SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.39 issue1René Millar Carvacho, La Inquisición de Lima. Signos de su decadencia, 1726-1750Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (directores), Historia de la vida privada en Chile. Tomo I. El Chile tradicional. De la Conquista a 1840 author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Article

Indicators

  • Have no cited articlesCited by SciELO

Related links

  • Have no similar articlesSimilars in SciELO

Bookmark


Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.39 no.1 Santiago June 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942006000100018 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 39, Vol. I, enero-junio 2006: 302-305
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

BLENGINO, VANNI. La zanja de la Patagonia. Los nuevos conquistadores: militares, científicos, sacerdotes, escritores. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, 216 pp.

Ruggiero Romano, autor del prólogo de La zanja de la Patagonia, señala que el libro de Vanni Blengino le parece ejemplar, apasionante y apasionado. Y son aquellas impresiones las que van sirviendo de telón de fondo para introducirnos en la temática de la conquista de la Patagonia en el siglo XIX: un espacio que durante siglos ejerció una fuerte atracción en el imaginario europeo y también americano. Fue la Patagonia el lugar de la ciudad utópica, la Ciudad de los Césares. Fue también el espacio habitado por hombres de estatura gigante, los patagones. En el imaginario de los siglos XVI y XVIII, la Patagonia, era el espacio de lo maravilloso, de lo extraordinario, y lo nunca visto.

Ruggiero Romano indica que el libro de Vanni Blengino recorre aquella conquista de la Patagonia en el siglo XIX proponiendo una mirada histórica, más allá de la reconstrucción de las vicisitudes militares, políticas y culturales, con el objetivo de llevar al lector a otro terreno. Lo que le interesa mostrar de aquel fragmento de la historia es "cómo, en realidad, esto planteaba el problema de la separación entre `civilización' y `barbarie' o, más exactamente, entre pueblos ya en la historia (y en una cierta historia...) y los pueblos ya condenados a entrar en aquella historia" (p. 15). Y es aquí donde reside su actualidad histórica, vale decir, en la vinculación entre conquista (del siglo XIX) y la ética de la eliminación.

En La zanja de la Patagonia. Los nuevos conquistadores: militares, científicos, sacerdotes, escritores, Vanni Blengino va construyendo un mosaico cuyas piezas fundamentales son dos hombres: Adolfo Alsina y el general Julio A. Roca, ambos ministros de Guerra del Presidente Nicolás de Avellaneda, en la Argentina de los años de 1870. Por aquella época, el territorio que se extendía al sur del río Colorado, era un espacio sobre el cual la soberanía nacional era nominal. Aquel era un territorio controlado por los indígenas, y la existencia de una frontera interna comprometía la organización territorial, social y económica, que a su vez estaba relacionada con el tema de la identidad nacional. Así y cuando "Nicolás de Avellaneda asume la presidencia en 1874, tanto el gobierno como la oposición saben que la solución al problema de la frontera interna no puede ser postergada" (p. 25).

Vanni Blengino va exponiendo cómo se fue afrontando el problema de la frontera, y cómo dos proyectos se juegan en la historia de la conquista. Por una parte, el proyecto de Adolfo Alsina (1875), cuya estrategia en la guerra contra los indios era defensiva. Y por otra, la estrategia del general Roca (1877) quien sucedió a Alsina, como ministro de Guerra, cuando este murió. La estrategia que triunfó era decididamente ofensiva: la campaña del desierto.

