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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.39 n.1 Santiago jun. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942006000100013 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 39, Vol. I, enero-junio 2006: 282-285
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

MÓNICA KAST RITT. Testimonios de los sobrevivientes. Chile y la Segunda Guerra Mundial. Centro de Estudios Bicentenario. Santiago 2005.

En el célebre prologo de El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II Fernand Braudel señalaba, al proponer la organización del tiempo histórico que desde entonces se le asocia, que el tiempo del acontecimiento es el más fascinante y cautivador y al mismo tiempo el más engañoso.

Traigo a colación esta observación del historiador francés pues en la obra que reseño se pueden apreciar los alcances, su juicio, sobre el acontecimiento similar a las olas que se agitan en la superficie del mar. El libro de Mónica Kast es, como ella misma precisa, la edición de una serie de 21 entrevistas con hombres de edad avanzada, que fueron testigos y protagonistas de la Segunda Guerra Mundial. El propósito fundamental de la autora de este trabajo es rescatar la experiencia de vida de una serie de personas que, de diversos modos, se relacionan con Chile, y que al mismo tiempo fueron testigos de una serie de acontecimientos de envergadura planetaria. Como suele suceder con la historia con fuente oral la autora presta un valioso servicio a la sociedad y a la historiografía al inducir fuentes que se mantenían como memoria privada, cargada de un gran potencial pero que requerían del estímulo de la entrevista para ser vertidas en un formato consultable. Salvo en un caso, en el cual el entrevistado había escrito parte de sus recuerdos de la época de la guerra, la experiencia de vida y el trabajo de su preservación a través de la memoria no había tenido posibilidad de trascender más allá de los círculos familiares y de amistades, quedando siempre en el ámbito de la oralidad y, en ocasiones, mitos de estos círculos. Es pues meritorio el esfuerzo por rescatar estos relatos y de contribuir a construir el recuerdo a través de las preguntas que la historiadora formula.

Meritorio es también, en mi opinión, el que la autora cuide el dar espacio a la "no historia", a la cotidianeidad de este grupo de testigos que representa la experiencia de muchos miles de seres humanos. El carácter fascinante al que hacía referencia Braudel aflora en estas conversaciones donde la vivencia de lo pequeño, del detalle inadvertido en la mayor parte de los libros de historia pasa a ser central. Las experiencias límites que la guerra plantea son evocadas de diversas maneras por los entrevistados de acuerdo a sus rasgos de personalidad, origen nacional u oficio, encontrándose sin embargo coincidencias notables que van más allá del lugar común o de la obviedad, por otra parte inevitables en este tipo de testimonios. Los recuerdos de quienes combatieron en el frente africano son en general coincidentes, con observaciones notables como las referentes a la percepción del cuerpo y del cabello en particular. A modo de ejemplo en el testimonio de Rodolfo Haymann se cuenta que "Para comer había una técnica. Porque si bien no siempre hay tormenta [en el desierto] siempre hay un poco de viento. Entonces tú tenías que buscar una ubicación respecto al viento. Comías en lugar de tallarines con harina, arena con tallarines. Lo peor era el asunto del pelo: No se podía peinar, porque estaba tan tieso como alambres y se quebraba, y ¡duele! Tocar el pelo era un dolor inmenso" concluyendo el mismo entrevistado "sí, todas estas cosas impresionaban a veces más que el combate" (página 69).

No cabe duda que esta aproximación a la vida cotidiana en tiempos de guerra es de enorme atractivo y de gran vitalidad. Aquí es donde cobra vigencia la admonición de Braudel pues todos estos testimonios son fragmentos de un tejido en extremo complejo que se construye socialmente y con la participación de los historiadores como cultores de un oficio consagrado a la preservación de la experiencia humana en todas sus dimensiones. En mi opinión falta en el texto una aproximación más crítica al testimonio de los protagonistas produciéndose, quizás, un fenómeno de encandilamiento ante la intensidad de las experiencias relatadas y ante el privilegio de poder rescatar esos testimonios de un olvido casi irremisible de no mediar la acción de la historiadora. Con seguridad impresiona ver recordar a los ancianos y compartir con ellos el revivir pasajes esenciales de su largo recorrido vital. Como recuerdan varios de ellos esos años, y en particular la experiencia como soldados, fueron decisivos en el curso de sus vidas. Varias veces a lo largo de la presentación del relato nos encontramos con expresiones como las de Meter Velasco que declara "francamente, si tuviese que vivir mi vida de nuevo, iría otra vez a la guerra" (página 156).

El indagar en el misterioso y recóndito territorio de los recuerdos de guerra, más o menos traumático según los casos, es una actividad que requiere delicadeza y sensibilidad despierta para no violar códigos inexplicables relacionados con el proceso de recordar y de olvidar así como también un programa de trabajo que establezca las bases para la comprensión adecuada de estas fuentes inferidas. En este sentido el trabajo de Mónica Kast propone como criterio unificador de los testimonios que nos entrega por una parte la mirada de participantes anónimos en acontecimientos y procesos de gran magnitud y por otra el hecho de que se evocan y recuerdan estos hechos desde este finis terrae que es Chile.

