Ultimas Noticias, Santiago, 14 de junio de 1949; "         [ Links ]Literatura de Valparaíso", Las Ultimas Noticias, 7 de noviembre de 1949; "         [ Links ]La Novela y sus cultores. Nuevas páginas" (Alude a Armando Solari y Rodolfo Garcés Guzmán); Las Ultimas Páginas, 12 de diciembre de 1949 (se refiere al escritor de Linares Samuel Maldonado Silva); "         [ Links ]Descubrimiento del Maule. Carrizal de Putú", Las Ultimas Noticias, 10 de febrero de 1950 (se refiere a Mariano Latorre, Jorge González Bastías y Leoncio Guerrero),         [ Links ] etc.

6 Cf. El Norte, Iquique, 11 de agosto de 1951.        [ Links ]

7 Andrés Sabella, "Testimonio de Viaje. El. B. C. t. , 245, Red Norte", Democracia, Santiago, 23 de octubre de 1951.         [ Links ] Años más tarde va a asociar al papel de la Universidad de Chile el despliegue del pensamiento nacional: "Este espíritu trajo la Universidad de Chile a nuestro Antofagasta. Taller del pensamiento nacional, quiso y quiere que el Norte chileno aprenda, sinceramente, a querer la herramienta mental, después, esta cantará, segura y bizarra, en nuestro futuro... Pensemos que la faena que nos toca, vivamente, es aquerenciarnos a todas las disciplinas del menester cultural, es hacernos -día a día, humildes y leales- apasionados sembradores de altitud espiritual". Cf. "Palabras de Andrés Sabella al clausurarse la VII Escuela de Invierno de Antofagasta", Boletín de la Universidad de Chile, Santiago, julio 1960, Número 13.        [ Links ]

8 Joaquín Edwards Bello precisó su contenido y significación: "Se trata de la vida del prostíbulo chileno, que tuvo un sentido social profundo, por la constancia con que influyó en el pueblo y por el carácter aferradamente nacional de sus componentes. En pocas partes de Iberoamérica tuvo el pueblo una manifestación tan personal. La vida alegre chilena extravasó triunfalmente a Bolivia, Perú y otros países del Continente. Pueril sería hacer asco a este fenómeno de vitalidad. Ahora que se cerraron esos salones donde las asiladas sonreían ceremoniosamente, ahora que se apagaron esas cuecas tamboreadas, este libro adquiere un valor especial de documento. Es una reconstitución apasionada de vida popular que se extingue". Cf. Joaquín Edwards Bello, El Roto, Editorial Universitaria, 3a Edición, 1973,         [ Links ] 1. Reparemos que esta novela, bajo el sello editorial señalado, tuvo tres ediciones: 1968, 1972 y 1973, lo cual es decidor de la búsqueda en la época del sujeto social representativo.

9 Roberto Hernández, El Roto Chileno, Imprenta San Rafael, Valparaíso, 1929.         [ Links ] Hernández fue un buen conocedor del obrero salitrero, el pampino, y sobre su contexto productivo escribió El Salitre. Resumen histórico desde su descubrimiento y explotación, Editorial Fisher Hnos, Valparaíso, 1930.        [ Links ]

10 Cf. Jorge Larraín, Identidad Nacional, Lom Ediciones, 2001, Capítulo 5 "Versiones específicas de la chilenidad", 145-179.         [ Links ] Larraín las cataloga en: versión militar-racial; versión psicosocial: el carácter chileno; versión empresarial postmoderna; versión de la cultura popular.

11 Pablo Garrido junto con el Dr. Atilio Macchiavello Varas fundaron la revista antofagastina Acronal, en 1929; Plath saludó la revista Carcaj de Sabella en su revista Gong, desde Valparaíso, en 1929.

12 Plath bosquejó una tipología del "roto" con lo que de modo inclusivo albergó este prototipo del chileno, las peculiaridades de las geografías, de los oficios y de las circunstancias: El Roto marino, El Roto milico, El Roto pampino, el Roto minero, El Roto carrilano, El Roto cargador, El Roto bandido. Cf. Oreste Plath, "Epopeya del "Roto" Chileno", en Nicomedes Guzmán, Autorretrato de Chile, Editora Zig-Zag, 1957, 133-147.         [ Links ] Como se sabe en el libro de Nicomedes Guzmán participó Sabella con su ensayo "Razón y voz de los minerales", que corre entre las páginas 69-79.