El proyecto de Alsina "consistía en consolidar la frontera sobre el río Colorado para después, con el tiempo, avanzar gradualmente hacia el sur y alcanzar el río Negro. Su estrategia se basaba en la construcción de un larguísimo foso, la zanja, que atravesaría el país de este a oeste. Se trataba, pues, de excavar un canal de 610 kilómetros de largo desde el Atlántico hasta la cordillera" (p. 34). Con esta zanja, se pretendía crear un obstáculo a la incursión de los indios. Cuando Alsina muere, el general Roca lo sustituye, y no duda en traspasar aquella línea defensiva y avanzar `arrolladoramente' sobre el territorio y sus habitantes. Para el autor, la terminología `campaña del desierto' se adecua con los acontecimientos. Y es que la palabra desierto "no es sinónimo de aridez del suelo, de ausencia de vida humana, sino que remite a una presencia y a un poder, el del indio" (p. 82). Es decir, la conquista del desierto, remite a la conquista del indígena.

Pero al autor no le interesa discutir sobre la materialidad de las estrategias. Para él es un tema secundario si el problema de la frontera se quiso resolver mediante la construcción de una zanja, con toda la connotación de muralla visible que aquella estrategia quería generar. Tampoco le interesa dar cuenta de las vicisitudes militares que implicó la puesta en marcha de la estrategia de la avanzada ofensiva. Para Vanni Blengino "lo que está en juego es cómo se configuran las relaciones con la sociedad `otra'" (p. 41).

Así, sus observaciones históricas se dirigen a dar cuenta de los debates que se originaron en la sociedad de la época, y en el ámbito de los poderes políticos y de la prensa, a fin de ir reconociendo que lo que subsiste en aquella disputa es "el dominio de un territorio, de un espacio, pero cuya justificación ideológica se define en términos de la lucha entre dos dimensiones temporales: la primitiva, anclada en el pasado, y la moderna, ya instalada en el futuro". A un lado estaba la Patagonia, con sus habitantes, que representaban la prehistoria. Al otro, estaba la contemporaneidad-modernidad. Señala el autor que "no es casual que en aquellos años el término desaparecer, referido a los indios y a los animales de la Pampa y de la Patagonia, circule frecuentemente en artículos, ensayos, relatos científicos y boletines militares" (p. 34).

Vanni Blengino, a lo largo de su primer capítulo, nos sitúa en este escenario histórico para finalizar con una imagen denominada por el autor como "una poética militar positivista", cuyo contenido va a articular los capítulos siguientes: "en un cuadro célebre, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes conmemora la expedición al desierto. En el fondo se ve el ejército _caballería y artillería_; en el centro el general Roca, rodeado por sus colaboradores militares: más allá los ingenieros y los naturalistas que lo acompañan; mientras que en el extremo derecho, a pie y en contacto con los indios, los sacerdotes salesianos" (pp. 55-56).

De esta manera, los capítulos segundo y tercero tienen como temática central la consideración de que la conquista de la Patagonia no fue solo una empresa militar, sino que también fue una empresa científica. En el segundo capítulo, el autor nos lleva a la historia de Alfred Ebélot, el ingeniero francés quien había tenido a su cargo el proyecto de la zanja de Alsina, y que había vigilado su construcción. Cuando Alsina muere, Roca requiere de su colaboración, y a través de los artículos que escribe, desde la Patagonia, a la Revue des Deux Mondes, va articulando la estrategia de Alsina y la de Roca. Y la mediación que Ebélot efectúa es la de "orientar [a] sus lectores en el contexto histórico, geográfico y antropológico en el que se encuadra la guerra contra el indio" (p. 71). Como señala el autor en este capítulo, el viaje de Ebélot y sus observaciones son un viaje alrededor de la prehistoria. Y utilizando la analogía de los binoculares, Blengino nos muestra que Ebélot al mirar lo está haciendo bajo el juego de lo cercano-lo lejano: "el indio visto de cerca es feo, sucio, a menudo torpe. Cuando se mueve con toda su gente en largas caravanas o cabalga belicoso con los guerreros de su tribu, el malón amenazante que atraviesa el desierto se vuelve protagonista de un espectáculo grandioso y fascinante" (p. 79). Y esta perspectiva de binoculares está en concordancia con la solución de la avanzada ofensiva, en sintonía con la conquista del desierto.