La autora se mantiene fiel a estos dos criterios a lo largo de todas las entrevistas que estructuran su relato polifónico sobre la Segunda Guerra Mundial y utiliza su condición de entrevistadora para solucionar dudas, para precisar datos y sobre todo para dar espacio a las personas corrientes para que nos muestren fragmentos de un cuadro muchísimo mayor del que un individuo puede percibir por sí mismo. Mónica Kast hace así un ejercicio de artesana de la memoria construyendo con sus entrevistados una representación de un pasado emblemático no solo para quienes dan su testimonio sino para millones de personas que hemos vivido después de esos trágicos años donde el mundo estuvo en guerra. Con cuidado, estando atenta a no cortar el fluir de los recuerdos aun en los casos de evidentes equivocaciones, Mónica Kast ayuda a estos sobrevivientes a construir su memoria. Esto implica riesgos grandes dada la gran exposición de imágenes, sonidos y relatos del conflicto que "contaminan" el recuerdo de quienes evocan después de más de medio siglo eventos que fueron vividos de modo muy distinto cuando fueron presente. Esto no sucede con los diarios personales _a diferencia de lo que ocurre con las memorias y las autobiografías_ pues hay en ese tipo de registro de la experiencia una sensación difícil de transmitir y que se relaciona con la sensación de incertidumbre frente a lo que está por venir. En las entrevistas a los sobrevivientes se percibe que ha pasado un caudal muy grande de lecturas, filmes, reportajes y otros testimonios que condicionan involuntariamente el modo de recordar. Especialmente significativo es en este sentido el tema de los recuerdos de los ex combatientes alemanes y su relación con el nacional socialismo. En varios casos hay un esfuerzo por explicar qué sentían los jóvenes combatientes respecto de este fenómeno, pero es natural que en una materia tan sensible se ordene el recuerdo con trazados más o menos involuntarios y que exista una impresión seguramente distinta de la del "presente del pasado" de Hitler por ejemplo. También se percibe esto en el constatar a lo largo de varios testimonios el peso de determinados estereotipos que durante décadas han marcado el recuerdo social de la guerra. Orientada a trabajar con los aportes de los "testigos a pesar de sí mismos" Mónica Kast opta por presentar un caudal rico en sensaciones y emociones de quienes lograron sobrevivir a la guerra, desentendiéndose de la interpretación crítica de estos testimonios. Esa es su opción y la manifiesta claramente.

El segundo criterio general, el de la mirada y evocación desde Chile, es importante no solo porque estos entrevistados han enriquecido con su experiencia la construcción diaria de este país sino también porque nos da señales de cómo hubo un aporte significativo de jóvenes chilenos descendientes de europeos que optaron por participar en "la guerra que había que ganar". Las dimensiones de ese tipo de compromiso emotivo de personas que sentían debían lealtad a dos naciones simultáneamente es una contribución interesante y atrayente de este cuadro de memoria. Como en los casos de la experiencia de la cotidianeidad de la guerra en los frentes militares también aquí, en la relación con Chile, la autora de las entrevistas se muestra sensible a dejar espacio para lo que podríamos llamar el relato espontáneo de quienes han hecho de Chile su segunda patria.

El libro se estructura como se ha señalado en base a 21 entrevistas, asimilables a secuencias de tomas que luego son trabajadas en un proceso de montaje que da su lógica y armazón a la publicación. En efecto, la autora trabaja con los testimonios que desagrega libremente para proponer un ordenamiento cronológico territorial que permite al lector seguir a través de los recuerdos de algunos protagonistas los años previos al conflicto, el estallido de la guerra, las experiencias de varios frentes, la ocupación y los campos de prisioneros para terminar en los años posteriores a la gran conflagración. Explicitada por la autora, la técnica de montaje resulta por momentos lograda y en otros se percibe el corte abrupto del fluir de un recuerdo, cuando se debe someter al dictado del guión prefijado por la historiadora.

Sintetizando, el libro de Mónica Kast hace una contribución a la preservación de la memoria al "crear" formalmente fuentes que son la base de su texto y que ella respeta y presenta con cuidado, insertándolas en una representación de la Segunda Guerra Mundial en cierto modo convencional. No es un libro de interpretación de ese fenómeno y tampoco es una interpretación de Chile y la Segunda Guerra Mundial como señala engañosamente el título de la obra. Es más bien una obra de rescate de un patrimonio en riesgo de extinción y su articulación en clave de actores anónimos y de cotidianidad lo que por cierto es una contribución significativa y meritoria. Probablemente el libro adolezca de cierta precipitación, dado por la urgencia de transmitir estos testimonios ya que en mi opinión con un poco más de trabajo de contextualización y de reflexión crítica sobre la naturaleza de las fuentes y las formas de hacer historia la obra se habría enriquecido y hubiese contribuido no solo a establecer un contacto con la aventura humana de esos 21 testigos de la guerra, sino también al debate sobre las formas del conocimiento histórico. Con todo el esfuerzo de Mónica Kast y sus 21 entrevistados por transmitir sensaciones y emociones es digno de ser destacado y agradecido en cuanto nos da más elementos para entender el pasado, el presente y el futuro.

Claudio Rolle

Pontificia Universidad Católica de Chile