13 Pablo Garrido, en el capítulo "El Estado Llano" de su Historial de la Cueca, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1978, 79-101,         [ Links ] se ocupó del "roto" desde la Colonia, vinculándolo con la difusión de la cueca. Para ello empleó como fuentes a cronistas, memorialistas, viajeros y la literatura. Cita a Sabella: El poeta Andrés Sabella, desde el norte del país, dispara cáusticos dardos, encubiertos en su profunda bonhomía: "Aunque nuestra estirpe es una, los chilenos esplenden en matices peculiares determinados por su medio; existe un Roto a secas; pero, nunca en seco; y existen rotos de aquí y allá", haciendo referencia a su Semblanza del Norte Chileno, Santiago, 1952, 47)         [ Links ] (cita en Garrido, 90).

14 Cf. "Sobre Pezoa Veliz y Augusto D'Halmar habló ayer el poeta chileno A. Sabella", El Tarapacá, Iquique, 14 de junio de 1956.         [ Links ] También, Andrés Sabella, Carlos Pezoa Veliz, Colecciones Hacia, Antofagasta, Decimoctavo cuadernillo, 12 de julio de 1958.        [ Links ]

15 Estas imágenes que refieren también del carácter nacional -y la búsqueda de su prototipo social- y los rasgos que conforman la identidad nacional, pueden confrontarse con los análisis posteriores que llevó a cabo Hernán Godoy. En su obra El carácter chileno, en lo que nos interesa subrayar, refiere que la imagen nacional en la sociedad de masas (1920-1950) se muestra carente de identidad, fatalista, un sentimiento de pérdida de la chilenidad, para seguidamente en el periodo ulterior (1950-1974) entrar definitivamente en crisis esta identidad. Importa destacar del estudio de Hernán Godoy, las contribuciones mayores a buscar lo que somos, en la poesía (su tierra y su gente), donde Pezoa Veliz inaugura esto, precisamente, con el volumen que destacara Sabella: Alma Chilena; y la otra vertiente, fue la historiografía (para el conocimiento de este carácter), destacándose los aportes reflexivos de Francisco A. Encina, Jaime Eyzaguirre y Guillermo Feliú Cruz. Cf. Hernán Godoy, El carácter chileno. Estudio preliminar y selección de ensayos de Hernán Godoy, Editorial Universitaria, 1977, capítulos XIII (278-288) y XIV (349-363).        [ Links ]

16 Vid. José Antonio González Pizarro, Andrés Sabella y la cultura del Norte Grande. Aproximaciones a la vida y obra de un hombre del desierto de Atacama, Ediciones Universitarias, Universidad Católica del Norte, 2004, cap. 6, "Andrés Sabella y la nortinidad. Legado literario y continuidad de la historia social", 133-165.        [ Links ]

17 Nos referimos a Andrés Sabella, Curso "10 Figuras del Pensamiento Chileno". Escuela de Temporada. Punta Arenas, julio de 1964;         [ Links ] el mismo curso, Escuela de Temporada. Valparaíso, enero de 1965; Andrés Sabella, Curso "Pueblo y Literatura Chilena", Tercera Escuela del Carbón, Lota, 1967;         [ Links ] Andrés Sabella, Curso "Conversando con Chile", Escuela de Temporada, Valparaíso, julio de 1964;         [ Links ] el mismo curso, Escuela de Verano, Valparaíso, enero de 1965; Andrés Sabella, Curso "Conversando con Chile", Texto refundido en forma de ensayo, 1970;         [ Links ] Andrés Sabella, "Notas de Estudios. Historia de las Ideas en Chile. Escuelas de Temporadas. Años 1962-1969".         [ Links ] Estos cursos y notas constituirán las fuentes directas del tema sobre la igualdad social, indicándose expresamente otros materiales complementarios a los cursos.

Un punteo de temas próximos lo hallamos en sendas conferencias dictadas en Santiago, en agosto de 1949. Un periódico de la época informaba del ciclo de conferencias de Sabella: "En esta primera (conferencia), abordó diversos aspectos de nuestra poesía, haciendo una especie de glosario histórico-sentimental de ella, y destacando los valores morales del Mulato Taguada y los proceres de nuestra plenitud lírica: Pedro Antonio González y Carlos Pezoa Vélis (sic). Relacionó, además, el conferenciante sutiles conclusiones entre nuestra geografía y nuestra poesía y señaló varios de sus cauces más esenciales". Cf. Las Ultimas Noticias, Santiago, 3 de agosto de 1949.        [ Links ]