Los capítulos tercero y cuarto también están enfocados en la constitución de un saber científico acerca de las habitantes de la Patagonia. Un aspecto que resulta muy interesante es la reflexión que Blengino lleva a cabo, en el tercer capítulo, sobre el naturalista argentino Francisco P. Moreno, puesto que observa al indio de la Patagonia desde una posición distinta. Moreno "convive con las poblaciones indígenas, explora sus montañas y sus mesetas, las observa, las estudia, la fotografía" (p. 87). El naturalista está consciente que está observando algo que desaparecerá en forma definitiva. Desde esta perspectiva "el indígena se convierte en un objeto de estudio como antepasado del hombre contemporáneo" (p. 107).

El viaje de Moreno a la Patagonia se inscribe en el marco de un discurso científico cuya voluntad de verdad era inventariar los elementos constitutivos de la evolución humana. Como expone Blengino, el viaje de exploración, el viaje de recopilación de informaciones, se constituye en uno de los instrumentos fundamentales del quehacer científico. El viaje es el verdadero observatorio, e incluso se da un paso más allá. La gran obra de Moreno fue la puesta en marcha de un proyecto: el Museo de Historia Natural de La Plata, y aquel sí que era "la nueva biblioteca, la biblioteca positivista por excelencia, aquella que a partir de este viaje cobra vida" (p. 104). El museo se convierte en un lugar vivo, pues allí queda registrada la cultura para la posteridad.

A lo largo del capítulo cuarto, Vanni Blengino nos traza otro viaje que también dio cuenta de las poblaciones indígenas. Aquella travesía fue la de los salesianos. Ellos sabían que aquel territorio y sus habitantes estaban sufriendo una transformación radical, que los volvería irreconocibles. Los salesianos quieren a los indígenas vivos, y "la inmensidad del territorio constituye el signo tangible de la cantidad de almas que deberán evangelizar" (p. 125). La acción salesiana no se lleva a cabo sin antes efectuar lo que el autor denomina como el tejido de una red de conocimientos: "los salesianos recogen una densa red de informaciones históricas, geográficas y lingüísticas sobre el territorio soñado por Don Bosco y no se limitan a los estudios ya existentes, sino que los enriquecen con datos e investigaciones que ellos mismos con tenacidad construyen" (p. 125).

Cuentan además con el Boletín Salesiano, no solo órgano difusor de la obra y acción salesiana, sino que también, órgano difusor del conocimiento científico, convirtiéndose, por ende, en el lugar necesario y obligado para dar cuenta de las investigaciones científicas relevadas. Es solo en la difusión y circulación de aquel conocimiento sobre las poblaciones y sus territorios que aquel `saber' tiene el estatus de científico.

Finalmente, y en el capítulo quinto, el autor nos lleva a otra disciplina del saber, a la literatura, la que también y respecto de la Patagonia, tuvo la responsabilidad de expresar una identidad nacional. A lo largo de un análisis que alcanza hasta mediados del siglo XX y a partir de una serie de producciones literarias, el autor nos lleva a "una Patagonia trágicamente realista" que "convive con la antigua mitología de Eldorado, la mitología científica y la mitología de los colonos. Desde fines de siglo, la Patagonia adquiere los contornos de un espacio en el que las contradicciones sociales, la ferocidad contra los hombres y la represión alcanzan su punto más alto" (p. 203).

Creemos que La zanja de la Patagonia de Vanni Blengino ofrece innumerables respuestas, pero también innumerables preguntas. Y se convierte en una reflexión necesaria y obligatoria acerca de cómo, en el caso de la conquista del desierto, se resolvió el lugar que debía ocupar la alteridad. Pero además, nos abre a nuevos problemas y uno de ellos es profundizar respecto de la conformación del saber científico de las poblaciones indígenas y sus territorios, en la Patagonia y en el contexto tanto de los Estados nacionales, a la luz de los presupuestos del positivismo y del modernismo.

Carolina Odone