18 Una aproximación característica de Sabella al tema en comento lo tenemos en el siguiente artículo, continuación de su enseñanza en la tribuna periodística: "Nuestras mujeres mapuches ofrecen ejemplo de este espíritu de trabajo en el hogar y en la guerra. Pineda y Bascuñán las detalla en su excelente genio de cocina: preparaban guisados, tortillas, cazuelas, "empanadillas fritas" y hasta sopaipillas que servían "con mucha miel de abeja". En materia de bebidas, era su deber preocuparse de la chicha de frutillas, "el mayor regalo" que podían disfrutar los maridos y sus visitas. Si escaseaba, o faltaba, les llovían palos, según testimonio del padre Diego de Rosales. Una de las expresiones más bellas de Ercilla es la que alude a la mujer mapuche en guerra: "Para hacer más cuerpo y henchir los escuadrones, vienen también las mujeres a la guerra". Las heroínas indias nos evitan justificar elogios. Pero no podríamos olvidarlas en las ásperas faenas mineras de Marga-Marga, en 1549, laborando el oro junto a los aborígenes expoliados... De esta impiedad surgió, entonces, la primera huelga chilena, encabezada por el español Sebastián Vásquez, quien trazó, de este modo, conducta cristiana cabal y conciencia solidaria internacional". Cf. Andrés Sabella, "El color de la dignidad", Las Ultimas Noticias, Santiago, 19 de febrero de 1982.        [ Links ]

Esta conexión de los materiales literarios con la postura política fue un rasgo suyo muy característico. Cuando fue proscrito el Partido Comunista, en septiembre de 1948, se integró al "Comité de Artistas Plásticos pro Paz", el que organizó una serie de conferencias. La del 14 de julio de 1949 le cupo a Sabella intervenir en el Centro Venezolano de Santiago. El título: "La Sangre y la Canción en la campaña por la Libertad". La canción era una idea que involucraba a la poesía toda. Carta de Andrés Sabella, Santiago, 15 de julio de 1949 a Elba Emilia González. Archivo personal de Elba Emilia González vda. de Sabella.

Sobre las vinculaciones de Sabella con la intelectualidad y la política de los años 30 y 40, remito a José Antonio González Pizarro, "Neruda y Sabella: amistad y circunstancias de la vida", Boletín de Educación, Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Volumen 33-34, años 2003-2004, 109-117.        [ Links ]

19 Andrés Sabella, "Crónica mínima de una gran poesía", Atenea, Universidad de Concepción, Año XVIII, tomo LXIII, N° 183, marzo de 1941, 325-326.         [ Links ] Las referencias a los textos incorporados en sus ensayos los consigna expresamente Sabella en sus Notas y Apuntes de sus Cursos.

21 Cf. Andrés Sabella, "4 de septiembre de 1545", El Mercurio de Antofagasta, 3 de septiembre de 1967.        [ Links ]

22 Ibidem.

23 Sabella manejó el texto de Pedro de Oña Arauco Domado. Edición crítica de la Academia Chilena correspondiente a la Real Academia Española. Anotada por José Toribio Medina, Santiago, Imprenta Universitaria, 1917, 69 y 72.        [ Links ]

24 Pedro de Oña, Arauco Domado, op. cit., 182, 183, 184.

25 Ibid. Canto XII, 416.

26 Ibid. Canto XVII, 597.

27 La escena se encuentra en el Canto V donde el poeta sitúa a Caupolicán en el lugar de Elicura cuando Fresia y él se bañan desnudos en una fuente.

28 Andrés Sabella, "Centenario de Edición del "Cautiverio Feliz", Cultura. Revista de Educación, Santiago de Chile, N° 95, abril 1964, 52-80.         [ Links ] Sabella utiliza la edición del Cautiverio Feliz y Razón de las Guerras Dilatadas de Chile, Colección de Historiadores de Chile y Documentos Relativos a la Historia Nacional, tomo III, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1863, con una Introducción de Diego Barros Arana.        [ Links ]

29 Una referencia incidental en este recorrido fue la figura del P. Diego de Rosales que, de acuerdo a los apuntes, constituyó una opción del conferencista para insistir en la defensa del indígena, en la línea de Fray Gil González de San Nicolás.

Del P. Rosales anotó. "No es un sacerdote tapias adentro, saca a Cristo a los caminos, lo conduce hasta Araucanía para que los indios le conozcan y le amen. Rosales vive en medio de dos tormentas: la espiritual, ardiendo en su deseo de catequizar indígenas, y la material que incendia la tierra chilena, embravecida en su conducta de libertad. Durante cuarenta y cuatro años peregrina el territorio nacional, demostrando su voluntad de fuego y de acero: tutea al indio, habla su lengua, come junto a él; bebe su chicha amistosa, contempla sus crueldades, "no por curiosidad de verlas"; brega porque el evangelio quepa en medio de su frente, obscurecida por el odio: "Donde se manifiesta más la crueldad y ferocidad de estos indios es en el modo tan bárbaro y cruel que tienen de matar a sangre fría a los cautivos que cogen en la guerra", consignó Rosales en su Historia General del Reino de Chile, de 1666.        [ Links ]

Mira, rectamente, al araucano y, así, le comprende en sus porfías de hombre indómito. Leal consigo mismo, reitera la prédica justiciera del dominico fray Gil González de San Nicolás. Rosales asume la tutela del araucano, denunciando como ilícitas las maniobras del español, el indio ejerce legítimo derecho al oponerse al atropello de su persona y a la pérdida de su tierra. "Contra los que se rebelan es contra los hombres que siendo cristianos y debiéndoles dar buen ejemplo, viven sin Dios y sin ley". Cf. Andrés Sabella, Diego de Rosales Capellán esforzado. Colecciones Hacia, Antofagasta, Quincuagésimo quinto cuadernillo, 29 de mayo de 1963.        [ Links ]

30 Ibid. 328.

31 Andrés Sabella, "Poesía de Chile en 1842", Atenea, Universidad de Concepción, Año XIX, Tomo LXVIII, N° 203, mayo de 1942, 334.        [ Links ]

32 Esto último lo consigna Sabella en su glosa al texto de Lastarria de 3 de mayo de 1842 y en las anotaciones marginales -manuscritas- a la Editorial "Puntos de vista. El discurso de Lastarria" en Atenea, Universidad de Concepción, año XIX, Tomo LXVIII, N° 203, mayo de 1942, 143-148.         [ Links ] El texto aludido se encuentra entre los papeles del archivo que conserva Elba Emilia González vda. de Sabella.

33 Fue un tema que comenzó a estudiarlo en profundidad en Santiago. Antes de estructurar sus cursos en la década de 1950-1960, adelantó contenidos en varias conferencias en la sala de Audiciones del Ministerio de Educación, como ser las impartidas los días 9-10 de mayo de 1949, sobre "Utopías" que comprendieron un examen de los escritores experimentalistas y las proyecciones utópicas en América Latina y Chile. Cf. La Hora, Santiago, 7 de mayo de 1949.        [ Links ]

34 Ibid, 339. Sabella acostumbraba en su mención de Bilbao y la Sociedad de La Igualdad, leer el poema "La Igualitaria", himno de aquella entidad, escrita por Lulo y publicada en el periódico La Barra, de 26 de octubre de 1850, en su número 120, que dio a conocer en el estudio de marras, cuyo Coro exclamaba:

¡Naciste patria amada
gritando libertad!
¡por ti morir sabremos,
o triunfa la Igualdad!".

35 Sabella publicó en marzo de 1961 una selección de expresiones de Luis Emilio Recabarren extraída de su variada obra que nuestro autor poseyó y que utilizaba en sus alusiones al dirigente obrero y político. Cf. Andrés Sabella, Luis Emilio Recabarren, Colecciones Hacia, Antofagasta, Trigésimo séptimo cuadernillo, 10 de marzo de 1961.

36 Cf. José Antonio González Pizarro, Andrés Sabella y la cultura del Norte Grande, op. cit., cap. 9 "El retorno definitivo... La dignidad de la "palabra en alto": regionalismo y cultura. La revista Hacia en su segunda época: 1955-1988", 259-281.

En 1953 en Antofagasta, el gran dirigente anarquista y poeta Alejandro Escobar Carvallo publicó en un díptico su extenso poema Ideal Socialista (Al escritor y poeta Andrés Sabella; homenaje del autor), donde en el canto I se lee:

¡Qué hermoso país
el pueblo sin leyes absurdas, Sultán ni Monarca!

Yo busco una Patria de libres, iguales y justos
Yo busco el país de los grandes amores,

La nueva y feliz sociedad, sin dolor, sin abrojos,
Donde brillen las perlas de blanco rocío en las flores,
Donde falten las gotas de llanto en los ojos!

37 Remito a lo que hemos anotado en "Andrés Sabella y la historia social de Chile y del Norte Grande" en Pablo Artaza et al., A 90 años de los sucesos de la escuela Santa María de Iquique, Lom-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana-Universidad Arturo Prat, Santiago, 1998, 119-129.        [ Links ]

38 Conferencia "Rotos" en el curso Conversando con Chile. Escuela de Verano. Valparaíso. Enero de 1965.        [ Links ]

39 En carta de Santiago, 25 de agosto de 1948, a Elba Emilia González Vargas, le remite una "Guía de conferencias" que contemplaba:

"1. Predestinación de Poesía en Chile: su conformación geográfica, como cuello de guitarra y luego su nombre. Bautizo celestial: el tril. Y como remate: Taguada. Honra de Chile.

2. La geografía de Chile es variada, como un muestrario de la naturaleza: desde el sol a la nieve. El mar lo suena a un costado. Y los Andes son su cabezal. ¿Cómo viajar por ella? Por el aire, la tierra o el agua? Por la canción, que es sangre:

I. El norte, visión del sol, de las huellas (arriba y abajo). Una mesa tremenda donde hay espejismos: poesía, sonrisa. Los cateadores, poetas del desierto (oro, plata, cobre, salitre). Y para inaugurar esta zona en las letras, en 1896, etc. Recuento de nombres y obras: Carlos Pezoa Veliz, Víctor Domingo Silva, Baldomero Lulo, L. E. Recabarren.
II. Sigamos hacia los chañares. Copiapó, La Serena. Manuel Rojas y Fernando Binvignat, Salvador Reyes ubica "Ruta de sangre". Poetas de la zona: Mondaca y Gabriela.
III. Sara Vial, Valparaíso. División aérea-marina. Cita de nombres: María A. Le Queseen, Zoilo Escobar, P. Plonka, Guillermo Quiñones, Genaro Winet, Oreste Plath, Jacobo Danke, Antonio de Undurraga, Arturo Zúñiga, Julio Walton, Alberto Moreno, etc. Rojas Jiménez.
IV.

Santiago y sus dos cerros. Mujer fatal y Winet. Y, sin embargo, no es Capital de Poesía, porque la provincia trae empuje. Victoriano Vicario (el mar), su imagen de la Virgen: "un funicular de estrellas". Vicente Huidobro.

Paréntesis en el Maule: Jorge González B.

V. Hacia el Austro: Bohórquez Solar y Juvencio Valle. Y en Temuco: Pablo de Neruda. Ajedrez del Diablo o de Dios. Chiloé (Délano).
VI. El campo: Pablo de Rokha, Osear Castro, Samuel A. Lulo, Dublé, Acuña, Verdugo, Pintor.
VII El hombre. Ángel Cruchaga S. M. , E. Gutiérrez, "T. CH.".

Cómo ves la integridad de Chile, los poetas. Palabra de poeta, es de profeta". La carta proviene del Archivo personal de Elba Emilia González vda. de Sabella.

40 Véase, José Antonio González Pizarro, "La bohemia de Santiago de los 30' y 40' como espacio social de la cultura, vista por uno de sus protagonistas, Andrés Sabella", / Congreso Sudamericano de Historia, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, agosto de 2003.         [ Links ] Recogido en CDrom del Congreso, año 2004. Una ampliación del trabajo lo brindamos en Andrés Sabella y la cultura del Norte Grande, op. cit. Cap. 5 "Entre copas y cuartillas. El tránsito sabelliano por la bohemia. Desde las noches alegres antofagastinas a la gran bohemia de Santiago de los años 30 y 40", 101-131.

41 En un expresivo artículo "Las manos del Roto chileno", delató su conocimiento íntimo del pueblo: "Yo mantengo una viril obsesión de hermano. Contemplar las manos de los hombres de Chile. Me parece que en este ejercicio late una especie de sagrada alianza; mientras mis ojos se llenan de la fuerza ardiente de estos miembros esenciales de la patria, mi esperanza y mi corazón reciben, además, una diafanidad que lustra su destino. Las manos constituyen las herramientas vivísimas del hombre. Son alas, proas, ganchos de arado, astillas de joven estrella... La mano ha de mostrarse siempre en ademán de vuelo; ¡vaciándose!... Por esta razón, la mano del pueblo, de los pueblos, se abre, se distiende y se prolonga, es mano abierta, mano franca, verdaderamente, ¡mano! El roto, esto es, nosotros, resultamos, sencillamente: manirrotos, gentes a quienes se les rajó la mano, yéndoseles la vida y el dinero en cauces de fraternidad. Ser manirroto es desangrarse por las yemas, pero desangrarse en provecho de todos, sin especular con nuestro porvenir, ni esperar que nos recompensen nunca. He visto las diestras de tostadura roja de los pampinos ¡Allí podría echarse a dormitar la pampa...! El sol las calentó y, así, fueron las únicas que, en el alba social de la República, pudieron coger los estandartes revolucionarios y alzarlos hasta echar abajo el firmamento y sus mentiras celestiales. He visto las falanges de los pescadores, rayadas por la sal, las manos de los marineros, con tatuaje de azules distancias; he visto las manos de los "changos" loberos, casi negras, casi piedras costeñas, he visto las manos de los obreros de la ciudad, a las que el cemento cubre con una pátina de su impiedad, vertiéndoles el polvo de plata de las alturas, su bautizo tremendo; he visto las manos de los cargadores, de los apires, de los peones, de los carreteros: manos criadas en el fuego de las graves circunstancias del ser. He visto el sol parado en las palmas de los labriegos, he visto a los maulinos amarrar la tarde a sus manos grandotas; he visto la estrella aplomada de las manos de rienda y lazo de la huasería, he visto manos australes, manos de cobre y de carbón; he visto el milagro de las uñas del ciego cantor, del poeta popular que acaricia el sol melódico de su guitarra sonadora, he visto las manos en la greda de la cerámica popular y en la cocina provinciana, he visto las manos decisivas del panadero y del carnicero. He visto las manos de Chile: anchas de composición solar, oceánica y mágica capaces de complicarse en cuanto menester se las requiera... Amándolas, he contemplado las manos de mi tierra y en sus callos descubrí el verídico esplendor del oro... En estas manos queridas encontré barcos, zapatos, casas, historias, trozos de nieve, cóndores. Hallé una guerra y una canción. En su fondo vasto aprendí el silabario del heroísmo: ellas vencieron un desierto, ellas tendieron los primeros rieles de un ferrocarril americano, abrieron túneles inverosímiles. Cuando quise extraer las sílabas de la Paz, de la Justicia, del Trabajo y de la Libertad visité estos jardines y, allá, copiosamente, junté las letras augustas. Oh, manos del Roto Chileno, gemelas de la savia y de la abeja! Y, ahora, una confesión, que es nuestra exaltación y nuestra orgullosa cimera: jamás advertí, ni en sombras remotas, que las manos del Roto Chileno cobijaran ni traición ni cobardía. Son los "vende-patrias" de guante y chistera, remedo y caricatura humanos, los que en sus pobres manos de hule, de insidia y vieja cortesana, prestan amparo a estas bazofias de mal espíritu, los que firmaron el Acta de Entrega "Al Muy Amado Fernando VII", los que encendieron el fósforo histórico del Proceso a Bilbao, los que se enorgullecían del "shake-hands" con Juan Tomás North y cargaron la pistola suicida de Balmaceda, los que decretaron encarcelamientos y masacres, los que concibieron negociados... no poseen ni un ápice de las manos varoniles del Roto Chileno que son nuestras manos, manos de creación, de llama y de futuro. Sobre las manos de los almidonados enemigos del Roto Chileno, sus traidores seculares. El escupe de la Historia. Y para las manos del Roto Chileno, ¡la guirnalda de su definitiva victoria!". Cf. Andrés Sabella, "Las manos del Roto Chileno", Democracia, Santiago, 20 de enero de 1952.        [ Links ]

42 Conferencia "El Hombre chileno" en el Curso Conversando con Chile. Escuela de Temporada, Valparaíso, julio de 1964.        [ Links ]

43 Para Sabella, al comentar La Araucana, introducción y notas de Juan Loveluck, Biblioteca "Cultura" Zig-Zag, va a consignar: "El trabajo del araucano es el de mantenerse libre, con la "cerviz erguida"... Si a las manos araucanas las embravece el patriotismo (Pineda y Bascuñán declara que "no hay nación en el mundo que tanto estime y ame el suelo donde nace, como esta de Chile), estas manos actúan guiadas por una fuerza de honor que se resuelve en la sola grita de dignidad... El principio continúa activo en el fondo de nuestro pueblo, es su permanente trabajo: el de amar a la patria, sintiéndola sin ataduras ni asfixias, repitiéndose, como en oración cívica, esas veintidós sílabas de Ercilla que nos definen y obligan: "que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida". Cf. Andrés Sabella, La Araucana, verdadero rostro de la nacionalidad". Nos guiamos del texto mecanografiado original. El trabajo fue publicado en la columna del escritor en revista Vea, "Los Hombres y sus obras". Desgraciadamente, la compulsa de la revista Vea en la Biblioteca Nacional, mediante la lectura de microfilmes de la publicación no ha sido fructífera del todo en localizar determinados artículos, pues algunas ediciones no se encuentran incorporadas y otras difíciles de ser leídas.

44 Sin mención de la procedencia del pasaje. Véase, también, el artículo de Andrés Sabella, "El roto y la chicha en la fiesta popular", Vea, 17 de enero de 1963.        [ Links ]

45 Andrés Sabella, "Cantemos la Gloria del triunfo marcial...", Revista Vea, Santiago, 20 de enero de 1968.        [ Links ]

46 Andrés Sabella, Rotos de Alto Rango. Colecciones Hacia, Antofagasta, Trigésimo quinto cuadernillo, 16 de enero de 1961, 3.        [ Links ]

47 Se ha tenido a la vista el original. Tiene una anotación posterior. Publicado en El Mercurio de Antofagasta, sin fecha.

48 Sabella cita a Francisco Dussuel, Literatura Chilena, 1960, quien señala que las narraciones de Daniel Riquelme, "retratan al soldado chileno con sus virtudes y defectos, a ese roto valiente, sufrido y fatalista, que impulsado por el sentimiento patrio escribió páginas inmortales de audacia, valor y sacrificios". Cf. Andrés Sabella, "A propósito del 20 de enero. El "Roto": un personaje singular dentro de la Literatura chilena", Nos guiamos del original mecanografiado, s/d.

49 Por las anotaciones que se aprecian en los Apuntes de Sabella, se advierte el uso de la compilación de Mariano Latorre y Miguel Varas de Daniel Riquelme, Cuentos de la Guerra y otras páginas, Imprenta Universitaria, 1931, con prólogo de Latorre intitulado, "La Chilenidad de Daniel Riquelme", V-XXXIII.        [ Links ]

50 En uno de sus artículos (Supra nota 7), refiere de esta cualidad del "roto" pampino: "Al atravesar la pampa de Tarapacá, en una Estación hallamos a un minero con un brazo roto. No se quejaba, ¡y había caminado, así, a pie 3 horas bajo un sol feroz en busca de atención médica desde la mina donde se accidentó! Acá resplandecía "la pana" y fulgían los "ñeques" chilenos.

No ando solo -anunció. Y dirigiéndose a un auditorio convulsionado por su hazaña, agregó:- Un viejecito que me acompañaba se cayó de sed como a una hora de esta Estación... ¡Friegan los 70 años!

Ningún dolor desarrugaría este rostro, que me pareció el rostro supuesto de mi Chile herido y espoliado, la cara de nuestro Chile de heroísmos y aventuras increíbles. Las ofensas ¿pueden omitirse? Fueron ofensas de ausencia. La represión del movimiento sindical pampino fue a muerte: barrió con aquella bizarra condición de inquietudes que siempre definió al obrero del salitre. Esto es evidente: en 1941, hablé ante 2.000 y tantas personas en el Sindicato de la "oficina" "Pedro de Valdivia". En 1951, ¿dónde se escondían los obreros, qué puntapié los arrojó lejos de la sagrada curiosidad...1 De Chuqui-camata puede trazarse igual glosa amarga... Para los obreros de la "oficina" "Victoria" reservo un aplauso. Me pidieron una conferencia sobre "pintura abstracta" y soportaron 2 horas de explicaciones sobre "arte de imitación" y "arte de creación", con entusiasmo contagioso... ocasión la primera en que cuadros de pintura moderna fueron exhibidos y estudiados a petición de obreros mismos en la pampa". La rudeza, el coraje del "roto" podía esconder una sensibilidad y también una preocupación por aprender.

51 Cf. Andrés Sabella, "El Mar de Chile", Mar, Órgano Oficial de la Liga Marítima de Chile, Valparaíso, año 1971, Número 157, 99-100.        [ Links ]

52 Entrevista a Andrés Sabella, Santiago, 2 de octubre de 1949 en Radio Antartica, C. B. 70, transcrita en epístola de Sabella a Elba Emilia González, el mismo día. Archivo personal de Elba Emilia González vda. de Sabella.

53 Sabella en su Crónica mínima de una gran poesía (supra nota 19) refiere en su nota 1: "Chile es país de payadores, de improvisadores; los apodos, los refranes y hasta los insultos aprisionan un sentido metafórico: "El cara de pregunta", "Robarle los huevos al águila", "El patas de garabato". Domingo Urzúa Cruzat editó una Biblioteca Económica, 1903, cuyo primer cuadernillo era de "improvisadores chilenos", en este cuadernillo aparecen nombres de hirviente recuerdo: Tomás Mardones, "el ratón", de Santa Cruz de Colchagua, quien saludó de este modo a un usurero llamado ño Adrián:

Con leva viene ño Adrian
y es tan antigua su leva,
que la hizo nuestra madre Eva
para nuestro padre Adán.

En Curicó, el relojero y guitarrista Gaspar Contreras y el abogado José Munita: y en San Fernando, José A. González.

En algunos libros de Acevedo Hernández y en artículos de Rocco del Campo y Oreste Plath hay constataciones a lo que señaláramos al comienzo.

En la actualidad conozco a dos poetas populares de intención: Jesús Segundo Brito y Francisco Bustos, este último de tendencias gremialistas, es sabido que Brito frecuentó la amistad de intelectuales (Neruda), y sus versos se han publicado en la revista Aurora de Chile, como expresión de pueblo.

Los trabajos de Valderrama y Vicuña Cifuentes revelan este aspecto nacional prolijamente, aspecto que aún promete sorpresas". Cf. Sabella, "Crónica mínima de una gran poesía", op. cit., pág. 324, nota 1.

54 Supra nota 7.

55 Andrés Sabella, "La pana y los ñeques", El Mercurio de Antofagasta, 2 de abril de 1967.         [ Links ] Sabella acota en este artículo la lidia denominada "dedo tiznado" que apasiona a los reseros argentinos, descrita por Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, en el capítulo IV: "...pasaron sus dedos sobre la panza de la olla. Las piernas abiertas en una guardia corta, que permite rápidas cuerpeadas y embestidas, el brazo adelante como si lo guarneciera el poncho, la derecha movediza en cortas fintas, Goyo y Horacio buscaban marcarse". Para nuestro autor, "hay diferencia" con "la pulga 'e sangre" ...y concluye: "Pana y ñeques: andamiaje rotundo del chileno".

56 Véase, lo que hemos indicado en "Desde la provincia al continente. La propuesta de una identidad latinoamericana en la obra de Andrés Sabella Gálvez. Algunas notas", Revista Universum, Universidad de Talca, año 2002, N° 17, 111-123.         [ Links ] Evoquemos en esta ocasión su actitud en favor del pensamiento de José Martí y de Simón Bolívar.

57 Los antecedentes económicos y sociales los procuró en la lectura de los libros de sus amigos Marcelo Segall, Hernán Ramírez Necochea y Julio César Jobet; las sugestiones por los rasgos psico-sociales de los "chilenos" se deben en gran parte a la literatura nacionalista, desde Nicolás Palacios y Francisco Antonio Encina; las imágenes en torno a personajes de nuestra historia las reconoció en aquellos historiadores de estilo lírico, como Jaime Eyzaguirre. En todo ello, dio muestras Sabella de ser plural en sus fuentes. El principal historiador hispanista del siglo XX -Jaime Eyzaguirre- le escribía el 27 de noviembre de 1957 la siguiente epístola que refrenda lo aseverado y que constituyó para el destinatario el reconocimiento de lo que siempre Sabella fue -un hombre de letras, gustador de la buena prosa y amigo de los amantes de la paz-: "Señor Don Andrés Sabella. Antofagasta. Mi querido y recordado amigo: Debo a Ud. una satisfacción por mi largo silencio después de las generosas demostraciones de amistad que de palabra y por escrito he recibido de su parte. Poco después de regresar de Antofagasta falleció mi madre, al cabo de una larga y penosa enfermedad y de cumplir ochenta y cinco años de existencia. A ella debí, no solo el ser, sino también el apoyo fuerte desde los seis años en que quedé huérfano de padre y pobre. Comprenderá Ud. que su desaparición, aunque prevista ya desde hacía varios meses y aceptada, gracias a Dios, con paz cristiana, debió alterar el ritmo normal de mi vida, ya bastante cargada de ocupaciones universitarias y de trabajos de investigación. Ahora, en un pequeño lapso de tiempo que me deja la temporada de exámenes, puedo dirigirme a Ud., y renovarle el testimonio de mi estimación y reconocimiento. No es solo gratitud por los juicios críticos que Ud. ha publicado de mis libros lo que ahora mueve mi pluma, sino también, y sobre todo, agradecimiento por la ofrenda espontánea de su amistad. En una época de cálculo y utilitarismo, en que todo se mide en función del beneficio y la ambición, su mano de poeta diáfano y alegre, tendida sin reticencias ni esperadas ventajas, es una nota de refrescante primavera. ¡Cuánto más habitable se haría este globo si el diálogo humano, de corazón a corazón, lograra vencer a las polémicas que enconan y a los prejuicios que encasillan; Ojalá muchos siguieran su ejemplo de saltar los "ismos" divisorios con la garrocha del amor. Reciba el recuerdo siempre vivo y afectuoso de su amigo. Jaime Eyzaguirre". Archivo personal del autor.